miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL BUEN PASTOR

¡HERMANOS, MUCHAS ALMAS SE VAN A CONDENAR CUANDO LLEGUE EL AVISO, POR NO QUERER ACOGERSE A LA MISERICORDIA DE DIOS EN ESTE MUNDO!

DICIEMBRE 10 2017 1. 55 P.M

LLAMADO URGENTE DE LOS ARCÁNGELES Y ÁNGELES CUSTODIOS DEL REINO DE DIOS, A LA HUMANIDAD

Alabado sea el Altísimo, Bendito sea su Santo Nombre de generación en generación. Aleluya, Aleluya, Gloria a Dios.

Hermanos, la Gloria de Dios muy pronto se os manifestará; corred mortales a poneros en paz con el Altísimo, porque se acerca el día grande del Señor. El Aviso está cerca y cuando llegue, toda vuestra vida pasará como una película ante vuestros ojos. Todo en vuestro paso por la eternidad, será juzgado, pesado y medido; hasta vuestras palabras ociosas y de doble sentido, serán tenidas en cuenta.

¡Ay de aquellos los de vocabulario soez y, ay de aquellos que con su boca sólo profieren maldiciones; ay de los que calumnian y profieren mentiras, porque van a sentir fuego que refrendará sus lenguas! El averno espera a la inmensa mayoría de ésta humanidad que le ha dado la espalda al Dios de la vida. ¡Pobres almas, no quieren despertar, siguen en su loca carrera de pecado; si no se arrepienten antes del Aviso, la muerte eterna encontrarán en la eternidad! Todos los que estén en pecado mortal cuando llegue el aviso, irán directamente al infierno. Sólo alcanzarán misericordia los que estando en pecado mortal se arrepientan antes del Aviso. A esos se les llevará al infierno, pero no se perderán, se les dará una oportunidad para que al regresar, se aparten del pecado y retomen la senda de la salvación.

Por eso hermanos, os estamos exhortando para que os arrepintáis y os pongáis en paz con Dios, antes de que llegue vuestro paso por la eternidad; porque de no hacerlo, lo más seguro es vuestra muerte eterna. Somos Arcángeles y Ángeles Custodios del Reino de Dios, los que nos estamos comunicando con vosotros. Os pedimos con humildad que volváis a Dios con sincero corazón; ¡dejad de pecar hermanos, parad ya de ofender al Altísimo! Acordaos que lo que está en juego es la salvación de vuestra alma y nuestro Padre no quiere vuestra muerte, si no que viváis eternamente.

Hermanos, muchas almas se van a condenar cuando llegue el Aviso, por no querer acogerse a la misericordia de Dios en este mundo. Os preguntamos almas que vivís en pecado mortal: ¿Qué estáis esperando para volver a Dios? Mirad que ya son instantes de Misericordia los que estáis viviendo, no los dejéis agotar. ¡Apresuraos a poner vuestras cuentas en orden, corred a confesar vuestros pecados, para que limpiéis vuestra alma y así podáis alcanzar misericordia en eternidad! ¡Almas que estáis en pecado mortal, arrepentíos de una vez! Hacemos un llamado urgente a todos los que están en pecado mortal, para que cuanto antes se alejen del pecado, se arrepientan, se confiesen y reparen por sus faltas. Hermanos, no desatendáis nuestro llamado; recapacitad y no pequéis más, porque el día del Aviso está tocando a la puerta de vuestra alma.

Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria a Dios. Aleluya, Aleluya, Aleluya, y paz a los hombres de buena voluntad.
Vuestros Hermanos y Servidores, Arcángeles y Ángeles Custodios del Reino del Altísimo.


Dad a conocer nuestros mensajes a toda la humanidad, hijos de Dios.

