viernes, 18 de noviembre de 2016

HISTORIAS MILAGROSAS DEL ESCAPULARIO CARMELITA


La Virgen entregó a San Simón Stock, General de los Carmelitas, el escapulario carmelita en 1251 y le dijo: “Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno”; es decir, quien muera con él, se salvará. 

Y luego, la Santísima Virgen se apareció al Papa Juan XXII en el siglo XIV y le prometió para quienes cumplieran los requisitos de esta devoción que “como Madre de Misericordia con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, (…) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza”.

EL ESCAPULARIO VINCULADO A FÁTIMA
En 1917, la Virgen pidió cinco cosas en Fátima:
1 – La consagración a su Corazón Inmaculado
2 – Recepción de la Sagrada Comunión los primeros sábados durante cinco meses consecutivos
3 – El ofrecimiento de sacrificios diarios para la conversión de los pecadores
4 – Rezar las cinco décadas del Rosario cada día
5 – El uso del escapulario del Carmen como el signo de nuestra consagración a María. Para este último pedido la Virgen no utilizó palabras, llevó puesto el Escapulario en su última aparición en Fátima.
La Hermana Lucía explicó que la Virgen lo hizo porque “Ella quiere que todos los usen”.
Lucía dijo además: “El Rosario y el Escapulario son inseparables” y la razón para llevar el Escapulario es porque es nuestro “signo de consagración al Inmaculado Corazón de María”.

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Acá traemos varias historias sobre las gracias del uso del  Escapulario y tres más largas. Estas historias te darán una breve idea de cómo la Mater mantiene su promesa.

VARIAS HISTORIAS CORTAS
Cuenta un sacerdote que un día en un pueblo cerca de Chicago, lo llamaron a la cabecera de un hombre alejado de los Sacramentos durante muchos años.

“No quería verme, ni hablar. Entonces le pregunté si quería el pequeño escapulario que sostenía: ‘¿Quieres llevar esto si lo pongo en?’, Le pregunté nada más. Él accedió a llevarlo. Luego de una hora él quería ir a confesarse y hacer las paces con Dios. No me sorprende, porque por más de 700 años la Virgen ha estado trabajando a través de su escapulario”.

 El mismo día en que la Virgen le dio el escapulario a San Simón Stock, fue llamado a toda prisa por el Señor Pedro de Linton: “Ven pronto padre, mi hermano se está muriendo y en desesperación”

San Simón Stock colocó su gran Escapulario sobre el moribundo, se arrepintió inmediatamente y murió un amigo de Dios.

Esa noche, el hombre muerto se apareció a su hermano: “Me has salvado a través de la poderosa reina y el hábito de ese hombre como escudo”.

San Alfonso nos dice: “Los herejes modernos se burlan del antiguo escapulario. Ellos denuncian que es una de tantas necedades”. Sin embargo, sabemos que varios Pontífices lo han aprobado.
 Es notable que sólo 25 años después de la visión, el Papa Gregorio X fue enterrado llevando el escapulario. Cuando su tumba fue abierta 600 años después de su muerte, su escapulario fue encontrado intacto.

El Escapulario también se encontró como nuevo en las tumbas de San Juan Bosco y San Alfonso de Liguori, a pesar de todo lo demás en sus tumbas que era corruptible se había deteriorado.

San Alfonso dijo que si hacíamos un poco más de lo que la Virgen nos pide nosotros ni siquiera iríamos al purgatorio.

 Se entiende por qué el diablo va en contra de los que promueven el Escapulario cuando se escucha la historia del Venerable Francisco Ypes. Un día su escapulario se le cayó. A medida que la reemplazaba, el demonio aulló, “¡Quítate eso¡ Quítate el hábito que arrebata tantas almas de nosotros”.

Entonces Francisco hizo al diablo admitir que hay 3 cosas de las cuales los demonios tenían más miedo: el Santo Nombre de Jesús, el Santo Nombre de María, y el Santo Escapulario del Carmen.

 Cada mes un cargamento de 1000 esclavos llegaba a Cartagena, América del Sur. San Pedro Claver – apóstol de los negros – usaba el Escapulario para asegurar la salvación de sus conversos. Pedro Claver organizaba catequistas para darles instrucciones, y antes de que se vendieran, vio que eran bautizados.

Muchos eclesiásticos acusaron al Santo de celo indiscreto pero San Pedro les recordó que él había bautizado y registrado todos en la Virgen del Escapulario. Estaba seguro de que María cuidaría de cada uno. ¡Imagina! San Pedro Claver fue responsable de más de 300.000 conversos.

En 1845, el barco Inglés, Rey del Mar, fue azotado por un huracán salvaje. El Rev. Fisher, un ministro protestante, junto con su esposa e hijos y otros pasajeros, tuvo problemas a la cubierta para orar por la misericordia y el perdón porque el final parecía cerca.

