viernes, 31 de marzo de 2023

UNA FE MÁS HONDA QUE LAS DUDAS

Deslumbrado y aplastado, cayó de rodillas y dijo:¡ Señor mío y Dios mío!

Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Vida y Misterio de Jesús de Nazaret

"Dice el Evangelio de San Juan, que Tomás estaba ausente. Y en el va a representarse la resistencia a la luz. Todos los apóstoles se habían mostrado reticentes. Tomás ira mucho más allá, hasta la cerrazón. No le ha convencido la tumba vacía  no le han impresionado las meditaciones sobre las Escrituras que le han narrado los dos de Emaus, no se rinde ante el testimonio concorde de todos sus hermanos; Él quiere ver. Se encierra en su incredulidad. Y cuando todos le aseguran que ellos han visto, quiere ir mas allá, no solo tocar, sino sondear la identidad del crucificado metiendo sus dedos, sus manos en las mismas llagas.

Jesús va a prestarse, con admirable condescendencia, a todas las absurdas exigencias del discípulo, pero dejara pasar ocho días como para dar un plazo a esa incredulidad.

¿Es que Tomás no amaba a su Maestro? Si, evidentemente. Pero era testarudo, positivista, obstinado. No solo quería pruebas, sino que las exigía a la medida de su capricho.

 

 Jesús se somete a ellas con una mezcla de ironía y realismo. Esta vez los apóstoles se han reunido para rezar en común. Tomás se siente incomodo en medio de la fe de todos, pero el paso de los días parece haber robustecido su incredulidad. Mas no por ello piensa en separarse de sus hermanos. Hay una fe, mas honda que sus dudas, que sigue uniéndole a ellos. Esta fue su salvación: seguir con los suyos a pesar de la oscuridad Como comenta Evely:

"Tomas es un autentico hombre moderno, un existencialista que no cree mas que en lo que toca, un hombre que vive sin ilusiones, un pesimista audaz que quiere enfrentarse con el mal, pero que no se atreve a creer en el bien. Para él lo peor es siempre lo mas seguro..."

Y Jesús ahora se aparece solo para él. Están todos, pero el Maestro se dirige directamente a Tomas. "Ven, Tomás, trae tu dedo y mételo en las llagas de mis manos, trae tu mano y métela en mi costado" (Jn 19, 27). Ahora queda completamente desconcertado. En realidad nunca había podido imaginarse que su deseo pudiera ser escuchado. Su desafío no había sido mas que un pedir imposibles, un modo de encerrarse en su duda.

Eso creía él, al menos. Porque cuando vio a Jesús, cuando oyó su voz dulce, tierna, Tomás se dio cuenta de que, allá en el fondo, siempre había creído en la resurrección, que la deseaba con todo corazón, que si se negaba a ella, era por miedo a ser engañado en algo que deseaba tanto, que se había estado muriendo de deseo y de miedo de creer al mismo tiempo.

Los dos de Emaús creían que creían. Tomas creía que no creía. Jesús les trajo a los tres a la sencillez alegre de creer sin sueños y sin miedos. En el fondo Tomás se dio cuenta de que si se negaba a creer era por la rabia de no haber estado allí cuando Jesús vino ¿Los demás iban a verle y el tendría que creer solo por la palabra de los otros?. Con su negativa estaba provocando a Jesús a aparecerse de nuevo. También él necesitaba mimos, cariño, ternura. No era, en el fondo otra cosa, que un niño enrabietado.

Por eso temblaba cuando Jesús le mandó tocar. No queía hacerlo. Sentía ahora una infinita vergüenza de sus palabras de ocho días antes. Si tocó, no lo hizo ya por necesidad de pruebas, sino como una penitencia por su cerrazón. Deslumbrado y aplastado, cayó de rodillas y dijo:¡ Señor mío y Dios mío!

Asi la humillación le llevaba a una de las más bellas oraciones de todo el evangelio. Ahora iba en su fe hasta donde nunca había llegado ningún apóstol. Nadie le había dicho antes a Jesús Dios mío. Tiene razón Evely al subrayar:

 "De aquel pobre Tomas Jesús ha sacado el acto de fe mas hermoso que conocemos. Jesús lo ha amado tanto, lo ha curado con tanto esmero, que de esta falta, de esta amargura, de esta humillación ha hecho un recuerdo maravilloso. Dios sabe perdonar asi los pecados. Dios es el único que sabe hacer de nuestras faltas, unas faltas benditas, unas faltas que no nos recordaran más que la maravillosa ternura que se ha revelado con ocasión de las mismas..."

José Luis Martín Descalzo

En Vida y Misterio de Jesús de Nazaret

¿POR QUÉ DIOS ME CREÓ SI SABÍA QUE ME IBA A CONDENAR?

Quién no se ha planteado alguna vez una pregunta acuciante: si sabía que me iba a condenar ¿por qué Dios me creó?¿Tiene sentido esta pregunta? ¿Cómo se responde?

Por: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com

Esta pregunta, planteada con aparente inocencia, desconcierta a algunos cristianos.  Se trata de una pregunta tramposa ya que encierra una grave acusación a Dios y hace muy difícil a quien se bloquea con ella, hacer lo necesario para alcanzar la salvación.  Hay quienes la repite ingenuamente: la escucharon, los impactó y no supieron qué responder. Pero también hay quienes la susurran en los oídos de cristianos con la intención de sembrar dudas, abrir grietas en su fe, confundirlos, etc.

I. EL CUESTIONAMIENTO

En primer lugar hay que decir que lo que aparenta ser una pregunta, en realidad es un cuestionamiento a Dios: se lo acusa de injusticia y perversidad.  Si me creó sabiendo que me condenaría, es evidente que no tengo chance de escapar al infierno. Él lo sabe y lo sabía antes de crearme. De manera que Dios sería injusto al no dame la posibilidad de salvarme.  Dios sería cruel: si sabía que me voy a condenar, creándome me condenó a condenarme. Si fuera bueno, cuando sabe que alguien se condenará no lo crearía… de manera que nadie se condenaría.

Como se ve, la frase que analizamos en el fondo sugiere la maldad divina, y -yendo un poco más allá- el ateísmo. El planteo se parece bastante a la tentación del pecado original, en cuanto pretende poner en duda la bondad de Dios.

En efecto, pertenece a una línea de argumentos que intenta demostrar la no existencia de Dios: bastaría con demostrar que Dios carece de atributos divinos para demostrar que ese Dios no existe. Veamos de qué manera.

Por definición Dios tiene que ser bueno. Si se demostrara que ese que llamás Dios es malo, entonces estaría demostrando que sencillamente no es Dios... y al mismo tiempo que no existiría... ya que es contradictorio que un ser por esencia bueno sea malo: y lo contradictorio no puede existir.

