miércoles, 26 de diciembre de 2007

UNA NAVIDAD EN EL INFIERNO


El demonio, cada año, quiere impedir el nacimiento de Cristo en nuestros corazones.

En lo más recóndito del quinto infierno, se confabulaban todos los demonios, reunidos en asamblea plenaria. El gran Satán les había convocado, pues al fin tenían un plan para evitar la llegada de la Navidad ese año. Entre el infernal estrépito de la siniestra sala, la más nefasta voz - si a eso se le podría llamar voz - gritó pidiendo silencio. Tras un momento de siseos horrendos, los demonios se callaron.... Satán se levantó de su trono y exclamó con voz exasperada:

§ ¡¿Dónde están mis papeles?!... ¡Demonios!
Un diablo menudo y desparpajado, que debía ser su secretario, se los entregó riendo.
§ ¡Muérete! - le gritó Satanás.
§ Igualmente - contestó el diablo de los papeles, en ademán de gratitud.
§ ¡Todos los diablos! - exclamó Satán - hermanos muy odiados. Al fin, tras veinte siglos de intentos fallidos, al fin... - siguió con solemnidad - evitaremos que nazca Cristo, Redentor de los hombres.
Un aullido frenético se dejó oír en aquella sala demoníaca, todos aprobaban al orador. Satán continuó:
§ Tengo aquí, mil disfraces de ángeles, miradlos, son perfectos...
Levantó uno de aquellos para que todos lo vieran. Realmente estaban muy bien hechos, pero su soberbia, como de costumbre le traicionó, y queriendo rematar dijo:
§ ¡Ni el mismísimo Dios nos reconocerá...!
Un berreo de gloria infernal se extendió por toda la galería.
§ El plan es del todo simple - prosiguió en tono explicativo - nada de tecnicismos ni de revueltas a las puertas del Cielo, pues la última vez, aquello fue Troya, con la única diferencia de que habiendo colado el caballo, no pudimos evitar que la guardia de San Miguel nos diera una buena paliza. No, este año lo haremos de modo diplomático. Unos cuantos se encargarán de distraer a San Pedro. Mientras los demás, fingiremos que volvemos al cielo, después de dar un paseo por estos mundos de Dios. De modo que San Pedro, tan distraído, no tendrá tiempo de revisar los permisos ni nada...
La asamblea estaba absorta escuchando en un silencio de ultratumba, les maravillaba que algo tan simple pudiera ser la solución a un problema tan complejo, como el de luchar contra un Dios Omnipotente, para evitar la Navidad... Satán continuó, alentado por el éxito de su discurso, incluso había dejado los papeles y les hablaba de pie en un brazo de su asqueroso trono...
§ Una vez que hayamos pasado la puerta, lo demás nos será muy fácil. Entraremos en desbandada ante la presencia de Dios, y debemos convencerle de que no nazca este año en el mundo. Tendremos que decirle lo mal que se ha portado el hombre en estos años. Le diremos que cada vez más gente vive sin que le importe su propia salvación. Debemos hacerle comprender que, cada año que pasa, la humanidad se aleja más y más de Él y se encierra en su egoísmo, sin querer saber nada que no sea placer y consumismo. Le mostraremos las injusticias y desigualdades que reinan en el mundo. Le enseñaremos la larga lista de niños que han tenido que pasar súbitamente de la sala de nacimientos próximos, a la de defunciones prematuras... y la lista negra de todos los enfermos y viejos que han dejado el mundo antes de tiempo... y no olviden la nueva innovación de la sofística: “la guerra preventiva”. Habría mucho más que añadir las interminables iniquidades humanas, de las que, es cierto, nosotros somos en parte los causantes - sentenció con una sonrisa demoníacamente sarcástica...
Para esto, Satán ya estaba de pie, majestuoso y triunfante sobre el respaldo de su trono de piedra negra y opaca. Su mirada inquiría al auditorio, dejó un tiempo de pausa, se sentó en el alto respaldo, con las piernas colgando y dijo:
§ Y bien... ¿qué os parece?...
El auditorio, sumido en silencio, reventó de pronto en aplausos y ovaciones, que parecían todos los sonidos de una selva juntos. Ya comenzaba la algarabía y los festejos, cuando de pronto se escuchó una voz desafiante:
§ ¡No!, ¡no funcionará!... ¡no funcionará! – volvió a gritar la voz salvajemente... Sois todos unos... pobres diablos, -sentenció -
La asamblea se había helado y el hedor del aire infernal se podía masticar por la tensión... La voz continuó:
§ ¿No os dais cuenta del fallo? Este plan está condenado al fracaso desde el inicio.
Era un demonio colosal el que hablaba. Un guerrero de ultratumba, la personificación de las plagas de Egipto. Era sin duda, uno de los más fuertes del infierno, todo el salón atendía a sus palabras casi con reverencia religiosa. Se encontraba al fondo de la infernal aula y se acercaba poco a poco al centro. El gran Satán miraba con curiosidad, no podía reconocer quién era el que hablaba. Quizá será Moloc, pero no le reconozco con ese nuevo look”- pensaba. Mientras, el colosal guerrero continuó:
§ Ha pasado tanto tiempo desde que fuimos creados por Dios, y hemos luchado siempre contra Él desbaratando sus planes. Hemos corrompido la naturaleza una y otra vez. Y desde que el hombre apareció sobre la tierra, no hemos dejado de hacerle daño ni de hostigarle para que se rebele al Creador. Muchas veces lo hemos logrado. Y ahora, en estos tiempos, hasta le hemos hecho creer que no existimos. Esta es una grandísima victoria...
El auditorio comenzaba a impacientarse pues la explicación no arribaba todavía, pero nadie se atrevía a encarar a tan fuerte espectro, de modo que todos atendían...
§ Pero de aquí, no podemos concluir que Dios deje de auxiliar a la humanidad. Es imposible. Parece que no conocierais a Dios... Ni siquiera porque llevamos más de diez mil años luchando contra Él. ¡NO! El corazón de Dios soporta la paga de los malos por aquella de los justos. Y su ira se derrite ante las almas puras de los niños recién bautizados, a quienes no ha llegado aún el aguijón de la soberbia ni el fuego de la sensualidad... Además, no podremos negar que en el mundo hay aún mucho bien escondido bajo los hábitos de religiosos y religiosas de clausura, a quienes nunca hemos podido dañar. Y díganme si no es cierto que quedan en el mundo tantas familias cristianas coherentes: madres entregadas y fieles; esposos trabajadores e hijos obedientes... Por más que los endiablados Mass Media transmitan toneladas y toneladas de basura informativa e infecciosa...
El espectro iba avanzando y hablaba ya desde el centro del aula. Satanás, se había resbalado por el respaldo, hasta quedar sentado en el trono, pensativo y abrumado por el discurso, se sobrecalentaba de coraje... y en aquel preciso momento reconoció la voz del demonio y como un volcán, desesperado tronó:
§ ¡¡A él!! ¡Prendedle!... Es Miguel.
La asamblea se confundió por completo y nadie alcanzó a reaccionar a tiempo. El arcángel guerrero ya había desenvainado la espada y se elevaba resplandeciente con una luz que cegaba y lastimaba como cuchillos en los ojos a aquellos pobres espíritus... Sus alas hermosas y blancas se extendieron, y dejó caer el disfraz perfecto que traía. En pocos instantes estaba fuera del su alcance...

Nadie puede juzgar que a Dios no le guste de vez en cuando jugar a los SS, aunque si bien es cierto, no tiene necesidad de ello... Lo único digno de comentario es que aquel año, los demonios asistieron más tristes a la navidad en el mundo. Vieron una vez más, las pastorelas de los pequeños y ocultaron el rostro de vergüenza cuando un par de niños tomaban por el rabo a un pequeño, disfrazado de diablillo inofensivo y bonachón...
Fuente: Encuentra

HUMILDAD VS. SUMISIÓN


El caso es que humildad no es sinónimo de sumisión

Para ser humildes hay que ser más humano que cualquier otro humano. Es quedarse callado cuando reconocemos que nuestro interlocutor tiene algún problema para comprender o expresarse, y dar gracias a Dios porque a nosotros no nos sucede lo mismo.

A pesar de que hablamos el mismo idioma, algunas personas entienden diferente lo que decimos, ya sea por algún problema de su niñez, educación o por una deficiencia cerebral. Todos ven que algo es blanco, pero esa persona dice que es negro”. Así de obvio, sin exagerar, pueden ser los problemas.