Entre la tripulación había un joven irlandés, John McAuliffe. Se abrió la camisa, se quitó el Escapulario, hizo la señal de la cruz sobre las furiosas olas y luego lanzó el Escapulario en el océano.

En ese mismo momento el viento se calmó, y sólo una ola más lavó la cubierta, trayendo consigo el Escapulario, que aterrizó en los pies del muchacho. El Rev. Fisher y su familia habían observado lo que había hecho.

Le preguntaron al muchacho. Les habló de la Virgen y el escapulario y su promesa de protección en casos de peligro. Tan impresionado que determinaron entrar en la Iglesia y disfrutar de una protección similar.

Un sacerdote francés en peregrinación a Einsiedeln, Suiza estaba en su camino a misa cuando se acordó que había olvidado su escapulario. Aunque tarde, regresó a buscarlo.

Al decir misa, un joven se acercó al altar, sacó un revólver y le disparó en la espalda… pero el cura continuó a diciendo misa.

En la sacristía exclamó el abad “pensé que el hombre lo había matado”. Pero cuando le retiraron las vestiduras, se encontró la bala, adherida a su pequeño escapulario marrón.

En mayo de 1957 un sacerdote Carmelita en Alemania publicó la historia poco común de cómo el Escapulario guardó un hogar del fuego.

Toda una fila de casas se había incendiado en Westboden, Alemania. Los habitantes piadosos de una casa de dos familias, al ver el fuego, inmediatamente sujetaron un escapulario en la puerta principal de la casa.

Las chispas volaron sobre ella y alrededor de ella, pero quedaron ilesos. En 5 horas 22 casas fueron reducidas a cenizas y ruinas. Ésta casa quedó en pie ilesa en medio de la destrucción. Cientos de personas llegaron a ver el lugar que Nuestra Señora había salvado.

En 1951, el antiguo hogar de San Simón Stock en Aylesford, Inglaterra fue dedicado y las reliquias del santo Escapulario regresaron. Desde entonces miles de usuarios escapulares han ido en peregrinación. En 1957 fue el pequeño Peter, que sufría de leucemia. Sus brazos y piernas estaban cubiertos de llagas. Tenía sólo unos pocos días de vida.

Cuando regresó esa misma noche, las llagas se habían ido y le había regresado su fuerza. Su familia se dio cuenta de que estaba curado. Los médicos confirmaron su curación completa.

Un día en 1944, un misionero carmelita en la Tierra Santa fue llamado a un campo de internamiento para dar los últimos ritos.

El conductor árabe del autobús hizo bajar al Padre a 4 millas del campo porque la carretera estaba peligrosamente fangosa.

Después de recorrer 2 millas, sus pies se hundían más y más profundamente en el barro. Tratando de conseguir una base sólida resbaló en un charco fangoso. Hundiéndose hasta la muerte en un lugar desolado pensó en María y su escapulario, y miró hacia el Monte Carmelo.
Allí, en la distancia, estaba el santo Monte de Carmelo, el lugar de nacimiento de la devoción a la Virgen del Carmen. Él gritó, “¡Santa Madre del Carmelo, ayúdame! ¡Sálvame!”

Un momento después se encontró en tierra firme. Luego dijo: “Sé que fui salvado por la Virgen a través de su Escapulario. Mis zapatos se perdieron en el barro y yo estaba cubierto con él, pero yo caminé las 2 millas más a través de ese país desolado para alabar a María”

En octubre de 1952, un oficial de la Fuerza Aérea en Texas, escribió lo siguiente: “Hace seis meses, poco después de que empecé a usar el Escapulario, he experimentado un notable cambio en mi vida. Casi a la vez empecé a ir a misa todos los días. Después de un breve periodo empecé a recibir la comunión diaria. Guerdé la Cuaresma con un fervor que nunca había experimentado antes. Fui introducido en la práctica de la meditación y me encontré haciendo débiles intentos en el camino a la perfección. He estado tratando de vivir con Dios. Doy crédito de esto al Escapulario de María”.

LA VIRGEN LE IMPIDE SUICIDARSE
Una Hermanita de los pobres, que murió en Francia siendo Superiora, contaba lo que le había sucedido a ella misma: Muerto mi padre, nos fuimos a vivir a París, mi madre, que ya era anciana, y yo. En mi casa había dinero para abrir un modesto taller, y como yo sabía, gracias a Dios, ganarme la vida con mi trabajo, logré ir haciendo un pequeño capital.

Pero después mi pobre madre cayó enferma de muerte, aunque la enfermedad había de ser muy larga. Cerré mi taller y mi tienda y, dejándolo todo, solamente me desvelaba por aliviar los padecimientos de mi madre (a quien yo amaba de todo corazón) y de ir alargando su vida minada por un cáncer, que no tenía cura.

