lunes, 22 de enero de 2018

UN ÁNGELUS DEDICADO A LOS JÓVENES: NO «PHOTOSHOPEAR» EL CORAZÓN, JESÚS NO SE DESANIMA DE NOSOTROS


La Plaza de Armas de Lima se llenó este domingo para escuchar al Papa antes del rezo del Ángelus. Sus palabras tuvieron como destinatario principal a los jóvenes, a quienes insistió en que no se desanimen en seguirle por que tengan fallos, porque "Jesús no se desanima" de nosotros.

“No te maquilles el corazón”, aconsejó el Papa a los jóvenes peruanos, según recoge Zenit: "Cuando Jesús nos mira, no piensa en lo perfectos que somos, sino en todo el amor que tenemos en el corazón para brindar y servir a los demás. ¿Cuánto amor tengo yo en mi corazón?”. Francisco invitó a los presentes a reflexionar en silencio sobre ello, como haría más adelante en varias ocasiones en las que interaccionó con el gentío.

Insistió sobre todo en mostrarnos a Dios tal como somos: “Sé que es muy lindo ver las fotos arregladas digitalmente, pero eso sólo sirve para las fotos, no podemos hacerle Photoshop a los demás, a la realidad, ni a nosotros. Hay fotos que son muy lindas, pero están todas trucadas y déjenme decirles que el corazón no se puede photoshopear, porque ahí es donde se juega el amor verdadero, ahí se juega la felicidad, y ahí mostrás lo que sos. ¿Cómo es tu corazón?”.

El Papa pidió fortaleza de espíritu a los jóvenes: “Hay momentos donde pueden sentir que se quedan sin poder realizar el deseo de sus vidas, de sus sueños. Todos hemos pasado situaciones así. Queridos amigos, en esos momentos donde parece que se apaga la fe no se olviden que Jesús está a su lado. ¡No se den por vencidos, no pierdan la esperanza!”.

"Jesús no quiere que te «maquillen» el corazón"
, concluyó: Él te ama así como sos y tiene un sueño para realizar con cada uno de ustedes. No se olviden: Él no se desanima de nosotros".

El Angelus terminó con una referencia específica a la República Democrática del Congo, donde las protestas contra el presidente Joseph Kabila concluyeron con disturbios y varios muertos. A sus autoridades pidió "máximo empeño y esfuerzo a fin de evitar toda clase de violencia y buscar soluciones en favor del bien común".

PALABRAS DEL PAPA (NO INCLUYE TODAS LAS IMPROVISACIONES)
Queridos jóvenes: Me alegra poder reunirme con ustedes. Estos encuentros para mí son muy importantes y más en este año en el cual nos preparamos para el Sínodo sobre los jóvenes. Sus rostros, sus búsquedas, sus vidas, son importantes para la Iglesia y debemos darle la importancia que se merecen y tener la valentía que tuvieron muchos jóvenes de esta tierra que no se asustaron de amar y jugársela por Jesús.

¡Queridos amigos, cuántos ejemplos tienen ustedes! Pienso en san Martín de Porres. Nada le impidió a ese joven cumplir sus sueños, nada le impidió gastar su vida por los demás, nada le impidió amar y lo hizo porque había experimentado que el Señor lo había amado primero. Así como era: mulato, y teniendo que enfrentar muchas privaciones. A los ojos humanos, o de sus amigos, parecía que tenía todo para «perder» pero él supo hacer algo que sería el secreto de su vida: confiar. Confió en el Señor que lo amaba, ¿saben por qué? Porque el Señor había confiado primero en él; como confía en cada uno de ustedes y no se cansará nunca de confiar.

Me podrán decir: pero hay veces que se vuelve muy difícil. Los entiendo. En esos momentos pueden venir pensamientos negativos, sentir que hay muchas situaciones que se nos vienen encima y pareciera que nos vamos quedando «fuera del mundial»; pareciera que nos van ganando. Pero no es así, ¿verdad?

Hay momentos donde pueden sentir que se quedan sin poder realizar el deseo de sus vidas, de sus sueños. Todos hemos pasado situaciones así. Queridos amigos, en esos momentos donde parece que se apaga la fe no se olviden que Jesús está a su lado. ¡No se den por vencidos, no pierdan la esperanza! No se olviden de los santos que desde el cielo nos acompañan; acudan a ellos, recen y no se cansen de pedir su intercesión. Esos santos de ayer pero también de hoy: esta tierra tiene muchos, porque es una tierra «ensantada». Busquen la ayuda, el consejo de personas que ustedes saben que son buenas para aconsejar porque sus rostros muestran alegría y paz. Déjense acompañar por ellas y así andar el camino de la vida.

Jesús quiere verlos en movimiento; quiere verte llevar adelante tus ideales, y que te animes a seguir sus instrucciones. Él los llevará por el camino de las bienaventuranzas, un camino nada fácil pero apasionante, un camino que no se puede recorrer sólo, sino en equipo, donde cada uno puede colaborar con lo mejor de sí. Jesús cuenta contigo como lo hizo hace mucho tiempo con santa Rosa de Lima, santo Toribio, san Juan Macías, san Francisco Solano y tantos otros. Hoy te pregunta a vos si, al igual que ellos, estás dispuesto a seguirlo. ¿Estás dispuesto a seguirlo? ¿A dejarte impulsar por su Espíritu para hacer presente su Reino de justicia y amor?

Hagamos un poco de silencio, cada uno que mire en su corazón como es su propia vida. Y vas a encontrar que por momentos hay cosas buenas y que por momentos no hay cosas tan buenas. (…) Y desde nuestro corazón decirle: ¡Gracias Jesús, gracias Jesús! Se lo decimos todos: ¡gracias Jesús!

Queridos amigos, el Señor los mira con esperanza, nunca se desanima de nosotros. Quizás nosotros sí podemos desanimarnos de nosotros mismos o de los demás.

Sé que es muy lindo ver las fotos arregladas digitalmente, pero eso sólo sirve para las fotos, no podemos hacerle «photoshop» a los demás, a la realidad, ni a nosotros. Los filtros de colores y la alta definición sólo van bien en los videos, pero nunca podemos aplicárselos a los amigos. Hay fotos que son muy lindas, pero están todas trucadas y déjenme decirles que el corazón no se puede «photoshopear», porque ahí es donde se juega el amor verdadero, ahí se juega la felicidad, y ahí mostrás lo que sos. ¿Cómo es tu corazón?

Jesús no quiere que te «maquillen» el corazón; Él te ama así como sos y tiene un sueño para realizar con cada uno de ustedes. No se olviden: Él no se desanima de nosotros. Y si ustedes se desaniman los invito a agarrar la Biblia y a acordarse y a leer ahí a los amigos que Jesús eligió, que Dios se eligió:

Moisés era tartamudo; Abrahán, un anciano; Jeremías, muy joven; Zaqueo un “petiso”, uno de baja estatura; los discípulos, cuando Jesús les decía que tenían que rezar, se dormían; la Magdalena una pecadora pública, Pablo, un perseguidor de cristianos; Pedro, lo negó… después lo hizo Papa, pero lo negó, y así podríamos seguir esta lista. ¿Qué excusa queremos poner?

Cuando Jesús nos mira, no piensa en lo perfecto somos, sino en todo el amor que tenemos en el corazón para brindar y servir a los demás. No te maquilles el corazón. (…) ¿Cuánto amor tengo yo en mi corazón? Esas respuestas quiero que las hagamos también a nuestra Madre.

Queridos jóvenes: En mi oración los pongo en manos de la Virgen. Tengan por seguro que Ella los acompañará en todos los momentos de su vida, en todas las encrucijadas de sus caminos, especialmente cuando tengan que tomar decisiones importantes; allí estará Ella, como buena Madre, impulsándolos, sosteniéndolos para que no se desanimen. ¡No se desanimen! Vayan adelante, todos juntos, porque la vida vale la pena vivirla con la frente alta! ¡Que Dios los bendiga!


«ANTE EL AMOR DE DIOS NO SE PUEDE SER INDIFERENTE», AVISA EL PAPA EN LA MISA MASIVA PREVIA AL ADIÓS


Aproximadamente a las siete de la tarde, hora local (la una de la madrugada en España), el avión que traslada a Francisco de regreso a Roma partió del aeropuerto militar Grupo Aéreo nº 8 de Lima, donde fue despedido por el presidente Pedro Pablo Kuczynski. Queda atrás una semana de viaje pastoral a Chile y Perú que concluyó con el acto más multitudinario: la misa en la base aérea de Las Palmas de la capital peruana, con una asistencia estimada de 1.300.000 personas.