II. Es una falacia.

La pregunta parte de algo falso y tiene varios presupuestos igualmente falsos. Además, veremos que carece de lógica, acabando por ser absurda. Y para peor de males, desvía de la verdadera ocupación por la salvación, llevando a preocupaciones estériles.

1. Es falso que Dios nos cree “sabiendo” cuál será nuestra respuesta libre.

El problema no es de «ignorancia», sino de falta temporalidad. La eternidad es un presente absoluto. Por definición supone la no temporalidad: no hay ni pasado ni futuro. De manera que en la eternidad carece absolutamente de sentido pensar en un «antes» y un «después».

Por tanto, no cabe plantearse un conocimiento anterior a la creación, una creación posterior a ese conocimiento y una condenación sucesiva en el tiempo, por el sencillo motivo que de Dios está fuera del tiempo: para El no existe un antes y un después: todo es un continuo presente. De esta manera, el instante en que Dios crea y el momento de mi muerte son el mismo momento eterno. El «sabe» sin más, no hay un antes en el cual calcule mi respuesta, ni una previsión de la misma.

Dios no puede saber mi destino eterno antes de crearme sencillamente porque no existe ese antes.  De manera que el problema que la pregunta plantea no existe.

Esto no es fácil de entender. El misterio reside en la conjugación de nuestra temporalidad con la eternidad de Dios. No podemos imaginarnos la eternidad porque carecemos de experiencia de la misma. Pero para nuestro asunto basta entender que en la eternidad, no existe ni el pasado ni el futuro: todo es presente.

2. La sola posibilidad de que Dios pueda crear a alguien para que se condene no sólo es falsa sino también impensable.

Si Dios creara en previsión a la condenación aunque sea de una sola persona, sería perverso.  Dios es amor y toda su obra creadora y redentora es de amor. Quiere que todos se salven: no crea a nadie para que se condene, sino a todos para que tengan una vida eternamente feliz en la gloria. Que algunos no acepten el amor de Dios y lo rechacen, no hace malo a Dios... sino a quien lo rechaza... La Teología enseña que no hay predestinación al mal.

3. Supone un error en la consideración de la salvación o condenación como si fuese algo externo a nosotros: que viene de afuera, ajeno a mí.

Esto no es cierto: quien se condena, quiere condenarse. Nadie está en el infierno contra su voluntad. Esto es quizá lo más traumático del infierno. Basta leer el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1033):

«Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. (…) Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".»

4. Es absurdo acusar a Dios de mi posible condenación cuando Dios ofrece la salvación a todos y da todo lo necesario para salvarnos.

Frente a Él sólo cabe el agradecimiento: me creó, se hizo hombre para redimirme, murió en la cruz por mí, se me da El mismo como alimento en la Eucaristía, está dispuesto a perdonarme todo lo que haga falta... Es decir, para salvarme ha hecho mucho más de lo que jamás podría haber esperado... Acusarlo de condenarme... es bastante caradura, desagradecido, hipócrita... Es como si el hijo pródigo, a su vuelta, en vez de acoger el perdón y gozar de la fiesta que le ofrece su padre, se volviera a ir, esta vez enojado con su padre porque lo dejó ir la vez anterior, lo culpara de sus pecados y rechazara la amorosa acogida. Como si hubiera vuelto sólo a insultar a su padre…

5. Es absurdo hablar de un futuro libre como si estuviera determinado.

Es ridículo hablar de mi posible condenación como un hecho por la sencilla razón de que ahora no estoy condenado y tengo todos los medios para salvarme. Si quiero me salvo, si no quiero no me salvo: depende de mí.

El cuestionamiento falla al presentar mi condenación como una fatalidad a la que estoy determinado haga lo que haga. Y esto no es cierto.

No es lógico hablar de un futuro que está en mis manos como de algo ya realizado y decidido por otro.

6. Es absurdo pretender poner en Dios la responsabilidad de algo que yo decido libremente.

El cuestionamiento pretende culpar a Dios de mi condenación, cuando en realidad yo soy el artífice de mi salvación o condenación. Supone desconocer la responsabilidad de mis propios actos y decisiones libre. Poner la responsabilidad de mi condenación en Dios es al menos irresponsable.

¿Qué sentido tiene culpar a Dios de algo que yo decido ahora libremente?

7. Supone el rechazo de nuestra libertad.

Hay quienes reniegan de su libertad. Dicen: ¿por qué Dios me creó libre? Preferirían no serlo... Hay un razonamiento implícito: "Dios me crea libre", "yo libremente me condeno", por tanto "Dios -al haberme hecho libre - es culpable de mi condenación".

Por el contrario la libertad es el mayor don que Dios nos ha dado en el plano natural, después de la vida (condición de todo don): ¡ser libre es muy bueno! La libertad es condición del amor: sin libertad no se puede amar. Dios nos hizo libres para que fuésemos capaces de amar. Quiso correr el riesgo de nuestra libertad: que al mismo tiempo fuésemos capaces de odiar… Pero la decisión es nuestra.

8. Supone la contradicción de querer salvarse y -al mismo tiempo- querer hacer lo necesario para condenarse.

Está implícito el deseo de salvación y el rechazo de los medios que conducen a ella. Como única solución se ve el "hubiera sido mejor no haber sido creado".

En el fondo se rechaza el proyecto de Dios para el hombre.

9. Supone rechazar la misericordia divina:

No podemos olvidar que Dios perdona siempre... de manera que sólo se puede condenar quien no acepte la misericordia divina.

Evidentemente el perdón divino exige que nos arrepintamos. Porque respeta nuestra libertad. No puede perdonarnos si nosotros rechazamos el perdón: no nos perdona en contra de nuestra voluntad. Para recibir el perdón hay que querer ser perdonado. Si yo no rechazo mi pecado, Dios «no me lo quita». Sin arrepentimiento (=rechazar mi pecado) no hay perdón posible, porque sería absurdo: yo querría conservar mi pecado y Dios me lo sacaría contra mi voluntad... Dios me obligaría a salvarme, cosa que yo no quiero.

10. Supone un error en la concepción de la conjugación de la libertad y la ciencia divina.

Que Dios «vea» como actúo no me quita libertad.

III. Paraliza y amarga

Un segundo problema con la pregunta que nos ocupa es que no conduce a nada, paraliza y amarga. Produce unos sentimientos que conducen a la condenación, al pretender dar por supuesta mi posible condenación, destruyendo la esperanza que es la que la hace posible.

Lleva a encarar mal la vida. Distrae del objetivo. Su principal gravedad es que desvía del camino de salvación.

Lo absurdo del planteo es que lleva a no poner los medios para la salvación. La hace parecer imposible.

