sábado, 30 de abril de 2011

TESTIMONIO: LA DIVINA MISERICORDIA



Cuando los sentidos no captan lo que Dios quiere de nosotros.

Hace muchísimos años, no recuerdo cuantos porque recién hace poco me di cuenta que Dios me quería con Él... antes no le di importancia... no estaba con Él.

Aparte de mi trabajo en una prestigiosa empresa – eran tiempos difíciles en mi país – también hacía producciones en video. No recuerdo a través de quién me llamaron para realizar una filmación para el 25 de octubre (mi cumpleaños). Al principio dije que no podía, pero la curiosidad me hizo preguntar: De que se trata”. Me dijeron que se trataba de la primera Misa en el Perú - en una casa - para la difusión de la Divina Misericordia”... que un cura se estaba paseando por varios países para su difusión. Pará mí, en esa época una Misa en una cas o en una Iglesia no tenía ninguna diferencia.

¡Ojo!... era una Misa en casa, no en una Iglesia. En esa época yo no estaba en el camino de mi Señor, tampoco estaba tan alejado... porque tengo mi corazoncito. La cosa es que acepté sacrificar la borrachera por mi cumpleaños por la filmación – que para mí, en ese entonces no tenía ninguna importancia -... ¿qué cobré?, sí, cobre y bien... era mi trabajo.... hasta en eso Dios me dio una manito.

Yo no me confesaba desde muchos años atrás, y aproveché que el cura no entendía muy bien el español para confesarme... por su supuesto que lo hice de corazón sin recordar que uno no se confiesa ante el cura sino ante Dios.

Creo que Dios ya me había echado el ojo y que me estaba llamando... bruto yo que no me di cuenta hasta después de muchos años, pero como en el cielo no existe el tiempo, Él sabía de antemano que yo iba a caer en sus brazos.... me necesitaba, así como necesita de ti. Él prefiere que un convertido te diga las cosa que Él decírtelo directamente.

Dios le dijo a Faustina que todos los que colaboren con la difusión de su “Divina Misericordia” tienen el cielo fijo... creo que ya me salvé.... aunque eso no signifique que puedo hacer lo que me de la gana.

¿Se imaginan que Dios me escogiera para grabar la primera Misa en su honor? El que tenga ese video, tiene un tesoro. Ahora que me pongo a pensar... creo que me escogió porque me quería a su lado. Bueno... ya lo logró... estoy a sus pies desde hace 23 años... a sus pies a mucha honra.

Mañana, 1º de Mayo es su Festividad.

¡Jesús, en ti confío!

José Miguel Pajares Clausen

HACIENDO LA DIFERENCIA




El mono japonés, Macaca fuscata, ha sido observado y documentado por más de 30 años.


En 1952, en la isla de Koshima, los científicos les proveían a los monos con patatas dulces dejadas caer en la arena. A los monos les gustaba el sabor de las patatas dulces crudas, pero hallaban la arena desagradable.


Una hembra de 18 meses de nombre Imo descubrió que podía resolver el problema lavando las patatas en una quebrada cercana. Ella le enseñó este truco a su madre. Sus compañeros de juego también aprendieron esta nueva manera y los enseñaron a sus madres, también.


Esta innovación cultural fue gradualmente adoptada por varios monos frente a los ojos de los científicos. Entre 1952 y 1958, todos los monos jóvenes aprendieron a lavar las patatas dulces arenosas para hacerlas más palatables. Sólo los adultos que imitaron a sus hijos aprendieron esta mejora social. Otros adultos siguieron comiendo las patatas dulces pero sucias.


Entonces algo sorprendente ocurrió. En el otoño de 1958, un cierto número de monos de Koshima estaban lavando las patatas dulces - no se conoce el número exacto. Supongamos que cuando el sol salió una mañana había 99 monos en la Isla de Koshima que habían aprendido a lavar sus patatas dulces. Asumamos también que más tarde esa mañana, el centésimo mono aprendió a lavar patatas. ¡Entonces ocurrió!


Para la siguiente tarde, casi todos en la tribu estaban lavando las patatas dulces antes de comerlas. La energía adicional de este centésimo mono, de alguna manera, ¡creó una brecha ideológica!


Pero observen. Lo más sorprendente que notaron los científicos fue que el hábito de lavar las patatas dulces se propagó espontáneamente al otro lado del mar - ¡colonias de monos en otras islas y en tierra firme en Takasakiyama comenzaron a lavar sus patatas dulces.


Watson


La historia de hoy, más que un hallazgo científico de importancia es un llamado de atención sobre el don que Dios nos ha concedido a todos y cada uno de nosotros: el poder de influir en otros. Si un mono, actuando por instinto, pudo desencadenar cambios permanentes en la conducta de toda una especie más allá de su isla, ¿cuánto más nosotros, que creados a imagen y semejanza de Dios, contamos además con la presencia y ayuda del Espíritu Santo?


No hay duda que el enemigo de nuestras almas ha engañado a más de uno con la noción de que somos insignificantes y que nuestras vidas no cuentan para nada… o para muy poco. Ante toda insinuación de ese tipo, venga de donde venga, atrevámonos a afirmar que, en Cristo somos más que vencedores y si un mono puede hacer la diferencia, ¡cuánto más nosotros! Adelante y que Dios les continúe bendiciendo.


Raúl Irigoyen


Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:26,27.

LOS MILAGROS QUE NO VALEN PARA CANONIZACIÓN



Por qué los milagros en vida de Juan Pablo II no servirán para su canonización.

En un esclarecedor artículo Diana R. García B. aclara que los milagros en vida de Juan Pablo II, que fueron muchos, no valen para la canonización. Es a partir de la Beatificación cuando se abre un proceso nuevo, que requiere nuevas pruebas. Los milagros son los testimonios del mismo Dios a favor de un siervo muerto en olor de santidad.

Miles de milagros han sido informados al Vaticano.
Que Juan Pablo II vivió en la Tierra una vida de santidad, no nos cabe duda alguna. La vida del Papa se ha desarrollado ante los ojos de todos: «todo el mundo ha visto cómo ha muerto, todos somos testigos de sus virtudes heroicas», ha expresado el secretario de la Congregación para las Causas de los Santos, monseñor Edward Nowak. En palabras del cardenal portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, «con Karol Wojtyla la santidad se ha hecho universal».

Durante la Misa exequial de Juan Pablo II decenas de peregrinos exhibieron grandes mantas en las que se leía: «Santo súbito», que significa «santo ya» o «santo de inmediato». Al terminar la homilía del cardenal Ratzinger, miles de fieles de todas las naciones comenzaron a corear durante largos minutos: «Santo, santo, santo». Este acontecimiento tiene gran relevancia, pues si bien la Iglesia no es una democracia - es el Señor es el que decide, no nosotros -, bien podría decirse que una canonización es el proceso «más democrático» que Dios se ha inventado.

Santo es todo aquel que ha llegado al Cielo, pero no a todos los santos se les conoce ni se les llega a iniciar un proceso para determinar sus virtudes heroicas. Para iniciar una canonización - en sentido literal canonizar significa incluir un nombre en el canon o lista de los santos - es indispensable que sean los fieles, y no las autoridades eclesiásticas, los que sean movidos por Dios para considerar que una persona fallecida es santa, y que respalden dicha reputación de santidad demostrándole veneración mediante oraciones, uso de reliquias, solicitud de favores divinos por su intercesión, etc.

Sin embargo, la simple aclamación popular no es suficiente para declarar santo a alguien. Hoy se necesita que hayan transcurrido cinco años de la muerte de la persona antes de que sus virtudes o martirio puedan discutirse de manera oficial en la Iglesia. Tal vez parezca mucho tiempo; pero hasta 1917 el derecho canónico exigía que pasaran por lo menos cincuenta años. Lo que se pretendía entonces y lo que se pretende ahora es asegurar que la reputación de santidad de que goza un candidato es duradera y no llamarada de petate.

Refiriéndose a la percepción general que se tiene sobre Juan Pablo II, el director de la publicación Palabra, José Miguel Pero-Sanz, dice: «Cuando la Iglesia, desde la cabeza hasta el último fiel sostiene que alguien es santo, eso es asistido por el Espíritu Santo». Pero no todos piensan igual. Juan María Laboa, jesuita y profesor emérito de la Universidad Pontificia Comillas, teme que las peticiones de los fieles para canonizar al recién fallecido pontífice hayan sido fruto del «ambiente sentimental y entusiasta» del momento. Sin embargo, hay que considerar que este presbítero tiene una visión muy peculiar del asunto al considerar que ser santo o beato «no tiene tanta importancia». Y tiene razón en cuanto a que los santos no tienen ninguna necesidad de ser venerados; como dijera san Pablo, ellos han corrido ya la carrera y ganado la corona. Pero los que sí tenemos necesidad de los santos como intercesores y, sobre todo, como modelos de vida cristiana, somos los que aún peregrinamos en el mundo.

Por eso para Juan Pablo II declarar santo o beato a un cristiano no era una bagatela; esto se lee en el número 37 de la Tertio millennio adveniente: «En estos años se han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones. Ellas manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales, mucho más numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio»; son «demostración de la omnipotente presencia del Redentor mediante frutos de fe, esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y razas, que han seguido a Cristo en las distintas formas de la vocación cristiana».

Para que alguien sea declarado beato se requiere la realización de un milagro mediante su intercesión, y otro más antes de ser declarado santo. Un milagro, subraya el cardenal José Saraiva Martins, «es el sello con el que Dios garantiza que una persona está con Dios y que Dios está con esa persona, en comunión». Monseñor Di Ruberto, subsecretario de la Congregación para las Causas de los Santos, agrega que «es de importancia capital conservar la necesidad de los milagros en las causas de canonización porque constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al margen de posibles errores humanos», y es que «nosotros podemos equivocarnos, engañarnos; los milagros, en cambio, sólo Dios puede realizarlos, y Dios no engaña».

