Como parte de las iniciativas para fomentar la devoción y amor al Sagrado Corazón de Jesús, la Enciclopedia Católica (EC) de ACI Prensa comparte 33 bellas jaculatorias que pueden servir a los fieles católicos.
En declaraciones a ACI Prensa, José Gálvez Krüger, director de la EC,
dijo que las “Treinta y tres
aspiraciones a Nuestro Señor Jesucristo y a su Sagrado Corazón” ayuda a que “los
devotos del Sagrado Corazón y de la Sagrada Eucaristía, pasen de la simpatía
superficial, al afecto pleno”.
“Y pasen del afecto pleno a la honra y adoración de
ese corazón deífico, y por consecuencia a la adoración perpetua del Santísimo
Sacramento del Altar”, expresó.
Estas 33 meditaciones, resaltó, son “una por
cada año de vida del Señor”.
Gálvez Krüger explicó que “la devoción al
Sagrado Corazón de Jesús es una forma especial de devoción a Cristo”.
La Enciclopedia Católica, en su sección sobre la Devoción al
Sagrado Corazón de Jesús, señala que “la palabra corazón despierta en nosotros, antes que
nada, la idea del órgano vital que palpita en nuestro pecho y del que sabemos,
aunque quizás vagamente, que está íntimamente conectado no sólo con nuestra
vida física, sino también con nuestra vida moral y emocional’”.
Además, la EC destaca que esa “relación
explica, también, que el corazón de carne sea universalmente aceptado como
emblema de nuestra vida moral y emocional, y que por asociación, la palabra
corazón ocupe el sitio que tiene en el lenguaje simbólico y que esa palabra se
aplique igualmente a las cosas mismas que son simbolizadas por el corazón”.
Gálvez Krüger resaltó que “la devoción al
Corazón de Jesús es una relación personal entre Cristo y cada persona que le
profesa devoción. Es un coloquio o diálogo de corazón a corazón. Como en toda
relación personal, cuanto más se conocen las personas relacionadas, más fuerte
será el vínculo recíproco”.
“Cristo conoce a la Humanidad perfectamente, pero
el devoto solo puede conocer a Cristo confiando en Él, consagrándose a él,
imitándolo, y obedeciendo sus mandatos”, aseguró.
TREINTA Y TRES ASPIRACIONES A NUESTRO SEÑOR
JESUCRISTO Y A SU SAGRADO CORAZÓN
De
Enciclopedia Católica
I. ¡Oh Corazón amabilísimo de mi Jesús! inflamad mi corazón en vuestro amor.
II. ¿Cuándo empezará, Jesús mío, cuando
empezará éste mi corazón a imitar la humildad y mansedumbre del vuestro? ¡Ojalá
empiece desde este instante!
III. Sí, sí, empiece desde hoy mi corazón a mostrar que os ama, siguiéndoos
siempre aún entre penas y trabajos.
IV. Muera una vez mi corazón al mundo, y a la carne, y viva solamente a
Vos, o vida de mi alma.
V. ¡O Corazón de mi Jesús! que tanto me habéis amado y me
amáis, haced que yo os ame una vez de veras, y sea premio del amaros así, el
amaros cada vez más. Quiero amaros cada vez más, Jesús mío, Bien mío.
VI. Seáis Vos, o Corazón amoroso de mi Jesús, el reparador de mis faltas,
el protector de mi vida, y mi refugio en la muerte. Todo lo espero de Vos,
esperanza mía, Jesús mío.
VII. Oh Corazón bendito de mi Jesús, todo amor para conmigo: no quiero de
hoy más tener corazón sino para amaros, bendeciros, y alabaros. ¡Así tuviera yo mil para hacer con todos lo mismo!
VIII. Jesús mío, yo os ofrezco éste mi corazón: hacedlo semejante al vuestro
en amar a la Divina Majestad, y a todos mis próximos, hermanos míos en Vos, que
sois nuestro Dios, y nuestro Padre.
IX. Purificad, Jesús mío, mi corazón de todo aféelo desordenado, para que
no ame ni aborrezca, sino lo que ama y aborrece el vuestro, y lo muestre en las
obras.
X. Inflamad, benignísimo Jesús, en vuestro amor mi corazón y el de todos
los hombres, para que todos nuestros corazones os amen como merecéis.
XI. Oh buen Jesús, haced que yo cierre el último de mis días con un acto
fervorosísimo de amor, espirando el alma en vuestro Corazón. ¡Oh que dichoso espirar!
XII. A vuestro beneficentísimo Corazón soy deudor, Jesús mío, de todo el bien
que tengo: yo os doy las gracias, y para hacerlo más dignamente os ofrezco en
acción de gracias vuestro mismo Corazón: él os
ruegue por mí, pobrecito y miserable.
XIII. Oh Corazón de Jesús, que con dolor continuo lloraste mis pecados, haced
que yo también continuamente los llore, y que me enmiende de ellos para nunca
más desagradaros.
XIV. Amorosísimo Jesús mío, ¡oh qué mal os he
correspondido! Vos me habéis amado con incomprensible, amor, y yo con
incomprensible ingratitud os he ofendido. ¡Oh
cuánto me pesa! Quisiera que el corazón se me rompiese de dolor.
XV. Oh dulce Jesús, quisiera tener en mi corazón la contrición de todos
los corazones que han Horado sus pecados. Con el corazón de todos los
penitentes os pido perdón. Haced, Jesús mío, misericordia de mí. ¡Misericordia, misericordia!
