sábado, 31 de marzo de 2012

FIRME SU OBRA CON EXCELENCIA


Ya sea que tenga dinero en el banco. O negocie a futuro en Wall Street…
Venda hamburguesas en un puesto de playa. O prepare platos de pasta en un restaurante de cinco estrellas… Corte árboles gigantescos en el noroeste. O recoja leña y la distribuya…
Entrene a un equipo. O pastoree una congregación… Publique libros de éxito
O distribuya periódicos bien temprano en la mañana… Sea estrella de sus propios
programas de televisión. O repare videocaseteras… Administre muchas hectáreas de
granja. O corte césped y los arbustos en el vecindario… Salga a vender computadoras.
O conduzca un camión cargado de maquinaria… Construya casas. O limpie piscinas…
Discuta casos delante de un juez. O se encargue de disputas familiares como consejero.
Hágalo lo mejor que pueda.

No hay tareas inferiores.
Solamente las personas que las ven como tales se vuelven inferiores al
realizarlas.

Toda tarea es un autorretrato de la persona que la ejecuta. Firme su obra con
excelencia. Daniel 6:3

Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque
había en él un espíritu extraordinario.

DESCTRUCTORES DE LA ALEGRÍA


Si dejas que tus problemas te consuman, nunca podrás disfrutar de la alegría que nos traen las cosas buenas de la vida.

La alegría es una de las razones por las que vale la pena vivir. Sentirla es reconfortante y agradable. El cuerpo se relaja, la mente se abre y el alma se refresca.

Es impresionante cómo los momentos de alegría nos llenan y nos hacen sentir que ha valido la pena cualquier sufrimiento o sacrificio que nos ha traído hasta estos instantes.

La Biblia dice en el libro de Proverbios que el corazón alegre hermosea el rostro. Nuestro semblante cambia y nos vemos mejores y más atractivos que nunca. A todos nos gusta estar alrededor de gente alegre. La alegría es una emoción que se contagia y hace que las personas disfruten de nuestra compañía.

Pero también es cierto que los momentos de tristeza también están en nuestro camino y a veces parecen ser más abundantes.

Quiero hablarte de los destructores de la alegría. Si bien es cierto que la tristeza es parte de la vida y que hay un tiempo para todo, hay cosas que pueden destruir la alegría y hacernos perder
la paz borrando la sonrisa de nuestro rostro.

El primer destructor de la alegría es el perfeccionismo. Muchas veces creemos que las cosas podrían estar mejores de lo que están. En el trabajo todos pueden estar celebrando el éxito o triunfo de uno de los departamentos o de un proyecto, y si somos de las personas que no
estamos conformes, nada es suficiente, nada nos satisface 100%, seremos los únicos que en medio de la celebración nos estaremos preguntando por qué las cosas no resultaron mejores. Viendo el punto negro en la hoja blanca. Todos están alegres, todos están sonriendo y nosotros estamos pensando quizás en el único detalle que no salió como esperábamos.

Querer alcanzar la excelencia en todo lo que hacemos está muy bien. Pero esto es muy diferente a sentirnos continuamente inconformes con nosotros mismos y con los demás. El perfeccionismo puede destruir la alegría, llenar nuestro corazón de quejas, alejar a la gente de nuestro alrededor y amargarnos lentamente haciéndonos incapaces de experimentar la felicidad.

Otro destructor de la alegría es la preocupación. En muchas ocasiones he escuchado decir a la gente que no pueden desconectarse de un problema que tienen en su casa, o en su trabajo, o no
pueden dormir porque es imposible dejar de pensar en cómo salir de una situación. Cuando estamos en una fiesta o en medio de una celebración, nuestro cuerpo está presente pero nuestra mente está clavada en problemas que nos afligen.

Es necesario que aprendamos a pasar un ¨switch¨ en nuestra cabeza. Cuando los problemas nos agobian y no tenemos la solución a la mano, no podemos estancarnos en ellos y dejar que nos pasen por un lado momentos en los que pudiéramos relajarnos y salir de la rutina.

Si dejas que tus problemas te consuman, nunca podrás disfrutar de la alegría que nos traen las cosas buenas de la vida, porque una cosa es cierta: problemas vamos a tener todo el tiempo y
si no aprendemos a entender que todo tiene solución y que Dios puede tener el control de todas las cosas si se lo permitimos, estaremos siempre con una actitud negativa y será imposible disfrutar. Nunca seremos capaces de ver las cosas positivas que nos rodean ni mucho menos sentir a plenitud los beneficios de la alegría.

Es posible aprender a concentrarnos en una cosa a la vez. Dios dice en su palabra que dejemos nuestras cargas a él, que muchas son las aflicciones que nos esperan pero debemos confiar en quien las ha vencido.

Los momentos de alegría están diseñados por un Dios alegre. Partiendo de la base de que hemos sido creados a su imagen, si vemos en la Biblia el ejemplo de un Dios que se siente feliz, se
alegra y sonríe, nosotros los seres humanos tenemos la capacidad de experimentar estas emociones que además, son un descanso para nuestro cuerpo y un bálsamo que nos trae alivio y esperanza.

Dios dice también en las escrituras:
alégrense los que confían en el Señor. Si confiamos en que él tiene control de todas las cosas, en que todo lo que nos sucede resulta para bien de quienes lo amamos y en que él conoce lo que vivimos y quiere lo mejor para nosotros, seremos capaces de alegrarnos aunque estemos atravesando por problemas.

Alégrate, deja que tu corazón se llene de la paz que sólo Dios puede darte y vive cada momento lindo que se te presente a todo dar.

Habla con Dios, cuéntale tus problemas y pídele que se haga cargo. Así, disfrutarás y te
recrearás en las cosas buenas que te sucedan y vencerás los destructores que quieren acabar con tu alegría.

No permitas que los momentos más especiales de la vida se te escapen de las manos. La vida es corta y el tiempo pasa muy rápido. Atesora en tu corazón los momentos de alegría y no le pongas límite a tu corazón para sentir el gozo y felicidad que Dios quiere para ti.

TÚ REINARÁS


Tú reinarás, este es el grito que ardiente exhalan nuestra fe. Tú reinarás, oh Rey Bendito pues tú dijiste ¡Reinaré!

Coro:
Reine Jesús por siempre Reine su corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo que es de María la nación. Tu reinarás, dulce esperanza, que el alma llena de placer; habrá por fin paz y
bonanza, felicidad habrá doquier Tu reinarás en este suelo, te prometemos nuestro amor, Oh buen Jesús, danos consuelo en este valle de dolor.

Tú reinarás, Reina y ahora, en esta casa y población, ten compasión del que implora y acude a ti en la aflicción.

Tú reinarás toda la vida trabajaremos con gran fe en realizar y ver cumplida la gran promesa: ¡Reinaré!

"EL QUE ES FIEL A MIS PALABRAS NO MORIRÁ PARA SIEMPRE"


Sábado quinta semana de Cuaresma. Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por
nuestra parte le seamos fieles en todo momento.

La cercanía a la Semana Santa va haciendo que la Iglesia nos vaya presentando a Jesucristo
en contraposición con sus enemigos. En el Evangelio de hoy se nos presenta la auténtica razón, la razón profunda que lleva a los enemigos de Cristo a buscar su muerte. Esta razón es que Cristo se presenta ante los judíos como el Enviado, el Hijo de Dios. Este conflicto permanente entre los dirigentes judíos y nuestro Señor, se convierte también para nosotros en una interrogación, para
ver si somos o no capaces de corresponder a la llamada que Cristo hace a nuestra vida.

Cristo llega a nosotros, y llega exigiendo su verdad; queriendo mostrarnos la verdad y exigiéndonos que nos comportemos con Él como corresponde a la verdad.

La verdad de Cristo es su dignidad, y nosotros tenemos que reflexionar si estamos aceptando o no esta dignidad de nuestro Señor. Tenemos que llegar a reflexionar si en nuestra vida estamos realizando, acogiendo, teniendo o no, esta verdad de nuestro Señor.

Cristo es el que nos muestra, por encima de todo, el camino de la verdad.

Cristo es el que, por encima de todo, exige de los cristianos, de los que queremos seguirle, de los que hemos sido redimidos por su sangre, el camino de la verdad.

Nuestro comportamiento hacia Cristo tiene que respetar esa exigencia del Señor; no podemos tergiversar a Cristo. No podemos modificar a Cristo según nuestros criterios, según nuestros juicios. Tenemos necesariamente que aceptar a Cristo.

Pero, a la alternativa de aceptar a Cristo, se presenta otra alternativa - la que tomaron los judíos -: recoger piedras para arrojárselas. O aceptamos a Cristo, o ejecutamos a Cristo. O aceptamos a Cristo en nuestra vida tal y como Él es en la verdad, o estamos ejecutando a Cristo.

Esto podría ser para nosotros una especie de reticencia, de miedo de no abrirnos totalmente a nuestro Señor Jesucristo, porque sabemos que Él nos va a reclamar la verdad completa.
Jesucristo no va a reclamar verdades a medias, ni entregas a medias, ni donaciones a medias, porque Jesucristo no nos va a reclamar amores a medias. Jesucristo nos va a reclamar el amor completo, que no es otra cosa sino el aceptar el camino concreto que el Señor ha trazado en nuestra vida.

Cada uno tiene el suyo, pero cada uno no puede ser infiel al suyo.

Solamente el que es fiel a Cristo tiene en su posesión, tiene en su alma la garantía de la vida verdadera, porque tiene la garantía de la Verdad."El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre".

Nosotros constantemente deberíamos entrar en nuestro interior para revisar qué aspectos de mentira, o qué aspectos de muerte estamos dejando entrar en nuestro corazón a través de nuestro egoísmo, de nuestras reticencias, de nuestro cálculo; a través de nuestra entrega a medias a la vocación a la cual el Señor nos ha llamado.

Porque solamente cuando somos capaces de reconocer esto, estamos en la Verdad.

Debemos comenzar a caminar en un camino que nos saque de la mentira y de la falsedad en la que podemos estar viviendo. Una falsedad que puede ser incluso, a veces, el ropaje que nos reviste constantemente y, por lo tanto, nos hemos convencido de que esa falsedad es la verdad. Porque sólo cuando permitimos que Cristo toque el corazón, que Cristo llegue a nuestra alma y nos diga por dónde ntenemos que ir, es cuando todas nuestras reticencias de tipo psicológico, todos nuestros miedos de tipo sentimental, todas nuestras debilidades y cálculos desaparecen.