LOS MILAGROS DEL CIELO: UNA NIÑA Y SU INCREÍBLE HISTORIA DE CURACIÓN

“Jesús debía estar con esa pequeña en aquel árbol", dijo el doctor, “porque no tiene nada"
Annabel Beam tenía sólo cuatro años cuando empezó a padecer lo que su madre Christy llamaba “problemas con la tripa” —dolorosos calambres abdominales acompañados de una aguda hinchazón. Con cinco años, sus intestinos quedaron completamente obstruidos y fue necesaria intervenirla de urgencia, la primera de muchas cirugías. Los médicos eran incapaces de determinar por qué los intestinos y estómago de Annabel no funcionaban como debieran. Aunque seguía diez prescripciones médicas, no podía comer ni beber con normalidad y necesitaba alimentación por sonda.
Pero entonces se cayó de un árbol. Y por una relación causa-efecto que desafía toda explicación, Annabel se curó.
Christy Beam conversó conmigo por teléfono el mes pasado y me relató la historia de la rara enfermedad de su hija, su peligroso accidente y su inexplicable sanación. “Estamos tan contentos”, explicaba Christy, “tan apabullados por el impacto que nuestra historia pueda tener sobre el mundo, porque podría marcar una diferencia. Pero en realidad no es nuestra historia; es la historia de Dios. ¡Es abrumadora la idea de que Dios nos use para compartir su historia!”.
Esta historia increíble quedó recogida por primera vez en un libro récord de ventas, Miracles from Heaven: A Little Girl and Her Amazing Story of Healing. [Los milagros del cielo: una niña y su increíble historia de curación]. El 16 de marzo, la historia de Annabel quedará al descubierto en los cines de todo Estados Unidos, en una nueva película protagonizada por Jennifer Garner (como Christy Beam) y Queen Latifah.
EN BUSCA DE UN DIAGNÓSTICO
Preocupada porque Annabel continuaba deteriorándose y temerosa de que pudiera morir, Christy Beam se negaba a aceptar los diagnósticos que recibía en los centros médicos cercanos a su hogar en Texas. Los médicos locales sugerían de todo, desde alergias a intolerancia a la lactosa; pero Christy estaba segura de que el problema de su hija era algo más serio. Finalmente, la familia Beam se puso en manos de un gastroenterólogo pediátrico, el doctor Samuel Nurko, reputado en todo el país, cuya investigación en el pediátrico Boston Children’s Hospital se centraba en trastornos de motilidad gastrointestinal.
En vista de que Christy no conseguía obtener una cita a pesar de meses de llamadas telefónicas y de cartas, decidió arriesgarse y tomó un avión hacia Boston con Annabel para presentar personalmente su caso al médico. La persistencia cobró sus frutos y el doctor Nurko pudo diagnosticar con precisión la condición de Annabel. La niña sufría, no de uno, sino de dos dolorosos trastornos digestivos, incurables y potencialmente mortales: pseudo-obstrucción intestinal crónica, una rara condición que emula los síntomas de una obstrucción intestinal; y trastorno de hipomotilidad antral, por la que unas débiles contracciones en la parte estomacal del antro causan un retraso de la evacuación gástrica.
El doctor Nurko consiguió inscribir a Annabel en un prometedor estudio; pero debido a que se le estaban prescribiendo fármacos experimentales con efectos secundarios potencialmente importantes, el doctor Nurko necesitaría ver a la pequeña cada seis semanas. A pesar del esfuerzo financiero que tuvo que hacer la familia Beam, madre e hija se convirtieron en frecuentes usuarias del avión, lo que permitió al doctor Nurko mantener una cuidada observación de la condición de su joven paciente.
UN ACCIDENTE… Y UN MILAGRO
Cuando Annabel tenía ocho años, de vuelta en casa después de otra hospitalización, se encontraba jugando en el jardín de la casa familiar en Texas. Animada por su hermana mayo, subió al enorme álamo que hay en el patio. Sin previo aviso, la rama en la que se había encaramado crujió y calló. Annabel no tuvo tiempo de asirse; se precipitó diez metros por la oquedad interior del álamo y aterrizó de cabeza en la profundidad del árbol hueco, encajada en la base del nudoso tronco.
Estuvo inconsciente y atrapada durante cinco horas y media hasta que el equipo de rescate consiguió por fin sujetarla con un arnés y subir su cuerpo hasta ponerla a salvo.
Lo que sucedió a continuación sigue siendo un misterio para la madre de Annabel. Christy Beam explicó que la caída de Annabel dentro del árbol, que pudo haberla matado, la curó. Emergió del tronco del árbol húmeda, magullada y sucia, pero bastante bien en todo lo demás. De forma inexplicable, cuando Annabel se despertó en el hospital, ya no sentía más dolor. Su abdomen hinchado había vuelto a su tamaño normal y era capaz de ir al baño también con normalidad. Por primera vez, después de meses de alimentación por incómodas sondas, podía comer la comida habitual. Los médicos empezaron a retirarle sus medicaciones y, llegado el momento, se le dio el alta de su gastroenterólogo pediátrico. “Jesús debió estar con esa pequeña dentro del árbol”, dijo el médico, “¡porque está completamente sana!”.
LA VISIÓN DEL CIELO DE UNA NIÑA
En los días que siguieron a su inesperada recuperación, Annabel compartió con sus padres lo que había sucedido durante las horas atrapada en las profundidades del álamo. “Mamá, fui al cielo mientras estuve en ese árbol”, dijo la niña. “Me senté en el regazo de Jesús. Me quería quedar allí, pero me dijo que no podía”.
Tras insistirle para que diera más detalles, sus padres supieron que Annabel había visto a su abuela “MeeMee”, que había fallecido algunos años antes. “Por eso supe que estaba en el cielo”, les dijo.
“Siempre pensé que estar en el cielo sería como sentarse en las nubes; pero en realidad es como estar suspendida por encima del universo. Siempre pensé que Dios tenía un gran corazón, y lo tiene, su corazón es tan grande que deslumbra. Sus ojos brillan como la gloria dorada reflejada por el sol”.
A medida que Christy citaba la vívida descripción de su hija del paraíso, se maravilló porque una niña tan pequeña pudiera hablar tan elocuentemente. “No le habíamos enseñado a hablar así”, musitó Christy. “Siempre hemos ido a la iglesia, pero que una niña de nueve años hable con esos términos… bueno, supe que algo dramático había sucedido”.
Durante el reciente preestreno de Los milagros del cielo en Dallas, Annabel amplió la descripción transmitida por su madre: “Todo resplandecía”, me dijo. “La luz venía de todos los lugares, de las flores y de las plantas, incluso la hierba desprendía luz cuando andabas sobre ella”.
UN MENSAJE DE ESPERANZA Y ALIENTO
Reflexionando sobre cómo su vida y la vida de su familia habían cambiado a causa de los eventos relacionados con la enfermedad de Annabel y su milagrosa curación, Christy Beam afirmó, “No vivimos nuestras vidas de forma diferente, porque nunca perdimos nuestra fe. Oh, fue duro y para mí supuso todo un reto a veces. Me preguntaba, ‘Vale, Dios, ¿tienes un plan? ¿Cuál es tu plan?’. Pero siempre sentíamos que Dios controlaba nuestras vidas, incluso la enfermedad de Annabel. Ahora que está bien, puede mantenerse fuerte y poner un signo de exclamación a nuestras creencias”.