Pero veamos primero un caso normal con personas normales:
Cinco personas presencian un choque desde diferentes ángulos. Como son testigos oculares del hecho, son interrogados por las autoridades. A pesar que todos estuvieron en el mismo lugar, sólo coinciden en que hubo un choque, pero no coinciden exactamente cómo sucedió; inclusive no coinciden en quién tuvo la culpa

Este ejemplo simple nos da una idea de lo complejo que puede ser el cerebro humano…. a pesar que todos los testigos son probos.

Hay personas que están a la defensiva e inconcientemente reaccionan con una actitud negativa a ciertas palabras, que con muy buena intención le son dichas. Incluso, un premio o una sugerencia que podría hacer resaltar su desempeño como persona o como trabajador, lo toman como una ofensa, porque en el fondo creen que no se lo merecen o que no están reconociendo su trabajo o que se están burlando, y su actitud es de rechazo e indignación… acá intervienen también los complejos.

Si notamos esta actitud, debemos evitar un nuevo contacto con este tipo de personas, que nunca van a entender que no hay mala intención de nuestra parte. En vez de reaccionar negativamente ante esto, es preferible ser humildes”, lo que no significa que nos ganaron o que estamos equivocados y aceptando lo que dicen, porque estaríamos entrando en su mismo juego.

Es nuestro deber, una vez se calme la persona, el buscar la forma de ayudarla… mientras eso no suceda, nuestra humildad debe ser más fuerte, aunque parezca sumisión”. El decir “tienes razón” hará que la persona se calme, y no perdemos nada con hacerlo… total, sabemos que la verdad es sólo una.

Algo parecido sucede con las sectas que tocan nuestra puerta, sobre todo con las que niegan a la Madre de Dios, nuestra Madre, la siempre Virgen María. Nuestra actitud no debe ser de rechazo, eso no es de católicos. Podemos librarnos de ellos humildemente…” sabemos que están equivocados, pero la culpa no necesariamente es de ellos. Nacieron y crecieron en ese ambiente; sólo eso escucharon toda su vida. Si nosotros hubiésemos nacido en Oriente, es muy posible que fuéramos budistas o del Islam.

Este dialogo sucedió más o menos así luego que les abrí la puerta:
§ “Buenos días… venimos a traerle la Palabra de Dios – dijeron.
§ “Adelante… estoy terminando de rezar el Rosario… ¿me acompañan?” – respondí.
§ “Sólo queríamos dejarle estos folletos y nos vamos – replicaron.
De hecho la palabraRosario los espantó… nunca más volvieron. No hubo ningún tipo de pelea, ni tuve necesidad de espantarlos de una forma cruel como muchos lo hacen, tirándoles la puerta.

José Miguel Pajares Clausen

UN PEQUEÑO GUSANO


Un pequeño gusano caminaba un día en dirección al sol.

Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes.
§ "¿Hacia dónde te diriges?", le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
§ "Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo"
Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba:
Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable"
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, y su diminuto cuerpo no dejó de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo:
§ "¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?"
Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:
§ "Tuve un sueño y deseo realizarlo; subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo"
El escarabajo soltó una carcajada y dijo:
§ "Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso"
Y se quedó en el suelo tumbado mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor le aconsejaron desistir:
§ "¡No lo lograrás jamás!"
Pero en el interior del gusanito había un impulso que le obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar.
§ "Estaré mejor" - fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo, que había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.

De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta, poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos.

Una mariposa, no hubo nada que decir, todos sabían lo que pasaría, se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.

Todos se habían equivocado. Dios nos ha creado para realizar un sueño; pongamos la vida en intentar alcanzarlo, y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces lo lograremos.

El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que superar en el camino.

viernes, 21 de diciembre de 2007

UN MUCHACHO EN UNA CASA DE JUEGO


Renato era un muchacho de diecisiete años; bueno, pero con poca voluntad y muy poco dominio de sus pasiones.

Estudiaba en la Universidad de Pisa y su familia vivía en un pueblecito cercano a esta ciudad. Su padre, que era médico del lugar, no ganaba lo suficiente para mantener a su familia y costear los estudios de Renato.
El muchacho pasó contento las Navidades en el pueblo en compañía de su familia. El día 2 de enero, Renato regresó a la Universidad. Su madre le dio el dinero para pagar la pensión del mes. Pero nada más llegando a Pisa donde sus amigos ya le esperaban se le fue a la pensión.

Organizaron entre todos una fiesta. Recorrieron las calles de la ciudad cantando alegremente y terminaron por entrar en una casa de juego. Renato jugó unas liras y las perdió; volvió a jugar y volvió a perder. Al salir de aquella casa Renato había perdido totalmente el dinero que le dio su madre para pagar el mes de pensión.

Eran las cinco de la mañana cuando entraba en su casa de huéspedes. Se tumbó en la cama. Estaba horrorizado de lo que había hecho. El pobre chico no sabía qué hacer. Por fin, después de mucho cavilar, se determinó ir donde sus padres y contarles todo lo ocurrido. Esperaba una violenta reprensión y una buena bofetada. Tuvo que pedir dinero prestado a la patrona para el viaje, pues no tenía ni céntimo.
Llegó a su casa y llamó. Le abrió su madre, y al ver ésta a su hijo tan pálido se asustó la pobre mujer. Renato, con lágrimas en los ojos, le declaró toda la verdad. La pobre mujer quedó apenada. ¿Cómo darle dinero otra vez, con lo escaso que andaban de él?
Cuando llegó el padre de Renato su esposa le puso al corriente de lo que había hecho su hijo. A la hora de la cena vio Renato a su padre y le dijo: «Buenas noches, Padre». El padre, con cierta bondad, no exenta de seriedad, lo contestó: «¡Buenas noches
Renato esperaba durante la cena un chaparrón violento de gritos y bofetadas. Pero el padre comía con todo sosiego y le hablaba en un tono normal y sencillo. Al ir a acostarse, le dijo: «Renato, mañana tienes que madrugar. Necesito el caballo» Cuando la madre y el hijo quedaron solos en la cocina le preguntó si le habla dado el dinero de la pensión. La madre le contestó que nada le habla dado.
Renato se levantó al amanecer. Era un día frío y duro de invierno. Caía la nieve con fuerza. Bajó al portalón y vio a su padre montando a caballo, envuelto en su amplio capote para ir a cumplir con su obligación de médico. El padre, dándole el dinero de la pensión, le dijo lentamente y con voz suave: ¡Toma, pero antes de malgastarlo acuérdate de cómo lo gana tu padre! Avivó al caballo y se perdió en la oscuridad de la noche.
Este joven, que con el tiempo llegó a ser un gran escultor, cuando siendo ya mayor recordaba las palabras de su padre, se le saltaban las lágrimas y pensaba que si él era algo en la vida era debido al ejemplo de su Padre.

Nota: Muchas veces las palabras duelen más que una daga atravesando tu corazón. Honrar padre y madre - dice el Señor. JP

HUIR DEL DESTINO


Su padre era marino. Un día, cuando no era más que un niño, el padre le invita a dar un paseo en barco.

De repente descubre a lo lejos un enorme pez, de aspecto terrible, que sigue al barco. Se lo comunica a su padre, pero su padre no ve nada; cree que son figuraciones de su hijo.

En un segundo viaje vuelve a ocurrir lo mismo; pero esta vez el padre lo entiende todo, palidece de susto y le explica a su hijo:
§ "Ahora temo por ti. Eso que has visto es un Colombre. Es el pez que los marineros temen más que a ningún otro en todos los mares del mundo, un animal terrible y misterioso, más astuto que el hombre. Por motivos que nunca nadie sabrá escoge a su víctima y le sigue años y años, la vida entera, hasta que consigue devorarla. Y lo más curioso es esto: que nadie puede verlo si no es la propia víctima".
§ "¿Y no es una leyenda?" - pregunta el hijo.
§ "No - le dice su padre - yo nunca lo he visto, pero lo han descrito: hocico fiero, dientes espantosos... No hay duda hijo mío: el Colombre te ha elegido, y mientras andes por el mar no te dará tregua. Vamos a volver a tierra y nunca más te harás a la mar por ningún motivo. Tienes que resignarte. Por otra parte en tierra también puedes hacer fortuna".

Pasan los años y el chico crece y consigue en la vida todo lo que todo el mundo anhela. A los ojos de todos es un triunfador. Pero él sabe que su vida ha sido un fracaso, que en el fondo de su alma sigue presente, como herida abierta, la renuncia a la que debería haber sido su propia vida, la que le habría hecho feliz.

