viernes, 24 de marzo de 2017

JESÚS, LA MEJOR OPCIÓN EN LA VIDA


Viernes tercera semana Cuaresma. A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos.
Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

La Escritura habla constantemente de la presencia de Dios como el único, como el primero en el corazón del pueblo de Israel, y usa la imagen del escuchar, del oír para indicar precisamente esta relación entre Dios y su pueblo.

Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de todos los mandamientos?, para responder Jesús emplea las palabras de una oración que los israelitas rezan todas las mañanas: "Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti".

Dentro del camino de la Cuaresma -que es el camino de conversión del corazón-, la escucha, el llegar a oír, el ser capaces de recibir la Palabra de Dios en el corazón es un elemento fundamental que se mezcla en nuestro interior con el elemento central del juicio, que es nuestra conciencia.

El profeta Oseas decía: "Ya no tendré más ídolos en mí". Es necesario aprender a no tener más ídolos en nosotros; hacer que nuestra conciencia se vea plena y solamente iluminada por Dios nuestro Señor, que ningún otro ídolo marque el camino de nuestra conciencia. Podría ser que en nuestra vida, en ese camino de aprendizaje personal, no tomásemos como criterio de comportamiento a Dios nuestro Señor, sino como dirá el Profeta Oseas: "a las obras de nuestras manos". Y Dios dice: "No vuelvas a llamar Dios tuyo a las obras de tus manos; no vuelvas a hacer que tu Dios sean las obras de tus manos". Abre tu conciencia, abre tu corazón a ese Dios que se convierte en tu alma en el único Señor.

Sin embargo, cada vez que entramos en nosotros mismos, cada vez que tenemos que tomar decisiones de tipo moral en nuestra vida, cada vez que tenemos que ilustrar nuestra existencia, nos encontramos como «dios nuestro» a la obras de nuestras manos: a nuestro juicio y a nuestro criterio. Cuántas veces no hacemos de nuestro criterio la única luz que ilumina nuestro comportamiento, y aunque sabemos que es posible que Dios piense de una forma diferente, continuamos actuando con las obras de nuestras manos como si fueran Dios, continuamos teniendo ídolos dentro de nuestro corazón.

La Cuaresma es este camino de preparación hacia el encuentro con Jesucristo nuestro Señor resucitado, que, vencedor del pecado y de la muerte, se nos presenta como el único Señor de nuestro corazón. La preparación cuaresmal nos tiene que llevar a hacer de nuestra conciencia un campo abierto, sometido, totalmente puesto a la luz de Dios.

A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos, ¿qué podemos hacer para que nuestra conciencia realmente sea y se encuentre sólo con Dios en el propio interior? Recordemos el ejemplo tan sencillo de una cultura de tipo agrícola que nos da la Escritura: "Volverán a vivir bajo mi sombra". Dios como la sombra que en los momentos de calor da serenidad, da paz, da sosiego al alma. Dios como el árbol a cuya sombra tenemos que vivir.

Tenemos que darnos cuenta de que esta ruptura interior, que se produce con todos los ídolos, con todas las obras de nuestras manos, con todos los criterios prefabricados, con todos los criterios que nosotros hemos construido para nuestra conveniencia personal, acaban chocando con el salmo: "Yo soy tu Dios, escúchame". Él es nuestro Dios, ¿escuchamos a nuestro Dios? ¿Hasta qué punto realmente somos capaces de escuchar y no simplemente de oír? ¿Hasta qué punto hacemos de la palabra de Dios algo que se acoge en nuestro corazón, algo que se recibe en nuestro corazón? Nunca olvidemos que de la escucha se pasa al amor y de la acogida se pasa a la identificación.

Éste es el camino que tenemos que llevar si queremos estar viviendo según el primero de los mandamientos y si queremos escuchar de los labios de Jesús las palabras que le dice al escriba: "No estás lejos del reino de Dios". Solamente cuando el hombre y la mujer son capaces de hacer de la palabra de Dios en su corazón la única luz, y cuando hacer la única luz se concreta a una escucha, a un amor identificado con nuestro Señor, es cuando realmente nuestra vida empieza a encontrarse próxima al reino de Dios. Mientras nosotros sigamos teniendo los ídolos de nuestras manos dentro del corazón, estaremos encontrarnos alejados del reino de Dios, aunque nosotros pensemos que estamos cerca.

