viernes, 9 de diciembre de 2016

LA BONDAD DEL SEÑOR TE SIGUE Y ALCANZA


Deja que la misericordia de Dios te alcance en este día. Su amor y bondad te siguen, te llenan, te colman de bendiciones. Cuando dejas que Jesús sea tu pastor, pasarás todo valle de dolor y te llenará de felicidad. Amén
En Salmo 23:6 dice “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre”.
La bondad del Señor por nosotros no tiene fin, es inagotable. Nos ha salvado por amor, y con un propósito. En el verso 4 de este mismo salmo 23 nos habla de cuando pasamos por momentos difíciles. Pero en el verso 6 nos dice que su misericordia nos seguirá, y estará con nosotros todos los días de nuestras vidas. Nosotros seguimos al Señor y su amor nos sigue a nosotros.
Cuando dejamos que el Señor sea nuestro pastor, nos guía por sendas correctas, nos da descanso, nos enseña a no temer, y renueva nuestras fuerzas. Si lo buscamos y seguimos, no nos abandona, nos pastorea. Nos infunde aliento, nos conforta, para que así demos honra a su nombre. La bondad del Señor nos levantará de nuevo. Su fuerza restauradora nos da vida y vida en abundancia.
Para eso nos ha llamado, para que podamos disfrutar de sus bondades todos los días de nuestras vidas. Levanta hoy tus manos al cielo y dale gracias a Dios, porque Jesús vive en tu corazón.
Hagamos esta oración:

“Dios Padre, recibo la vida que nos has dado en tu Hijo Jesús. Recibo tu vida en abundancia. Tu bondad y tu amor inagotable son mi fortaleza. Gracias por tu misericordia que me alcanza, y me colma de bendiciones en el nombre de Jesús. Amén”

¿QUIÉN INVENTÓ Y DE DONDE SALIÓ PAPÁ NOEL O SANTA CLAUS?


¿De Dónde Salió?, ¿Quién lo Creó? Historia, leyenda, comercio y mitos
A lo largo y ancho del mundo, Papá Noel tiene múltiples y variados nombres, San Nicolás, Santa Claus, Viejito Pascurero, Padre hielo,… al igual que cambian de un país a otro las historias y formas que tienen los niños de vivir la tan esperada noche.
Lo que no varía es la figura del viejecito barrigudo, de tez rosada, vestido con traje rojo y larga barba blanca que se ha convertido en el personaje principal de las fiestas de Navidad.
Pero, ¿quién es este señor al que miles de niños de todo el mundo escriben una carta contándole cómo se han portado y pidiéndole un regalo para la noche de Navidad?
LA HISTORIA DE PAPÁ NOEL
Cuenta la historia que Nicolás de Bari nació en el siglo IV en Patara, una ciudad del distrito de Licia, en lo que actualmente es Turquía, dentro de una familia rica y acomodada.
Desde su niñez, Nicolás destacó por su bondad y generosidad con los más pobres, preocupándose siempre por el bien de los demás. Siendo todavía muy joven, el muchacho perdió a sus padres, presas de una epidemia de peste, y se convirtió en el heredero de una gran fortuna. A sus 19 años, Nicolás decidió dar toda su riqueza a los más necesitados y marcharse a Mira con su tío para dedicarse al sacerdocio.
Allí fue nombrado obispo. San Nicolás falleció el 6 de diciembre del año 345. Puesto que esa fecha está muy próxima a la Navidad, se decidió que este santo era la figura perfecta para repartir regalos y golosinas a los niños el Día de Navidad. Desde el siglo VI, se empezaron a construir templos en su honor y en 1087 sus restos fueron llevados a Bari, en Italia.
Posteriormente, en el siglo XII, la tradición católica de San Nicolás creció por Europa, y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde se suele dejar galletas o pasteles caseros y un vaso de leche a Santa Claus.
Por cierto, como curiosidad, el nombre Santa Claus se creó a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus.
El aspecto de San Nicolás de Bari era muy distinto al que se le atribuye hoy: tenía la complexión delgada y era de gran estatura. Y el hecho de que lo representen siempre con una bolsa y tenga la fama de repartidor de regalos se debe a que, en cierta ocasión, el santo tuvo conocimiento de que la hija de uno de sus vecinos iba a casarse y su padre no tenía dinero para la dote, por lo que decidió entregarle una bolsa con monedas de oro. Así, la boda pudo celebrarse y, desde entonces, cobró fuerza la costumbre de intercambiar regalos en Navidad.

Santa Claus, una imagen moderna

UN NUEVO DOCUMENTO VATICANO EXPLICA EL POR QUÉ LOS HOMOSEXUALES NO PUEDEN SER ORDENADOS SACERDOTES


La Congregación para el Clero, presidida por el cardenal Stella, acaba de publicar un documento de 90 páginas titulado El don de la vocación sacerdotal, una nueva instrucción para la formación de los seminaristas.

Uno de los puntos del documento vaticano incide en que las personas que “practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la así llamada cultura gay” no pueden ser ordenadas sacerdotes.

UNA INSTRUCCIÓN QUE COMPLETA OTRA DE 2005
La instrucción añade que “uno no debe pasar por alto las consecuencias negativas que pueden derivarse de la ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas”.

El documento de la Congregación del Clero cita los criterios que contenía otra declaración de 2005 de la Congregación para la Educación Católica y que decía que “si un candidato practica la homosexualidad o presenta tendencias homosexuales profundamente arraigadas, su director espiritual, así como su confesor tienen el deber de disuadirlo, en conciencia, de proceder a la ordenación”.

