martes, 31 de octubre de 2017

ESTE PSIQUIATRA HA VISTO MÁS POSESOS REALES QUE CASI CUALQUIER EXORCISTA: UNOS CIEN EN 25 AÑOS


El doctor Richard Gallagher recibe miles de consultas de exorcistas de todo EEUU.

Desde hace 25 años, numerosos exorcistas remiten sus casos al doctor Gallagher - cien casos eran de posesión real.

Un exorcista diocesano puede recibir bastantes visitas de personas preocupadas, llegadas de distintos sitios de su diócesis, pero casi ningún caso es una verdadera posesión demoníaca, aunque los casos de opresión demoníaca (menos grave) son más frecuentes. Un exorcista, en muchos años, puede ver un puñado de casos de verdaderos posesos.

En cambio, en 25 años como psiquiatra asesor de exorcistas, el doctor Richard Gallagher, en Nueva York, ha recibido a varios miles de pacientes, remitidos desde numerosas diócesis, por multitud de exorcistas, novatos o veteranos, y dice que de esos miles de casos unos cien estaban "completamente" poseídos, además de los más numerosos casos de opresión.

EN EL SIGLO XXI, EXORCISTAS EN RED

Es una novedad del siglo XXI: exorcistas que trabajan en red, con más facilidad para enviar los casos a un psiquiatra que los centraliza y adquiere "mucho oficio". Esto antes no sucedía, cada exorcista (excepto algunos más notorios) apenas conocía algún caso y sus asistentes y consultores psiquiatras trataban el asunto solo de vez en cuando.

En Estados Unidos, según Gary Thomas, exorcista en la diócesis de Saratoga, hoy hay unos 125 exorcistas oficiales de la Iglesia Católica, muchos más que hace apenas 10 años. Y están mejor formados, muchos acuden al seminario anual en Roma de la Asociación Internacional de Exorcistas. A ese seminario acude cada año el doctor Gallagher. Es difícil encontrar un laico y psiquiatra que haya atendido más casos sobre este tema.

"YO NO ME APUNTÉ"

"Yo nunca me apunté a hacer esto", dice el doctor Gallagher en una entrevista en el National Catholic Register. "Simplemente hace unos 25 años, dos de los exorcistas más ocupados del país me pidieron ayudar en unos pocos casos. Nos hicimos amigos y otros sacerdotes empezaron a pedir mi opinión". 

Hoy no solo le consultan numerosos exorcistas católicos, sino que a veces también le contactan pastores protestantes. "Una mujer que examiné se había educado como luterana, así que fue a un ministro luterano. Cuando un diácono luterano dijo una oraciones sobre ella, el demonio se manifestó y ella agarró al sujeto y lo arrojó al otro lado de la habitación, aunque él tenía el doble de peso que ella". Fue en este punto cuando el marido de la mujer decidió llevarla al exorcista católico.

¿POSESIÓN O PROBLEMA PSÍQUICO? HAY QUE AVERIGUARLO

La pregunta clave es si una persona que experimenta síntomas está poseída, sufre de opresión demoníaca, o es solo un problema de salud mental. O ambas cosas, que también puede ser. Es malo diagnosticar una causa espiritual o demoníaca a lo que es solo un problema psíquico (a veces muy grave). También es malo considerar que es sólo psíquico lo que tiene un origen demoníaco.

El Ritual Romano de Exorcismos pide "extrema circunspección y prudencia" antes de realizar el rito completo de exorcismo y asegurarse con "certeza moral" que una persona está poseída. Otra cosa distinta, más sencilla, es realizar oraciones de liberación por una persona que pueda estar "sólo" sufriendo de opresión.

Solo un sacerdote o diácono católico, con permiso del obispo, puede realizar el rito de exorcismo a poseídos: en este rito se le habla al demonio, ordenándole, por el poder de Cristo, que se marche.

En cambio, en la oración de liberación, cualquier persona puede orar, dirigiéndose a Dios, la Virgen o los santos, pidiéndoles a ellos que actúen por la liberación de la persona oprimida. La Iglesia prohíbe a los laicos dirigirse al demonio, y los exorcistas solo lo pueden hacer durante los exorcismos y para expulsarlo.

