jueves, 17 de noviembre de 2016

EL VIRUS DE LA INCLUSIVIDAD ESTÁ ENFERMANDO A LA IGLESIA


Un nuevo mantra está sonando en las parroquias católicas: “todos son bienvenidos”.
Que quiere comunicar la inclusividad de la Iglesia Católica, en un lenguaje políticamente correcto.
Es obvio que la Iglesia tiene que estar abierta a dar la bienvenida a quienes se acercan.
 ¿Pero para qué exactamente todos son bienvenidos?
¿Para qué cada uno ponga un barniz católico a su estilo de vida o a que se convierta verdaderamente?  
Esto se entronca con la nueva doctrina del ‘ecumenismo de estilo de vida’, que se ha hecho popular desde el Sínodo de la Familia de 2014.
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Que puede definirse como la apertura a distintos estilos de vida, que aunque no sean estrictamente católicos, “muestran signos de anticipatorios de elementos positivos”.
A su vez, esta nueva doctrina de ‘ecumenismo de estilo de vida’ la podemos rastrear hasta la mala interpretación de las conclusiones del Concilio Vaticano II.
La interpretación de que los que tienen otros estilos de vida y valores (diferentes y hasta opuestos a los católicos) se pueden salvar, y por lo tanto la puerta que conduce al Cielo es grande y espaciosa, en lugar de ser estrecha.
UNA INTERPRETACIÓN ERRÓNEA DE LA LETRA DEL CONCILIO VATICANO II
El teólogo Ralph Martin afirma que una interpretación errónea del Concilio Vaticano II creó la idea errónea, de que la puerta para la salvación es ancha y la de la perdición angosta.
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Debido a la interpretación que también los no católicos se pueden salvar, lo que quitó esfuerzo y también afectó el celo misionero.
El teólogo, que enseña en el Seminario del Sagrado Corazón en Detroit y se desempeñó como experto oficial en el Sínodo de los Obispos de octubre 2012 sobre la Nueva Evangelización, dijo que “cosas maravillosas” salieron del Concilio Vaticano II que incluyen un
“énfasis en el papel activo de los laicos, la llamada universal a la santidad, el redescubrimiento de la unidad de los cristianos y el ecumenismo, y el deseo de afirmar positivamente todo lo que se pueda acerca de la cultura moderna”.
Sin embargo, en al menos en un área crucial, Martin dijo, que las expectativas del Concilio han sido gravemente decepcionadas.
El Vaticano II tuvo como uno de sus principales propósitos
“hacer que la iglesia fuera más eficaz en el anuncio del Evangelio al mundo moderno.
Sin embargo, marcó el comienzo de una disminución notable en las órdenes misioneras que tradicionalmente han llevado a cabo la evangelización.
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Y a una tremenda declinación en la observancia por parte de los católicos en los países históricamente cristianos”.
Martin atribuyó la pérdida a un malentendido generalizado de algunas de las enseñanzas más distintivas del Vaticano II.
Como él afirma en su libro (“¿Muchos serán salvados? ¿Qué enseña el Vaticano II en realidad y sus implicaciones para la Nueva Evangelización”), muchos católicos fueron confundidos por el énfasis loable de conciliar el ecumenismo y el diálogo interreligioso, estimulando el pensamiento de que “tal vez no importe mas si son cristianos o no.”
El teólogo dijo que muchos católicos de hoy han adoptado una actitud de “universalismo práctico”, que Martin describe como:
“la creencia que el camino que lleva al cielo es amplio y ancho y casi todo el mundo va de esa manera.
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Pero es estrecha la puerta que conduce al infierno, y casi nadie va de esa manera.”
Y recalca Martin,
“El problema con esto es que es justo lo contrario de lo que Jesús mismo nos dice en Mateo 7:14
‘Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran’”
A primera vista, el Vaticano II puede parecer haber enseñado algo inconsistente con las palabras de Jesús, ya que la “Lumen Gentium” afirma que es posible que las personas se salven sin escuchar el Evangelio.
Por lo tanto, muchos católicos han tomado esto como una licencia para la complacencia acerca de la evangelización, Martin dice:
“Ellos dan este salto enorme de la posibilidad a la probabilidad (suponiendo) de que casi todo el mundo será salvo”.
Sin embargo, Martín señala que el documento del Concilio maneja cuidadosamente un mensaje tranquilizador, especificando tres condiciones para la salvación de los no cristianos:
-“la ignorancia no culpable, que no es culpa de ellos que no hayan escuchado el Evangelio”;
-que “ellos estén seriamente buscando a Dios, y quieran saber quién es y cuál es su voluntad”;
-y que “estén viviendo de acuerdo con la luz de su conciencia asistidos por la gracia”.