Al cabo de dos años murió mi querida enferma y yo quedé sola en el mundo; y no solamente quedé huérfana, sino también arruinada, porque todos mis ahorros y ganancias se habían consumido en la enfermedad.

Aquella muerte, aquella soledad, aquella ruina, fueron mi perdición. Perdí en efecto la esperanza en Dios nuestro Señor, me desesperé, y, finalmente, para suicidarme, hice lo que vais a oír: Entré una noche del mes de julio en mí aposento; cogí un gran brasero; lo llené de carbones y lo encendí, y habiendo cerrado la puerta y la ventana, me acosté para morir dulcemente por asfixia.

Serían como las cinco de la mañana, cuando casualmente, es decir, providencialmente, vino a visitarme una antigua amiga mía que acababa de llegar a París a aquellas horas. Llamó a mi cuarto; y como nadie contestase, preguntó por mí a los vecinos; y sospechando todos alguna desgracia, descerrajaron la puerta de mi cuarto y quedaron espantados al verme muerta.

Casualmente también, es decir, providencialmente, entraba entonces en la casa el famoso Doctor Recamier para visitar a un enfermo; y habiéndole rogado al doctor los vecinos que pasase a verme, el doctor me examinó muy despacio, y declaró a todos los circunstantes que yo estaba muerta y bien muerta.

Pero casualmente también, es decir, providencialmente, vio el Doctor que yo llevaba el ESCAPULARIO DEL CARMEN, y entonces exclamó: -No señores, no; no debe estar muerta esta mujer; lleva puesto el SANTO ESCAPULARIO; y ningún suicida logra morir, aunque en ello se empeñe, cuando lleva consigo este talismán.

Tomó, pues, en sus manos el Doctor mí Escapulario, volvió a ponérmelo bien, tornó a mirar, a remirar, a palpar mi cuerpo yerto y a examinarme más despacio. ¡Inútil empeño! No lograba encontrar en mí ninguna señal de vida. Más no por eso se daba por vencido el cristianísimo Doctor, en cuyo rostro, muy a las claras, se leían el dolor, la pena, el asombro y la profunda meditación que le embargaban.

-Traed, dijo de repente, traedme dos mazos de madera, y vamos a golpear todo el cuerpo, particularmente por la región del estómago. No puede ser que haya muerto en medio de la desesperación quien lleva puesto el ESCAPULARIO DEL CARMEN.

Comenzaron a menudear suaves golpes de mazo sobre mi cuerpo frío; y el sabio y piadosísimo Doctor examinaba atentamente a cada minuto mis yertos despojos, sin descubrir ni atisbar ninguna señal cierta de vida. Y así se pasó una hora mortal: ellos dándome golpes con los mazos, y él observando con mucha atención y diligencia mi cadáver.

Pero de repente se ilumina la cara del Doctor Recamier, el cual, con lágrimas en los ojos, comenzó a gritar:
-Ya, ya vuelve a la vida este cuerpo. Bien lo decía yo: Nuestro Señora del Carmen no podía dejar morir así a quien llevaba puesto su SANTO ESCAPULARIO.
Confusos, atónitos y espantados quedaron los circunstantes, que después de aquella larga brega, casi fúnebre, habían perdido ya toda esperanza. Pero todos se desvivían después (Dios se lo pague) por cuidar amorosamente de esta infeliz pecadora.

Finalmente logré la más cabal salud; lloré mi pecado, pedí perdón a Dios y a los hombres y entré en religión. Yo deberé, pues, mi salvación eterna al bendito ESCAPULARIO de la Santísima Virgen del Carmen.

PRÉNDESE FUEGO UNA CASA, Y ARROJANDO A LAS LLAMAS EL SANTO ESCAPULARIO SE APAGA
El Rvdo. P. Mtro. Fr. Francisco Boersio, nos dice que en Ada, lugar del Obispado de Milán, prendiose fuego en la casa de Alejandro Coto. Fue tan desdichado, que cuando llegó el remedio fue tarde, pues hallándose la casa en despoblado y algo distante del lugar, no siendo más que él y un hermano suyo para apagarlo, tras hacer esfuerzos desesperados, vieron con gran sentimiento y dolor que por todas partes era el inmueble presa de las llamas.

En tal congoja y tribulación ocurriósele a uno de ellos el echar o arrojar sobre las llamas el Escapulario de la Santísima Virgen del Carmen que traía pendiente de su cuello, a lo cual le alentó el otro hermano, diciéndole que había oído decir muchas veces que echando el Santo Escapulario sobre el fuego se había apagado de súbito.

Ejecutáronlo así y el conflicto o falta de medios materiales para lograr sofocar el fuego, alentó aún más su fe y devoción para suplicar con ansias a María Santísima se dignase poner remedio, mediante su bendito Escapulario, a aquella tribulación que les descorazonaba y afligía sobremanera.