La pregunta es ¿es tan difícil salvarse? La verdad que no. Conocemos el camino: está bien determinado. Cristo nos dejó los sacramentos, su palabra y hasta su cuerpo.

Es muy práctico. ¿Qué hacer para salvarse? Ir a Misa el domingo, confesarse de vez en cuando, rezar un poco todos los días, tratar de cumplir los mandamientos. Está al alcance de la mano. No es tan difícil. Además el premio es grandioso.

Hay que tener en cuenta que plantea las cosas fuera de su contexto real: conseguir la salvación no es fácil ni difícil: depende de la gracia de Dios y de nosotros.
El cauce está claro. Es accesible. Requiere esfuerzo.

Nos viene bien es este momento recordar una idea de C.S. Lewis: el demonio tiene interés en que nuestra atención se centre en lo que puede pasarnos, mientras que Dios quiere que la tengamos en lo que tenemos que hacer. Dejémos pues de pensar si nos condenaremos y comencemos a poner por obra lo que sabemos que nos conduce a la salvación.

Conclusión: el cuestionamiento falla por todos lados y por tanto no es sostenible racionalmente. No dejes que te robe el tiempo y la serenidad.

Lo verdaderamente importante no son las especulaciones rebuscadas. Por ese camino no alcanzaremos la salvación y nos llenaremos de angustias.

La salvación es posible para todos. Dios quiere que nos ocupemos de buscarla por los caminos que El nos ha mostrado y haciendo uso de los medios que El mismo nos ha dado.

Sería ridículo dejar de poner lo que está a nuestro alcance para ser santos y al mismo tiempo lamentarse de supuestas fatalidades condenatorias.

Nota final

Hay otros cuestionamientos semejantes que pretenden negar la omnipotencia divina. Es interesante analizarlos brevemente ya que hacen uso de la negación del principio de no contradicción:

¿Puede Dios hacer una piedra tan grande que no pueda levantar?
¿Puede Dios hacer un círculo cuadrado?

Evidentemente Dios no puede hacer lo contradictorio. Pero esto no es una imperfección ni una limitación. Sencillamente la contradicción no puede existir.

El principio de no contradicción es una ley del ser: "el ser es y el no se no es". "Es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto".

Si vas al núcleo de la pregunta, lo que se plantea es ¿puede Dios no poder? Y esto es absurdo.
Es como si se preguntara: ¿puede Dios crear algo que no exista? ¿puede crear la nada? No, Dios no puede hacer existir el no ser. Y esto es pura lógica. No existe ningún problema en que Dios no pueda ir contra la lógica.

De la misma manera Dios no puede pecar ni equivocarse, y esto no es una limitación sino perfección suprema.

P. Eduardo Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar
Completo la cuestión con un artículo de Louis de Wohl

El antidoto
Sobre saber divino, el tiempo humano, la predestinación y la Redención del hombre.
Louis de Wohl
ConoZe.com

Dios es omnisciente», aprendemos. Por tanto tuvo que saber que nosotros los hombres abusaríamos del don que nos hizo de la libre voluntad. O sea, que en definitiva es culpa suya el que haya sucedido así. En definitiva, es Dios quien tiene la culpa de todo.

Con esta lógica falsa intentamos cargar a Dios con nuestras propias culpas. Siempre hemos sido cobardes morales. Ya el propio Adán intentó echar la culpa de su pecado a Eva. El error básico consiste en que aplicamos de modo totalmente erróneo el concepto de omnisciencia. Y esto lo hacemos porque nos imaginamos a Dios como a un hombre omnisciente.

Nosotros los hombres vivimos en el tiempo, es decir en un continuo discurrir de las cosas. Dios, sin embargo, vive fuera del tiempo. Para nosotros existe el pasado, el presente y el futuro. Para Dios todo es un eterno ahora. Por tanto no tiene ningún sentido hablar de que Dios sabía (pasado) lo que pasaría (futuro). Dios sabe. Para nosotros el presente es un instante mínimo, ya se ha convertido en pasado. Para Dios todo es presente. Y precisamente por eso es omnisciente. El no prevé –como el profeta–. El ve. Para Él no existe ni antes ni después. El concepto de tiempo es, como todo lo demás, parte de su Creación. Pero Él está por encima de su Creación y por ello por encima de todo lo temporal. Él crea al hombre (nosotros decimos: creó). El sabe (nosotros decimos: sabía) que el hombre peca (ha pecado). El posee el antídoto ¿Cuál es el antídoto contra la debilidad y la maldad? Todas las madres lo saben. Precisamente para la oveja negra, para el hijo malo y perverso, ellas sienten el doble y el triple de amor. Dios responde a nuestra caída con un Amor inmenso. Su antídoto es hacerse hombre Él mismo soportando en la cruz nuestras culpas, todas las culpas de todos los hombres de todas las épocas.

Y este hecho es el que eleva al cristianismo por encima de todas las demás religiones. El inocente ha cargado con nuestras culpas. Al hacerse hombre Cristo se ha convertido en hermano nuestro. Por eso nos enseñó a llamar «Padre» al Creador del universo. De criaturas de Dios nos convertimos en hijos de Dios. Esta es la respuesta del Amor. Este es el antídoto.

P. Eduardo Volpacchio

LA FE TIENE QUE CONVERTIRSE EN VIDA PARA MÍ

Viernes quinta semana de Cuaresma. ¿Hasta qué punto dejamos que nuestra alma sea abrazada plenamente por Cristo?

Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Jr 29, 10-13
Jn 10, 31-42


Ante el testimonio que Jesucristo le ofrece, ante el testimonio por el cual Él dice de sí mismo: “Soy Hijo de Dios”, ante el testimonio que le marca como Redentor y Salvador, el cristiano debe tener fe. La fe se convierte para nosotros en una actitud de vida ante las diversas situaciones de nuestra existencia; pero sobre todo, la fe se convierte para nosotros en una luz interior que empieza a regir y a orientar todos nuestros comportamientos.

La fundamental actitud de la fe se presenta particularmente importante cuando se acercan la Semana Santa, los días en los cuales la Iglesia, en una forma más solemne, recuerda la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor. Tres elementos, tres eventos que no son simplemente «un ser consciente de cuánto ha hecho el Señor por mí», sino que son, por encima de todo, una llamada muy seria a nuestra actitud interior para ver si nuestra fe está puesta en Él, que ha muerto y resucitado por nosotros.

Solamente así nosotros vamos a estar, auténtica- mente, celebrando la Semana Santa; solamente así nosotros vamos a estar encontrándonos con un Cristo que nos redime, con un Cristo que nos libera. Si por el contrario, nuestra vida es una vida que no termina de aceptar a Cristo, es una vida que no termina en aceptar el modo concreto con el cual Jesucristo ha querido llegar a nosotros, la pregunta es: ¿Qué estoy viviendo como cristiano?

