domingo, 16 de diciembre de 2018

LOS ORÍGENES DE LA CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD


Es bastante difundida la versión de que ese día se celebraba en Roma la victoria de la luz sobre la oscuridad.

Por: Francisco Vaaro | Fuente: www.primeroscristianos.com
Los cristianos de la primera generación, es decir, aquellos que escucharon directamente la predicación de los Apóstoles, conocían bien y meditaban con frecuencia la vida de Jesús. Especialmente los momentos decisivos: su pasión, muerte redentora y resurrección gloriosa.

También recordaban sus milagros, sus parábolas y muchos detalles de su predicación. Era lo que habían oído contar a aquellos que habían seguido al Maestro durante su vida pública, que habían sido testigos directos de todos aquellos acontecimientos.

Acerca de su infancia sólo conocían algunos detalles que tal vez narrara el propio Jesús o su Madre, aunque la mayor parte de ellos María los conservaba en su corazón.

Cuando se escriben los evangelios sólo se deja constancia en ellos de lo más significativo acerca del nacimiento de Jesús. Desde perspectivas diferentes, Mateo y Lucas recuerdan los mismos hechos esenciales: que Jesús nació en Belén de Judá, de la Virgen María, desposada con  José, pero sin que Ella hubiese conocido varón. Además, hacia el final de los relatos sobre la infancia de Jesús, ambos señalan que después fueron a vivir a Nazaret.

Mateo subraya que Jesús es el Mesías descendiente de David, el Salvador en el que se han cumplido las promesas de Dios al antiguo pueblo de Israel. Por eso, como la pertenencia de Jesús al linaje de David viene dada por ser hijo legal de José, Mateo narra los hechos fijándose especialmente en el cometido del Santo Patriarca.

Por su parte,  Lucas, centrándose en la Virgen -que representa también a la humanidad fiel a Dios-, enseña que el Niño que nace en Belén es el Salvador prometido, el Mesías y Señor, que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres.

En el siglo II el deseo de saber más sobre el nacimiento de Jesús y su infancia hizo que algunas personas piadosas, pero sin una información histórica precisa, inventaran relatos fantásticos y llenos de imaginación. Se conocen algunos a través de los evangelios apócrifos. Uno de los relatos más desarrollados sobre el nacimiento de Jesús contenido en los apócrifos es el que se presenta en el llamado Protoevangelio de Santiago, según otros manuscritos, Natividad de María, escrito a mediados del siglo II.

En las primeras generaciones de cristianos la fiesta por excelencia era la Pascua, conmemoración de la Resurrección del Señor. Todos sabían bien en qué fechas había sido crucificado Jesús y cuándo había resucitado: en los días centrales de la celebración de la fiesta judía de la Pascua, en torno al día 15 de Nisán, es decir, el día de luna llena del primer mes de primavera.

Sin embargo, posiblemente no conocían con la misma certeza el momento de su nacimiento. No formaba parte de las costumbres de los primeros cristianos la celebración del cumpleaños, y no se había instituido una fiesta particular para conmemorar el cumpleaños de Jesús.

¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 25 DE DICIEMBRE?
Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre el día del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae ("el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea"). A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.

Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año.

Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como "sol de justicia" (Ma 4,2) y "luz del mundo" (Jn 1,4ss.).

Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución.

Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que "nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió" (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.

La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí.

Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán.

El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz.

Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. "Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo" (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).

La difusión de la celebración litúrgica de la Navidad fue rápida. En la segunda mitad del siglo IV se va extendiendo por todo el mundo cristiano: por el norte de África (año 360), por Constantinopla (año 380), por España (año 384) o por Antioquía (año 386). En el siglo V la Navidad es una fiesta casi universal.

NOVENA DE NAVIDAD PARA HACER CON NIÑOS


Oraciones para cada día de la novena del 16 al 24 de diciembre.

Por: P. Luis Martínez de Velasco F. SSSC | Fuente: Catholic.net
PARA COMENZAR (PARA TODOS LOS DÍAS)
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Con la intercesión de la Santísima Virgen María, de su esposo San José y de nuestros ángeles de la Guarda, vamos a meditar en la presencia de Dios lo que pasó en los días anteriores al nacimiento del Niño Jesús.

Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos fortalezca para que esta novena de Navidad, con su propósito de mejora diario, nos haga parecernos un poco más a la Sagrada Familia.

DÍA PRIMERO (REFLEXIÓN)
Cuando va a nacer un niño hay que prepararle la ropa y la cuna.