No tardó más la Santísima Virgen en socorrerles que ellos tardaran en arrojarle con ardiente fe y rendida confianza sobre las llamas de aquel fuego devastador, pues al punto reconocieron la superior virtud del Santo Escapulario y resolviéronse en denso humo las voraces llamas.
Respiraron consolados con tal prodigio ambos hermanos, que puestos de rodillas no cesaban de dar gracias con indecible júbilo y alborozo a la Madre de Dios; pero he aquí que al levantarse quiso el cielo que admirasen otro mayor, pues entre vivas ascuas hallaron el Santo Escapulario de María intacto, sin haber osado el fuego tocarle ni ofenderlo lo más mínimo.

Llegó presto a Milán la noticia del suceso, y el Sr. Vicario lo examinó y jurídicamente lo aprobó, para que en todo tiempo diésemos gracias a nuestra Madre amable, que así se digna consolar a los que con viva fe y rendida confianza acuden a su valiosísima protección en los instantes de inminente peligro.

CASTIGO EJEMPLAR
Ha sido táctica secular de los herejes protestantes ridiculizar las prácticas de devoción de los católicos, sobre todo las relacionadas con la Santísima Virgen. Pero, mal que les pese, Ella ha sido siempre la que quebranta con su huella inmaculada todas las herejías, como canta la Iglesia.

Una sacrílega parodia que hicieron los protestantes el año 1923, en la ciudad de Añasco, en la isla de Puerto Rico, es buena prueba de la popularidad inmensa que había alcanzado y que goza afortunadamente la devoción al Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, que no en vano desfilaron por la isla apóstoles de la devoción a nuestra dulce Madre, tales como los padres Elías Sendra, Espiridión María Cabrera y el fervoroso y santo apóstol P. Elías Besalduch, y no menos lo es en la actualidad el benemérito Carmelita padre José Sánchez. Tratose, pues, de ridiculizar por los protestantes tal devoción como una de las de más honda raigambre entre los católicos.

El relato del caso es del Rvdo. P. Pedro de Arancibia, agustino, natural de abadiano, residente por aquellas fechas en Puerto Rico. El hecho tuvo lugar en la ciudad de Añasco, el día 24 de diciembre del mencionado año de 1923.

Celebraban, dice el P. Arancibia, los protestantes una velada, intentando ridiculizar nuestras devociones y hacer burla y chacota del clero católico. En la tal velada tomaban parte una joven de apellido Domínguez, que desempeñaba el papel de princesa. Un joven, Pietri, hacía de sacerdote católico.

Pietri exigió dinero a la joven Domínguez. A la negativa de ésta, el cura Pietri, montando en cólera, insultó violentamente a la princesa, diciéndola: “Te vas a condenar, eres mala católica”. La joven Domínguez, para demostrar su catolicidad religiosa, muéstrale un Escapulario de la Virgen del Carmen que pendía de su cuello.

El iracundo y frenético cura se lo arrebata de las manos, diciendo: “Esto es una tontería, una por…” levantando el brazo en actitud de arrojar al suelo el bendito Escapulario.

Pero Jesús, que suele tolerar con más paciencia los agravios inferidos a su persona adorable, suele hacer sentir su mano justiciera sobre los que se atreven a injuriar a su Santísima Madre.
En el presente caso no quiso que se profanara el honor de María y quedase en ridículo la devoción predilecta del pueblo católico de Puerto Rico. El brazo que se levantara para arrojar el Santo Escapulario del Carmen, como herido por un rayo, queda inmóvil. El joven Pietri queda idiota; no sabe ni puede responder a los que, estupefactos, le preguntan qué le pasa. El que entró en la velada rebosante de salud y alegría, sale a hombros de sus amigos, paralítico, idiota y enfermo.

Los protestantes hubiesen querido ocultar el espantoso suceso, mas, por fortuna, había en la velada, también, algunos católicos, que pusieron inmediatamente en conocimiento de su párroco todo lo sucedido, el cual refirió lo ocurrido para edificación de sus feligreses, en las fiestas del día de Reyes, y en la de San Antonio Abad, patrón de la parroquia, escuchándole emocionados todos los fieles que asistían a la Santa Misa, en los que se aumentó más y más el fervor y la devoción hacia el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, siendo centenares los que le recibieron este último día.

María promete hacer fácil por la gracia lo que es difícil por naturaleza y ayudar con más gracias ordinarias, siempre y cuando nos pongamos el signo de nuestra consagración a Ella.

María misma dijo: “Toma este Escapulario, todo aquel que muera llevándolo no sufrirá el fuego eterno. Será un signo de salvación, una protección en el peligro y una promesa de la paz”.