Jesús se me presenta con esa gran señal, que es su pasión y su resurrección, como el principal gesto de su entrega y donación a mí. Jesús se me presenta con esa señal para que yo diga: “creo en ti”. Quién sabe si nosotros tenemos esto profundamente arraigado, o si nosotros lo que hemos permitido es que en nuestra existencia se vayan poco a poco arraigando situaciones en las que no estamos dejando entrar la redención de Jesucristo. Que hayamos permitido situaciones en nuestra relación personal con Dios, situaciones en la relación personal con la familia o con la sociedad, que nos van llevando hacia una visión reducida, minusvalorada de nuestra fe cristiana, y entonces, nos puede parecer exagerado lo que Cristo nos ofrece, porque la imagen que nosotros tenemos de Cristo es muy reducida.

Solamente la fe profunda, la fe interior, la fe que se abraza y se deja abrazar por Jesucristo, la fe que por el mismo Cristo permite reorientar nuestros comportamientos, es la fe que llega a todos los rincones de nuestra vida y es la que hace que la redención, que es lo que estamos celebrando en la Pascua, se haga efectiva en nuestra existencia.

Sin embargo, a veces podemos constatar situaciones en nuestras vidas —como les pasaba a los judíos— en las cuales Jesucristo puede parecernos demasiado exigente. ¿Por qué hay que ser tan radical?, ¿por qué hay que ser tan perfeccionista?

Los judíos le dicen a Jesús: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios". Esta es una actitud que recorta a Cristo, y cuántas veces se presenta en nuestras vidas.

La fe tiene que convertirse en vida en mí. Creo que todos nosotros sí creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, Luz de Luz, pero la pregunta es: ¿lo vivimos? ¿Es mi fe capaz de tomar a Cristo en toda su dimensión? ¿O mi fe recorta a Cristo y se convierte en una especie de reductor de nuestro Señor, porque así la he acostumbrado, porque así la he vivido, porque así la he llevado? ¿O a la mejor es porque así me han educado y me da miedo abrirme a ese Cristo auténtico, pleno, al Cristo que se me ofrece como verdadero redentor de todas mis debilidades, de todas mis miserias?

Cuando tocamos nuestra alma y la vemos débil, la vemos con caídas, la vemos miserable ¿hasta qué punto dejamos que la abrace plenamente Jesucristo nuestro Señor? Cuando palpamos nuestras debilidades ¿hasta qué punto dejamos que las abrace Cristo nuestro Redentor? ¿Podemos nosotros decir con confianza la frase del profeta Jeremías: “El Señor guerrero, poderoso está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso, y su ignominia será eterna e inolvidable”?

¿Qué somos débiles...?, lo somos. ¿Que tenemos enemigos exteriores...?, los tenemos. ¿Que tenemos enemigos interiores...?, es indudable.

Ese enemigo es fundamentalmente el demonio, pero también somos nosotros mismos, lo que siempre hemos llamado la carne, que no es otra cosa más que nuestra debilidad ante los problemas, ante las dificultades, y que se convierte en un grandísimo enemigo del alma.

Dios dice a través de la Escritura: “quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable”. ¿Cuándo mi fe toca mi propia debilidad tiende a sentirse más hundida, más debilitada, con menos ganas? ¿O mi fe, cuando toca la propia debilidad, abraza a Jesucristo nuestro Señor? ¿Es así mi fe en Cristo? ¿Es así mi fe en Dios? Nos puede suceder a veces que, en el camino de nuestro crecimiento espiritual, Dios pone, una detrás de otra, una serie de caídas, a veces graves, a veces menos graves; una serie de debilidades, a veces superables, a veces no tanto, para que nos abracemos con más fe a Dios nuestro Señor, para que le podamos decir a Jesucristo que no le recortamos nada de su influjo en nosotros, para que le podamos decir a Jesucristo que lo aceptamos tal como es, porque solamente así vamos a ser capaces de superar, de eliminar y de llevar adelante nuestras debilidades.

Que la Pascua sea un auténtico encuentro con nuestro Señor. Que no sea simplemente unos ritos que celebramos por tradición, unas misas a las que vamos, unos actos litúrgicos que presenciamos. Que realmente la Pascua sea un encuentro con el Señor resucitado, glorioso, que a través de la Pasión, nos da la liberación, nos da la fe, nos da la entrega, nos da la totalidad y, sobre todo, nos da la salvación de nuestras debilidades.

P. Cipriano Sánchez LC

¿QUÉ TAL EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA DE LOS MALOS PENSAMIENTOS?

¿Ayuno de qué?, ¿Abstinencia de qué?

Por: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

CON EL MIÉRCOLES DE CENIZA COMENZÓ LA CUARESMA.

Al hablar de Cuaresma muchos se acuerdan del ayuno y la abstinencia. Creen que, por reducir un poco los alimentos del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y porque los viernes en lugar de comer carne toman pescado, ya son penitentes.

La verdad es que hacer eso no cuesta gran cosa; pero, ¿qué tal el ayuno y la abstinencia de los malos pensamientos, el ayuno de las malas palabras y las malas acciones? Eso ya es otra cosa, que cuesta inmensamente más. Y se trata de seguir esta rigurosa dieta más que la de los alimentos.

Ayunar de los malos pensamientos. Cuántas malas ideas circulan con semáforo verde por la vía pública de nuestro cerebro, como son: las etiquetas que les ponemos a los demás, la pornografía, las intenciones malévolas, esos resentimientos largamente alimentados, etc.

Ayunar de las palabras malas. Un buen porcentaje de nuestra mercancía verbal es de muy mala calidad. Las murmuraciones, las críticas son un manjar envenenado con el que se alimentan muchas personas. El que no critica a su prójimo es una maravilla del universo; y estas maravillas se dan muy poco. Lo normal es criticar, murmurar, comerse al prójimo. Se critica todo y a todos con desvergüenza.

En una ocasión encontré a una persona que me pidió sinceramente un consejo: ¿qué podía hacer para erradicar su hábito de murmurar?. Le aconsejé que rezara un avemaría cada vez que se le escapara una crítica. Tomó el consejo muy en serio, y el resultado fue que el primer día tuvo que rezar casi tres rosarios completos. Luego, poco a poco, fueron disminuyendo las avemarías, hasta que no tuvo que rezar ninguna, porque había vencido el hábito de murmurar. El consejo es válido, y el que desee dejar de ser un murmurador, puede intentarlo.

Podemos intentar también el ayuno de palabras sonoras, chistes de doble sentido, etc. Hay mucho de que ayunar, por ejemplo, de las malas acciones. Ayuna de verdad el que deja de cometer maldades.