Como San José era carpintero, fabricó la cuna más bonita, con la mejor madera que tenía, para el Niño Dios.

La Virgen María, alternando con los trabajos de la casa, pasó mucho tiempo tejiendo y bordando los pañales y vestidos. Poniendo siempre en todo lo que hacía el inmenso cariño que tenía a su hijo.

Todos los hombres tenemos que trabajar porque Dios ha querido que nos ganemos la vida y ayudemos a que los demás sean felices. El principal trabajo de los niños es estudiar y hacer los deberes. Cuando trabajamos o estudiamos pensando en agradar a Jesús, a Dios le gusta mucho. Pero nuestro trabajo debe estar bien hecho.

Si lo dejamos para última hora, cuando ya no hay tiempo, o si está hecho de cualquier manera por nuestra culpa, no se lo podemos ofrecer a Dios, porque sería como un insulto.

El regalo de este primer día de la novena para el Niño Dios será trabajar o estudiar con más empeño, como lo hicieron la Virgen María y San José.

DÍA SEGUNDO (REFLEXIÓN)
Con todo ya preparado para recibir al Niño Dios lo mejor posible, San José y la Virgen María recibieron la noticia de que debían viajar a Belén.

Fue una gran contrariedad porque los viajes eran entonces muy molestos. Sin embargo, no protestaron. Enseguida se pusieron a preparar las cosas para salir cuanto antes.

Aquel cambio de planes, como a todo nos sucede cuando nos mandan algo que no nos gusta, les costó trabajo. Pero como ellos sabían que al obedecer a quien lo había ordenado estaban obedeciendo a Dios, no pusieron mala cara y obedecieron rápidamente.

Sin obediencia no puede haber orden. Pero no debemos hacer lo que nos mandan solo para no tener problemas. Hemos de obedecer porque así le demostramos a Dios que le amamos. Como Jesús, que obedeció toda su vida desde que era Niño hasta que murió en la cruz.

En este segundo día de la novena, podemos preparar la venida del Niño Dios obedeciendo siempre a la primera, sin que nos digan las cosas dos o tres veces, y con alegría.
Así nos pareceremos a Jesús, a María y a José.

DÍA TERCERO (REFLEXIÓN)
Mientras la Virgen María y San José viajaban hacia Belén, a veces conversaban entre sí y a veces caminaban en silencio. Cuando estaban callados, hablaban por dentro con el Niño Dios y le agradecían todas las cosas buenas que nos iba a traer a los hombres. También le decían al Niño Dios con el corazón, sin que se oyesen las palabras, que le querían mucho.

Las oraciones vocales como el Padrenuestro y el Avemaría son muy buenas, porque nos ayudan a pedirle lo que se debe y nos facilitan el rezar juntos. Pero para hablar con Dios no hace falta siempre que se nos oiga. Él nos escucha en todo momento porque sabe lo que pasa en nuestro corazón y en nuestra mente.

Debemos procurar hablar con Dios, muchas veces a lo largo del día: cuando trabajamos o hacemos nuestros deberes, al caminar por la calle, cuando jugamos o cuando descansamos.

Nuestra vida es un camino cuyo final es el cielo. Si lo recorremos hablando con Jesús, con María y con José, se nos hará muy agradable y el tiempo se pasará volando.

Hoy, que vivimos el tercer día de la Novena, recordando el viaje de San José y de la Virgen, podemos proponernos hablar muchas cosas con Dios por dentro a lo largo de todo el día.

DÍA CUARTO (REFLEXIÓN)
De vez en cuando, en el camino hacia Belén, la Virgen María y San José tenían que detenerse y descansar. San José, que era más fuerte y tardaba más en casarse, se preocupaba de que la Virgen estuviera lo mejor posible. Los dos hablaban del Niño Dios y descansaban porque no pensaban en sí mismos. A todos nos pasa que cuando estamos cansados nos cuesta pensar en los demás. Nos olvidamos de que los otros -papá, mamá, los hermanitos- también están cansados porque han trabajado mucho. Y entonces, pensando solo en nosotros, queremos que se molesten ellos en lugar de ayudarles para que descansen. De este modo nos ponemos de mal genio y lo dañamos todo; porque ni estamos contentos nosotros, ni dejamos en paz a los demás. Sobre todo en casa, acordándonos de la Virgen María y de San José, hemos de ayudar a que todos estén contentos. Son muchas las cosas que se pueden hacer; por ejemplo: no gritar, pedir las cosas por favor, perdonar a quienes han hecho algo que no nos gusta, etc. Algo parecido podemos ofrecerle al Niño Jesús en este cuarto día de la Novena.