La lista de milagros atribuidos a Juan Pablo II es muy extensa. No cientos sino miles de ellos fueron informados a la Santa Sede inmediatamente después de que falleciera el Papa, y las nunciaturas apostólicas - la de México, por ejemplo - tienen en sus libros de visitas una buena cantidad de testimonios. Sin embargo, se trata básicamente de curaciones sobrenaturales ocurridas en vida del pontífice. Al respecto advierte Darío Chimeno, director de la revista Mundo Cristiano: «Los milagros en vida no sirven para nada», sólo para ratificar su fama de santidad. Y es que una canonización es un ejercicio estrictamente póstumo. La buena noticia es que la cuantificación de los milagros tras la muerte de Juan Pablo II comenzaron la misma noche de su fallecimiento; ahora sólo falta estudiarlos.

Además, con la dispensa de Benedicto XVI, ya no será necesario esperar hasta el 2010 para comenzar el proceso de Juan Pablo II. Monseñor Nowak se siente optimista, y no descarta la posibilidad de que en unos seis meses, durante el Sínodo de los Obispos de octubre, Juan Pablo II puede ser proclamado santo.

Algunos milagros papales «inservibles»
*El cardenal Francesco Marchisano, días después de la muerte de Juan Pablo II, testimonió: «Yo había sido operado de las carótidas y, por un error de los médicos, la cuerda vocal derecha había quedado paralizada, obligándome a hablar casi imperceptiblemente. El Papa me acarició el lugar de la garganta donde había sido operado, diciéndome que había rezado por mí. Después de algún tiempo volví a hablar regularmente».

*El secretario personal de Juan Pablo II, Estanislao Dziwisz, contó hace tres años que en 1998 un conocido suyo le pidió que permitiera a un amigo estadounidense muy rico y enfermo de cáncer asistir a la Misa del Papa en Castelgandolfo. El hombre se acercó a comulgar durante la Eucaristía. Dziwisz sólo después supo que el hombre ni siquiera era cristiano, sino judío. «Me llamaron algunas semanas más tarde para decirme que el tumor cerebral había desaparecido en unas horas», aseguró don Estanislao.

*En Colombia, la religiosa Ofelia Trespalacios, de 90 años, afirmó que hace 20 se curó de una enfermedad dolorosa e incurable en el oído que le afectaba el equilibrio. Se encontró con el pontífice en el Vaticano en 1985, en una audiencia que le ofreció a las religiosas de su comunidad. «Le dije: “Santísimo Padre, quiero una bendición para que se me quite la enfermedad. Me dijo que rezara, me dio la bendición y luego me tapó la cara con su mano. Desde entonces no volví a sufrir nada».

*En Irlanda, en setiembre de 1979, Bernhard y Mary Mulligan tuvieron una hija a la que un doctor había desahuciado. «Los riñones de su hija no funcionan. Ella morirá». La madre llevó a su hija hasta donde iba a pasar el Papa, quien sostuvo a la niña en alto. Al poco tiempo la pequeña sanó.

*Desde que nació y hasta los dos años de edad, la hoy adolescente Angélica María Bedoya padecía hidrocefalia y se encontraba en estado muy grave. Durante la visita del Papa a Paraguay, el entonces obispo de la diócesis de Caacupé, monseñor Demetrio Aquino (ya fallecido), la llevó ante el pontífice en la sacristía, antes de la Misa, y el Papa «tocó la cabeza de la niña y cerró los ojos para rezar por ella». La niña se curó.

*En 1980 Juan Pablo II saludaba a los niños, como era su costumbre. Stefanía Mosca tenía 10 años y sufría de autismo, por lo cual no hablaba y solía negarse a recibir alimentos. El Papa le dio un beso a la pequeña, que rápidamente se curó.

*Un terremoto ocurrido en 1980 provocó un accidente que dejó parapléjico, en silla de ruedas, a Emilio Ceconni. En 1984 el Papa posó las manos sobre la cabeza del joven que, pocos días más tarde, recuperó la movilidad total de sus piernas.

*Ese mismo año el Papa visitó Puerto Rico. Allí estaba Lucía, que a los 17 años sufría de ceguera. El Papa posó sus manos, y cuando la joven regresó a su casa, recobró la vista.

AMAR EN SALUD, AMAR EN LA ENFERMEDAD



Existe una extraña relación entre el amor y la enfermedad.

Y al decir, amor no me estoy refiriendo únicamente al que existe entre las personas sino esencialmente, entre estas y el Señor. El amor como sabemos pertenece al orden de espíritu, es la esencia de lo espiritual, porque como nos dice San Juan: Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él (1Jn 4,16). El amor no es materia. Por otro lado la enfermedad es un desarreglo de la materia de nuestro cuerpo, el cual pertenece al mundo de lo visible y el amor pertenece al mundo de lo invisible y pesar de esto el amor y la enfermedad se encuentran vinculados.

En la medicina, tenemos una disciplina académica la que se estudia, lo psicosomático, lo cual en definición del DRAE que es aquello: Que afecta a la psique o que implica o da lugar a una acción de la psique sobre el cuerpo o al contrario. La psicosomática pues, nos enseña que la enfermedad, se manifiesta en la carne, pero nace en el espíritu. Son numerosos los estudios realizados al respecto, señalándose en varios de ellos que cerca del 85% de las enfermedades de las que se queja el hombre, son de naturaleza psicosomáticas. Quiere esto decir que la relación alma cuerpo es total y sin saberlo nuestra alma domina nuestro cuerpo en numerosas ocasiones. Debería de ser siempre el dominio del alma al 100%. cómo lo fue para Adán y Eva en el Paraíso, pero la fuerza de la carne es muy grande y absoluta para todos y en especial muchas personas, que andan por este mundo, desperdiciando el tiempo y de espaldas al Señor.

Hasta hoy la ciencia, manifiesta el hermano Pedro Finkler, no ha conseguido esclarecer debidamente el enigma de la localización y el proceso de tránsito de la energía psíquica al organismo y viceversa. Aún se discute la cuestión de si el principio de todo es la psique o si es la materia orgánica. Razones de orden filosófico impiden aceptar la explicación materialista y positivista de que la materia estaría en el origen de aquello que no es materia. Del mismo modo la explicación espiritualista no es aceptada por el materialista por cuanto este basa sus conclusiones en constataciones inmediatas de fenómenos de la naturaleza.

Por su parte el P. René Laurentin, escribe: Actualmente todavía se habla de la psique, del dinamismo de la conciencia: el fenómeno psicosomático que compromete al cuerpo físico (el cerebro) y al alma espiritual. Hay siempre una degradación del espíritu a la materia. El alma unifica y dirige el cuerpo en todos los niveles. Le desborda y puede suscitar energías casi corporales más allá del cuerpo: lo que algunos llaman El cuerpo energético” (emanación del alma)”.

La salud tanto del alma como la del cuerpo, tenemos que mirarlas como un don de Dios, en el hombre todo lo que él es y tiene siempre es un don de Dios. Pero mucha gente, marginando la salud del alma, piensan que la salud y la buena condición física son algo natural y propiedad nuestra, sobre todo en la juventud que es una época en la vida del hombre, en la que el cuerpo está en todo su esplendor, y todavía no se ha iniciado el derrumbamiento del cuerpo que llegará con la senectud.

En épocas ya pasadas, en las que el hombre vivía más pendiente, unos del temor de Dios y otros de su amor, lo que preocupaba más en aquella sociedad, era la salvación del alma, a diferencia de la obsesión actual por la salud del cuerpo. Los hombres, como en épocas del A.T., luchaban siempre protegidos por sus dioses, ellos eran monólatras, pues reconocían que además de su dios, otros pueblos contra los que luchaban, también tenían sus dioses, a que entendían que eran tan existentes como los suyos propios. El problema estribaba es saber, cuál de los dos dioses, el mío o el del enemigo era más poderosos. En sus primeros tiempos los israelitas, también eran monólatras, solo después del destierro en Babilonia, pasaron a ser monoteístas. Hasta fechas relativamente recientes, una vez superado el politeísmo griego y romano, todo el mundo reconocía la existencia de un dios, las luchas se establecían, en función de si mi dios es el verdadero y no el tuyo. En la historia de la Iglesia católica, ni los primitivos herejes, ni los cismáticos, ni los posteriores protestantes eran ateos y no se le ocurría a nadie, la barbaridad del ateísmo, en cualquiera de sus formas.

Y en este contexto histórico, la eternidad de la vida después de la muerte, tenía mucha más importancia que la precaria brevedad de la vida terrena. El temor de cada uno a su dios, estaba en orden del día. El santo temor a Dios no era solo un patrimonio de los católicos, en todas las religiones cismática, o heréticamente, se veneraba y se adoraba a Dios. Las luchas de nuestra edad media y parte de la edad moderna, eran siempre en nombre de Dios, y en los estandartes de ambos contendientes, había signos religiosos, que en el caso del Islam era la cruz frente a la medialuna. Es a partir del siglo XVIII, cuando nace la negación de Dios y más tarde de paso, la negación de la existencia del alma humana.

La realidad es que la salud del cuerpo, es muy importante para el alma, ella necesita del cuerpo para su propio desarrollo en este mundo, y cumplir con el principio básico de Amar a Dios sobre todas las cosas”. Pero siendo importante la salud del cuerpo, lo es mucho más la del alma, ya que ella pertenece a un orden superior y vale mucho más que el cuerpo que es materia. Y sin embargo hoy en día los términos están subvertidos, y más le preocupa a la gente el cuidado del cuerpo que el de su alma. Ya en el siglo XVII, Van Ruusbroec, para los españoles Rubroquio, escribía, sobre la gente que entonces vivía: “No temen por la honra de Dios... Temen quedar pobres, sufrir en el cuerpo, que les quiten sus bienes, o se los paguen mal. Les asusta ser despreciados, llegar a viejos, caer enfermos no tener consuelos de amigos”.

El Señor a su paso por la tierra, dio constantes muestras de la importancia de la salud corporal, aunque siempre manteniendo que la del alma debe de estar muy por encima: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?” (Mt 16,26). La curación de enfermos y los milagros en las curaciones fueron siempre incesantes. "Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó (Mt 4,23-24). Pero siempre generalmente ligaba la fe, con la realización del milagro que fuese.