MENTIR SOBRE LA CONDICIÓN SEXUAL NO CORRESPONDE "AL ESPÍRITU DE LA VERDAD"
De este modo, el documento El don de la vocación sacerdotal cita de nuevo el texto de 2005 para insistir en que mentir sobre las atracciones sexuales  muestra una “actitud engañosa que no corresponde al espíritu de verdad, lealtad y apertura que debe caracterizar la personalidad de aquel que cree que está llamado a servir a Cristo y a su Iglesia en el sacerdocio ministerial”.

Igualmente, la nueva instrucción explica que si un posible candidato al sacerdocio hubiera experimentado “tendencias homosexuales que sólo eran la expresión de un problema transitorio” como por ejemplo el de “una adolescencia aún no superada” ese caso sería “diferente”. Eso sí, “tales tendencias deben ser claramente superadas por lo menos tres años antes de la ordenación al diaconado”, específica el texto.

“Debe recordarse que, en una relación de diálogo sincero y la confianza mutua, el seminarista está obligado a revelar a sus formadores las dudas o dificultades que tenga al respecto”, añade la instrucción de la Congregación para el Clero.

CONTRA EL CLERICALISMO Y BUSCA DE LA POPULARIDAD
Por otro lado, las directrices del Vaticano muestran la necesidad de una sólida formación intelectual de los seminaristas así como una fuerte formación espiritual. “La ordenación sacerdotal requiere, en el que la recibe, una entrega total de sí mismo para el servicio del pueblo de Dios, como una imagen de Cristo el cónyuge”.

Además, el documento también afirma que los candidatos a sacerdotes deben estar capacitados para protegerse del “clericalismo” y de la tentación de la popularidad pues tienen que estar advertidos de “no pensar en la Iglesia como una institución meramente humana”.

En una entrevista en la propia página web de la Congregación, el cardenal Stella explica que “no se puede ser un cura sin equilibrio de la mente y el corazón y sin la madurez afectiva, y cada laguna sin resolver o problema en esta zona corre el riesgo de convertirse en gravemente perjudicial, tanto para la persona como para el pueblo de Dios”.


 ReL

EL PADRE CANTALAMESSA HABLA DE LA IMPORTANCIA DEL DISCERNIMIENTO EN SU PREDICACIÓN A LA CURIA ROMANA


El padre Raniero Cantalamessa ha reflexionado sobre el Espíritu Santo y el carisma del discernimiento durante las predicaciones que durante los viernes de Adviento realiza a la Curia Romana en el Vaticano, con el Papa incluido.
Tal y como recoge Zenit, el predicador de la Casa Pontificia, afirmó que San Pablo menciona un carisma particular llamado “discernimiento de espíritu”. En su origen esta expresión tiene un sentido muy preciso: “indica el don que permite distinguir, entre las palabras inspiradas o proféticas pronunciadas durante una asamblea, las que vienen del Espíritu Santo y las que vienen de otros espíritus, o sea del espíritu del hombre, o del espíritu demoníaco, o del espíritu del mundo”. También para el evangelista Juan, ha precisado el predicador, este es el sentido fundamental. El discernimiento consiste en “poner a la prueba las inspiraciones para saber si provienen realmente de Dios”.

Así, ha asegurado que existen dos campos en los que se debe ejercitar este don del discernimiento de la voz del Espíritu: el eclesial y el personal. En el campo eclesiástico “el discernimiento del espíritu es ejercitado con autoridad por el magisterio”, que entretanto debe tener en cuenta entre otros criterios, también el del “sentido de los fieles”, el “sensus fidelium”.

Por otro lado, ha recordado que la regla constante del actuar de Jesús en el Evangelio, en materia moral se resume en pocas palabras: “No al pecado, sí al pecador”. Si nos preguntamos cómo se justifica teológicamente una distinción tan neta entre el pecado y el pecador –ha aseverado el padre Cantalamessa– la respuesta es simplísima: el pecador es una criatura de Dios, hecho a su imagen, y que conserva toda su dignidad a pesar de todas las aberraciones; el pecado, en cambio, no es obra de Dios, no viene de Él sino del enemigo.

Asimismo, ha querido subrayar que un factor importante para realizar la tarea de discernimiento de los signos de los tiempos es la colegialidad de los obispos. El ejercicio efectivo de la colegialidad “aporta el discernimiento” a la “solución de los problemas la variedad de las situaciones locales y de los puntos de vista”, las luces y los dones diversos, del cual cada Iglesia y cada obispo es portador.

Respecto al discernimiento en la vida personal, el predicador ha observado que san Pablo da un criterio objetivo de discernimiento, el mismo que ha dado Jesús: el de los frutos. Las “obras de la carne” revelan que un cierto deseo viene desde el hombre viejo pecaminoso; “los frutos del Espíritu” revelan que vienen desde el Espíritu.

A veces –ha señalado– este criterio objetivo no es suficiente porque la decisión no es entre el bien y el mal, “sino entre un bien y otro bien” y se trata de entender “qué cosa Dios quiere en una precisa circunstancia”. Fue sobre todo para responder a esta exigencia que “san Ignacio de Loyola desarrolló su doctrina sobre el discernimiento”, ha precisado. Él invita a mirar sobre todo una cosa: las propias disposiciones interiores, “las intenciones que están detrás de una determinada decisión”.

En el fondo, ha precisado, se trata de poner en práctica el viejo consejo que el suegro Jetro le dio a Moisés: “presentar las cuestiones a Dios” y esperar en oración su respuesta.

El predicador ha advertido de que “el peligro de algunos modos modernos de entender y practicar el discernimiento” es acentuar a tal punto “los aspectos psicológicos”, que llevan a olvidar el agente primario de cada discernimiento que es “el Espíritu Santo”.