CONSULTA PRIVADA Y EN DOS CENTROS UNIVERSITARIOS

Gallagher, de familia católica irlandesa, creyente desde niño, se formó como psiquiatra en Princeton y Yale, trabaja en su consulta privada del condado de Westchester y es facultativo en la Columbia University y el New York Medical College.

Después de 25 años, ya tiene mucha experiencia en un tema en el que pocos pueden decir eso.

Una y otra vez, dice, ha visto pacientes con una fuerza descomunal, conocimientos que no deberían tener, hablando lenguas que desconocían y con repugnancia visceral contra los objetos o lugares sagrados.

Gallagher ha estado presente en muchos exorcismos y ha visto a las personas que entran en trance, hablan con distintas voces y reaccionan ante el agua bendita con furia (pero no ante el agua normal).

Nunca ha visto levitar a nadie, aunque una mujer que se dedicaba a la bujería y lo sobrenatural, que él examinó, levitó ante siete testigos que se lo contaron a él, "incluyendo dos enfermeras y una monja". Esta mujer recibió 8 sesiones de exorcismos y se negó a  continuar con el tratamiento. Las cosas que ha visto, dice, no se pueden explicar desde la mera ciencia médica o psiquiátrica.

PARA LIBERARSE ES NECESARIO ACUDIR A DIOS

La liberación tampoco es fácil. "El exorcismo no es un proceso mágico, como cada exorcista experimentado dirá al paciente; está en un universo moral distinto al del curandero pagano. Los esfuerzos espirituales de la persona afectada son críticos para el proceso. Si no acuden ante Nuestro Señor, esos casos duran mucho tiempo y a veces nunca son liberados".

El proceso de liberación requiere un proceso de conversión, adoptar una vida cristiana, de sacramentos, de oración, de perdón de los enemigos, de renuncia al mal, etc... Sin eso, la liberación es difícil.

Gallagher ve continuamente gente que sufre, aunque sea "solo" de enfermedades mentales. Y ve también actuar al Maligno. Pero él no se asusta ni desanima. Se siente protegido. "He ayudado a muchas órdenes religiosas, así que muchos consagrados rezan por mí cada día. Me considero bendecido". También reza a San Miguel Arcángel. "Siento que estoy en el bando vencedor", afirma.


“SI NO ME CURAS JESÚS, SE LO DIRÉ A TU MADRE” (UN BELLO TESTIMONIO)

Lourdes 1928.  Se cuenta de este niño paralítico de 10 años que sus padres llevaron a Lourdes con la esperanza que fuera curado.  Su mamá lo anima contándole los milagros que se dan en Lourdes y el amor inmenso que nos tiene la Santísima Virgen María y cómo intercede por nosotros ante su hijo Jesús.
Por la tarde iban a bendecir a los enfermos con el Santísimo Sacramento que lleva el sacerdote. Llegan a tiempo y se colocan en su sitio para recibirla. El sacerdote imparte la bendición al niño enfermo. Y éste le dice a Jesús: “Si no me curas se lo diré a tu madre”.
El sacerdote continúa su camino. Al regresar se detiene de nuevo delante de este pequeño y le imparte nuevamente la bendición con el Santísimo Sacramento. Esta vez el niño, en voz alta, exclama: “Jesús, si no me curas se lo diré a tu madre”. Al instante quedó curado.
Hace muchos años leí esta bella historia y aun hoy cuando necesito un favor especial de nuestro Señor para alguna persona, acudo primero a su madre y le cuento lo que iré a pedirle a su hijo. Luego voy al oratorio donde está Jesús en el sagrario. Después de acompañarlo un rato y rezar, le hago mi petición.
Nunca he quedado defraudado.
María es una madre bondadosa, como todas las madres, pero ella, la llena de gracia, nos brinda bendiciones de su hijo Jesús.
Recuerdo de niño que cuando necesitaba algo de mi papá, acudía a mi mamá. Ella, por la noche le decía y al día siguiente obtenía lo que esperaba. Con María es igual. Su hijo nada le va a negar. Es como en la boda de Caná en que ambos asistieron. Me encanta esta historia por el increíble desenlace. A pesar de lo que su hijo le dice, ella intercede y ¡de qué manera!
¿No crees que hará lo mismo por ti?
“Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»”
(Jn 2, 1- 5)
Al final, ¿qué es lo importante? Como suele decirnos mi mamá: “Saber que no estamos solos. Tenemos una Madre en el cielo”.
Y, ¿qué nos dice nuestra madre del cielo? “Hagan lo que mi hijo les diga”.

