jueves, 24 de noviembre de 2016

LAS DOS CONVERSIONES MÁS PRODIGIOSAS MEDIANTE LA MEDALLA MILAGROSA


La Medalla Milagrosa es un reconocido instrumento de conversión y hay dos casos emblemáticos que muestran toda su potencia.
Uno es el caso de Alfonso de Ratisbone, judío, banquero exitoso, libertino y ateo, que llegó a tener una aparición de la Virgen – aprobada por la Iglesia – y se ordenó sacerdote.
El otro caso es el del Padre John Hardon, que tiene abierta la causa de beatificación, y que de ser un escéptico a la medalla pasó a proclamar que el milagro que él presenció le cambió la vida y su sacerdocio.
Leer más sobre la Medalla Milagrosa aquí:
LA CONVERSIÓN PRODIGIOSA DE ALFONSO DE RATISBONE
Alfonso Ratisbone era abogado y banquero de 27 años, muy rico, judío pero libertino. 
Tenía gran odio hacia los católicos porque su hermano Teodoro se había convertido y ordenado sacerdote.
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Quien tenía como insignia la medalla milagrosa y luchaba por la conversión de los judíos.
Alfonso pensaba casarse poco después con una hija de su hermano mayor, Flora, diez años menor que el.
Cuando en enero de 1842, haciendo un viaje de turismo a Nápoles y Malta, por una equivocación de trenes llego a Roma.
Aquí se creyó en la obligación de visitar a un amigo de la familia, el barón Teodoro de Bussiere, protestante convertido al catolicismo, hombre devoto y consciente de su responsabilidad de evangelizar.
El barón le recibió con toda cordialidad y se ofreció a enseñarle Roma. En una reunión donde Ratisbone hablaba horrores de los católicos.
EL DESAFÍO A RATISBONE
El Barón no se dio por vencido y desafió a Ratisbonne a someterse a una simple prueba sobre la eficacia de la medalla. Debía llevarla y rezar el Memorare todos los días.
El barón lo escuchó con mucha paciencia y al final le dijo:
-Ya que usted está tan seguro de si, prométame llevar consigo lo que le voy a dar
-¿Que cosa?
-Esta medalla.
Alfonso la rechazó indignado y el barón replicó:
-Según sus ideas, el aceptarla le debía dejar a usted indiferente. En cambio a mi me causaría satisfacción.
Se echó a reír y se la puso comentando que él no era terco y que era un episodio divertido.
El barón se la puso al cuello y le hizo rezar el Memorare. Era la “Medalla Milagrosa”.

Alfonso sintió bullir dentro de sí toda su animosidad, todo su resentimiento contra el proselitismo y contra todos los que él llamaba hipócritas y apóstatas.
Para encerrar el tema y sin dar mayor importancia a la cosa, le prometió a Teodoro rezar la oración: “Aunque no me beneficie, por lo menos no me perjudicará”, comentó Alfonso.
El barón pidió oraciones a varias personas entre ellas al conde La Ferronays quien le dijo:
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“si le ha puesto la medalla milagrosa y le ha hecho rezar el Memorare, seguro que se convierte”.
El conde murió de repente dos días después. Se supo que durante esos dos días había ido a la basílica de Santa María la Mayor a rezar cien Memorares por la conversión de Ratisbone.
Por la Plaza España se encuentra el barón Teodoro de Bussiere con Ratisbone en su último día en Roma y este le invita a pasear.
Pero antes tenía que pasar por la Iglesia de San Andrea delle Fratte a arreglar lo del funeral del conde. Ratisbone le acompaña a la Iglesia.
LA APARICIÓN DE LA VIRGEN A ALFONSO DE RATISBONE 
Los dos entraron en la iglesia y Ratisbone se quedó mirando las obras de arte mientras su amigo estaba en la rectoría.
Y comenzó a deambular por el corredor lateral hasta el altar derecho de la iglesia.
De repente, todo el edificio sagrado desaparece de sus ojos.
La capilla simétrica, del lado izquierdo, el altar dedicado a San Miguel Arcángel se llenó de luz con una albura resplandeciente.
Al centro él ve, de pie, una Mujer admirable, grande, brillante, llena de majestad y de dulzura, semejante a la Virgen de la Medalla que llevaba al cuello.
Una fuerza irresistible lo atrae hacia Ella. Ningún recuerdo le queda de aquel trayecto imposible recorrido en un instante.
Está ante una presencia inefable.