El discernimiento “no es en fondo ni un arte ni una técnica, sino un carisma, o sea un don del Espíritu”, ha afirmado el padre Cantalamessa. También ha afirmado que al lado de la escucha de la Palabra, “la práctica más común para ejercitar el discernimiento a nivel personal es el examen de conciencia”. Esto –ha indicado– no debería limitarse solamente a la preparación para la confesión, sino volverse una capacidad constante de ponerse bajo la luz de Dios y dejarse ‘escrutar’ en la intimidad por Él.

Finalmente, el padre Cantalamessa ha señalado que el fruto concreto de esta meditación tendría que ser una “renovada decisión de confiarse todo y enteramente” a la guía interior del Espíritu Santo, como en una especie de “dirección espiritual”. Así, su última sugerencia ha sido “abandonarnos al Espíritu Santo como las cuerdas del arpa a los dedos de quien las mueve”.


¿QUÉ HABRÁ MÁS ALLÁ DEL PARTO? EL DIÁLOGO DE DOS FETOS GEMELOS QUE RECOGE EL ARZOBISPO DE OVIEDO


En su carta semanal, el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, habla de las cosas buenas que ofrece internet y las nuevas tecnologías y para ello comparte con todos sus fieles una bonita historia de un escritor húngaro que tiene como protagonistas a dos bebés gemelos que están todavía en el vientre de su madre. El diálogo entre ellos es el mismo que tantos millones de seres humanos se hacen sobre Dios y la eternidad. Acaba explicando qué es Dios y a su vez con una fina ironía muestra los argumentos de los que no creen en nada.

Esta es la carta del arzobispo Sanz Montes publicada en la web de la Diócesis de Oviedo: Diálogos intrauterinos

Estamos inmersos en toda una red que nos captura tantas cosas: el tiempo, la atención, los intereses. A diario recibimos una catarata de mensajes, memes, whatsapps, sms, facebook, twitter, mails… y estamos rodeados por todo un sistema que nos sigue, nos persigue y nos impone un modo de vivir y relacionarnos del que no siempre es posible escapar, ni tampoco siempre nos hace bien. Pero esto no significa que estas herramientas de comunicación sean malas en sí, todo lo contrario. Depende cómo las usemos, para qué las usamos y qué es lo que realmente nos aporta o lo que con ellas aportamos. Hace unos días yo recibí un correo electrónico de alguien conocido y apreciado. Me mandaba algo que “había pescado” en la red. Y lo quiso compartir conmigo. Me pareció tan bello, tan simpático y tan inteligente, que lo quiero también yo compartir. Se trata del diálogo de dos bebés gemelos que esperan en el seno de su mamá el día del nacimiento. Ellos hablan de ese día alumbrador, pero su ingenioso debate es el mismo debate que nos hacemos sobre Dios o la eternidad. Helo aquí:
«En el vientre de una mamá había dos bebés. Uno preguntó al otro: –¿Tú crees en la vida después del parto?
El otro respondió: –“Claro que sí. Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que vendrá más tarde”.
–“Tonterías”, dice el primero. “No hay vida después del parto. ¿Que clase de vida sería esa?”.
El segundo dice: –“No lo sé, pero habrá más luz que la hay aquí. Tal vez podremos caminar con nuestras propias piernas y comer con nuestras bocas. Tal vez tendremos otros sentidos, que no podemos entender ahora”.

El primero contestó: –“Eso es un absurdo. Caminar es imposible. Y ¿comer con la boca?¡Ridículo! El cordón umbilical nos nutre y nos da todo lo demás que necesitamos. El cordón umbilical es demasiado corto. La vida después del parto es imposible”. El segundo insistió: –“Bueno, yo pienso que hay algo y tal vez sea diferente de lo que hay aquí. Tal vez ya no necesitemos de este tubo físico”.
El primero contesto: –“Tonterías. Además, de haber realmente vida después del parto, entonces ¿por qué nadie jamás regresó de allá? El parto es el fin de la vida y en el post parto no hay nada más allá de lo oscuro, silencio y olvido. Él no nos llevará a ningún lugar.
–“Bueno, yo no lo sé”, dice el segundo “pero con seguridad vamos a encontrarnos con Mamá y ella nos cuidará”.
El primero respondió: –“Mamá… ¿tu realmente crees en Mamá? Eso es ridículo.
Si Mamá existe, entonces, ¿dónde está ella ahora?”.
El segundo dice: –“Ella está alrededor nuestro. Estamos cercados por ella. De ella, nosotros somos. Es en ella que vivimos. Sin Ella, este mundo no sería y no podría existir”.
Dice el primero: –“Bueno, yo no puedo verla, entonces, es lógico que ella no existe”. El segundo le responde a eso: –“A veces, cuando tu estás en silencio si te concentras y realmente escuchas, tu podrás percibir su presencia y escuchar su voz amorosa allá arriba”».

Su autor es un escritor húngaro. Es una preciosa manera de explicar a Dios y la eternidad con la misma lucidez o el mismo absurdo de tantos de nuestros argumentos y conversaciones. Tiene toda la ironía que deja a la intemperie a quienes creen firmemente que no creen en nada ni en nadie. Pero, se sepa o no, se acepte o no, no podemos dejar de esperar a Dios, y Él viene a nuestro encuentro.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
         Arzobispo de Oviedo


SEIS CONSEJOS SOBRE CÓMO «NO» LUCHAR CONTRA LA TENTACIÓN... SI NO QUEREMOS VOLVER A CAER EN ELLA



Un joven sacerdote sigue la estela de un viejo maestro: San Francisco de Sales.

Contra las tentaciones hay que luchar, pero... hay que luchar bien, o la lucha puede ser contraproducente.

Tras la "crítica" decisión de seguir a Cristo, en seguida se descubre que la vida cristiana se parece mucho al deporte: para perfeccionar el juego hay que entrenar mucho más de lo que parecía.