Según recoge Aciprensa, al llegar al lugar, abarrotado de fieles, el Santo Padre hizo un tour en el papamóvil que duró aproximadamente media hora para poder saludar a la multitud que lo esperó desde la noche anterior, con una temperatura no demasiado alta pero con mucho bochorno. Al inicio de la Misa, el Papa bendijo la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización, patrona de la Arquidiócesis de Lima.

Con la auténtica imagen del Señor de los Milagros que sale en procesión cada año como telón de fondo y acompañado de unos mil sacerdotes que concelebraron la Misa, el Pontífice alertó a los fieles ante las situaciones de dolor que pueden generar “la tentación de huir, de escondernos, de zafar”: “Y al ver estas cosas en nuestras ciudades, en nuestros barrios –que podrían ser un espacio de encuentro y solidaridad, de alegría– se termina provocando lo que podemos llamar el síndrome de Jonás: un espacio de huida y desconfianza”.

En medio de ese dolor y sufrimiento, dijo el Papa, es importante recordar que “el Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros. Ha llegado hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia”. 

Luego de recordar que ante el amor de Dios “no se puede permanecer indiferentes”, el Papa resaltó que así “Jesús camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción”. Ahora, continuó Francisco, “Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz”.

“¿Cómo encenderemos la esperanza si faltan profetas? ¿Cómo encararemos el futuro si nos falta unidad? ¿Cómo llegará Jesús a tantos rincones, si faltan audaces y valientes testigos?”,
se preguntó. Y concluyó con una exhortación: “Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, tu ciudad. Te invita a que seas su discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!”.

TEXTO ÍNTEGRO DE LA  HOMILÍA DEL PAPA EN LA BASE AÉREA DE LAS PALMAS

 «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícales el mensaje que te digo» (Jn 3,2). Con estas palabras, el Señor se dirigía a Jonás poniéndolo en movimiento hacia esa gran ciudad que estaba a punto de ser destruida por sus muchos males.

También vemos a Jesús en el Evangelio de camino hacia Galilea para predicar su buena noticia (cf. Mc 1,14). Ambas lecturas nos revelan a Dios en movimiento de cara a las ciudades de ayer y de hoy.

El Señor se pone en camino: va a Nínive, a Galilea, a Lima, a Trujillo, a Puerto Maldonado. Aquí viene el Señor. Se pone en movimiento para entrar en nuestra historia personal y concreta.

Lo hemos celebrado hace poco: el Emmanuel, el Dios que quiere estar siempre con nosotros. Sí, aquí en Lima, o donde estés viviendo, en la vida cotidiana del trabajo rutinario, en la educación esperanzadora de los hijos, entre tus anhelos y desvelos; en la intimidad del hogar y en el ruido ensordecedor de nuestras calles.

Es allí, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde el Señor viene a tu encuentro. Algunas veces nos puede pasar lo mismo que a Jonás. Nuestras ciudades, con las situaciones de dolor e injusticia que a diario se repiten, nos pueden generar la tentación de huir, de escondernos, de zafar.

Y razones, ni a Jonás ni a nosotros nos faltan. Mirando la ciudad podríamos comenzar a constatar que existen «ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar —y eso nos alegra—, el problema está es que son muchísimos los “no ciudadanos”, “los ciudadanos a media” o los “sobrantes urbanos”» que están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna y duele constatar que muchas veces entre estos «sobrantes humanos» se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro.

Y al ver estas cosas en nuestras ciudades, en nuestros barrios —que podrían ser un espacio de encuentro y solidaridad y de alegría— se termina provocando lo que podemos llamar el síndrome de Jonás: un espacio de huida y desconfianza (cf. Jon 1,3).

Un espacio para la indiferencia, que nos transforma en anónimos y sordos ante los demás, nos convierte en seres impersonales de corazón cauterizado y, con esta actitud, lastimamos el alma del pueblo. De este pueblo noble. Como nos lo señalaba Benedicto XVI, «la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. […] Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana».

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. A diferencia de Jonás, Jesús, frente a un acontecimiento doloroso e injusto como fue el arresto de Juan, entra en la ciudad, entra en Galilea y comienza desde ese pequeño pueblo a sembrar lo que sería el inicio de la mayor esperanza: El Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros.

Y el Evangelio mismo nos muestra la alegría y el efecto en cadena que esto produce: comenzó con Simón y Andrés, después Santiago y Juan (cf. Mc 1,14-20) y, desde esos días, pasando por Santa Rosa de Lima, Santo Toribio, San Martín de Porres, San Juan Macías, San Francisco Solano, ha llegado hasta nosotros anunciado por esa nube de testigos que han creído en Él. Ha llegado hasta Lima, hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia.

Porque ante este Amor, no se puede permanecer indiferente. Jesús invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina.

Los invita a generar nuevos lazos, nuevas alianzas portadoras de eternidad. Jesús camina la ciudad lo hace con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción.

Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo suscitando una nueva esperanza. Llama a sus discípulos y los invita a ir con Él, los invita a caminar la ciudad, pero les cambia el ritmo, les enseña a mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias.

Conviértanse, les dice: el Reino de los Cielos es encontrar en Jesús a Dios que se mezcla vitalmente con su pueblo, se implica e implica a otros a no tener miedo de hacer de esta historia, una historia de salvación (cf. Mc 1,15.21 y ss.).

Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz. Jesús sigue invitando y quiere ungirnos con su Espíritu para que también nosotros salgamos a ungir con esa unción, capaz de sanar la esperanza herida y renovar nuestra mirada.

Jesús sigue caminando y despierta la esperanza que nos libra de conexiones vacías y de análisis impersonales e invita a involucrarnos como fermento allí donde estemos, donde nos toque vivir, en ese rinconcito de todos los días.

El Reino de los cielos está entre ustedes —nos dice— está allí donde nos animemos a tener un poco de ternura y compasión, donde no tengamos miedo a generar espacios para que los ciegos vean, los paralíticos caminen, los leprosos sean purificados y los sordos oigan (cf. Lc 7,22) y así todos aquellos que dábamos por perdidos gocen de la Resurrección. Dios no se cansa ni se cansará de caminar para llegar a sus hijos. A cada uno ¿Cómo encenderemos la esperanza si faltan profetas? ¿Cómo encararemos el futuro si nos falta unidad? ¿Cómo llegará Jesús a tantos rincones, si faltan audaces y valientes testigos?

Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, te invita a caminar con Él tu ciudad. Te invita a que seas su discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!


FINALIZA EL VIAJE DEL PAPA A CHILE Y PERÚ


De vuelta a Roma

Después de celebrar la última misa en la base aérea de Las Palmas, en Lima, el Papa Francisco se dirigió al aeropuerto de la capital para participar de la celebración oficial de despedida antes de emprender su vuelo de regreso a Roma.
(Vatican news) Culmina así el 22° Viaje Apostólico Internacional de su Pontificado que lo llevó por tierras chilenas y peruanas: una visita especial marcada por significativos gestos, discursos y encuentros del Papa con el pueblo, en los que «la defensa de la esperanza y el trabajo por la unidad» han estado al centro.
En torno a las 18:30 horal local, el Santo Padre fue recibido por el presidente de la nación, Pedro Pablo Kuczynski, acompañado por la Primera dama, Nancy Lange y el séquito presidencial con quienes intercambió diálogos durante algunos minutos.
Tras presenciar los saludos de la Guardia de Honor y las respectivas delegaciones, el Pontífice se despidió de Perú poniendo rumbo a Roma en un avión de la compañía chilena LATAM, vuelo B767, que despegó a las 19:12, y en el que recorrerá unos 11.223 km a lo largo de unas 13 horas y media de viaje.
El aterrizaje está previsto, el lunes 22 de enero, en el aeropuerto de Ciampino, tras haber sobrevolado los países de Perú, Colombia, Venezuela, Portugal, España, Francia y finalmente Italia.

domingo, 21 de enero de 2018

EL PAPA ENCOMIENDA TODAS LAS NECESIDADES HUMANAS A LA ORACIÓN DE LAS RELIGIOSAS CONTEMPLATIVAS


Francisco inició su jornada dominical en Lima con un encuentro con 550 religiosas contemplativas en el Santuario de las Nazarenas, carmelitas descalzas guardianas de la imagen del Señor de los Milagros, a quien dirigen su devoción todos los peruanos. Allí presidió el rezo de tercia, y tras escuchar el saludo de la Madre Soledad, priora del convento, dirigió unas palabras a las monjas congregadas, que comenzó mandando un saludo a los cuatro Carmelos de Buenos Aires.