SANTA TERESA DE LISIEUX NOS AYUDA A COMBATIR LA “TRISTEZA NAVIDEÑA”

¿Cómo hizo la Pequeña Flor para gestionar las problemáticas de este periodo? Con lágrimas y una conversión total del corazón.
Para muchas personas, el periodo navideño es muy complicado. No hablo de almas desdichadas que tienen buenos motivos para estar tristes – la pérdida de personas queridas, la salud delicada, la soledad -, sino de aquellos que se sienten tristes cuando la Navidad no les ofrece toda la gratificación personal que estaban buscando. Definen a lo que sienten “tristeza navideña”.
Al pensar recientemente en este hecho, recordé un episodio contado por santa Teresa de Lisieux en su espléndida autobiografía Historia de un Alma, sucedido la mañana de Navidad de 1886, cuando Teresa tenía casi 13 años.
Su familia tenía una tradición para la vigilia de Navidad. Ponían los zapatos de los niños frente a la chimenea, y cuando se volvía de la misa de medianoche, los zapatos estaban llenos de regalos. Aquella Navidad, sin embargo, el padre de Teresa estaba enojado por algo, y ella le escuchó decir sobre la historia de los zapatos: “Gracias a Dios es la última vez que hacemos algo por el estilo”.
Teresa era una muchacha buena y pía, pero como admite ella misma, era también extremadamente sensible. Explotaba a menudo en llanto, y cuando se le decía que parara, lloraba aún más. Las palabras del padre la hirieron mucho. Cuando subió para quitarse el sombrero, la hermana mayor, Céline, comprendiendo la situación, le dijo: “No bajes. Tomar los regalos de tus zapatos te pondrá aún peor”.
Sin embargo, escribe: “Teresa ya no era la misma muchacha. Jesús la había cambiado. Habiéndome calmado del llanto, bajé y tomé mis zapatos. Saqué mis regalos mostrando gran alegría. Papá rió y Céline pensó que estaba soñando… El amor llenaba mi corazón, me había olvidado de mí misma y, por lo tanto, era feliz”.
¿Qué había sucedido? Teresa dice simplemente que había recibido “la gracia de salir de la infancia”.
La mayor parte de nosotros no somos santos como Teresa de Lisieux, pero algunos han tenido experiencias no muy distintas de la suya. Un hombre que conozco escribió: “De niño pensaba en Navidad como en una ocasión para obtener cosas. Mis padres me lo habían enseñado sin querer. No habían crecido ambos en familias pudientes, y los regalos que se daban en Navidad cuando ellos eran niños eran muy pocos. Ahora, para compensar, prodigaban regalos para mí y mi hermana”.
“Esa manera de festejar Navidad me impresionó durante años. Visto que para mí Navidad significaba fundamentalmente la acumulación de cosas, en realidad no me hacía feliz. Luego, una Navidad entendí algo más”.
“En aquella época ya era padre yo también. Una de mis hijas estuvo enferma durante varios días, y al acercarse la Navidad empeoraba. Al final saltó la alarma. La puse en el coche y la llevé a urgencias”.
“Esperamos un buen rato, pero al final un doctor que la revisó descubrió que tenía un diente infectado que al dentista se le había escapado cuando la había visitado la semana anterior. Le dieron muchos antibióticos y analgésicos y la mandaron a casa, y pronto ya descansaba tranquila y se sentía mejor”.
“Ese año mi Navidad fue esa. En lugar de buscar sentirme mejor concentrándome en el intercambio de regalos, pasé el día buscando ayudar a alguien. Y ¿sabes algo? Fue bello. Fue una lección que no he olvidado”.
Como habría dicho santa Teresita, olvidarse de sí curó su tristeza navideña.