HOMOSEXUAL Y CATÓLICO: “LA IGLESIA TIENE RAZÓN, CUANDO PIDE LA CASTIDAD”

La Iglesia tiene razón cuando pide la castidad. A nivel psicológico y humano antes que en el espiritual.
Tras mi último post sobre el pequeño Charlie y el caso del psicoanalista Ricci, rompo el silencio y vuelvo a hablar de heridas de la identidad y, por lo tanto, de homosexualidad cuyas heridas son un posible “síntoma”. (…) Son todavía muchos los que creen que viven situaciones similares a la mía y esperan saber que no están solos. Por eso, aquí estoy, nuevamente.
En estos dos años de encuentros y conferencias muchos me han pedido que escriba algo, un libro, un vademecum sobre el tema de la homosexualidad, que cuente mi experiencia para que sirva de guía para quien busca respuestas alternativas para sí mismo, o para ayudar a quien está cerca de quien vive una atracción por el mismo sexo, quizá también con propuestas pastorales. Probablemente tarde o temprano lo haré. Mientras tanto intento usar este blog para decir algunas cosas a nivel teórico, sin tener la pretensión de agotar todo el tema.
Antes de ir al grano, quisiera aclarar de una vez por todas en virtud de lo que puedo decir sobre estos temas. Dado que nadie, de cualquier manera, está obligado a escucharme.
La acusación que mis detractores me hacen a menudo es que no estoy cualificado para hablar de homosexualidad desde un punto de vista psicológico, ni de ningún otro punto de vista (a menos que sea para sostener el pensamiento dominante de “naciste así”, naturalmente).
Tal acusación se declina en dos casos:
  • Soy católico
  • No tengo una licenciatura en Psicología
Hoy quisiera detenerme en el primero: según mis detractores, al ser católico, mi posición sobre la homosexualidad depende de una visión dogmática impuesta por la Iglesia, que yo asumí como verdadera y a la que he buscado uniformarme pasivamente.
Pasando por alto el hecho que no existe una persona en el mundo que no lea la realidad según un sistema de valores de referencia, y el hecho que el mío sea el católico no significa que esto me vuelva más parcial de quien quizá tiene como referencia la ideología comunista, el capitalismo, la religión islámica, el racionalismo o quién sabe qué otra cosa. El verdadero problema, en cualquier caso, más que en el sistema de referencia, debería ser el motivo por el que se adopta y con qué actitud. En otras palabras: ¿es verdad que yo apoyo la posición de la Iglesia de manera dogmática, es decir, como un hecho indiscutible?
No. Para nada. Y mi historia da testimonio de eso.
En mi vida me he permitido experimentar cada aspecto de mi homosexualidad, desde los peores hasta los mejores, sin que mi fe y lo que me decían que era bueno (pero que en ciertos momentos me parecía inalcanzable), me detuviera en esta total puesta en discusión de lo que me habían enseñado.