El mismo documento advierte de los engaños del “Maligno” y el peligro de la “desesperación final” para los que viven sin Dios.
Y reafirma la importancia de las misiones de la iglesia y el mandato de Jesús de “predicar el Evangelio a toda criatura.”
La rectificación de malos entendidos en esta materia es fundamental y Martin sugirió la necesidad de convencer a los ya bautizados a tomar su fe en serio otra vez:
“En nuestra cultura, sobre todo ahora con el colapso de la cristiandad y el colapso de la cultura cristiana, muchas personas están siendo arrastrados por la cultura secular.
Y vamos a la deriva hacia la desintegración de las relaciones humanas, el matrimonio y la vida familiar… y luego, la posibilidad de una separación eterna de Dios.”
La evangelización es
“no sólo enriquecer la vida de las personas.
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No se trata sólo de hacer que la gente sea más feliz en esta tierra.
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Es realmente acerca de la diferencia entre el cielo y el infierno.”
Y aquellos vientos – que para algunos eran brisas refrescantes -, trajeron la tempestad actual.
Con el tiempo se fue conformando la doctrina del ‘ecumenismo de estilo de vida’, que que hizo su gran aparición pública en el Sínodo de la familia de 2014.
LA IDEA DEL ECUMENISMO DE ESTILO DE VIDA
Así llegamos al ecumenismo es estilo de vida, que es la idea de que los católicos deberían practicar hoy una especie de ecumenismo hacia las personas que tienen estilos de vida distintos.
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Por ejemplo parejas que están en cohabitación, divorciados vueltos a casar y relaciones entre personas del mismo sexo. 
En el trato con otras formas aceptamos que debemos buscar lo que es bueno, y encontrar lo común porque toda la verdad conduce a la fe católica.
Y por tanto evitar delicadamente la condena, y favorecer el diálogo paciente en su lugar.
Por lo que, al tratar con las personas en relaciones que no sean el matrimonio sacramental, debemos adoptar un enfoque de construcción de puentes similar.
El ecumenismo de estilo de vida, se afirma, si fuera ampliamente adoptado por la Iglesia, sería apropiado para presentar al mundo el rostro misericordioso de Cristo.
Quien vino a salvar, no a juzgar, y en última instancia permitiría a los católicos  ser más eficaces apostólicamente. 
El ecumenismo estilo de vida es un concepto importante que subyace y legitimó las posiciones progres en el Sínodo de la Familia.
El cardenal Christoph Schönborn – discípulo de Benedicto XVI y que dice ser el creador de ecumenismo de vida -, apoyó el enfoque con un argumento teológico, basado en dos ideas del documento del Vaticano II Lumen Gentium.
La primera es la enseñanza de que el Cuerpo Místico de Cristo “subsiste en” la Iglesia Católica. 
Los padres conciliares utilizaron esta formulación sutil, más que la formulación tradicional de que la Iglesia Católica “es” el Cuerpo Místico de Cristo.
Pero no para negar o debilitar esa doctrina tradicional, sino más bien para dejar espacio para la afirmación de que “muchos elementos de santificación y de la verdad se encuentran fuera de la estructura visible [de la Iglesia]”.
Que deben ser considerados como “dones propios de la Iglesia de Cristo” y, en consecuencia, son los que son “inducen hacia la unidad católica”.
El término “subsiste en” estaba destinado a sugerir que la Iglesia católica no tiene dones prestados de otras comunidades y es el centro hacia el cual otras comuniones convergen, no al revés.
La segunda idea de Lumen Gentium es que la familia es como si fuera una iglesia doméstica.
El cardenal ha argumentado que, si la familia es una iglesia doméstica, entonces existen análogos “elementos de verdad y de santificación” fuera de ella, que proporcionan la base para el ecumenismo de vida:
“Yo simplemente propongo aplicar esta interpretación [de “subsiste en” de Lumen Gentium] a la realidad eclesial del sacramento del matrimonio. 
Porque el matrimonio es una Iglesia en miniatura, un ecclesiola, la familia como una pequeña Iglesia, y me parece legítimo establecer una analogía y decir que el sacramento del matrimonio se realiza plenamente cuando hay un sacramento correctamente establecido entre un hombre y una mujer que viven en la fe, etc.
Pero esto no impide que, fuera de esta plena realización del sacramento del matrimonio, haya elementos del matrimonio que son signos anticipatorios, elementos positivos(La Civiltà Cattolica).