Amar en la salud es fácil, la voluntad no se encuentra mermada en su fuerza, pero amar en la enfermedad ya es más difícil. J. Lorda escribe: Si no somos capaces de trabajar cansados o un poco enfermos, el valor de nuestra vida se reduce a la mitad, porque cansados o enfermos estaremos muchas veces. Y la enfermedad mella nuestras fuerzas espirituales. Por ello una plegaria, un acto de amor al Señor, en los momentos de la enfermedad, aumenta su valor a los ojos del Señor. Porque el enfermo a la debilidad de sus escasas fuerzas, ha de añadir la lucha con su demonio particular, que le dice: Pero déjalo, no vez que estas enfermo, que no tienes fuerzas, que la fiebre te come, Dios no te pide tanto, si no vas a lograr nada, sino aumentar la enfermedad. Pero no es así la enfermedad bien llevada es una fuente inagotable de gracias divinas y méritos adquiridos, el problema reside en que estas gracias y méritos no lo ven los ojos de nuestra cara; pero un enfermo que vive en la amistad del Señor, los sentidos de su alma pueden llegar a palparlos, y si se trata de un enfermo postrado por una dolencia incurable, puede estar seguro, de que a él, si persevera, el Señor aunque no lo hallan oído sus oídos corporales, el Señor al igual que le dijo en la cruz a San Dimas, ya le ha dicho a los sentidos de su alma: Estarás conmigo en el Paraíso.

Si tenemos ya, o nos llega el tiempo de enfermedad, no olvidemos que es un tiempo precioso para nuestra salvación, son muy pocos los que lo emplean útilmente, los que hacen producir a sus enfermedades el valor espiritual que les puede proporcionar. En tiempo de enfermedad el alma enferma debe siempre de recordar las palabras de Santa Teresa de Lisieux: No tengo miedo a los últimos combates ni a los sufrimientos, de la enfermedad, por grandes que estos sean. Dios me ha ayudado y llevado de la mano desde mi más tierna infancia. Cuento con Él. Estoy segura de que Él seguirá ayudándome hasta el fin. Podré sufrir horriblemente, pero nunca será demasiado; estoy segura de ello”. Cierto el Señor, nunca permite que un alma sea tentada, por razón de sufrimientos o por otra causa, en forma superior a su capacidad de triunfo.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

MARÍA Y LA RESURRECCIÓN DE CRISTO



María es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso de la Resurrección.

Después de que Jesús es colocado en el sepulcro, María "es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección".

La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.

Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.

Suponiendo que se trata de una "omisión", se podría atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salvífico se encomendó a la palabra de "testigos escogidos por Dios" (Hch 10, 41), es decir, a los Apóstoles, los cuales "con gran poder" (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Antes que a ellos el Resucitado se apareció a algunas mujeres fieles, por su función eclesial: "Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán" (Mt 28, 10).

Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.

Los evangelios, además, refieren sólo unas cuantas apariciones de Jesús resucitado, y ciertamente no pretenden hacer una crónica completa de todo lo que sucedió durante los cuarenta días después de la Pascua. San Pablo recuerda una aparición "a más de quinientos hermanos a la vez" (1 Co 15, 6). ¿Cómo justificar que un hecho conocido por muchos no sea referido por los evangelistas, a pesar de su carácter excepcional? Es signo evidente de que otras apariciones del Resucitado, aun siendo consideradas hechos reales y notorios, no quedaron recogidas.

¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?

Más aún, es legítimo pensar que verosímilmente Jesús resucitado se apareció a su madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (cf. Mc 16, 1; Mt 28, 1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de que ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que las primeras testigos de la resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la cruz y, por tanto, más firmes en la fe.

En efecto, a una de ellas, María Magdalena, el Resucitado le encomienda el mensaje que debía transmitir a los Apóstoles (cf. Jn 20, 17-18). Tal vez, también este dato permite pensar que Jesús se apareció primero a su madre, pues ella fue la más fiel y en la prueba conservó íntegra su fe.

Por último, el carácter único y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta unión con su Hijo en el sufrimiento de la cruz, parecen postular su participación particularísima en el misterio de la Resurrección.

Un autor del siglo V, Sedulio, sostiene que Cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su madre. En efecto, ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la resurrección, para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del Resucitado, ella anticipa el "resplandor" de la Iglesia (cf. Sedulio, Carmen pascale, 5, 357-364: CSEL 10, 140 s).

Por ser imagen y modelo de la Iglesia, que espera al Resucitado y que en el grupo de los discípulos se encuentra con él durante las apariciones pascuales, parece razonable pensar que María mantuvo un contacto personal con su Hijo resucitado, para gozar también ella de la plenitud de la alegría pascual.

La Virgen santísima, presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el cenáculo en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada también de la resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.

En el tiempo pascual la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: "Regina caeli, laetare. Alleluia". "¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!". Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el Alégrate!" que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en "causa de alegría" para la humanidad entera.

Autor: SS Juan Pablo II

MENSAJE DEL CIELO A NUESTRO GRUPO DE ORACIÓN - VIERNES 29 DE ABRIL 2011



Rosa del Corazón del Santísimo (Ángel de nuestro grupo):
Buenas noches Grupo Sí Señor, siempre estoy cuando me llaman, se sienten corazones tristes, distanciados, les falta mucha oración, mucha oración.

Cierren sus ojos, llénense de paz, respiren profundamente, siéntanse en paz, no hay nada más en el mundo, solo ustedes y su Señor, háblenle con el corazón, su corazón es verdadero, su corazón no miente.

Háblale, pídele perdón, por no haber sido hoy un buen cristiano, una buena cristiana... ¡perdóname Señor!, di muy en tu interior... pídele perdón, por haber volteado la cara a ésa persona que te necesitó, por no darte cuenta que otros sufren, pídele perdón por ese niño que viste y no te importó, por esa mala noticia de otros, que no te conmovió.

Pídele perdón... hoy le hablas de corazón a corazón... Él está aquí contigo, ábrete ahora... cuando estés en paz y todo lo malo haya salido de ti, dile gracias por lo que te va a dar, gracias por lo que te dio y alégrate porque estás vivo, porque mañana vas a ver la luz... no te distraigas, si te distraes de otras cosas te pierdes de su AMOR... mantén tus ojos cerrados, gracias Señor, gracias Señor... ahora Él te va a dar la sanación de adentro hacia fuera y te pide que seas feliz... que no importa lo malo que pase, sé feliz, se feliz y agradece por todo lo que tienes hoy, agradece su amor porque no hay Amor más grande que el de Él, respira profundo, y recibe su bendición.

Hno. José: La bendición de Dios, Padre....

Grupo Católico de Oración por los Enfermos “Sí Señor

José Miguel Pajares Clausen

viernes, 29 de abril de 2011

COMUNIÓN CON DIOS Y SU AMOR



Sabemos que queremos a nuestro hijo. Sabemos que con otra persona no congeniamos.

No sabemos tal vez hacer que sea fácil una relación, aún queriéndolo. Y esa armonía, sintonización, comunión, expresa mejor que largos discursos que es la oración al Padre bueno, que es la santidad de Dios, la vida cristiana en comunidad, la acción de Espíritu Santo y en resumen lo que se vive en la Eucaristía cuando se establece la comunión con la Palabra de Dios que nos transforma.

La Teología es buena en cuanto produce esa comunión de mentes, de corazones. El pensamiento de la Iglesia la une. La autoridad papal y conciliar en tanto que no crea descomunión, sino comunión es buena y deseable. La pena es que hoy necesitamos milagros de comunión para ser una sola Iglesia, hasta con los no cristianos, para ser una sola humanidad.

Pero Dios lo puede todo. Contemplar la bondad del Padre que envía a su hijo querido para que muera por cada hombre, aún sólo por uno. Porque nuestra percepción de la realidad es limitada, como en un espejo, dirá San Pablo. Pero el amor, de Dios que nos invita a responder con amor a Dios y al hermano, y dentro de este amor un pensamiento común, es valioso y deseable. Pero no tanto porque exprese en términos absolutos una realidad, porque acierte plenamente y describa con nuestros medios mentales y sensoriales la realidad, sino en tanto que nos unifica en nuestra capacidad y hasta necesidad de pensar, analizar y concebir la realidad, a pesar de nuestros sentidos, parámetros y visiones limitadas, casi inexistentes.

La narración teológica está dañada desde los presupuestos, esto es, el Geocentrismo precientifico y el mismo sistema de abstracciones que es útil para movernos y entendernos, que es menos útil para la ciencia, pues se queda muy corto y falsea el resultado, aunque sea útil para hacer aparatos y otras utilidades económicas. Pues para hacer deserciones y exposiciones de la Verdad, con sus tiempos simbólicos pretendidamente reales amparados por una fe que no quiere ser fideista pero que lo termina siendo, o sea, que hay que creerla porque sí, porque lo dice la Iglesia, porque es nuestra tradición, porque está en la Biblia, etc. Y lo peor es que no tenga obras. Que no resulta de esa fe hombre santos, iguales a Jesucristo en el amor, la fe y la esperanza. Sólo datos que rallan lo ridículo basados en creencias fundamentalistas. Porque el cristianismo es lo que es, un fuerza de salvación que acogiéndola, que es Jesucristo resucitado, transforma al hombre según la voluntad de Dios en su imagen. Y cuando sucede eso se convierte en verdadero, en útil y válido. Y cuando nos asusta con el infierno, con los pecados, con las moralidades, liturgias, ritos, devociones, prácticas y éstas no son soporte en el que se de esta transformación, se convierte en una esclavitud de la que esperamos que podamos liberarnos.

Porque no es con Teología y Dogmática con lo que cambiamos nuestra conciencia, aunque sus inspiraciones nos ayuden, pues éstas sólo portan un cierto sentido de la realidad, como en un espejo que decíamos con Pablo. Y por más que de esas concepciones recibamos ánimo, sobre todo cuando están expresadas en términos positivos, optimistas, abiertos a la grandeza de nuestro Padre, lejos de consideraciones tristes y fanáticas, cerradas a la vida, pesimistas, que nos limitan y nos dejan inútiles para crecer, sino que nos ayudan a contactar con el amor de Dios, con lo que recibimos de Él en sí no expresan la realidad, sino que nos acercan a la acción de Dios. Es con la adecuación de nuestra conciencia con la Conciencia, con el Padre, con Dios. Y en esta comunión con Dios y los hermanos resultamos transformados, el Espíritu Santo hace un hombre nuevo que no muere, que vive en al vida eterna. Que glorifica a Dios y proclama su santidad.