Cuando dejamos que la Verdad, que es Cristo, toque el corazón, todas las debilidades exteriores — debilidades en las personas, debilidades en las situaciones, debilidades en las instituciones —, y que nosotros tomamos como excusas para no entregar nuestro corazón a Dios, caen por tierra.
Nos podemos acomodar muchas cosas, muchas situaciones, muchas personas; pero a Cristo no nos lo podemos acomodar. Cristo se nos da auténtico, o simplemente no se nos da. "Se ocultó y salió de entre ellos". En el momento que los judíos se dieron cuenta de que no podían acomodarse a Cristo, que tenían que ser ellos los que tenían que acomodarse al Señor, toman la decisión de matarlo.

A veces en el alma puede suceder algo semejante: tomamos la decisión de eliminar a Cristo, porque no nos convence el modo con el que Él nos está guiando. Y la pregunta que nace en nuestra alma es la misma que le hacen los judíos: "¿Quién pretendes ser?". Y Cristo siempre responde: "Yo soy el Hijo de Dios".

Sin embargo, Cristo podría regresarnos esa pregunta: ¿Y tú quién pretendes ser? ¿Quién pretendes ser, que no aceptas plenamente mi amor en tu corazón? ¿Quién pretendes ser, que calculas una y otra vez la entrega de tu corazón a tu vocación cristiana en tu familia, en la sociedad? ¿Por qué no terminar de entregarnos? ¿Por qué estar siempre con la piedra en la mano para que cuando el Señor no me convenza pueda tirársela?

Cristo, ante nuestro reclamo, siempre nos va a responder igual: con su entrega total, con su promesa total, con su fidelidad total.

Las ceremonias que la Iglesia nos va a ofrecer esta Semana Santa no pueden ser simplemente momentos de ir a Misa, momentos de rezar un poco más o momentos de dedicar un tiempo más grande a la oración. La Semana Santa es un encuentro con el misterio de un Cristo que se ofrece por nosotros para decirnos quien es. El encuentro, la presencia de Cristo que se me da totalmente en la cruz y que se muestra victorioso en la resurrección, tenemos que realizarla en nuestro interior. Tenemos que enfrentarnos cara a cara con Él.

Es muy serio y muy exigente el camino del Señor, pero no podemos ser reticentes ante este camino, no podemos ir con mediocridad en este camino. Siempre podremos escondernos, pero en nuestro corazón, si somos sinceros, si somos auténticos, siempre quedará la certeza de que ante Cristo, nos escondimos. Que no fuiste fiel ante la verdad de Cristo, que no fuiste fiel a tu compromiso de oración, que no fuiste fiel en tu compromiso de entrega en el apostolado, que
no fuiste fiel, sobre todo, en ese corazón que se abre plenamente al Señor y que no deja nada sin darle a Él.

Cristo en la Eucaristía se nos vuelve a dar totalmente. Cada Eucaristía es el signo de la fidelidad de la promesa de Dios: "Yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo". Dios no se olvida de sus promesas. Y cuando vemos a un Dios que se entrega de esta manera, no nos queda otro camino sino que buscarlo sin descanso.

Buscarlo sin descanso a través de la oración y, sobre todo, a través de la voluntad, que una vez que ha optado por Dios nuestro Señor, así se le mueva la tierra, no se altera, no varía; así no entienda qué es lo que está pasando ni sepa por dónde le está llevando el Señor, no cambia.

Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por nuestra parte le seamos fieles en todo momento, nos mantengamos fieles a la palabra dada pase lo que pase. Romper esto es romper la verdad y la fidelidad de nuestra entrega a Cristo.

Que la Eucaristía abra en nuestro corazón una opción decidida por nuestro Señor. Una opción decidida por vivir el camino que Él nos pone delante, con una gran fidelidad, con un gran amor, con una gran gratitud ante un Dios que por mí se hace hombre; ante un Dios que tolera el que yo muchas veces haya podido tener una piedra en la mano y me haya permitido, incluso, intentar arrojársela.

Y sobre todo, una gratitud profunda porque permitió que mi vida, una vez más, lo vuelva a encontrar, lo vuelva a amar, consciente de que el Señor nunca olvida sus promesas.

Autor: P. Cipriano Sánchez LC

MENSAJE DEL CIELO A NUESTRO GRUPO – VIERNES 30 DE MARZO 2012


Ángel: Rosa del Corazón del Santísimo:
Cierren sus ojos abran sus corazones, agachen sus cabezas… comiencen a orar de corazón
a corazón, quédate en silencio para que puedas sentir, para que éste calor inunde todo tu ser, Él está aquí, ábrele tu corazón, dile Si Señor, Si Señor, Yo Confió en Ti, Yo creo en Ti.

Nuestro Señor Jesús:
En éste momento que tienes tristezas, preocupaciones, déjalas a un lado un momento, quiero ver tu interior, tu fuerza, tu grandeza, olvídate de las preocupaciones, sólo en éste momento, entrégame tu Cruz, Yo puedo liberarte, he venido a romper tus cadenas, porque Yo soy la Luz del Mundo, solo por Mi llegarán al Padre… sígueme, ahora en éste momento de silencio, pide perdón, pide perdón… y perdónate tu también, perdona a todos, a todas las personas y que de tu boca no salga más odio ni rencor, hoy estoy rompiendo tus cadenas, me voy a llevar ésa Cruz pesada, quiero que sea libre, porque Yo te amo, estoy contigo Yo soy tu hermano, apóyate en mí, quiero que el día de hoy salgas sano de tu Espíritu, un Espíritu libre hermoso, sano por dentro, luego sanará tu cuerpo, solo sanarás si puedes perdonar… allí en silencio donde estás vamos a orar, todos en silencio:
¡Oh Padre Bendito, Oh Padre Santo y Misericordioso, derrama sobre todos tus hijos Tu bendición, dales la Paz y la alegría, dales fuerza. Si Padre, a veces es difícil el día a día para ellos, dales fuerza, que con cada oración que ellos te den, Tu les des más y más fuerza, que con cada Misa y cada Comunión ellos sientan tu presencia, aquí Padre están tus hijos pidiéndote perdón, porque el día de hoy ellos saldrán libres Padre, libres y sanos… manténganse en silencio,
con los ojos cerrados, solo concéntrense en orar de lo más profundo de tu ser. Espíritu
Santo, pósate sobre ellos.

Soy Dios Espíritu Santo, la petición de Jesús llenó sus corazones con el fuego de Dios.

Dios Padre:
Hijos míos, soy el Padre, vengo acá, a decirles que están siendo preparados, sean dóciles al Espíritu, sean dóciles cuando ustedes sientan que deben amar y decir las cosas correctas, cuando se abran al Espíritu Santo sean dóciles y así podremos obrar con mayor fuerza en los que los rodean, no se cansen de pedir, porque aun la mas pequeña oración, Yo la escucho, aun el mas pequeño pensamiento Yo lo escucho, aun la mas pequeña intensión Yo la escucho… Yo los amo, quiero la salvación de todos mis hijos sin excepción… el corazón lo abren ustedes, no yo,
pero allí estoy dándoles a todos muchas oportunidades… reciben muchos mensajes, pocos lo acogen, eso causa un gran dolor a mi corazón, por eso hoy a través de las palabras de Jesús que han escuchado, están siendo liberados, para que puedan dar mas a otros, ustedes reciben para dar, no para quedarse en eso… quiero decirles que los AMO, los AMO INFINITAMENTE, mi corazón solo está lleno de amor para ustedes, pero esta tierra que se ha alejado tanto de MI va a ser purificada y lo saben, una vez más les prometo mi protección, a ustedes y a sus familias, sean dignos hijos míos, vivan ésta Cuaresma de corazón, no de exterior, no de apariencia, no por
tradición, sino por AMOR, hoy los bendigo a todos.

Nuestro Señor Jesús:
Sigan con sus ojos cerrados… entrégame todo tu pesar, todo lo que te molesta, todo lo que te hace daño, todo lo que no es para ti, todo lo que te preocupa entrégamelo ahora, estás libre querido hermano.

Hno. José:
La bendición de Dios…
Podemos ir en Paz.

Grupo Católico de Oración por los Enfermos " Sí Señor"
José Miguel Pajares Clausen

viernes, 30 de marzo de 2012

CONTEMPLACIÓN Y ENTREGA


Alcanzar la contemplación aquí abajo…, es la suma aspiración del alma que busca una gran glorificación en el cielo. El Señor nos dejó dicho: “¡Que angosta es la puerta, y que estrecha
la senda que conduce a la vida, y que pocos son los que atinan con ella!”. (Mt 7,14). Pues bien, si para salvarse hay que pasar por una estrecha puerta y seguir un difícil camino. Alcanzar la contemplación es aún más difícil, es como si quisiéramos salvarnos con nota por lo que, la puerta de acceso a la contemplación es aún mas estrecha y el camino mas duro. Tenemos facilidad de
rezar un Padrenuestro, pues raro será el creyente que no se lo sepa de memoria, aunque desgraciadamente haya más de uno que ya no se acuerde porque lo aprendió de niño y ahora su memoria no le responde. Pero un simple Padrenuestro, puede rezarse de varias formas. La más extendida es rezarlo maquinalmente y quizás pensando en otro tema al tiempo que lo rezamos, pero un poco más difícil es rezar el Padrenuestro poniendo atención en lo que decimos y más difícil aún, es rezar un Padrenuestro poniendo nuestro corazón y nuestra mente en cada una de
las palabras que decimos, saboreando lo que le decimos al Señor. En definitiva, todo depende del grado de amor y entrega que se le tenga al Señor.

Pues bien, la Contemplación es aún mucho más difícil de alcanzar, que rezar un Padrenuestro, aunque este rezo se haga con suma perfección, porque rezar un perfecto Padrenuestro, es siempre un fruto total de nuestra voluntad, pero contemplar no es solo un fruto de nuestra voluntad sino también un regalo divino. La Contemplación, más que un rezo, es un estado al que se llega por medio de varias circunstancias y en especial por la llamada oración contemplativa. Pero lo más fundamental, es que consideremos y nunca olvidemos, que la Contemplación es un don divino, un regalo que el Señor otorga según su beneplácito, a quien,
como y cuando le parece conveniente. Nosotros solo podemos aspirar a conseguir la Contemplación, pero el adquirirla no depende de nosotros. Podemos rezar vocalmente, meditar, practicar la llamada oración contemplativa y a través de esta oración y de la oración, la práctica de los sacramentos y una profunda vida interior, quizás podamos recibir el don del Señor, pero nunca nosotros podemos crearlo, por mucho tiempo que estemos ante el sagrario y no dejemos por nun instante de apartar la vista de Él. Claro que si nos atenemos al refrán: el que la sigue y la persigue la consigue. Y es indudable que el Señor está ansioso de obtener nuestro amor y ve un alma dispuesta perseverantemente a entregarse a Él por amor, Él siempre corresponde a esa entrega por amor.

