He visto, otra vez, la
canción “Si yo fuera rico” de Un
violinista en el tejado. Ya he mencionado la belleza de esta canción (y de
toda la película) en otros posts.
Pero esta vez, cuando la he
visto, he escuchado la canción como una oración. Es curioso que, hasta ahora,
no lo hubiera hecho, porque la canción es una serie de peticiones del
protagonista dirigidas a Dios.
El caso es que escuchada esta
canción como una oración es una bellísima enseñanza acerca de por qué la
mayoría de las personas no somos ricos.
¿Para qué quiere el
granjero ser rico? No le
pide ser muy rico, solo le pide una pequeña fortuna. ¿Pero
para qué? Pues dice que para tener una casa con más habitaciones, para
poseer más gansos. También le dice a Dios que, en realidad, quiere ser rico por
la esposa.
Alega que así no tendría que
trabajar duro. Aunque no se da cuenta de que ese ejercicio le mantiene sano y
fuerte.
También dice que le gustaría que
los demás le pidieran consejo, porque when you are rich they think you really know. También
tendría un asiento especial en la sinagoga.
Pero el pobre granjero acaba
reconociendo una gran verdad que vale para él y para el sacerdote: You decreed I
should be what I am.
Este blog lo leen un cierto
número de sacerdotes. Considero que esta es una gran verdad que guía la vida de
todos: Tú decretaste que yo fuera lo que soy. ¿Ambición
de dinero los laicos? ¿Ambición de puestos los clérigos? Hay que volver
a escuchar esta canción que es un sermón de Dios.
Aprovechad para ver la película
ahora, porque, dentro de unos años, será completamente ilegal verla o
conservarla en vuestras casas. Hay demasiados mensajes subversivos en El
violinista en el tejado.
P. FORTEA








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