DÍA QUINTO (REFLEXIÓN)
Cuando la Virgen María y San José llegaron a Belén, se encontraron con que no había ningún alojamiento en el pueblito, ya que eran muchos los que habían llegado para empadronarse.
San José lo pasó mal porque el Niño Dios ya podía nacer en cualquier momento y él, que le hacía las veces de padre, no tenía dónde recibirle. Sin embargo, no se desanimó, pues sabía que Dios estaba preparando todo para que se cumpliese su Santa Voluntad.

La Voluntad de Dios es siempre mejor que la nuestra. Como es un Padre buenísimo, que nos quiere más que nadie, siempre dispone lo mejor para nosotros. A veces no lo vemos hasta que pasa el tiempo. Y algunas cosas no las entenderemos del todo mientras no lleguemos al Cielo.

En esos momentos en que nos cuesta lo que Dios quiere porque no comprendemos que sea lo mejor, hemos de tener fe como la tuvieron la Virgen y San José. Debemos repetir en esos casos lo que seguramente diría San José: “Hágase, Señor, Tu Voluntad, que siempre es lo mejor para todos y para mí”.

Como lo peor del mundo es rebelarse contra la Voluntad de Dios y lo mejor es amarla, ofrezcamosle hoy al Niño Jesús todas las contrariedades que nos vengan a lo largo del día. Si las recibimos por amor al Niño Dios, tendremos mucha alegría y nos pareceremos a San José y a la Virgen María.

DÍA SEXTO (REFLEXIÓN)
Había en Belén una posada cuyo dueño, con tantos viajeros, estaba haciendo muy buen negocio. Como el Niño Dios ya debía nacer en poco tiempo, San José intentó que recibieran allí a la Virgen María, que estaba muy cansada por el viaje. Pero el dueño de aquella casa grande no quiso molestarse en buscarles ni siquiera un rincón en su posada y los dejó en la calle. Fue muy triste que aquel hombre no venciera su egoísmo, ya que, además de hacer sufrir a la Sagrada Familia, se quedó sin ser el primer adorador del Niño Jesús. Todo lo que hacemos a los demás, sea bueno o sea malo, es como si se lo hiciéramos al mismo Jesucristo, porque El así ha querido que sea. Por eso, las personas egoístas que no tienen corazón ni para Dios ni para los necesitados, van por un camino pésimo. Si no se corrigieran, perderían al Niño Jesús para siempre. Por el contrario, cada vez que, con la ayuda de Dios, vencemos esa tendencia mala a querer todo para nosotros, Jesús, María y José nos bendicen y nos dan un beso. Hoy podemos hacerle al Niño Jesús un regalo más valioso que el oro: no escoger lo mejor para nosotros sino dejarlo para mamá, para papá, o para alguno de nuestros hermanitos.

DÍA SÉPTIMO (REFLEXIÓN)
Como en Belén nadie les dio alojamiento, San José no tuvo más remedio que acomodar a la Virgen María en un sitio que nadie quería: en un lugar donde pasaban la noche los animales de un campesino. Barrió con unas ramas secas el suelo, puso unas cobijas sobre la paja para que se acostara la Virgen, encendió un fuego y preparó algo de comida. Con el fuego también se calentó el ambiente. Así San José, con las pocas cosas que tenía, poniendo mucho cariño, consiguió para la Virgen María y para el Niño Dios un sitio pobre, pero limpio y lleno de amor. Es muy fácil caer en la trampa de pensar que con lo que tenemos no podemos hacer bien las cosas, que si tuviéramos mejores juguetes, otros hermanitos, o más dinero, todo iría muy bien. Cuando se cae en esta trampa se vuelve uno envidioso. Entonces se empieza a pensar que a los otros hermanitos les tratan mejor, o que les dan las mejores cosas y los dulces más ricos. La envidia es muy mala. Fue la que hizo que Caín matara a su inocente hermano Abel en la primera familia que hubo sobre la tierra. Y Dios maldijo al asesino. En el séptimo día de la novena, nuestro presente para el Niño Dios puede ser contentarnos con lo que nos dan y no tener envidia de ningún hermanito o amiguito. Cuando Jesús nos vea que nos parecemos a San José nos dará lo mejor: su cariño.