En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser la luz auténtica que nos acerca a su Reino. Siempre que recibamos la Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: "¡qué cerca estás de mí, Señor!". Busquemos, pidamos que la Eucaristía se convierta en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de juicio de nuestros comportamientos.

Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas "Seré para Israel como el rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces. Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra." Que la luz de Dios nuestro Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra vida se realiza en plenitud.

LA ANTICONCEPCIÓN ¿ES PECADO GRAVE?


El Magisterio de la Iglesia ha enseñado de modo uniforme que la anticoncepción es siempre materia de pecado grave ¿Por qué?

Por: P. Miguel A. Fuente, IVE | Fuente: TeologoResponde.org
Pregunta:
Al confesarme, un sacerdote me dijo que la anticoncepción es pecado grave. En el momento no me animé a preguntarle si siempre era pecado mortal, o en algún caso era sólo pecado venial. ¿Podría Usted contestarme?

Respuesta:
Estimado:
Debo responderle que el Magisterio de la Iglesia -desde la Encíclica Casti connubii, de Pío XI, pasando por el Concilio Vaticano II y Pablo VI, hasta los diversos documentos de Juan Pablo II- ha enseñado de modo uniforme que la anticoncepción es siempre materia de pecado grave.

Tenga en cuenta, para entender esto, que materia grave de pecado se consideran aquellos valores fundamentales de la persona que están protegidos por los diez mandamientos (precisamente por su importancia para la perfección de la persona humana, es decir, para que la persona alcance los fines que la perfeccionan).

El Magisterio de la Iglesia, pues, enseña que la anticoncepción es materia de pecado grave al afirmar que: 1º en el acto conyugal están en juego valores importantes, y 2º que los anticonceptivos ponen seriamente en peligro tales valores.

En este sentido, la Gaudium et spes presenta el acto conyugal como la expresión privilegiada y típicamente propia del amor conyugal y, a su vez, dice que el amor conyugal está constitucionalmente ordenado a la transmisión de la vida, o procreación. Amor y vida son, por consiguiente, los valores centrales que están en juego en el amor conyugal. Y esos valores son evidentemente de suma importancia.

Pablo VI expresa substancialmente lo mismo poniendo de relieve los ‘significados’ del acto conyugal y fundando las exigencias éticas en el principio de la inseparabilidad de los dos significados que encierra en su estructura el acto, es decir, el significado unitivo y el procreador: ‘Esta doctrina… está fundada sobre la inseparable conexión… entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador… Efectivamente, el acto conyugal, por su íntima estructura, mientras une profundamente a los esposos, los hace aptos para la generación de nuevas vidas, según las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad'. El mismo Papa también señalaba la totalidad y la fecundidad entre las cualidades esenciales e indispensables que debe tener el amor para ser auténticamente conyugal. En efecto, la totalidad no permite exclusiones o reservas de ninguna clase; y la fecundidad es una orientación hacia la vida por transmitir.

En esta línea, Juan Pablo II, en la Familiaris Consortio llega a afirmar que ‘la donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona…; si la persona se reservase algo… ya no se donaría totalmente'.

Teniendo estas expresiones en cuenta, puede luego el mismo Juan Pablo II, al tocar el tema de la anticoncepción, enumerar todos los valores que quedan destruidos por la anticoncepción: ‘Cuando los esposos, mediante el recurso a la anticoncepción, separan estos dos significados que Dios Creador ha inscrito en el ser del hombre y de la mujer y en el dinamismo de su comunión sexual, se comportan como ‘árbitros’ del designio divino y ‘manipulan’ y envilecen la sexualidad humana, y con ella la propia persona del cónyuge, alterando su valor de donación ‘total’. Así, al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, la anticoncepción impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal'.

