viernes, 25 de noviembre de 2016

¿UN PAPA PUEDE…


¿UN PAPA PUEDE SER HEREJE?

Una pregunta que insistentemente me hacen distintos lectores de mis posts es si la ruptura con el dogma se podría hacer desde el mismo papado. La respuesta es no.

Un Papa puede ser pecador, puede tener mala formación teológica, puede ser un miserable, puede callar ante eclesiásticos que esparcen mala doctrina, puede escribir una encíclica ambigua, puede decir una cosa y tener otra intención, puede formular frases de doble sentido, puede promover a indeseables a los más altos cargos, puede poner como ejemplo a hombres que no son ejemplares. La lista podría continuar. Un Papa podría querer acabar con puntos de la Tradición que son irreformables, podría querer acabar con lo más bello de la liturgia, podría querer malvender los más bellos cálices y templos de la Iglesia. La lista podría extenderse a más aspectos.

Ahora bien, Dios siempre intervendrá para que ningún Papa proclame como verdad de fe lo que es un error. Por eso ningún Papa nunca podrá ser un hereje. Podrá equivocarse en sus pensamientos, en sus conversaciones privadas, en lo que afirma en un libro que no pretende ser magisterio (aunque lo escriba siendo obispo de Roma), en un borrador de una encíclica, en un sermón que no pretende ser magisterio para toda la Iglesia.

No sólo eso, sino que a otro nivel más profundo, podrá, incluso, equivocarse en sus enseñanzas personales, es decir, aquellas que no presenta como definitivas, sea el medio que sea el que use para expresar sus opiniones personales. (Cuando un Papa quiere enseñar como Maestro Universal lo deja claro.) Podrá equivocarse en todo aquello que sea enseñanza que no se propone como magisterio para toda la Iglesia.

Técnicamente hablando podría cometer errores en cualquier ámbito que no comprometa su magisterio como Vicario de Cristo. Aunque, como es lógico, esto no sucederá porque cualquier Papa se cuidará muy mucho de hablar como maestro de la fe si no está seguro de lo que va a decir. Insisto, esto no sucederá en la práctica, pero en teoría podría suceder. Hay dos casos en la Historia que se estudiaron mucho cuando se sometió a estudio la posibilidad de declarar el dogma de la infalibilidad papal. No voy a entrar en esos dos episodios, porque esto ya no sería un post, sino un artículo.

Pero baste decir que el Papa no puede ser hereje, que el Papa no puede declarar solemnemente como verdadero lo que es falso. Su magisterio ordinario debe ser acogido con respeto y con la conciencia de estar escuchando a aquél que tiene el encargo de ser maestro de la Iglesia, incluso cuando no habla de forma infalible.

¿Se pudo equivocar en Amoris Laetitia? Vamos a ver, estaríamos, en todo caso, hablando de interpretaciones. ¿En qué sentido tal o cual frase es acorde a la tradición católica y en qué sentido no lo es? Dado que es el Papa, debemos leer su exhortación en un sentido católico.
Espero que estas palabras calmen las inquietudes que algunos hijos fieles a la Iglesia albergan. Tienen todo el derecho a que les guste o no este Papa. Pero, hoy por hoy, no ha dicho nada incompatible con la fe católica, aunque varias de sus frases tengan diversas interpretaciones. 

Hoy por hoy no lo ha dicho y espero, que tras leer este post, todos se queden con la seguridad de que no va a decir nada heterodoxo, porque no puede decirlo. Su magisterio para toda la Iglesia siempre será expresión de la verdad. Recordemos que Dios cuida a su Pueblo, que Dios está presente en medio de su Pueblo, y no está presente como un mero espectador.

En todo esto, al final, hay toda una estructura lógica de la conservación de la Verdad que Dios ha tenido en cuenta a la hora de organizar la comunidad de creyentes que iba a custodiar su mensaje, el Mensaje de Dios. Si tuviéramos que confiar en la bondad de las personas para quedarnos tranquilos, en dos mil años estaríamos listos. 

Conclusión: paz y unión con el Vicario de Cristo.
Las 4.300 visitas que en blogspot han visitado mi último blog han provocado una abundante cantidad de comentarios, como pocas veces. Ya se ve que éste es un tema candente en los blogs eclesiales: unos muy a favor, otros muy en contra. Así que he optado por aportar algunas reflexiones más y así satisfacer tantas peticiones de aclaraciones. Mañana, probablemente, hablaré de tonterías de mi vida diaria, pero hoy no. Hoy hablemos de cosas serias.

Si para afirmar un gozoso y entusiasta Tu es Petrus, debiéramos esperar a tener una persona perfecta que encarnara magníficamente al Vicario de Cristo, francamente, al menos una vez por siglo nos hubiéramos refugiado en el cisma. Cierto es que hay obispos que, una vez llegados al solio pontificio han encarnado de manera dignísima la figura del Vicario del Maestro. Pero otros muchos se han quedado por debajo de las condiciones personales, de la nobleza, de la virtud mínima que se esperan de alguien que asume su cabeza la triple corona, coronas que expresan una triple autoridad divina. Sobre la tiara ya hablé en otro post.

Con lo cual, unos Papas encarnan dignamente esa figura del Vicarius, en su sentido romano clásico, y otros no. Es triste, pero ni siquiera todos los obispos de la Iglesia son dignos de esa autoridad sobre sus rebaños. Por piedad, pedidme lo que queráis, menos una estadística aproximada. En cualquier caso, los Papas dignos y los Papas indignos tienen su cabeza ornada de esa autoridad.

Por lo tanto, en mi anterior post, yo hablaba de mínimos. En ningún momento afirmé: este Papa es admirable, este Papa es un santo, este Papa debe ser encumbrado en lo más alto de nuestra opinión, este Papa es uno de los más grandes, compadezco al que no bese donde ha pisado, y cosas por el estilo. No, no dije eso. Ni dije ningún “entusiasmo” de ese tipo. Yo hablé de mínimos. Me conformo con que todo hijo de la Iglesia respete los mínimos. Y después que cada uno añada lo que sienta que debe añadir si siente tal entusiasmo por este o por otro Papa, que en la Iglesia nadie le va a forzar a ello ni tampoco se lo va a impedir. 

¿Qué se espera de cada uno de vosotros? Pues como Chamberlain en su famosa alocución radiofónica: I know that all you will play your part.


P. FORTEA