GLORIA CECILIA NARVÁEZ, MISIONERA COLOMBIANA, PASÓ MÁS DE 50 MESES SECUESTRADA POR YIHADISTAS EN MALÍ
Hay personas que ayudan a las
misiones y misioneros desde su casa, con oración, o con donativos
generosos.
Y hay personas que van
a la misión, son secuestradas, mantenidas cautivas durante años y golpeadas, y
quieren volver. No hablamos de
heroicos mercedarios medievales ni jesuitas entre los iroqueses del s.XVII,
sino de misioneros de hoy, como la hermana Gloria Cecilia
Narváez, colombiana de la
Congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, misionera en
Malí, donde pasó más de cuatro años secuestrada desde febrero de 2017 por un
grupo yihadista. Fue liberada hace un año, en octubre de 2021, y ha dedicado este tiempo a
contar su historia de fe y resistencia.
"ME
DIJERON QUE ME SECUESTRABAN POR MI RELIGIÓN"
"El jefe de
los secuestradores me dijo que me secuestraban por mi
religión", explicó la religiosa a ReligionEnLibertad, en
su paso por Madrid para recibir un Premio Domund de OMP.
"El jefe me
dijo: 'este es un país musulmán, tienes que convertirte al Islam. No
queremos dinero, sólo queremos hablar con el presidente de Malí'. Eso es lo que
me repetían".
Ella sospecha que
muchos de los secuestradores de aquel grupo eran árabes o de otros países,
porque no tenían, ni de lejos, la piel tan negra como es común en Malí. Algunos jefes
musulmanes de la zona no estaban nada cómodos con las bandas yihadistas.
"Me
escapé varias veces, pero ellos tenían vehículos y siempre me atrapaban en el desierto. Conocí a un jefe local, maliense, que era un
musulmán honesto y religioso. Él estaba intentando ayudar a que otra
secuestrada, una cristiana protestante, pudiera volver a su país. Conseguí
acercarme a él. 'Jefe, ¿por qué no me ayuda a que me liberen?
Esta gente es muy violenta', le
dije. Él fue quien me ayudó a salir del desierto y me entregó al presidente de
Malí".
Las circunstancias de la
liberación de Gloria Cecilia, tras cuatro años y 8 meses de cautiverio, siguen
sin estar claras, pero parece que sus secuestradores
la intercambiaron, y a otros
cautivos, por alguno de sus hombres que estaban encarcelados.
AZOTADA
POR REZAR
Un día, al principio del
cautiverio, en su primera o segunda semana, salió al límite del campamento a
contemplar el desierto y rezar en voz alta unos Salmos. "Vino
un jefe con un trozo de manguera de plástico y me pegó, como con un látigo. Yo le
dije: 'jefe, si hice algo malo, perdóneme y dígame'. Pero el seguía pegándome y
luego ya me puso cadenas. Otra de las secuestradas me dijo: 'es
por tu religión, porque rezas'. Y
dije: 'pues yo voy a seguir rezando,
soy una religiosa y hago mis oraciones'. Después el jefe me
interrogó. '¿Rezarás las oraciones del Islam?' 'No, yo soy una religiosa
católica, y rezo mis oraciones'. Y me insultó mucho, pero ya no me azotó más.
Yo, desde entonces, rezaba, pero con más prudencia".
"Después, otras
secuestradas se alegraron de rezar conmigo, de escuchar los Salmos, ver mi
medalla, mi anillo... eran signos que ayudaban. Hoy digo que
todos vivimos experiencias duras, y debemos expresar nuestros sentimientos a
Dios, y eso dará paz a nuestro corazón. Él nos sanará con su presencia en la
oración confiada e incesante", añade.
Tras su liberación,
Gloria Cecilia Narváez fue recibida por el Papa Francisco.
FUERZA
REAL Y PODEROSA EN LA ORACIÓN
La religiosa colombiana durante 56 meses no tuvo acceso a la Biblia, ni a los sacramentos, ni a
un crucifijo... Sólo tenía su medallita y las oraciones y partes
de la Biblia que recordara de memoria. Con ellas rezaba y también con una espiritualidad minimalista, de agradecimiento ante la belleza de la
naturaleza. Una espiritualidad del desierto.
"Yo oraba
confiada, y sentía que la presencia de Dios se elevaba como el sol. Yo lo
sentía así en mi interior. Cada día hacía comunión espiritual, rezando
aquellos Salmos que me sabía de memoria, como el Salmo 22. Los
recitaba y saboreaba, despacito: El Señor es mi pastor, nada me
falta... Una vez vi una serpiente grande y recé con el Salmo
91: El que habita a la
sombra del Altísimo... pisará sobre leones y serpientes. Yo
sentía que Dios me libraba de peligros. "Sálvanos, Señor, que
perecemos", como los Apóstoles en la
barca. Y "Señor, aparta de mí este
cáliz". Y escuchaba la voz de Dios en el silencio, un
silencio que fue mi escuela de oración".
