lunes, 13 de junio de 2011

EL AMOR... ES Y NO ES



De entrada tenemos que dejar sentada, cuál es la naturaleza del amor.

El amor es la expresión de Dios mismo, porque como dice San Juan: “Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él (1Jn 4,16). Y si Dios es amor, todo el amor emana de Dios que es la única fuente de amor que existe en el universo y desde luego dentro de nuestro mundo. Así por esto, San Juan nos dice: Nosotros amemos, porque él nos amó primero (1Jn 4,19), es decir, o dicho con otras palabras: Nosotros podemos amar, porque previamente hemos sido amados.
Nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó (Gn 1,27). Por lo que nosotros somos también amor y somos amor hasta el extremo de que el hombre no puede vivir sin amar y sin ser amado, necesitamos del amor para vivir y si carecemos de él somos unos desgraciados, que anhelamos lo que necesitamos como nuestro cuerpo necesita el agua para subsistir.

Y si Dios que es el Todo de todo lo creado, sea esto lo visible (materia) o lo invisible (espíritu), resulta que es amor y solo amor, el medio que tenemos nosotros para poder crecer y prosperar espiritualmente, a los ojos de Dios, es naturalmente el amor, es amándole a Él y a todo lo por Él creado, y en especial a nuestro prójimo: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor (1Jn 4,7-8). Pero es más, no solo hemos de amar al que nos ama sino a todos y aquí se nos incluye un precepto de difícil cumplimiento, para el que no ha alcanzado la perfección del amor, que es: amar a nuestros enemigos: "Habéis oído que fue dicho: Amaras a tu prójimo y aborrecerás a tus enemigos. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿que hacéis de más? ¿No hacen eso también los gentiles?” (Mt 5,43-46).

Y añade a continuación, en el siguiente versículo, el Señor nos dice: Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto (Mt 5,47). Dejándonos una clara vinculación entre la perfección y el amor. Nadie puede llegar a ser perfecto, si no ama en plenitud, como es el amor que Dios nos tiene. Solo con la plenitud de nuestro amor a todo y a todos, podremos llegar a ser perfectos.

El odio, es la antítesis del amor, y como toda antítesis el odio, carece de entidad propia, no es algo constructivo como lo es el amor, sino plenamente destructivo. El odio es una carencia de amor, lo mismo que las tinieblas, son una carencia de luz, o el mal es una carencia de bien. Como quiera que Dios es amor, es pura luz de amor, bien y bondad; es claro que quien encarna las antítesis es el demonio, cuya esencia es de odio a todo y a todos, y movido por este odio al Señor nuestro Dios, nos quiere arrastrar a su reino de tinieblas y maldad, ya que directamente nada puede Dios, somos nosotros, lo elegidos de él, puesto que sabe que dañándonos, daña el amor que Dios nos tiene.

Son muchas las cualidades que distinguen al amor de todo lo que no es amor, esencialmente en un libro que estoy terminado, sobre la Sed de amor de Dios, he escrito sobre veinte y creo que me he dejado muchas en el tintero. Así podemos señalar, que el amor es:
-Es Fuerte, mucho más fuerte que el odio, vence todo tipo de barreras, y en el mundo, se terminará imponiendo, el día en que quede implantado el Reino del Señor.
-Es Eterno, como emanado de Dios, es eterno porque eterna es su fuente. En el cielo, la fe y la esperanza desaparecerán, pero el amor subsistirá eternamente y nuestra vida allí se desarrollará en el amor.
-Es Entrega, porque, quien no se entrega no ama. El Señor se entregó por nosotros.
-Es Sacrificio gozoso, porque la entrega siempre supone sacrificio.
-Es Fuego que abrasa, tal como lo vio y lo experimentó Moisés en el Sinaí, con la zarza ardiendo y posteriormente muchas almas enamoradas del Señor.
-Es Asemejanza, como nos lo explica San Juan de la Cruz, porque el que ama tiende a asemejarse al amado. De aquí el refrán de: Dos que duermen en un colchón, se vuelven de la misma opinión.
-Es Transformante, porque transforma al que ama.
-Crea el deseo de conocer, de forma que el que ama cada vez desea conocer más profundamente el ser u objeto de su amor. Y a su vez el conocimiento que se adquiere, incita más al aumento del amor. Cuanto más se conoce más se ama, y viceversa.
-Carece de límites, porque todo lo invade y lo absorbe.
-Genera admiración gozosa, sobre todo lo que ama, sea al Señor, al prójimo o algo creado por Dios, como puede ser un paisaje.
-Necesita Libertad, sin libertad es imposible que nazca el amor. A nadie se le puede imponer el amor a la fuerza. Se ama o no se ama, pero siempre sin coacciones ni condicionamientos, porque si estos existen en el amor, ya no estamos hablando de amor, sino de otra cosa.
-Es Compartir, si no se comparte no se ama.
-Necesita Correspondencia, si no media la correspondencia, el amor no termina de cuajar, porque la persona siempre necesita amar y ser amada.
-Necesita Intimidad, esta necesidad de intimidad, no solo se da en el amor entre las personas, sino en el amor hacia el Señor.
-Desea el Contacto físico, el cual es un medio de expresión del amor.
-Destierra el Temor, el que ama no teme. En el amor a Dios, este se inicia muchas veces en el temor a Él, pero con el contacto con Dios este temor siempre se transforma en amor.
-Es Expansivo, el que ama tiende a expansionar su alegría, la alegría que le da su amor.
-Es Creativo, impulsa siempre la creatividad. El amor necesita crear, de la misma forma que el odio necesita destruir.
-Es Goce, ya que el que ama goza con su amor, y este goce también le genera alegría.
-Es Pureza, porque si ella no media, estamos hablando de otra cosa que no es amor, sino conjunción de intereses materiales. El amor es expresión puramente espiritual, por ser el Señor su fuente creadora. Lo que se compra y se vende nunca es amor.

Y de la misma forma, no se puede considerar amor, todo lo que es antítesis de lo dicho, o que está generado o apoyado en cualquiera de los vicios humanos, cuyo rey es la soberbia, de la cual directa o indirectamente derivan todos los vicios. Al igual que de la Humildad derivan las virtudes.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

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