Juan Carlos

YO NO CREO EN NADA



Yo no creo en nada. Me dice una amiga.

Es una especie de tradición familiar porque su padre tampoco creía en nada. Y porque para creer en algo que da miedo, mejor no creerlo, que te hace vivir la angustia, como un chantaje, deseando nunca haberlo sabido para al menos así vivir tranquilo.

El Infierno, el mismo Dios celoso y justiciero, nuestras circunstancias limitadas y desgraciadas de porque estamos aquí (porque a Dios se le ocurrió crearnos sin consultarnos o algo así). Parece que esto de la realidad es para creerlo, porque como Tomás, si lo veo, lo creo y si no, no existe. Y es que hay una creencia que se hace forzada, obligada, chantajeada, violando tu derecho a pensar, vivir, descubrir, experimentar, gozar del encuentro con lo que vives. Esta es la realidad y tienes que creer en ella y si no atenta a las consecuencias, infiernos, samsaras. Por este motivo y no por lo que se volvería una creencia liberadora, transformadora, deseable, digna de convertirse en una Buena nueva que por amor a los demás valdría la pena extenderla para que mas hombres se beneficien de la felicidad que lleva. Porque el Evangelio se trata precisamente no de algo en lo que mejor es no creer, sino de otra cosa beneficiosa, que nos nutre de esperanzas, de alegrías, de opciones para ser mas plenamente a lo que estamos llamados a ser, libres, santos, hijos de Dios, etc. Es como si fuéramos a comprar algo y nos hablan solo de desventajas, de inconvenientes, es como si tuviéramos que comprar a pesar de que el vendedor se resiste a vendérnoslo.

Pues en este caso la venta se realiza en base a las obras del evangelizador, Viendo a Jesucristo los seguidores tenían la seguridad de creer en algo que salía de alguien que les llenaba el corazón. Y así se supone que debería ser cada cristiano, un otro cristo que al proclamar la Palabra de Dios quien la escuche diga que enseña no como los fariseos, las tumbas blanqueadas que dicen una cosa y hacen otra, sino como alguien que tiene poder, que sus palabras transforman al que las recibe, crean una fe, una fuerza que les invita a iniciar ese sendero de santidad y felicidad al que nos ha llamado nuestro Padre amado en Jesucristo.

Si una llamada a la responsabilidad es conveniente. Hacer ver que si no aceptas a Jesús, con la felicidad que te ofrece, es lógico. Si ahora estas mal, enfermo, deteriorado, lleno de enfermedades dolorosas y alguien te quiere ofrecer una medicina que te va a dejar como nuevo, siempre podríamos hacerle ver que si no quieres aceptarla, es ya la respuesta tuya la que te condena. No es que te venga a condenar yo. No es que te ofrezca el infierno, sino que es lo que vives y es lo que me gustaría que dejases de sufrir.

Así Jesús nos invita a un agua viva, una Palabra de vida, un nacimiento de un hombre nuevo que ya no muere, participar en su resurrección para ser como ángeles, viviendo como Él mismo, como hijos de Dios. Es todo bueno lo que nos ofrece, lo que ofrece la Iglesia de Jesús. Y esta a nuestro alcance porque es gratis, es Gracia, es un obra de Dios en cada uno. Para eso nos ha invitado a la existencia. No para torturarnos, amenazarnos con un infierno eterno, sino para hacernos entrar en la vida de Dios, participando de lo que es Dios mismo, amor.

Dios se nos escapa. Que bello es contemplar un Dios no domesticado. Que se nos sale de previsiones teológicas, escrituristicas, que en un tiempo enlataban bajo la excusa del depósito de la fe y la revelación bíblica y eclesial. Dios es mas grande aún, Padre de los cielos de los cielos, de los trillones de límites de nuestro entendimiento. Y Padre cercano, que sabe lo que hay en nuestro corazón, nuestro nombre y nos quiere con Él. El Espíritu Santo, el que nos cristifica, el que actualiza la presencia de Jesús en nuestras personas, en nuestras comunidades, no entra en nuestro entendimiento, como viento que no se sabe de donde viene y a donde va.

Así hace Dios de cada cristiano que quiere dejarse llevar por su Espíritu. Por eso creo que vale la pena creer en la esperanza de lo que Dios nos ha reservado a los que ama. Ser como Jesús.

Juan Carlos

PREPARA LA IGLESIA PARA LOS HERMANOS DEL TIEMPO VENIDERO



Como abrir un proceso de actualización en la Iglesia, esta es la cuestión.

Ya pedimos perdón. Lo que importa es que ya no nos volvamos a equivocar con otros galileos. Pero si seguimos igual de cerrados en nuestros dogmas que arrasan aperturas a otras percepciones de la realidad seguimos, aunque sin Inquisición que nos mate, sí con otra que nos hace estériles para ofrecer la espiritualidad cristiana libre de ataduras que valieron hasta el Medioevo, y que después fueron causa de rechazo por la Ciencia. Parece que es fácil decir que nos arrepentimos, pero difícil iniciar el proceso de adaptación a la realidad, ese agornamento no sólo doctrinal, que no es sólo en las formas, liturgias, canciones, relaciones, pedagogías, investigaciones bíblicas o eclesiales, todo ello muy necesario, sino adaptando lo que en el depósito de la fe es una expresión que queda desfasada y potenciar lo que esa fe tiene de válido y útil para estos tiempos y dejarlo preparado y asimilable para los próximos hermanos. Y con este cambio estaremos situados en el presente y sobretodo el Evangelio de Jesucristo será una oferta creíble y operativa cuando en un futuro cercano se abra la ciencia a una concepción de la realidad mas allá de la que hoy tenemos.

Si la prehistoria termina con la escritura, y comienza unos siglos de pensamiento racional, que en estos tiempos culmina con la mentalidad científica todavía limitada por este sistema de pensamiento-lenguaje que mide, cuadricula, capta la realidad y la congela en una red mental de abstracciones que necesita constantes, leyes que nos sitúen en la realidad con alguna certeza, como la de la velocidad de la luz. Gradualmente entraremos en una vivencia supraracional que revertirá en una mejora tecnológica y sobretodo comprensiva. Dimensiones, percepciones que hoy se empiezan a abrir camino y otras tantas que hasta ahora no sospechamos. Que abrirá nuestra comunicación a un lenguaje no verbal, que hoy atisbamos con la telepatía, la percepción de la realidad directamente a la conciencia, sin mediar sentidos imperfectos, y que no alcanzamos mucho a entender hasta donde nos llevará. Y será en esta situación en la que nuestra fe como la concebimos ahora, ya desfasada en este momento, será rechazada con mucho mas peso, y quedaríamos en la sola fe resistiendo ante este temporal de verdad con la sola dosis de perseverancia por no querer apartarnos de nuestra tradición, o todavía con los miedos a romper con las creencias heredadas, chantajes de infiernos y melaconlías por la que quisiéramos que todo siguiera igual, y cosas similares.Lo cual ahora podríamos preparar, abriéndonos a lo que realmente van a aprovechar nuestros hermanos cristianos que nos sucedan en la Iglesia es urgente que empecemos individualmente y comunitariamente a trabajarlo con urgencia, sinceridad y entrega, pensando mas en los hermanos que se beneficiaran de este camino abierto. La fuerza de salvación que Dios suscita en Jesucristo. Ese Sol que nace de lo alto para iluminar a los que vivimos en sombras de muerte. Y que es una Palabra para los hombres, que comunica el amor de Dios, la voluntad de Dios para cada hombre y que obra ese portento de la santificación, de hacernos ese hombre nuevo que da gloria a Dios. Participando de la resurrección que es Jesús mismo. Unidos a Jesús ser hijos de Dios.

¿Por qué esa acción del Espíritu Santo la vamos a limitar geocentrizando la realidad, obligando a la fe a que asuma como buenos dogmas que serán bíblicos, eclesiales y sobradamente necesarios para la fe de los que nos antecedieron, pero que hoy ya no nos hablan de otra cosa de una mentalidad precientificia y que para la nueva mentalidad quedarían definitivamente fuera de circulación?. En eso es verdad que Jesucristo es el mismo hoy y siempre. Pero no es verdad que la percepción de la realidad sea la misma hoy, ayer cuando lo que existía era solo la tierra y la bóveda del cielo y mañana cuando existen unas realidades que hoy empezamos a vislumbrar aunque todavía no las entendemos. Y ese Jesús si es el que nos sirve ayer, hoy y mañana. No la Creación que sitúa la realidad en un tiempo y espacio que sabemos irreal. No la adaptación de esa Creación geocentrica ampliada al Big Bang. No una Parusía creída a fuerza de fe, de forzar nuestra mentalidad para la que Biblia, la dogmática y el credo cristiano, de anular nuestra dignidad de buscar, descubrir la Verdad que nos hace hijos de Dios libres. No cerrar en la Encarnación de Jesús la capacidad de comunicar Dios su amor a su creación. Sino de en acoger lo que Dios nos ha regalado en Jesucristo. Hacer fecunda hasta esa acción de la Gracia para que se haga su voluntad en cada hombre, que sea cristificado y haga las obras de amor por las que nos eligió en la Persona de Cristo, insertándonos en Él, en esa corriente de santidad, en el Espíritu santo, dóciles a su obra, para que Dios haga grandes obras desde el nuevo nacimiento en el Espíritu hasta la cruz y la resurrección, que es Cristo mismo. En esto si que es urgente que nos enriquezcamos, que no solo nuestros hermanos tradicionales que aceptan a la Iglesia como es y expresa la fe, sino los hermanos que prevemos que es comida para hoy y hambre y desconcierto para los hermanos de mañana, nos alimentemos y debidamente crecidos en la fe podamos trasmitir a nuestros hermanos que nos suceden en la Iglesia este Evangelio del amor de Dios, para gloria de Dios. Para manifestar que Dios es bueno y que nos ama a cada hombre, de todos los lugares que ahora no podemos ni imaginar. Que sabe nuestro nombre y que nos ha invitado a vivir para participar con Dios mismo de la plenitud de su vida.

