martes, 15 de noviembre de 2016

JESUCRISTO REVELÓ A SANTA BRÍGIDA CÓMO SERÁ EL JUICIO PARTICULAR A CADA PERSONA


Por el siglo XIV Santa Brígida recibió de Jesús la revelación de cuál será el destino eterno de cada persona.
Esto es de mucha actualidad porque presenta las pautas que probablemente use en el Aviso a la humanidad, en que cada uno verá el estado de su alma tal como Él la ve.
.
Y más útil aún es para cuando luego de la muerte nos tengamos que enfrentar a Él en el Juicio Particular.
Recomendamos leer también:

QUIEN FUE SANTA BRIGIDA DE SUECIA
Brígida Birgersdotter (1303-1373), conocida como Santa Brígida de Suecia, fue una mística, escritora y teóloga sueca a la que Juan Pablo II proclamó Patrona de Europa.
Hija de un gobernador y de la hija de otro gobernador, Brígida formaba parte de la clase alta de Suecia.
Sin embargo, a los siete años tuvo una visión de María Santísima y a los diez soñó con Jesús sangrante y a partir de ese momento se convirtió en devota de la Pasión de Nuestro Señor.
Casada a los catorce años, tuvo 28 años de felicidad con su esposo, interrumpidos cuando ambos decidieron dedicarse a la vida consagrada.
Llamada a la Corte, como dama de compañía de la reina, Brígida intentó por todos los medios enderezar a un rey débil y vicioso, así como a su esposa, la Reina. Ambos la escuchaban ocasionalmente, volviendo a caer en sus faltas.
Su vida estuvo signada por visiones, milagros, peregrinaciones y un gran compromiso con los pobres y los incrédulos.
No la asustaban ni la peste ni las burlas a sus sueños y visiones.
Fue la fundadora de la Orden del Santísimo Corazón. Murió en el año 1373, a los 70 años, en Roma, Italia.
LAS VISIONES DE SANTA BRIGIDA
Estamos frente a una persona cuyas visiones eran realmente significativas para la época.
Eran tan populares que se las discutieron en tres Concilios (de Constanza, de Basilea y Quinto de Letrán)
El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.
Por orden del Concilio de Basilea, Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles. Las clasificó de tres tipos: corporales, espirituales e intelectuales.
Acerca de sus visiones, el Papa Benedicto XIV dijo:
“Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas.”
Su canonización fue confirmada en 1415 en el concilio de Constanza por el antipapa Juan XXIII.
Sin embargo los reyes de Suecia querían una canonización legítima y obtuvieron en 1419 la confirmación por el papa Martín V, Sumo Pontífice de toda la cristiandad.
En el año 2000 el papa Juan Pablo II la designó Patrona de Europa.