En algunas épocas llegué a vivir a la luz del sol comportamientos abiertamente contrarios a lo que me pedía mi fe, a pesar de no renegar nunca de ella (y sin nunca tener la presunción de tener que ser “entendido” por la Iglesia, sólo porque no tenía la fuerza de responder a su propuesta, o de entenderla). He experimentado la vida gay, los locales, el sexo ocasional; pero también tuve relaciones “estables” (hasta donde se pueda llamar la estabilidad entre dos hombres con una relación de experiencia sexual), me enamoré, y asumí la responsabilidad de vivir una historia con una persona también a nivel sexual, aunque sabía que eso contrastaba con lo que pedía mi fe.
Viví la dependencia sexual y afectiva; pero también tuve la gracia de amar tanto a un hermano como para dejarlo ir, en el momento en que me di cuenta que era por su bien; odié mi orientación sexual hasta desear con todo mi corazón cambiarlo, y luego acogí mi atracción homosexual como parte de mi historia, hasta oponerme a cualquier cambio, incluso cuando me enamoré de una mujer; para llegar a hoy que entiendo que “el cambio” ni se persigue ni se obstaculiza, puesto que no es el centro de la cuestión.
Viví lo peor y lo mejor. Y todo sin dar por sentado nada. Me pregunté y pregunté a cientos y quizá miles de personas, sobre cómo vivían, sobre su historia, sobre cuán felices eran, yéndome a la cama con ellos o no. Hice (casi) todo tipo de práctica que antes me parecía impracticable; fui usado y usé a muchas personas; toqué fondo y resurgí, muchas veces. Y si bien no estoy orgulloso de muchas bajezas que hice, no reniego de ellas, pues cada una de ellas fue un paso para un camino auténtico en la búsqueda de mí mismo y de ese hombre que Dios tenía en mente cuando me creó.
Si por un lado es verdad que nunca dejé de creer que existía Dios, por otro muchas veces dudé del hecho que Él estuviera interesado en mí y me amara. Y cuando esto me pareció claro, nunca dejé de buscar un camino para vivir todo lo que era, fragilidades incluidas, con Él, más allá de las respuestas simplistas que a veces daban los curas y que no respondían a la totalidad de mis preguntas, a menudo castrantes.
Por eso, a la luz de todo esto, no se me puede decir que mi visión de las cosas sea dogmática.
Si el día de hoy digo esto, es sólo porque de cada una de estas experiencias, incluso las peores, aprendí algo que me mostraba una verdad irreprimible en el fondo de nosotros, que es la misma que defiende la Iglesia desde siempre: nuestra naturaleza no está definida por nuestros deseos, sino por nuestro cuerpo masculino y femenino, en términos biológicos, y en términos espirituales por nuestro ser hijos de Dios por el Espíritu Santo que este cuerpo lo habita.
Y si nuestro cuerpo, nuestra carne, dice una verdad sobre nosotros, definiéndonos como hombres o mujeres, dice también de manera evidente que dos personas del mismo sexo no están hechos para tener relaciones sexuales entre sí (eso no impide que se amen, si por amor entendemos la manera como Cristo nos ama: “dando la vida por sus amigos”).
Por lo tanto, sí, soy católico, pero para apoyar lo que dice mi Iglesia, he debido antes ponerlo en discusión radicalmente, para llegar luego a descubrir su bondad. Por favor, no digo que esta sea la mejor manera de hacerlo: no siempre tienes que intentar todo para saber qué está mal. Por el contrario, si aprendiéramos a confiar en la experiencia de quien ha vivido ciertas cosas, nos ahorraríamos muchos problemas. Digo sólo que en mi caso mi enfoque estuvo lejos de ser teórico, o basado en una fe ciega. Y de esto, para bien y para mal, tengo huellas en mí.
En una época en que, más que en ninguna otra, estamos llamados a dar razón de lo que creemos, yo he buscado esas razones humanas que soportaran lo que se me decía por la fe: que tener relaciones sexuales con otro hombre no me haría bien. De paso, esto es también lo que invitaría a hacer a quien se preocupa de una pastoral para quien tiene heridas de identidad: antes de soltar las armas frente al pensamiento dominante, como muchos sacerdotes y obispos están haciendo (en buena o mala fe), verificar si no existen respuestas humanas que den razón a lo que la Iglesia propone y dice sobre este argumento.
Porque las respuestas, hermanos míos, existen. Y si existen, quiere decir que no las hemos buscado lo suficiente.
Si hay algo que he aprendido, de hecho, es que todo lo que creemos a nivel espiritual, como cristianos, hunde sus raíces antes en nuestra humanidad. No existe fe en el mundo como el catolicismo que respete más la naturaleza humana en su integridad. Y esta correspondencia no se contradice cuando enfrentamos cosas desde el punto de vista científico (si hablamos de la verdadera ciencia: la que intenta entender la realidad, y no doblegarla a priori a sus teorías y especulaciones ideológicas).
En el fondo ¿cómo podría se de otra manera? ¿Podía un Dios que ha tomado completamente nuestra naturaleza humana contradecir su propia voluntad y el orden que Él mismo había creado? Y si todo lo que es cristiano es también profundamente humano, entonces todo lo que creemos que es bueno para la vida, debe tener en realidad, antes de una razón espiritual, una motivación humana y terrenal, que sea reconocible a nivel racional por cualquier hombre intelectualmente honesto, independientemente de su fe.
Y en esto la homosexualidad no es una excepción.
En un determinado momento de mi camino, de hecho, me fue dada la gracia de descubrir algunos elementos teóricos y científicos que soportaban de manera sólida lo que yo había comprobado en mi experiencia personal y en la de todos los hombres con quien me había topado: que la homosexualidad no es inmutable, tiene razones, y debe comprendida por todos los comportamientos que se le relacionan y que impiden tener una vida plenamente libre, más allá de los estrictamente sexuales. Esos estudios son, además, los únicos coherentes con la visión y la petición de la Iglesia.
Me refiero a la así llamada Teoría Reparativa, de la que quizá hablaré más específicamente en otra ocasión y de la cual el fallecido Joseph Nicolosi era uno de los padres.
¿Y sabes qué he descubierto una vez más? Que la Iglesia tiene razón, cuando pide la castidad, a quien tiene heridas en la identidad como todos. Tiene razón a nivel psicológico y humano antes que en el espiritual.
Tiene razón, aunque ni ella misma sabe el porqué.
Y lo desconoce tanto, que sus pastores han empezado a dudar del beneficio efectivo que una vida vivida según el Evangelio pudiera traer. Mientras que los demás buscaban justificaciones “científicas” o pseudo tales para vivir según los propios deseos de manera indiscriminada, la Iglesia no se preocupaba por entender por qué es realmente bueno para el ser humano hacerlo de otra manera, quizá por nostalgia de un mundo en que se hacían menos preguntas.
Por este motivo hoy quien cita el Catecismo sobre el tema de la homosexualidad es acusado de dogmatismo. Porque cuando se pregunta el porqué es bueno para una persona con tendencias homosexuales no escuchar lo que para ella parece un deseo instintivo de amor, la respuesta que más fácilmente se obtiene puede resumirse más o menos en un “porque sí”.
A mí el “porque sí”, como católico, nunca me ha bastado. Y es por eso que, como católico, me reservo el derecho de hablar.
El único “vicio” que me reconozco en este camino, es el de haber confiado en el hecho que un bien debía buscarse. Muchos frente al “porque sí”, simplemente eligieron no fiarse más de quien los guiaba y su buena fe y se fueron a otras partes.