Antes decíamos que la Contemplación más que una forma de rezar es un cierto estado
que alcanza el alma. Pero no creamos, que esta es un estado continuo y que el que llega a alcanzar la contemplación, siempre que quiere se pone en éxtasis y levita. Nada más apartado de la realidad. La Contemplación, inicialmente comienza con pequeños espacios de tiempo en lo que el alma se encuentra muda, y embelesada contemplando la belleza de su amado. Santa Teresa amaba al Señor, lo tenía siempre presente en su mente, pero no contemplaba cuando trabajaba en la cocina entre los pucheros. A la Contemplación le pasa, lo que le ocurre a los
tenores con el do de pecho, que no pueden mantenerlo indefinidamente. La contemplación repito, no depende de nosotros sino del Señor. En el orden humano lo más parecido que podemos encontrar a la Contemplación, es la escena de dos novios, mirándose embelesadamente a los ojos, con las manos cogidas y sin articular palabra alguna. En otras palabras: Pelando la pava solo con la mirada.

Para San Juan de la Cruz, la Contemplación es: “Sumergirse en la mayor profundidad de si mismo y ahí encontrarse con Dios. El alma en contemplación es, para el santo Doctor, como el pez inmerso en las aguas del espíritu, dejándose envolver por las tinieblas para penetrar en el abismo de la fe. Se trata de reducir al silencio al hombre sensorial y racional para que pueda realmente vivenciar la fe en Dios presente, de modo que el supremo acto de fe, de esperanza y de amor se confundiría con el supremo acto de contemplación” ¡Eh aquí! para San Juan de la cruz, algo muy importante en el camino de tratar de alcanzar del Señor, el don de la Contemplación: Reducir al silencio al hombre sensorial y racional para que pueda realmente vivenciar la fe en Dios presente. No es cosa fácil reducir al silencio nuestra mente charlatana y dejar al Señor
hablar. Algunos pueden llegar a creer que estando durante bastante tiempo en presencia del Santísimo, mirando fijamente el Sagrario, porque detrás de las puertas de este está el copón y dentro de él esta el Señor con toda su humanidad y toda su divinidad y hablando mentalmente al Señor, bien de sus problemas o bien alabándolo, ya estamos contemplando. Pues no, aunque todo lo anterior sea un plausible ejercicio de amor a Dios, pero todo lo dicho solo es fruto de
nuestra voluntad. Contemplar es mucho más, tal como explica San Juan de la Cruz, es necesario: Vivenciar la fe en Dios presente, lo que podríamos interpretar como haber buscado ya y haber
encontrado a Dios en nuestro interior. A la mayoría de las almas les pasa lo que le pasaba a San Agustín, cuando exclamó: “Tarde te hallé, estabas dentro de mí y yo de te buscaba fuera”.
Todavía no han encontrado a Dios en su interior, en lo más profundo de su ser, don el Señor habita, si es que se vive en estado de gracia.

La Contemplación es un ensanchamiento de nuestra fe, en su tamaño y en su fortaleza. Un ensanchamiento de esa fe que con más o menos fortaleza todo creyente lleva dentro de sí y si la va cultivando, ella va siempre creciendo y ensanchándose. La Contemplación, es un amor sobrenatural que Dios dona, en virtud del cual se adquiere, según Thomas Merton: “Un conocimiento de Dios sencillo y oscuro, infundido por Él en lo más elevado del alma, de modo que le proporciona un contacto directo y experimental con Él”.

Santa Teresa de Jesús escribía que: “Todos podríamos llegar a beber el agua viva de la contemplación si nos dispusiéramos como Dios quiere”. Y, ¿Qué he de hacer yo para merecer del Señor este regalo? Pues amén de una vida pendiente siempre del amor al Señor, un paso
fundamental que hay que dar es el Entregarse al Señor, abandonarse en Él, lo cual no es una cosa sencilla, pues el primer paso para caminar en esa dirección es desapegarse absolutamente de todo lo que nos ata a este mundo. El desapego es siempre muy difícil, y no es cuestión de media hora, un alma para entregarse de verdad al Señor, con carácter absoluto, necesita años. No por
tomar hábito, se puede asegurar que un alma está ya despegada de todo. El desapego es una labor lenta. Dios es totalmente absorbente y lo pide todo, pide un total vaciamiento nuestro, para poder Él ocupar ese vacío que hemos sido capaces de crear. No podemos reservarnos nada, no ya materialmente sino mentalmente, nada absolutamente, ni siquiera ese rinconcito tan querido, que toda alma tiene, donde se refugia, para maquinar sus planes, guardar sus anhelos y sueños.
Él lo quiere todo, porque te va a dar mucho más de ese todo que te pide, si es que quieres caminar por este camino.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

VENENO NATURAL CONTRA RATONES


PROTEJA SU FAMILIA Y OTRAS PERSONAS NATURALMENTE, ELIMINE LOS ROEDORES SIN PERJUDICAR LA NATURALEZA.

Para quien habita en casa o apartamento: Veneno ecológico para matar ratones.

UTILIDAD PÚBLICA

¡¡Nuestros científicos son unas fieras!! ¡¡Viviendo y aprendiendo...!!

Método usado por criadores de pájaros y avicultura en general.

COMBATIENDO LOS RATONES

Como hacer:

Tome una taza de cualquier tipo de frijol crudo (sin lavar), coloque en el multiprocesador, o licuadora (SIN AGUA) Y triture hasta convertir en una harinita bien finita.

Donde colocar:

Coloque en montecitos (en el piso) por las esquinas de las habitaciones, cerca de las puertas, y ventanas (si..! ellos escalan las ventanas), atrás de la nevera, atrás de la estufa, ¡atrás de todo!

Lo que acontece:

El ratón come esa harinita, deliciosa... Más él no tiene como digerir el frijol (crudo), por falta de sustancias en su organismo que digieren el frijol crudo, causando así un envenenamiento natural por fermentación.

RESUMIENDO: la ratonada muere en hasta 3 días.

DETALLE IMPORTANTE:

Al contrario de los tradicionales venenos (racumim, por ej) el ratón muere y no contamina animales de alta estimación, que a su vez mueren por haberse comido un ratón envenenado.

Y la cantidad que el ratón ingirió y murió no es suficiente para matar un perro o gato, también, porque a estos les gustan MATAR para comer..., muertos, ellos no se los comen.

Si tuviera niños pequeños (bebés) todavía en período de gateo, que colocan todo en la boca, no les hace daño alguno, pues el frijol para el ser humano, lo mismo crudo que cocido, es perfectamente digerible.

NO TIENE CONTRA-INDICACIÓN

MEJORE EL AMBIENTE Y LA SALUD DE TODOS NOSOTROS. EL PLANETA LO AGRADECE, VAMOS A PARAR DE UTILIZAR QUÍMICOS A TODO MINUTO

MISIONEROS ESPAÑOLES EXPLICAN LO QUE SE PUEDE HACER EN CUBA... Y LO QUE NO TE DEJAN


EL FUTURO ES MÁS DE NUEVA EVANGELIZACIÓN QUE DE MISIONES.

¿Qué pasará si se amplía la libertad de la Iglesia y se puede evangelizar de forma más directa en Cuba, con hospitales, escuelas, predicadores, más misioneros, etc...? La realidad es que se parte de muy abajo: apenas un 2% de cubanos van a misa los domingos, un 10% quizá si se cuentan los que acuden de forma más esporádica. Sólo un 60% son católicos en algún sentido.

Francisco
Ortega, uno de los responsables del Instituto Español de Misiones Extranjeras (http://www.ieme.org/), explica la panorámica que obtuvo visitando a los misioneros españoles en Cuba hace un año.

"Es una situación atípica. Por un lado las iglesias se llenan, la gente que va a misa es muy participativa e incluye a mucha gente joven. En general, los cubanos tienen iniciativa,
cada día hablar de ´ir a resolver´, que significa buscarse la vida por ese día, al menos. Por otro lado, el régimen no deja que la Iglesia haga acción social. Si un misionero del IEME en
Guatemala enseguida abre un dispensario, una escuelita, etc... en Cuba no puede. Así que los misioneros trabajan con comunidades y fomentan la ayuda persona a persona. En Cuba, como
hemos vivido en otros países latinoamericanos, sabes que hay ´orejas´ o ´chivatos´, así que cuando predicas vas con cuidado, para no dejarte caer en trampas".

"FALTA ALEGRÍA CARIBEÑA"

El padre Antonio López Sánchez, hoy en España, estuvo en Cuba, en Cienfuegos, de 2001 a 2008, después de haber pasado 37 años de misionero en Colombia, Perú y Nicaragua.

"Cuba es muy distinta al resto de Hispanoamérica", explica el padre López. "Por un lado, cuando
llegas ves que la gente tiene mayor nivel cultural que en muchas zonas de misión, la población está casi toda alfabetizada y escolarizada y hay muchos universitarios. Los niños de 8 años leen perfectamente en misa. No hay racismo, cosa que sí existe en otras zonas hispanoamericanas. Pero en Cuba ves también que falta la alegría tan habitual en el Caribe. Hay hambre, escasea el alimento. Cuando yo llegué, la Iglesia vivía muy atemorizada. Aunque era después de la visita de
Juan Pablo II, las autoridades trataban de endurecer sus reglas. Podías trabajar si te ceñías a lo exclusivamente religioso: oración, catequesis, culto. Pese a todo, en Cienfuegos dábamos cursos de Doctrina Social de la Iglesia, y el Estado lo permitía... En La Habana los dominicos del Aula Montesinos ya podían hablar de temas sociales con pensadores del gobierno", explica este misionero del IEME.

DISTRAER A LA GENTE DEL CULTO

"No había violencia externa pero sí pautas que los dirigentes marcaban. Por ejemplo, programaban actividades atractivas justo a las horas de culto y lo sabían. Ponían películas para
atraer a los niños, justo a la hora de catequesis, por ejemplo. Se organizaban actividades para alejar a la gente de la Iglesia, pero las comunidades cristianas trabajaban muy bien y no les funcionaba con los practicantes. Allí el cura está de animador, porque muchas comunidades
funcionan bien casi solas", añade el padre López Sánchez.

"Todos éramos conscientes de que en nuestro entorno había personas que venían a ver lo que se predicaba. Teníamos que decir las cosas de forma que no hiriesen. Nada de críticas directas. A
veces algunos misioneros se metían en líos, no por críticas directas al régimen, sino por denunciar cosas concretas injustas. El párroco de Santa Rita ha apoyado mucho a las Damas de Blanco en temas de derechos humanos, por ejemplo."