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Ella se mueve, se inclina, le hace con la mano una señal para que se arrodille, y con otra señal le expresa claramente: “¡No te resistas!”.
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Él se prosterna delante de Ella en la completa obediencia de su ser totalmente conmovido.
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La mano parece decirle: “Así está bien”.
Con el espíritu subyugado por el respeto, toca con la frente el suelo.
Pero temeroso de perder esta belleza celestial, levanta la cabeza para admirarla una vez más.
Sin embargo, el fulgor es tan grande, y la veneración que siente tan pungente, tan pavoroso es el sentimiento del pecado en que vivió hasta ahora, que, aplastado, no osa más levantar los ojos hacia esta pureza.
Apenas se permite contemplar aquellas manos benditas, donde lee claramente la expresión de perdón y de misericordia.
La enormidad del pecado (del que adquiere súbitamente conciencia), le inspira vergüenza y horror indescriptibles. Sus lágrimas corren.
En un solo instante, sin preparación, sin catecismo, sin discusiones, sin argucias, por una clara visión milagrosa, acaba de conocer la magnificencia de la Iglesia Católica.
“Ella no dijo nada, pero yo comprendí todo”, observa Ratisbone.
El brillo se extingue, Nuestra Señora desaparece, la capilla lateral retoma su aspecto semi-oscuro.
Al fondo se nota un cuadro ennegrecido representando al Ángel que apareció al joven israelita del cual Ratisbone lleva su nombre: Tobías.
He aquí su testimonio de lo que Ratisbone entonces sucedió:
“a los pocos momentos de encontrarme en la Iglesia, me sentí dominado por una turbación inexplicable.
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Levanté los ojos y me pareció que todo el edificio desaparecía de mi vista.
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Una de las capillas (la de San Miguel) había concentrado toda la luz, y en medio de aquel esplendor apareció sobre el altar, radiante y llena de majestad y de dulzura, la Virgen Santísima tal y como esta grabada en la medalla.
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Una fuerza irresistible me impulsó hacia la capilla.
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Entonces la Virgen me hizo una seña con la mano como indicándome que me arrodillara…
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La Virgen no me habló pero lo he comprendido todo”.
ENTRA A LA IGLESIA CATÓLICA Y SE HACE SACERDOTE
Cuando el barón regresó de la rectoría se encontró a su amigo orando de rodillas con gran fervor frente al altar de San Miguel, con las manos juntas y besando la medalla.
Ratisbone entonces le dijo que deseaba confesarse y prepararse para entrar en la Iglesia.
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El 31 de enero recibió el bautismo, la confirmación y la comunión de manos del Cardenal Patrizi en la Iglesia del Gesu en Roma.
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Por orden del Papa, se inicia un proceso canónico, y fue declarado “verdadero milagro”.
La conversión de Ratisbone fue muy famosa y tuvo gran impacto en una cultura muy influenciada por el racionalismo, que rechaza las realidades espirituales.
En 1847 Alfonso Ratisbonne fue ordenado sacerdote jesuita y destinado a París.
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donde estuvo ayudando a su hermano Teodoro en los catecumenados para la conversión de los judíos.
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Su hermano inspirado por su conversión fundó la congregación de “Nuestra Señora del Sión”, con sede en Israel, cuyo carisma es la evangelización del pueblo judío (Romanos 11, 25-26).
Después de haber sido por 10 años Jesuita, con permiso sale de la orden y funda en 1848 las religiosas y las misioneras de Nuestra Señora de Sión.
En solo los diez primeros años Ratisbone consiguió la conversión de 200 judíos y 32 protestantes.
Trabajó lo indecible en Tierra Santa, logrando comprar el antiguo pretorio de Pilato, que convirtió en convento e Iglesia de las religiosas.
También consiguió que estas religiosas fundasen un hospicio en Ain-Karim, donde murió santamente en 1884 a los 70 años.
El San Miguel del altar del milagro en San Adreas de Fratte ha sido remplazado por una gran pintura de la Virgen según Ratisbonne la describió.
San Miguel fue movido a otro lugar de la misma iglesia. El Papa Juan Pablo II visitó y oró en el altar de la aparición.
LA CONVERSIÓN DEL ESCÉPTICO PADRE JOHN HARDON GRACIAS A UN MILAGRO
El padre John A. Hardon, jesuita, no se cansa de repetir un milagro que le cambió la vida.
Él era escéptico respecto a la Medalla Milagrosa cuando un sacerdote vicentino le fue a dar una charla a los jesuitas recién ordenados.