DÍA OCTAVO (REFLEXIÓN)
En aquel lugar que había sido antes destinado a los animales, mientras la Virgen parecía dormir sobre aquellas pajas, San José se sentó junto al fuego con la intención de pasar la noche en vela. Contemplando la llama, meditó sobre cómo se encontraría el Niño Dios cuando naciera en aquel establo. Por una parte, tenía ganas de llorar por lo mal que se habían portado los de Belén. Pero por otra parte, como sabía que muchos cambiarían cuando conociesen a Jesús, y se arrepentirían de verdad de su mala vida, también sentía gozo pensando en lo poco que ya faltaba. Luego pensó en sí mismo, como todo le parecía poco para el Hijo de Dios, decidió esperarle repitiéndole muchas veces que lo amaba. Pero pudo más el cansancio y se quedó dormido. Es muy bueno que todas las noches, antes de acostarnos, examinemos cómo nos hemos portado durante el día. Pero para ello hemos de ser valientes y no tener miedo a decirnos la verdad aunque nos cueste. Los que dicen siempre la verdad son los que más agradan a Jesús, que se hizo hombre para decírnosla a todos. Los niños embusteros, aunque sus mentiras no sean muy grandes, se alejan de Jesús y no le quieren. Para borrar todas las mentiras que hemos dicho, en este penúltimo día de la novena, procuremos esperar al Niño Dios repitiéndole muchas veces que lo amamos.

DÍA NOVENO (REFLEXIÓN)
La Virgen María despertó a San José para que pudiese adorar, antes que nadie, al Niño Dios. Cuando la Virgen le tocó el hombro, San José quiso enseguida ayudar en lo que hiciera falta, pero casi al instante comprendió que el nacimiento de Jesús había sido milagroso. Vio que la Virgen María, más guapa que nunca porque ya era Madre sin dejar de ser Virgen, tenía en sus brazos al Niño Jesús dormidito y envuelto en pañales. San José no dijo nada. Ni siquiera, para no despertar al Niño, se atrevió a cogerle. Se puso de rodillas y lloró sin poder contener la emoción y la dicha. La Virgen le dejó que se desahogara y luego le entregó al Niño, mientras Ella preparaba el desayuno. San José tenía unas ganas enormes de apretar a Jesús junto a su pecho y comérselo a besos, pero se contuvo. Con solo verle dormir en sus brazos, se sintió el hombre más feliz del mundo. De pronto se oyeron las voces y los cantos de los pastores que venían llenos de impaciencia buscando al Niño Jesús. San José, después de entregar al Niño a la Virgen para que lo acostara en el pesebre, salió al encuentro de los pastores y se enteró de lo que les habían dicho los ángeles. Después les llevó junto al Niño y todos contemplaron lo lindo que era. Ya hemos llegado al final de la Novena. Lo que nos queda es felicitar a la Virgen María, a San José y a todos los hombres que ama el Señor. Y también repetirle al Niño Dios que le queremos mucho, mucho, porque ha nacido para darnos el Cielo.

PARA TERMINAR (PARA TODOS LOS DÍAS)
Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Después repiten todos juntos tres veces: Jesús, José y María. Os doy el corazón y el alma mía.

Villancicos

¿POR QUÉ EL SACERDOTE SE LAVA LAS MANOS EN MISA?


Este gesto no es solamente para beneficio del sacerdote, sino que también lo hace a nombre de todos los fieles que participamos de la celebración.

Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: ConMasGracia.org
Hay un gesto en la Misa que pasa muchas veces desapercibido por los fieles, me refiero al momento en que, después de recibir y preparar las ofrendas del pan y el vino, el sacerdote se lava las manos ¿Qué significado tiene este gesto? ¿Es por mera higiene?

En una ocasión, tuve la oportunidad de asistir al sacerdote en la celebración eucarística, en el momento en que le acerqué la jarra y el manutergio (toalla) para que pudiera lavarse las manos, escuché que dijo en voz baja mientras mojaba sus dedos: “Lávame Señor de todos mis delitos y purifícame de todos mis pecados”, desde allí comprendí que este acto tenía un sentido más allá que un simple momento de aseo.

De hecho, la Instrucción General del Misal Romano establece que: “Después de la oración Humilde y sinceramente arrepentidos, o después de la incensación, el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto: Lava del todo mi delito, Señor, mientras el ministro vierte el agua” (IGMR 145).

Por lo tanto, las palabras que el sacerdote pronuncia, quieren manifestar el deseo de obtener por parte del Señor una purificación no solamente exterior, sino también interior. Esta oración está inspirada en las palabras que el Salmo 51 expresa: “Lávame a fondo de mi culpa y de mi pecado purifícame” (Sal 51, 4).