Un día, viejo y cansado, sintiendo cerca la muerte, decide enfrentarse con aquel peligro, hacer por fin algo valioso, enfrentarse con aquel animal que había visto muchas veces, cada vez que se acercaba al mar, a cierta distancia de la costa.

Un día, de noche, cogió un arpón, se montó en una pequeña barca y se internó en el mar. Al poco tiempo aquel horrible hocico asomó al lado de la barca.
§ "Aquí me tienes, ahora es cosa de los dos", dijo el hombre mientras levantaba el arpón contra el horrible animal.
§ Entonces el pez empezó a hablar, quejándose con voz suplicante: "Ah, qué largo camino para encontrarte. También yo estoy destrozado por la fatiga. Cuanto me has hecho nadar. Y tú huías y huías... porque nunca has comprendido nada".
§ "¿A qué te refieres?"
§ "A que no te he seguido para devorarte. El único encargo que me dio el Rey del Mar fue entregarte esto".

Y el gran pez sacó de la lengua, tendiendo al anciano una esfera fosforescente.

Él la cogió entre las manos y la miró. Era una perla de enorme tamaño. Reconoció en ella la famosa perla del mar, que da a quien la posee fortuna, poder, amor y paz de espíritu. En aquel instante el viejo lo entendió todo. Y entendió también que ahora era demasiado tarde.

§ "¡Ay de mí! ¡Qué horrible malentendido! Lo único que he conseguido es desperdiciar mi existencia y además he arruinado la tuya. Adiós, hombre infeliz" Y se sumergió en las aguas para siempre.

NADA SUCEDE POR QUE SÍ…


“…el mayor error del ser humano, es intentar hacer con la cabeza, aquello que no sale del corazón…”

Un día, un muchacho pobre que vendía mercadería de puerta en puerta para pagar sus estudios, vio que sólo le quedaba una simple moneda de diez centavos y tenía hambre.

Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, los nervios lo traicionaron cuando una encantadora joven le abrió la puerta. En vez de comida le pidió un vaso con agua. Ella pensó que él tendría hambre y le dio un vaso con leche. Él bebió despacito y después preguntó:
§ “¿Cuánto le debo?”
§ “No me debes nada – respondió ella.
Y Continuó:
§ “Mi madre me enseñó a no aceptar pago por una caridad”.
§ “Pues te agradezco de todo corazón – dijo él.

Cuando Howard Kelly salió de aquella casa, no sólo se sintió más fuerte físicamente, sino que también su fe en Dios y en los hombres fue más fuerte… él ya estaba resignado a rendirse y dejar todo.

Años después, esa joven mujer se enfermó gravemente. Los médicos de su pueblo estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la ciudad más cercana, donde llamaron a un especialista para estudiar su extraña enfermedad. Llamaron a Howard Kelly.

Cuando escuchó el nombre del pueblo de donde era ella, una extraña luz llenó sus ojos. Inmediatamente vestido con su bata de médico, fue a ver a la paciente. Reconoció inmediatamente a aquella mujer.

Se determinó hacer lo mejor para salvar aquella vida. Dedicó especial atención a aquella paciente. Después de una gran lucha por la vida de la enferma, se ganó la batalla.

El Dr. Howard Kelly pidió a la administración del hospital que le enviara la factura total de los gastos. Él la pagó, después escribió algo y mandó que se lo entregasen a la paciente.

Ella tenía miedo de abrir el papel, porque sabía que tendría que pasar el resto de su vida para pagar todos los gastos. Finalmente abrió la factura y algo le llamó la atención… decía lo siguiente:
§ “Factura totalmente pagada hace muchos años con un vaso de leche”: Dr. Howard Kelly.

Lágrimas de alegría corrieron por los ojos de la mujer y su corazón feliz rezó:
§ “Gracias, Dios, porque tu amor se manifestó en las manos y en los corazones humanos

Nota: Así se manifiesta la Providencia Divina cuando se da de corazón.

UNA VIDA EN RESCATE POR OTRAS

Hace algunos años, un tren que atravesaba los vastos despoblados de los Estados Unidos, fue el escenario, de un espectáculo terrible.

El fogonero del tren había abierto la puerta del horno para echar más carbón. En el mismo instante una columna de aire que entró por la chimenea arrojó una llamarada de fuego en el rostro de aquel hombre, quien loco de dolor abandonó su puesto, no cerrando la puerta como debía, lo que llevó a las llamas a prender fuego en el depósito del carbón.

La poderosa máquina marchaba a gran velocidad, y nadie podía ocuparse del control de la misma. Los viajeros que habían montado en aquel tren eran víctimas del miedo y el terror, viendo su trágico fin. De repente José Sieg, el maquinista del tren avanzó entre las llamas hasta llegar a la puerta del horno; con un supremo esfuerzo cerró la puerta que estaba casi incandescente, parando el tren.

Cuando volvió a salir de aquel mar de fuego su cuerpo estaba envuelto en llamas, y sin dilación se precipitó en el depósito del agua, para mitigar su dolor. Lo sacaron al momento, pero el cuerpo de aquel héroe, dio su espíritu, víctima de tan terribles quemaduras.

El tren ya había parado, y aquellos setecientos viajeros se habían congregado ante el cadáver de su salvador, mostrando en sus rostros el profundo agradecimiento que sentían hacia aquel que les había salvado la vida.

Cristo, puso su vida en rescate de muchos. Es preciso expresarle también nuestro agradecimiento.

UNA PISTOLA Y DOS HOMBRES FRENTE A DIOS

Sucedió hace bastantes años en un campo de concentración en Francia. Había en él muchos refugiados españoles.

Un sacerdote solía subir al estrado y explicaba a su auditorio temas de religión. Un día les habló de Dios y de su existencia. Cuando termino el sacerdote de explicar sus ideas, preguntó al auditorio si alguno quería exponer algo.
Se oyó la voz de un refugiado gritando su disconformidad. El ateo subió al estrado y dijo al auditorio:
§ "No estoy conforme con lo que ha dicho el sacerdote. Yo digo que Dios no existe. Y lo voy a probar. Aquí está mí reloj. Si Dios existe, le doy un plazo de cinco minutos para que me mate. Son las... Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto. No falta nada. ¡El Dios del sacerdote no existe!"

Al acabar de hablar el incrédulo, sus partidarios le vitorearon. Le pasearon en hombros por el campo de concentración. El sacerdote quedó sin saber qué hacer. De repente tuvo una idea luminosa. Y dirigiéndose a la multitud de incrédulos y de creyentes les dijo.
§ "Señores, no he terminado aún. Invitó al incrédulo a subir al estrado. El sacerdote pidió una pistola cargada. Un hombre le entregó el arma. Se hizo un silencio profundo. Todos estaban intrigados. Él sacerdote le dijo al incrédulo: Ahí tiene esta pistola. No le hace falta más que darle al gatillo. Le concedo cinco minutos para que me mate. Son las... Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto. No falta nada. Luego usted no existe. ¿Qué les parece a ustedes?"

El rostro del sacerdote y el de su contrincante estaban pálidos. El incrédulo le dijo:
§ "¿Cómo voy a matar yo a usted que tanto bien me ha hecho?”
El sacerdote le contestó:
§ "Dios le ha hecho a usted muchos más favores que yo y es mucho más misericordioso con los hombres que usted ha sido conmigo. Usted me ha respetado la vida cuando yo le pedía que me matara, como Dios se la ha respetado a usted cuando le retaba a que se la quitara".
La escena fue de gran emoción. Dios recompensó el heroísmo del sacerdote que expuso su vida por Él, haciendo que se convirtiera a la fe católica aquel incrédulo que unos momentos antes negaba a Dios.

PUNTOS FUERTES Y DÉBILES


Cuentan que una vez en una pequeña carpintería hubo una extraña asamblea, fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido y además se pasaba todo el tiempo golpeando a los demás. El martillo aceptó su culpa pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, pues había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija, pues era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado también el metro, que siempre estaba midiendo a los demás según su medida como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizó el martillo, el tornillo, la lija y el metro, y finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un hermoso juego de ajedrez.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, se reanudó la deliberación, fue entonces cuando tomo la palabra el serrucho y dijo:
Señores ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, y eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos más en nuestros puntos malos y concentrémonos en nuestros puntos buenos

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija servía para afinar y lijar asperezas, y el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad se sintieron orgullosos de sus capacidades y de trabajar juntos. Algo parecido sucede con los seres humanos. Cuando en un grupo (ya sea empresa, hogar, amigos, colegio, familia, etc.), las personas buscan a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es muy fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es lo que vale.