El Papa centró sus palabras iniciales en la filiación divina: "La riqueza de toda vocación cristiana" es "el gozo de sabernos hijos. Esta es la experiencia que sustenta nuestras vidas, la cual quiere ser siempre una respuesta agradecida a ese amor. ¡Qué importante es renovar día a día este gozo! Sobre todo en los momentos en que el gozo parece que se fuera, el alma está nublada, hay cosas que no se entienden. Ahí volverlo a pedir y renovar: soy hija, soy hija de Dios".

El instrumento para renovar esa certeza es "la vida de oración, comunitaria y personal", añadió: "La oración es el núcleo de vuestra vida consagrada, de esta vida contemplativa. Es el modo de cultivar la experiencia de amor que sostiene nuestra fe".

Francisco citó unas palabras de Santa Teresita del Niño Jesús sobre el amor como corazón de la Iglesia, y las referenció a cada una de las religiosas presentes: "Si alguna está media flojita y se le apagó el fueguito del amor: pida, pida, pues es un regalo de Dios poder amar, ¡ser el amor! Es saber estar al lado del sufrimiento de tantos hermanos". Por eso encomendó todas las causas a la intercesión de su oración como misión particular de la vida contemplativa: "No tengan vergüenza de hacer con la oración que la miseria de los hombres se acerque al poder de Dios. Esa es la oración vuestra".

"Les pido que recen por la unidad de la Iglesia peruana, porque está tentada de desunión", dijo el Papa a las religiosas.

"Que la intercesión por los necesitados sea la característica de vuestra plegaria", insistió.

Recordando los males que en otras ocasiones ha señalado en la vida de comunidad, afirmó que "la vida de clausura no encierra ni encoge el corazón sino que lo ensancha. ¡Ay de la monja que tiene el corazón encogido! Por favor, busquen remedio, no se puede ser monja contemplativa con el corazón encogido... Las monjas encogidas son monjas que han perdido la fecundidad, que no son madres, se quejan de todo. No sé, amargadas. Siempre están buscando un triquis miquis para quejarse... En el convento no hay lugar para las coleccionistas de injusticias, sino hay lugar para aquellas que abren el corazón y saben llevar la cruz, la cruz fecunda, la cruz del amor, la cruz que da vida".

Si se hace de otra manera, el demonio instaura su dominio, por medio de otro enemigo siempre destacado por Francisco, los chismes: "El demonio es mentiroso y además es chismoso. Le encanta andar llevando de un lado por el otro, busca dividir, quiere que en la comunidad unas hablen mal de las otras.... El mejor remedio para no chismear... morderse la lengua".

Por último, concluyó afirmando la necesidad que tiene la Iglesia de las monjas de clausura y su oración intercesora: "La Iglesia las necesita con su vida fiel. Sean faros e indiquen a Aquel que es camino, verdad y vida, al único Señor que ofrece plenitud a nuestra existencia y da vida en abundancia. Recen por la Iglesia, recen por los pastores, por los consagrados, por las familias, por los que sufren, por los que hacen daño y destruyen tanta gente, por los que explotan a sus hermanos. Y por favor siguiendo con la lista de pecadores, no se olviden de rezar por mí".

TEXTO COMPLETO DE LAS PALABRAS DEL PAPA A LAS RELIGIOSAS DE CLAUSURA

Queridas hermanas de los diversos monasterios de vida contemplativa: ¡Qué bueno es estar aquí, en este Santuario del Señor de los Milagros, tan frecuentado por los peruanos, para pedirle su gracia y para que nos muestre su cercanía y su misericordia! Él, que es «faro que guía, que nos ilumina con su amor divino».

Al verlas a ustedes aquí, me viene un mal pensamiento: que aprovecharon para salir del convento un rato y dar un paseíto. Gracias Madre Soledad por sus palabras de bienvenida y a todas ustedes que «desde el silencio del claustro caminan siempre a mi lado». Y también me lo van a permitir porque me toca al corazón: desde aquí mandar un saludo a mis cuatro Carmelos de Buenos Aires. También a ellas las quiero poner ante el Señor de los Milagros porque ellas me acompañaron en mi ministerio en aquella diócesis y quiero que estén aquí para que el Señor las bendiga. ¿No se ponen celosas, no?

Escuchamos las palabras de San Pablo, recordándonos que hemos recibido el espíritu de adopción filial que nos hace hijos de Dios (cf. Rm 8,15-16). Esas pocas palabras condensan la riqueza de toda vocación cristiana: el gozo de sabernos hijos.

Esta es la experiencia que sustenta nuestras vidas, la cual quiere ser siempre una respuesta agradecida a ese amor. ¡Qué importante es renovar día a día este gozo! Sobre todo en los momentos en que el gozo parece que se fuera, el alma está nublada, hay cosas que no se entienden. Ahí volverlo a pedir y renovar: soy hija, soy hija de Dios.

Un camino privilegiado que tienen ustedes para renovar esta certeza es la vida de oración, oración comunitaria y personal. La oración es el núcleo de vuestra vida consagrada, esta vida contemplativa. Es el modo de cultivar la experiencia de amor que sostiene nuestra fe, y como bien nos decía la Madre Soledad, es una oración siempre misionera. No es una oración que rebota en los muros del convento y vuelve para atrás. Es una oración que va y sale y sale.

La oración misionera es la que logra unirse a los hermanos en las variadas circunstancias en que se encuentran y rezar para que no les falte el amor y la esperanza.

Así lo decía Santa Teresita del Niño Jesús: «Entendí que solo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase el amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno… en el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor».

Ojalá que cada una de ustedes pueda decir esto. Si alguna está media flojita y se le apagó el fueguito del amor: pida, pida, pues es un regalo de Dios poder amar, ¡Ser el amor! Es saber estar al lado del sufrimiento de tantos hermanos y decir con el salmista: «En el peligro grité al Señor, y me escuchó, poniéndome a salvo» (Sal 117,5). Así vuestra vida en clausura logra tener un alcance misionero y universal y «un papel fundamental en la vida de la Iglesia».

Rezan e interceden por muchos hermanos y hermanas presos, emigrantes, refugiados y perseguidos; por tantas familias heridas, por las personas en paro, por los pobres, por los enfermos, por las víctimas de dependencias, por no citar más que algunas situaciones que son cada día más urgentes.

Ustedes son como aquellos amigos que llevaron al paralítico ante el Señor, para que lo sanara. No tenían vergüenza, eran sinvergüenzas, pero bien dicho, no tuvieron vergüenza de hacer un agujero en el techo y bajar al paralítico (cf. Mc 2,1-12). Sean sinvergüenzas. No tengan vergüenza de hacer con la oración que el poder, que la miseria de los hombres se acerque al poder de Dios. Esa es la oración vuestra.

Por la oración, día y noche, acercan al Señor la vida de muchos hermanos y hermanas que por diversas situaciones no pueden alcanzarlo para experimentar su misericordia sanadora, mientras que Él los espera para llenarlos de gracias.

Por vuestra oración ustedes curan las llagas de tantos hermanos. Por eso mismo podemos afirmar que la vida de clausura no encierra ni encoge el corazón sino que lo ensancha. ¡Ay de la monja que tiene el corazón encogido! Por favor, busquen remedio, no se puede ser monja contemplativa con el corazón encogido. Que vuelva a respirar, que vuelva a ser un corazón grande. Además las monjas encogidas son monjas que han perdido la fecundidad, que no son madres, se quejan de todo. No sé, amargadas. Siempre están buscando un triquis miquis para quejarse. La santa madre decía ¡Ay de la monja que dice me hicieron sin razón!, me hicieron una injusticia. En el convento no hay lugar para las coleccionistas de injusticias, sino hay lugar para aquellas que abren el corazón y saben llevar la cruz, la cruz fecunda, la cruz del amor, la cruz que da vida.