Pastoral personalizada y de escucha El padre Juan Bayona, que estuvo cinco años también en Cienfuegos, hizo lo que le dejaba el régimen, algo para lo que estaba bien equipado como
misionero: acompañar, escuchar, atender, animar.

"Los cubanos tienen una gran necesidad de ser escuchados, alentados, de recibir ánimo y esperanza", explica. "Hay que dedicar a eso mucho tiempo y energías y lo aprecian mucho. Hay que saber saludarles, uno a uno, con afecto, y escucharles. En el Caribe, la gente se mueve mucho por el corazón, hay mucho amor entre ellos. Pero la vida es muy difícil y la gente tiene que
luchar mucho. Son muy sensibles, si les tratas con amor se les esponja el corazón. El sacerdote debe ir a quererles."

Con él estaban tres religiosas vedrunas españolas ("una de La Rioja, otra de Valladolid y otra de Murcia", especifica) que llevaban más de 10 años en el país y se encargaban de la catequesis, las visitas a los enfermos, el trato con los más pobres, etc...

El padre Bayona cree que hay futuro para Cuba, porque hay capacidad de perdón y reconciliación. No es un pueblo rencoroso. "A los españoles, europeos, nos mueve mucho la razón pero ellos no tienen las entrañas tan endurecidas, el corazón lo entienden perfectamente,
entienden los gestos de perdón. Tienen capacidad de reconciliación. Son desenvueltos y vivos y pueden lograr un mejor desarrollo".

EL PODER DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD

Ambos misioneros destacan la devoción por la Virgen de la Caridad de El Cobre. Explica Antonio López que "lo de la Virgen del Cobre hay que vivirlo. Allí nadie, ni el ateo más radical, hablarán mal de la Virgen. Hace años que se permite que la Virgen de la Caridad procesione y todos le siguen: es el mayor signo de unidad de Cuba, y su devoción ayudará a la reconciliación. Está en todas las casas y en todos los corazones. Pero, ojo... también está en la santería..."

El padre Bayona tiene una anécdota ilustrativa. "Yo llevaba unas estampas de la Virgen de la Caridad y estaba hablando con alguien de ideología contraria a la fe, pero él vio que yo llevaba una estampa y me dijo: ´deme una, que esa es mi Madre también´, y la puso al lado de la foto de Fidel y la de Raúl en la mesa del despacho".

¿Y CUANDO HAYA LIBERTAD?

¿Qué pasará si se amplía la libertad de la Iglesia y se puede evangelizar de forma más directa en Cuba, con hospitales, escuelas, predicadores, más misioneros, etc...? La realidad es que se parte de muy abajo: apenas un 2% de cubanos van a misa los domingos, un 10% quizá si se cuentan los que acuden de forma más esporádica.

Sólo un 60% son católicos. Anastasio Gil, director en España de Obras Misionales Pontificias (http://www.omp.es/) recuerda que hasta hace poco apenas se permitían rehabilitaciones de edificios eclesiásticos, y sólo recientemente han permitido un seminario. "La labor de la Iglesia en Cuba tendrá que ejercitar esa gran virtud misionera, a veces poco valorada, que es la paciencia.

Y con enorme prudencia. Los tiempos los marca Dios", señala el padre Anastasio.

"No cabe esperar un movimiento insólito misionero que se vuelque en Cuba de forma especial",
asegura el director de OMP. "En cuanto se pueda, lo que habrá es un fortalecimiento de las diócesis. La Iglesia anunciará a Cristo mediante el kerigma, el testimonio y el trabajo en las necesidades humanas y materiales.

Liberará de la esclavitud del pecado y la ignorancia, por la vía ordinaria de la Iglesia. De hecho, más que una misión, se trata de nueva evangelización, porque allí ya hay comunidades
cristianas arraigadas".

BUSCANDO CENTAVOS


Un día un muchachito estaba caminando cuando descubrió un centavo de cobre brillando en el polvo. Lo recogió y lo sostuvo con entusiasmo. ¡El centavo era suyo y no le había costado
nada!

Desde ese día, dondequiera que caminaba, mantenía gacha la cabeza, sus ojos inspeccionando atentamente el suelo en busca de más centavos, y quizá otros tesoros aun mayores. Durante su
vida, por supuesto, encontró más dinero.

En realidad, recogió 302 centavos, 24 monedas de cinco centavos, 41 de diez centavos, 8 de veinticinco centavos, 3 monedas de medio dólar y un gastado dólar de papel… un total de
$12.82. Mantuvo en lugar seguro su tesoro, protegiéndolo como una “herencia gratis” de riqueza. Se gozaba con el hecho de que ese dinero no le había costado nada. ¿O sí le había costado?

Durante la búsqueda de su tesoro perdió de ver la plena belleza de 35 127 puestas de sol, el esplendor de 327 arco iris, la hermosura de blancas nubes flotando por encima de su cabeza
en un cielo de cristal azul, pájaros volando a gran altura, ardillas saltando en los árboles de rama en rama por encima de los senderos que transitaba y el brillo de las hojas de otoño danzando contra un fondo de sol otoñal.

Lo que obtuvo, $12.82, no fue con seguridad igual a lo que perdió.

Los hombres, mientras buscan sus sustento, se olvidan de vivir.

Salmo 127:2 Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues Él da a su amado aun mientras duerme.

UNA BUENA REPUTACIÓN


Rogelio era un buen empleado, nada espectacular, pero confiable, puntual, de temperamento equilibrado y siempre dispuesto a hacer un poco más.

Bernardo también hacía un buen trabajo, pero no le importaba ir por un atajo para terminar un trabajo, ni retirarse unos minutos antes para atender sus necesidades personales.

Cuando el señor Jones su supervisor, anunció que iban a promover a uno, Rogelio contó con su historial y su reputación para ganar el puesto.

Bernardo hizo tenazmente un trabajo de pasillo al contar a varios de sus compañeros de trabajo que Rogelio se había apropiado de sus ideas para la reducción de costos, había hecho malversación de fondos y que era conocida su costumbre de extralimitarse en su hora de almuerzo.

Tuvo cuidado, no obstante, de comenzar todas sus observaciones diciendo: “Esto queda entre nosotros dos…”

Cuando a la semana siguiente el señor Jones anunció que el ascenso había sido para Rogelio, este recibió un fuerte aplauso de sus compañeros de trabajo.

Ninguno se sorprendió, salvo Bernardo. Después de todo, la reputación de Rogelio lo había precedido.

Lo mismo pasó con la de Bernardo.

El hombre que no teme a la verdad no tiene nada que temer de las mentiras.

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.” Colosenses 3:23

Y Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para El Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23.

JESÚS HABLA


JESÚS REVELA DETALLES DE SU CRUCIFIXIÓN
Jueves, 29 de marzo del 2012, a la 13:15 hrs.

Mi muy querida y amada hija, Mi tiempo para más sufrimiento sucederá mientras Mi Pasión en la Cruz sea conmemorada.

Ningún hombre entiende lo extenso de Mi sufrimiento durante Mi crucifixión o la manera en que fui azotado.

Mi flagelación fue lo peor. Fui golpeado salvajemente por diez hombres y cada centímetro de Mi cuerpo fue cortado.

La carne de Mi espalda fue desgarrada y Mis omóplatos eran visibles.

Apenas Me podía poner en pie y un ojo fue magullado y aplastado.

Yo solo podía ver por Mi ojo izquierdo.

En el momento en que Me llevaron delante de Poncio Pilatos y Me colocaron la corona de espinas en Mi cabeza, apenas podía tenerme en pie.

Ellos entonces Me desnudaron antes de colocarme una vestidura roja corta sobre Mi cabeza y entonces colocaron una hoja de palma en Mi mano derecha.

Cada espina era como una aguja muy puntiaguda. Una de las espinas también traspasó Mi ojo derecho, la cual Me dejó apenas capaz de ver.

Perdí tanta sangre que vomité y estaba tan mareado, que cuando Yo empecé a ascender el Calvario, no podía sostener la Cruz.

Caí tantas veces, que tomó horas alcanzar la cima de la colina.

Fui flagelado y azotado en cada paso del camino.

Mi cuerpo estaba todo ensangrentado y cubierto con un grueso sudor producido por un sol abrazador.

Me desmayé varias veces.

Mucho de esto era doloroso y agonizante, lo más espantoso de todo fue el odio mostrado hacia Mí, no solo por los adultos a lo largo del camino, sino por los niños pequeños, que Me pateaban, porque ellos estaban siguiendo el ejemplo de sus padres.

Los gritos que brotaban de sus bocas y el odio, eran nada comparado al miedo que tenían de Mí.
Porque, detrás de todo esto, ellos todavía no estaban seguros si era o no, de hecho, el Mesías que estaban esperando por tanto tiempo.

Era más fácil, por lo tanto, odiarme, denunciarme en vez de aceptarme por lo que habría significado que ellos habrían tenido que cambiar sus modales.

Mi momento más angustioso fue cuando Me tendí en el suelo sobre Mi costado, habiendo sido pateado en la espalda de nuevo y vi a Mi amada Madre mirándome.

Ella estaba desolada y siendo sostenida por dos de Mis discípulos.

Yo solo la podía ver a través del único ojo restante y casi no podía soportar mirar su tormento.

Las burlas, los gritos y los rugidos de las multitudes de cientos podían ser sentidos desde el suelo en que Yo yacía y tomó seiscientos soldados para organizar y supervisar la crucifixión Mía
y de otros seis.

Yo era el foco principal de su atención y los otros no sufrieron como Yo lo hice.

Cuando Mis muñecas, en la base de Mis pulgares, fueron clavadas a la Cruz, Yo ya no podía sentir.

Mi cuerpo estaba tan maltratado y golpeado, que Yo estaba en estado de shock.

Mis hombros estaban dislocados y Mis brazos arrancados de sus órbitas.

El daño físico peor, fue infligido sobre Mi cuerpo antes de que fuera clavado a la Cruz.

No dejé escapar ni un grito. No protesté. Solo un susurro.

Esto enfurecía a Mis ejecutores, que querían una reacción para satisfacer sus deseos.

Nunca Me comprometí con ellos, porque hacer eso habría significado que Yo hubiera tenido que comprometerme con Satán y sus demonios, quienes infestaban sus almas.

Esto es por lo que su maldad hacia Mí era tan intensa.

Estuve colgado en la Cruz por cinco horas.

El sol estaba abrazador, sin nubes que ayudaran a reducir la quemadura de Mi piel.

Cuando tomé Mi último aliento, Mi Padre envió nubes negras, así también truenos y relámpagos.