MENSAJE DEL 8 DE DICIEMBRE 2017 DE LA VIRGEN MARÍA A LUZ DE MARÍA


 [Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María]
Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, mi bendición conlleva no solo mi amor hacia cada uno de ustedes, sino los atributos que deseo para mis hijos. Cada uno debe tomar los atributos que conlleva Mi Bendición y acrecentarlos para que estos luego se afiancen en ustedes y más tarde se transformen en Dones.
HIJOS, SIN EL ESFUERZO NO LOGRAN HACER CRECER EN USTEDES NINGÚN ATRIBUTO NI VIRTUD NI DON. El que no es perseverante es como una lámpara que se apaga con un leve viento.  Tienen que esforzarse para que esa fuerza de voluntad, esa decisión, ese deseo a obedecer la Voluntad de la Trinidad Sacrosanta les fortalezca cuando lo necesiten.
En esta fecha, en que Me celebran de forma especial Mi Inmaculada Concepción, miro a la Tierra y no Me causa satisfacción lo que miro: el número de Mis hijos se reduce, sobre todo en las grandes urbes. En los lugares pequeños, en los pueblos pequeños es en donde miro mayor devoción y mayor amor hacia Mi Hijo, ya que lo que ofrecen a Mi Hijo y a Mí nace en el corazón. En algunos lugares Me ofrecen oraciones vacías, se celebra la Santa Misa sin un verdadero amor, se Me ofrecen Rosarios sin meditar y a esto es a lo que llegó el hombre y ya se encontraba anunciado, ante el debilitamiento de la responsabilidad que la creatura humana posee como hijo de Dios Padre.

AL HOMBRE SE LE HA DADO ESPACIO PARA QUE DESARROLLE EL LIBERTINAJE Y EMPLEE MAL SU LIBRE ALBEDRÍO.
Ante este caos, la Humanidad que avanza o retrocede como una masa sin control, ha llegado a retroceder por el mal uso del libre albedrío, ha retrocedido moralmente hasta el hartazgo en la convivencia, en la educación, en la integridad humana, en el respeto, en la paciencia, en el esfuerzo  y ese retroceso lo viven constantemente en lo personal y como sociedad, ya que no observan ni conservan la ética humana.

MIS HIJOS HAN PASADO DE IDEALIZAR A UN DESEO DESMESURADO DE POSESIÓN, SOBRE TODO EN LO QUE RESPECTA A LO MATERIAL Y FINITO.
Por ello les llamo a tomar consciencia de la fuerza de voluntad que tienen que mantener para que el Amor de Mi Hijo crezca en ustedes.
¿Desean una vida buena?
¿Desean encontrar la Verdad?
¿Desean prosperar?
Aférrense al Amor procedente del Sagrado Corazón de Mi Hijo y como Madre les ofrezco el Mío, que mediará por cada uno de ustedes sin distingos, siempre que se arrepientan cuando actúan y obran mal y se decidan a enmendar el mal cometido y orientarse hacia el bien. En este instante Mis hijos se encuentran orientando su vida hacia lo indebido, se encuentran en una grave crisis de la que han sido alertados desde antes, pero ¿cuál es el motivo que les impide revertir esto?

NO BUSCAN EN EL INTERIOR DE USTEDES MISMOS, BUSCAN FUERA DE USTEDES LO QUE ENCONTRARÁN SOLO DENTRO DE USTEDES.
Debido a esto es que el hombre entra en una grave crisis personal de la que no sabe cómo salir. Y es que no comprende la creatura humana que, si no centra su vida en Dios, todo lo demás sufre un gran desajuste, se sale del eje y gira sin detenerse. ¡Cuánto les he llamado a conocer a Mi Hijo! Les he llamado a escudriñar a Mi Hijo para que a la vez razonen, y conscientes de ese Amor Divino sean atraídos hacia Dios.

