domingo, 27 de noviembre de 2016

SABER ESPERAR



"Como sucedió en tiempos de Noé, sucederá también en la venida del Hijo del hombre. Antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en el arca, la gente comía, bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así será también en la venida del Hijo del hombre.
 En aquel momento estarán dos hombres en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.
Permaneced despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entended que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, permanecería despierto y no dejaría que nadie entrara en su casa a robar. Así también, vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis."

Comenzamos hoy el tiempo de Adviento. Tiempo de espera y de preparación. El evangelio nos habla de la venida de Jesús, como de algo inesperado, cuando menos lo pensemos. Nosotros celebramos esta venida con una fecha determinada: el 25 de diciembre. Pero, ¿sabemos realmente cuándo llega Jesús a nosotros? Creo que no; porque cuando llega no le recibimos. Miles de refugiados llaman a nuestras puertas y las mantenemos cerradas. ¿Que son ellos sino Jesús acercándose a nosotros? ¿Lo sabemos ver en aquél que pide nuestra ayuda?

Adviento es tiempo de esperanza. Pero, ¿sabemos vivir esa esperanza haciendo nuestras vidas receptivas a los demás? Esperar no es permanecer sentados sin hacer nada. Esperar es desear y hacer todo lo posible para que llegue lo que deseamos. Esperar a Jesús es buscarlo en nuestra oración y buscarlo en los demás. Recibir a cada persona como si fuese el mismo Jesús. Esperar es estar despiertos para poder recibirlo adecuadamente. Esperar es dejar nuestro corazón abierto de par en par para que Él, y todos, puedan entrar.