Parece que sólo se pueden plantear desde entornos futuristas, extraeclesiales, de la Nueva Era, desarraigados de nuestra herencia espiritual aperturas a lo que ya empieza a vislumbrarse. Dentro de la Iglesia se opta por posiciones conservadoras, aplicando ese ejemplo de que San Agustín no creyó que era necesario plantearse si los unicornios tenían alma. Era en ese momento habitual creer en ese poético personaje y se llegó a crear una inquietud intelectual sobre si ese ser mitológico tendría alma como los humanos. Y el santo dice con mucha gracia, primero me atrapan uno y luego determinamos que tiene. Pero si hoy queremos atrapar un ser inteligente de otro planeta para examinar si tiene alma. Si hoy queremos atrapar otra dimensión. Si hoy nos quedamos tan satisfechos como Agustín dando por supuesto que no hay nada mas que lo que había hace 20 siglos y no que no hay que preocuparse porque no nos afecta ningún replanteamiento de la esencia del hombre. Que todo es propaganda anticristiana que nos quiere confundir pero que lo bueno es lo nuestro y que fuera de la Iglesia, en un sentido también de comprensión de la realidad, no hay salvación.

Volver a ensamblar nuestras convicciones cuesta y no solo a un grupo que lo trabaja, sino pastoralmente hacerlo llegar a un pueblo al que hemos acostumbrado a estar cómodos con la infalibilidad de un Papa, una Iglesia y una dogmática inamovible. Y movilizar a ese pueblo a lo que importa, como si de un naufragio se tratase y tirásemos por la borda lo que ante esta tempestad de la época que nos acontece se fuera a hundir el barco de nuestra fe, y nos quedásemos por fuerza, gracias a Dios por cierto, con lo que realmente importa, la vida y el núcleo de nuestra vivencia cristiana, la transformación en Cristo, la santificación que Dios nos regala.

Y hay, como no, motivaciones emocionales que tal vez sean mas costosas que las mismas intelectuales. Si un grupo de la Iglesia propone algún tipo de variación se le amonesta, se le hace corregir y enfatizar en el error que proponía, hasta que vuelva a quedar dentro de la ortodoxia. Y a veces hasta estamos convencidos de lo que nos unifica eso. Porque cuando la Iglesia se pone a crear dogmas a la carta, como el caso de la comunión anglicana donde se hacen dogmas a la carta con el voto de unos cuantos hermanos, el desconcierto y la descomunión pueden ser peligrosos. Y es que estamos ante un cambio mayor que todos los que nos anteceden. No son opciones de doctrinales como la reencarnación, la consideración de religiones no cristianas con otros procesos de santificación, la apertura a otras culturas, y también a las de otros planetas, que sería ya bastante reto, sino un paso a otro tipo de vivencia. Otro hombre que salta de ser de un reino, como el animal a otra categoría, tal vez una vegetal que recibe la vida sin depender del cuerpo, la comida, la bebida, la sexualidad. Tal vez seamos como los ángeles, que dice Jesús refiriéndose a los resucitados, y vivamos en una cultura que abandona delincuencias, egoísmos, que su principal objetivo es compartir y hacer feliz a los demás, tender a Dios, y vivir para dar el salto a la próxima etapa de vida en Dios, el cielo. Antes era lo único que había, como la Tierra era la única creación. Todo era lo único y tendemos a que todo sea una parte ínfima de una realidad que nos empequeñece tanto que Dios queda mucho mas digno de gloria y alabanza.

Juan Carlos

CONFIANDO EN MARÍA



Si estamos enfermos.

Si estamos enfermos debemos proclamar a María como Reina de nuestra enfermedad, para que Ella tome las riendas de nuestro padecer y nos guíe en este camino de dolor y sufrimiento, y si le parece que es conveniente para la salvación de nuestra alma y el bien espiritual de muchos, nos dé la gracia de una completa curación o, al menos, el alivio de una pronta mejoría en los padecimientos.

¡Qué felices seremos si nos confiamos a la Virgen, si le confiamos nuestra dolencia!, porque Ella sabrá hacer todo lo necesario para aliviarnos la cruz y hacérnosla llevar con valor y mérito, para ser otros verdaderos cristos y completar así lo que falta a la Pasión del Señor.

Confiemos en María, que Ella es la Reina del Cielo y de la tierra y todo le está sometido, absolutamente todo, incluso las enfermedades y los demonios que las causan. Por eso entreguémonos en los brazos misericordiosos de Aquella, que es nuestra Madre buena y compasiva, y seremos felices aún en medio de la cruz de cada día. Y si es voluntad de Dios que nos sanemos, María pasará su mano virginal sobre nuestra enfermedad y quedaremos curados. Solo confiemos en Ella... la Madre de Dios.

LAS OCASIONES DE PECAR



Parece una obviedad y en realidad lo es.

El caballo de batalla, la causa principal del absentismo o abandono del sacramento del perdón o confesión, no radica tanto en el reparo a decir los pecados a un hombre como yo; ni en la escasez de confesores, ni en la falacia de no sentirse uno pecador. Lo difícil, francamente difícil, es la experiencia de que la confesión, aún la más fervorosa, no logrará, por sí misma, cambiar la atracción al mal, al pecado y el penitente tiene la certeza de que volverá a las andadas. Tal experiencia y convencimiento, es como un muro infranqueable, que impide el verdadero dolor y propósito sincero de no volver a pecar.

Dice Jesús que quien comete pecado, es esclavo del pecado”. En efecto y sin una gracia especial de Dios, resulta imposible romper la fuerte cadena que ata el alma del pecador reincidente, que se queda solo ante el peligro y no evita con todas sus fuerzas la ocasión de pecar. Bien lo expresan los dichos populares: Quien ama el peligro, en él perece y Evita la ocasión y evitarás el peligro.

Este tema es tratado con todo detalle y detenimiento por moralistas, maestros de espíritu y teólogos. Analizan situaciones y distinguen entre ocasión próxima y remota; necesaria y no necesaria; presentando una casuística tediosa e interminable. Mientras, el pecador se debate entre el sincero deseo de vivir en gracia de Dios y aquella ocasión - persona, cosa, lugar, situación, o peligro - que le arrastra a la caída, casi inevitablemente. La propia experiencia nos dice que, sin una gracia extraordinaria del cielo, a pedir con oración constante, humildad y ayuno, será imposible evitar las ocasiones próximas de pecar. Ya lo anunció Jesús cuando dijo:Sin Mí no podéis hacer nada”.

Muy duras, radicales y exigentes, por otra parte, las sentencias del Señor Jesús en su Evangelio cuando dice: Si tu mano o tu pie te escandalizan - te llevan al pecado - córtatelos, pues más te conviene entrar cojo o manco en el Reino de los cielos que con las dos manos o los dos pies, ser arrojado al fuego del infierno. Y si tu ojo te escandaliza sácatelo, pues más te conviene entrar tuerto en el cielo, que con los dos ojos ser arrojado fuera. No hay duda de que el Señor se refiere aquí a personas, cosas o situaciones tan queridas por nosotros como las manos, pies y ojos y que debemos cortar tajantemente o evitar si nos son ocasión próxima de pecado. No hay otra alternativa, si es que de veras queremos gozar de la paz y alegría de conciencia en nuestra vida cristiana. Palpamos la radicalidad evangélica que no admite componendas ni subterfugios. Sólo en la oración desgarrada encontraremos lo que nos falta.

Miguel Rivilla San Martin

LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA



Se celebra en el primer Domingo después de Pascua.

Tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos.

"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia" (Diario, 300). La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).

En 1997, en peregrinación al Santuario de Jesús Misericordioso en Cracovia, ante la tumba de la Santa Faustina Kowalska, Juan Pablo II agradeció el haber podido "contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo, mediante la institución de la fiesta de la Divina Misericordia", que de la Diócesis de Cracovia, donde él era Arzobispo, se difundió en tantas otras diócesis del mundo entero. Es difícil estimar cuántos millones de fieles, cada año, celebran en la Iglesia universal, bajo la guía de los propios Pastores, la fiesta de la Misericordia en el primer Domingo después de Pascua.

Realmente esta devoción de la Divina Misericordia se difundió rápidamente por un impulso divino, como Juan Pablo II dijo en el día de la beatificación de la Hna. Faustina, el 18 de abril de 1993: Es verdaderamente maravilloso el modo en el que la devoción a Jesús Misericordioso se abre camino en el mundo contemporáneo y conquista tantos corazones humanos! Esto es, sin duda, un signo de los tiempos, un signo de nuestro siglo XX".

El Santo Padre, en la Audiencia general del 12 de enero de 1994, también decía que: "el mensaje de la Misericordia de Dios es una fuerte llamada a una confianza más viva, "Jesús, ¡confío en Ti!". Es difícil encontrar palabras más elocuentes de las transmitidas a nosotros por la Hna. Faustina". Por esto, "La Iglesia relee el Mensaje de la Misericordia para llevar con más eficacia a la generación de finales del milenio y las futuras, la luz de la esperanza" (Juan Pablo II en Cracovia, el 7 de junio de 1997). Para la hora de la Misericordia, baste recordar que el Señor dijo a la Hna. Faustina: "Cada vez que sientas el reloj dar las tres, acuérdate de introducirte totalmente en mi Misericordia, adorándola y exaltándola; invoca Su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, porque fue en aquella hora cuando fue abierta para todas las almas".

Por la difusión del culto de la Divina Misericordia, Jesús confió que, "A las almas que difunden el culto de mi Misericordia, las protegeré toda la vida, como una tierna madre (protege) a su hijo todavía lactante y en la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso"... "En aquella hora obtendrás todo para ti misma y para los demás; en aquella hora se otorgó gracia al mundo entero; la misericordia venció a la justicia".

Palabras de Jesús Misericordioso a Santa María Faustina.
Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero. (47)

Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y sobretodo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria. (48)

Cuando lo dije al confesor (48), recibí como respuesta que ese se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia. (49)

Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia - recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi Misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré. (206)

Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

Durante la oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...

Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia. (299)

Pide a Mi siervo fiel (132) que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. (300)

"Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente." (Diario #1316, p. 471)

"Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia e el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio." (Diario #1317, p. 472)

"Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Alma, escucha la voz de tu padre Misericordioso." (Diario #1486, p. 522)

"Has de saber hija mía, que mi corazón es la Misericordia misma. Desde este mar de Misericordia las Gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí ha partido sin haber sido consolada. Cada miseria se hunde en mi Misericordia y de este manantial brota toda Gracia salvadora y santificante..." (Diario # 1777, p. 626)

"Mi corazón se alegra de este título de misericordia. Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia." (Diario #300 p.153)

"Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión." (Diario #1320, p.472)

"A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía." (Diario #1320, p.472)

"Aun si un alma estuviese en descomposición como un cadáver y humanamente sin ninguna posibilidad de resurrección y todo estuviera perdido, no sería así para Dios: un milagro de la Divina Misericordia resucitaría esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices los que no aprovechan de este milagro de la Misericordia Divina! ¡Lo invocaran en vano, cuando sea demasiado tarde!." (Diario #1448, p.510)

"Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios." (Diario #299, p.153)

"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia. Oh, cuánto Me hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad." (Diario #300, p.153)

"¡Cuánto deseo la salvación de las almas! Mi querida secretaria, escribe que deseo volcar mi Vida Divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran recibir mi Gracia. Los más grandes pecadores podrían alcanzar una gran santidad si solamente tuvieran confianza en mi Misericordia. Mis entrañas están colmadas de Misericordia, que es derramada sobre todo lo que he creado. Mi delicia consiste en el obrar en las almas de los hombres, llenarlas con mi Misericordia y justificarlas. Mi Reino en la tierra es mi Vida en las almas de los hombres." (Diario #1784, p. 628)

"Reza incesantemente este Rosario que te he enseñado. Todo aquel que lo rece se hará acreedor a la Misericordia a la hora de la muerte...Los Sacerdotes lo recomendaran a los pecadores como última tabla de salvación. Hasta el pecador mas empedernido, si lo reza una vez tan solo, recibirá la Gracia de mi Misericordia infinita. Deseo que todo el mundo conozca mi Misericordia. Quiero conceder gracias inauditas a aquellos que confíen en mi Misericordia." (Diario #687, p. 290)

"A las almas que recen esta coronilla, Mi Misericordia las envolverá en vida y especialmente en la hora de la muerte." (Diario #754, p. 310)

"A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi voluntad." (Diario #1731, p. 608)

"Oh que enorme caudal de Gracias derramaré sobre las almas que recen esta coronilla: las entrañas de mi Misericordia se enternecen por aquellos que rezan la coronilla. Anota estas palabras, hija mía, habla al mundo de mi Misericordia. Que toda la humanidad conozca mi insondable Misericordia. Es la señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Cuando todavía queda tiempo, recurran al manantial de mi Misericordia; que aprovechen de la Sangre y el Agua que brotó para ellos." (Diario # 848, p.338)

"Mi Misericordia es mas grande que tus miserias y de aquellas del mundo entero. ¿Quién ha medido mi bondad? Por ti he bajado del cielo a la tierra, por ti me he dejado poner en la Cruz, por ti he permitido que fuera abierto con una lanza mi Sagrado Corazón y he abierto para ti una fuente de Misericordia. Ven y toma de las Gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. No rechazaré jamás un corazón que se humilla, tu miseria será hundida en el abismo de mi Misericordia." (Diario #1485, p. 521)

"...aquellos que proclamarán mi gran Misericordia. Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte, como mi Gloria aunque los pecados de las almas fuesen negros como la noche, cuando un pecador se dirige a mi Misericordia, me rinde la gloria más grande y es un honor para mi pasión. Cuando un alma exalta mi Bondad, entonces Satanás tiembla y huye a lo más profundo del infierno." (Diario #378, p. 186)

"Mi Corazón está colmado de gran Misericordia por las almas y sobre todo por los pobres pecadores. Oh si pudieran comprender que Yo soy para ellos el mejor de los padres; que para ellos ha brotado de mi Corazón Sangre y Agua, como de un manantial desbordante de Misericordia; que para ellos vivo en el Tabernáculo y como Rey de Misericordia deseo colmar a las almas de Gracias, pero no quieren aceptarlas. Ve tú por lo menos lo más seguido posible a tomar las Gracias, que ellos no quieren aceptar y con esto consolarás mi Corazón..." (Diario #367, p. 178)

"De todas mis llagas, como de arroyos, fluye la Misericordia para las almas, pero la Llaga de Mi Corazón es la fuente de la Misericordia sin límites; de esta fuente brotan todas las Gracias para las almas. Las llamas de mi compasión me consumen, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres." (Diario #1190, p.431)

"Deseo unirme a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma, pero las almas ni siquiera Me prestan atención, Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué triste es para Mí que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan como una cosa muerta." (Diario #1385, p. 492)

"Oh, si los pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos. Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mí, habla de Mi gran misericordia." (Diario #1396, p. 496)

Texto tomado del "DIARIO: La Divina Misericordia en mi alma." Editorial de los Padres Marianos, Stockbridge, Massachuesetts, 1996.

DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO



¡Qué dicha encontrarse nuevamente con el Señor, había vencido verdaderamente a la muerte!

Contemplaremos, paso a paso, un hermosísimo pasaje evangélico. Veremos a los apóstoles que, atemorizados, se escondían bajo llave. Veremos a Jesús que amorosamente se acerca a ellos y les anima. Veremos al apóstol Tomás que no se anima a creer en la Resurrección del Señor.

Cuando se está lejos de Jesús, o cuando se le desconoce, la vida de una persona se convierte en una angustia permanente. ¿Qué sucede cuando una persona que no cree en Dios se entera que ha de morir pronto por una enfermedad incurable? ¿Que sucede con una persona que no cree en Dios y pierde a un ser querido, o sufre un terrible accidente? ¿Acaso no se llena de angustia, de miedo, de duda? Pero, cuando verdaderamente se cree en Dios, la persona atribulada confía y no se angustia. Nuestro mundo de hoy vive angustiado todo el tiempo pues no conoce o no quiere aceptar a Jesucristo.

Contemplemos este pasaje evangélico que el apóstol San Juan nos transmite por medio de la Liturgia de la Palabra. Observemos, paso a paso, lo acontecido en aquella ocasión. Observemos a los protagonistas del pasaje y presenciemos personalmente lo ocurrido.

Era el día de la Resurrección. Era ya de noche. Los discípulos de Jesús, diez únicamente (pues Judas, quien había traicionado y vendido al Señor, se había quitado la vida; Tomás estaba ausente), se encontraban encerrados bajo llave en una casa. Estaban llenos de miedo por los judíos. Asustados, temerosos, no comprendían qué pasaba. Por la mañana, María Magdalena les había dicho que Jesús había resucitado, que ya no estaba en la tumba. Pedro y Juan fueron corriendo presurosos a ver el sepulcro, la tumba, donde habían depositado el cuerpo del maestro. Ellos no creían lo dicho por María Magdalena. Creían que el cuerpo había sido robado y temían que los judíos los maltratasen. Además, estaban tristes pues ¿de qué les había servido haber dejado familias, trabajo, fama y tranquilidad para seguir a Jesús durante tres años y haber terminado con la sentencia de muerte, ejecución y sepultura del maestro? Estaban desconcertados, atemorizados y tristes. ¡Pobres discípulos! Se sentían huérfanos.
Mas de pronto, en medio de esa comunidad atemorizada y encerrada bajo llave, el Señor se presenta amorosamente. ¡Cuál habrá sido el susto que ellos se habrán llevado al ver que un resucitado se les aparezca! Tres días antes lo habían enterrado muerto después de un suplicio horrible! Ahora Él se presenta en medio de ellos. Conociendo el Señor que estaban tan atemorizadas y que su aparición les iba a aumentar los temores, les dice amorosa y tiernamente: “La paz esté con Ustedes”. Ellos se tranquilizan. El Señor nuevamente les ayuda, pues les muestra las heridas causadas por los clavos en las manos, y la herida causada por la lanza en el costado. Entonces, esos discípulos que estaban llenos de miedo, de tristeza, se alegran de ver al Señor.

¡Qué dicha encontrarse nuevamente con el Señor! En esos momentos, reconocían que era verdad todo lo que les había dicho. Lo veían a Él resucitado, vivo. ¡Había vencido verdaderamente a la Muerte!.

Seguramente San Pedro se abalanzó sobre el Señor. Le habrá abrazado y besado. Habrá llorado de alegría al ver a su maestro nuevamente. Las lágrimas habrán corrido nuevamente por sus mejillas, pero ya no de tristeza por la traición, sino de alegría por el reencuentro con el maestro amado.

Y el Señor, amorosamente, les vuelve a decir que la paz esté con ellos. ¡Qué encuentro tan maravilloso! ¡Único! Jesucristo resucitado y sus amados discípulos. El reencuentro después del dolor. La alegría después de la tristeza.

Él les habla, le conforta, les da muestras de cariño, junto con nuevas indicaciones. Les da de regalo al Espíritu Santo, y el poder de perdonar los pecados. Además de abrirnos las puertas del Cielo, de la vida eterna, además de haber muerto por todos los hombres, además de habernos amado tanto, Jesús sigue regalando cosas a sus amigos, a sus amados, a sus hijos.

¡Qué alegría! ¡Qué gozo! ¡Qué tranquilidad habrá sido el volver encontrase con el maestro!. Los discípulos habrán recobrado vida después de tan duras penas sufridas.

Y el Señor se marcha Los vuelve a dejar

Cuando Tomás, el discípulo ausente, regresa, los compañeros le cuentan lo ocurrido. Pero él no les cree. Se imagina que el miedo y la tristeza les hace ver fantasmas o algo así. Les dice: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. ¡Pobre Tomás! No creía. Aún pedía pruebas de lo que sus compañeros le decían. Él no comprendía cómo Jesús pudo morir de forma tan vil si era Dios.