MIS HIJOS POSEEN INTELIGENCIA, PERO ESTA HA SIDO OSCURECIDA POR EL DEMONIO. La Humanidad no desea razonar, les he mencionado que el Amor es la fuerza de la voluntad, les he mencionado que el Amor mueve a la voluntad. Solo que en este instante en que la Humanidad desconoce lo que es el Verdadero Amor, no logra por ello transformar la voluntad y el hombre cae dominado por esa voluntad dominante que le lleva a optar por lo fácil y mundano, pues ante la debilidad del hombre, esa voluntad ha llegado así a crecer: altiva y dominante, imponiéndose así al mismo hombre.

MIRO EN LOS HOGARES UNA GRAN CARENCIA DEL VERDADERO AMOR Y UNA GRAN DEBILIDAD PARA MANTENER LA ARMONÍA, ESTO PORQUE EL CENTRO DEL HOGAR NO ES MI HIJO, porque no se reúnen para elevar una súplica hacia el Cielo y Yo continúo esperando ser invocada para auxiliarles…

YO DESEO COMO MADRE DE TODA LA HUMANIDAD QUE ALCANCEN EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD Y SALVEN EL ALMA.  AQUÍ, FRENTE A CADA UNO, ME ENCUENTRO CON MIS MANOS EXTENDIDAS HACIA USTEDES PARA CONDUCIRLES HACIA MI HIJO.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:
LOS INSTANTES PRECIPITAN EL PENSAMIENTO DEL HOMBRE Y LE LLEVAN A ACTUAR SIN RAZÓN, CON LA IRA POR DELANTE.  Este defecto en el hombre es causado por la falta de unión entre el hombre y su Creador, ante lo cual las decisiones son la respuesta de la locura en la que se encuentra sumergida la Humanidad, locura propiciada por el mal para adelantar la aparición formal del gran usurpador. Se encuentran en grandes cambios que encierran a la Humanidad, cambios inesperados fabricados por la mente de los poderosos del mundo y ante los cuales el padecer llega a los inocentes.  Las contiendas aumentan y las fronteras se cerrarán debido a que se desconocen como hijos de Dios y los poderosos creen tomar las riendas de las decisiones del futuro de la Humanidad.  Amados hijos, se encuentran en aparente paz, pero en un instante descubrirán que esa aparente tranquilidad se desvaneció y ante el espejo de la realidad mirarán cómo el comunismo, la masonería y los iluminati les han conducido hacia la confusión y se han servido de esa confusión para dominarles. Han construido una Torre de Babel, el armamento no ha sido construido por el hombre para mirarlo, sino para demostrar su poderío ante sus semejantes. En este instante la Creación tiembla ante la desobediencia humana y la acción humana.

¡HASTA DÓNDE LES CONDUCE UN SOLO ACTO DE SOBERBIA: HASTA EL DOLOR DEL DOLOR!

Les ruego, hijos Míos, que oren por Medio Oriente, el dolor se establece.

Oren hijos Míos, oren por Venezuela, el azote sin piedad lleva a este pueblo a enfrentarse a una agonía mayor.

Oren hijos Míos, oren por Argentina, con el alba la confusión se acrecienta y el dolor toma a Mis hijos, la Naturaleza les azota.

Oren hijos Míos, oren por Europa, grandes ciudades serán presa del terror y la tierra se estremece.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, lo contrario al mal es el bien, la unidad, el amor, la fraternidad, la cordura, la mansedumbre, el perdón… Ante esto, hijos Míos, el mal no avanzaría.

LES RUEGO HIJOS QUE DETENGAN LA IRA INTERNA CON LA QUE SE HAN CONTAMINADO Y LA QUE HAN ACOGIDO, PARA QUE MIREN CON LOS OJOS DE LA LUZ DEL AMOR DE MI HIJO. Así ustedes atraerán hacia la Humanidad el Amor Divino, serán pararrayos que detendrán el avance del mal que ha penetrado en el hombre.

Ofrezcan el esfuerzo del vivir en paz interior, del vivir en Amor, del ser comprensión y dejen de lado la altivez y lo mundano. De lo contrario serán partícipes de los grandes errores que han atrapado a la Humanidad y por los cuales padecerá una grandísima parte de Ella.

MI HIJO NO LES ABANDONA, NO LE ABANDONEN USTEDES, NO LE DEJEN SIN CORONA.
MI HIJO LES LLAMA Y LES SUPLICA, YO LES SUPLICO CORDURA Y QUE SEAN AMOR A SEMEJANZA DE MI HIJO.