REVELACIONES SOBRE EL JUICIO DE JESUCRISTO
En su libro de las revelaciones, Libro 1, capítulo 41, Santa Brígida habla sobre las revelaciones que le hizo Jesús sobre el destino de 5 hombres que representan a toda la humanidad.
Estas revelaciones a Santa Brígida, efectuadas delante de toda la Corte Celestial, tienen todas las características de un juicio.
En estos cinco hombres, Él resumirá todas las miserias o riquezas de la humanidad en su conjunto.
Las revelaciones tienen una coincidencia sorprendente con lo que puede suceder a cada uno de nosotros durante el Gran Aviso y en el momento del Juicio Particular en nuestra muerte.
Los cinco tipos de hombre sobre los que Jesús revela su juicio son:
El primer hombre representa a la cabeza de la Iglesia y sus sacerdotes;
.
El segundo, a los laicos corruptos;
.
El tercero a los judíos;
.
El cuarto a los paganos;
.
Y el quinto a mis amigos (los amigos de Jesús).
EL PRIMER HOMBRE: LA CABEZA DE LA IGLESIA
Jesús es muy duro con este Papa, que no sabemos quién es aunque podríamos pensar que es el Falso Profeta anunciado en el Apocalipsis.
Recuerda que esto fue escrito por el siglo XIV.
Jesús le revela a Santa Brígida:
Ahora declaro mi disgusto contigo, cabeza de mi Iglesia, tú que te sientas en mi asiento.
Les concedí este asiento a Pedro y a sus sucesores para que se sentaran con una triple dignidad y autoridad:
Primero, para que pudieran tener el poder de atar y desatar a las almas del pecado;
Segundo, para que pudieran abrirle el Cielo a los penitentes;
Tercero, para que cerraran el Cielo a los condenados y a aquellos que me desprecian.
Pero tú, que deberías estar absolviendo almas y presentándomelas, eres realmente un asesino de almas.
Designé a Pedro como el pastor y el sirviente de mis ovejas, pero tú las disipas y las hieres, eres peor que Lucifer.
Él [Lucifer] tenía envidia de mí y no persiguió matar a nadie más que a mí, de forma que pudiera él gobernar en mi lugar.
Pero tú eres lo peor en que, no sólo me matas al apartarme de ti por tu mal trabajo sino que, también, matas a las almas debido a tu mal ejemplo.
Yo redimí almas con mi sangre y te las encomendé como a un amigo fiable. Pero tú se las devuelves al enemigo del que yo las redimí. Eres más injusto que Pilatos.
Este Papa, al que Jesús le dice “peor que Lucifer, más injusto que Pilatos” posiblemente que causará la Abominación de la Desolación profetizada por Daniel.
Aclara el Señor que Pilatos sólo lo condenó a muerte:
Pero tú no sólo me condenas como si yo fuese un pobre hombre indigno, sino que también condenas a las almas de mis elegidos y dejas libres a los culpables.
Mereces menos misericordia que Judas.
El juicio continúa y Jesús nos recuerda sus críticas enfrentando a los fariseos y doctores de la ley:
Judas tan solo me vendió. Pero tú, no solo me vendes a mí, sino que también vendes a las almas de mis elegidos en base a tu propio provecho y vana reputación.
Tú eres más abominable que los judíos.
Ellos tan sólo crucificaron mi cuerpo, pero tú crucificaste y castigaste a las almas de mis elegidos para quienes tu maldad y transgresión son más afiladas que una espada.
La actitud de Jesús es la de un justiciero que, según recitamos en el Credo “vendrá a juzgar a vivos y muertos” y a “separar el trigo de la cizaña”.
Así, puesto que eres como Lucifer, más injusto que Pilatos, menos digno de misericordia que Judas y más abominable que los judíos, mi enfado contigo está justificado.
EL SEGUNDO HOMBRE: EL LAICO APÓSTATA
El Señor dijo al segundo hombre, es decir, al que representa a los laicos: Yo creé todas las cosas para tu uso. Tú me diste tu consentimiento a mí y Yo a ti. Tú me prometiste tu fe y me juraste que me servirías. Ahora, sin embargo, te has apartado de mí como alguien que no conoce a Dios.