SER
CONSTRUCTORA DE PAZ BAJO LOS INSULTOS
Como Hermana Franciscana también
se apoyó en una espiritualidad de la docilidad. "Si te
azotan, bendícelos; no devuelvas mal por mal. Yo callaba
y amaba aunque era odiada. Perdonaba cuando me insultaban. Tenía que ser luz en
esa oscuridad, vivir las Bienaventuranzas y la
"oración de la paz" que
dicen que es de San Francisco. Mi cuerpo estaba secuestrado, pero no mi corazón
ni mi espíritu", detalla. Seguía la enseñanza de la Madre Caridad,
fundadora de su congregación: "Callad, para que Dios nos defienda".
Gloria Cecilia recuerda que los islamistas, para recitar sus rezos, ponían ante sí su metralleta. "Yo, en cambio, ponía ante mí las manos ante
Dios".
También se apoyaba en la belleza
de la Creación y un espíritu agradecido. "La contemplación de los amaneceres, las noches estrelladas, una
pequeña flor... Yo daba gracias por
esa belleza, y recibía de Dios paz y serenidad", recuerda.
CUANDO
CAÍAN LAS BOMBAS SOBRE TODOS
Hubo momentos en que sus vehículos eran atacados por helicópteros y por
drones, que les tiraban bombas. Nunca supo si eran del gobierno o de otra
facción o grupo.
"Bajo las
bombas y tiroteos, huyendo todos, yo veía que los secuestradores temblaban de
miedo y yo les decía: 'Jefe, no tiemble, que Dios es grande'. Rezaba
para que ninguno muriéramos en esas persecuciones y disparos a toda velocidad.
'Señor, que no nos muramos, ni yo ni ellos, que la protección de la Virgen nos
guarde'".
CON
EL DOMUND, LAS MISIONERAS LLEGAN A MUCHA GENTE
La hermana Gloria Cecilia fue misionera varios años en Benín, el país del vudú, y
ya en 2010 pasó a Malí, donde casi todo el mundo es musulmán. En ambos lugares ha comprobado
que las ayudas del Domund se multiplican a través de los proyectos misioneros.
"En
Benín, con donativos de Obras Misionales, manteníamos un hogar para cien niños, que podían así comer, dormir,
levantarse con agua potable al lado y recibir educación. Luego, en Malí, esas
ayudas nos sirven para sostener un orfanato para niños enfermos, que nacen
desnutridos o con enfermedades graves, durísimas. En aquellas culturas a un niño
con deformidades le consideran una bestia", explica.
"También nos
dedicamos a enseñar a mujeres a leer, escribir, talleres de manualidades, crear
talleres... Una mujer alfabetizada es completamente distinta.
Gana en seguridad, recibe con alegría su diploma, organiza una fiesta e invita
a los jefes, al imán. Cuentan con orgullo como madrugan, preparan las tareas
del hogar, y luego vana su curso. Aprenden a leer y hacer cuentas y con eso ya
pueden mantener pequeños negocios y ventas. La mujer musulmana
es muy honrada y cuidadosa en eso. Todos los microcréditos los devuelve y les
da rentabilidad", detalla.
El ejemplo de los misioneros toca
muchos corazones en África. "Yo quiero ser de
la religión de ese sacerdote", dicen unos. "O
yo quiero ser buena, como las hermanas, dicen muchas muchachas". En
Malí, en la fiesta de la Virgen de África, el 22 de noviembre, acuden en
peregrinación musulmanes y autoridades y el Ministro de
Cultura hace un discurso y agradece el trabajo de los misioneros, explica Gloria Cecilia.
"Veo mucha
esperanza en África, hay muchas vocaciones para el servicio misionero, muchas chicas
de esos países que se sienten llamadas a servir a la misión, y
jóvenes llamados a ser sacerdotes", añade.
Mientras explicaba esto a ReL,
Fides publicaba las cifras de católicos en África: el doble
que veinte años antes, hoy son unos 260 millones. La Iglesia en África tiene casi 78.000 escuelas, y cada año abre 1.700 escuelas más. Educa a unos 26 millones de menores de edad en sus escuelas
africanas, y cada año incorpora medio millón más. Es un esfuerzo colosal, que
solo se sostiene con la generosidad de donantes y misioneros.
¿MIEDO
A SER MISIONERO?
Hay familias que escuchando estas historias de secuestros y bombas tengan miedo a que sus hijos se hagan misioneros. Pero la
religiosa colombiana tiene un mensaje tranquilizador para ellas.
"Que nadie
tenga miedo. ¡Dios nunca nos abandona! Es bonito que una familia pueda dar una
vocación. Mi vocación se cultivó en mi familia. Una familia debe dar ejemplo,
como voluntarios, como consagrados, en tantas formas de misión…
También los apóstoles tenían miedo, pero el Señor les dijo: 'Yo siempre estoy
con vosotros'. Yo viví cuatro años muy duros, sí, pero siempre llena de
esperanza y de pasión".
Los misioneros que han estado en
África siempre desean volver. Ella no sabe si le va a tocar volver a África o
quizá pase a una misión en la Amazonia colombiana. Como siempre, la mies es
mucha y se necesitan más obreros.
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