Es la comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual. Clayton Thompson es vicario en la parroquia de San Bonifacio en Lafayette (Indiana, Estados Unidos) y fue ordenado en 2013.

En un artículo en Those Catholic Men explica que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que "son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria".

Siguiendo las pautas de un "gigante espiritual" como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas (las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).

1. No ames la tentación.
Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con buenos ojos.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
"La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3).

2. No te pongas en tentación.
Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de asquerosidades y cotilleando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades. Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6).

3. No te angusties.
La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11).

4. No escuches a la tentación.
San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista. Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz. Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios” (9).


Elefantes rosas... la pesadilla de Dumbo.

5. No conviertas la tentación en una cuestión de voluntad.
Cuando un hombre está intentando superar un cierto pecado en su vida, con frecuencia se descorazona por su debilidad al luchar contra las tentaciones hacia ese pecado. Muchas veces, el problema es de perspectiva. Si mi aproximación a la vida moral es decir “le voy a demostrar a Dios lo bueno que soy no pecando”, en vez de “amo a Dios y por tanto odio el pecado y quiero dominarlo porque perjudica mi relación con Él”, no hay que sorprenderse si Dios me permite caer: pensaría que soy mi propio salvador. La confianza en uno mismo es una de las principales causas de la caída. Cuando vienen las tentaciones, la claves está en confiar más intensamente en la gracia de Dios, humillarse ante Él y amarle más.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Espera tu liberación más de la bondad y providencia de Dios que de tu industria y diligencia; si buscas tu liberación por amor propio, te inquietarás y acalorarás en pos de los medios, como si este bien dependiese más de ti que de Dios” (11).

6. No te calles.
Quizá una de las verdades más importantes que recordar al hablar del pecado y de la tentación es que no estamos solos en esta lucha. Dios está ahí, pero también el Maligno. El Maligno no es un cuento de brujas: es real e influye en tu vida. Aunque una buena parte de las tentaciones provienen del desorden en nuestras almas, Satán y los espíritus malignos son también intensamente activos. Uno de los mayores peligros es intentar luchar por tu cuenta contra una inteligencia-angélica-entregada-al-mal. Comenta con otras personas tus luchas: ten otras personas a quienes rendir cuentas, un confesor habitual que conozca tu alma y comprenda las tretas de Satanás. Esa apertura y honestidad es esencial para vencer los pecados que nos conducen a la desgracia.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“El gran remedio contra todas las tentaciones, grandes y pequeñas, es desahogar el corazón y comunicar a nuestro director todas las sugestiones, sentimientos y afectos que nos agitan. Fíjate en que la primera condición que el Maligno pone al alma que quiere seducir es el silencio” (7).

* * *

"Son las pequeñas cosas las que cuentan en la vida", concluye el padre Thompson: "Así que haz caso a San Francisco de Sales y lucha contra las tentaciones en la forma correcta".


«LA MADRE MARAVILLAS DECÍA QUE NO TEMÍA AL DEMONIO, SINO A LAS PERSONAS QUE TEMEN AL DEMONIO»


Álvaro Marañón cuenta decenas de vivencias sorprendentes de su tía.

Del palacio al convento: el subtítulo de La Madre Maravilas. Recuerdos y anécdotas de una vida (La Esfera de los Libros), de Álvaro Marañón Beltrán de Lis, resume bien de quién hablamos cuando hablamos de Santa Maravillas de Jesús (1891-1974), canonizada en 2003, la mayor fundadora carmelita desde Santa Teresa de Jesús.

Tanto su abuelo, Pedro José Pidal, como su padre y su tío, Luis y Alejandro Pidal y Mon, fueron ministros del Gobierno (con Narváez, Cánovas y Silvela) y embajadores de España ante la Santa Sede. Un ambiente de consagración a la vida pública e intensa vivencia de la fe al que renunció, más tarde de lo que habría querido, la futura monja carmelita que creó once carmelos a partir del original del Cerro de los Ángeles, concluido en 1926.

El autor, nieto del médico y humanista Gregorio Marañón Posadillo (1887-1960) e hijo del diplomático Gregorio Marañón Moya (1914-2002), es también sobrino nieto de la Madre Maravillas, a quien conoció y trató, y brinda al lector no una biografía al uso, sino un recorrido por decenas de momentos de su vida que permiten un retrato vivo de la santa.

-¿En qué entorno familiar se educó la Madre Maravillas?
-Recibieron los Pidal, de padres a hijos, una educación cristiana solidísima. Eran sinceros católicos que no tenían nada de integristas y que hicieron política católica desde sus partidos, aunque no, por supuesto, catolicismo político cerrado. Fueron grandes paladines de la verdad católica de su época, fundaron y sostuvieron periódicos católicos y movimientos confesionales, siendo ardientes defensores de las órdenes religiosas en los periodos revolucionarios que les tocó vivir. Fueron, en resumen, los Pidal católicos sinceros y consecuentes, con arraigados sentimientos de caridad cristiana que sobrepusieron siempre a sus intereses privados.

-Sin embargo, su vocación tardó en ser aceptada por la familia. ¿Por qué?
-En este ambiente familiar de arraigados sentimientos cristianos y de activa practica católica creció Maravillas Pidal, y obviamente este entorno de su hogar favoreció su temprana vocación religiosa. Pero no recibió el preceptivo permiso para profesar en el carmelo hasta los veintisiete años por distintas razones familiares como, entre otras, la larga enfermedad de su padre, al cual atendió siempre con especial dedicación y ternura.