Si no te fías del hecho que quien te ama está buscando decirte algo por tu bien, entonces no buscarás ni siquiera entender las razones que él no sabe explicarte.
Por eso, sí, soy católico y hablo como católico. Sin embargo, mi ser católico está en la libertad y no se somete a su Iglesia, sino que establece una relación de filiación que prevé también el conflicto, pero que no permite que ese conflicto ponga en duda el amor, y en virtud de ese amor busca comprender a esa Iglesia que lo ama y que ama.
Soy libremente católico, ortodoxo, pero no dogmático, fiel a lo que Dios me da, pecador según mi naturaleza. Y por eso me siento libre de hablar y dar testimonio de que lo que comprobado, incluso a quien no me considera creíble para hacerlo.
Respecto a la segunda acusación que se me dirige: yo no tengo una licenciatura en psicología, ni hablaré en un segundo momento. Quería sólo hacerles saber que he vuelto y volveré a hablar, donde quiera que se me de la oportunidad.
A quien cree y a quien no, no dejen de buscar la Verdad.
Ustedes son maravillosos.
P.D.
Quien quiera contactarme para encuentros u otra cosa, por el momento estoy en el Veneto (Italia) y debe calcular la distancia. Después de siete años dejé mi Milán, ciudad extraordinaria que he querido mucho, y me cambié a Verona (por cuánto tiempo aún no lo se), siguiendo un impulso que espero que sea de Dios. Era por eso que hace meses había pedido oraciones. Gracias a quien me ha escuchado. Sigan rezando, para que yo entienda lo que se me pide y tenga la fuerza para hacerlo. Lo necesito, incesantemente.