San Cirilo de Jerusalén en una de sus Catequesis nos da una explicación concreta del verdadero sentido de este acto: “Habéis visto cómo el diácono alcanzaba el agua, para lavarse las manos, al sacerdote y a los presbíteros que estaban alrededor del altar. Pero en modo alguno lo hacía para limpiar la suciedad corporal. Digo que no era ése el motivo, pues al comienzo tampoco vinimos a la Iglesia porque llevásemos manchas en el cuerpo. Sin embargo, esta ablución de las manos es símbolo de que debéis estar limpios de todos los pecados y prevaricaciones. Y al ser las manos símbolo de la acción, al lavarlas, significamos la pureza de las obras y el hecho de que estén libres de toda reprensión. ¿No has oído al bienaventurado David aclarándonos este misterio y diciendo: “Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Señor” (Sal 26,6)? Por consiguiente, lavarse las manos es un signo de la inmunidad del pecado” ( 2, Catequesis Mistagógica V).

Consecuentemente, este gesto no es solamente para beneficio del sacerdote, sino que también lo hace a nombre de todos los fieles que participamos de la celebración. En muchos momentos de la Misa pedimos a Dios su perdón y su purificación para poder así participar dignamente de los sagrados misterios que vamos a celebrar. Asimismo, busca ayudarnos a disponernos interiormente con un corazón puro para recibir al Señor que se nos da en alimento.

De ahora en adelante sería bueno que, cada vez que observemos que el sacerdote lava sus manos en la Misa, digamos en nuestro interior junto con él: “Lávame Señor de todos mis delitos y purifícame de todos mis pecados” y nos preparémonos para recibir a Cristo Eucaristía.

QUE NO TE ROBEN EL ADVIENTO


¿Cuántas veces la sociedad materialista, tus propios anhelos del espíritu navideño y el estrés de diciembre te han robado el Adviento? Aquí unas claves para evitarlo.

Por: P. Robert Havens | Fuente: DesdeLaFe.mx
Estamos en tiempo de Adviento ¿Sabías que la palabra “adviento” viene del latín, y quiere decir ‘la llegada’? El tiempo de Adviento está conformado de cuatro semanas que la Iglesia nos da para preparar la llegada de Cristo en Navidad. ¿Por qué cuatro semanas?

Ante todo, porque la Navidad –la llegada de Cristo al mundo– es una realidad tan importante, que no la podemos “digerir” de la noche a la mañana. Nadie prepara una boda la noche anterior. Como seres humanos, necesitamos tiempo para darnos cuenta de lo que viene, a fin de celebrarlo correctamente.

También necesitamos tiempo de preparación, pues en Navidad, Cristo llega para cada uno de nosotros. Pide posada en nuestro corazón y, si somos honestos, nuestro corazón no siempre es la posada más agradable y limpia. El Adviento nos da tiempo para prepararla y limpiarla, para recibir bien al Niño Jesús en la Nochebuena.

Por desgracia, parecería que el Adviento es todo lo contrario. Todo está ya adornado para Navidad, hay frenesí de compras, fiestas, pre-posadas, estrés. Y el día 26, tan sólo un día después de la gran llegada, ya estamos empacando las decoraciones y silenciando los villancicos. Todo está de cabeza. ¿Cuántas veces la sociedad materialista, tus propios anhelos del “espíritu navideño” y el estrés de diciembre te han robado el Adviento? ¿Y cómo hacer para que no te lo roben este año?

El primer paso consiste en darte cuenta que Navidad se celebra a partir de la Nochebuena, cuando celebramos la llegada de Cristo. No hay nada malo en las pre-fiestas que son parte de nuestra cultura, pero no hay que confundirlas con la verdadera Navidad. Si intentamos “adelantar” la celebración de Navidad, tendremos una celebración sin Cristo: algo tan ridículo como una fiesta de cumpleaños sin cumpleañero. Por eso, anticipar la celebración de la Navidad siempre nos dejará vacíos, sin verdadera alegría. En un mundo de luces y decoraciones, tenemos que darnos cuenta de que “¡todavía no!”