-¿A qué mundo renunció al entrar en el convento?
-Maravillas era nieta, hija y sobrina de destacadas figuras de su época. Los “tres Pidal” figuraron respectivamente entre las personalidades de mayor relieve de aquellos tiempos, desempeñando altos cargos de la administración pública y recibiendo importantes honores por sus brillantes servicios y por su fidelidad a la Corona. Ejercieron las presidencias del Congreso y del Senado, ocuparon distintas carteras y fundaron y dirigieron Reales Academias.

-¿Ella se sentía integrada en ese mundo de relaciones al máximo nivel?
-En la casa del marques de Pidal, padre de Maravillas, tenían lugar frecuentes tertulias, a las que asistían políticos y pensadores, religiosos y prelados, hombres de la ciencia y de la cultura. Ella solía participar en estas tertulias desde muy joven, y sus agudas intervenciones hicieron exclamar una vez al político Juan Vázquez de Mella: "Luis, tu hija nos va a dejar chicos a ti y a mí".

-¿A qué se refería?
-Es evidente que heredó muchas de las cualidades que marcaron el éxito de sus antecesores, y entre ellas sobresalieron la determinación en la toma de decisiones, una gran capacidad de trabajo y la eficaz organización del mismo.

-Y exprimió a fondo su tiempo, a juzgar por la variedad de historias que figuran en el libro...
-La vida de Maravillas esta hilvanada de muchos y diversos acontecimientos que hacen de ella una figura muy atractiva como protagonista de un libro. En su aspecto más externo se puede decir que es una aventurera, según afirmó el carmelita Fray Ramon de la Cruz en L’Osservatore Romano.

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-¿Tuvo algo de aventurera su fundación en la India?
-En este contexto cabe situar su decisión de aceptar la petición de un obispo misionero en la India y fundar allí un convento durante la Segunda República. Maravillas no recibió el permiso eclesiástico para unirse al grupo fundacional de religiosas, pero aquel remoto convento siempre recibió su apoyo en la distancia con ayudas materiales y a través de una larga relación epistolar. Aquella aventura resultó un éxito, y el convento en la India significó un fuerte impulso misionero para la orden en todos los continentes.

-También lo intentó en Estados Unidos...
-En Estados Unidos no se propuso fundar un monasterio, solo quiso ir de misionera en los años cincuenta. El Prepósito General de su orden la escribió pidiendo el envío de religiosas para el Carmelo de Newport en el estado de Rhode Island, y Maravillas se ofreció a ir ella misma llena de anhelo misionero. Una repentina dolencia evitó aquel viaje, que además no contaba con el visto bueno de sus superiores, deseosos de que continuase con su fecunda labor fundacional en España.

-¿Tuvieron las religiosas de la Madre Maravillas una especial protección en el Madrid del terror?
-En aquel convulso periodo de nuestra historia la comunidad religiosa del Cerro de los Ángeles quedó atrapada en Madrid, donde se desarrolló entre 1933 y 1937 una cruenta persecución religiosa. La Madre Maravillas supo poner a salvo a su comunidad a base de una gran capacidad de prudencia, serenidad y decisión, y asimismo desarrollando en favor de sus religiosas sus numerosos contactos. Obviamente necesitaron ayuda para salir indemnes de la capital, situada en el corazón de una sangrienta guerra civil, y donde los religiosos eran asesinados sin más razón que su pertenencia al estado eclesiástico.

-¿Quiénes fueron sus protectores?
-Hay que recordar que antes de profesar religiosa, Maravillas realizó durante muchos años una ingente y generosa labor en favor de los más necesitados que malvivían en barriadas humildes y en miserables chabolas, o hacinados en pequeñas buhardillas sin luz eléctrica.

-Y le devolvieron la ayuda...
-No debe extrañarnos que algunos de los favorecidos por su caridad y su cariñosa atención quisieran devolver las ayudas recibidas. O que importantes figuras del bando republicano y del Frente Popular tuviesen conocimiento de su bondad y su desprendimiento durante aquellos años de su juventud y considerasen justo dejarla salir con vida junto a su comunidad religiosa.

-¿Por qué entre las numerosas historias y anécdotas relatadas en el libro prácticamente ninguna incide en aspectos de naturaleza mística?
-La mística de Maravillas fue de  gran sobriedad. Pertenece a una raza espiritual poco común: la que nace de las nadas sanjuanistas, de las frías y secas tierras castellanas. En ella no hubo visiones, ni luces que brillaran, ni ángeles que se le aparecieran... Decía siempre con humor que no le tenía miedo al demonio, sino a las personas que tienen miedo de los demonios.

-¿Cómo vivió, en los años finales de su vida, los cambios en la Iglesia a raíz del Concilio?
-Bajo cualquier perspectiva, tanto la creyente como la agnóstica, con la que nos acerquemos a Maravillas, encontraremos siempre en ella a una extraordinaria e inteligente mujer. En su persona se observa ese equilibrio perfecto entre mansedumbre, pobreza y magnanimidad, decidida apertura a los nuevos tiempos del Concilio Vaticano II y fidelidad estricta a las fuentes de la vida religiosa. Equilibrio que en ella fue prodigiosamente instintivo.