DÍA DE MUERTOS: ARZOBISPO MEXICANO PIDE NO DEJARSE ENGAÑAR POR FALSOS SACERDOTES

CIUDAD DE MÉXICO, 30 Oct. 17 / 02:02 pm (ACI).- El Arzobispo de Puebla en México, Mons. Víctor Sánchez Espinosa, pidió a los fieles católicos no dejarse engañar por falsos sacerdotes en estos días en que la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y la Conmemoración de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).
Según señala El Sol de Puebla, el Prelado afirmó que “en estas fechas es cuando, precisamente, resultan algunos que engañan a los fieles, porque van a los panteones y yo siempre recomiendo a los fieles que busquen a los sacerdotes, que ya los conocen”.
El diario mexicano informó que el Arzobispo alertó a los fieles, aunque precisó que hasta el momento la Arquidiócesis que lidera no ha recibido denuncias al respecto.
Mons. Sánchez explicó que todos los sacerdotes tienen una credencial de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) que están obligados a mostrar en caso de que algún fiel la solicite, así como la licencia ministerial.
El Prelado dijo que el 2 de noviembre, Conmemoración de los Fieles Difuntos o Día de Muertos, se abrirá en la Catedral de Puebla la Cripta de los Obispos y los visitantes podrán entrar a la Capilla de las Santas Reliquias.
El Arzobispo explicó que la visita a este lugar puede hacer que un fiel obtenga una indulgencia, para lo cual se requiere estar confesado, comulgar; y en este caso rezar tres padrenuestros, tres avemarías, el Credo y una oración por las intenciones del Papa.
El 2 de noviembre es la única fecha en todo el año en la que se abre la cripta y el horario de visita es de 9:00 a.m. a 5:00 p.m.
“Ojalá puedan visitar estas capillas de las reliquias, porque hay relicarios bellísimos. Está la reliquia de Don Juan de Palafox y Mendoza, nuestro noveno obispo, hay muchas reliquias de santos y que nos han llegado de muchos lados”, alentó el Arzobispo.


10 RAZONES PARA AMAR Y HONRAR A LA VIRGEN MARÍA


REDACCIÓN CENTRAL, 28 Oct. 17 / 06:15 pm (ACI).- La Virgen María estuvo presente en la encarnación, nacimiento, primer milagro, pasión y muerte de Jesucristo, recibió con los apóstoles al Espíritu Santo en Pentecostés, y hoy sigue participando de la historia de la salvación llevando a todos los fieles a su Hijo.
El National Catholic Register propone 10 razones para crecer en el amor a la Madre de Dios, porque mientras más se recurra a ella, más podrá ayudar al ser humano en su camino al cielo.
1. AMAR A MARÍA ES AGRADABLE A DIOS
No se puede superar a Dios. Nadie ha amado y honrado a María más de lo que Dios lo hizo. Dios Padre la eligió para ser la Madre de su Hijo único; ella es la esposa del Espíritu Santo y la madre del Hijo unigénito de Dios.
2. ES EJEMPLO DE HUMILDAD
“Como la más humilde sierva del Señor que está ‘llena de gracia’ María era el instrumento perfecto de Dios, porque ella no era otra cosa que su instrumento”, dijo el escritor católico y místico, Thomas Merton.
3. ES UNA MANERA DE IMITAR A JESÚS
Jesús sigue el Cuarto Mandamiento y honra a su madre. Por lo tanto, todo hijo de Dios debe hacer lo mismo.
4. ES UNA FORMA DE IMITAR A LOS SANTOS
No hay santo que no amara ni honrara a María. Muchos de ellos raramente no tenían un Rosario a la mano.
5. MARÍA ES LA INTERCESORA POR EXCELENCIA
Jesús realizó su primer milagro público porque su madre intercedió. Cristo dijo que todavía no era su hora, pero su Madre le pidió ayuda. La Biblia es clara: María influye en su Hijo.
6. ES BÍBLICO INCLUIR A MARÍA
La Santísima Madre fue parte de la encarnación, nacimiento, primer milagro, pasión y muerte de Jesús y recibió al Espíritu Santo junto a los apóstoles. Se cree que estuvo presente durante la Ascensión de Nuestro Señor. Jesús y María van juntos.
7. ES HISTÓRICO
Durante los tiempos del Antiguo Testamento, era a la Reina, la madre del rey en aquellos días, a quien la gente acudía con sus peticiones. La mejor oportunidad de obtener una buena respuesta del rey era la petición de su madre. Así fue como se hizo durante el tiempo del Rey David, y Jesús desciende de la Casa de David.
8. DIOS CONTINÚA DÁNDONOS A SU MADRE
Una multitud de apariciones marianas aprobadas por la Iglesia muestra que Dios continúa enviando a su madre para que nos ayude. Por ejemplo, en Fátima, hace 100 años, el 13 de octubre, hubo 70.000 personas que presenciaron el denominado “Milagro del sol”, en el que la Virgen María se aparece a los pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía. Su mensaje para nosotros es orar y hacer reparación por los pecados de los hombres.
9. EL ROSARIO ES UN ARMA PODEROSA
El Padre Pío y muchos santos lo llamaron un arma contra el mal y lo rezaron continuamente. Hay muchas historias de milagros documentadas e historias personales atribuidas al rezo del Rosario.
10. MARÍA ES JUSTA
Nadie podría argumentar que ella no es la más justa, por ello, la Biblia da fe del poder de sus oraciones.