Quedan claramente enumerados los valores que la anticoncepción compromete objetivamente:
La no aceptación, por parte de los cónyuges, de su misión de ‘ministros’ y ‘colaboradores’ de Dios en la transmisión de la vida.
La pretensión de convertirse en ‘árbitros’ del designio divino.
El envilecimiento de la sexualidad humana y, por tanto, de la propia persona y de la del cónyuge.
La falsificación del lenguaje sexual hasta hacerlo objetivamente contradictorio.
La eliminación de toda referencia al valor ‘vida’.
La herida mortal (‘falsificación de la verdad interior’) del amor conyugal mismo.

El ‘no’ a la vida -dice Lino Ciccone- que el uso de un anticonceptivo grita con su misma denominación, se presenta así también, y ante todo, como un ‘no a Dios’. Y recuerda el modo en que lo advirtió Pablo VI en la Humanae vitae: ‘Un acto de amor recíproco que prejuzgue la disponibilidad a transmitir la vida que Dios creador, según particulares leyes, ha puesto en él, está en contradicción con el designio constitutivo del matrimonio y con la voluntad del Autor de la vida. Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad, aun sólo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus más íntimas relaciones, y por lo mismo es contradecir también el plan de Dios y su voluntad'.

Juan Pablo II no duda en decir que la dignidad de la persona queda radicalmente en peligro en el comportamiento anticonceptivo porque en la persona, que tiene como ‘constitución fundamental’ el dominio de sí, se aplica el modelo propio de la relación con las cosas, que es una relación de dominio, privando así al hombre ‘de la subjetividad que le es propia’ y haciendo de él ‘un objeto de manipulación'.

Se aplica aquí, por tanto, el principio del Magisterio que dice: ‘El orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados que toda violación directa de este orden es objetivamente grave'.

Que la anticoncepción constituye una violación directa del orden moral de la sexualidad es una enseñanza inequívoca y constante del Magisterio, dado que la califica como ‘intrínsecamente malo'.

Se pueden hallar más confirmaciones de la gravedad moral objetiva de la anticoncepción prestando atención a algunas características que ese comportamiento ha asumido en nuestro tiempo.

La anticoncepción, al extenderse, ha originado lo que Juan Pablo II llama ‘conjura contra la vida'. Una conjura, prosigue el Papa, ‘que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto'.

La difusión en las masas de la anticoncepción ha sido el primer paso de un camino de muerte. De allí ha derivado pronto una vasta ‘mentalidad anticonceptiva’ es decir, una amplia actitud de rechazo de todo hijo no querido, abriendo así el camino a una gran aceptación social de la esterilización y del aborto. A su vez, esto está constituyendo la premisa para la aceptación social de la eutanasia y de su legitimación jurídica.

La anticoncepción en nuestro mundo contemporáneo ha desempeñado y desempeña un papel muy importante en el desarrollo de la asoladora ‘cultura de la muerte’, cuyas víctimas se cuentan por decenas de millones cada año. Una cultura que, además, envilece la sexualidad humana y desvirtúa el amor incluso en su forma más sublime, como es el amor materno, cuando confiere a la madre el absurdo derecho de matar al niño que lleva en su seno.


Los cónyuges que eligen la anticoncepción, lo sepan o no, contribuyen a consolidar y potenciar en su fuente esa cultura. se entiende de esta manera el juicio negativo del Magisterio.

SANACIÓN – LIMA-PERU – 24 MARZO 2017


REUNIÓN DE SANACIÓN DE TODOS LOS VIERNES A LAS 8 PM (SOLO LOS VIERNES)

HOY TENEMOS COMPARTIR POR LA ANUNCIACIÓN

DIRECCIÓN:
NUESTRAS REUNIONES DE SANACIÓN DE LOS VIERNES A LAS 8 PM, SE LLEVAN A CABO EN JR. CHINCHAYSUYO NRO. 219 – SAN MIGUEL – A UNA CDRA. DE LA IGLESIA SAN MIGUEL ARCANGEL EN AV. PRECURSORES.
Si tienes alguna duda sobre cómo llegar: Llama a los siguientes teléfonos antes de la 8 p.m. Claro: 9-9718-6681 – Claro 9-4114-8188  - Fijo 310-6460
Si deseas que te visite en tu casa, usa los mismos teléfonos. Puedes llamar también a la sub-coordinadora del grupo, Srta. Ana Ticona al celular 9-9704-4417 por detalles. Gracias por tu comprensión. Las visitas serán los días domingos.