RECIBIENDO DE DAR...


Hace algún tiempo atrás aproximadamente 8 o 9 años, un día iba en un taxi, con mi madre, hacia la costurera - pues se había mandado a confeccionar un vestido y tenia que probarlo - después de haber ido de compras, donde yo había adquirido algunos juguetitos para regalar a los niños pobres, pues era época de Navidad, a decir verdad era la primera que hacia esto...

Pasábamos por un lugar bastante humilde, las casas eran de aspecto modestas y cercanas a las vías del tren, donde justamente había una pequeña familia agrupada junto a los rieles del tren; era una madre, con su esposo y su pequeño hijito que tendría aproximadamente 3 añitos calculo; ella cuidaba del niño, mientras al parecer esperaba que su esposo terminara su jornada laboral, pues el señor se encontraba parchando con un poco de tierra los huecos y rajaduras de la ya bastante deteriorada pista, y de esta manera se ganaba el sustento para sostener a su pequeña familia.

Al verlos mi Madre pidió al conductor del taxi, que se detuviera, y me dijo: hija aprovechemos en darle a ese niñito un juguetito, y extendiendo su brazo por la ventana del carro le alcanzó al papá un pequeño carrito, pues el niño con su mamá estaban a una distancia mayor de nosotros; el señor recibió el carrito, con mucha alegría y con una alegre sonrisa y un gesto muy humilde agradeció el obsequio.

De inmediato apresuró el paso para entregárselo a su pequeño niño, lo que alcanzamos a ver desde el taxi, fue les confieso a modo personal: lo mas increíble que jamás me ha pasado en mis mas de 30 años de vida; el padre le entregó a su pequeño hijito el regalito y éste al recibirlo, no les miento, y aquí pido a Dios me ilumine para poder expresar con la mayor certeza lo que vieron mis ojos:

Fue la sonrisa mas preciosa que he visto en toda mi vida, todo su rostro era una gran expresión de alegría, jamás había visto una sonrisa tan pura, tan linda, lindísima, rebosaba de alegría, expresaba tal emoción, cual si hubiera recibido el regalo mas preciado del mundo (y a decir verdad solo era una baratija de un sol a lo mucho) En un solo instante su carita mostraba toda esta impresión, que a la vez traspasaba el corazón de sus padres, quienes a la vista disfrutaban del momento de alegría que vivía su hijito... fue una imagen realmente impresionante tan impresionante, que aun cuando la recuerdo me sigue arrancando lágrimas de emoción, que siento claramente que vienen desde el corazón

En mi vida yo había entregado regalos en varias oportunidades a diversas personas, entre ellas personas sencillas y humildes, pero jamás había visto una expresión de alegría tan grande como esta. Para mi no fue solo un momento grato, o una experiencia gratificante de un acto de caridad, para mi fue un regalo de Dios el permitirme ver ese rostro inocente de un niño emocionado que iluminaba todo con esa preciosa sonrisita; él sonreía mientras tomaba el carrito en sus manos y levantaba la mirada hacia los ojos de su madre, quien le correspondía con otra mirada también alegre pero a la vez complacida de ver a su hijito feliz, mientras su padre los miraba a ambos y con una sonrisa mostraba su felicidad a la vez que volvía sus pasos a continuar con su labor; al mismo tiempo la madre volteó su rostro, y su mirada nos alcanzó e hizo un gesto de gratitud acompañado con otra sonrisa que adornaba con la humildad que reflejaba todo su rostro.

Les aseguro que nunca mas he vuelto a ver algo similar en mi vida, y hemos realizado en conjunto con mi familia, con el grupo de oración, con colegas del trabajo obras de caridad, regalos en navidad, donaciones en contacto directo con niños, madres, adultos, etc... pero nunca mas volví a ver algo así.

En verdad fue uno de los regalos mas grandes que el Todopoderoso me ha dado; debo mencionar también que en cuanto me convertí en madre, vi completado este regalo, quizás no lo entiendan, pero en aquel entonces yo era soltera, y lo único que me conmovió claro de sobremanera fue el rostro iluminado de alegría en el niñito, como les contaba; pero hoy que soy madre, puedo comprender en su real dimensión cuanta alegría sintieron en su corazón esa madre y ese padre también, si hoy cuando apenas puedo procurarle un regalito por pequeñito que sea a mi hijito, me emociono de verlo jugar, sonreír, disfrutarlo; imagino con cuanta emoción habrán recibido aquel pequeño obsequio que les llegó para su hijito a aquellos padres. Cuando recuerdo con que prisa corrió el padre para darle el regalo a su hijito, vuelvo a emocionarme tanto, tanto, perdónenme si les parece exagerado, pero pongo a Dios de testigo que sólo digo la verdad; en verdad les resumo, todas las palabras aquí vertidas se quedan cortas, muy cortas.

Bendito seas por siempre Señor, gracias porque yo creía que estaba regalando algo, sin embargo yo daba nada, mientras que a su vez recibía en abundancia y tan indigna pecadora recibiendo tremendo regalo en verdad se desarma mi corazón de emoción... no tengo palabras, te adoro, mi Señor; permite que todos mis hermanos en el mundo entero experimenten estos regalos que das cuando mismo nos mueves a obrar con caridad, para que así conozcamos que no son los regalados los que reciben - sino mas bien - los que damos los que nos beneficiamos.
Comparto esta experiencia, con mucho cariño...
¡Que Dios los bendiga!

PD: El Señor dice cuando prodigues ayuda a tu prójimo, que ni tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha”, por lo tanto se que entenderán porque no firmaré la presente, sólo lo compartiré con todos, con mucho amor.

SANTA TERESITA Y EL CRIMINAL PRANZINI


Cuenta Santa Teresita del Niño Jesús que oyó hablar de un famoso criminal llamado Pranzini, condenado a muerte por crímenes horrendos.

El criminal, que había oído en la cárcel su sentencia de muerte, no quería arrepentirse de su vida pasada; no quería confesarse y, por tanto, hacía temer su eterna condenación.
Santa Teresita, que entonces contaba unos catorce años de edad, con el candor y pureza de su alma, llegó a interesarse inusitadamente por Pranzini. Y queriendo ella librarle de la muerte eterna, ofreció a Dios los infinitos méritos de Jesucristo y los tesoros de la Santa Iglesia. Ella estaba persuadida de que por sí misma no lograría nada. Todo lo confiaba en el Amor y en la Misericordia de Cristo en la Cruz. Sintió un convencimiento íntimo de que Pranzini se iba a arrepentir. Mas con el fin de cobrar ánimos para proseguir en la conquista de las almas, hizo esta sencilla oración:
§ «Dios mío, tengo la completa seguridad de que perdonáis al desdichado Pranzini: lo creería aunque no se confesase ni diese señal alguna de contrición; tanta es mí confianza en vuestra misericordia Infinita. Pero, Señor, es el primer pecador que os encomiendo; por tanto, os suplico que me concedáis tan sólo una señal de su arrepentimiento únicamente para consuelo de mi alma».
Su oración fue atendida al pie de la letra. Pranzini salió de la cárcel y fue llevado al cadalso; cuando subió a él no llevaba en su corazón ningún sentimiento de arrepentimiento. Los verdugos lo cogieron, lo llevaron a la guillotina, para poner su cabeza en ella. Cuando, de pronto, Pranzini se para y, tocado de la gracia divina, se vuelve rápido, va donde el sacerdote que estaba cerca de él, le coge el crucifijo que tenia entre las manos y besa por tres veces sus sagradas llagas. Pranzini se había convertido. A los pocos momentos era colocado en la guillotina y su cabeza cortada caía al cesto.
Cuando al día siguiente. Santa Teresita del Niño Jesús leyó en el periódico la conversión de Pranzini lloró de emoción y de agradecimiento a Dios.
Dichoso Pranzini, que tuvo a una criatura tan pura y tan buena que pidiera por él. Esta es la maravillosa comunión de los santos.

INVITA AL VERDADERO FESTEJADO


Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo.

En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en el radio, en la televisión y por todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue el día.

La verdad, es agradable saber, que al menos, un día al año algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes hace muchos años que comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho pero no saben de qué se trata.

Recuerdo el año pasado al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor; pero sabes una cosa, ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llego el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta. ¡Y yo quería compartir la mesa con ellos! (Apoc. 3,20). La verdad no me sorprendió, porque en los últimos años todos me cierran las puertas.

Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos borrachos, contando chistes, carcajeándose. La estaban pasando en grande, para colmo llego un viejo gordo, vestido de rojo, de barba blanca y gritando: ¡JO JO JO JO!, parecía que había bebido de más, se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo "Santa Claus" "Santa Claus". ¡Cómo si la fiesta fuera en su honor!

Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. Y ¿sabes?, nadie me abrazó. Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.

Tal vez crean que yo nunca lloro, pero esa noche lloré, como un ser abandonado, triste y olvidado. Me llegó tan hondo que al pasar por tu casa, tú y tu familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey, tú y tu familia realizaron una verdadera fiesta en la cual yo era el invitado de honor. Que Dios bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar en ellas en ese día y todos los días.

También me conmovió el Belén que pusieron en un rincón de tu casa. Otra cosa que me asombra es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tú que sentirías si el día de tu cumpleaños, se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada? Una vez alguien me dijo: ¿Cómo te voy a regalar algo si a ti nunca te veo? Ya te imaginaras lo que le dije: Regala comida, ropa y ayuda a los pobres, visita a los enfermos a los que están solos y yo los contaré como si me lo hubieran hecho a mí (Mt. 25,34-40).

A veces la gente solo piensa en las compras y los regalos y de mí ni se acuerdan.(Probablemente así hablaría Jesucristo).

POR QUÉ PERMITES ESAS COSAS


Por la calle vi a una niña hambrienta, sucia y tiritando de frío dentro de sus harapos.

Me encolericé y le dije a Dios:
"¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para ayudar a esa pobre niña?"
Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, cuando menos lo esperaba, Dios respondió mis preguntas airadas: "Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti".

PARECE QUE NO ESTÁ…


En un colegio estaban preparando las Primeras Comuniones.

Había un niño que sufría un pequeño retraso mental, y, aunque él y su familia estaban empeñados en que el niño hiciera la Primera Comunión, el capellán del colegio no las tenía todas consigo.

Un día llamó al niño y lo llevó al oratorio. Sacó del bolsillo un crucifijo y preguntó al niño:
v "Éste, ¿quién es?".
v "Jesús", contestó el niño.
Entonces señaló el Sagrario y volvió a preguntar:
v "Y, entonces, ése de ahí, ¿quién es?".
v "También Jesús", contestó el niño sin dudar.
v "¿Jesús, ahí y aquí...? Pues explícame cómo puede ser que Jesús esté a la vez aquí y ahí".
v "Es muy fácil - explicó el niño -: Aquí (en el crucifijo), parece que está, pero en realidad no está. Ahí (en el Sagrario), parece que no está, pero sí que está".
Ni que decir tiene que aquel chaval hizo la Primera Comunión con sus compañeros de curso.

jueves, 20 de diciembre de 2007

LA SUAVE MIRADA DE CRISTO CRUCIFICADO


En el año 1884 el Gobierno francés dio orden de que las imágenes de Cristo Crucificado fueran quitadas de las escuelas. Eran días de persecución religiosa.

Un joven fanático e impío iba él mismo de escuela en escuela arrancando violentamente las imágenes, las tiraba al suelo con verdadera furia, y las pisoteaba. Allí quedaban rotas y aplastadas las figuras de nuestro Redentor.
Este joven tenía una madre piadosa y buena, que no cesaba de rezar por la conversión de su hijo.
Un día llegó el joven impío a una escuela, donde encontró un crucifijo empotrado en la pared. Como no podía arrancarlo, cogió un pesado tronco y con violentos golpes empezó a destruir la sagrada imagen. En esta labor estaba cuando, de repente, el joven sufrió un ataque al corazón, cayendo al suelo sin sentido. Lo cogieron y lo llevaron a su casa. El dolor de la pobre madre fue inmenso al ver el estado lamentable de su hijo. La gente murmuraba que había sido un castigo de Dios.
Llegó el médico y diagnosticó que recobraría el sentido, pero que un segundo ataque le quitaría la vida. La madre, ante la gravedad de su hijo, pedía a Dios la salvación eterna de su alma. Y mandó llamar a un sacerdote. El joven despertó del ataque. Al ver al sacerdote dijo que quería hablar con él y también con su madre. Se acercaron en silencio y el joven les dijo:
§ «Madre, dé gracias a Dios por su misericordia para conmigo»
Y les contó cómo estando furioso dando golpes al rostro del Señor, le pareció que la cara de Cristo se movía. Esto le encendió más en ira y siguió con más saña destrozando la imagen. De pronto, los ojos de Cristo le miraron con tal expresión de ternura y amor que el joven quedó perplejo, con el tronco levantado. Sintió una pena tan grande por lo que había hecho que, arrepentido de su bárbara impiedad, se le cayó el tronco de las manos. Dio un grito pidiendo perdón a Cristo, y en aquel instante fue cuando le sobrevino el ataque al corazón.
No había sido castigo de Dios. Habla sido misericordia de Dios. Suplicó al sacerdote que le perdonara sus pecados. El sacerdote, en nombre de Dios, le absolvió de todos ellos. El joven cerró los ojos y con la paz y la gracia en su alma quedó muerto.

Nota: La Misericordia de Dios es infinita… sólo arrepiéntete de corazón. JP

HOMENAJE A UN PADRE ESPECIAL


Un día, acudí a mi padre con uno de mis muchos problemas de aquel entonces.

Me contestó como Cristo a sus discípulos, con una parábola:
"Hijo(a), ya no eres más una simple y endeble rama; has crecido y te has transformado, eres ahora un árbol en cuyo tronco un tierno follaje empieza a florecer. Tienes que darle vida a esas ramas. Tienes que ser fuerte, para que ni el agua, ni el día, ni los vientos te embatan. Debes crecer como los de tu especie, hacia arriba. Algún día, vendrá alguien a arrancar parte de ti, parte de tu follaje. Quizá sientes tu tronco desnudo, más piensa que esas podas siempre serán benéficas, tal vez necesarias, para darte forma, para fortalecer tu tronco y afirmar sus raíces. Jamás lamentes las adversidades, sigue creciendo, y cuando te sientas más indefenso(a), cuando sientas que el invierno ha sido crudo, recuerda que siempre llegará una primavera que te hará florecer... Trata de ser como el roble, no como un bonsai"

Ahora quisiera tener a mi padre conmigo, y darle las gracias por haber nacido, por haber sido, por haber tenido, por haber triunfado, y por haber fracasado.
Si acaso tuviera mi padre a mi lado, podría agradecerle su preocupación por mí, podría agradecerle sus tiernas caricias, que no por escasas, sinceras sentí.
Si acaso tuviera a mi padre conmigo, le daría las gracias por estar aquí, le agradecería mis grandes tristezas, sus sabios regaños, sus muchos consejos, y los grandes valores que sembró en mí.
Si acaso mi padre estuviera conmigo, podríamos charlar como antaño fue, de cuando me hablaba de aquello del árbol, que debe ser fuerte y saber resistir, prodigar sus frutos, ofrecer su sombra, cubrir sus heridas, forjar sus firmezas... y siempre seguir. Seguir luchando, seguir perdonando, seguir olvidando, y siempre... seguir.
Si acaso tuviera a mi padre a mi lado, le daría las gracias... porque de él nací.

GENEROSIDAD Y EGOÍSMO



Dice una antigua leyenda china, que un discípulo preguntó al Maestro:
"¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?"
El Maestro le respondió:
"Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré una imagen de cómo es el infierno".

Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.

Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré una imagen de cómo es el cielo. Entraron en otra habitación, también con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, allí, todos estaban felices y alimentados.
§ "¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?”
§ “Como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca. En una de las habitaciones están todos desesperados en su egoísmo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros”.

LA ESTRELLA VERDE


Había millones de estrellas en el cielo, estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, rojas, azules, doradas.

Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le propusieron:
§ "Señor, nos gustaría vivir en la Tierra, convivir con las personas".
§ "Así será hecho", respondió el Señor.

Se cuenta que en aquella noche hubo una fantástica lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños. La Tierra quedó, entonces, maravillosamente iluminada.

Pero con el correr del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando a la tierra oscura y triste.
§ "¿Por qué habéis vuelto?" - preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.
§ "Señor, nos fue imposible permanecer en la Tierra, allí hay mucha miseria, mucha violencia, demasiadas injusticias".
§ El Señor les contestó: "La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere. Nada es perfecto. El Cielo es el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de la perfección" Después de que había llegado gran cantidad de estrellas, Dios las recontó y dijo: "Nos está faltando una estrella... ¿dónde estará?"
§ Un ángel que estaba cerca replicó: "Hay una estrella que quiso quedarse entre los hombres. Descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límites, donde las cosas no van bien, donde hay dolor".
§ "¿Qué estrella es esa?" - volvió a preguntar.
§ "Es la Esperanza, Señor, la estrella verde. La única estrella de ese color".

Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola: la Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona.

Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propio de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede conocer el porvenir.

BASTA UNA CEBOLLA


¿Conocen ustedes la fábula rusa de la cebolla?

Cuentan los viejos cronicones ortodoxos que un día se murió una mujer que no había hecho en toda su vida otra cosa que odiar a cuantos la rodeaban. Y que su pobre ángel de la guarda estaba consternado porque los demonios, sin esperar siquiera al juicio final, la habían arrojado a un lago de fuego en el que esperaban todas aquellas almas que estaban como predestinadas al infierno.

¿Cómo salvar a su protegida? ¿Qué argumentos presentar en el juicio que inclinasen la balanza hacia la salvación?

El ángel buscaba y rebuscaba en la vida de su protegida y no encontraba nada que llevar a su argumentación. Hasta que, por fin, rebuscando y rebuscando se acordó de que un día había dado una cebolla a un pobre. Y así se lo dijo a Dios, cuando empezaba el juicio.
§ Y Dios le dijo: "Muy bien, busca esa cebolla, dile que se agarre a ella y, si así sale del lago, será salvada"
Voló precipitadamente el ángel, tendió a la mujer la vieja cebolla y ella se agarró a la planta con todas sus fuerzas. Y comenzó a salir a flote. Tiraba el ángel con toda delicadeza, no fuera su rabo a romperse. Y la mujer salía, salía. Pero fue entonces cuando otras almas, que también yacían en el lago, lo vieron. Y se agarraron a la mujer, a sus faldas, a sus piernas y brazos, y todas las almas salían, salían.

Pero a esta mujer, que nunca había sabido amar, comenzó a entrarle miedo, pensó que la cebolla no resistiría tanto peso y comenzó a patalear para liberarse de aquella carga inoportuna. Y, en sus esfuerzos, la cebolla se rompió. Y la mujer fue condenada.

¡! Basta una cebolla para salvar al mundo entero. Siempre que no la rompamos pataleando para salvarnos nosotros solitos.

LA BOTELLA

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.

Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.

Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar".
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca... o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?
Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia... Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: "Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente".
Hay muchas lecciones que podemos extraer de esta historia. Muchas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto porque demandará una gran inversión de tiempo, recursos, preparación y conocimiento. Muchos se quedan parados satisfaciéndose con los resultados mediocres, cuando podrían lograr grandes victorias.

Muchas veces tenemos grandes oportunidades que se nos presentan en la vida y que pueden ayudarnos a ser mejores personas o pueden abrirnos puertas nuevas que nos conducen a un mundo mejor... pero tememos... no confiamos.

La vida es un desafío, ¿por qué no nos arriesgamos?, ¿por qué no creemos? El tren pasa algunas veces por nuestra vida cargado de cosas... podemos arriesgarnos y subir... o dejarlo pasar... ¿Y si no vuelve? ¿Y si esa oportunidad que hoy dejamos pasar no se repite?

JESUS EN LA VENTANA



Había un niño que visitaba a sus abuelos en su granja. Le dieron una resortera para que jugara afuera en el campo. Él practicó en el campo, pero nunca pudo darle a su objetivo.

Ya un poco desanimado regreso a la casa para la cena. Mientras caminaba de regreso vio el pato mas querido por su abuela. Y como un impulso, él le dejo caer un golpe con la resortera, le pegó al pato en la cabeza y lo mató.

Estaba impresionado y consternado. En un momento de pánico, escondió el pato muerto entre una pila de madera, en ese momento vio que su hermana le estaba observando. Sally lo había visto todo, pero no dijo nada.
Después del almuerzo del siguiente día, la abuela dijo:
"Sally, vamos a lavar los platos".
Pero Sally dijo
"Abuela, Johnny me dijo que él quería ayudarte en la cocina”.
Luego le susurró a su hermano "¿Recuerdas el Pato?" Así que Johnny lavó los platos. Mas tarde ese día, el Abuelo les pregunto a los niños si querían ir a pescar, y la Abuela dijo:
"Lo siento pero necesito que Sally me ayude a hacer las compras".
Sally solo sonrió y dijo:
Abuela, no hay problema porque Johnny me dijo que quería ayudarte en todo”.
Ella susurro nuevamente "¿Recuerdas el Pato?" Así que Sally se fue a pescar y Johnny se quedó ayudando. Después de varios días en los cuales Johnny hacia tanto sus tareas como las de Sally, él finalmente no pudo soportarlo más.

Le confesó a su Abuela que había matado el pato. La Abuela se arrodillo, le dio un abrazo y dijo:
"Corazón, yo lo sé. Sabes, yo estaba parada en la ventana y vi todo lo que pasó. Pero porque te Amo, yo te perdono. Solo me preguntaba cuanto tiempo más permitirías que Sally te hiciera su Esclavo".

Lo que sea que haya en tu pasado, lo que sea que hayas hecho y el diablo continúe restregándotelo en tu cara (mentiras, deudas, miedos, odios, ira, falta de perdón, amargura, etc.) lo que sea, tú necesitas saber que Jesús estaba parado en la ventana y Él vio todo lo sucedido.
Él ha visto tu vida completa, Él quiere que sepas que te Ama y que estás perdonado, Él sólo se está preguntando cuanto tiempo dejarás que el diablo te haga un esclavo.

Lo maravilloso de Jesús es que cuando tú pides perdón, Él no sólo te perdona si no que olvida. Porque somos salvados por medio de la Gracia y misericordia de Jesús.
Recuerda siempre: Jesús está en la Ventana

LA PUERTA DEL CORAZÓN


Un hombre había pintado un bonito cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.

Llegado el momento, se tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si dentro de la casa alguien le respondía.

Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso, encontró un fallo en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista:
"Su puerta no tiene cerradura. ¿Cómo se hace para abrirla?".
El pintor respondió:
"No tiene cerradura porque esa es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de adentro".

EL ÁRBOL DE LAS MANZANAS


Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas.

Un pequeño niño lo apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por el árbol, y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:
§ "¿Vienes a jugar conmigo?"
Pero el muchacho contestó:
§ "Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".
§ "Lo siento - dijo el árbol - pero no tengo dinero... pero puedes tomar todas mis manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus juguetes".
El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
§ "¿Vienes a jugar conmigo?"
§ "No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?"
§ "Lo siento, no tengo una casa, pero... puedes cortar mis ramas y construir tu casa".
El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado.
"¿Vienes a jugar conmigo?", le preguntó el árbol.
El hombre contestó: "Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?"
El árbol contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz".
El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
"Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas".
El hombre replicó: "No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar... ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años...".
Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: "Realmente no puedo darte nada... lo único que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa".
El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas. Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá... Cuando crecemos los dejamos... Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas... No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.
Parece que el muchacho es cruel contra el árbol... pero es así como nosotros tratamos a veces a nuestros padres. Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado.

EL DIAMANTE


Nació en Italia, pero se fue a los Estados Unidos de joven. Aprendió malabarismo y se hizo famoso en el mundo entero. Finalmente, decidió retirarse.

Anhelaba regresar a su país, comprar una casa en el campo y establecerse allí. Tomó todas sus posesiones, sacó un billete en un barco hacia Italia e invirtió todo el resto de su dinero en un solo diamante, y lo escondió en su camarote.
Una vez en la travesía, le estaba enseñando a un niño cómo él podía hacer malabarismo con muchas manzanas. Pronto se había reunido una multitud a su alrededor. El orgullo del momento se le subió a la cabeza. Corrió a su camarote y tomó el diamante, que entonces era su única posesión. Le explicó a la multitud que ese diamante representaba todos los ahorros de su vida, para así generar mayor dramatismo. Enseguida comenzó a hacer malabarismos con el diamante en la cubierta del barco. Estaba arriesgando más y más. En cierto momento lanzó el diamante muy alto en el aire y la muchedumbre se quedó sin aliento. Sabiendo lo que el diamante significaba, todos le rogaron que no lo hiciera otra vez.

Impulsado por la excitación del momento, lanzó el diamante mucho más alto. La multitud de nuevo perdió el aliento y después respiró con alivio cuando recuperó el diamante. Teniendo una total confianza en sí mismo y en su habilidad, dijo a la multitud que lo lanzaría en el aire una vez más. Que esta vez subiría tanto que se perdería de vista por un momento. De nuevo le rogaron que no lo hiciera.

