Creo que no es necesario decir..., que las potencias del alma son tres
enunciadas en su día por San Juan de la Cruz: Memoria, Inteligencia y Voluntad.
Pero para avanzar en el enunciado de esta glosa, conviene aclarar primeramente
algo sobre conceptos y definiciones. Lo primero de todo es definir
adecuadamente, ¿Que son las potencias del alma? ¿Forman parte del mundo
material de nuestro cuerpo, o del mundo espiritual de nuestra alma? ¿Cuáles son
las relaciones de las potencias del alma con los sentidos corporales de nuestro
cuerpo? Y por último. ¿Cuál es la diferencia entre las potencias del alma y las
facultades del alma? Trataremos de contestarnos a esta serie de preguntas y
para ello, nos apoyaremos en párrafos de anteriores glosas a la presente.
Primeramente nos conviene distinguir entre potencia y facultad, ya que,
son estas unas definiciones muy sutiles, si tenemos presente que el término
potencia implica el poder o capacidad para ejecutar una función, que es la
definición que nos da el DRAE.Y en base a esta aseveración y
como definición para andar por casa, podemos decir que, las potencias del alma
son: Las capacidades o herramientas de
que dispone el alma humana para realizar su cometido más trascendente, cuál es,
el de obtener su salvación.
Y con respecto al término facultad el DRAE, nos proporciona dos
acepciones 1.- Aptitud, potencia física o
moral, y 2.- Poder,
o derecho para hacer algo. Por lo que podemos concluir que, en este caso
que nos ocupa y completando la anterior definición de potencia, puede decir que
la facultad o facultades del alma, en otra definición para andar por casa, es: La actitud o poder que tiene el alma usando
de sus potencias para realizar su cometido más transcendente, cual es el de
obtener su salvación.
Pero el tema de la diferencia entre Potencia y facultades, es más
complicado de lo que, pudiera aparecer a primera vista. Por lo que nos conviene
hablar de las Potencias del alma y sus capacidades, que son diferentes, de lo
que se conoce con el nombre de Facultades del alma. Santa Teresa Benedicta de
la Cruz, Edidh Stein, nos dice: “No confundamos potencias del alma con las
facultades de esta. Las potencias son tres: memoria inteligencia y voluntad.
Las facultades son dos: la facultad de conocer y la facultad de amar. Conocer a
Dios equivale a estar ya unidos a Él, tratar de conocerle es querer llegar a la
unión con Él. Esta unión, generalmente pensamos, que es la manifestación divina
del amor en nuestras almas, es decir, se realiza a través del amor, de la
segunda facultad que tiene el alma humana y así efectivamente es, pero ese amor
que se manifiesta en nuestras almas; el amor de Él a nosotros y de nosotros a
Él, a su vez, se nos hace efectivo, es decir se nos comunica por mediación
de las potencias de nuestra alma y Dios hiere más a una potencia que a
otra, porque algunas veces se siente más la inteligencia que el amor y otras
veces más el amor que la inteligencia y a veces también todo es inteligencia
sin ningún amor y a veces todo es amor sin ninguna inteligencia. Porque Dios
–continuando con San Juan de la Cruz- se puede comunicar al alma en solo una
potencia sin la otra. Y así puede inflamar la voluntad con el toque del calor
de su amor, aunque no entienda el entendimiento ni tenga razón alguna para
comprender: tal como una persona puede ser calentada por el fuego sin ver a
este en ninguna parte”.
El obispo Sheen, distingue perfectamente entre facultades y potencias y
escribe: “Nuestra alma tiene dos facultades. Una de ellas es la facultad de
conocer y la otra es la facultad de amar. Somos como los animales, en tanto en
cuanto tenemos sensaciones y pasiones, pero el conocimiento y el amor son
específicamente humanos. El conocimiento pertenece al entendimiento o razón del
ser humano, el amor pertenece a su voluntad. El objeto del intelecto es la
verdad. El objeto de la voluntad es la bondad o amor”.
En contra existen opiniones muy extendidas, en mentes alejadas del amor
a Dios, que no quieren reconocer la evidencia que nos proporciona nuestra fe.
Existen sobre este tema de las potencia de nuestra alma y sus correspondientes
capacidades y medios de actuación, opiniones, que van desde la negación de la
existencia del alma humana hasta su aceptación y señalamiento de que se trata
de un elemento material del cuerpo humano.
Para ellos, el alma existe pero está en el cerebro humano. Cierto es que
el cerebro está, compuesto de músculos y neuronas inter comunicadas entre sí,
que almacenan la memoria humana y la parte material de nuestra capacidad de
raciocinio, esta se efectúa en el cerebro, aunque no así nuestra voluntad.
Nuestra alma es la directora y operadora de ese ordenador llamado cerebro
humano. Cuando el alma abandona el cuerpo que fue su envoltorio carnal en este
mundo, hay funciones materiales humanas que por un corto periodo de tiempo
siguen funcionando, como es el caso del crecimiento del pelo y de las uñas.
Pero las funciones cerebrales quedan cortadas de inmediato, porque la operadora
del ordenador se ha marchado.
Nosotros tenemos cinco sentidos corporales del cuerpo, que nuestra alma
conoce y tiene información de las indicaciones que estos le dan al alma. Por
ejemplo si una persona tiene hambre y el médico le ha dicho que no coma, quien
frena el instinto de comer, aceptando las indicaciones del médico, es el alma
no el cuerpo.
Cuando hay que ir a misa los domingos, es el cuerpo el que no quiere
levantarse y es el alma la que lucha, para que la persona se levante.
Evidentemente, es el alma la que gobierna las relaciones de su vida espiritual
con Dios, aunque con la pesada carga de un cuerpo que no comprende ni entiende
nada, entre otras razones porque él carece de relación con Dios.
Pero nuestra alma no solo tiene conocimiento puntual de las
informaciones que dan los sentidos de nuestro cuerpo, sino que además ella
misma tiene sus propios sentidos espirituales, que en general están muy poco, o
nada desarrollados en las personas.
En este sentido el más importante son los llamados ojos de nuestra alma,
que le donan a esta, una capacidad de visión con más menos claridad, de todo lo
que se refiere al orden del espíritu, pero para ello los ojos del alma han de
disponer de la luz divina, al igual que los ojos del cuerpo, disponen para ver
de la luz material del sol, los astros, o el fuego, aunque también el hombre ha
inventado una fuente de luz material mediante la electricidad.
El equilibrio de nuestras tres potencias no es siempre el mismo en todas
las almas. San Juan Pablo II en su obra sobre San Juan de la Cruz escribe
diciéndonos: “El esquema de correspondencia, entre las
virtudes teologales y la potencias del alma, se ajusta así: A la fe le
corresponde el entendimiento; a la esperanza le corresponde la memoria; y a la
caridad la voluntad. En cada virtud teologal debe de actuar la unión con Dios
en la `potencia correspondiente. Las tres virtudes teologales, han de ser las
que han de poner en perfección las tres potencias del alma… Mediante las
virtudes teologales cada potencia es informada de modo sobrenatural según las
exigencias de su propia entidad”. Wojtyla, Karol.
Mi más cordial saludo lector y el deseo de
que Dios te bendiga.
Juan
del Carmelo








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