El amor ensancha el corazón y por el trato con el Señor, vamos adelante porque él nos hace capaz de sentir de un modo nuevo el dolor, el sufrimiento, la frustración, la desventura de tantos hermanos que son víctimas en esta «cultura del descarte» de nuestro tiempo.

Que la intercesión por los necesitados sea la característica de vuestra plegaria. Con los brazos en alto como Moisés con el corazón así pidiendo. Y cuando sea posible ayúdenlos, no solo con la oración, sino también con algún servicio concreto. ¡Cuántos conventos de ustedes sin faltar a la clausura, en algunos momentos en el locutorio pueden hacer tanto bien. La oración de súplica que se hace en sus monasterios sintoniza con el Corazón de Jesús que implora al Padre para que todos seamos uno, así el mundo creerá (cf. Jn 17,21).

¡Cuánto necesitamos de la unidad de la Iglesia! que todos sean uno. ¡Cuántos necesitamos que los bautizados sean uno, que los consagrados sean uno, que los sacerdotes sean uno, que los obispos sean uno! ¡Hoy y siempre! Unidos en la fe. Unidos por la esperanza. Unidos por la caridad. En esa unidad que brota de la comunión con Cristo que nos une al Padre en el Espíritu y, en la Eucaristía, nos une unos con otros en ese gran misterio que es la Iglesia. Les pido, por favor, que recen mucho por la unidad de esta amada Iglesia peruana porque está tentada de desunión. A ustedes le encomiendo la unidad, la unidad de la Iglesia, la unidad de los agentes pastorales, de los consagrados, del clero y de los obispos,

El demonio es mentiroso y además es chismoso. Le encanta andar llevando de un lado por el otro, busca dividir, quiere que en la comunidad unas hablen mal de las otras. Esto lo he dicho muchas veces así que lo repito. ¿Saben lo qué es la monja chismosa? Es terrorista, peor que los de los de Ayacucho hace años, peor, porque el chisme es como una bomba: entonces va... como el demonio, tira la bomba, destruye y se va tranquilo. Monjas terroristas no, sin chisme, ya saben que el mejor remedio para no chismear... morderse la lengua, la enfermera va a tener trabajo porque se le va a inflamar la lengua, pero no tiraron la bomba: que no haya chismes en el convento porque eso lo inspira el demonio, porque es chismoso por naturaleza y es mentiroso. Y acuérdense de los terroristas de Ayacucho cuando tengan ganas de pasar un chisme.

Esfuércense en la vida fraterna, haciendo que cada monasterio sea un faro que pueda iluminar en medio de la desunión y la división. Ayuden a profetizar que esto es posible. Que todo aquel que se acerque a ustedes pueda pregustar la bienaventuranza de la caridad fraterna, tan propia de la vida consagrada y tan necesitada en el mundo de hoy y en nuestras comunidades. Cuando se vive la vocación en fidelidad, la vida se hace anuncio del amor de Dios.

Les pido que no dejen de dar ese testimonio. En esta Iglesia de Nazarenas Carmelitas Descalzas, me permito recordar las palabras que la gran Maestra de vida espiritual, Santa Teresa nos decía: «Si pierden la guía, que es el buen Jesús, nunca acertarán el camino. […] Siempre detrás de Él. Ah Padre pero a veces Jesús termina en el Calvario. Pues andá vos ahí también, porque ahí también te espera porque te quiere. Porque el mismo Señor dice que es camino; también dice el Señor que es luz, y que no puede nadie ir al Padre sino por Él».

Queridas hermanas, sepan una cosa, la Iglesia no las tolera a ustedes ¿eh? ¡Las necesita! La Iglesia las necesita con su vida fiel sean faros e indiquen a Aquel que es camino, verdad y vida, al único Señor que ofrece plenitud a nuestra existencia y da vida en abundancia.

Y recen por la Iglesia, recen por los pastores, por los consagrados, por las familias, por los que sufren, por los que hacen daño, y destruyen tanta gente, por los que explotan a sus hermanos. Y por favor siguiendo con la lista de pecadores, no se olviden de rezar por mí. Gracias.


EL PAPA CITA 5 VIRTUDES QUE DEBEN TENER LOS OBISPOS Y LES PONE A SANTO TORIBIO COMO MODELO DE ELLAS


Francisco se dirigió a los obispos peruanos este domingo en el Palacio Arzobispal de Lima para ponerles como modelo a Santo Toribio de Mogrovejo, cuyas reliquias había venerado momentos antes junto a las de otros cuatro santos peruanos.

Santo Toribio de Mogrovejo, natural de Mayorga (Valladolid, España), fue el segundo arzobispo de Lima y en su desempeño como tal, entre 1581 y 1606, cuando falleció, dejó una huella profunda erigida por el Papa en ejemplo a seguir. Es, de hecho, el patrono del episcopado iberoamericano.

El Papa, en concreto, destacó en él cinco virtudes que sugirió seguir a sus sucesores.

Primera, recorrió el territorio tres veces en 18 años: "Quiso llegar a la otra orilla en busca de los lejanos y dispersos. Y para eso tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba, y ¡cuánto se lo necesitaba!". "Hoy le llamaríamos un Obispo «callejero»", resumió: "Un obispo con suelas gastadas por andar, por recorrer, por salir al encuentro".

Segunda, se adaptó a la cultura que quería evangelizar: "Quiso llegar a la otra orilla no solo geográfica sino cultural. Fue así como promovió por muchos medios una evangelización en lengua nativa". Y la aplicación actual: "¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI!, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como es el digital, por citar un ejemplo. Conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños".

Tercera, practicó la caridad: "Quiso llegar a la otra orilla de la caridad. Para nuestro patrono la evangelización no podía darse lejos de la caridad.. Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano. En sus visitas pudo constatar los abusos y los excesos que sufrían las poblaciones originarias, y así no le tembló el pulso, en 1585, cuando excomulgó al corregidor de Cajatambo, enfrentándose a todo un sistema de corrupción y tejido de intereses". Así también hoy, "no hay auténtica evangelización que no anuncie y denuncie toda falta contra la vida de nuestros hermanos, especialmente contra la vida de los más vulnerables".

Cuarta, formó al clero: "Quiso llegar a la otra orilla en la formación de sus sacerdotes. Fundó el primer seminario postconciliar en esta zona del mundo, impulsando de esta manera la formación del clero nativo". Porque el buen obispo "es el pastor que conoce a sus sacerdotes. Busca alcanzarlos, acompañarlos, estimularlos, amonestarlos... Pero no lo hace desde «el escritorio», y así puede conocer a sus ovejas y ellas reconocen en su voz, la voz del Buen Pastor".

Quinta, promovió la unidad: "Quiso llegar a la otra orilla, la de la unidad. Promovió de manera admirable y profética la formación e integración de espacios de comunión y participación entre los distintos integrantes del Pueblo de Dios". Hoy también, "no podemos negar las tensiones, existen; las diferencias existen. Es imposible una vida sin conflictos, pero estos nos exigen, si somos hombres y cristianos, mirarlos de frente y asumirlos. Pero asumirlos en unidad, en diálogo honesto y sincero, mirándonos a la cara y cuidándonos de caer en tentación, o de ignorar lo que pasó o quedar prisioneros y sin horizontes que ayuden a encontrar caminos que sean de unidad y de vida".

Francisco finalizó evocando la muerte del santo: "Lo hizo en un caserío, junto a su pueblo y un aborigen le tocaba la chirimía para que el alma de su pastor se sintiera en paz. Ojalá, hermanos, que cuando tengamos que emprender el último viaje podamos vivir estas cosas".

PALABRAS DEL PAPA A LOS OBISPOS PERUANOS
Queridos hermanos en el episcopado: Gracias por las palabras que me han dirigido el Señor Cardenal Arzobispo de Lima, y el Señor Presidente de la Conferencia Episcopal en nombre de todos los presentes. Deseaba estar aquí con ustedes. Mantengo un buen recuerdo de su visita ad limina del año pasado. Creo que ahí hemos hablado muchas cosas....