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¿TÚ REALMENTE CREES EN LA VIDA ETERNA? [MIRA ESTE IMPRESIONANTE ALEGATO]


El Abad Joseph escribió un inspirado artículo sobre la vida eterna en el 2007.
Fue monje por 25 años, y superior durante los últimos diez años del monasterio de la Santa Transfiguración en Redwood Valley, California.
Un monasterio de rito bizantino de la Iglesia Católica Ucraniana. 
Es un trabajo imperdible por la sencillez de su lógica, el sólido razonamiento.
.
E incluso por la riqueza de sus recomendaciones a quienes aspiran a la morada celestial.
Recomendamos leerlo y meditarlo con el corazón.
LA IDEA DE DIOS SE HA VENIDO IRRELEVANTE EN ESTE MUNDO POSMODERNO
Vale la pena reflexionar un poco sobre el último artículo de fe en el Credo de Nicea, “Creo en la vida eterna” (del mundo venidero).
Antes de darlo por sentado, sin embargo, debo preguntar: ¿Crees en la vida del mundo futuro?
Si esta pregunta se hubiera pedido hace cincuenta años en los países occidentales, habría habido un alto porcentaje de respuestas afirmativas.
Pero en nuestra época posmoderna actual, todo parece estar sujeto a duda o incredulidad.
.
Libros ateos están entre los bestsellers, y las creencias tradicionales son casi universalmente objeto de burlaba de los medios de comunicación, en instituciones académicas y en otros círculos “sofisticados”.
Dios es visto como una pintoresca reliquia de un pasado irrelevante – tolerado, en todo caso, con una curiosa mezcla de diversión y desprecio.
El hombre es la medida de todas las cosas, Dios es un concepto que se puede dejar a la esfera subjetiva de la propia “auto-medicación”, siempre y cuando se excluya de todo el discurso público y de la formulación de políticas serias.
Los profetas laicos nos dicen que finalmente han evolucionado. Hemos visto la luz y dejado atrás la Edad Media, ya no dependemos de los apoyos supersticiosos de la religión y sus castillos en el cielo.
Puesto que Dios ha sido expulsado de la ciudad, todas las creencias y mitologías tontas (como la vida eterna) deben salir con él.
Todo lo que queda es la Ciudad del Hombre, el proyecto terreno que demuestra que la historia está condenada al colapso repetido, a la reconstrucción y al colapso.
La nueva Torre de Babel se encuentra en construcción.
Podemos diseñar nuestro futuro, rediseñar nuestra propia especie, y crear medios más refinados y eficaces para destruir las especies de la faz de la tierra.
Uno de los ateos más famosos y francos del siglo pasado, Madalyn Murray O’Hair:
“No hay Dios. No hay cielo. No hay infierno. No hay ángeles.
.
Cuando te mueras, te vas a la tierra, los gusanos te comen….”
Un ser humano fallecido, O’Hair escribió, que ella no es más que “una hoja caída de un árbol, un perro muerto en la carretera, un pez atrapado en una red.”
Esa es la conclusión gloriosa de nuestra existencia brillante y maravillosamente evolucionada.
¿QUÉ HEMOS GANADO CON DESPRECIAR LA IDEA DE DIOS?
El alejamiento de la fe tiene una historia larga y compleja (y ha habido no creyentes en todo tiempo y lugar).
Pero sus manifestaciones actuales, probablemente se remontan a la llegada de la “modernidad” en los finales de los siglos XIX y en el XX.
El Papa San Pío X, que condenó formalmente el modernismo como “la síntesis de todas las herejías”, dijo que tenía sus raíces en el agnosticismo filosófico.
El hombre está en el centro, la religión es sólo un vehículo para el deseo subjetivo del hombre sobre lo divino (entendido simplemente como la experiencia interna o “conciencia religiosa”).
Y todas las religiones son verdaderas en la medida en que reflejan la psique humana.
En cuanto al futuro de la Iglesia Católica en este contexto de decaimiento del Espíritu, la posición de los modernistas quizás se pueda resumir por el excomulgado ex sacerdote Alfred Loisy: “Otro catolicismo tendrá que venir… de ninguna manera condicionado por la institución pontificia o las formas tradicionales del catolicismo romano”.
¿El catolicismo de ninguna manera condicionado por el catolicismo tradicional? Uh, ¿por qué entonces todavía quieren llamarlo catolicismo?
Si esa es su idea de la Iglesia, los dogmas de nuestra fe – la eucaristía, la resurrección, el nacimiento virginal, el Cielo y el Infierno, etc. – no tienen cabida en esta nueva religión ilustrada.
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Que termina siendo poco más que un apéndice emocional de las siempre cambiantes “verdades” de la ciencia moderna, la psicología y la política.
Por lo tanto, ¿que ha ganado el hombre, liberado de la fe y por lo tanto de la obediencia a Dios? ¿Somos realmente libres, desenfrenadamente y sin restricciones ahora?
¿Estamos asegurándonos una vida de felicidad en la tierra, sin la esclavitud del miedo de algún Juicio futuro con respecto a nuestro destino eterno?
No, hoy los iluminados y “libres” no creyentes, no son más que “marionetas articuladas y sueltas de la contemporaneidad”, para usar la frase de Thomas Howard.
EL PLAN DE DIOS SE HA REVELADO A LOS HOMBRES
No voy a intentar demostrar que hay vida en un mundo por venir, porque yo no he dicho que lo he probado, sólo que yo creo en ella.
Al hacerlo, me uno a miles de millones de personas que han creído durante milenios, entre los cuales se enumeran muchos de los grandes intelectuales que el mundo haya conocido jamás.
La única razón por las que especifico “intelectuales” es que en estos días son los que dudan más, lo dicen más y son los más burlones.
Para mí, el testimonio de las Escrituras (que incluye relatos de testigos de la muerte de Jesús, resurrección y ascensión), el testimonio combinado de innumerables santos y místicos, así como mi propia experiencia personal limitada, son suficientes para convencerme de que hay de hecho un mundo por venir.
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El reino de los cielos, que ha sido explicitado directamente desde que Juan el Bautista predicó su sermón abrasador por primera vez en la orilla del Jordán.