La tormenta que se llevó a cabo fue de magnitud aterradora y tan de repente que Mis espectadores quedaron sin duda en esta etapa de que Yo era, de hecho, el Salvador que había sido enviado por Dios Padre.

Revelo esto a ti, hija Mía, como un don a ti a cambio de el inmenso acto de sufrimiento que Me has ofrecido.

Dile a Mis hijos que Yo no lamento Mi Pasión en la Cruz.

Lo que lamento es que Mi sacrificio ha sido olvidado y que muchísimos niegan que Mi crucifixión se llevara a cabo.

Muchos no tienen idea de lo que Yo tuve que sufrir así como muchos de Mis apóstoles no presenciaron Mí subida al Calvario.

Lo que Me hiere hoy día es que tantos todavía Me niegan.

Mi llamado a ustedes, Mis seguidores, es no permitir que Mi crucifixión se desperdicie.

Yo morí por TODOS los pecados, incluso por los que se cometen hoy.

Yo quiero y necesito salvar a aquellos que Me niegan incluso hoy día.

Su Amado Salvador, Jesucristo
www.jesushabla.com

EL ANACORETA Y LA CARA OCULTA DE LA LUNA


Sentados en la terraza, el Anacoreta y su joven seguidor, contemplaban la hermosa luna
llena que lucía sobre la ciudad.

- ¿Cómo debe ser la cara oculta de la luna? - preguntó el joven.

El anciano, como tantas veces, dio una respuesta desconcertante.
- Todos tenemos una cara oculta.

El joven guardó silencio, atento a lo que el Anacoreta le quería decir.
El anciano prosiguió:
- Pero no está oculta a los demás; lo está para nosotros. Los demás no nos ven como nos
vemos nosotros. Esto nos lleva a creernos incomprendidos. Sin embargo, hemos de
preguntarnos si eso que creemos incomprensión, es simplemente que ven nuestra cara oculta.

Hizo una pausa y concluyó:
- Los amigos pueden ayudarnos a ver esa parte de nosotros que nos es desconocida; pero también quien nos ataca.

Siempre que nos sentimos atacados deberíamos preguntarnos qué parte de verdad hay en lo que nos dicen. Consultarlo con un amigo. Quizá lo que consideramos un ataque, no es sino la revelación de nuestra cara oculta...

HUMILDAD...UN BORRICO POR TRONO...HUMILDAD Y ALEGRÍA


Seamos realistas: esa soberbia sólo cabe en una loca fantasía. Hemos de luchar contra otras formas más sutiles, más frecuentes: el orgullo de preferir la propia excelencia a la del prójimo; la
vanidad en las conversaciones, en los pensamientos y en los gestos; una susceptibilidad casi enfermiza, que se siente ofendida ante palabras y acciones que no significan en modo alguno un agravio.

Todo esto sí que puede ser, que es, una tentación corriente. El hombre se considera, a sí mismo, como el sol y el centro de los que están a su alrededor. Todo debe girar en torno a él. Y no raramente recurre, con su afán morboso, hasta la simulación del dolor, de la tristeza y de la enfermedad: para que los demás lo cuiden y lo mimen.

La mayor parte de los conflictos, que se plantean en la vida interior de muchas gentes, los fabrica la imaginación: que si han dicho, que si pensarán, que si me consideran... Y esa pobre alma sufre, por su triste fatuidad, con sospechas que no son reales. En esa aventura desgraciada, su amargura es continua y procura producir desasosiego en los demás: porque no sabe ser humilde, porque no ha aprendido a olvidarse de sí misma para darse, generosamente, al servicio de los otros por amor de Dios.

UN BORRICO POR TRONO

Acudamos de nuevo al Evangelio. Mirémonos en nuestro modelo, en Cristo Jesús. Santiago y Juan, por intermedio de su madre, han solicitado de Cristo colocarse a su izquierda y a su derecha. Los demás discípulos se indignan con ellos. Y Nuestro Señor, ¿qué contesta?: quien
quisiere hacerse mayor, ha de ser vuestro criado; y quien quisiere ser entre vosotros el primero, debe hacerse siervo de todos; porque aun el Hijo del hombre no vino a que le sirviesen, sino a servir, y a dar su vida por redención de muchos [186].

En otra ocasión yendo a Cafarnaúm, quizá Jesús - como en otras jornadas - iba delante de ellos. Y estando ya en casa les preguntó: ¿de qué ibais tratando en el camino? Pero los discípulos
callaban, yes que habían tenido -una vez más- una disputa entre sí, sobre quién de ellos era el mayor de todos. Entonces Jesús, sentándose, llamó a los doce, y les dijo: si alguno pretende ser el primero, hágase el último de todos y el siervo de todos, y cogiendo a un niño le puso en medio de ellos y después de abrazarle, prosiguió: cualquiera que acogiere a uno de estos niños por amor
mío, a mí me acoge, y cualquiera que me acoge, no sólo me acoge a mí, sino también al que a mí me ha enviado [187].

¿No os enamora este modo de proceder de Jesús? Les enseña la doctrina y, para que entiendan, les pone un ejemplo vivo. Llama a un niño, de los que correrían por aquella casa, y le estrecha
contra su pecho. ¡Este silencio elocuente de Nuestro Señor! Ya lo ha dicho todo: El ama a los que se hacen como niños. Después añade que el resultado de esta sencillez, de esta humildad de espíritu es poder abrazarle a El y al Padre que está en los cielos.

Cuando se acerca el momento de su Pasión, y Jesús quiere mostrar de un modo gráfico su realeza, entra triunfalmente en Jerusalén, ¡montado en un borrico! Estaba escrito que el Mesías había de ser un rey de humildad: anunciad a la hija de Sion: mira que viene a ti tu Rey lleno
de mansedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo [188].

Ahora, en la Ultima Cena, Cristo ha preparado todo para despedirse de sus discípulos, mientras ellos se han enzarzado en una enésima contienda sobre quién de ese grupo escogido sería
reputado el mayor. Jesús se levanta de la mesa y quitase sus vestidos, y habiendo tomado una toalla, se la ciñe. Echa después agua en un lebrillo y pon ese a lavar los pies de los discípulos y a limpiárselos con la toalla que se había ceñido [189].De nuevo ha predicado con el ejemplo, con las obras. Ante los discípulos, que discutían por motivos de soberbia y de vanagloria, Jesús se
inclina y cumple gustosamente el oficio de siervo. Luego, cuando vuelve a la mesa, les comenta: ¿comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, debéis también vosotros lavaros los pies uno al otro [190]. A mí me conmueve esta delicadeza de nuestro Cristo.

Porque no afirma: si yo me ocupo de esto, ¿cuánto más tendríais que realizar vosotros? Se coloca al mismo nivel, no coacciona: fustiga amorosamente la falta de generosidad de aquellos hombres.

Como a los primeros doce, también a nosotros el Señor puede insinuarnos y nos insinúa continuamente: exemplum dedi vobis [191], os he dado ejemplo de humildad. Me he convertido en siervo, para que vosotros sepáis, con el corazón manso y humilde, servir a todos los
hombres.

Frutos de la humildad

Cuanto más grande seas, humíllate más y hallarás gracia ante el Señor [192]. Si somos
humildes, Dios no os abandonará nunca. El humilla la altivez del soberbio, pero salva a los humildes. El libera al inocente, que por la pureza de sus manos será rescatado [193]. La infinita misericordia del Señor no tarda en acudir en socorro del que lo llama desde la humildad. Y entonces actúa como quien es: como Dios Omnipotente. Aunque haya muchos peligros, aunque el alma parezca acosada, aunque se encuentre cercada por todas partes por los enemigos de su
salvación, no perecerá. Y esto no es sólo tradición de otros tiempos: sigue sucediendo ahora.

Al leer la Epístola de hoy, veía a Daniel metido entre aquellos leones hambrientos, y, sin pesimismo - no puedo decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque todos los tiempos han sido buenos y malos -, consideraba que también en los momentos actuales andan muchos
leones sueltos, y nosotros hemos de vivir en este ambiente. Leones que buscan a quien devorar: tanquam leo rugienscircuit quaerens quem devoret [194].

¿Cómo evitaremos esas fieras? Quizá no nos ocurra como a Daniel. Yo no soy milagrero, pero amo esa grandiosidad de Dios, y entiendo que le hubiera sido más fácil aplacar el hambre del profeta, oponerle delante un alimento; y no lo hizo. Dispuso, en cambio, que desde Judea
se trasladara milagrosamente otro profeta, Habacuc, a llevarle la comida. No le importó obrar un prodigio grande, porque Daniel no se hallaba en aquel pozo porque sí, sino por una injusticia de los secuaces del diablo, por ser servidor de Dios y destructor de ídolos.

Nosotros, sin portentos espectaculares, con normalidad de ordinaria vida cristiana, con una siembra de paz y de alegría, hemos de destruir también muchos ídolos: el de la incomprensión, el de la injusticia, el de la ignorancia, el de la pretendida suficiencia humana que vuelve arrogante la espalda a Dios.

No os asustéis, ni temáis ningún daño, aunque las circunstancias en que trabajéis sean tremendas, peores que las de Daniel en la fosa con aquellos animales voraces. Las manos de Dios son igualmente poderosas y, si fuera necesario, harían maravillas. ¡Fieles! Con una fidelidad amorosa, consciente, alegre, a la doctrina de Cristo, persuadidos de que los años de ahora no son peores que los de otros siglos, y de que el Señor es el de siempre.

Conocí a un anciano sacerdote, que afirmaba - sonriente - de sí mismo: yo estoy siempre tranquilo, tranquilo. Y así hemos de encontrarnos siempre nosotros, metidos en el mundo, rodeados de leones hambrientos, pero sin perder la paz: tranquilos. Con amor, con fe, con
esperanza, sin olvidar jamás que, si conviene, el Señor multiplicará los milagros.

Os recuerdo que si sois sinceros, si os mostráis como sois, si os endiosáis, a base de humildad, no de soberbia, vosotros y yo permaneceremos seguros en cualquier ambiente: podremos hablar
siempre de victorias, y nos llamaremos vencedores. Con esas íntimas victorias del amor de Dios, que trae En la serenidad, la felicidad del alma, la comprensión.

La humildad nos empujará a que llevemos a cabo grandes labores; pero a condición de que no perdamos de vista la conciencia de nuestra poquedad, con un convencimiento de nuestra pobre
indigencia que crezca cada día. Admite sin vacilaciones que eres un servidor obligado a realizar un gran número de servicios. No te pavonees por ser llamado hijo de Dios - reconozcamos la gracia, pero no olvidemos nuestra naturaleza -; no te engrías si has servido bien, porque has cumplido lo que tenías que hacer.