Les bendigo con Mi Corazón de Madre. Les bendigo suplicándoles que cada uno sea intercesor de su hermano.
Oren hijos Míos, oren y sean cumplidores de la Voluntad Divina.
Les bendigo.
 Mamá María

AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA

MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA: 8 DE DICIEMBRE DEL 2017 

¿AGOBIADO O RESUCITADO?


Vivimos en una época en que el hombre, más que nunca, se siente profundamente agobiado.

Por: Carlos M Buelba | Fuente: padrebuela.org
1. EL HOMBRE AGOBIADO
Agobiado es un adjetivo que indica, según el diccionario de la Real Academia, al que está «cargado de espaldas o inclinado hacia delante». «Agobiar», es voz derivada del latín «gibbus=giba», o sea, joroba (del árabe «huduba»; de allí el fig. fastidiar, molestar) según su significado etimológico, no es otra cosa que «inclinar o encorvar la parte superior del cuerpo hacia la tierra» o en su segunda acepción: «hacer un peso o carga que doble o incline el cuerpo sobre que descansa». De ahí que, figuradamente, agobiado es el hombre que lleva un peso grande que lo abate, lo deprime, le hace bajar los brazos, lo deja cansado, sin ilusiones, sin ganas de luchar. Es un hombre sin «burbujas», apesadumbrado.

¿QUÉ COSAS AGOBIAN A NUESTROS CONTEMPORÁNEOS?
1º) El hombre moderno está agobiado por las preocupaciones de este mundo: los problemas familiares, las crisis, las situaciones económicas… vive agobiado por el exceso de trabajo: vivimos en una sociedad materialista en la que el trabajo nos impide descansar y dedicar un tiempo a nuestra alma, a Dios, a nuestras familias. Poco a poco nuestro pueblo se va quizá asimilando a lo que es característico de la cultura japonesa: no trabajar para vivir sino vivir para trabajar. Desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, ¡cuántos intentos por suprimir el domingo, día instituido por Dios precisamente para el hombre agobiado, para todo el que está fatigado por el peso del trabajo semanal! Además, ¡cuántas veces y con cuánta facilidad los mismos católicos transgredimos para nuestro daño espiritual, no solamente el precepto de la misa dominical sino también el precepto del descanso dominical, ambos resumidos en el tercer mandamiento: santificarás las fiestas! Nos dice Dios, en Ex 20, 2–17: Recuerda el día del sábado para santificarlo –ahora es el domingo, por haber resucitado Cristo en este día–. Seis días a la semana trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo día descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado.

Pero en muchos países, muchas personas se sienten agobiadas más que por este exceso de trabajo, por la falta de trabajo, la cual ha producido en muchas personas la tan actual depresión laboral, o tantas situaciones de desesperación, que incluso han llevado a suicidios motivados por la pérdida de un empleo…

2º – En nuestros días, vemos que los hombres se sienten terriblemente agobiados por muchos miedos: hoy, como nunca, se ve a la gente con tanto miedo. El miedo es una pasión que paraliza, que nos impide crecer espiritualmente. La violencia que se experimenta en las calles, que llega a nuestras casas a través del televisor, hace que el hombre tema constantemente: desde la madre que está terriblemente preocupada por la hija o el hijo que no regresa al horario en que avisó que volvería del trabajo o de la escuela, hasta los ancianos que se encierran en sus casas, con mil pasadores y candados en las puertas, por temor al ladrón, al asesino…

3º – Un fenómeno de nuestra época, aunque ha sido una angustia para todos los tiempos, desde que entró el pecado en el mundo, es el peso de la enfermedad. A pesar de los avances de la ciencia, ¡cuántos hombres viven agobiados por las enfermedades, muchas de ellas todavía incurables! Los dolores físicos son una carga muy difícil de llevar, que muchas veces vienen acompañados de otra enfermedad tan característica de nuestros días: ¡la depresión! La misma es un peso, un agobio tremendo: la depresión abate físicamente y espiritualmente al hombre, lo encorva literalmente.

4º –Pero en realidad no hay ninguna cosa que agobie tanto al hombre, como es el peso de sus pecados.

5º – Ahora bien, por la fe sabemos que por el pecado entró la muerte en el mundo, y esta muerte, originada en el pecado de nuestros primeros padres, hace que vivamos agobiados y humillados por un peso insoportable, si no tenemos una respuesta satisfactoria a nuestros interrogantes existenciales: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Para qué fin estoy sobre la tierra? ¡Cuántos hermanos nuestros no han logrado dar con una respuesta acertada y viven angustiosamente agobiados por el peso de la muerte de un ser querido, ya sea la madre, el padre, un hijo, un amigo…!

En definitiva, al hombre moderno le agobian todas las cosas que causan molestia o fatiga, o más aun, las cosas que le causan tristeza o dolor, y esclavitud anímica o espiritual.