Pasan ocho días más. Era el siguiente domingo, el primero después de la Resurrección. Ese día, sí estaba Tomás con los demás discípulos. El Señor se les vuelve a aparecer. Y amorosamente le invita a que meta sus dedos en las heridas, para que crea. Al instante el buen Tomás se arrodilla y le dice “¡Señor mío y Dios mío!” A lo que le responde el Señor: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que crean sin haber visto. En ese momento, el Señor pensó en todos nosotros, que creeríamos sin que lo hubiéramos visto.

El Señor nos invita a creer a pesar de no haber visto. A creer en el amor infinito de Dios por nosotros. Y junto con toda la Iglesia en este Jubileo del Año dos mil. Nos invita a la conversión, a volver a Dios, a alejarnos de la vida de pecado. Recordemos que para esto ha venido Jesucristo, para rescatarnos del pecado y abrirnos nuevamente las puertas el cielo. Y, para ello, recordemos que espera que cada uno de nosotros libremente lo busque a Él.

No dejemos pasar el tiempo. Volvamos a la casa del Padre. Sigamos los caminos de nuestros Señor Jesucristo: Amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo. Si amamos realmente estaremos en el camino de la conversión, pues quien verdaderamente ama es quien imita a Dios, pues Dios es amor, nos dice el apóstol san Juan, y el mandato de Jesucristo es: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Por ello, la auténtica conversión del corazón es la imitación de Cristo amoroso, quien nos amó y se entregó por nosotros.

La Iglesia, por medio del catecismo, nos recuerda que cada persona, tú o yo, hemos de responder libremente a la invitación que Dios nos hace para creer. Esa respuesta muy personal de cada uno, es la fe.

Nos recuerda, también, que la fe no es algo nada más personal, pues no la habríamos recibido si no hubiese otras personas que nos la transmitieran. Por ello, es necesario que todos transmitamos a otras personas esa fe.

Recordemos que no es suficiente creer en Jesucristo para que alcancemos la vida eterna y nos salvemos. Es necesario que nuestra vida se transforme en una vida llena de obras de acuerdo a los mandatos de Jesucristo: obras llenas de amor a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

La fe no llega así porque sí a los demás. Es necesario que haya otras personas que la lleven a los que no la conoces. Todos los cristianos, todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a transmitir la fe a los demás, empezando por nuestros hijos.

Nadie puede dar lo que no conoce. Por ello es necesario que conozcamos cada día mejor nuestra fe, para que la podamos transmitir a los demás, empezando por los de casa.

Autor: Pa´ que te salves

PASAJES DIFICILES DE LA BIBLIA



¿Cómo leer la Biblia? ¿Qué sentido tiene para los católicos este Libro en su conjunto y en sus distintas partes?

A veces resulta difícil comprender algunas páginas de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. Leemos en ocasiones escenas, acciones, algunas presentadas como órdenes divinas”, que hoy nos parecen contrarias a la justicia y a la bondad, que vemos como incompatibles con el modo de ser de Dios.

Las dificultades pueden superarse si aprendemos a leer la Biblia en su conjunto y en sus partes según los criterios de interpretación de la Iglesia católica. Vamos a recordar esos criterios y aplicarlos a un pasaje concreto.

Encontramos en el libro de Josué un pasaje que narra la conquista de Jericó. Josué pide a los israelitas que consagren como anatema para Yahvé todo lo que se encontraba en la ciudad, menos a Rajab la prostituta y a su familia. Las murallas de Jericó caen, y los israelitas asesinan a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, e incluso a los animales (cf. Jos 6,1-27).

Un poco más adelante leemos cómo los gabaonitas, que vivían en la zona, estaban convencidos de que existía una terrible orden divina de exterminio. Tras haber engañado a Josué y conseguido una forma de coexistencia pacífica con los israelitas, explican el motivo de su mentira: “Le respondieron a Josué: ‘Es que tus siervos estaban bien enterados de la orden que había dado Yahvé tu Dios a Moisés su siervo, de entregaros todo este país y exterminar delante de vosotros a todos sus habitantes. Temimos mucho por nuestras vidas a vuestra llegada y por eso hemos hecho esto (Jos 9,24).

Surge la pregunta al leer estos pasajes: ¿Dios habría dado la orden de exterminar a los pueblos que vivían en Palestina? En otras palabras: ¿es posible que Dios haya pedido a Josué que cometiese un acto que hoy nos parece claramente injusto? ¿Qué culpa podrían tener los civiles desarmados, los ancianos y los niños, las mujeres y los jóvenes, para ser asesinados? Además, ¿cómo justificar la conquista de una ciudad asentada durante muchos años en un lugar concreto? ¿Qué derecho tenían los israelitas de iniciar una guerra de invasión contra poblaciones que durante siglos habían vivido en aquella región?

Son preguntas, es cierto, que nacen desde nuestro tiempo histórico, y que pueden parecen fuera de sitio al ser aplicadas a una época muy diferente de la nuestra. Sin embargo, sabemos que el asesinato de inocentes o que la guerra de exterminio son actos que siempre van contra la justicia, aunque un pueblo haya llegado a un nivel de ceguera que le impida ver la malicia de sus acciones.

Pero entonces, ¿cómo Dios permitió en el pueblo elegido una actitud y unos comportamientos tan gravemente injustos? ¿No pudo haber revelado a los israelitas que nunca es lícito asesinar a inocentes, ni expulsar a una población de la tierra en la que vive?

En el camino hacia la respuesta, hemos de tener presente qué es la Biblia para la Iglesia. Luego podremos recordar los criterios de interpretación que la Iglesia usa para leer cualquier pasaje de la Biblia, y aplicarlos al relato de la conquista de Jericó.

Preguntémonos, para empezar: ¿qué sentido tiene para los católicos la Biblia en su conjunto y en sus distintas partes?

Como enseña el Concilio Vaticano II, la Iglesia considera que Dios ha inspirado todos los libros recogidos en el canon (la lista de escritos que constituyen la Biblia). Decir que estos libros están inspirados significa afirmar que exponen con certeza y sin ningún error lo que Dios quiere enseñarnos para nuestra salvación, porque están escritos gracias a la acción del Espíritu Santo (cf. Dei Verbum, n. 11).

Dios es el Autor de los distintos libros de la Biblia, y también es autor el hombre (escritor sagrado) que redacta bajo la luz de Dios y según sus talentos y cualidades humanas (cf. Dei Verbum, n. 11).

Encontramos, así, dos acciones en los escritos sagrados: por un lado, la acción por la que Dios quiere comunicar su Palabra; por otro, la acción del hombre que comprende y expresa el mensaje según su modo de pensar.

Teniendo esto presente, podemos preguntarnos: ¿cómo leer, cómo interpretar cada texto?

La lectura de la Biblia, en la Iglesia, se realiza según unos criterios generales y, siempre, bajo la guía del magisterio (del Papa y de los obispos que enseñan unidos entre sí por lazos de comunión y en plena sintonía con el Papa). Vamos a ver esos criterios generales de interpretación y aplicarlos a nuestro pasaje.

a. Primero, hay que identificar cuál es el género literario usado por el autor de cada libro. Según dice Dei Verbum (n. 12), para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.

En el caso de la conquista de Jericó, el autor escoge el género de campaña militar, según la mentalidad de una época histórica en la que grupos humanos y tribus enteras pensaban que el derecho de conquista podría justificar la eliminación de las poblaciones vencidas. Además, el pueblo de Israel (y el autor sagrado es hijo de su pueblo) pensaba que ese derecho de conquista, como tantas otras tradiciones, venía directamente de Dios.

Hoy, ciertamente, reconocemos la atrocidad de la matanza de inocentes en cualquier guerra, del pasado o del presente. Pero aquel tiempo era muy diferente. Hemos de recordar, además, que Dios, en la elaboración de la Biblia, condesciende (cf. Dei Verbum n. 13) con los hombres y permite que elementos importantes de su mensaje queden expresados a través de palabras escritas por hombres frágiles, incluso pecadores, en un ropaje que nos puede parecer indigno, pero que es simplemente eso: lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta de su historia.

Hace falta, por tanto, no limitarnos a la letra del texto escrito para evitar el peligro de caer en el fundamentalismo. Ello nos lleva a recurrir a otros criterios de interpretación sumamente importantes. Presentamos ahora conjuntamente dos de esos criterios:

b. La Biblia necesita leerse con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados (Dei Verbum n. 12). En ese sentido, toda la Escritura adquiere comprensión plena a la luz de Cristo, que es el culmen de la Revelación y centro del mensaje que Dios quiere transmitir a los hombres.

c. Hay que leer la Escritura en su unidad, de forma que ningún pasaje sea considerado de modo aislado, como si por sí mismo fuese suficiente para expresar el mensaje de Dios a los hombres. Además, el Antiguo Testamento, que contiene algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos (Dei Verbum n. 15) ha de leerse e interpretarse desde la plenitud de comprensión que recibe con el Nuevo Testamento (cf. Dei Verbum n. 16).

Volvamos a nuestro texto para iluminarlo con los dos criterios que acabamos de mencionar. El Nuevo Testamento (el Antiguo Testamento se comprende en plenitud desde el Nuevo Testamento, desde Cristo) ofrece dos textos que interpretan el pasaje que estamos considerando del libro de Josué.

El primer texto se encuentra en la Carta a los Hebreos. Allí leemos lo siguiente: Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días. Por la fe, la ramera Rajab no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores (Hb 11,30-31).

El segundo texto se encuentra en la Carta de Santiago: Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro camino?” (Sant 2,24-25).

Estos dos pasajes del Nuevo Testamento interpretan la conquista de Jericó y el privilegio dado a Rajab en clave de fe y de obras: quien cree y se comporta de modo correcto se beneficia de la acción salvífica de Dios. No se habla de los otros aspectos del libro de Josué (la conquista de la ciudad, la entrega al anatema de hombres, mujeres, niños, animales), que quedan en la sombra y no son vistos como relevantes respecto de la pregunta con la que debemos leer la Biblia: ¿qué mensaje salvífico ofrece un pasaje concreto? La respuesta de estos dos textos del Nuevo Testamento para el pasaje que estamos considerando es clara: la fe lleva a la salvación, la falta de fe provoca la ruina de los hombres.

d. Damos un paso adelante con la ayuda de otros criterios de interpretación. Uno se refiere a la Tradición viva de la Iglesia. Como enseña el Concilio Vaticano II, la Sagrada Escritura debe ser leída teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe (Dei Verbum n. 12, cf. nn. 8-10). Nos fijamos ahora en la Tradición.