Los días transcurridos entre ustedes han sido muy intensos y gratificantes. Pude escuchar y vivir las distintas realidades que conforman estas tierras en representación, y compartir de cerca la fe del santo Pueblo fiel de Dios, que nos hace tanto bien.

Gracias por la oportunidad de poder «tocar» la fe del Pueblo, ese pueblo que Dios les ha confiado. Es que aquí no se puede no tocar, si no tocas al pueblo, la fe del pueblo les toca a vos, las calles repletas, es una gracia.

El lema de este viaje nos habla de unidad y de esperanza. Es un programa arduo, pero a la vez provocador, que nos evoca las proezas de Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de esta Sede y patrono del episcopado latinoamericano, un ejemplo de «constructor de unidad eclesial», como lo definió mi predecesor San Juan Pablo II en su primer Viaje Apostólico a esta tierra.[1]

Es significativo que este santo Obispo sea representado en sus retratos como un «nuevo Moisés». Como saben, en el Vaticano se custodia un cuadro en el que aparece Santo Toribio atravesando un río caudaloso, cuyas aguas se abren a su paso como si se tratase del mar Rojo, para que pudiera llegar a la otra orilla donde lo espera un numeroso grupo de nativos.

Detrás de Santo Toribio hay una gran multitud de personas, que es el pueblo fiel que sigue a su pastor en la tarea de la evangelización.[2]

Esta hermosa imagen me «da pie» para centrar en ella mi reflexión con ustedes. Santo Toribio, el hombre que quiso llegar a la otra orilla. Lo vemos desde el momento en que asume el mandato de venir a estas tierras con la misión de ser padre y pastor. Dejó terreno seguro para adentrarse en un universo totalmente nuevo, desconocido y desafiante. Fue hacia una tierra prometida guiado por la fe como «garantía de los bienes que se esperan» (Hb 11,1). Su fe y su confianza en el Señor lo impulsó, y lo va a impulsar a lo largo de toda su vida a llegar a la otra orilla, donde Él lo esperaba en medio de una multitud.

1. Quiso llegar a la otra orilla en busca de los lejanos y dispersos. Y para eso tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba, y ¡cuánto se lo necesitaba!

Iba al encuentro de todos por caminos que, al decir de su secretario, eran más para las cabras que para las personas. Tenía que enfrentar los más diversos climas y geografías, «de 22 años de episcopado, 18 los pasó fuera de Lima, fuera de su ciudad recorriendo por tres veces su territorio».[3] Que iba desde Panamá, hasta el inicio de la capitanía de Chile, que no sé dónde empezaba, en este momento, quizás a la altura de Iquique. Como cualquiera de la diócesis de ustedes.

18 años recorriendo tres veces su territorio. Sabía que esta era la única forma de pastorear: estar cerca proporcionando los auxilios divinos, exhortación que también realizaba continuamente a sus presbíteros. Pero no lo hacía de palabra sino con su testimonio, estando él mismo en la primera línea de la evangelización.

Hoy le llamaríamos un Obispo «callejero». Un obispo con suelas gastadas por andar, por recorrer, por salir al encuentro para «anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie».[4] ¡Cómo sabía esto Santo Toribio! Sin miedo y sin asco se adentró en nuestro continente para anunciar la buena nueva.

2. Quiso llegar a la otra orilla no solo geográfica sino cultural. Fue así como promovió por muchos medios una evangelización en lengua nativa. Con el tercer Concilio Limense, procuró que los catecismos fueran realizados y traducidos en quechua y aymara. Impulsó al clero a que estudiara y conociera el idioma de los suyos para poder administrarles los sacramentos de forma comprensible. Utilizó la reforma litúrgica de Pío XII cuando empezó con este retomar la reforma de la Iglesia.

Visitando y viviendo con su Pueblo se dio cuenta de que no alcanzaba llegar tan solo físicamente, sino que era necesario aprender a hablar el lenguaje de los otros, solo así, llegaría el Evangelio a ser entendido y penetrar en el corazón. ¡Cuánto urge esta visión para nosotros, pastores del siglo XXI!, que nos toca aprender un lenguaje totalmente nuevo como es el digital, por citar un ejemplo. Conocer el lenguaje actual de nuestros jóvenes, de nuestras familias, de los niños.

Como bien supo verlo Santo Toribio, no alcanza solamente llegar a un lugar y ocupar un territorio, es necesario poder despertar procesos en la vida de las personas para que la fe arraigue y sea significativa. Y para eso tenemos que hablar su lengua. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de nuestras ciudades y de nuestros pueblos.[5]

La evangelización de la cultura nos pide entrar en el corazón de la cultura misma para que esta sea iluminada desde adentro por el Evangelio.

Estoy seguro que me conmovió anteayer en Puerto Maldonado, cuando entre todos los nativos que había ahí de tantas etnias, me conoció cuando tres me trajeron una estola, pintados, con sus vestimentas: eran diáconos permanentes, anímense, anímense, así lo hacía Santo Toribio, y ahí no había diáconos permanentes. En su lengua y en su cultura, allí se metió.

3. Quiso llegar a la otra orilla de la caridad. Para nuestro patrono la evangelización no podía darse lejos de la caridad. Porque sabía que la forma más sublime de la evangelización era plasmar en la propia vida la entrega de Jesucristo por amor a cada uno de los hombres.

Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano (cf. 1 Jn 3,10). En sus visitas pudo constatar los abusos y los excesos que sufrían las poblaciones originarias, y así no le tembló el pulso, en 1585, cuando excomulgó al corregidor de Cajatambo, enfrentándose a todo un sistema de corrupción y tejido de intereses que «arrastraba la enemistad de muchos», incluyendo al Virrey.[6]

Así nos muestra al pastor que sabe que el bien espiritual no puede nunca separarse del justo bien material y tanto más cuando se pone en riesgo la integridad y la dignidad de las personas. Profecía episcopal que no tiene miedo a denunciar los abusos y excesos que se cometen frente a su pueblo.

Y de este modo logra recordar dentro de la sociedad y de sus comunidades que la caridad siempre va acompañada de la justicia y no hay auténtica evangelización que no anuncie y denuncie toda falta contra la vida de nuestros hermanos, especialmente contra la vida de los más vulnerables. Es una alerta. Cualquier tipo de coqueteo mundano, que nos ata las manos por algunas migajas, la libertad del Evangelio.

4. Quiso llegar a la otra orilla en la formación de sus sacerdotes. Fundó el primer seminario postconciliar en esta zona del mundo, impulsando de esta manera la formación del clero nativo. Entendió que no bastaba llegar a todos lados y hablar la misma lengua, era necesario que la Iglesia pudiera engendrar a sus propios pastores locales y así se convirtiera en madre fecunda.

Para ello defendió la ordenación de los mestizos —cuando estaba muy discutida la misma— buscando alentar y estimular a que el clero, si se tenía que diferenciar en algo, era por la santidad de sus pastores y no por la procedencia racial.[7] Y esta formación no se limitaba solamente al estudio en el seminario, sino que proseguía en las continuas visitas que les realizaba. Estaba cerca de sus curas. Allí podía ver de primera mano el «estado de sus curas», preocupándose por ellos. Cuenta la leyenda que en las vísperas de Navidad su hermana le regaló una camisa para que la estrenara en las fiestas.

Ese día fue a visitar a un cura y al ver la situación en que vivía, se sacó su camisa y se la entregó.[8] Es el pastor que conoce a sus sacerdotes. Busca alcanzarlos, acompañarlos, estimularlos, amonestarlos —le recordó a sus curas que eran pastores y no comerciantes y por lo tanto, habrían de cuidar y defender a los indios como a hijos—. [9]

Pero no lo hace desde «el escritorio», y así puede conocer a sus ovejas y ellas reconocen en su voz, la voz del Buen Pastor.

5. Quiso llegar a la otra orilla, la de la unidad. Promovió de manera admirable y profética la formación e integración de espacios de comunión y participación entre los distintos integrantes del Pueblo de Dios. Así lo señaló San Juan Pablo II cuando, en estas tierras, hablándole a los obispos les decía: «El tercer Concilio Limense es el resultado de ese esfuerzo, presidido, alentado y dirigido por Santo Toribio, y que fructificó en un precioso tesoro de unidad en la fe, de normas pastorales y organizativas a la vez que en válidas inspiraciones para la deseada integración latinoamericana».[10]

Bien sabemos, que esta unidad y consenso fue precedida de grandes tensiones y conflictos. No podemos negar las tensiones, existen; las diferencias existen. Es imposible una vida sin conflictos, pero estos nos exigen, si somos hombres y cristianos, mirarlos de frente y asumirlos. Pero asumirlos en unidad, en diálogo honesto y sincero, mirándonos a la cara y cuidándonos de caer en tentación, o de ignorar lo que pasó o quedar prisioneros y sin horizontes que ayuden a encontrar caminos que sean de unidad y de vida.