2. JESUCRISTO RESUCITADO LIBERA AL HOMBRE DE SU AGOBIO
 Ante todos los hombres agobiados, encorvados espiritualmente o físicamente por todas estas cargas que son consecuencia del pecado de nuestros primeros padres y de nuestros propios pecados, se nos presenta fulgurante la figura de nuestro Redentor: Jesucristo, agobiado como nadie bajo el peso de la cruz, que cargó con nuestros pecados y nuestras enfermedades, al punto que por sus heridas hemos sido curados (Is 53,5). Mas en este momento, en esta noche sublime, Cristo se nos presenta glorioso, triunfante de todas sus angustias, resucitado de entre los muertos…

¡Sí!, a todos los hombres agobiados Jesucristo resucitado les dice, hoy más que nunca: Venid a mí, todos los que estáis afligidos y agobiados, que yo os aliviaré. Cargad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón; y encontraréis alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana (Mt 11,28–30).

1– Ante el agobio de las preocupaciones de este mundo, Cristo resucitado tiene una solución: Él, como Único Maestro, le enseña a los hombres de hoy, es decir, a cada uno de nosotros: Buscad el Reino de Dios y su justicia y las demás cosas se os darán por añadidura (Mt 6,33); a tantas personas fatigadas de tanto trabajar, agobiadas, quizá nos recuerde lo mismo que a santa Marta: Marta, Marta, por muchas cosas te afanas y sola una es la necesaria (Lc 10,41). O mejor aun, nos señale con toda claridad, como lo hizo con la multitud de judíos que le buscaba ansiosa luego de la multiplicación de los panes: trabajad no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre (Jn 6,27).

«No trabajen por el alimento de cada día», sencillamente quiere expresar la prioridad de valores que debemos dar a lo espiritual por encima de lo material. ¡Tenemos que trabajar…! Para alimentar a nuestros hijos, para sustentar a nuestra familia… pero no debemos dejar esclavizarnos por tantas inquietudes, problemas familiares, etc., que nos impiden dar prioridad a lo espiritual, nos hacen olvidar del primer mandamiento.

Ante el agobio por las muchas tribulaciones, conflictos, angustias, aflicciones… Jesús resucitado nos repite individualmente en nuestra alma: Os digo esto para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: yo he vencido al mundo (Jn 16,33). El don de la paz interior en el sufrimiento, es fruto de la victoria de Cristo; por eso Él nos dejó su paz y constantemente está dispuesto a comunicárnosla. Así vemos que lo primero que dijo, luego de la resurrección a los apóstoles, que se encontraban turbados por mil remordimientos, angustias y temores, cuando se les apareció por primera vez estando las puertas cerradas del Cenáculo, fue sencillamente: ¡La paz esté con vosotros! (Jn 20,19).

2– Ante el agobio del miedo, los mismos ángeles que fueron los primeros en anunciar la resurrección del Señor, hoy nos dicen a nosotros lo que avisaron a las santas mujeres: No temáis. Yo sé que vosotras buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho (Mt 28,5). Pero no son sólo los ángeles quienes nos animan, sino que el mismo Señor, que en el camino se apareció a estas mujeres llenas de temor, hoy, como en aquella madrugada de la resurrección, nos da fuerza, nos robustece, con las alentadoras palabras que nos deben marcar definitivamente en nuestras vidas: Soy yo, no temáis (Mt 28,9). Constantemente Cristo nos dice: No temáis. Lo dijo a través del ángel a María, a José, a los apóstoles en la tempestad, luego de la resurrección, a San Pablo prisionero, cuando se encontraba lleno de temores por los peligros que le acechaban en Corinto: No temas. Sigue predicando y no te calles. Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado (He 18,9–10). En definitiva, todo la fortaleza que nos da el Señor, se reduce a esta realidad: No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar al alma (Mt 10,28).

3– Ante el agobio del pecado, la fe nos dice: «Fue sepultado, y resucitó por su propio poder al tercer día, elevándonos por su resurrección a la participación de la vida divina, que es la gracia»[1]. Y esto que Pablo VI señalaba en el Credo del Pueblo de Dios tiene su fundamento en aquella expresión patética del apóstol a los corintios: Si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe; aun estáis en vuestros pecados. Por consiguiente, los que murieron en Cristo se perdieron (1Cor 15,17), lo que quiere decir que si no hubiese resucitado, nuestros pecados no habrían sido perdonados.

4– Ante el agobio de la enfermedad, el Señor resucitado nos habla por boca del apóstol San Pablo para decirnos: Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará junto con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes (…) Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno (1Cor 4, 14–18).