El sol efectúa su tarea, la luna obedece; los ángeles desempeñan su cometido. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles, dice: yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido la Iglesia de Dios (1 Cor XV, 9)... Tampoco nosotros pretendamos ser alabados por nosotros mismos [195], 8, 32 (PL 15, 1774).: por nuestros méritos, siempre mezquinos.

HUMILDAD Y ALEGRÍA

Líbrame de todo lo malo y perverso que hay en el hombre [196]. De nuevo el texto de la Misa nos
habla del buen endiosamiento: destaca ante nuestros ojos la mala pasta de que estamos formados, con todas las malvadas inclinaciones; y después suplica: emitte lucem tuam [197], envía tu luz y tu verdad, que me han guiado y traído a tu monte santo. No me importa contaros que me he emocionado al recitar estas palabras del Gradual.

¿Cómo nos hemos de comportar para adquirir ese endiosamiento bueno? En el Evangelio leemos que Jesús no quería ir a Judea, porque los judíos le buscaban para matarle [198]. El, que con un deseo de su voluntad podría eliminar a sus enemigos, ponía también los medios humanos. El, que era Dios y le bastaba una decisión suya para cambiar las circunstancias, nos ha dejado una lección encantadora: no fue a Judea. Sus parientes le dijeron: aléjate de este país y ve a Judea, para que tus discípulos admiren también tus obras [199]. Pretendían que hiciese espectáculo.
¿Lo veis? ¿Veis que es una lección de endiosamiento bueno y endiosamiento malo?

Endiosamiento bueno: esperen en Ti - canta el Ofertorio - todos los que conocen tu nombre, Señor, porque nunca abandonas a los que te buscan [200]. Y viene el regocijo de este barro lleno de lañas, porque no se ha olvidado de las oraciones de los pobres [201], de los humildes.

No concedáis el menor crédito a los que presentan la virtud de la humildad como apocamiento humano, o como una condena perpetua a la tristeza. Sentirse barro, recompuesto con lañas, es
fuente continua de alegría; significa reconocerse poca cosa delante de Dios: niño, hijo. ¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios? ¿Por qué nos entristecemos los hombres? Porque la vida en la tierra no se desarrolla como nosotros personalmente esperábamos, porque surgen obstáculos que impiden o dificultan seguir adelante en la satisfacción de lo que pretendemos.

Nada de esto ocurre, cuando el alma vive esa realidad sobrenatural de su filiación divina. Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? [202]. Que estén tristes los que se empeñan en no reconocerse hijos de Dios, vengo repitiendo desde siempre.

Para terminar, descubrimos en la liturgia de hoy dos peticiones que han de salir como saetas, de nuestra boca y de nuestro corazón: concédenos, Señor Todopoderoso, que realizando siempre los divinos misterios merezcamos acercarnos a los dones celestiales [203]. Y, te rogamos, Señor, que nos concedas servirte constantemente según tu voluntad [204]. Servir, servir, hijos míos, es lo nuestro; ser criados de todos, para que en nuestros días el pueblo fiel aumente en mérito y número [irad a María. Jamás criatura alguna se ha entregado con más humildad a los designios de Dios. La humildad de la ancilla Domini [206], de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como causa nostra e laetitiae, causa de nuestra alegría. Eva, después de pecar
queriendo en su locura igualarse a Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba: estaba triste. María, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros que salgamos en esto a Ella - a Santa María -, y así nos pareceremos más a Cristo.

Publicado por: Wilson

LA FE TIENE QUE CONVERTIRSE EN VIDA PARA MÍ


Viernes quinta semana de Cuaresma. ¿Hasta qué punto dejamos que nuestra alma sea
abrazada plenamente por Cristo?

Jr 29, 10-13
Jn 10, 31-42

Ante el testimonio que Jesucristo le ofrece, ante el testimonio por el cual Él dice de sí mismo: “Soy Hijo de Dios”, ante el testimonio que le marca como Redentor y Salvador, el cristiano debe tener fe. La fe se convierte para nosotros en una actitud de vida ante las diversas situaciones de nuestra existencia; pero sobre todo, la fe se convierte para nosotros en una luz interior que
empieza a regir y a orientar todos nuestros comportamientos.

La fundamental actitud de la fe se presenta particularmente importante cuando se acercan la Semana Santa, los días en los cuales la Iglesia, en una forma más solemne, recuerda la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor. Tres elementos, tres eventos que no son simplemente «un ser consciente de cuánto ha hecho el Señor por mí», sino que son, por encima de todo, una llamada muy seria a nuestra actitud interior para ver si nuestra fe está puesta en Él, que ha
muerto y resucitado por nosotros.

Solamente así nosotros vamos a estar, auténtica- mente, celebrando la Semana Santa; solamente así nosotros vamos a estar encontrándonos con un Cristo que nos redime, con un Cristo que nos libera. Si por el contrario, nuestra vida es una vida que no termina de aceptar a Cristo, es una vida que no termina en aceptar el modo concreto con el cual Jesucristo ha querido llegar a nosotros, la pregunta es: ¿Qué estoy viviendo como cristiano?

Jesús se me presenta con esa gran señal, que es su pasión y su resurrección, como el principal gesto de su entrega y donación a mí. Jesús se me presenta con esa señal para que yo diga: “creo en ti”. Quién sabe si nosotros tenemos esto profundamente arraigado, o si nosotros lo que hemos permitido es que en nuestra existencia se vayan poco a poco arraigando situaciones en las que no estamos dejando entrar la redención de Jesucristo. Que hayamos permitido situaciones en
nuestra relación personal con Dios, situaciones en la relación personal con la familia o con la sociedad, que nos van llevando hacia una visión reducida, minusvalorada de nuestra fe cristiana, y entonces, nos puede parecer exagerado lo que Cristo nos ofrece, porque la imagen que nosotros tenemos de Cristo es muy reducida.

Solamente la fe profunda, la fe interior, la fe que se abraza y se deja abrazar por Jesucristo, la fe que por el mismo Cristo permite reorientar nuestros comportamientos, es la fe que llega a todos los rincones de nuestra vida y es la que hace que la redención, que es lo que estamos celebrando en la Pascua, se haga efectiva en nuestra existencia.

Sin embargo, a veces podemos constatar situaciones en nuestras vidas — como les pasaba a los judíos — en las cuales Jesucristo puede parecernos demasiado exigente. ¿Por qué hay que ser tan radical?, ¿por qué hay que ser tan perfeccionista?

Los judíos le dicen a Jesús: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios". Esta es una actitud que recorta a Cristo, y cuántas veces se presenta en nuestras vidas.

La fe tiene que convertirse en vida en mí. Creo que todos nosotros sí creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, Luz de Luz, pero la pregunta es: ¿lo vivimos? ¿Es mi fe capaz de tomar a Cristo en toda su dimensión? ¿O mi fe recorta a Cristo y se convierte en una especie de reductor de nuestro Señor, porque así la he acostumbrado, porque así la he vivido, porque así la he llevado? ¿O a la mejor es porque así me han educado y me da miedo abrirme a ese Cristo auténtico, pleno, al Cristo que se me ofrece como verdadero redentor de todas mis debilidades, de todas mis miserias?

Cuando tocamos nuestra alma y la vemos débil, la vemos con caídas, la vemos miserable ¿hasta qué punto dejamos que la abrace plenamente Jesucristo nuestro Señor? Cuando palpamos nuestras debilidades ¿hasta qué punto dejamos que las abrace Cristo nuestro Redentor? ¿Podemos nosotros decir con confianza la frase del profeta Jeremías: “El Señor guerrero, poderoso está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso, y su ignominia será eterna e inolvidable”? ¿Que somos débiles...?, lo somos. ¿Que tenemos enemigos exteriores...?, los tenemos. ¿Que tenemos enemigos interiores...?, es indudable.

Ese enemigo es fundamentalmente el demonio, pero también somos nosotros mismos,
lo que siempre hemos llamado la carne, que no es otra cosa más que nuestra debilidad ante los problemas, ante las dificultades, y que se convierte en un grandísimo enemigo del alma.
Dios dice a través de la Escritura: “quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable”. ¿Cuando mi fe toca mi propia debilidad tiende a sentirse más hundida, más debilitada, con menos ganas? ¿O mi fe, cuando toca la propia debilidad, abraza a Jesucristo nuestro Señor? ¿Es así mi fe en Cristo? ¿Es así mi fe en Dios? Nos puede suceder a veces que, en el camino de nuestro crecimiento espiritual, Dios pone, una detrás de otra, una serie de caídas, a veces graves, a veces menos graves; una serie de debilidades, a veces superables, a veces no tanto, para que nos abracemos con más fe a Dios nuestro Señor, para que le podamos decir a Jesucristo que no le recortamos nada de su influjo en nosotros, para que le podamos decir a
Jesucristo que lo aceptamos tal como es, porque solamente así vamos a ser capaces de superar, de eliminar y de llevar adelante nuestras debilidades.

Que la Pascua sea un auténtico encuentro con nuestro Señor. Que no sea simplemente unos ritos que celebramos por tradición, unas misas a las que vamos, unos actos litúrgicos que presenciamos. Que realmente la Pascua sea un encuentro con el Señor resucitado, glorioso, que a través de la Pasión, nos da la liberación, nos da la fe, nos da la entrega, nos da la totalidad y, sobre todo, nos da la salvación de nuestras debilidades.

Autor: P. Cipriano Sánchez LC

EL DOMINGO DE RAMOS


La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en
Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual.

La liturgia de la Semana Santa comienza con la bendición de las palmas y una procesión el
Domingo, con una solemne proclamación de la narración de la Pasión según San
Mateo en la misa.

La procesión de Ramos viene evidentemente del recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús días antes de su pasión y muerte. En los primeros siglos, en Jerusalén se comenzó a venerar los lugares donde había sucedido algún acontecimiento en la vida de Jesús.

"Por eso el domingo anterior al Viernes Santo todo el pueblo se reunía en el Monte de los Olivos junto con el obispo y desde allí se dirigían a la ciudad con ramos en las manos y gritando Viva, como habían hecho los contemporáneos de Jesús".

La famosa monja peregrina española, Egeria, nos cuenta como se celebraba el Domingo
de Ramos y nos detalla que el obispo de Jerusalén, representando a Cristo, se montaba en un burro y que la gente llevaba a sus recién nacidos y a los niños a la procesión.