El siguiente paso es de apartar un momento de silencio cada día. No tiene que ser mucho: pueden ser tres minutitos, por ejemplo. Pero tres minutitos enteros en que me retiro, hago silencio y me acuerdo que Cristo viene en Navidad. ¡Cristo viene en Navidad! Si logras hacer esto diariamente, tu experiencia de la Navidad este año será muy diferente, y muy especial. En cambio, si no estableces momentos de silencio en tu Adviento, de repente será año nuevo y ni te habrás dado cuenta de la llegada personal del Señor…

Otra ayuda para vivir bien el Adviento es hacer de él un tiempo de preparación personal, como hacemos con la Cuaresma. Con actos de sacrificio y mejora personal, puedo “limpiar” el pesebre de mi corazón al que llegará el Niño Jesús el día 24. Una tarde sin radio, un café sin azúcar, una Misa entre semana, una sonrisa para una persona “pesada”, 5 pesos más para un pobre: todas son maneras de “barrer el pesebre” para que sea digno en su pobreza para el Rey que ha de venir.

Finalmente, los símbolos y prácticas externos también nos pueden ayudar a hacer del Adviento un tiempo de preparación. Tener una corona de Adviento en nuestro salón o lugar de trabajo y encender las velas correspondientes durante unas horas cada día, nos recuerda a fuerzas que todavía no ha llegado el Señor. También se puede leer un versículo del capítulo 1 ó 2 del Evangelio de san Lucas a la hora de encenderla. Otra práctica es construir nuestro Nacimiento gradualmente, añadiendo una pieza o decoración cada día del Adviento; pero sólo en los días en que nos hemos esforzado para vivir bien nuestro Adviento.

Un Adviento bien vivido asegura una Navidad hermosa y alegre. ¡Que no te pierdas tu Adviento!

El P. Robert Havens es Director de desarrollo institucional de la Cáritas arquidiocesana en México

UN CARDIÓLOGO ESTUDIA CINCO MILAGROS EUCARÍSTICOS Y CONCIDEN EN ALGO: ES «UN CORAZÓN VIVO QUE SUFRE»


La coincidencia en el grupo sanguíneo es estadísticamente sorprendente, dice Franco Serafini.

Zbigniew Kiernikowski, obispo de Legnica (Polonia), muestra el relicario con la forma del milagro.

El portal mariano Cari Filii News recoge un comentario al estudio del cardiólogo Franco Serafini sobre los cinco milagros eucarísticos examinados por científicos. El cuadro que resulta es asombroso: "Un diagnóstico clínico preciso, puntual y detallado que coincide perfectamente con lo que leemos en los Evangelios". Lo ha detallado en un libro al que Costanza Signorelli dedica un reportaje en La Nuova Bussola Quotidiana:
"Un corazón sangrante, que pertenece a un hombre joven, golpeado y condenado, oprimido por un  estrés severo de tipo psíco-físico y que, desde hace dos días, se encuentra suspendido entre la vida y la muerte". Es esta la descripción concreta de aquello que reciben los fieles católicos en el momento en el que el sacerdote pone en su lengua la Hostia consagrada. Y bien: no estamos citando la visión mística entregada por Dios a uno de sus santos. Esta vez es la ciencia la que habla claro y de manera irrefutable. Lo revela el Dr. Franco Serafini en su libro: Un cardiologo visita Gesù. I miracoli eucaristici alla prova della scienza [Un cardiólogo visita a Jesús. Los milagros eucarísticos, examinados por la ciencia].

Un libro imprescindible que reúne los cinco milagros eucarísticos revisados por la ciencia médica: Lanciano (Chieti, Abruzos, Italia, siglo VIII), Buenos Aires (1992-1994-1996), Tixtla (Guerrero, México, 2006), Sokółka (Polonia, 2008) y Legnica (Polonia, 2013). A estos se les añadiría un sexto -el milagro de Betania (1991)-, deliberadamente apartado de la tramitación por razones que expone el autor. Por el contrario, se incluyen los dossier sobre los  lienzos de la Pasión, cuya inclusión fue impuesta por los mismos resultados científicos, especialmente como consecuencia de los "desconcertantes resultados relacionados con el grupo sanguíneo", explica Serafini.

El cardiólogo nos introduce así en la enorme mole de trabajo que tuvo que afrontar, revisando personalmente todas las investigaciones realizadas en los últimos cincuenta años y colaborando, cuando fue posible, con los primeros científicos que "trataron" las reliquias. El resultado es un cuadro sorprendente: "Un diagnóstico clínico preciso, puntual y detallado que no entra en conflicto, más bien coincide, con lo que leemos en los Evangelios y recibimos como don de la Tradición católica". Pero procedamos con orden.