¿Qué entendemos por Tradición viva”? En ella se recoge la predicación que los Apóstoles legaron a los obispos que les sucedieron, y que se convierte en una transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, que es distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree (Catecismo de la Iglesia Católica n. 78, que cita Dei Verbum n. 8). De modo especial, los Santos Padres recogen y reflejan esta Tradición viva, y nos permiten acceder en su integridad a la Revelación de Dios (que está recogida tanto en la Tradición como en la Escritura).

Lo que acabamos de decir explica por qué el cristianismo no es una religión del libro”: no se basa simplemente en un texto sagrado en el cual se encontraría todo y al cual se debería recurrir siempre, directamente, sin intermediarios ni interpretaciones. Sobre este punto, el Catecismo de la Iglesia católica n. 108, explica: "Sin embargo, la fe cristiana no es una religión del Libro. El cristianismo es la religión de la Palabra de Dios, no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo. Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas (cf. Lc 24,45)”.

e. Otro criterio, ya mencionado, es la analogía de la fe. Por analogía de la fe se entiende la trabazón profunda que existe entre las verdades cristianas, dentro del conjunto de la Revelación. En otras palabras, no se puede sacar de un pasaje bíblico una conclusión que vaya contra lo que entendemos en la lectura completa de la Biblia y de la Tradición.

Es claro que si aplicamos la analogía de la fe es imposible interpretar la conquista de Jericó como si Dios hubiera ordenado un genocidio, sencillamente porque Dios es amante de la vida y, si no amase algo, no lo habría creado (cf. Sab 11,24-26). Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y así viva (cf. Ez 18,23). El Hijo no vino para condenar, sino para salvar a todo el que crea (cf. Jn 3,16-18). El seguidor de Cristo no puede desear que caiga fuego del cielo para destruir a los que no reciben al Señor (cf. Lc 9,51-56).

Desde la ayuda y la integración de otros pasajes bíblicos podemos llegar a una lectura correcta del libro de Josué. Si, además, vemos la Tradición viva de la Iglesia y las enseñanzas constantes de los Papas y de los obispos, aparece claramente que la Iglesia no ha defendido nunca un derecho de conquistaque implique la destrucción completa de un pueblo, sino que más bien ha condenado siempre cualquier crimen de inocentes, también en tiempo de guerra, porque va contra el quinto mandamiento, y porque nadie debería apoyarse en la Biblia para justificar ninguna guerra de agresión ni, mucho menos, el exterminio de un pueblo.

Podemos añadir aquí que el pasaje de la conquista de Jericó, como otros pasajes bíblicos, fue interpretado por algunos Escritores eclesiásticos y Santos Padres de un modo alegórico, como una figura que escondía un significado más profundo. Por poner un ejemplo, Orígenes (siglos II-III) veía en la ciudad de Jericó una imagen del mundo; en Rajab, que acogió a los exploradores, encuentra un modelo de todos aquellos que reciben a los apóstoles por la fe y la obediencia; en el hilo escarlata que cuelga en su casa (cf. Jos 2,18) descubre una señal de la Sangre salvadora de Cristo (cf. Orígenes, Homilías sobre el libro de Josué, 6,4).

Existe, ciertamente, el peligro, ya señalado por santo Tomás de Aquino y recordado en un importante documento de la Pontificia Comisión Bíblica (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 20), de exagerar en el uso de la alegoría y olvidar la importancia de los datos históricos. Lo que encontramos en el libro de Josué, en un estilo que ciertamente no es el de un cronista ni el de un historiador en el sentido moderno de la palabra, es la narración de la conquista de una de las ciudades de la tierra prometida.

La conquista de Jericó es un dato histórico de un enorme dramatismo. Se coloca, por un lado, en el camino de Israel, el pueblo que sale de Egipto, que es ayudado por Dios para librarse de la opresión de los egipcios, que recibe unos mandamientos y unas promesas. Por otro lado, en el momento de la llegada, del asentamiento, de la conquista de unas tierras según un deseo divino que responde a la lógica de la promesa: si el pueblo será fiel, podrá vivir en libertad y tener una patria propia.

La ocupación de la tierra prometida se realizó, como dijimos, según modos que reflejan una mentalidad muy lejana a la nuestra. El hecho de la matanza, de haber ocurrido, sigue un modo de pensar en el que el derecho de conquista permitíatomar medidas muy fuertes sobre los vencidos. Pero la lectura correcta del hecho, en el contexto de una intervención de Dios en la historia, no puede prescindir de que por encima de una acción injusta, y con un pueblo todavía necesitado de una profunda conversión, Dios estaba preparando un camino para ofrecer la salvación a los hombres, si éstos la aceptaban con una fe como la que, en un modo imperfecto, encontramos en Rajab.

Además, notamos que la misma narración bíblica no nos habla de un exterminio completo de los pueblos que vivían en Palestina. Como vimos, los habitantes de Gabaón hicieron alianza con Josué (cf. Jos 9,3-27).

Otros pueblos no fueron conquistados, y serán motivo de continuas guerras y aflicciones para los judíos. El autor sagrado interpretó este hecho como parte de la voluntad de Dios, que habría queridoprobar a su pueblo para ver si mantenía o no su fidelidad. Sabemos que el pueblo no fue fiel: se unió con los pueblos vecinos y cayó en la idolatría y en numerosos males y derrotas (cf. Jue 2,20-3,8).

Está claro que siempre será incorrecto considerar a los pueblos vecinos simplemente como objeto de odio o de desprecio por parte de Dios. Aunque Israel tiene clara conciencia de ser un pueblo elegido, predilecto, amado, necesita reconocer que su elección está en función del amor que Dios tiene también a otros pueblos. Lo señala expresamente la Pontificia Comisión Bíblica en el documento antes citado: La elección de Israel no implica el rechazo de las demás naciones. Al contrario, presupone que las demás naciones pertenecen también a Dios, pues la tierra le pertenece y todo lo que en ella se encuentra (Dt 10,14), y Dios ha dado a las naciones su patrimonio (32,8). Cuando Israel es llamado por Dios ‘mi hijo primogénito (Ex 4,22; Jr 31,9) o las primicias de su cosecha (Jr 2,3), esas mismas metáforas implican que las demás naciones forman parte igualmente de la familia y de la cosecha de Dios. Esta interpretación de la elección es típica de la Biblia en su conjunto (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 33).

Es posible, además, realizar una lectura más precisa sobre este relato y sobre los diversos pasajes del Antiguo Testamento que hablan del anatema”. ¿En qué consiste el anatema”? En consagrar a Dios el botín y los despojos de los derrotados, para evitar cualquier contaminación con las religiones presentes en Palestina. En Dt 13,13-19 la orden de destrucción completa afecta no sólo a los extranjeros, sino a aquellas ciudades de Israel (es decir, a los mismos judíos) que se aparten de la Alianza y den culto a otros dioses.

En realidad, ya vimos que no todos los pueblos fueron exterminados. Con el pasar del tiempo, muchos de los pueblos hostiles dejaron de existir en Palestina. Entonces, ¿cómo entender el anatema? Lo explica el documento que citamos antes: En el tiempo de la composición del Deuteronomio así como del libro de Josué, el anatema era un postulado teórico, puesto que en Judá ya no existían poblaciones no israelitas. La prescripción del anatema pudo ser el resultado de una proyección en el pasado de preocupaciones posteriores. En efecto, el Deuteronomio se preocupa de reforzar la identidad religiosa de un pueblo expuesto al peligro de los cultos extranjeros y de los matrimonios mixtos (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 56).

En ese contexto, pueden darse tres interpretaciones del anatema, expresados en el mismo n. 56 del documento que acabamos de citar:
-primero, teológico: reconocer la tierra como un dominio del Señor;
-segundo, moral: evitar al pueblo cualquier posible tentación que pueda dañar la propia fidelidad a Dios;
-tercero, sociológico: la tentación del pasado que puede darse en el presente de mezclar la religión con las formas más aberrantes de recurso a la violencia (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 56).

Esa tercera interpretación del anatema, podemos decirlo con seguridad, no corresponde al proyecto de amor de Dios. En otras palabras, Dios no quiso de ningún modo que fueran eliminados seres inocentes en la conquista de ciudades por parte de los judíos.

Quizá para más de uno quedaría por responder una pregunta que surge al leer la Biblia: ¿por qué no simplificar el texto sagrado? ¿No sería mejor dejar de lado un Antiguo Testamento difícil de entender, con pasajes como el de la conquista de Jericó que resultan escandalosos”? ¿No lograríamos así un cristianismo más asequible al mundo moderno?

La respuesta está en comprender la naturaleza de la Biblia: es un único libro, en el que Cristo ocupa el lugar central, y en el que cada pieza tiene su valor. El Antiguo Testamento no es un lastre, sino un elemento clave de la Revelación, un conjunto de libros que nos lleva a comprender mejor la acción salvadora de Dios en su Hijo encarnado.

Como recordaba la Pontificia Comisión Bíblica en el texto antes citado: Sin el Antiguo Testamento, el Nuevo sería un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 84). O, como decía san Agustín, en el Antiguo Testamento está velado el Nuevo, y en el Nuevo está la revelación del Antiguo (La catequesis de los principiantes, IV,8).

En conclusión, los pasajes difíciles de la Biblia adquieren su inteligibilidad a la luz de una lectura realizada dentro de la fe de la Iglesia, según unos criterios de interpretación que nos dan la llave para la comprensión de un texto que narra una historia maravillosa: la de la llamada de un Dios que ama a los hombres; y la de la respuesta de los hombres que, en medio de las mil peripecias de la vida, y con límites debidos a las distintas épocas de la historia, se dejan guiar y maduran su respuesta de amor a quien tanto nos ha amado.

Autor: P. Fernando Pascual L.C