Resulta inspirador, en nuestro camino de Conferencia Episcopal, recordar que la unidad siempre prevalecerá sobre el conflicto.[11] Queridos hermanos obispos, trabajen para la unidad, no se queden presos de divisiones que parcializan y reducen la vocación a la que hemos sido llamados: ser sacramento de comunión. No se olviden que lo que atraía de la Iglesia primitiva era ver cómo se amaban. Esa era, es y será la mejor evangelización.

Y a Santo Toribio le llegó el momento de cruzar hacia la orilla definitiva, hacia esa tierra que lo esperaba y que iba degustando en su continuo dejar la orilla. Este nuevo partir, no lo hacía solo. Al igual que el cuadro que les comentaba al inicio, iba al encuentro de los santos seguido de una gran muchedumbre a sus espaldas. Es el pastor que ha sabido cargar «su valija» con rostros y nombres. Ellos eran su pasaporte al cielo.

Y fue tan así que no quisiera dejar de lado el acorde final, el momento en que el pastor entregaba su alma a Dios. Lo hizo en un caserío, junto a su pueblo y un aborigen le tocaba la chirimía para que el alma de su pastor se sintiera en paz. Ojalá, hermanos, que cuando tengamos que emprender el último viaje podamos vivir estas cosas. Pidamos al Señor que nos lo conceda.[12] Recemos uno por los otros y recen por mí. Gracias.

[1] Discurso al episcopado peruano (2 febrero 1985), 3.
[2] Cf. Milagro de santo Toribio, Pinacoteca vaticana.
[3] Jorge Mario Bergoglio, Homilía en la celebración Eucarística, Aparecida (16 mayo 2007).
[4] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23.
[5] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 74.
[6] Cf. Ernesto Rojas Ingunza, El Perú de los Santos, en: Kathy Perales Ysla (coord.), Cinco Santos del Perú. Vida, obra y tiempo, Lima (2016), 57.
[7] Cf. José Antonio Benito Rodríguez, Santo Toribio de Mogrovejo, en: Kathy Perales Ysla (coord.), Cinco Santos del Perú. Vida, obra y tiempo, 178.
[8] Cf. ibíd., 180.
[9] Cf. Juan Villegas, Fiel y evangelizador. Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, Montevideo (1984), 22.
[10] Juan Pablo II, Discurso al episcopado peruano (2 febrero 1985), 3.
[11] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 226-230.
[12] Cf. Jorge Mario Bergoglio, Homilía en la celebración Eucarística, Aparecida (16 mayo 2007).



CUANDO LLEGUEN LAS TORMENTAS, TENGAN FE EN JESÚS


Palabras del Papa a los católicos peruanos

El Papa reflexionó sobre la parábola de las vírgenes necias y las prudentes, e insistió en que el católico debe estar siempre preparado y construir su vida en base al Evangelio.
(CNA/InfoCatólica) En una homilía del día de ayer, el Papa Francisco habló sobre los desastres naturales que Perú experimentó durante el año pasado, elogiando la forma en que los peruanos se unieron para ayudarse mutuamente en esos momentos difíciles.
«Sé que, en el momento de la oscuridad, cuando sentiste el peso de la [tormenta], este pueblo siguió avanzando», dijo el Papa durante la misa cerca de Trujillo, Perú, el 20 de enero.
Al igual que las cinco vírgenes prudentes en la parábola del Evangelio del día, la gente de Perú estaba preparada con «el aceite necesario para ayudarse unos a otros como verdaderos hermanos y hermanas», continuó. «Tuviste el aceite de la solidaridad y la generosidad que te movió a la acción, y saliste a encontrar al Señor con innumerables gestos de apoyo concretos».
La Misa, que tuvo lugar en Huanchaco, un pueblo costero a las afueras de la ciudad de Trujillo, fue parte de la visita del Papa Francisco del 18 al 21 al Perú.
PUEBLO AFECTADO POR «EL NIÑO»
En su homilía se refirió al «Niño», o «El Niño costero», el nombre dado a un fenómeno meteorológico en las costas de Perú y Ecuador, que comenzó en diciembre de 2016.
El patrón causó temperaturas del agua más cálidas de lo habitual en las costas de los dos países, lo que a su vez desencadenó fuertes lluvias en las montañas.
El fenómeno natural produjo graves inundaciones y deslizamientos de lodo, devastando partes del Perú, particularmente en el norte. Trujillo, la tercera ciudad más poblada de Perú, fue una de las más afectadas después de un período de fuertes lluvias que en marzo pasado causaron deslizamientos de tierra e inundaciones que afectaron directamente a unas 800,000 personas y mataron a casi 100.
Francisco animó a los peruanos a no desanimarse durante estos tiempos de prueba, sino a usar esta celebración eucarística como una oportunidad para unir su sufrimiento al sufrimiento de Cristo en la cruz.
«Estos tiempos de “abofetearse”», dijo, «cuestionan y desafían nuestra fortaleza de espíritu y nuestras convicciones más profundas. Nos hacen darnos cuenta de lo importante que es permanecer unidos, no solo, y ser llenos de esa unidad que es un fruto del Espíritu Santo».
Muchas personas todavía sufren el daño causado por «El Niño», señaló el Papa. Y es posible que estas dificultades hayan hecho vacilar su fe.
Si este es el caso, «queramos unirnos a Jesús», dijo, porque «[Jesús] conoce nuestro dolor y nuestras pruebas; soportó el mayor de los sufrimientos para acompañarnos en nuestras propias pruebas. El Jesús crucificado quiere estar cerca de nosotros en cada situación dolorosa, darnos una mano y ayudarnos a levantarnos».
DEBEMOS ESTAR PREPARADOS PARA EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR
Como la historia de las diez vírgenes en la lectura del Evangelio, que fueron sorprendidas por la llegada del novio en la mitad de la noche, las tormentas de la vida, tanto las tormentas físicas como otras dificultades, nos pueden tomar desprevenidos.
En el pasaje, aprendemos que cinco de las vírgenes estuvieron preparadas con aceite para sus lámparas y cinco no. «A la hora señalada, cada una de ellas mostró con qué habían llenado su vida», señaló el Papa, y «nos pasa lo mismo».
«Hay momentos en que nos damos cuenta con qué hemos llenado nuestras vidas. ¡Qué importante es llenar nuestras vidas con el aceite que nos permite encender nuestras lámparas en situaciones de oscuridad y encontrar los caminos para seguir adelante!»
Elogió a los peruanos por estar bien preparados con la gracia del Espíritu Santo, de modo que «en medio de la oscuridad, tú, junto con tantos otros, eran como velas vivientes que iluminaban el camino con las manos abiertas, listas para ayudar a calmar el dolor y compartir lo que tenían, desde su pobreza, con los demás».
«Llena tu vida siempre con el Evangelio», concluyó. «Quiero alentarte a que seas una comunidad que se deje ungir por el Señor con el aceite del Espíritu. Él transforma, renueva y fortalece todo».

¿POR QUÉ LA IGLESIA DICE QUE NO A TANTAS COSAS?


Veamos el porqué esos NOes en los que se obstina nuestra Iglesia no deben avergonzarnos.

Por: Fray Nelson Medina, OP | Fuente: fraynelson.com
Pregunta:

Fray Nelson, soy un joven que trata de vivir su fe y que a veces se siente confundido aunque no derribado. El otro día tuve una conversación con dos amigas. Y la verdad sentí que no tenía muchas respuestas aunque había otras cosas que sí podía decirles. El “disparo” que me apreció más difícil de responder fue lo que dijo una de ellas, más o menos hablando de memoria lo repito yo así: “¿Por qué la Iglesia siempre es diciendo que NO a todo? No a los gays, no al aborto, no a la eutanasia, no a la fecundación in vitro… ¿Cómo quieren llegar a nosotros los jóvenes con esa cantidad de negativismo?” Usted, ¿qué diría, fray? — G.B.M.