XVI. Tesoro es de todas las gracias vuestro Divino Corazón, oh amado Jesús,
abridle sobre mi pobre alma, y derramad sobre ella aquellas gracias de
contrición perfecta, que la hagan cada vez más dolorida de haberos ofendido, y
más solícita en satisfacer con digna penitencia a vuestro ofendido Corazón.
XVII. Jesús mío, yo me arrepiento de haberos ofendido, y por vuestro amor me
quiero doler y arrepentir cada vez más. Resuelto estoy a daros de aquí adelante
gusto en todo y a ese fin os ofrezco en unión de vuestro Santísimo Corazón
todos mis pensamientos, palabras y obras.
XVIII. O Corazón de mi Jesús, yo os ofrezco mi alma, mi cuerpo, todo yo mismo:
quiero ser siempre todo vuestro, sed Vos siempre todo mío. Siempre, siempre
mío.
XIX. Me pedís el Corazón, Jesús mío: ¡ah! Señor,
me avergüenzo de haberlo manchado con tantas culpas. ¿Pero
quién si no Vos lo puede limpiar? Yo os lo doy para que lo purifiquéis
de tantas manchas, y lo hermoseéis con vuestros dones. Hermoseadlo, Jesús mío,
cada vez más.
XX. Oh Sangre preciosísima, que corriste del Corazón herido de mi Jesús,
lava todas las manchas de mi corazón, y ponlo más limpio que la nieve.
Plagueos, Jesús mío, hacer que mi corazón os agrade cada vez más.
XXI. Oh pacientísimo Jesús, que tuvisteis siempre el Corazón anegado en un
mar de quebrantos, y todo lo sufristeis con resignación perfectísima en la
voluntad de vuestro Eterno Padre, dadme gracia de amaros y alabaros en
cualquiera adversidad. A Vos me encomiendo, y de Vos me fio en todos los
trances de mi vida.
XXII. Corazón generosísimo de mi Jesús, que jamás quisisteis si no lo que
quería vuestro Divino Padre haced que yo no quiera otra cosa sino el
cumplimiento de su divina voluntad y vuestra. Así sea, así sea.
XXIII. Mansísimo y humildísimo Corazón de Jesús, dadme gracia de ser, como
Vos, humilde y manso de corazón.
XXIV. Jesús mío, vuestro corazón fue siempre las delicias de vuestro Divino
Padre, haced que el mío os agrade á Vos y a vuestro Padre siempre, siempre, y
en todo.
XXV. Deseo agradaros cada vez más, o Jesús mío, y a fin de agradaros os
ofrezco todos mis pensamientos, afectos, palabras y obras en unión de vuestro
amabilísimo Corazón.
XXVI. ¡Oh, si mi corazón supiese como el vuestro,
amado Jesús, buscar en todas las cosas la gloria de Dios a todo trance, y a
cualquiera costo!
XXVII. ¡Corazón dulcísimo de mi Jesús! ¡Jesús mío
de mi corazón! ya que yo no puedo ni honraros ni amaros como merecéis,
os honro y os amo con los corazones de todos los Santos, con el de vuestra
Santísima Madre, y con vuestro mismo Corazón. Alegrándome del amor que os tiene
vuestro Eterno Padre, y del que Vos le tenéis a él, lo hago como mío, y os lo
ofrezco.
XXVIII. Sí, sí, Jesús mío, confirmo y ratifico la resolución tomada de promover
en mí y en otros a toda costa, y según toda mi posibilidad, la devoción a
vuestro santísimo y amabilísimo Corazón.
XXIX. Jesús mío, Dios mío, no resista yo jamás a lo que quisiereis de mí,
sea yo aquel hombre según vuestro Corazón, resplandezca en mi vida la práctica
de vuestra soberana doctrina, y la imitación de vuestros divinos ejemplos.
XXX. Yo me escondo, Jesús mío, en vuestro Divino Corazón, para amaros allí
olvidándome de mí.
XXXI. Jesús mío, Vos elegisteis, que erais venido en busca de pecadores,
aquí tenéis uno, no permitáis que me huya de vuestras manos: cerradme y
guardadme en vuestro corazón.
XXXII. Jesús mío, a vuestro piadosísimo Corazón me encomiendo a mí y a todos
mis próximos. Dad perseverancia a los justos, penitencia a los pecadores, buena
muerte a los moribundos, consuelo a los afligidos y lleguemos todos á alabaros
y daros eternas gracias en el Cielo. ¡Dichoso yo si
llego allá, aunque sea por medio de cuchillos y navajas!
XXXIII. Jesús mío, os ofrezco vuestro Corazón, por mí, y por todos, pero
singularmente en sufragio de las Almas del Purgatorio, porque deseo que cuanto
antes vayan a daros en el Cielo aquella gloria que no sé yo daros en la tierra.
Y todo esto entiendo pediros todas las veces que mi corazón respire.
Colaboración de
Nelso Rodolfo Sandoval
Título original: TREINTA Y TRES ASPIRACIONES
A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y SU SACRATÍSIMO CORAZÓN O JACULATORIAS EN REVERENCIA DE LOS TREINTA Y
TRES AÑOS DE SU VIDA MORTAL
POR DAVID RAMOS | ACI Prensa








No hay comentarios.:
Publicar un comentario