Ayunar de las bebidas alcohólicas; ayunar del robo, las injusticias, fraudes, peleas, adulterios, infidelidades; ayunar de películas pornográficas, de envidias, malos deseos contra los demás y tantas cosas más.

Si, durante este ayuno y abstinencia del mal, se toma una dieta abundante de caridad con el prójimo, de sacramentos, de renovación espiritual, de buenas obras, entonces tendrá sentido la Cuaresma. De lo contrario, será una comedia aquello de correr a la Iglesia a que me pongan ceniza.

Algunos están seguros de que ya se les borraron sus maldades, porque les impusieron la ceniza; como si fuera así de fácil. Más bien, el ir a recibir ceniza significa comprometerse a hacer ayuno y abstinencia de alguna de aquellas cosas malas que se dan en mi vida. ¿En qué va a consistir mi ayuno y abstinencia durante esta Cuaresma?

MORIBUNDO, TRAS AÑOS SIRVIENDO «A VARIOS DEMONIOS», EL PERIODISTA MÁS FAMOSO DE MÉXICO HALLÓ LA FE

 MAURICIO CLARK PASÓ 20 AÑOS ADICTO A LA DROGA Y EL PORNO: A PUNTO DE MORIR, PIDIÓ REZAR

A punto de morir tras una sobredosis, el periodista mexicano Mauricio Clark pidió rezar: fue el inicio de una vida de fe y perdón.

Nacido en 1981 en MéxicoMauricio Clark asegura ser la prueba de que "tocar el Cielo", el éxito y la fama puede conllevar vivir un auténtico infierno si se hace contra la fe y la propia naturaleza.

Durante 20 años lo tuvo -aparentemente- todo. Como uno de los periodistas más conocidos de México -le llegaron a ver cada día 15 millones de personas en Televisa- fue el reportero más joven en cubrir tres Juegos Olímpicos -Sydney, Atenas y Pekín-, entrevistó a las principales estrellas de Hollywood,  a Coldplay, a la reina Sofía… Incluso se emborrachó con Maradona. Entre otros puestos, trabajó en ¡Que Importa! junto con Juan Carlos “El borrego” Nava y Fernanda Tapia, y A las tres con Paola Rojas, además de Primero Noticias con Carlos Loret de Mola, entre otros.

Pero tras las cámaras, en camerinos, lujosas fiestas y con todo alcance, Clark vivió de primera mano los estragos de la fama, cayendo en una profunda adicción a la pornografía, la homosexualidad  y las drogas. En ellas invertía unos 10.000 pesos diarios -unos 500 euros- y le llevaron, literalmente, a experimentar la muerte, pero también el arrepentimiento y salvación que le hicieron "morir al mundo" y nacer a la vida de fe y el apostolado.

Todo empezó durante su infancia, que aunque recuerda en un principio como feliz, se vio marcada por una difícil relación con su padre.

"Le deseé la muerte desde la niñez, me dolía mucho como trataba a mis hermanos y a mi madre", relata. Mauricio afirma que, por su relación, creció con la autoestima muerta, ya que su padre echaba por tierra todos los sueños y aspiraciones del joven. Quería estudiar música, ser nadador y luego periodista, y en todas esos casos solo recibió burlas y humillaciones por respuesta, como que "era idiota o que sería gay".

ENTRE LA HUMILLACIÓN, LAS DROGAS Y LAS BURLAS A LA FE

Como si se tratase de una profecía autocumplida, Mauricio acabó desarrollando tendencias homosexuales. Recuerda el momento que, en última instancia, lo desencadenó. Tenía tres años y estaba en la piscina con su hermano y su padre, cuando este comenzó a burlarse de él al verle desnudo. Desde ese momento, humillado, no dejó de compararse con cómo sería el cuerpo de su padre y fue precisamente lo que buscaría en más de 500 hombres durante toda su vida, según relató en el canal El Rosario de las 11 pm.

Pero si de su padre apenas alberga buenos recuerdos, su madre Dulce María fue su gran protectora. Tanto que incluso admitió haber desarrollado cierta feminidad que contribuyó, sin quererlo, a su homosexualidad. Pero también le inculcó la fe de una forma tan peculiar como cantarle cada noche la canción de la icónica serie mexicana El Chavo del Ocho: Oye amigo, busca la dicha, busca a Jesús, el compañero que será siempre sincero. Busca al más bueno, busca a Jesús. Él no abandona, y si fallas te perdona.

Pero sin un referente estable, ni una vida de fe continuada y con todo lo que le ofreció su exitosa vida laboral, le resultó difícil enfrentar las primeras pruebas. Con 20 años probó, sin quererlo, las primeras drogas por influencia de un amigo y con la misma edad pisó por primera vez Alcohólicos Anónimos.

"Le odié y maldije durante los siguientes 20 años", explicó. Un periodo en el que sufrió más de 20 hospitalizaciones, 8 sobredosis y las consecuencias de consumir 20 gramos de cocaína cada día, así como depresión, ansiedad y alcoholismo y dos intentos de suicidio, unido a siete años de tratamiento psiquiátrico, una imparable adicción a la pornografía y la homosexualidad.

La Iglesia también fue el punto de mira de sus burlas y ofensas durante su periodo como afamado periodista, donde asegura que no faltaron sketch ofensivos con cruces invertidas.

ARREPENTIDO EN EL INSTANTE DE SU "MUERTE"

Durante aquellos años, pasó por la práctica de la cienciología, el budismo e incluso tuvo relación con el brujo mayor de México.

"El diablo te va a seducir de una manera en que te haga caer. Mentiría si dijese que la droga es horrible. Los primeros cinco años fue maravilloso, pero los últimos 15 fue un infierno que no le deseo ni a mi peor enemigo. Pero sufrí mucho más como homosexual que como drogadicto. Viví una lujuria devastadora", recuerda.

Recuerda el primer momento en que todo comenzó a cambiar, aunque no fue como le habría gustado. Fue durante su séptima sobredosis, que bien pudo ser la última. A 198 pulsaciones por minuto -más del doble de lo normal- recuerda la cara de desesperación en los médicos de la ambulancia.

"Cuando te mueres lo sabes. En ese momento lo sabía. Los signos vitales empezaron a desaparecer y empecé a tener un miedo como nunca había experimentado, pero también una paz que nunca había sentido. Empezó a existir un silencio que no podría darse en el plano terrenal. Vi como los médicos sacaban los sistemas de reanimación y de pronto, de 198 pulsaciones, mi corazón se paró", recuerda.

Aunque fueron milésimas de segundo, para Mauricio aquel instante duró "miles de años". Y entonces llegó el arrepentimiento: "Mi madre me educó en la fe, y en ese momento empecé a pedir perdón a `diosito´, como lo llamaba ella".

