viernes, 15 de julio de 2022

GARABANDAL

Queridos amigos:

A penas comenzado este mes hemos tenido la oportunidad de recordar un día muy especial dentro de la historia de las apariciones en Garabandal: el 2 de julio.

Es el día de la primera aparición de la Virgen a las niñas. El día anterior el ángel les anunció “¿Sabéis por qué he venido? Debo anunciaros que la Virgen Santísima se os aparecerá mañana como Nuestra Señora del Monte Carmelo”.

Esta noticia se les llenó de alegría y exclamaron: “¡Qué venga pronto!”. Así comenzaron un tiempo precioso en que la Virgen visitaba de manera especial a esta “región montañosa” que nos hace recordar otra visitación suya recogida en el Evangelio de Lucas (Lc 1, 39-56).

En el Evangelio habla de que se puso en camino de prisa a visitar a su prima Isabel. Podríamos decir que también aquí la Virgen tenía “prisa” por visitar de nuevo a sus hijos para llevarles a su Hijo, mostrarles su amor maternal y darles algunos mensajes para que se pongan de nuevo en el buen camino.

¿LE ACOGEREMOS?

La reacción de Santa Isabel ante la visitación de la Virgen fue exclamar con humildad: “¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?”. Reconoció el regalo tan grande que Dios le había hecho mandandole a su Madre; reconoció que María no venía sola sino que llevaba dentro de Ella al Rey, al Salvador “bendito el fruto de tu seno”; reconoció, en fin, que ella era indigna de tal visita, de tal don, y que ante ella tenía que humillarse, ¿quién soy yo? ¿Y nosotros? ¿La hemos acogido? ¿La acogemos? Desgraciadamente la Virgen no siempre encuentra hueco en nuestro corazón para sus palabras, para su mensaje. A veces como sus palabras hacen remover nuestra conciencia, y vemos que hemos de cambiar, decidimos cerrarnos a ellas. Si hacemos esto no estamos abriendo nuestra casa, nuestro corazón a María, no estamos permitiendo que nos visite. Y si no nos abrimos a María tampoco nos abrimos a Jesús.

Vemos en Garabandal que también por parte de algunos no ha habido esta acogida. La Virgen misma tuvo que lamentarse sobre la falta de acogida y de dar a conocer su primer mensaje. ¿Qué fue el motivo? No podemos saberlo con certeza, pero sí nos puede servir de examen de conciencia. ¿Estoy acogiendo las palabras de la Virgen? ¿Las pongo en práctica? ¿Extiendo su mensaje? ¿Lo vivo en profundidad?

YENDO A LO CONCRETO

Vamos a recordar algunos puntos concretos de los dos mensajes:

  • Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia

  • Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia.

  • Antes, tenemos que ser muy buenos.

  • Los sacerdotes, obispos y cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan muchas más almas.

  • A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia.

  • Debéis evitar la ira del buen Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos.

  • Si le pedís perdón con alma sincera, Él os perdonará.

  • Os quiero decir que os enmendéis.

  • Pedidnos sinceramente y nosotros o los daremos.

  • Debéis sacrificaros más.

  • Pensad en la Pasión de Jesús.

UN SACRIFICIO AGRADABLE A DIOS

Dos de los puntos mencionan el tema del sacrificio: “Hay que hacer muchos sacrificios” “Debéis sacrificaros más”. Jesucristo eligió para sí mismo el camino del sacrificio por amor, camino que se convierte en camino de salvación para nosotros. El sacrificio de Jesús es, en realidad, el único sacrificio agradable a Dios. Nosotros ofrecemos sacrificios uniéndonos al sacrificio de Cristo. Aunque Jesús dejo claro en el Evangelio que el amor y la misericordia valen más que todos los holocaustos y sacrificios (cf Marcos 12, 33), esto no significa que nos tenemos que hacer sacrificios. Lo que Jesús corregía era los ritos exteriores que no cambien el corazón. De nada vale el sacrificio y le penitencia si ellos no llevan a la conversión del corazón y si no estoy amando a Dios y al prójimo. Pero sí, tenemos que hacer sacrificios. No solo en Garabandal, sino en Lourdes y en Fátima la Virgen nos lo recuerda. El sacrificio más grande que puedo hacer es que ofrecerme por entero al Padre, pero esto se puede concretizar en muchos sacrificios diarios. Hay veces cuando los sacrificios que nos pide El Señor pueden ser aparentemente muy pequeños. En la última aparición la Virgen le pidió a Conchita el chicle que masticaba: “Conchita, ¿por qué no dejas tu chicle y lo ofreces como un sacrificio por la gloria de mi Hijo?”. Uno podría pensar ¡solo esto! Pero, allí quizá el sacrificio que pide es el acto de humildad de pensar que en este momento no tenía nada más que ofrecer. Un sacrificio podría ser levantarse a la primera, o sonreír aunque no me apetezca, o rendir mi punto de vista, o comer una comida sin sal, o algo que no me gusta, o no comprar el nuevo vestido que he visto y que me gusta mucho… ¿Son sacrificios demasiado pequeños? Todos sabemos que para correr un maratón generalmente no vale levantarse un día por la mañana y decidir a hacer si antes no has corrido ni 10 metros, hay que entrenarse. En la vida espiritual también pasa lo mismo. Haciendo estos pequeños actos de generosidad de hacer estos sacrificios a la primera por pequeños que sean nos hará más capaz de hacer un sacrificio grande cuando Dios nos lo pide. Y de todas formas, ¿qué sé yo cuánto vale realmente delante de Dios? Podría ser que por al amor tan grande que pongas en este acto aparentemente pequeño tu sacrificio se convierte en algo muy agradable a los ojos de Dios.

Que la Virgen, Nuestra Madre, nos ayude a ver cuáles son los sacrificios que Dios nos pide y dárselo con generosidad.

Dios os bendiga

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