Por: Alison González Andrade | Fuente: Catholic.net
Y te preguntarás… ¿Qué significa ser
católico en serio?
Más que acatar un montón de reglas… Más
que entrar al club de los buenos… Más que tratar de no pecar… Más que llevar
una vida perfecta.
Un católico en serio es aquel que ya entendió que se juega la vida con
cada decisión que toma, la actual y la eterna. Por ello, sabe que la vida empieza
cuando entiende que tiene un propósito, cuando comprende que forma parte de un
plan más grande y perfecto que el que alguna vez imaginó.
No tiene miedo de perder la vida, porque sabe que
la va a encontrar en Cristo. Más teme
que por causa de la marca de sus defectos deje de buscar una y otra vez el
perdón de Dios.
Un católico en serio sabe que fue creado para amar y servir a su Creador
y por ello su vida se trata de encontrar a Dios y conocerlo para amarlo más.
Un católico en serio sabe que solo no puede y que al final es mejor
recorrer el camino junto a aquellas personas que hacen que el trayecto esté
lleno de metas compartidas.
Un católico en serio tiene como asesores a los santos porque reconoce en
ellos a hombres y mujeres imperfectos con corazones inflamados de amor. En
donde al final de sus vidas, tarde o temprano lograron amar con toda su mente y
alma a aquel que dio su vida por ellos.
A un católico en serio no le basta con cumplir los
preceptos. Siempre quiere más y busca la manera de estar cerca. Constantemente tiene
presente a su Creador y nada de lo que hace lo hace en vano si lo consagra a
María para que ella lo perfeccione y lo entregue con sus propias manos a Aquel
por quien se vive.
Un católico en serio tiene una fe razonada que le lleva a siempre buscar
la verdad. Conoce su fe y permanece firme en los momentos difíciles por los que
atraviesa la Iglesia. No se separa de ella, más la
guía con su constancia y empeño de ver a Cristo triunfar en Cielo y Tierra.
Un católico en serio es un pecador determinado a no dejarse vencer por
el pecado. Es paciente consigo mismo y confía mucho más en la Misericordia de
Dios que en sus propias fuerzas. Es un pecador con la mirada puesta en el
futuro, lleno de esperanza.
Un católico en serio no se rinde, pues él descansa
en Dios mismo quien restaura sus fuerzas cada vez que viene desgastado y herido.
La alegría es su secreto y sin así quererlo, es fuente de inspiración
para tantas personas, pues tiene “ese algo” que
todos desean en sus vidas.
Para un católico en serio no hay días rutinarios porque siempre se
pregunta: Señor, ¿cómo te puedo servir hoy?
Un católico en serio tiene múltiples conversiones a lo largo de su vida.
Cada vez más puras y perfectas, cada vez más claras y profundas. Hasta que un día logra pertenecer por completo a Cristo mismo, en donde
las dos voluntades son la misma y el corazón es uno solo.
Sé un Católico en Serio.








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