Otro Juan, el santo vidente del Apocalipsis, describió su visión de la Jerusalén celestial, y esto ha llegado hasta nosotros como revelación divina.
Aunque su visión es simbólica (por ejemplo, debemos ser dignos de entrar en él), no es menos cierto que se habla de una realidad que es, y que se manifestará a cada ojo cuando llegue la hora señalada.
Las últimas décadas han presenciado el fenómeno de “experiencias cercanas a la muerte”, que pretenden dar testimonio de la realidad de la vida futura.
Muchas personas que han tenido estas experiencias dicen que han sido llevadas al cielo, algunos dicen que han sido llevadas al infierno.
Es muy difícil juzgar estas experiencias, que son muy numerosas.
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Pero si una sola visión del cielo realmente es cierta, entonces la vida del mundo futuro es cierta.
Personalmente, no puedo creer en todas ellas, pero tampoco puedo decir categóricamente que todas ellas tienen una especie de engaño psíquico.
Si creemos en Dios, debemos creer en lo que Él ha revelado, que incluye la realidad del Cielo y del Infierno.
Así que si las experiencias de algunas personas comprueban estas revelaciones, creo que debemos considerarlas seriamente.
Vendemos a Dios por poco si pensamos que Él nos ha creado – y envió a su único Hijo para sufrir y morir por la expiación de nuestros pecados – sólo para que nos podamos ganar unas cuantas décadas de angustiosa vida en este mundo marcado por un sinfín de dolor y sufrimiento.
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No habría valido la pena, para él ni para nosotros.
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Y nos vendemos por poco si vivimos como si ese fuera el caso.
San Pablo está de acuerdo: “Si solamente por esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables de los hombres” (1 Corintios 15:19).
De hecho, hemos sido creados para un propósito eminentemente noble y glorioso, que supera todas las esperanzas posibles de la felicidad en este mundo.
La impresionante belleza de gran parte de la creación de Dios no es sino un indicio débil de lo que Dios ha preparado para los que le aman.
Siendo creados a imagen de Dios, no nos perderemos, como los insectos o la hierba. Dios nos ha creado y redimido por amor “de modo que quien crea en él no perezca, y tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
La vida eterna, la vida sin fin con el que nos ha amado y dado la existencia, que infundió la vida en nosotros, y creado nuestras almas inmortales en el momento de nuestra concepción.
El Dios de la vida nos ha revelado algo mucho más grande que el lapso relativamente breve de nuestra vida terrenal.
Él nos creó para vivir para siempre, para sobrevivir espiritualmente a la muerte del cuerpo y, finalmente, recuperar – en un estado vibrante y eternamente glorioso – la unidad del cuerpo / alma, que constituye plenamente nuestra naturaleza humana.
En pocas palabras, Dios nos ha creado para el cielo, para la vida del mundo futuro.
Esta vida presente no es más que una preparación, una prueba, para ver si estamos dispuestos a aceptar lo que Dios ha revelado y de seguir su “dirección” a su Reino de vida y gozo eterno.
Si entonces los hombres no mueren meramente como moscas, sino más bien tienen un destino eterno, debemos prestar mucha atención a lo que nuestro Creador dice acerca de ello.
De hecho, a pesar que todas las almas permanecerán para siempre, hay destinos divergentes.
Debemos hacer todo lo posible para asegurar nuestro lugar en la morada de la felicidad – y no descubrir demasiado tarde que, por nuestras opciones en esta vida, hemos hecho las reservas en la morada del tormento.
El gran don de la inmortalidad no se da a la ligera. Parte de lo que significa ser creado a imagen de Dios es tener libre albedrío.
Dios nos da la gracia necesaria para elegirlo a Él y sus caminos, y Él también nos da la libertad suficiente para rechazarlo, si queremos ser trágicamente absurdos.
EL CIELO ES EL LUGAR DONDE EL AMOR SE ALCANZA DEFINITIVAMENTE
Dios es amor y ha creado seres capaces de amar.
Uno puede amar verdaderamente sólo en libertad, por lo que Dios tomó el riesgo de hacernos libres de modo que tendríamos la oportunidad de amarlo a Él y a otros, aprendiendo lo que significa para nosotros dar en el servicio a Dios y a los demás.
El cielo es el lugar donde el amor alcanza su expresión más plena y eterna, es por eso que es un lugar de gozo y de paz también.
El infierno es el lugar de tormento, porque es el lugar del odio, del egoísmo y del rechazo radical de todo lo que es santo y bueno.
Usar la libertad de amar como Jesús ama y vivir para Dios nos lleva al cielo.
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Mientras que la libertad usada para servir nuestros propios deseos y rebelarse contra Dios, nos conduce a la esclavitud del Infierno.
La Sagrada Escritura en repetidas ocasiones nos llama a vivir de tal manera que estemos bien preparados para la vida del mundo futuro.
San Pablo nos llama a buscar las cosas del Cielo, a poner nuestras mentes y corazones donde Jesús reina con el Padre, para que cuando venga en su gloria, nosotros también seamos glorificados con él.
Colosenses 3 ofrece consejos prácticos sobre qué hacer y qué no hacer, si queremos alcanzar nuestro objetivo.
Esto lo vemos en otros lugares: lo que no hacer (1 Cor 6:9-10; 1 Timoteo 1:9-10).
Y qué hacer (Romanos 12:9-21), como no ser (Gálatas 5:19-21) y la forma de ser (Gálatas 5:22-26).
Esto es todo por el bien de entrar en el reino de Dios, lo único que importa al final.
La Carta de Pablo a los Hebreos nos exhorta a mantener nuestros ojos fijos en Jesús (12:1-2), e ir a Él – hasta el punto de sufrir por él – porque él ha sufrido y ha muerto para santificarnos por medio de su propia sangre (13:12-13).