Pero con la confianza de todos sus años de experiencia, lanzó el diamante tan alto que de hecho desapareció por un momento de la vista de todos. Entonces el diamante volvió a brillar al sol. En ese momento, el barco cabeceó y el diamante cayó al mar y se perdió para siempre.
Nuestra alma es más valiosa que todas las posesiones del mundo. Igual que el hombre del cuento, algunos de nosotros hicimos o seguimos haciendo malabarismos con nuestras almas. Confiamos en nosotros mismos y en nuestra capacidad, y en el hecho de que nos hemos salido con la nuestra todas las veces anteriores.
Con frecuencia hay personas alrededor que nos ruegan que dejemos de correr riesgos, porque reconocen el valor de nuestra alma. Pero seguimos jugando con ella una vez más... sin saber cuando el barco cabeceará y perderemos nuestra oportunidad para siempre.

CUEVA DE LADRONES


Por: Juan Antonio González Lobato
Estaba solo en el patio de mi casa. La noche había invadido el mundo con sus sombras, y yo, cerrada la puerta, comencé a escuchar el murmullo de las estrellas.

Cada vez oía más clara su música, y se hacía para mí más inteligible su mensaje. En todo reinaba el silencio.

Me hablaban de muchas cosas que nadie podía oír. Horizontes insospechados aparecían en mi vida. Veía claro, cada vez más claro, lo que jamás pude descubrir antes. Una inmensa paz fue invadiéndome. Y me sentía feliz, como nunca, en el silencio de mi casa, contemplando el cielo estrellado.
A media noche llamaron a mi puerta. No quise abrir. Pero insistieron.
§ ¿Quién es? - pregunté con el oído pegado y atento.
§ Somos forasteros.
§ Pero, ¿quiénes sois? - pregunté de nuevo.
§ Somos una cuadrilla de amigos que queremos entrar en tu casa - me dijeron -. Te divertiremos mucho. Se te pasará la noche sin advertirlo. Abre y verás cómo te interesas por nosotros, qué de cosas apasionantes te enseñamos.
§ No. Prefiero estar solo. Dejadme en paz. Es difícil que me deis algo mejor que lo que tengo.
Pero todos llamaron sin cesar. Eran muchos los que hablaban a la vez y ofrecían sus argumentos y, entre ellos, se oían voces de mujeres. Todos pedían que les abriera la puerta de mi casa.
Curioso yo, me asomé a la ventana, para ver quiénes eran, ya que hasta entonces no habían querido decirme sus nombres. Había, efectivamente, hombres y mujeres. Todos jóvenes con agradable presencia y distinguido aspecto. Amables compañeros.
§ Decidme, por lo menos, cómo os llamáis - les dije.
§ ¿Qué más te da, si de todas formas te convenimos?
§ No quiero dejar entrar desconocidos en mi casa.
§ Bueno, nos presentaremos: Mejor que nuestros nombres, te diremos quiénes somos. En este grupo estamos los más apreciados por las gentes de este mundo. Los hombres se matan por conseguir nuestra compañía y gozamos de su favor en todos los puntos de la tierra. Es raro, para nosotros, encontrar una puerta cerrada. Por supuesto, cada uno de nosotros tiene su propio oficio; pero todos, uno a uno o en grupo, lo mismo nos introducimos en la choza más humilde que en el palacio más soberbio. Lo ordinario es que se apresuren a hospedarnos - dijo el que parecía el jefe de la cuadrilla -. ¿Cómo es posible que seas de este modo, que te hagas rogar para dejarnos estar contigo?
§ ¿Tan importantes sois?
§ Tan importantes, que podemos decirte que somos los dueños del mundo.
§ Si así es, ¿por qué me ocultáis vuestros nombres?
§ Es que somos tantos y de nombres tan maltratados por algunos, que te asustarías. Sin embargo, debes conocer que yo personalmente he estado siempre tan cerca de ti y he velado tanto por tus intereses que he, reaccionado -en cada ocasión a tu favor - antes de que te dieras cuenta.
§ Pero no te conozco.
§ Eso crees; sin embargo, me reconocerías en seguida, tan pronto como me abras la puerta. Y este hijo mío, que constantemente me acompaña, siempre joven y fuerte, se desvivirá por servirte de consejero.
§ ¿Cómo puede aconsejarme si es joven?
§ Es que es joven y, al mismo tiempo, viejo.
§ No lo entiendo.
§ Yo lo engendré inmediatamente después de aparecer en el mundo y nació con la facultad de renacer a cada momento. Y yo tengo más años que el más viejo de tu pueblo.
Los demás, que se habían mantenido silenciosos mientras hablaba el más anciano de ellos, comenzaron a impacientarse y a ofrecerme, en nueva algarabía, otros argumentos. No entendía bien sus palabras, pues hablaban atropelladamente; pero manifestaban de modo claro sus deseos de atravesar la puerta de mi casa.
§ ¡Dejadme hablar con vuestro jefe! - grité.
§ ¡Silencio! - ordenó éste.
§ ¿Cómo dices tú que eres el más viejo de los viejos, si tu presencia es juvenil y fresco el timbre de tu voz? - le pregunté.
§ Es que yo también tengo la facultad de renacer a cada momento.
§ ¿Y cómo te llamas? Dime tu nombre al menos.
§ Me llamo con el nombre más bello.
§ ¿Con el nombre más bello, has dicho?
§ Sí.
§ ¿Y si es tan bello, por qué lo ocultas?
§ Por el apellido.
§ Háblame de tu hijo, ya que me lo ofreces como consejero.
§ Mi hijo es un hombre poderoso, mueve a la inmensa mayoría de los hombres. Y las acciones de cada uno de los mortales están, en gran parte, inspiradas por él.
§ ¿Cómo se llama?
§ Resentimiento.

Confuso por la insistencia de sus argumentos, salí de nuevo al patio y tuve la serenidad de mirar otra vez a las estrellas.
§ ¡Son ladrones! - me dijeron éstas.
Me acerqué de puntillas a la puerta, y, deprisa, eché cerrojos. Ellos oyeron ruidos y guardaron silencio. Yo les grité:
§ ¡Marchaos, no quiero saber nada de vosotros!
Los cerrojos y la voz decidida que utilicé les hicieron perder la esperanza de entrar. Se marcharon. Volvió de nuevo la paz. Evité que mi casa se convirtiera en cueva de ladrones. Recomenzó la oración. Y pude, otra vez, recrearme escuchando el murmullo de las estrellas.

Nota: ¿Sabes quienes eran los que tocaban? Por ahí hay una respuesta: Me llamo el nombre más bello. ¿No será Luzbel… y su cuadrilla? Al llamado desconocido, cerremos las puertas de nuestro corazón… porque una vez que entran, puede que sea muy tarde. Puede que sean ladrones que vienen a robarte la GRACIA SANTIFICANTE. El rey de la mentira es muy astuto y se presenta muy bonito para que no te asustes. JP

EL HEREDERO


Érase una vez, de acuerdo con la leyenda, que un reino europeo estaba regido por un rey muy cristiano, y con fama de santidad, que no tenía hijos.

El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios. Este decía que cualquier joven que reuniera los requisitos exigidos, para aspirar a ser posible sucesor al trono, debería solicitar una entrevista con el Rey. A todo candidato se le exigían dos características:

Amar a Dios.
Amar a su prójimo.

En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y reflexionó que él cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y, así mismo, a sus vecinos. Una sola cosa le impedía ir, pues era tan pobre que no contaba con vestimentas dignas para presentarse ante el santo monarca. Carecía también de los fondos necesarios a fin de adquirir las provisiones necesarias para tan largo viaje hasta el castillo real. Pero su pobreza no sería un impedimento para, siquiera, conocer a tan afamado rey.

Trabajó de día y noche, ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente para el viaje, vendió sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Algunas semanas después, habiendo agotado casi todo su dinero y estando a las puertas de la ciudad se le acercó un pobre limosnero a la vera del camino. Aquél pobre hombre tiritaba de frío, cubierto sólo por harapos. Sus brazos extendidos rogaban auxilio. Imploró con una débil y ronca voz:
§ "Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme..."
El joven quedó tan conmovido por las necesidades del limosnero que de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.

Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó:
§ "¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!"
Sin pensarlo dos veces, nuestro amigo se sacó el anillo del dedo y la cadena de oro de cuello y junto con el resto de las provisiones se los entregó a la pobre mujer.