Pero cada Iglesia fue tomando esta costumbre y celebrándola en particular. En Roma para el siglo IV se le llamaba a este día "Domingo de la Pasión" y en él se proclamaba solemnemente la Pasión del Señor, haciendo ver que la cruz es el camino de la resurrección. Sólo hasta el siglo XI se comenzó allí también la costumbre de la procesión. Se nos dice que en Egipto la cruz era cargada triunfalmente en esta procesión. En Francia y en España en el siglo VII se habla de la bendición de ramos y de la procesión.

Tras el concilio de Trento se quiso que en todas partes de la Iglesia Latina se celebrara de la misma manera este domingo y entonces se juntó lo que se hacía en Jerusalén (procesión de Ramos) con lo que se hacía en Roma (celebración de la pasión, como si fueran cosas distintas, ya que cada una se celebraba con ornamentos de distinto color y con oraciones iniciales y finales propias.

Con las reformas que hizo el Papa Paulo VI a las celebraciones de Semana Santa después del Concilio Vaticano II, se unificó la celebración con oraciones y ornamentos comunes haciendo ver mas claramente que en ella se vive el único misterio pascual de vida y muerte y que una y otra de sus partes se relacionan y se enriquecen mutuamente: no hay verdadera celebración del Domingo de Ramos sin procesión y sin lectura solemne de la Pasión en Una misma Eucaristía.

"La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.

Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los
malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual." (Directorio sobre la Piedad Popular y los Sacramentos.
Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre de 2001)

Autor: Churchforum

jueves, 29 de marzo de 2012

NOTA SOBRE LA BANALIZACIÓN DE LA SEXUALIDAD A PROPÓSITO DE ALGUNAS LECTURAS DE LA "LUZ DEL MUNDO"


Algunas interpretaciones han presentado las palabras del Papa como afirmaciones contrarias a la tradición moral de la Iglesia, como si se tratara de una ruptura con la doctrina sobre la anticoncepción y la actitud de la Iglesia en la lucha contra el sida.

Con ocasión de la publicación del libro-entrevista de Benedicto XVI, Luz del mundo, se han difundido diversas interpretaciones incorrectas, que han creado confusión sobre la postura de la Iglesia Católica acerca de algunas cuestiones de moral sexual. El pensamiento del Papa se ha
instrumentalizado frecuentemente con fines e intereses ajenos al sentido de sus palabras, que resulta evidente si se leen por entero los capítulos en donde se trata de la sexualidad humana. El interés del Santo Padre es claro: rencontrar la grandeza del plan de Dios sobre la sexualidad, evitando su banalización, hoy tan extendida.

Algunas interpretaciones han presentado las palabras del Papa como afirmaciones contrarias a la tradición moral de la Iglesia, hipótesis que algunos han acogido como un cambio positivo y otros han recibido con preocupación, como si se tratara de una ruptura con la doctrina sobre la anticoncepción y la actitud de la Iglesia en la lucha contra el sida. En realidad, las palabras del Papa, que se refieren de modo particular a un comportamiento gravemente desordenado
como el de la prostitución (cfr. Luz del mundo, pp. 131-132), no modifican ni la doctrina moral ni la praxis pastoral de la Iglesia.

Como se desprende de la lectura del texto en cuestión, el Santo Padre no habla de la moral conyugal, ni tampoco de la norma moral sobre la anticoncepción.

Dicha norma, tradicional en la Iglesia, fue reafirmada con términos muy precisos por Pablo VI en el n. 14 de la encíclica Humanae vitae, cuando escribió que «queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación».
Pensar que de las palabras de Benedicto XVI se pueda deducir que en algunos casos es legítimo recurrir al uso del preservativo para evitar embarazos no deseados es totalmente arbitrario y no responde ni a sus palabras ni a su pensamiento. En este sentido, el Papa propone en cambio caminos que sean humana y éticamente viables, que los pastores han de potenciar «más y mejor» (cf. Luz del mundo, p. 156), es decir, caminos que respeten plenamente el nexo
inseparable del significado unitivo y procreador de cada acto conyugal, mediante el eventual recurso a métodos de regulación natural de la fertilidad con vistas a la procreación responsable.

En cuanto al texto en cuestión, el Santo Padre se refería al caso completamente diferente de la prostitución, comportamiento que la doctrina cristiana ha considerado siempre gravemente inmoral (cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 27; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2355).

Con relación a la prostitución, la recomendación de toda la tradición cristiana –y no sólo de ella – se puede resumir en las palabras de san Pablo: «Huid de la fornicación» (1 Co 6, 18). Por tanto, hay que luchar contra la prostitución; y las organizaciones asistenciales de la Iglesia, de la sociedad civil y del Estado han de trabajar para librar a las personas que están involucradas en
ella.

En este sentido, es necesario poner de relieve que la situación que en muchas áreas del mundo se ha creado por la actual difusión del sida, ha hecho que el problema de la prostitución sea aún más dramático. Quien es consciente de estar infectado con el VIH y que por tanto puede contagiar a otros, además del pecado grave contra el sexto mandamiento comete uno contra el quinto, porque conscientemente pone en serio peligro la vida de otra persona, con repercusiones también para la salud pública. A este respecto, el Santo Padre afirma claramente que los profilácticos no son «una solución real y moral» del problema del sida, y también que la «mera fijación en el preservativo significa una banalización de la sexualidad», porque no se quiere afrontar el extravío humano que está en el origen de la transmisión de la pandemia. Por otra parte, es innegable que quien recurre al profiláctico para disminuir el peligro para la vida de otra persona, intenta reducir el mal vinculado a su conducta errónea. En este sentido, el Santo Padre pone de relieve que recurrir al profiláctico con «la intención de reducir el peligro de contagio, es un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida en forma diferente, hacia una sexualidad más humana». Se trata de una observación completamente compatible con la otra afirmación del Santo Padre: «Ésta no es la auténtica modalidad para abordar el mal de la infección con el VIH».

Algunos han interpretado las palabras de Benedicto XVI valiéndose de la teoría del llamado "mal menor". Esta teoría, sin embargo, es susceptible de interpretaciones desviadas de tipo proporcionalista (cf. Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor, nn. 75-77). No es lícito querer una acción que es mala por su objeto, aunque se trate de un mal menor. El Santo Padre no ha
dicho, como alguno ha sostenido, que la prostitución con el recurso al profiláctico pueda ser una opción lícita en cuanto mal menor. La Iglesia enseña que la prostitución es inmoral y hay que luchar contra ella. Sin embargo, si alguien, practicando la prostitución y estando además infectado por el VIH, se esfuerza por disminuir el peligro de contagio, a través incluso del uso del
profiláctico, esto puede constituir un primer paso en el respeto de la vida de los demás, si bien el mal de la prostitución siga conservando toda su gravedad.

Dichas apreciaciones concuerdan con lo que la tradición teológico moral ha sostenido también en el pasado.

En conclusión, los miembros y las instituciones de la Iglesia Católica deben saber que en la lucha contra el sida hay que estar cerca de las personas, curando a los enfermos y formando a todos para que puedan vivir la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad dentro del pacto conyugal. En este sentido, hay que denunciar también aquellos comportamientos que banalizan la sexualidad, porque, como dice el Papa, representan precisamente la peligrosa razón por la
que muchos ya no ven en la sexualidad una expresión de su amor. «Por eso la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana» (Luz del mundo, p. 131).

Autor: Congregación para la Doctrina de la Fe.

CALIGULA LO TENÍA CLARO: ¡VIVA YO Y MI CABALLO!


Incitatus (en latín, Impetuoso) fue el caballo preferido de Calígula (12-41 dC). Se trataba de un
caballo de carreras que había nacido en Hispania, de donde en esa época se importaban a Roma cerca de 10000 equinos cada año.

La devoción de Calígula por su caballo llegaba a extremos ridículos. En un primer momento
mandó construirle una caballeriza de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo, pero pronto llegó a darle toda una villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal. Dormía con mantas de color púrpura (el tinte más caro en la Antigua Roma, reservado a la familia imperial) y llevaba collares de piedras preciosas. Posteriormente, Calígula otorgó a Incitatus el
título de Cónsul de Bitinia. Este hecho ha sido tradicionalmente interpretado como fruto de la demencia del emperador, pero lo cierto es que la actitud servilista y pusilánime de los senadores del reinado de Calígula bien pudiera haber influido en dicho nombramiento, volviéndolo un hecho irónico que denotaría el sarcástico desprecio de Calígula hacia las instituciones públicas
del Imperio.

Como caballo de carreras que era, Incitatus participaba en las competiciones celebradas en
el hipódromo de Roma. La noche anterior a una competición, el emperador dormía junto al animal y se decretaba un silencio general que nadie podía violar en toda la ciudad bajo pena de muerte, con el fin de que el caballo descansase correctamente. Al parecer, Incitatus sólo perdió una carrera en su vida, tras la cual Calígula ordenó al verdugo que matase lentamente al auriga (el esclavo que conduce un carro de caballos) para asegurarse de que sufriera.

CALIGULA LO TENÍA CLARO: ¡VIVA YO Y MI CABALLO!

Publicado por: Judas

REFLEXIÓN A UN DROGADICTO


No te conozco ni sé quien eres. Para mí eres un joven o un adulto que, por lo que sea, estás metido en la droga. A ti me dirijo en este artículo.

Tanto si estás intentando salir de la droga, como si lo has intentado algunas veces sin conseguirlo, o como si no lo has intentado nunca en serio, creo que estas reflexiones podrán ayudarte a pensar con seriedad tanto si eres hombre como si eres mujer.

Si tomas droga, piensa en serio hacia dónde te estás dirigiendo y cómo va a acabar tu vida.
Siempre nos encontramos con bifurcaciones en el camino de nuestra vida; hay algunas opciones cruciales de las que depende que seas feliz o no en tu futuro. Un ejemplo, el elegir a la persona con la que has de convivir a la hora de contraer matrimonio. Otro, la opción que puedas tomar a
la hora de entrar o de salir de la droga.

Lo que puedes dar por seguro es que si estás metido en la droga, cada día dependerás más de ella; cada día estarás más esclavizado por ella, y para seguir drogándote habrás de disponer de dinero para comprarla; como cada día necesitarás más dinero, lo pedirás a tus padres; y llegará un momento en que se cansarán, y acabarán por no darte, porque no podrán más.

Al depender cada día más de la droga, para conseguir dinero robarás, empezando por tus padres, a quien sea y como sea. Éste es el camino que vemos recorrer constantemente a los drogadictos; no hay otro. Y si no pagas a los traficantes, quizá no te libres de alguna paliza o de algo peor. Esto sucede, no te engañes.