LANCIANO: UN CORAZÓN QUE LATE DEDE HACE TRECE SIGLOS
Todo nace con el milagro de Lanciano (Abruzzo, provincia de Chieti). En cierto modo se trata de un outsider respecto al complejo de los milagros eucarísticos citados, pero tal vez -también debido a esto-, es el preferido del Dr. Serafini: "Es un prodigio misterioso que tiene características increíbles. Si bien es poco valorado, se puede decir tranquilamente que estamos ante una de las más importantes reliquias de la cristiandad, que sobrevive dese hace trece siglos. Además, explica el cardiólogo, ha sido un milagro absolutamente generoso: no se trata de una Hostia que ha sangrado 'un poco'; ese día todo el Pan se convirtió en Carne y el todo el Vino en Sangre". Dicho milagro se sale de la norma por dos razones: ante todo, es el único que no pertenece a la época moderna, se verificó en el siglo VIII; en segundo lugar se diferencia por las modalidades específicas con las que se manifestó. Los milagros eucarísticos recientes, de hecho, se han verificado casi todos  después de la "eliminación" de una Hostia consagrada e irremediablemente comprometida.

Para quien no lo sepa, recordamos que en estos casos el procedimiento canónico prevé poner la partícula en un recipiente de agua hasta que se disuelva completamente, durante pocos días; después, el agua de la ablución tiene que revertirse en el sagrario. Pues bien, es este el pasaje que se produce en el prodigio, puesto que la Hostia consagrada, en vez de disolverse, se "transforma" en carne y sangre: así ocurrió en Buenos Aires, en Sokółka y en Legnica. En Lanciano no fue así: el prodigio ocurrió, puntualmente, durante la Consagración eucarística, afectando por entero no solo a la Hostia, sino también al Cáliz. Ademas, señala Serafini: "Me gusta porque es un milagro que persiste y nos acompaña desde hace más de 1300 años, transmitido ininterrumpidamente de una generación a otra: esto es muy reconfortante".

Hay, de hecho una "historia en la historia": así como en el siglo VIII el monje de San Basilio había dudado de la real presencia de Cristo en las especies eucarísticas -duda gracias a la cual se produjo el prodigio-, del mismo modo los monjes franciscanos de la generación pasada se encontraron en herencia una reliquia poco conocida y bastante "difícil", y también ellos estuvieron llenos de grandes dudas. Por este motivo, en 1970 los religiosos le pidieron al profesor Odoardo Linoli que realizara una serie de estudios científicos. Fue así cómo, de la segunda duda, nace el segundo milagro porque, precisamente gracias a esos análisis se obtuvo un descubrimiento sin precedentes en la historia: "El antiguo tejido analizado -se lee en el informe-, presenta las características típicas e inconfundibles de las células cardiacas. No es sólo el aspecto microscópico el recuerda el músculo cardíaco; es toda la estructura macroscópica de la carne la que recuerda a una sección entera del corazón".

Dicho en otras palabras: el 11 de diciembre de 1970 el profesor Linoli, al exponer a los monjes los primeros resultados de los estudios, escribirá lo siguiente: "In principio erat Verbum, et Verbum caro factum est!» (En el principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne). Cuando los análisis estuvieron ultimados, ya no hubo dudas de ningún tipo: la Hostia es carne, y la carne es un corazón humano. Un asombro detrás de otro: en Buenos Aires, en Tixtla, en Sokolka y en Legnica las investigaciones lo confirman, estamos ante un corazón humano. Pero no acaba aquí.

LA CIENCIA NO TIENE DUDAS: LA HOSTIA AÚN SUFRE
Hay un aspecto particular con el cual la ciencia puede dar un auténtico valor añadido al fiel que se acerca al Misterio eucarístico y, al mismo tiempo, suscitar un sobresalto en quien aún no cree. Serafini lo cuenta así: "El tejido cardiaco analizado presenta una doble característica: por una parte la fragmentación/segmentación de las fibras y, por la otra, la infiltración leucocitaria". Traducido: "Esta descripción médica detallada", explica el cardiólogo, "nos hace comprender que el sufrimiento de Jesús no es una cuestión genérica; o sea, decir que Jesús sufrió no es un término vago o abstractamente espiritual. Al contrario, esto se traduce en conceptos precisos de tipo anatomopatológico o histopatológico de los cuales, como veremos, es posible deducir hipótesis de diagnóstico".

Pero hay más: los leucocitos están activos, lo que significa que la muestra de tejido, en el momento en que fue recogida para ser analizada, ¡aún estaba viva! Estamos ante un resultado sencillamente inexplicable desde el punto de vista científico, y Serafini nos explica el porqué: "Una vez que han sido separados del organismo viviente del que proceden, o después de la muerte del mismo, los leucocitos sobreviven en agua, sin disolverse, sólo durante unos minutos, máximo una hora". Para comprender la sorpresa de los científicos, basta pensar que, en el caso de la reliquia de Buenos Aires, el tejido estudiado estuvo conservado en agua destilada y sin nutrientes durante más de tres años.