Tras una traumática conversión, el periodista Mauricio Clark se alejó de las cámaras y ofrece conferencias y acompañamiento a quien lo necesita.

EL PRIMER "TE QUIERO" DE SU PADRE, CON 36 AÑOS

Durante su búsqueda de perdón, en una comida, Mauricio se abrió a su padre y le recordó la profunda herida que abrió en su vida el comentario que hizo en la piscina junto a su hermano. Nunca habría imaginado la respuesta.

"Me acuerdo perfectamente de ese día. ¿Y sabes por qué te lo dije? Porque eres el único de la familia que tiene la circuncisión. Era una broma de Papá", le respondió.

Atónito, escuchó como su padre se abrió sobre sus graves heridas de la infancia al ser víctima de la pobreza y la violencia de su propio padre, abuelo de Mauricio. Recuerda aquel día como el más feliz de su vida: "Me puse de rodillas y le pedí perdón. Me di cuenta que no le podía exigir lo que a él no le fue dado. El día más feliz de mi vida fue cuando mi padre me dijo `te quiero´ por primera vez, cuando yo tenía 36 años".

EL AVE MARÍA, SU ÚLTIMA VOLUNTAD

Tan solo dos semanas de su infarto, Mauricio sufrió la que sería su última sobredosis. Ya en el hospital, los médicos llamaron a su familia para que entrase a despedirse de su hijo. Entonces su madre le preguntó cuál era su última voluntad.

"Ave María…", alcanzó a responder agonizante. Y su madre comenzó a rezar "como nunca antes la había visto hacerlo".

Hoy, Mauricio sigue siendo víctima de continuados ataques mediáticos que se ceban con la nueva persona que nació aquel día, que incluso se cambió el nombre de Mauricio a Franco Clark cuando dejó atrás la homosexualidad. 

"Pueden llamarme como quieran, pero ¿alguien puede explicarme como llevo 8 años sin mantener relaciones sexuales, por qué mi corazón late, por qué no consumo pornografía, cocaína o alcohol, por qué me atraen las mujeres o cómo pude renunciar al mundo?", planteó tras encontrar a su novia católica en Tierra Santa.

UN EXORCISMO PARA "SEGUIR EL CAMINO DE LA LUZ"

Según relató a TV Notas, llegó a someterse a un exorcismo para liberarse de las influencias a las que sirvió durante su pasado: "Mi familia espiritual me ha levantado con trabajo de exorcismo, oraciones de liberación. En mi pasado serví a varios demonios, y cuando quieres seguir el camino de la luz, no te dejan ir tan fácil. No es como en las películas, pero sí es muy fuerte; estás viendo al demonio frente a ti; estás en una batalla espiritual". 

Hoy, Mauricio considera un éxito y una bendición su desaparición de las pantallas. Cuenta que reza cada día por rendirse más a Dios y porque desaparezca su soberbia y todo lo que le aleje de la fe. El verdadero éxito, dice, "consiste en renunciar a uno mismo. Lo único que soy capaz de pedir al Señor es perdón", pues sabe que si está vivo "es por la gracia de Dios, pero también por una madre, Dulce María, que nunca se cansó de rezar por mí".

Tras una vida alejado o contrario a la fe, cuando le preguntan donde milita el responde contundente que es en su Iglesia, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, al servicio de la fe. "Gracias. No tengo otra cosa más que hacer que agradecer a España, porque gracias a ella fuimos evangelizados", concluye.

José María Carrera

UNA VISIÓN TEOLÓGICA (NO POLÍTICA) DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 La capital. A la salida de la iglesia de los dominicos, en la calle Torrijos, muertos y heridos entre los feligreses. La Iglesia de San Cayetano, totalmente incendiada. Asaltada la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Por la noche, comienza a arder la Catedral de San Isidro. Al día siguiente son asaltados e incendiados 34 edificios religiosos en Madrid. El 22 de julio, comienza el goteo de mártires.

No te preocupes, me consoló el ángel, el nuevo rey David ya se encamina hacia aquí. A ese caudillo se le ha concedido el don de la invencibilidad. Le atacarán y le volverán a atacar, con denuedo, con persistencia, por todos los medios, de todas maneras, pero no conocerá la derrota. Ejército tras ejército se estrellará contra él como contra una roca. Ola tras ola se deshará contra él, porque el Altísimo lo ha convertido en peña.

Muchos dones se pueden conceder a un caudillo: la astucia, la inteligencia, ser un gran estratega, ser un magnífico táctico. A él se le concederá un don: la invencibilidad. También los mejores estrategas y los más excelentes tácticos pierden las guerras. El Señor concede la victoria a quien quiere, y Él ya ha decretado. Para desgracia de los malos, su decreto se cumplirá en tres largos y desesperantes años. Si supieran lo que ha de venir, desearían una derrota rápida, mucho menos dolorosa. Pero por sus pecados tres larguísimos años de purificación han sido estipulados. La sangre de los mártires solo se ha comenzado a derramar, mucha más se va a derramar. La lustración de esa profanación ya está determinada. Quienes han tomado la espada para matar a inocentes, por la espada perecerán. Pero solo los que Él determine. No todos. Por qué a unos sí y a otros no, solo Él lo sabe.

Las balas irán y vendrán en las trincheras y en los campos, pero únicamente matarán a quien está determinado que maten. Morirán muchos inocentes, muchísimos. Pero también se hará la siega de los que deben ser segados. Cada bala tiene su destino. Nadie perecerá en esta guerra que no tenga que perecer. Los campos de batalla serán el tribunal donde se cumplirá la sentencia de Dios. Las trincheras serán el tribunal donde se escuchará la sentencia. Muchos inocentes serán llamados al más allá entre aquellos tan ciegos de error que no pueden ser dejados. La hoz segará manojos de inocentes, pero en cada manojo estarán las hierbas de semilla de odio y error que no pueden ser dejadas crecer en el campo. Sí, tendrán que morir muchos inocentes en los combates para que también caigan los más rabiosos cuya mordedura extiende la rabia. Pero los rabiosos serán arrebatados de la faz de la tierra.

No solo la hoz, cada bala tiene un nombre. El Señor sabe quién no puede ser dejado pulular con libertad sobre la tierra en la que se va a reconstruir la paz y la armonía. La guerra puede parecer que aplasta ciegamente, pero el Padre celestial, cuando los ve ir al frente, sabe quién regresará y quién no. No, la guerra no es ciega, la lista de nombres está escrita.