No le prestó demasiada atención, pero un año después, trabajando en un hospital, se le ocurrió probarla, ¡y la medalla Milagrosa funcionó!  
El Padre Hardon falleció en el 2000. Le fue concedido el título de Siervo de Dios y se iniciaron los trámites para su beatificación
El padre Hardon dice:
Una de las experiencias más memorables que he tenido fue con la Medalla Milagrosa. Me cambió la vida.
En el otoño de 1948, un año después de mi ordenación, yo estaba en lo que llamamos la Tercera Prueba. Este es el tercer año de noviciado antes de tomar los votos perpetuos.
LA CHARLA DEL SACERDOTE VICENTINO
Nos animó a obtener facilidades, como se les llama, para inscribir a las personas en la Cofradía de la Medalla Milagrosa.
Entre otras cosas, dijo:
“Padres, las Medalla Milagrosa funciona. Muchos milagros han sido realizadas por la Virgen a través de la Medalla Milagrosa.”
No me quedé impresionado por lo que el sacerdote vicentino estaba diciendo. No soy el tipo de persona que usa medallas y ciertamente no tenía la Medalla Milagrosa.
Pero me dije a mí mismo: “No cuesta nada.”
Así que puse mi nombre para conseguir un folleto de cuatro páginas de los Padres Paúles, con la fórmula para bendecir las Medallas Milagrosa y reclutar personas para la Cofradía de la Medalla Milagrosa.
Unas dos semanas más tarde, recibí el folleto con la consagración y el enrolamiento, lo puse en mi agenda y me olvidé de él.
EN EL HOSPITAL UN AÑO DESPUÉS
En febrero del siguiente año, fui enviado para ayudar al capellán del Hospital de San Alejo, en Cleveland, Ohio.
Yo iba a estar allí para ayudar al capellán regular durante dos semanas.
Cada mañana yo recibía una lista de todos los pacientes ingresados en el hospital ese día. Había tantos católicos admitidos que no podía visitar a todos tan pronto llegaran.
Entre los pacientes ingresados había de un niño de unos nueve años de edad.
Había andado en trineo a caballo cuesta abajo, perdió el control del trineo y se encontró con un árbol de frente. Se fracturó el cráneo y los rayos X mostraron que había sufrido graves daños cerebrales.
EN LA HABITACIÓN DEL NIÑO ENFERMO
Cuando por fin llegué a visitar su habitación en el hospital, él había estado en coma durante diez días, no hablaba, no había movimientos voluntarios del cuerpo.
Su estado era tal que la única duda era si iba a vivir. No había duda del diagnóstico de daño cerebral permanente e inoperable.
Después de bendecir al niño y consolar a sus padres, yo estaba a punto de salir de su habitación en el hospital. Pero entonces, un pensamiento vino a mi mente:
“Ese sacerdote vicentino. Él dijo: ‘la Medalla Milagrosa funciona’.
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¡Esta será una prueba de sus supuestos poderes milagrosos!”
Yo no tenía la Medalla Milagrosa conmigo. Y a todo el mundo que pregunté en el hospital tampoco tenía una.
Pero yo insistí, y, finalmente, una de las hermanas de enfermería en el turno de noche encontró una Medalla Milagrosa.
Lo que descubrí fue que no se necesita bendecir la medalla, hay que ponerla en el cuello de una persona en una cadena o cinta.
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Así que la hermana enfermera encontró una cinta azul para la medalla, que me hizo sentir tonto.
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¿Qué estaba haciendo con las medallas y las cintas azules?
LE PONE LA MEDALLA AL NIÑO, LO CONSAGRA Y SE CURA
Sin embargo, yo bendije la medalla y tenía el folleto que me había enviado el padre para la consagración de una persona a la Cofradía de la Medalla Milagrosa.
Me puse a recitar las palabras de la consagración.
Tan pronto como terminé la oración para inscribir al niño en la Cofradía, él abrió los ojos por primer vez en dos semanas.
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Vio a su madre y le dijo: “Mamá, quiero un helado.” Le habían dado sólo la alimentación intravenosa.
Luego procedió a hablar con su padre y su madre. Después de unos minutos de estupefacto silencio, fue llamado un médico.
El médico examina al niño y dice a los padres que le pueden dar algo de comer.
Al día siguiente comenzaron una serie de ensayos sobre la condición del niño.
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Los rayos X mostraron que el daño cerebral se había ido.