Es posible que, al verte en esa situación, te ofrezcan regalarte droga, pero siempre que te comprometas a venderla y distribuirla entre la gente con quienes te relacionas. Y en cualquier redada que haga la policía, también es posible que te detengan y te metan en la cárcel.
Lógicamente, te meterán en el sector de drogadictos. Aparte de que no imaginarte lo mal que lo puedes pasar, piensa en el dolor que eso causaría a tus familiares y amigos. ¿Está claro?

También suele suceder que mientras uno siga con la droga, no tenga muchas ganas de trabajar y tanto si te meten en la cárcel como si no ¿qué va a ser de tu futura vida matrimonial? Sin ganas de trabajar y no pudiendo ingresar dinero en casa, ¿Crees que vas a ser feliz? ¿Quién va a mantener a tu familia? ¿A quién podrán tomar como ejemplo tus hijos? ¿Cómo será feliz tu esposa junto a ti?

Piensa, piensa, que tampoco te lo digo para asustarte. Tómate la vida en serio y piensa con responsabilidad, cómo va a ser tu futuro si no te sales de la droga. No vivas de ilusiones y piensa como persona.

Cierto que salir de la droga no te va a ser fácil, porque para ello, has de poner en juego toda tu fuerza de voluntad, liberándote de la esclavitud de la drogadicción y volviendo a llevar una vida normal y corriente como la que llevan mucha gente que han logrado salir y viven felices, pero tuvieron que esforzarse.

Tú también puedes lograrlo, porque muchos han logrado salir de ese infierno que crees que es un paraíso, y han reiniciado una vida nueva. Mira hacia el futuro y da los pasos necesarios para ser libre y ser feliz. Además, no olvides que puedes acabar contrayendo alguna enfermedad grave y contagiosa y que tu vida puede ser muy corta. No sabes bien la alegría que darías a tus padres y a tu familia si te decidieses a dar este paso. Seríais felices todos, ellos y tú.

Por último, como obispo, no puedo dejar de decirte unas palabras: por poco creyente que seas, ten en cuenta que Jesús te quiere, y te seguirá queriendo aunque llegues a lo más bajo que pueda llegar cualquier hombre. Acude a él con humildad y con la decisión de cambiar. Él te quiere ayudar y te ayudará. Ábrele la puerta de tu alma; acude a Él y dile como aquel leproso que "se acercó y se postró ante él, diciendo: « Señor, si quieres puedes limpiarme. El extendió la mano, le tocó y dijo: « Quiero, queda limpio. » Y al instante quedó limpio de su lepra" (Mt. 8, 2-3). No te digo que quedarás curado al instante, pero lo que sí te digo es que, si le respondes con tu esfuerzo, tendrás su ayuda y te curarás. No lo dudes; Jesús te quiere.

José Gea

LIBRO DE INSTRUCCIONES


Cuando compramos o nos regalan un moderno artilugio, sea electrónico o no…, siempre nos lo entregan acompañado de un libro de instrucciones para su funcionamiento y manejo.

Como español que soy, Dios me libre de leer estas instrucciones y de esperar a su lectura para poner en funcionamiento el artilugio. Nadie leemos las instrucciones, que por otro lado pensamos que atentan e insultan nuestra inteligencia, cuando nos explican como ha de abrirse el paquete y nos dicen como hemos de enchufar el cable de corriente. Y esto no solo nos sucede a los españoles, sino a todos los pigs (Portugal, Italie, Greece and Spain) como despectivamente nos llaman los nórdicos, en especial los anglo-sajones. Hay en este calificativo, una especie de despectiva admiración por nuestra capacidad de improvisación, nuestro ingenio, rapidez mental y todo lo que es propio de la climatología de nuestras tierras. Pero toda esta parte positiva nuestra, tiene el inconveniente de nuestra falta de humildad, en aceptar consejos, instrucciones y sobre todo en ser fieles en el cumplimiento de las normas y leyes. Y en esto último los alemanes, que viven con un reglamente en las manos, son la antítesis de nosotros, quizás por ello, mutuamente nos admiramos, porque todo el mundo anhela lo que no tiene. Nosotros envidiamos su disciplina y ellos nos envidian nuestro ingenio rapidez de comprensión y capacidad de improvisación.

Pues bien, el ser humano es la máquina o artilugio más perfecto que existe, puesto en el mercado de la vida, por el único Fabricante que existe y que ha creado todo. Y este Fabricante, una vez que nos ha creado, nos ha puesto en este mundo con un maravilloso libro de instrucciones, llamado Biblia. En los mercados de este mundo en que vivimos, tal como antes hemos dicho, se pone en venta toda clase de máquinas, con sus correspondientes folletos de instrucciones y para realzar una determinada función. Pues bien, nosotros somos unos artilugios, creados o fabricados
también, con y para una concreta función que es la de ser eternamente felices, ya en este mundo y mucho más en el que nos espera. Nuestra fuente de energía para funcionar se llama amor y su adquisición es muy sencilla, solo consiste en desear tener amor al Fabricante y Él inmediatamente nos lo facilita por reflejo de su amor sobrenatural en nosotros, el amor humano que hemos de utilizar para caminar correctamente por esta vida.

Pero lo más importante de todo, es que en nuestro funcionamiento nos atengamos al libro de instrucciones, de nuestro Fabricante. Desde que nacemos, todos tenemos un tremendo anhelo de felicidad, necesitamos amar y ser amados, el amor es la energía vitad de nuestro ser. Estamos fabricados, para a través del amor, obtener una ya que estamos manufacturados, para gozar de esa clase de felicidad que desconocemos, pero que el deseo de ella, nos lleva de cabeza en este mundo, en el que nos encontramos para superar la prueba de amor, de si somos dignos o no de alcanzar esa tremenda felicidad que nos espera. Y esta terrible ansia de felicidad que todos
tenemos nos lleva a tratar de encontrarla en este mundo, donde estamos de paso. Y si, algo se puede hallar aquí abajo, pero es una ínfima caricatura de la felicidad que arriba nos espera. Se puede ser perfectamente feliz en este mundo, Dios no quiere nuestra infelicidad y sufre cuando ve a sus hijos sufrir, pero Él les ha dotado de un requisito necesario, para merecer la eterna
felicidad que es el libre albedrío, la capacidad que el ser humano tiene para amar o para odiar, y ello le impide intervenir a Dios en evitar nuestros males que todos ellos, son una consecuencia del incumplimiento de nuestro Libro de instrucciones.

Como ya hemos dicho nuestro Libro de instrucciones, cuya lectura no se encuentra lo suficientemente extendida entre nosotros como habría de estarlo, se llama Biblia y como todo sabemos consta de dos partes: el Antiguo y el Nuevo testamento (A.T. y N.T.) La primera parte
corresponde a todo lo que directa o indirectamente es palabra de Dios, hasta la llegada al mundo de su divino Hijo, con el cual se inicia y concluyen esta segunda parte de la Biblia, denominada Nuevo Testamento, en el cual figuran y concluyen ya todas las revelaciones de carácter público de Dios a los hombres.

El valor de ambas partes es idéntico, es por ello que el Seño, dejó dicho: "No penséis que he venido a abrogar la Ley o los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla. Porque en verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde pasara (desapercibida) de la ley hasta que todo se cumpla, Si, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores, y enseñare así a los hombres, será tenido por el menor en el reino de
los cielos; pero el que practicare y enseñare, este será tenido por grande en el reino de los cielos”. (Mt 5,17-19).

Es decir, ateniéndonos al último párrafo, el Señor estable implícita, o explícitamente, según se quiera ver, una obligación que todos tenemos de enseñar y propagar en contenido de nuestro
Libro de instrucciones. El valor de todo el contenido de la Biblia es igual y obliga por igual a todo hombre, pero resulta curioso, que los protestantes hayan puesto siempre más énfasis en el A. T. y del N.T. en las epístolas de San Pablo, que en la totalidad del N. T. que los católicos, respetando lo dicho por el Señor, hemos puesto más cariño en los Cuatro Testamentos, que nos hablan más
de la doctrina que de la vida del Señor, lo cual ya nos gustaría conocer con más profundidad.

No hay problema ni posible situación, en la que nos podamos encontrar a lo largo de nuestra vida, que no encontremos normas y reglas de actuación en la Biblia, que todo lo alcanza. Conocer debidamente la Biblia, es saber en todo momento que camino estamos recorriendo, si caminamos hacia el Señor y con que entusiasmo lo hacemos, pues hay muchas formas espirituales de caminar. La Biblia no es un libro para leer, sino un libro para meditar y en esas meditaciones que podamos tener, el Señor nos abrirá los ojos y sentidos de nuestra alma, para que tomemos nota de muchas cosas importantes, que hemos de hallar, en el recorrido del camino hacia Él. Es imposible caminar hacia el Señor, sin haber leído sus normas. En la vida humana todo manejo de una máquina, requiere un periodo de formación. Un piloto de
avioneta de hélice, ni está, ni tiene capacidad para tomar de la noche a la mañana los mandos de un Jumbo, hay que estudiar muchas normas acerca del funcionamiento de un Jumbo.

Nosotros, si queremos ser santos, hemos de aprendernos al dedillo y sobre todo practicarlas con amor, la normas de nuestro Libro de instrucciones; y digo con amor, porque como ya antes he
escrito, que el amor es y será siempre la energía que necesitamos, no solo para aprender las normas de la Biblia, sino para ponerlas en práctica. Sin amor nada es posible, con amor todo se alcanza.

El cumplimiento adecuado de las normas bíblicas, sin excedernos en aquello que se nos permite y viviendo siempre en la gracia y el amor del Señor, conseguiremos alcanzar felicidad en esta vida y su paso por ella siempre estará impregnado del amor especial que el Señor tiene para con sus elegidos. Si por el contrario no adecuamos nuestra vida terrena a las normas, consejos y aseveraciones que el Señor nos da y locamente buscamos la felicidad terrena, al margen de la palabra y la voluntad divina, nunca llegaremos a ser felices de verdad en esta vida y mucho menos en la que nos espera. Puede ser, que temporalmente se llegue a adquirir una
errónea felicidad humana que nunca nos dará una plena satisfacción.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

DISCURSO DE BENEDICTO XVI EN LA CEREMONIA DE DESPEDIDA EN CUBA


La Habana, 28 de marzo de 2012
Aeropuerto internacional José Martí de La Habana.

CEREMONIA DE DESPEDIDA DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Aeropuerto internacional José Martí de La Habana
Miércoles 28 de marzo de 2012

Señor Presidente, Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades, Señoras y Señores, Amigos todos.

Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza.

También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en
la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte –Él vive– y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza» (Vigilia de oración con los jóvenes. Feria de Friburgo de Brisgovia, 24 septiembre 2011).

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión
al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más
nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales.
Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta
protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

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