Respuesta:

Tal vez lo primero que hay que decir es que la mayor parte de la gente, y especialmente de la gente joven, depende de los grandes medios de comunicación para informarse. Eso significa que su opinión sobre la Iglesia no proviene de la liturgia ni de la predicación ni de las grandes y buenas obras sino de lo que salga en las noticias de la televisión, en las películas de Netflix o en las redes sociales. Y sucede que todas estas fuentes tienen elementos en común que hacen muy difícil lograr una visión equilibrada y completa sobre lo que es, enseña y hace la Iglesia.

Un ejemplo. En esta ciudad hay un hogar de ancianos desamparados que es sostenido y dirigido desde hace muchos años por unas religiosas. Todos los días, absolutamente todos los días, están llenos de obras de caridad hacia esas personas mayores. Muestras de ternura, paciencia, cuidado y generosidad suceden todos los días, por parte de esas religiosas y de sus colaboradores. Cada una de esas obras buenas es un SÍ gigantesco. es un SÍ a la vida, a la compasión, al amor en su más pura expresión. ¿Se puede esperar que algo así salga, siquiera con una mínima frecuencia en las redes sociales? No saldrá. En cambio, un escándalo de un sacerdote da material para muchas semanas de fotos, reportajes, protestas y por supuesto… #hashtags.

Pero el corazón de la respuesta a tu pregunta es todavía más profundo. Detrás de lo que parece un NO muchas veces lo que hay es un inmenso SÍ. Se nota bien en el caso del aborto. Lo que parece un NO a la mujer que está siendo presionada para que aborte, o que quiere por sí misma abortar, es un SÍ gigantesco a la vida del que va a nacer. Por el contrario darle un SÍ fácil a la que va a abortar es pronunciar un NO que es sentencia de muerte para el bebé.


De modo que esos NOes en los que se obstina nuestra Iglesia no deben avergonzarnos. Es nuestra tarea ver cuántos SÍes están detrás de cada uno de esos NO. Decirle NO al sexo irresponsable y adúltero es decirle SÍ a la estabilidad y felicidad de la familia. Decirle NO a la eutanasia es decirle SÍ a la generosidad que debemos tener como sociedad y decirle SÍ al sentido y propósito que todo ha de tener en nuestra vida humana. Y así sucesivamente.

LAS FORMAS OCULTAS EN QUE NOS AFECTAN LOS PECADOS ANTIGUOS DE NUESTRA FAMILIA



Dios opera en nosotros a través de las personas de maneras que menos lo sospechamos.
La forma más evidente es enviándonos buenas influencias para que vayamos por el camino correcto.
O nos expone a las tentaciones con el fin de ‘vacunarnos’.
Sin embargo hay situaciones en las cuales nuestra acción y nuestras circunstancias están influenciadas por cosas del pasado.
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Y que no nos sucedieron a nosotros directamente, sino a nuestros antepasados.
Esto lo que se llama las culpas o pecados intergeneracionales.
Y a la liberación de esas culpas de le llama sanación intergeneracional.
Pero algunos dicen que esto sucede y otros que no. Por eso es un artículo para discernir con detenimiento.

COSAS QUE SE TRASMITEN DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
Hay gente que cree que además de la genética, las influencias conductuales y las características espirituales, y tal vez incluso los espíritus mismos, puedan viajar a través de las generaciones. 
Hay casos sorprendentes en el que predilecciones tanto negativas como positivas se transmiten de una manera que parece más allá de lo fisiológico o psicológico.
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Por ejemplo familias constantemente y extrañamente plagadas por el divorcio, el suicidio, la enfermedad, la adicción, la mala conducta sexual, la enfermedad mental, y los problemas financieros de una manera que excede las explicaciones naturales.
La mayoría que suscriben a esta teoría, citan pasajes de la Escritura, como las que mencionan consecuencias del pecado que se transmiten de generación en generación.
Y existe una base bíblica (véase el libro del Padre John Hampsch sobre ese aspecto, Curando su Árbol Genealógico).
Eso es algo – “la curación del árbol de familia” – en que la Iglesia no se ha pronunciado formalmente y lleva aspectos polémicos.
Pero más y más sacerdotes lo están abordando y hay casos convincentes que parecen ir más allá del reino de las causas físicas.
Por ejemplo, se ve cuando una persona está luchando contra la adicción a la nicotina y al mismo tiempo un primo que vive muy lejos también se encuentra renunciando a los cigarrillos, sin que ninguno de los dos sepa.

LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
Es intrigante un estudio reciente de la Universidad de Laval en Quebec en el que los genetistas han encontrado durante un examen de 5.000 genes, que los hijos de madres que habían sido sometidas a cirugía de bypass gástrico para perder peso, inexplicablemente tuvieron cambios en su ADN.
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Y estos descendientes eran menos propensos a la obesidad (aunque no había habido una cirugía en ellos).
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Como si algo psicológico se hubiera transmitido en el genoma.
Luchando por encontrar una explicación, los científicos han decidido llamar a esto “herencia epigenética”.
O sea características transmitidas de padres a hijos de una manera que va más allá de lo conocido en el funcionamiento del material genético.
Los cambios psicológicos y emocionales parecen ser entonces biológicamente impresos.
La nueva ciencia se centra en algo revolucionario: el efecto sobre la herencia de los marcadores bioquímicos entre los nucleótidos.
“En este nuevo paradigma”, señala una revista orientada a la ciencia llamada Verge, “los acontecimientos de su vida dejan una marca duradera en su constitución biológica, cambiando no sólo su propia vida, sino la vida de sus descendientes.
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En la otra dirección, sus propios marcadores de metilo funcionan como una especie de memoria ancestral, codificando las experiencias que se remontan a siglos atrás y cambian con cada vida”.
En otras palabras: el genoma se puede cambiar de una manera que no entendemos. 
Es como si nosotros “imprimiéramos una huella” en él.

TAMBIÉN INFLUENCIAS ESPIRITUALES
Y aún puede haber influencias espirituales en la bioquímica, porque éstas producen acontecimientos en nuestra vida.
Por lo tanto, podemos orar para deshacernos de los aspectos genéticos negativos.
Hemos sostenido durante mucho tiempo que el alma – el espíritu – es el campo de organización para nuestro físico (cuerpos).
Lo que está en el espíritu, por lo tanto, se puede transmitir físicamente..
Tal vez no es sólo hormonas.
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Tal vez el alma – espíritu – se transmite a lo biológico.
Esto nos debe hacer más cautelosos de no ejercer el miedo y la lujuria inusual, porque pueden ser “grabados”.
Estas cosas se pueden insertar en nuestros genes.
Y creemos que también se puede orar para sacarlas.
No tengas ninguna duda de que esta nueva ciencia es muy debatida.
La mayoría de todo en la ciencia lo es.
Según Verge, un estudio de la Universidad de Emory en Atlanta acaba de encontrar recientemente que
“las ratas de laboratorio condicionadas para temer un cierto olor pasarán ese miedo a sus hijos.
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La herencia sucede biológicamente, incluso sin contacto de comportamiento”.

LA SANACIÓN DE LOS PECADOS INTRODUCIDOS EN EL ÁRBOL GENEALÓGICO
Es así como la sanación de los pecados introducidos en nosotros por los demás es necesaria.
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Porque a veces se nos han introducido males como de contrabando, a través del árbol genealógico o imperceptiblemente por amigos.
Sea lo que sea que ocurra, siempre debemos recordar que Dios es el Creador del universo y puede cambiar las cosas que son malas (cualquier cosa) en cosas que son buenas (cuando se lo permitimos).
Esto también es cierto con nuestras familias.
Los familiares a menudo tienen bendiciones para ofrecernos. Están puestos para ayudarnos, y nosotros a ellos.