Luego aún más pruebas. Después de tres días, cuando todos los exámenes mostraron que hubo una restauración completa de la salud, el niño fue dado de alta del hospital.
ESTA EXPERIENCIA CAMBIÓ SU VIDA
Esta experiencia ha cambiado mucho mi vida, no he sido el mismo desde entonces.
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Mi fe en Dios, y en su poder para hacer milagros, se fortaleció indescriptiblemente.
Desde entonces, por supuesto, he estado promoviendo la devoción a la Virgen y el uso de la Medalla Milagrosa.
Las maravillas que realiza, siempre que creamos, son extraordinarias.
En la enseñanza de teología a través de los años, he dado muchos semestres sobre la teología de los milagros.
Y tengo un manuscrito de un libro no publicado: “La Historia y Teología de los Milagros”. Mi esperanza es publicar el manuscrito en un futuro próximo.
BIOGRAFÍA DEL SIERVO DE DIOS PADRE HARDON
John Anthony Hardon nació el 18 de junio 1914 en Midland, Michigan, EE.UU., en una familia católica devota. Cuando Hardon fue tan sólo un año de edad, su padre Juan, edad 27 años, murió en un accidente.
Su madre asistió a la misa diaria y tomado la Santa Comunión durante toda su vida.
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Su casa de la infancia tenía imágenes sagradas, una pila de agua bendita de la familia, y una buena parte de la conversación era espiritual. 
John Anthony recibió el sacramento de la Santa Comunión a los seis años. Comentado en este evento, y su impacto sobre su vocación, en su Autobiografía Espiritual dijo:
“El acontecimiento más notable de mi infancia fue mi recepción de la Primera Comunión a la edad de seis años. 
Sor Benedicta, un miembro de las Hermanas de Notre Dame, que nos preparaba para nuestra primera santa comunión, nos dijo:
‘Todo lo que pidáis a nuestro Señor en el día de la primera comunión, lo recibirán.’. 
Cuando regresé a mi banco después de la comunión, inmediatamente le pedí a nuestro Señor, ‘Hazme sacerdote’. 
No tenía la menor idea de lo que estaba diciendo, pero nunca me olvidé de lo que la hermana nos había dicho que hicieramos. 
Cuando fui ordenado veintiséis años más tarde, mi primer sentimiento fue agradecer a nuestro Señor por escuchar mis oraciones”.
En sus primeros dos años en la Universidad John Carroll, Hardon cursó estudios en ciencia, con la intención de convertirse en médico.
Sin embargo, bajo la guía de su asesor sacerdotal, Hardon comenzó, en su tercer año de estudios, a discernir con mayor claridad su propia llamada al sacerdocio.
Mientras se movía interiormente hacia la vocación sacerdotal, Hardon cambió su curso de estudios para incluir latín, filosofía y teología en la universidad.
Hardon fue atraído a la vida religiosa, a través del ejemplo de sus maestros jesuitas, y comenzó a leer la vida de San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Luis Gonzaga.
Tanto el rigor académico de la Compañía de Jesús, y su fidelidad especial al Santo Padre, atrajo a Hardon a los jesuitas.
Obtuvo su Licenciatura en Artes de la Universidad John Carroll en 1936, y entró en el noviciado de los jesuitas en ese mismo año.
Durante sus años de formación con los jesuitas que obtuvo una maestría en filosofía en la Universidad de Loyola en Chicago en 1941.
Fue ordenado sacerdote el 18 de junio de 1947, su 33 cumpleaños.
Después de su ordenación, el P. Hardon fue enviado por dos años de estudios de doctorado especiales en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Hardon fue nombrado director de la biblioteca de posgrado también.
Padre Hardon recibió su Doctorado en Sagrada Teología (STD) por la Universidad Gregoriana de 1951.
A lo largo de su vida, el Padre Hardon fue un confesor y director espiritual, ofreciendo consejo con incansable generosidad a aquellos que buscaban con generosidad incansable.
Se convirtió en el vicepresidente del Instituto de Vida Religiosa, y director de innumerables retiros para sacerdotes y religiosos. 
También se desempeñó como Presidente de la Junta de Catholic Voice of America, Inc.
El énfasis de Hardon fue sobre la importancia de la oración. Como señaló,
“Dudo si hay algún elemento en la relación del hombre con Dios, que sea más importante que la oración.”
El Padre John Hardon pasó a la eternidad el 30 de diciembre de 2000, en la Casa de los jesuitas Columbiere en Clarkston, Michigan.


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