Entonces, en forma titubeante, continuó su viaje al castillo vestido con harapos y carente de provisiones para regresar a su aldea. A su llegada al castillo, un asistente del Rey le mostró el camino a un grande y lujoso salón. Después de una breve pausa, por fin fue admitido a la sala del trono. El joven inclinó la mirada ante el monarca. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito y con la boca abierta dijo:
§ "¡Usted..., usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!"
En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua al cansado viajero, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula:
§ "¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!"
§ " - replicó el Soberano con un guiño - yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí"
§ "Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?"
§ "Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas frente a tu amor a Dios y a tu prójimo - dijo el monarca - sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y actuar no siendo sincero en tus motivaciones. De ese modo me hubiera resultado imposible descubrir lo que realmente hay en tu corazón. Como limosnero, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba. ¡Tú serás mi heredero! ¡Tú heredaras mi reino!"

EL HOMBRE TRISTE


Había una vez un muchacho que vivía en una casa grande sobre una colina.

Amaba a los perros y a los caballos, los autos deportivos y la música. Trepaba a los árboles e iba a nadar, jugaba al fútbol y admiraba a las chicas guapas. De no ser porque debía limpiar y ordenar su habitación, su vida era agradable. Un día el joven le dijo a Dios:
§ "He estado pensando y ya sé que quiero para mí cuando sea mayor"
§ "¿Que es lo que deseas?" - le pregunto Dios.
§ "Quiero vivir en una mansión con un gran porche y un jardín en la parte de atrás, y tener dos perros San Bernardo. Deseo casarme con una mujer alta, muy hermosa y buena, que tenga una larga cabellera negra y ojos azules, que toque la guitarra y cante con voz alta y clara. Quiero tres hijos varones, fuertes, para jugar con ellos al fútbol. Cuando crezcan, uno será un gran científico, otro será político y el menor será un atleta profesional. Quiero ser un aventurero que surque los vastos océanos, que escale altas montañas y que rescate personas. Y quiero conducir un Ferrari rojo, y nunca tener que limpiar y ordenar mi casa".
§ "Es un sueno agradable - dijo Dios - quiero que seas feliz".

Un día, cuando jugaba al fútbol, el chico se lastimó una rodilla. Después de eso ya no pudo escalar altas montañas, grandes, y mucho menos surcar los vastos océanos. Así ni siquiera pudo trepar árboles, por lo que estudió mercadotecnia y puso un negocio de artículos médicos. Se casó con una muchacha que era muy hermosa y buena, y que tenía una larga cabellera negra. Pero era de corta estatura, no alta, y tenía ojos castaños, no azules. No sabía tocar la guitarra, ni cantar. Pero preparaba deliciosas comidas chinas, y pintaba magníficos cuadros de aves, y cocinaba aves sazonadas con exóticas especias.

A causa de su negocio, el hombre vivía en la ciudad, en un apartamento situado en lo alto de un elevado edificio, desde el que se dominaba el océano azul y las luces de la urbe. No contaba espacio para dos perros San Bernardo, pero era dueño de un gato esponjado. Tenía tres hijas, todas muy hermosas. La más joven, que debía usar silla de ruedas, era la más agraciada. Las tres querían mucho a su padre. No jugaban al fútbol con él, pero a veces iban al parque y correteaban lanzando un disco de plástico... Excepto la pequeña, que se sentaba bajo un árbol y rasgueaba su guitarra, entonando canciones encantadoras e inolvidables.

Nuestro personaje ganaba suficiente dinero para vivir con comodidad, pero no conducía un Ferrari rojo. En ocasiones tenía que recoger cosas, incluso cosas que no eran suyas, y ponerlas en su lugar. Después de todo, tenía tres hijas. Y entonces el hombre se despertó una mañana y recordó su viejo sueño.
§ "Estoy muy triste" - le confió a su mejor amigo.
§ "¿Por qué?" - quiso saber éste.
§ "Porque una vez soñé que me casaría con una mujer alta, de cabello negro y ojos azules, que sabría tocar la guitarra y cantar. Mi esposa no toca ni canta, tiene los ojos castaños y no es muy alta"
§ "Tu esposa es muy guapa y muy buena - respondió su amigo - y pinta unos cuadros maravillosos y sabe cocinar muy bien"
Pero el hombre no le escuchaba.

§ "Estoy muy triste" - le confesó a su esposa un día.
§ "¿Por qué?" - inquirió su mujer.
§ "Porque una vez soñé que viviría en una mansión con porche y un jardín en la parte de atrás, y que tendría dos perros San Bernardo. En lugar de eso, vivo en un apartamento en el piso 47".
§ "Nuestro apartamento es cómodo y podemos ver el océano desde el sillón de la sala de estar - repuso ella - y nos queremos, y tenemos pinturas de aves y un gato esponjado..., por no mencionar a nuestras tres hermosas hijas
Pero su marido no la escuchaba.

§ "Estoy muy triste" - le dijo en otra ocasión a su psicoterapeuta.
§ "¿Por que razón?" - pregunto el especialista.
§ "Porque una vez soñé que era un gran aventurero. En vez de ello, soy un empresario calvo, con la rodilla lesionada"
§ "Los artículos médicos que usted vende han salvado muchas vidas" - le hizo notar el médico.
Pero el hombre no le escuchaba. Así que el terapeuta le cobro 100 dólares y lo mandó a casa.

§ "Estoy muy triste" - le dijo a su asesor.
§ "¿Por qué?" - indagó éste.
§ "Porque una vez soñé que conduciría un Ferrari rojo y que nunca tendría que ordenar mis cosas. En vez de ello, utilizo el transporte público, y a veces tengo que ocuparme de muchos quehaceres"
§ "Usted viste trajes de calidad, come en buenos restaurantes y ha viajado por toda Europa", señaló el asesor.
Pero el hombre no le escuchaba. El asesor le cobró 100 dólares de todos modos.

§ Soñaba con un Ferrari rojo para sí mismo. "Estoy muy triste" - le dijo a su párroco.
§ "¿Por qué?" - le preguntó el sacerdote.
§ "Porque una vez soñé que tendría tres hijos varones: un gran científico, un político y un atleta profesional. Ahora tengo tres hijas y la menor ni siquiera puede caminar".
§ "Pero todas son hermosas e inteligentes - afirmó el párroco - y te quieren mucho, y han sabido aprovechar bien su talento: una es enfermera, otra es pintora, y la más joven da clases de música a los niños"
Pero el hombre no escuchaba.

Se puso tan melancólico que enfermó de gravedad. Yacía postrado en una blanca habitación del hospital, rodeado de enfermeras con blancos uniformes. Varios cables y mangueras conectaban su cuerpo a maquinas parpadeantes que alguna vez él mismo le había vendido al hospital. Estaba triste, muy triste. Su familia, sus amigos y su párroco se reunían alrededor de su cama. Ellos también estaban profundamente preocupados. Sólo su terapeuta y su asesor seguían felices.

Y sucedió que una noche, cuando todos se habían ido a casa, salvo las enfermeras, el hombre le dijo a Dios:
§ "¿Recuerdas cuando era joven y te hablé de las cosas que deseaba?"
§ "Sí. Fue un sueño maravilloso" - asintió Dios.
§ "¿Por qué no me otorgaste todo eso?" - preguntó el hombre.
§ "Pude haberlo hecho - respondió Dios - pero quise sorprenderte con cosas que no habías soñado. Supongo que has reparado en lo que te he concedido: una esposa hermosa y buena, un buen negocio, un lugar agradable para vivir, tres adorables hijas. Es uno de los mejores paquetes que he preparado..."
§ "- le interrumpió el hombre - pero yo creí que me darías lo que realmente deseaba"
§ "Y yo pensé que tú me darías lo que yo quería", repuso Dios.
§ "¿Y qué es lo que tu deseabas?", quiso saber el hombre. Nunca se le había ocurrido que Dios necesitara algo.
§ "Quería que fueras feliz con lo que te había dado", explicó Dios.

El hombre se quedó despierto toda la noche, pensando. Por fin decidió soñar un sueño nuevo, un sueño que deseaba haber tenido años atrás. Decidió soñar que lo que más anhelaba era precisamente lo que ya tenía. Y el hombre se alivió y vivió feliz en el piso 47, disfrutando de las hermosas voces de sus hijas, de los profundos ojos castaños de su esposa y de sus bellísimas pinturas de aves. Y por las noches contemplaba el océano y miraba con satisfacción las titilantes luces de la ciudad, una a una.