El designio de Dios ha tomado un gorrión y lo ha convertido en águila, mantendrá el aspecto de un gorrión, pero no os equivoquéis: detrás de su aspecto bondadoso e inofensivo será un águila. Inofensivo para los buenos, pero un águila para las alimañas. Sus garras triturarán y aplastarán con piedad, pero férreamente. Esta vez el bondadoso, benévolo y misericordioso posee garras de águila. Ay de aquellos quienes ciegos de rabia decidan enfrentarse contra él hasta el final, hasta el último suspiro de sus bocas. Comprobarán que el cielo responderá: “Así sea”. Padre bondadoso, gorrión, cordero, pero ay de aquel que decida seguir adelante a costa de su propia vida.

El águila ha extendido sus alas; huid, huid, porque su pico decapita serpientes. No es cruel, no se solaza en el sufrimiento, pero su pico está acostumbrado a la sangre de las serpientes. No desea la muerte de ningún enemigo, no desea el dolor de nadie, pero está acostumbrado a la sangre. No será un asesino, será la Espada de Dios. No será cruel, pero ha alzado el vuelo y una voz de lo alto ha ordenado: “Limpia, purifica, conquista. El que haya de ir a la muerte, que vaya a la muerte”. Nadie provocará la muerte de más españoles que él, pero se le ha concedido un poder tan desmedido, precisamente porque no es un asesino, porque no es cruel.

Muchos problemas tiene este reino: esta persona es la solución a todos los problemas. Ahora no hay más salida que la guerra. Ahora ya no hay más salida que el sufrimiento, el derramamiento de sangre, la destrucción. Después, la paz rodeará a ese pilar.

Será un invencible David en la cruzada, será un Salomón en la paz. Su reinado, para desesperación de sus enemigos será largo, muy largo, inacabable, durará una generación. Durará el final de una generación, una generación entera y el comienzo de una tercera generación.

Ahora lleva la espada, el Señor le otorgará el cetro. Y ese cetro no podrá ser removido de sus manos, así lo ha decidido el que decreta todo sin apelación. Su cetro será inamovible. Todos los seguidores del dragón rojo contra él, todos los sectarios de oscuras reuniones secretas contra él, tanta gente buena (pero equivocada) opuestos a él, no importa, se estrellan contra una peña granítica. El Señor le ha concedido el cetro y nadie tiene capacidad para arrebatárselo de la mano.

Es bajito, su voz aflautada, no será un gran orador, así quedará más claro que es el Señor el que eleva a quien quiere y lo mantiene el tiempo que quiera. Sí, su presencia no será impresionante, pero todo se le dará como don de lo alto.

El demonio lo odiará con todas sus fuerzas en vida y después de su muerte; perseguirá su memoria durante generaciones. Bien sabe Satanás que todos sus planes malignos estarán detenidos mientras él viva. Mientras ese caudillo benévolo siga respirando, el Evangelio será la ley suprema de este reino. Mientras él viva, la religión verdadera brillará en todo el reino y extenderá sus benéficos ríos de gracia por todas las regiones. El reino adorará a la Santísima Trinidad, los súbditos amarán tiernamente a la Madre de Dios y Reina de los cielos, y el cielo bendecirá generosamente estas tierras.

Después, cuando el tiempo decretado se haya cumplido, morirá rodeado del amor de sus súbditos. Lo llorarán como nunca se lloró a un rey en este reino.

Todo habrá estado centrado en esta persona. Esta persona habrá sido el centro del reino, la pieza clave de la construcción. No será sustituible. Entended que él será un pilar de hierro, único, para un momento único. Su caudillaje no se podrá heredar. Él es una medida de excepción para un tiempo de excepción. El mismo cielo que determinó su victoria, no querrá que tenga hijos. Su reinado empieza en él y acaba con él.

Después vendrán los tiempos del enfriamiento de la fe; después, los de la apostasía. El reinado del Anticristo será justamente lo contrario del reinado de este siervo de Dios. En ese reinado se desarraigará lo que quede de la fe, se perseguirá a los cristianos. En el poder se establecerán las tinieblas del infierno. Qué diferencia entre ese trono de oscuridad y aquel hombre sencillo que reinó por la gracia de Dios. Pero, aunque hablo para un tiempo lejano, recordad que tras la derrota más espantosa vendrá la victorial final más esplendorosa. Lo que ocurrió en España ocurrirá en el mundo. La victoria ya no será fruto de una guerra, sino de una acción directa de Dios. Pero, finalmente, como está profetizado:

"Luego vi a un ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Dominó al Dragon, la Serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después tiene que ser soltado por poco tiempo”.

P. FORTEA

 

jueves, 30 de marzo de 2023

ABRIRME A LA ACCIÓN DE DIOS

Gracias, Señor, por invitarme a tu Reino, por llamarme a recibir la vida verdadera.

Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net

Dios ama a cada uno de sus hijos. Existimos desde Su Amor. Desea que un día lleguemos a encontrarlo plenamente.

Por eso Dios trabaja sin cesar para que mi corazón esté dispuesto a acoger Su Amor, a dejar el pecado y a entrar en la vida verdadera.

"Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo" (Jn 5,17 18). Por eso Jesús cuida de sus ovejas y busca llevarlas a pastos seguros (cf. Jn 10,1-18).

Quien recibe a Cristo empieza una vida nueva, la vida de un hijo que se deja amar por su Padre.

Por eso necesito abrirme a la acción de Dios. Para ello, afinaré el alma para percibir sus mensajes y agrandaré el corazón para acogerlos con alegría.

Cada día es una nueva oportunidad para dejarme transformar por Cristo. Basta un poco de atención interior para escuchar su voz y luego seguir sus inspiraciones.

Durante el camino habrá dificultades, incluso caídas. Pero la certeza de que Dios me ama, y la compañía y apoyo de los hermanos, me permitirán levantarme y continuar adelante.

El tiempo que ahora tengo entre mis manos se convierte en una nueva ocasión para abrirme al Evangelio y escuchar la voz del Maestro.

"Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado" (Mt 4,17). "Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre" (Hch 22,16).

Gracias, Señor, por invitarme a tu Reino, por llamarme a recibir la vida verdadera. Ayúdame, en este día y siempre, a abrirme a ti y a acoger todo aquello que me dices desde la acción continua de tu Espíritu...

SER VERDADERAMENTE HIJOS DE DIOS

Jueves quinta semana de Cuaresma. Tenemos un Dios que nos persigue y busca llegar hasta el fondo de nosotros mismos.

Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Gn 17, 3-9
Jn 8, 51-59


El tiempo cuaresmal es un camino de conversión que no es simplemente arrepentirnos de nuestros pecados o dejar de hacer obras malas. El camino de conversión no es otra cosa sino el esfuerzo constante, por parte nuestra, de volver a tener la imagen, la visión que Dios nuestro Señor tenía de nosotros desde el principio. El camino de conversión es un camino de reconstrucción de la imagen de Dios en nuestra alma.

