Con ocasión de la Solemnidad de Pentecostés, que este año 2022 se celebra el 5 de junio, la Iglesia Católica brinda a los fieles la posibilidad de obtener una indulgencia plenaria, ya sea para uno mismo o para algún alma del Purgatorio.
El Catecismo de la Iglesia Católica explica que el Purgatorio es
una “purificación final” que deben atravesar para llegar
al cielo todos aquellos “que mueren en la gracia y
en la amistad de Dios” pero que están “imperfectamente
purificados, aunque están seguros de su eterna salvación”.
¿QUÉ ES UNA INDULGENCIA
PLENARIA?
La Enciclopedia Católica de ACI Prensa (EC) explica que “por indulgencia plenaria se entiende la remisión de toda
la pena temporal merecida por el pecado, de tal modo que no es necesaria
ninguna otra expiación en el Purgatorio”.
Una indulgencia, precisa la EC, “no es un
permiso para pecar, ni un perdón para pecados futuros: ninguna de estas dos
cosas pueden ser concedidas por poder alguno”.
“No es tampoco el perdón de la culpa del pecado”, pues requiere que el pecado haya “sido ya
perdonado con anterioridad”.
“Al contrario, significa una satisfacción más
completa de la deuda que el pecador tiene ante Dios”, indica.
“En el Sacramento de la Penitencia se remueve la
culpa del pecado y, conjuntamente con ella, también la pena eterna merecida por
el mismo; pero el castigo temporal requerido por la justicia divina permanece,
y este requerimiento debe ser satisfecho sea en esta vida o en la vida futura,
es decir, en el Purgatorio”, añade.
“La indulgencia ofrece al pecador arrepentido la
posibilidad de saldar o aligerar esta deuda durante su vida en la tierra”, precisa.
Las almas del Purgatorio esperan gozar de la presencia de Dios en el
Cielo. Para poderles ayudar en ese proceso de purificación, un católico puede
realizar los siguientes pasos:
- Tener
la firme intención de no volver a pecar, incluso venialmente.
- Confesar
sacramentalmente todos los pecados.
- Recibir
la Eucaristía.
- Orar
por las intenciones del Papa.
- Rezar
o cantar el himno Veni Creator Spiritus durante la Solemnidad de
Pentecostés.
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fíeles y llena de la
divina gracia los corazones, que Tú mismo creaste.
Tú eres nuestro Consolador, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego,
caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, el dedo de la mano de
Dios; Tú, el prometido del Padre; Tú, que pones en nuestros labios los tesoros
de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros
corazones; y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, sé Tú mismo nuestro
guía, y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y que en Ti, Espíritu de
entrambos, creamos en todo tiempo.
Redacción ACI Prensa








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