Esto está reflejando la pérdida de fe dentro de la Iglesia.
Se parece mucho a nuestra época, en la cual los hombres han dado rienda suelta a sus instintos y desechan todo lo que le es molesto, para eliminar los obstáculos a una vida fácil y placentera.
Te refieres a mis palabras como mentiras y a mis trabajos como carentes de sentido.
Tú dices que mi voluntad y mis mandamientos son muy duros.
Has violado la fe que prometiste. Has roto tu juramento y has abandonado mi Nombre.
También esto se nos hace muy familiar, cuando se reclama una modernización de la Iglesia y Su doctrina, para “adecuarla a los tiempos que corren”.
El Juicio continúa: Te has disociado a ti mismo de la compañía de mis santos y te has integrado en la compañía de los demonios, haciéndote socio suyo. Tú no crees que ninguno merezca alabanza y honor salvo tú mismo.
Esto nos recuerda a los mensajes de la Nueva Era que endiosan al hombre llamando a que cada uno puede ser Dios.
Y la ciencia sobrepasando límites naturales está jugando a ser Dios modificando los eslabones elementales de la vida.
Pero además la vida contemporánea transcurre en la búsqueda del placer y en el alejamiento de cualquier sufrimiento, endiosando al hedonismo.
Consideras difícil todo lo que tiene que ver conmigo y lo que estás obligado a hacer por mí, mientras que las cosas que te gusta hacer son fáciles para ti.
La tibieza espiritual hace pesadas las cargas que con oración y vida sacramental serían soportables.
Esta revelación de Jesús pone el acento en lo que él ya nos ha dicho que todos tenemos que llevar nuestra Cruz.
La humanidad hoy va camino a enfrentarse a un juicio duro, según leemos las revelaciones de Jesús a Santa Brígida.
Y llega a su fin el juicio a los laicos que lo olvidaron: Es por esto que mi enfado contigo está justificado, porque tú has quebrado la fe que me prometiste en el bautismo y en adelante.
Encima, me acusas de mentir sobre el amor que te he mostrado de palabra y de hecho. Dices que yo era un loco por sufrir.
EL TERCER HOMBRE: LOS JUDÍOS
Acá Jesús se duele de todo lo que entregó al pueblo de Israel, su pueblo elegido, que habiéndolo negado, aún espera el Mesías.
Yo comencé mi amoroso idilio contigo. Te elegí como mi pueblo, te libré de la esclavitud, te di Mi Ley, te conduje hasta la Tierra que les había prometido a tus padres y te envié profetas que te consolaran.
Después, elegí una Virgen de entre vosotros y tomé de ella naturaleza humana.
Mi disgusto contigo es que aún rehúsas creer en mí, diciendo: “Cristo no ha venido todavía sino que tiene que venir”.
Estas palabras tienen una increíble actualidad hoy cuando los Judíos piensan que en este año o el que viene llegará su Mesías y están haciendo los planes para reconstruir el Templo.
Pero sin embargo aparece en las revelaciones a Santa Brígida, como una brisa refrescante, una ráfaga de aire fresco, un oasis en el desierto.
Jesús nos habla, sorprendentemente, de unos judíos especiales.
He hecho una excepción con todos los judíos que son cristianos en secreto y que me sirven en caridad sincera, conforme a la fe y en sus trabajos perfectos en secreto.
No se está refiriendo, indudablemente a los judíos mesiánicos, que confiesan abiertamente su fe en Jesús, la predican y la justifican por medio de las Escrituras.
Sino que nos muestra que Jesús lee en el corazón de cada persona y nos juzgará de acuerdo a eso.
Y por lo visto parece que hay un grupo de judíos, que aún sin confesar públicamente que Jesús es el mesías, creen en él. Notable revelación.
EL CUARTO HOMBRE: EL PAGANO
Antes de emitir el juicio contra el cuarto hombre, el Señor hace una aclaración: En relación a ti, pagano, he hecho una excepción con todos aquellos que con gusto caminarían por la senda de mis mandamientos si tan solo supieran cómo, y si fueran instruidos.