Esos elementos anticipatorios  a los que se refiere, es ni más ni menos la idea inclusiva del concepto de familia, aunque no sea  estrictamente la familia cristiana.
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Pero como elementos anticipatorios, el ecumenismo de estilo de vida no debería abortarlos ni desecharlos.
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Y legitimarlos de alguna forma, para que hagan su proceso hacia la verdadera familia.
Pero la posición parece un dislate, porque por ejemplo ¿cómo va a hacer el proceso hacia la verdadera familia un ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo?.
Pareciera que la única forma debería ser la ruptura de ese matrimonio, porque la Iglesia concibe la base de la familia el matrimonio entre un hombre y una mujer.
Esta noción del Ecumenismo de Estilo de Vida conduce al mantra “todos son bienvenidos que actualmente se ha popularizado en las parroquias.
TODOS SON BIENVENIDOS, PERO ¿PARA QUÉ EXACTAMENTE?
El mantra con la inclusión es algo que obsesiona a algunos en la Iglesia, por ejemplo el cardenal Marx que dijo:
“Nadie es excluido de la iglesia. Nadie es superfluo. Exclusión no es en el lenguaje de la iglesia”.
¡Un ejemplo del lenguaje políticamente correcto! ¡Ni los políticos occidentales que están haciendo la reingeniería anticristiana podrían habérselo dictado mejor al cardenal Marx!
La pregunta sigue siendo, “¿a que exactamente son todos bienvenidos?”
La gente es bienvenida a la Iglesia Católica pero ¿A qué tipo de Iglesia Católica?
¿Por qué alguien quiere unirse a la Iglesia Católica? ¿Es por la salvación de su alma? ¿Es para escapar de las llamas del infierno?
¿Es para adorar y servir al Señor Jesucristo Rey del Universo? ¿Es para aprender a amar a Dios y a su Hijo Jesucristo, para venerar y amar a su Madre Santísima y dar culto en comunión con todos los santos y ángeles?
Es curioso, pero no se oyen las respuestas. En lugar escuchamos permanentemente el mantra, “Todos son bienvenidos”.
Históricamente la fe católica predica la necesidad de arrepentimiento y buscar el rostro del Señor para la salvación eterna.
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¿A esto se esta dando la bienvenida o a un club donde cantan himnos, leen un texto piadoso, comen el un pan consagrado y oran?
Déjame contarte una experiencia personal. Hace un tiempo recuerdo que una amiga judía me invitó a ir a un shabat a su sinagoga, a la que concurría todos los viernes.
Y como nunca había ido a ninguno, sólo había entrado a sinagogas para casamientos y barnisba, me pareció una buena idea aceptar su invitación.
El templo era del tipo protestante, el servicio tuvo muchas canciones, que seguíamos con un libro de cantos y de oraciones escrito fonéticamente para poder participar todos.
Y con un rabino sin la apariencia típica del rabino (ni rulos, ni barba), que dio una homilía sobre un tema de la vida diaria del judío.
Y la verdad, me gustó la emoción que había en el ambiente y en la gente.
Al terminar, mi amiga me invitó a un cumpleaños de una de las personas que estaban allí, y cuando llegamos, había cerca de una docena que habían estado en la sinagoga.
Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando surgió en la conversación con media docena de ellos, que no creían en Dios.
Entonces les pregunté cómo podían recitar los salmos que hablan de Dios con esa emoción si no creen, e ir todos los viernes a un local religioso para un culto religioso.
Y la contestación fue que lo toman como algo del folklore de Israel, como anécdotas de los padres fundadores que creían en Dios, pero que ahora ya muchos no creían en ello.
O sea que el sentido que estos judíos le daban a la religión era de reafirmación de su nacionalidad, raza o comunidad.
¿Este planteo del ecumenismo de estilo de vida y de “todos son bienvenidos” no conduce a la Babel de esa sinagoga donde muchos no creen en Dios?
En realidad todos deberían ser bienvenidos a encontrarse cara a cara con el Señor Jesucristo viviendo en la plenitud la fe católica.
A caer de rodillas en la Adoración Eucarística, a aprender a hacer una buena confesión y ser parte del rebaño de Cristo bajo un solo pastor.
A caminar en el camino de la perfección, a aprender a emular a los santos y a las Sagradas Escrituras.
Todos son bienvenidos a dejar todo para seguir a Cristo.
Si no es así, si el contenido de “Todos son Bienvenidos” se agota en la inclusividad, entonces la Iglesia no esta siendo más que la cadena de trasmisión de la ideología dominante hoy en el mundo, dejando de ser la Iglesia que Cristo fundó.
Fuentes:

Foros de la Virgen María