Nota: No recibo mensajes de texto a mis celulares. Colaboración si te es posible: S/ 5.00 (Niños no colaboran)

Nota: En nuestra reunión de los viernes puedes adquirir:
-Libros sobre Exorcismo a 50 soles cada uno.
-La Cruz-medalla de San Benito Abad (en metal, con oración de liberación en latín y castellano) y el Escapulario de La Virgen del Carmen bendecidos a 50 soles – (dos en uno), de madera con metal 85 soles.

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José Miguel Pajares Clausen

jueves, 23 de marzo de 2017

PECADOS ESPECIALES



Existen algunos pecados que son especialmente graves y que debemos conocer.
Algunos pecados especiales se agrupan bajo los siguientes nombres:

Pecados contra el Espíritu Santo, "El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón nunca, antes bien será reo de pecado eterno" (Mc. 3, 29; cfr. Mt. 12, 32; Lc. 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna (Catecismo, n. 1864). Entre estos pecados se incluyen la presunción de salvarse sin méritos, la desesperación, la impugnación de la verdad cristiana conocida, la obstinación en el pecado y la impenitencia final.

Pecados que claman al cielo, porque su influencia nefanda en el orden social pide venganza de lo alto. Suelen recibir esta denominación el homicidio, la homosexualidad, la opresión de los débiles, la retención de salario a los obreros.


Pecados capitales, llamados así porque los demás suelen proceder de ellos como de su cabeza u origen. Clásicamente se citan la soberbia o vanagloria, la envidia, la avaricia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.

¿QUÉ SON LOS PECADOS SOCIALES?



Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno (…) La Iglesia… sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales.
El Papa Juan pablo II, hizo la siguiente definición de Pecado social en la exhortación apostólica Reconciliación y penitencia de 1984: Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno (…) La Iglesia… sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales.

¿Peca toda la sociedad, o pecan sólo los individuos? Este problema se resuelve si pensamos en los pecados sociales como la acumulación de muchos pecados individuales que generan problemas que trascienden lo individual.

Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; … y también de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior. Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas.” Sin embargo, éstas se ven reflejadas en el ámbito social.

El máximo jerarca de la iglesia del último milenio planteó en su enseñanza respecto del “pecado social” y que sólo lo aplicó a estructuras políticas, económicas o sociales de nuestra convulsionada y materializada sociedad.

De estos tipos de pecados no se salva nadie, pues ya sea por acción o por omisión hemos sido participes de los mismos, lo cual quiere decir que ninguno de manera atrevida se atreve a lanzar la primera piedra.

En la Encíclica Reconciliación y Penitencia nos sigue diciendo, que algunos pecados, en particular, constituyen por su objeto mismo, una agresión directa al prójimo. Estos pecados se califican como pecados sociales. “Así se considera como social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona.

Dignidad humana y dignidad social.

  • Es social todo pecado contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, incluido el del no-nacido, o contra la integridad física de alguien; todo pecado contra la libertad de los demás, especialmente contra la libertad de creer en Dios y adorarlo; todo pecado contra la dignidad y el honor del prójimo.

  • Es social todo pecado contra el bien común y contra sus exigencias, en toda la amplia esfera de los derechos y deberes de los ciudadanos. En fin, es social el pecado que se refiere a las relaciones entre las distintas comunidades humanas.
Para Mahatma Gandhi, Líder pacifista de la india, considera que los pecados sociales son: Política sin principios, Economía sin moral, Bienestar sin trabajo, Educación sin carácter, Ciencia sin humanidad, Goce sin conciencia, Culto sin sacrificio. Juan Pablo II se inspiró en estas ideas de Gandhi para proponer una lista de los pecados sociales contemporáneos. La lista del Papa se enfoca más hacia los temas de alto impacto en la moral y que degeneran el tejido social como el aborto, la drogadicción y la riqueza injustamente distribuida.

