Queridos amigos:
A
penas comenzado este mes hemos tenido la oportunidad de recordar un día muy
especial dentro de la historia de las apariciones en Garabandal: el 2 de julio.
Es
el día de la primera aparición de la Virgen a las niñas. El día anterior el
ángel les anunció “¿Sabéis por qué he
venido? Debo anunciaros que la Virgen Santísima se os aparecerá mañana como
Nuestra Señora del Monte Carmelo”.
Esta
noticia se les llenó de alegría y exclamaron: “¡Qué
venga pronto!”. Así comenzaron un
tiempo precioso en que la Virgen visitaba de manera especial a esta “región montañosa” que nos hace recordar otra
visitación suya recogida en el Evangelio de Lucas (Lc 1, 39-56).
En
el Evangelio habla de que se puso en camino de prisa a visitar a su prima
Isabel. Podríamos decir que también aquí la Virgen tenía “prisa” por visitar de nuevo a sus hijos para
llevarles a su Hijo, mostrarles su amor maternal y darles algunos mensajes para
que se pongan de nuevo en el buen camino.
¿LE ACOGEREMOS?
La
reacción de Santa Isabel ante la visitación de la Virgen fue exclamar con
humildad: “¿de dónde a mí que la Madre de
mi Señor venga a mí?”. Reconoció
el regalo tan grande que Dios le había hecho mandandole a su Madre; reconoció
que María no venía sola sino que llevaba dentro de Ella al Rey, al
Salvador “bendito el fruto de tu seno”;
reconoció, en fin, que ella era indigna de tal visita, de tal don, y que ante
ella tenía que humillarse, ¿quién soy yo? ¿Y nosotros? ¿La hemos acogido? ¿La acogemos? Desgraciadamente la Virgen no siempre
encuentra hueco en nuestro corazón para sus palabras, para su mensaje. A veces
como sus palabras hacen remover nuestra conciencia, y vemos que hemos de
cambiar, decidimos cerrarnos a ellas. Si hacemos esto no estamos abriendo
nuestra casa, nuestro corazón a María, no estamos permitiendo que nos
visite. Y si no nos abrimos a
María tampoco nos abrimos a Jesús.
Vemos
en Garabandal que también por parte de algunos no ha habido esta acogida. La
Virgen misma tuvo que lamentarse sobre la falta de acogida y de dar a conocer
su primer mensaje. ¿Qué fue el motivo? No
podemos saberlo con certeza, pero sí nos puede servir de examen de
conciencia. ¿Estoy
acogiendo las palabras de la Virgen? ¿Las
pongo en práctica? ¿Extiendo su mensaje? ¿Lo vivo en profundidad?
YENDO A LO CONCRETO
Vamos
a recordar algunos puntos concretos de los dos mensajes:
- Hay que hacer muchos sacrificios,
mucha penitencia
- Tenemos que visitar al Santísimo
con frecuencia.
- Antes, tenemos que ser muy buenos.
- Los sacerdotes, obispos y
cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan
muchas más almas.
- A la Eucaristía cada vez se le da
menos importancia.
- Debéis evitar la ira del buen Dios
sobre vosotros con vuestros esfuerzos.
- Si le pedís perdón con alma
sincera, Él os perdonará.
- Os quiero decir que os enmendéis.
- Pedidnos sinceramente y nosotros o
los daremos.
- Debéis sacrificaros más.
- Pensad en la Pasión de Jesús.
UN SACRIFICIO AGRADABLE A DIOS
Dos
de los puntos mencionan el tema del sacrificio: “Hay que hacer muchos sacrificios” “Debéis
sacrificaros más”. Jesucristo eligió para sí mismo el camino del
sacrificio por amor, camino que se convierte en camino de salvación para
nosotros. El sacrificio de Jesús es, en realidad, el único sacrificio agradable
a Dios. Nosotros ofrecemos sacrificios uniéndonos al sacrificio de Cristo.
Aunque Jesús dejo claro en el Evangelio que el amor y la misericordia valen más
que todos los holocaustos y sacrificios (cf Marcos 12, 33), esto no significa
que nos tenemos que hacer sacrificios. Lo que Jesús corregía era los ritos
exteriores que no cambien el corazón. De nada vale el sacrificio y le penitencia si ellos no llevan a la
conversión del corazón y si no estoy amando a Dios y al prójimo. Pero
sí, tenemos que hacer sacrificios. No solo en
Garabandal, sino en Lourdes y en Fátima la Virgen nos lo recuerda. El
sacrificio más grande que puedo hacer es que ofrecerme por entero al Padre,
pero esto se puede concretizar en muchos sacrificios diarios. Hay veces cuando
los sacrificios que nos pide El Señor pueden ser aparentemente muy pequeños. En
la última aparición la Virgen le pidió a Conchita el chicle que
masticaba: “Conchita, ¿por qué no dejas tu
chicle y lo ofreces como un sacrificio por la gloria de mi Hijo?”. Uno podría pensar ¡solo
esto! Pero, allí quizá el sacrificio que pide es el acto de humildad de
pensar que en este momento no tenía nada más que ofrecer. Un sacrificio podría
ser levantarse a la primera, o sonreír aunque no me apetezca, o rendir mi punto
de vista, o comer una comida sin sal, o algo que no me gusta, o no comprar el
nuevo vestido que he visto y que me gusta mucho… ¿Son
sacrificios demasiado pequeños? Todos sabemos que para correr un maratón
generalmente no vale levantarse un día por la mañana y decidir a hacer si antes
no has corrido ni 10 metros, hay que entrenarse. En la vida espiritual también
pasa lo mismo. Haciendo estos
pequeños actos de generosidad de hacer estos sacrificios a la primera por
pequeños que sean nos hará más capaz de hacer un sacrificio grande cuando Dios
nos lo pide. Y de todas formas, ¿qué sé
yo cuánto vale realmente delante de Dios? Podría ser que por al amor tan
grande que pongas en este acto aparentemente pequeño tu sacrificio se convierte
en algo muy agradable a los ojos de Dios.
Que
la Virgen, Nuestra Madre, nos ayude a ver cuáles son los sacrificios que Dios
nos pide y dárselo con generosidad.
Dios
os bendiga
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