“La oración del justo tiene gran poder en su efecto” (Santiago 5:16) y “Dios oirá las oraciones de los justos” (Prov. 15:20). 

13 COSAS QUE TAL VEZ NO SABÍAS DEL DIABLO Y SUS DEMONIOS, SEGÚN EXORCISTA FORTEA


REDACCIÓN CENTRAL, 30 Oct. 15 / 07:03 pm (ACI).- El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.
1.- EL ENEMIGO TIENE VARIOS NOMBRES
En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.
Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.
2.- LA GRAN PRUEBA
Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.
“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.
3.- LA BATALLA EN EL CIELO FUE INTELECTUAL
Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.
“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.
4.- LA RAZÓN DE SU REBELDÍA
Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.
Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.
5.- SON SERES ESPIRITUALES
“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.
En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.
6.- ENTRE LOS DEMONIOS TAMBIÉN HAY TIEMPO
Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.
El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.
7.- SUFREN AL CONSIDERAR A DIOS
Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.
Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.
8.- NO CONOCEN EL FUTURO, NI PUEDEN LEER LOS PENSAMIENTOS
Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.
“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.
Santo Domingo de Guzmán y los demonios que expulsó con el Rosario de la Virgen http://t.co/IcwYnYcdWn
— ACI Prensa (@aciprensa) octubre 8, 2015
9.- CUIDADO CON LAS TENTACIONES
“El demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado”, sostiene el sacerdote.
De igual manera puntualiza que “si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.
10.- ODIAN MÁS A LOS ASCETAS
El exorcista Fortea afirma con seguridad que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud).
“El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios... El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.
11.- EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ PARA LOS DEMONIOS
El presbítero describe que “todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo”. No obstante, ellos no podían imaginar que era la mayor victoria del Reino de los Cielos que los dejó “sin habla” con la Resurrección.
“Dios Padre no había perdonado la Pasión ni a su mismo Hijo… La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos”.
“Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.
12.- LOS OBJETOS QUE ATORMENTAN A LOS DEMONIOS
“La Iglesia con el poder que ha recibido de Cristo puede unir un efecto espiritual a un objeto”, explica el P. Fortea. Cuenta que en una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendijo el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor.
“Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menos”.
Otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos y la cruz. Asimismo, las imágenes religiosas también los atormentan, más si están bendecidas, y con mayor fuerza “si en la bendición expresamente se pidió a Dios que repelieran a los demonios”.
13.- NO ES EL 666
El exorcista afirma que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto”, señala.
“También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.