Gandhi no podría haber sido más diciente al señalar estos pecados sociales, los cuales carcomen las relaciones internacionales, donde las superpotencias someten a todo el mundo circundante, y los países pobres hacen lo mismo con sus conciudadanos haciendo de este mundo un leprosorio social, donde el hombre, como solía decir Rousseau, se ha convertido en el lobo del hombre, y vivimos un despiadado Darwinismo social, donde desafortunadamente subsisten los más fuerte, sin importarle en modo alguno la suerte de su semejante, siendo esto la deshumanización del mismo hombre por el hombre…y las consecuencias apenas se vislumbran en el horizonte y pone en peligro la subsistencia del planeta y sus habitantes.

LISTA DE LOS PECADOS SOCIALES

Los nuevos “pecados sociales” del siglo XXI propuestos por la Iglesia fueron:

1-Las violaciones bioéticas (como la anticoncepción). Estas acciones se entienden como violaciones porque atentan contra la dignidad humana en cualquiera de los estados de vida de ésta. Los temas de moral sexual siempre han tenido una intervención importante en el pensamiento cristiano porque la sexualidad es un acto que no se acaba en el individuo que la lleva a cabo, pues implica una relación con otro (a) y está abierta a una nueva vida humana.

2-Las técnicas experimentales moralmente dudosas (como investigar con células madres).  Desde el momento en que una actividad genera duda sobre su valoración moral se puede criticar, siempre racionalmente, su impacto en la dignidad humana. Si la acción genera dudas morales en el científico, éste tendría el derecho a dejar de ejecutar tal acción. De nuevo el principal factor que genera un juicio moral sobre la acción de experimentación es su impacto en la dignidad de la vida humana, ya sea en embriones, niños, ancianos, etc.

3-La drogadicción. El consumo de drogas es una actividad que destruye vidas, familias y sociedades completas. La alta demanda de drogas aviva la competencia entre los diferentes cárteles y bandas de criminales con la consiguiente violencia e inseguridad. También digamos que los criminales no detendrán la recepción de dinero ilícito ni cederán en su control de territorios y poblaciones ante una propuesta de legalización del consumo. Junto a la opulencia extrema de los narcotraficantes va un imperio de terror y violencia que comienza y es alimentado por la pobreza de las personas que quieren escapar con las drogas de su triste realidad.

4-La contaminación del medio ambiente. Las múltiples actividades egoístas que surgen con los individuos pueden derivar en un caos ambiental. Por ejemplo, los múltiples usos individuales del automóvil o de la electricidad terminan destruyendo el medio en que vive la sociedad. La contaminación puede considerarse como pecado si se toma en cuenta que con ella se degrada la creación de Dios, ya sea en el aire, el agua, los animales, las plantas etc. No es que las otras creaturas tengan una dignidad semejante a la humana, sino que su dignidad propia como creaturas se ve degradada por la acción humana. Por otra parte, y más grave ésta que la anterior, la contaminación es pecado porque agrava la distancia entre los hombres y hace que todos tengan que vivir en condiciones que no propician la concordia de la sociedad.

5-Contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres. La injusta distribución de la riqueza puede considerarse un pecado social porque aparenta mostrar que unos hombres tienen más dignidad que otros. Mientras unos viven en los pobres extremos de las ciudades y otros en ricas casas se podría pensar que el que más tiene o el que mejor vive tiene más dignidad que otro. Esto no significa que el trabajo de los que posean más sea demeritable, ni que los que tienen menos mantengan esa condición sólo por su voluntad. Más bien se trata de que el pobre pueda dejar de serlo gracias a su trabajo, y que con él pueda contribuir al bienestar común de la sociedad.

6-La riqueza excesiva. Esta actividad se puede considerar pecado social si el que tiene exceso de bienes no contribuye con ellos a la superación económica de los necesitados. La  adquisición de la riqueza, en sí, no es un pecado. Lo es cuando se hace a costa de la injusticia con los trabajadores y cuando no sirve para generar la prosperidad de los otros. La riqueza que se cierra sobre sí misma y no es un vehículo para generar bienestar social se convierte en avaricia.