 Ante el agobio de las tristezas de este valle de lágrimas, nuestra actitud debe ser la de los Apóstoles apenas vieron al Señor: Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor (Juan 20, 19). La alegría es un mandato de Cristo resucitado a todos sus discípulos. Fue lo primero que ordenó a las santas mujeres cuando se les apareció en el camino: Alegraos.

5– Finalmente, ante el agobio por el problema de la muerte, Cristo nos da la esperanza de la futura resurrección: Si solamente para esta vida tenemos esperanza en Cristo, somos los más miserables de los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que durmieron. Puesto que por un hombre vino la muerte, por un hombre también la resurrección de los muertos. Porque como en Adán todos murieron, así también en Cristo todos serán vivificados (1Cor 15, 19–22).

3. LOS DOS PRINCIPALES BENEFICIOS DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO PARA EL HOMBRE AGOBIADO
La resurrección de Nuestro Señor nos trajo dos beneficios principales, en los cuales se pueden resumir los puntos anteriores: nuestra futura resurrección corporal y nuestra presente resurrección espiritual.

a) La futura resurrección corporal
De la primera, tenemos que recordar que es un dogma de fe que profesamos en el Credo cuando decimos: «Creo en la resurrección de la carne, creo en la resurrección de los muertos». Lamentablemente hay que confesar que un número muy significativo de católicos da muy poca importancia a esta verdad de fe, principalmente porque es muy poco predicada. No sucedió así con los primeros cristianos, que era una de las verdades que más tenían asimiladas. Basta leer los testimonios de fe en la resurrección de los muertos que escribían en sus sepulturas. Pero si bien no se lo dice explícitamente, San Pablo nos podría recriminar como a los corintios: ¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana es también vuestra fe… ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron (1Cor 15,12.14.20).

b) Nuestra presente resurrección espiritual.
Cuando el antiguo Catecismo Romano se preguntaba por qué señales se conoce que uno ha resucitado espiritualmente con Cristo, hermosamente respondía con la frase del apóstol: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios Padre (Col 3,1), claramente indica que los que desean tener la vida, los honores, la paz y las riquezas, allí sobre todo donde está Cristo, han resucitado verdaderamente con Cristo; y cuando añade: saborearos en las cosas que están sobre la tierra, agregó también como una segunda señal, para poder con ella conocer si realmente hemos resucitado con Cristo. Pues así como el gusto suele indicar el estado y la salud del cuerpo, de igual suerte, si agradan a uno todas las cosas que son verdaderas, las que son honestas y las que son justas y santas, y con el sentido interior del alma percibe en ellas el gozo de las cosas del Cielo, esto puede ser una prueba excelente de que, quién así se halla dispuesto, ha resucitado en compañía de Jesucristo a la vida nueva y espiritual»[2].

«De cómo al alma muerta por los pecados se le propone como modelo la resurrección de Cristo, lo explica el mismo Apóstol diciendo: Así como Cristo resucitó de entre los muertos para gloria del Padre, así también procedamos nosotros con nuevo tenor de vida. Pues si hemos sido injertados con Él por medio de la semejanza de su muerte, igualmente lo seremos también en la de su resurrección y pasadas algunas líneas, añade: Sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque la muerte que Él murió, la murió al pecado una vez para siempre; mas la vida que Él vive, la vive para Dios y es inmortal. Así también vosotros teneos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús[3].

Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que, si uno murió por todos, entonces todos han muerto. Y el murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (1Cor 5, 14–15).

CONCLUSIÓN:
Hemos visto como de la resurrección del Señor, han llegado a la humanidad los bienes más grandes. Por eso, todo hombre agobiado, en definitiva, tiene que hacer suya la oración de los discípulos de Emaús, cuando le rogaron sin aun reconocerle: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.

Debemos resucitar con Cristo: ¡Ser hombres nuevos! No hombres agobiados, sino hombres espirituales. No apesadumbrados, sino con alegría de vivir. No abatidos, sino con ansias de hacer el bien al prójimo. No con los brazos caídos, sino con gran capacidad de lucha frente al mal. Sólo empeñados en el bien, en favor de la vida, de la libertad, de la justicia, del amor y de la paz.

 No lo olvidemos nunca: Cristo resucitado nos sigue diciendo: Venid a mí, todos los que estáis afligidos y agobiados, que yo os aliviaré. Cargad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón; y encontraréis alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana (Mt 11, 28–30).

María nos lo recuerde siempre.

 
Notas:
[1] cfr. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, BAC (Madrid 1968) 11–34.
[2] Concilio de Trento, Catecismo Romano, I, VI, 15.

[3] cfr. Ro 6,4–11.