Pero prosigamos. Una vez dicho que el tejido está vivo y sufre, la pregunta surge espontánea: ¿ante qué tipo de sufrimiento nos encontramos? También en este caso el diagnóstico que se prefigura es absolutamente preciso y coherente con el dato de la fe: "En lo que respecta a la sangre", detalla el cardiólogo, "la linfocitosis y la hipogammaglobulinemia encontradas en el laboratorio son compatibles con el cuadro clínico de un paciente politraumatizado: una persona pisoteada, golpeada o víctima de un grave accidente, sometida a un grave shock, con una situación de estrés psicofísico agudo o subagudo, con una línea temporal de uno/dos días desde el comienzo de dicha situación".

El mismo discurso vale para el tejido cardíaco que nos desvela "no una enfermedad cardíaca o un infarto que depende de defectos coronarios, sino más bien un daño severo de estrés mediado por las catecolaminas... Es decir, hablamos de ese tipo de situación que vemos en las biopsias o en las autopsias de los pacientes que han sufrido una grave postración de tipo psíquico, farmacológico o traumático. Por ejemplo, en víctimas de un accidente aéreo o en... condenados a muerte".

EL GRUPO SANGUÍNEAO Y... LA BOMBA DE GRACIA
De entre los numerosos aspectos en los que se han centrado las diferentes investigaciones, hay uno en particular que, para la ciencia, no admite réplicas. Se trata del descubrimiento del grupo sanguíneo, en esos casos en los que se han realizado los análisis pertinentes. Hablamos de Lanciano, Tixtla y de los tres principales lienzos de la Pasión: la Sindone de Turín, el Sudario de Oviedo y la Túnica de Argenteuil.

Y bien, cinco veces sobre cinco se ha encontrado, sin excepción, el mismo grupo sanguíneo: AB. "Este resultado", explica Serafini, "es, como poco, desconcertante, porque se apoya en un dato de estadística matemática que elimina cualquier duda sobre la casualidad y la veracidad de estos prodigios eucarísticos". El porqué es muy sencillo: "Cinco informes hematológicos, procedentes de materiales distintos, separados entre ellos por épocas históricas muy lejanas, por distancias geográficas -incluso transoceánicas-, cuatro de los cuales nos han llegado de épocas en las que se desconocía qué eran los grupos sanguíneos y, por lo tanto, a mayor razón, imposibles de falsificar... pues bien, los cinco, según los datos repetidos más de una vez con metodologías distintas y en laboratorios distintos, pertenecen siempre al grupo sanguíneo AB". Se trata de una verdadera bomba estadística que -nos explica el científico con números en la mano-, nos demuestra la autenticidad de los tejidos al 99,99996875%. En pocas palabras, estamos ante un milagro dentro un milagro que, según Serafini, es poco conocido y es infravalorado.

En conclusión: si el estudio en cuestión tiene el mérito de proporcionar un análisis científico de altísimo nivel, el libro del doctor Serafini tiene un mérito adicional. Partiendo de una pregunta aparentemente retórica, pero fundamental ("¿Tiene el hombre de fe la necesidad de una prueba científica para creer en el milagro eucarístico?"), llega a una respuesta final esclarecedora: "El milagro eucarístico se da como alimento al hombre moderno, se le entrega y ofrece sin reservas para sostener su fe vacilante, igual que el Pan partido". Y lo hace con la infinita humildad y delicadeza de Jesucristo: "La luz que emana de estos prodigios no es deslumbrante. Por mucho que algunos resultados científicos sean desconcertantes, es evidente que el milagro eucarístico se contiene, se autolimita y no quiere aplastar con su evidencia el frágil tesoro de nuestra fe". Es decir, si Dios quisiera, en su Omnipotencia podría conducirnos a cualquier evidencia científica, suficiente para convencer a cualquiera de Su Verdad. Pero, evidentemente, no es esta la Voluntad de Nuestro Señor. Nos lo dice la fe y nos lo repite la ciencia: Jesús Eucaristía quiere ser creído, amado y adorado por el hombre libre, que Lo desea con total pasión. He aquí la Comunión viva con Aquel que nos ama primero: el don de Su corazón.

Traducción de Elena Faccia Serrano tomada de Cari Filii News.