Pocas
veces los enfermos del hospital reciben al capellán tan acogedoramente como lo
han hecho hoy. Eso tiene una explicación: Los familiares tienen prohibida la
entrada al edificio. Con lo cual, los pacientes están aburridísimos y cualquier
visita les distrae. Me han llamado para administrar una unción de los enfermos.
La
entrada al hospital está prohibida totalmente. Solo puede entrar el personal
que trabaja allí. El amplio vestíbulo está vacío. Solo está el señor que
atiende en el mostrador al que desee entrar y un miembro de la seguridad del
hospital para hacer cumplir la norma.
Tanto
ayer sábado como hoy domingo, no ha venido nadie del personal a las misas. Así
que, al final del día, los dos días he decidido ir a la catedral. Me apetece
una celebración comunitaria, solemne. Aunque la nave central, con treinta personas
aquí y allá, presenta un aspecto igual de siniestro.
Las
cifras, a día de hoy, ya son cada vez más claras. Se las he escuchado a uno de
los mayores especialistas en España: el 20% de los
infectados presentan problemas, solo el 5% problemas graves; la mortalidad
ronda el 1%. Se puede pensar (imaginar, desear) que los gobernantes que
dirigen todo el asunto saben qué están haciendo. Por supuesto que no. Cuando
pare la música (del pánico social) y se levante el telón, será cuando veamos
qué panorama hay delante de nosotros.
Sea dicho
de paso, la mortalidad de la última gripe en España (datos del 2020) fue del
1,2%.
España ha cerrado filas con los gobernantes, pero las cifras son las cifras. Lo único que no pueden cambiar todos los discursos son las cifras. Cuando la música se detenga, vendrán otras cifras.
España ha cerrado filas con los gobernantes, pero las cifras son las cifras. Lo único que no pueden cambiar todos los discursos son las cifras. Cuando la música se detenga, vendrán otras cifras.
Por
ejemplo, y el dato está tomado de wikipedia del artículo sobre desahucios en
España: En el primer trimestre de 2012, según el
Consejo General de Poder Judicial, se produjeron 46.559 desalojos forzosos por
la vía judicial.
Pero qué importan las cifras, pudiéndose llevar del
pánico como dijo Hellen Lovejoy: ¿Es que nadie a
pensar en los niños?
P. FORTEA








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