7-Generar pobreza. La pobreza generada por no pagar justamente los salarios de los trabajadores puede considerarse un pecado social. Aquí están relacionadas la codicia y la avaricia, que en grandes escenarios devienen en crisis económica mundial.


GabrielGonzález Nares

CUANDO LAS ALMAS DEL PURGATORIO HABLAN…Mar 22, 2017


Detalles, recuerdos, imágenes que las ánimas han ido dejando a través de los siglos
Recuerdo que cuando era niña mi abuela me decía que había que rezar siempre por las almas del purgatorio. No lo entendía muy bien porque tampoco lo veía muy necesario. Visitando el museo de las almas del purgatorio en la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, la única de estilo neogótico en Roma, me he dado cuenta, con bastante estupor, que mi abuela tenía razón y he podido comprender como ellas necesitan de nuestras oraciones.
Apenas uno entra en la iglesia impresiona la sugestiva atmósfera medieval. A pesar de estar en una zona bastante céntrica, reina el silencio. En la parte derecha, al lado de la sacristía, podemos visitar el museo de las almas que de alguna manera se hicieron “ver”.
La imagen que más me llamó la atención es justamente la que da la idea para recoger esta colección muy particular. Tras un incendio propagado en la capilla de la Virgen del Rosario y cuando el fuego ya se había apagado el padre Victor Jouet aseguró ver en la pared, detrás del altar, un rostro con rasgos humanos. Tenía la expresión de una cara triste y melancólica, plasmada por las llamas.
El religioso llegó a la conclusión de que el difunto era un condenado del Purgatorio y quería ponerse en contacto con los vivos. Impresionado por lo sucedido decidió buscar documentos y pruebas relacionadas con las almas penantes.
El sacerdote logró encontrar una gran cantidad de material por lo que llegó a una conclusión que los muertos condenados en el Purgatorio piden oraciones y misas de sufragio a los vivos para aliviar o acortar sus penas. Estas almas aunque si fueron buenos en vida, siempre se tiene alguna “mancha” y es por esto que se necesita el Purgatorio.
En el museo están catalogadas cada una de las manifestaciones que el museo conserva y hasta podemos llevarnos un papel que está en varios idiomas donde cuenta brevemente la historia de cada uno de los objetos.
Al leerlos no puedo negar el sentir escalofríos con semejantes relatos. Algunos ejemplos:
  1. La mano impresa en unas páginas de un libro de oraciones.
  2. Las huellas quemadas en una túnica y camisa de la venerable madre Isabella Fornari, abadesa de las Clarisas de Todi del 1731.
  3. La funda de la almohada con la impresión quemada del alma de una monja muerta de tuberculosis en 1984 que se apareció a una de sus hermana para convencerla de rezar por su salvación.
  4. Las huellas dejadas por una mujer en el gorro de noche de su esposo. Ella le pedía oraciones para pasar más rápido al paraíso.
  5. Los billetes dejados por el espíritu de un sacerdote en el 1920 en el monasterio de San Leonardo en Montefalco, para pedir una misa para él mismo.
  6. Pero la impronta más nítida es la de Giuseppe Leleux di Wodecq, una quemadura impresa en una manga de la madre muerta en el 1762 y que apareció en el 1789, reprochando a su hijo por la vida desordenada que llevaba y por haberla olvidada en sus oraciones. Esto hizo que se acercara enseguida a la Iglesia cambiando su vida y hasta muriendo en santidad.
Después de esta lúgubre visita pude ver, sentir y comprobar como las almas del purgatorio necesitan de nuestras oraciones y sobretodo de la misa. También he comprobado la esperanza de la vida eterna. No todo termina aquí como muchos creen.