En el siguiente versículo se nos da la razón: “Porque no tenemos aquí la última morada, sino que buscamos la morada que ha de venir” (13:14).
¿Y qué clase de lugar es ése? Se trata de “un lugar mejor, esto es, celestial” (11:16).
No se nos pide que creamos en el cielo como si fuera sólo una pieza más de información que vamos a archivar con las otras cosas que sabemos o creemos.
Es realmente una cuestión muy práctica y urgentemente seria, porque aquí no tenemos la morada permanente.
Nos vamos a morir, todas las cosas eventualmente se van a descomponer, incluso la propia Tierra no va a durar para siempre.
¿Qué queda cuando nos enfrentamos con el hecho indiscutible de que nuestra “morada” – nuestra vida presente, posesiones, etc. – no va a durar?
Debemos tener fe en la última “morada”, la celestial, el objetivo final de nuestras vidas, la razón por la cual Dios nos ha creado en primer lugar.
Pero creer en la vida del mundo que vendrá no es como sacar una especie de póliza de seguro que garantice nuestra salvación, mientras saciamos nuestra indulgencia carnal en el ínterin.
Tenemos que vivir toda nuestra vida con los ojos en el cielo, y permitir que la realidad del Cielo sea la que condicione la forma en que vivimos en la tierra.
Si estamos viviendo esta vida presente, en vez de la vida que vendrá, seremos consumidos por el interés propio.
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Vamos a ordenar nuestras vidas de acuerdo a nuestro deseo de comodidad o ventaja personal.
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Y vamos a huir de todo sacrificio, sufrimiento, y abnegación considerándolos perjudiciales para nuestra felicidad inmediata.
SI CREEMOS EN LA EXISTENCIA DEL CIELO DEBERÍAMOS TRABAJAR PARA IR ALLÍ
Se ha dicho que todos los creyentes realmente quieren ir al cielo – especialmente cuando uno considera la alternativa.
¿Pero ese deseo se manifiesta de manera práctica en nuestra vida diaria?
¿Y es el cielo tan importante para nosotros que estamos dispuestos a renunciar a todo lo demás para lograrlo?
¿Cómo sabemos que estamos viviendo realmente para el cielo y no para este mundo que pasa?
Aquí hay algunos puntos prácticos para reflexionar.
Si nos decepcionamos porque las cosas no van a nuestra manera, estamos viviendo para la tierra y no para el cielo.
Si nos enojamos, indignamos, y defendemos cuando alguien señala un error de nuestra parte – en lugar de estar agradecido por la oportunidad de arrepentirse de ello antes de tener que llevarlo al tribunal de Dios, es que estamos viviendo para la tierra y no para el cielo.
Si nos resistimos o nos quejamos de las exigencias de nuestro estado de vida, estamos viviendo para la tierra y no para el cielo.
Si nos negamos a aceptar los sufrimientos, dificultades, e incluso ocasionales malos tratos, nos negamos a adaptarnos a los deseos de otros,
Si devolvemos mal por mal, guardamos rencor o nos negamos a perdonar, o de cualquier forma insistimos en nuestras propias ideas u opiniones, estamos viviendo para la tierra y no para el cielo.
¿Por qué es esto? Es simplemente porque así se manifiesta en la práctica – a pesar de lo que pueda decir o pensar – que nuestro confort presente, autoestima, reivindicación personal, o las preferencias en la vida son las cosas más importantes para nosotros.
Si no actuamos como si estuviéramos viviendo en el cielo, entonces no estamos viviendo para el cielo.
Pero si vivimos para el cielo, todas estas cosas egoístas que pertenecen a esta vida que pasa van a ser de poco interés para nosotros, porque nuestros ojos están fijos en Jesús y en el cumplimiento de sus promesas en nosotros.
Vamos a estar igualmente contenidos si las cosas van hacia nuestro deseo en esta vida o si no lo hacen.
Porque este mundo no es nuestro hogar, este no es nuestro destino.
El cielo es nuestro hogar y destino, y si realmente vivimos para el cielo, no responderemos incorrectamente a las irritaciones insignificantes de la vida.
Esta es una tarea difícil, pero el Cielo es un lugar superior, por así decirlo.
Tener nuestros ojos y el corazón en el cielo no quiere decir que no nos tomemos en serio nuestras responsabilidades terrenas,  por nuestra fidelidad y obediencia en la tierra decidiremos si vamos a ir al cielo o no.
Pero sí quiere decir que no seamos susceptibles, que no nos ofendamos con facilidad, o sospechemos de los demás.
Las personas que van al cielo no actúan como si fuera de suma importancia lograr sus objetivos en la tierra.
Varias veces en su primera epístola, San Pedro describe a los cristianos como extranjeros, forasteros, y exiliados en este mundo, quienes están expectantes de poner toda la “esperanza en la gracia que viene de la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13) – es decir, en su Segunda Venida.
Esto es cuando se manifestará finalmente que este mundo no es “morada permanente”, y que la única morada permanente será la celestial o la infernal.
TODAS LAS APUESTAS A LA VIDA ETERNA
Creemos en la vida del mundo por venir. La vida actual es relativamente corta y está a menudo marcada por la tristeza y el dolor.
Pero he aquí que se acerca el día en que aquellos que creen en Dios y su revelación y han obedecido sus mandamientos estarán en su maravillosa presencia para siempre.
Dios “morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos.
Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Apocalipsis 21:3-4).

Todas las cosas que componen la vida presente, todo lo que tiende a adherirse o en lo que ponemos nuestra esperanza, pronto será conocido como “el mundo viejo que ha pasado”.
No nos aferremos a las cosas que pasan, sino más bien miremos a las cosas eternas que aún no hemos visto.
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Manteniendo los ojos fijos en Jesús, poniendo nuestro corazón en el cielo, mientras esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.