La liturgia del día de hoy nos presenta dos actitudes muy diferentes ante lo que Dios propone al hombre. En la primera lectura, Dios le cambia el nombre a Abram. Y de llamarse Abram, le llama Abraham. Este cambio de nombre no es simplemente algo exterior o superficial. Esto requiere de Dios la disponibilidad a cambiar también el interior, a hacer de este hombre un hombre nuevo.

Pero, al mismo tiempo, requiere de Abraham la disponibilidad para acoger el nombre nuevo que Dios le quiere dar.

Por otro lado, en el Evangelio vemos cómo Jesús se enfrenta una vez más a los judíos, haciéndoles ver que aunque se llamen Hijos de Abraham, no saben quién es el Dios de Abraham.

Son las dos formas en las cuales nosotros podemos enfrentarnos con Dios: la forma exterior; totalmente superficial, que respeta y vive según una serie de ritos y costumbres; una forma que incluso nos cataloga como hijos de Abraham o hijos de Dios. Y por otro lado, el camino interior; es decir, ser verdaderamente hijos de Abraham, ser verdaderamente hijos de Dios.

Lo primero es muy fácil, porque basta con ponerse una etiqueta, realizar determinadas costumbres, seguir determinadas tradiciones. Y podríamos pensar que eso nos hace cristianos, que eso nos hace ser católicos; pero estaríamos muy equivocados. Porque todo el exterior es simplemente un nombre, y como un nombre, es algo que resuena, es una palabra que se escucha y el viento se lleva; es tan vacía como cualquier palabra puede ser. Es en el interior de nosotros donde tienen que producirse los auténticos cambios; de donde tiene que brotar hacia el exterior la verdadera transformación, la forma distinta de ser, el modo diferente de comportarse.

No son las formas exteriores las que configuran nuestra persona. Son importantes porque manifiestan nuestra persona, pero si las formas exteriores fuesen simplemente toda nuestra estructura, toda nuestra manera de ser, estaríamos huecos, vacíos. Entonces también Jesús a nosotros podría decirnos: “Sería tan mentiroso como ustedes”. También Jesús nos podría llamar mentirosos, es decir, los que vacían la verdad, los que manifiestan al exterior una forma como si fuese verdad, pero que realmente es mentira.

Qué difícil y exigente es este camino de conversión que Dios nos pide, porque va reclamando de nosotros no solamente una «partecita», sino que acaba reclamando todo lo que somos: toda nuestra vida, todo nuestro ser. El camino de conversión acaba exigiendo la transformación de nuestras más íntimas convicciones, de nuestras raíces más profundas para llegar a cristianizarlas.

Para los judíos solamente Dios estaba por encima de Abraham, por eso, cuando Cristo les dice: “Antes de que Abraham existiese, Yo soy”, ellos entendieron perfecta- mente que Cristo estaba yendo derecho a la raíz de su religión; les estaba diciendo que Él era Dios, el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y es por eso que agarran piedras para intentar apedrearlo, por eso buscan matarlo.

No es simplemente una cuestión dialéctica; ellos han entendido que Cristo no se conforma con cambiar ciertos ritos del templo. Cristo llega al fondo de todas las cosas y al fondo de todas las personas, y mientras Él no llegue ahí, va a estar insistiendo, va a estar buscando, va a estar perseverando hasta conseguir llegar al fondo de nuestro corazón, hasta conseguir recristianizar lo más profundo de nosotros mismos.

El hecho de que Dios le cambie el nombre a Abram, además de significar el querer llegar al fondo, está también significando que solamente quien es dueño de otro le puede cambiar el nombre. (Según la mentalidad judía, solamente quien era patrón de otro podía cambiarle el nombre). Algo semejante a lo que hicieron con nosotros el día de nuestro Bautismo cuando el sacerdote, antes de derramar sobre nuestra cabeza el agua, nos impuso la marca del aceite que nos hacía propiedad de Dios.

¿Realmente somos conscientes de que somos propiedad de Dios? Dios es tan consciente de que somos propiedad suya, que no deja de reclamarnos, que no deja de buscarnos, que no deja de inquietarnos. Como a quien le han quitado algo que es suyo y cada vez que ve a quien se lo quitó, le dice: ¡Acuérdate de que lo que tú tienes es mío! Así es Dios con nosotros. Llega a nuestra alma y nos dice: Acuérdate de que tú eres mío, de que lo que tú tienes es mío: tu vida, tu tiempo, tu historia, tu familia, tus cualidades. Todo lo que tú tienes es mío; eres mi propiedad.

Esto que para nosotros pudiera ser una especie como de fardo pesadísimo, se convierte, gracias a Dios, en una gran certeza y una gran esperanza de que Dios jamás va a desistir de reclamar lo que es suyo. Así estemos muy alejados de Él, sumamente hundidos en la más tremenda de las obscuridades o estemos en el más triste de los pecados, Dios no va a dejar de reclamar lo que es suyo. Sabemos que, estemos donde estemos, Dios siempre va a ir a buscarnos; que hayamos caído donde hayamos caído, Dios nos va a encontrar, porque Él no va a dejar de reclamar lo que es suyo.

Éste es el Dios que nos busca, y lo único que requiere de nosotros es la capacidad y la apertura interior para que, cuando Él llegue, nosotros lo podamos reconocer. “El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”. No habrá nada que nos pueda encadenar, porque el que es fiel a las palabras de Cristo, será buscado por Él, que es la Resurrección y la Vida.

Ojalá que nosotros aprendamos que tenemos un Dios que nos persigue y que busca llegar hasta el fondo de nosotros mismos, y que nos va hacer bajar hasta el fondo de nosotros para que nos podamos, libremente, dar a Él.

¿De qué otra manera más grande puede Dios hacer esto, que a través de la Eucaristía? ¿Qué otro camino sigue Dios sino el de la misma presencia Eucarística? ¿Acaso alguien en la tierra puede bajar tan a lo hondo de nosotros mismos como Cristo Eucaristía? Cristo es el único que, amándonos, puede penetrar hasta el alma de nuestra alma, hasta el espíritu de nuestro espíritu, para decirnos que nos ama.

Permitamos que el Señor, en esta Semana Santa que se avecina, pueda llegar hasta nosotros. Permitámosle hacer la experiencia de estar con nosotros. Y nosotros, a la vez, busquemos la experiencia de estar con Él. Un Dios que no simplemente caminó por nuestra tierra, habló nuestras palabras y vio nuestros paisajes. Un Dios que no simplemente murió derramando hasta la última gota de sangre; un Dios que no solamente resucitó rompiendo las ataduras de la muerte. Un Dios que, además, ha querido hacerse Eucaristía para poder estar en lo más profundo de nuestras vidas y poder encontrarnos, si es necesario, en lo más profundo de nosotros mismos.

 P. Cipriano Sánchez LC