Hay veces, sin embargo, que la influencia es negativa.
Un número creciente de libros – la mayoría de sacerdotes – se centran en esta cuestión: la curación del árbol genealógico.
A menudo, hay lo que parecen peculiares rasgos negativos y dañinos que se trasmiten a través de las familias.
Miembros de la familia pueden ser propensos a los celos, la ira, la lujuria, el orgullo, el alcoholismo, la timidez, el fracaso y otras negatividades.
.Y también pueden ser transmitidos por amigos, compañeros de trabajo, y otros (en nuestros caminos), quienes no son tan positivos y cuyos defectos pueden unirse a nosotros, porque tenemos un apego a la persona.
Es un problema grave y no reconocido en su mayoría, en el que puso atención un inspirado libro del P. Yozefu B. Semakula, que ahora está incardinado en los EE.UU. (en la diócesis de Pensacola-Tallahassee) y que proviene de Uganda.
A pesar de que rara vez lo reconocemos, dice el padre Yozefu (para nuestra consideración), el mal que contamina a una persona con rasgos o conductas pecaminosas se puede propagar de familiares y otras personas en contacto con nosotros.
Llámalo transferencia.
“En general, yo suelo decir que si el problema aparece dos veces en una familia, con seguridad se puede considerar una esclavitud familiar”, escribe el P. Yozefu.
“De hacer la oración de sanación familiar usted no se arrepentirá.
Con el tiempo, aprendí a empezar cualquier oración para una persona orando por la sanidad de su familia – y siempre nos sorprendemos por la cantidad de (mal) que se cierra solo incluso antes de tocarlo”.
En otras palabras, muchas raíces de los problemas están ocultas en circunstancias relacionales familiares o de otro tipo.

COMO SE RECONOCE
El sacerdote advierte que el mal en las familias a menudo se materializa en eventos adversos, como accidentes, especialmente en los niños que llevan el peso del equipaje generacional.
Características secretas como la desviación sexual pueden ser heredadas de sus familiares y antepasados o transmitida por amigos sin que lo sepa.
En la raíz de muchas esclavitudes está el mal, explica.
Eso es particularmente cierto para el sexo ilícito o la participación en el ocultismo. 
Una visita a una pitonisa o medium o psíquico o astrólogo puede contaminar una línea familiar, si tal hecho fue realizado por un padre o un abuelo o incluso mucho más atrás – y tal vez más lejos que unas pocas generaciones, argumenta el Padre Yozefu, que se necesitan oraciones para completar la limpieza de un linaje.

Desde luego, no queremos dejar a nuestros hijos lo que estaba amontonado sobre nosotros.
Tampoco debemos renunciar nosotros mismos a soportar  “pecados de los padres” (y las consecuencias). 
Muchos problemas pueden ser resueltos al liberarse de las negatividades de la familia – y evitando el contacto con la oscuridad.
Es una misión en la vida: limpiar.
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Es importante purgarnos de encuentros equivocados y juntas con personas negativas (porque el diablo también pone personas como estas en nuestros caminos).
Somos llamados a orar por la liberación y seguir adelante.
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Es especialmente potente la contaminación que se transmite a través de la carnalidad.
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Porque cuando tenemos un encuentro equivocado con alguien, estamos expuestos a sus aspectos desafortunados (y ellos a los nuestros).
Un caso especial y dramático en este momento es el de los abortados, o sea niños que no han podido ni nacer ni ser bautizados.
En un excelente artículo hablamos de este tema, ver aquí.
Allí presentamos varias investigaciones que muestran que los abortos pueden causar graves problemas en el linaje si no existe una liberación.
En varios casos se ha informado de apariciones de niños abortados que acompañan a la madre durante un tiempo e incluso se aparecen a sus hermanos y van creciendo con ellos.
Y la liberación pasa por blanquear el hecho haciéndolo público en la familia, arrepentirse y pedir perdón, ponerle nombre a los niños abortados y bautizarlos.

CÓMO LIMPIAR 
“Dada la pegajosidad espiritual de la relación sexual, es aún más necesario someterla al poder salvífico de Cristo”.
El Padre Jozefu escribe en La Curación de las Familias: Cómo orar con eficacia para los persistentes problemas personales y familiares.
“Por eso es bueno que uno haga una lista completa (puede utilizar las iniciales en lugar de nombres) de todas las personas con las que ha tenido alguna relación inapropiada, física o de otra manera, que tiene en su memoria, incluso si todo esto ha sido confesado y se arrepintió antes.
Esto no es negar el perdón ofrecido ya por Dios si estos pecados han sido confesados; es simplemente tener cuidado de otro aspecto del efecto de esos pecados.
Además, muchos experimentan con frecuencia que, a pesar de su la buena voluntad y el arrepentimiento sacramental contraído, no fueron liberados, persistiendo en estas relaciones pasadas.
La oración que nosotros decimos a manera específica y conscientemente para ‘cortar’ estas relaciones en el espíritu, es experimentada por muchos como un aumento importante de los efectos de la Confesión sacramental”.
En otras palabras, a menudo, un residuo – una mancha en el espíritu – debe ser expiado.
Y no es sólo el sexo y lo oculto. Podemos recibir oscuridad – o heredarla – de muchas maneras.

“Satanás inmediatamente pone en marcha este ‘choque eléctrico’ para contaminar no sólo a esa persona, sino a tantos como él pueda, que también estén asociados a la persona (es decir, la familia)”, dice el padre Yozefu.
Y señala que el materialismo – la adoración a los objetos hechos por el hombre – es tan malo como lo oculto, porque es reverenciar o idolatrar a objetos artificiales en lugar de a Dios, “tales como el dinero y todos sus derivados”, dice el sacerdote.
En nuestros tiempos modernos, hay mucho mal porque “el corazón del hombre puede ser prácticamente devorado por el materialismo”, señala, que es otra trampa de satanás.
Cuando hay dolor en nuestras vidas, tenemos que mirar para purgar la fuerza oculta u obstrucción.
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Añadamos que cuando hay dolor, a menudo Dios nos llama a reflexionar y volver a evaluar.
Una vez que volvamos a lo que realmente somos, debemos permanecer allí.

CUANDO LOS MÉTODOS REBOTAN
Cuán frustrados están muchos, cuando la gracia parece rebotar porque el bloqueo permanece. Las oraciones no parecen “funcionar”.
A pesar de la devoción, el camino no está claro.
El resultado puede ser incluso la enfermedad. De hecho, el resultado a menudo es una enfermedad – sostiene el Padre Jozefu.
La gente muere por falta de conocimiento (Oseas 4:6).
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Como el Padre Jozfu también explica, también podemos sufrir debido a una junta con una persona que ha fallecido.
.Que es otra razón por la que es tan crucial orar por las almas de aquellos que hemos conocido para que asciendan al cielo.
El Padre Jozefu relata el caso de una mujer que vino a verlo porque de repente – en sus cincuenta años – ella se había convertido en una alcohólica.
Tampoco era un rasgo familiar.
Cuando el padre Jozefu buscó más lejos, él dice, descubrió que el consumo excesivo de alcohol se inició después de que una amiga que era alcohólica murió.
A pesar de que había tomado un poco de alcohol para hacerle compañía, la mujer nunca había estado ebria, y ahora ella estaba bebiendo hasta que se desmayaba.
El sacerdote le preguntó: “¿Te imaginas que podrías estar bebiendo con tu amiga el alcohol?”
“¿Qué, Padre?” ella respondió. “¿De qué está hablando? ¡Está muerta!”
Dice el cura, “le expliqué cómo funciona todo, y cómo su amistad era también una conexión espiritual, porque ella había dado su consentimiento a la bebida – aunque sea poco –, con la amiga alcohólica.
Así que le dije: ‘Voy a decir una breve oración para usted – aquí en el teléfono – y voy a pedirle a Jesús que la separe en espíritu de su amiga alcohólica, por lo que no tendrá que beber más”.
Estuvo de acuerdo. La oración fue de menos de dos minutos de duración y simplemente consistía de un formato que incluía lo siguiente:
“En el nombre de Jesús, te libero de tu amiga alcohólica.
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Yo pongo la cruz de Cristo entre ustedes y que ella pueda mejorar en ti las cualidades que se aprecian en ella.
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Y que pueda bloquear lejos de ti cualquier cosa negativa que vino a ti a través de tu relación.
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Y que ella pueda descansar en paz. Amén.”
“El alcoholismo como tal, no ha sido objeto de nuestra oración.
Habíamos rezado simplemente para que ella se separara en espíritu de su amiga.
Y, como me enteraría más tarde, fue el fin de su alcoholismo”.
Fuentes:
·         http://healingoffamilies.net/