Los que tratan de poner en práctica todo lo que pueden y de lo que son capaces.
Éstos, no serán de ninguna manera sentenciados con vosotros.
Este es un caso claro del evangelio que aún no ha llegado a todas las personas.
Hecha esta aclaración, el Señor se dirige a los que no entran en esta excepción:
Yo te creé y te redimí para que fueras cristiano. Hice contigo todo el bien.
Pero tú eres como alguien que está fuera de sus sentidos, porque no sabes lo que haces.
Eres como un ciego, porque no sabes hacia dónde te diriges.
Adoras a las criaturas en lugar de al Creador, a la falsedad en lugar de a la verdad.
Te arrodillas ante las cosas que son inferiores a ti. Esta es la causa de mi disgusto en relación a ti.
Todos lo conocemos. Personas que quieren más a su perro que a sus hermanos.
Otros que integran organizaciones ecológicas pero no le conceden a Dios el crédito por haber creado esas mismas criaturas que dicen defender.
Observamos en exposiciones animales lustrosos, cuidados por peones mal vestidos. El caballo de carreras tiene instalaciones que desearían tener muchos niños.
Vemos en algunas agrupaciones telúricas una adoración a la Pachamama, la Madre Tierra, como si fuera un ídolo, en lugar de colocarla en su justo lugar de criatura de Dios y adorar al Creador.
Muchos adoran a las estrellas, basando su vida y sus decisiones en las predicciones de cartas astrales u horóscopos.
EL QUINTO HOMBRE: LOS AMIGOS DE JESÚS
Al quinto hombre le dijo: “¡Acércate más, amigo!” Y se dirigió directamente a la Corte Celestial:
Queridos amigos, este amigo mío representa a mis muchos amigos.
Él es como un hombre cercado entre los corruptos y mantenido en un duro cautiverio.
Cuando dice la verdad le arrojan piedras en la boca. Cuando hace algo bueno, le clavan una lanza en el pecho.
Los católicos hemos leído y escuchado en Misa, el texto del Evangelio que la Iglesia llama “El juicio de las Naciones”.
En ese pasaje, Jesús es bien claro, con respecto a lo que debe ser un creyente para merecer el “Venid, benditos de Mi Padre, porque tuve sed y me disteis de beber, tuve hambre y me disteis de comer, etc., etc.”
Pero además deja claro que parte de la misión del cristiano pasa por el martirio provocado por la incomprensión.
Pero esto no termina aquí. A partir de ahora, Jesús invita a participar a la Corte Celestial en el juicio.
Y así vemos figuras bíblicas que intervienen, diciendo su parecer sobre lo que Él ha demostrado.
EL JUICIO DE LA CORTE CELESTIAL
¡Ay, mis amigos y santos! ¿Cómo puedo soportar a esas personas y cuánto tiempo me mantendré con semejante desprecio?
San Juan Bautista respondió: Eres como un espejo inmaculado. Vemos y sabemos todas las cosas en ti como en un espejo, sin necesidad de palabras. Eres la dulzura incomparable en la que saboreamos todo lo bueno. Eres como la más afilada de las espadas y un Juez justo.
A estas palabras, el Señor respondió: Amigo mío, lo que has dicho es cierto. Mis elegidos ven toda la bondad y justicia en mí. Aún los espíritus diabólicos lo hacen.
Yo soy como una espada que corta en dos. Le doy a cada persona lo que él o ella merecen.
Aquí, Santa Brígida vio al Señor dirigirse a Pedro:
Entonces, el Señor agregó, hablando al Bienaventurado Pedro: Tú eres el fundador de la fe y de mi Iglesia. Mientras lo escucha mi Ejército, ¡declara la sentencia de estos cinco hombres!
LA RESPUESTA DE PEDRO Y LA 1ª SENTENCIA
Entonces, dijo Pedro: ¡Gloria y honor para Ti, Señor, por el amor que has demostrado a la tierra! ¡Que toda tu Corte te bendiga, porque Tú nos haces ver y saber en Ti todo lo que es y lo que será! Vemos y sabemos todo en Ti.