LOS CINCO DOLORES DE SAN JOSÉ


Orante, paciente, silencioso: San José, el santo del silencio
El honor más grande de san José es que Dios le confió sus dos más preciosos tesoros: Jesús y María. San Mateo nos dice que era descendiente de la familia de David. Una muy antigua tradición dice que murió un 19 de Marzo.
De san José únicamente sabemos los datos históricos que Mateo y Lucas nos narran en sus evangelios. Sobre todo nos hablan de sus sueños y de sus sufrimientos:
Como los profetas del Antiguo Testamento, san José fue alentado en sueños a hacer la voluntad de Dios, para cumplir su importante misión en la Historia de la Salvación. Pero también como los profetas, para poder tener esos sueños y poder entenderlos, fue un hombre de oración. En realidad, para cualquier hombre de Dios, contemplativo y confiado, no es difícil saber, a través de mil modos distintos, cual es la voluntad de Dios.
Mateo narra como san José al darse cuenta de que Ella estaba esperando un hijo sin haber vivido juntos los dos, y no entendiendo aquel misterio, en vez de denunciarla, dispuso abandonarla en secreto. Y dice el evangelio que su determinación se debió a que "José era un hombre justo". En la Biblia, "ser justo" es lo mejor que un hombre puede ser. Pero en un sueño fue advertido de que a Quien esperaba María era el Hijo del Altísimo. 
Los otros dos sueños son los de Belén y Egipto: En el primero, un ángel le comunicó que Herodes buscaba al Niño Jesús para matarlo, y que debía salir huyendo a Egipto. En el segundo, el ángel le comunicó que ya había muerto Herodes y que podían volver a Israel.
Hay otro sueño apócrifo, es decir, transmitido fuera de la Sagrada Escritura y de la Tradición, por lo que no tiene ni confirmación histórica y forma parte de la fe. Pero es intersante conocerlo porque esta presente en la iconográfica del santo: La leyenda cuenta que doce jóvenes pretendían casarse con María, y que cada uno llevaba en su mano un bastón de madera muy seca. Y que en el momento en que María debía escoger entre los 12, he aquí que el bastón que José llevaba milagrosamente floreció. Por eso pintan a este santo con un bastón florecido en su mano.
En los Evangelios encontramos también cinco grandes dolores de san José. Pero a cada dolor le corresponde una inmensa alegría:
El primer dolor: Ver nacer al Niño Jesús en una pobrísima cueva en Belén, y no lograr conseguir ni siquiera una casita pobre para el nacimiento. A este dolor correspondió la alegría de ver y oír a los ángeles pastores llegar a adorar al Divino Niño, y luego recibir la visita de los Magos de oriente con oro, incienso y mirra.
El segundo dolor fue el día de la Presentación del Niño en el Templo, al oír al profeta Simeón anunciar que Jesús sería causa de división y que muchos irían en su contra y que por esa causa, un puñal de dolor atravesaría el corazón de María. A este sufrimiento correspondió la alegría de oír al profeta anunciar que Jesús sería la luz que iluminaría a todas las naciones, y la gloria del pueblo de Israel.
El tercer dolor fue la huida a Egipto. Tener que huir por entre esos desiertos, sin sombras ni agua, y con el Niño recién nacido. A este sufrimiento le correspondió la alegría de ser muy bien recibido por sus paisanos en Egipto y el gozo de ver crecer al Divino Niño.
El cuarto dolor fue la pérdida del Niño Jesús en el templo y la angustia de buscarlo por tres días. A este sufrimiento le siguió la alegría de encontrarlo sano y salvo y de tenerlo en sus casa hasta los 30 años y verlo crecer en edad, sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres.
El quinto dolor fue la separación de Jesús y de María al llegarle la hora de morir. Pero a este sufrimiento le siguió la alegría, la paz y el consuelo de morir acompañado de los dos seres más santos de la tierra.
Orante, paciente, silencioso. Con María su esposa, hizo grandes cosas dejándose hacer por Dios: San José, el santo del Silencio. 
Es un caso excepcional en la Biblia: no se le escucha ni una sola palabra. No es que haya sido uno de esos seres que no hablaban nada, pero seguramente fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: "Sean pocas tus palabras". Quizás Dios ha permitido que de tan grande amigo del Señor no se conserve ni una sola palabra, para enseñarnos a amar también nosotros en silencio. "San José, Patrono de la Vida interior, enséñanos a orar, a sufrir y a callar".