LA SENTENCIA A LA CABEZA DE LA IGLESIA
Es verdaderamente justo que el primer hombre, el que se sienta en tu asiento mientras que realiza los hechos de Lucifer, vergonzosamente deba renunciar a ese asiento en el que presumió sentarse y compartir el castigo de Lucifer.

LA SENTENCIA AL LAICO APÓSTATA
Pedro continuó:
La sentencia del segundo hombre es que aquél que haya abandonado la fe debe descender al infierno con la cabeza abajo y los pies arriba, por haberte despreciado a Ti, que deberías ser su cabeza y por haberse amado a sí mismo.

LA SENTENCIA AL JUDÍO
La sentencia del tercero es que no verá Tu rostro y será condenado por su perversidad y avaricia, puesto que los que no creen no merecen contemplar la visión de Ti.

LA SENTENCIA AL PAGANO
La sentencia del cuarto es que debería ser encerrado y confinado en la oscuridad, como un hombre fuera de sus sentidos.

LA SENTENCIA AL AMIGO DE JESÚS
La sentencia del quinto es que deberá serle enviada ayuda.
Cuando el Señor oyó esto, respondió: Prometo por Dios, el Padre, cuya voz oyó Juan el Bautista en el Jordán, que haré justicia a éstos cinco.
LOS TERRIBLES CASTIGOS
Después, ante los ojos sin duda asombrados de Santa Brígida, el Señor continuó,

Diciendo al primero de los cinco hombres:
La espada de mi severidad atravesará tu cuerpo, entrando desde lo alto de tu cabeza y penetrando tan profunda y firmemente que nunca podrá ser sacada.
Tu asiento se hundirá como una piedra pesada y no cesará hasta que alcance la parte más baja de las profundidades.
Tus dedos, es decir, tus consejeros, arderán en un fuego sulfuroso e inextinguible.
Tus brazos, es decir, tus vicarios, que deberían haber conseguido el beneficio de las almas, pero que en su lugar consiguieron provechos mundanos y honores, serán sentenciados al castigo del que habla David: ‘Que sus hijos queden huérfanos y su mujer viuda, que los extraños le arrebaten su propiedad’.
Explica Jesús aquí los términos que ha pronunciado: ¿Qué significa ‘su mujer’ sino el alma que ha sido separada de la gloria del Cielo y que quedará viuda de Dios?
‘Sus hijos’, es decir, las virtudes que aparentaron poseer y mi gente sencilla, aquellos que se les sometieron, serán apartados de ellos.
Su rango y propiedad caerá en manos de otros, y ellos heredarán la eterna vergüenza en lugar de su rango privilegiado.
Sus mitras se hundirán en el barro del infierno y ellos mismos nunca se levantarán de él.
Por ello, lo mismo que el honor y el orgullo que alcanzaron sobre otros aquí en la tierra, se hundirán en el infierno tan profundamente, más que los demás, que les será imposible levantarse.
Sus extremidades, o sea, todos los sacerdotes aduladores que les secunden, serán separados de ellos y aislados.
Igual que una pared que se derrumba, en la que no quedará piedra sobre piedra y el cemento ya no se adherirá a las piedras.
La misericordia nunca les llegará, porque mi amor nunca les calentará ni les repondrá en la eterna Mansión Celestial.
En su lugar, despojados de todo bien, serán eternamente atormentados junto a sus líderes.

Al segundo hombre, le dijo:
Dado que tú no quieres mantenerte en la fe que me prometiste ni manifestar amor hacia mí, te enviaré un animal que procederá del torrente impetuoso para devorarte.
Y, lo mismo que un torrente siempre corre hacia abajo, así el animal te llevará a las partes más bajas del infierno.
Tan imposible como es para ti viajar corriente arriba contra un torrente impetuoso, igual de difícil será para ti ascender desde el infierno.

Al tercer hombre, le dijo:
Ya que tú, judío, no quieres creer que Yo ya he venido, por ello, cuando vuelva para el segundo juicio, no me verás en mi gloria sino en tu conciencia, y comprobarás que todo lo que te dije era verdad.
Entonces ahí quedará que seas castigado como mereces.

Al cuarto hombre, le dijo:
Como no te has ocupado de creer ni has querido saber, tu propia oscuridad será tu luz y tu corazón será iluminado para que comprendas que mis juicios son verdaderos pero, sin embargo, tú no alcanzarás la luz.
EL JUICIO PARA EL QUINTO HOMBRE, EL AMIGO DE JESÚS
Haré tres cosas por ti, dijo el Señor:
Primero, te llenaré internamente de mi calor.
.
Segundo, haré que tu boca sea más fuerte y más firme que cualquier piedra, de modo que las piedras que te arrojen serán rebotadas.
.
Tercero, te armaré con mis armas, de forma que ninguna lanza te dañará sino que todo cederá ante ti como la cera frente al fuego.
Por tanto, ¡hazte fuerte y resiste como un hombre!
Como un soldado que, en la guerra, espera la ayuda de su Señor y lucha mientras le quedan fluidos de vida, así también tú, ¡mantente firme y lucha!
El Señor, tu Dios, Aquél a quien nadie puede resistir, te ayudará.
Y, como ustedes son pocos en número, les daré honor y los convertiré en muchos.
Fuentes:

Escrito por María de los Ángeles Pizzorno