7 CLAVES PARA PODER SER ALEGRE Y GOZOSO COMO SACERDOTE (Y COMO CRISTIANO EN GENERAL)
Damian Ference es un sacerdote de la diócesis de Cleveland (EEUU), encargado
de la vicaría de Evangelización y del secretariado de Vida
Parroquial, además de profesor de filosofía en el seminario. Es un buen
comunicador, autor del libro 'La extrañeza de la verdad', título que
alude a una frase de la escritora católica Flannery O'Connor: "es tarea del artista quitar lo que cubre la
extrañeza de la verdad". La
fe católica dice cosas extrañas, pero verdaderas: hay
que saber cómo exponerlas.
Ference y sus textos son alabados por gente como Matt Fradd (Pints
with Aquinas) o Brandon Vogt (autor de Por qué soy católico). A menudo escribe sobre
lo que significa ser sacerdote en nuestra época, cuando desde los 80, y con más
fuerza desde 2001, el sacerdocio
católico ha perdido mucho prestigio y los jóvenes que
quieren ser sacerdotes saben que serán sometidos a gran presión, mala imagen y
sospecha. Ahora ha escrito un texto que le ha pedido America Magazine (la
revista de los jesuitas norteamericanos, aunque él no es jesuita) titulado 7 consejos para
un sacerdocio más gozoso ("Seven tips for a more joyful
priesthood").
"El gozo es un don y lo experimento a menudo.
Sin embargo, con presteza admito que a veces estoy demasiado cansado, o
soy débil, perezoso u orgulloso, y pierdo mi alegría. Pero he descubierto que si estoy
activa e intencionadamente implicado en las siguientes 7 prácticas, soy más
capaz de sostener mi alegría. Estas siete prácticas no son únicas para
sacerdotes, pero escribo sobre ellas en el contexto del sacerdocio
porque es lo que he conocido en los pasados 19 años. Adáptalas a tu vida como veas
adecuado, porque la
mayor evangelización que podemos ofrecer es una iglesia gozosa", explica Damian Ference.
DAMIAN FERENCE, DE LA DIÓCESIS DE CLEVELAND, DA 7
IDEAS PARA SER UN SACERDOTE ALEGRE, GOZOSO.
1. REZA
¿No se supone que los curas, y muchos otros
cristianos, deberían rezar mucho? "Pero cuando uno tiene de vocación ser
un profesional en oración, puede ser tentador, de vez en cuando -en misa, en la
Liturgia de las Horas, en las devociones personales- poner el piloto automático.
Lo digo desde la experiencia. Abundan las distracciones y si no
vigilo y las reconozco y no rezo con ellas o a través de ellas
intencionadamente, ese encuentro personal renovado con Cristo que es esencial
para un sacerdocio gozoso se pierde", avisa.
"Incluso decir a Jesús: 'Señor, estoy cansado', o
'Señor, te necesito', y escuchar después su respuesta necesita
tanto tenacidad como humildad,
y sus frutos son el gozo", apunta. "Un sacerdote que no se toma en
serio su oración, incluso la más sencilla, no puede esperar en serio ser
gozoso".
2. MANTÉN AMISTADES FUERTES
Aristóteles escribió que todos quieren tener amigos y nadie quiere estar
sin amigos, "y tiene razón", señala
Ference. "Jesucristo, que es como nosotros en todo,
menos en el pecado, tenía amigos". Lázaro, Marta, María,
Pedro, Santiago, Juan...
Un sacerdote gozoso tendrá buenas
amistades, tanto sacerdotes o religiosos como laicos y laicas,
amigos con los que poder compartir la vida, en los que poder confiar. Tomás de
Aquino señalaba que los amigos nos ayudan a llevar nuestras cargas, y sólo
verlos nos recuerda que somos amados.
Ference apunta a su propia experiencia, con padres ya fallecidos y de
una familia pequeña (como pasa cada vez a más gente): todos
necesitan amigos, y también el sacerdote.
3. ABRAZA TU HUMANIDAD
Cuando un seminarista es ordenado sacerdote se convierte en una persona
realmente extraña: llevará ropa rara, no se casará, hará cosas misteriosas llamadas
sacramentos, predicará a gente pecadora como él y lo invitarán a eventos
importantes en sus vidas, como matrimonios, nacimientos, enfermedades y
muertes.
Pero antes que sacerdote, uno es ser humano. Tiene
las limitaciones y alegrías de un ser humano.
"Los sacerdotes más alegres que conozco
abrazan su humanidad, no huyen de ella. Disfrutan de una buena comida, una buena
bebida, buenos amigos, buena música, una buena novela, buen arte, una buena
excursión. Se ríen
mucho. Es verdad que el sacerdocio es un asunto serio, pero también humano. Los
sacerdotes más gozosos parecen ser los tipos que usan la misma voz estén con el
clérguiman, en el gimnasio o de vacaciones".
4. HAZTE AMIGO DE GENTE QUE TE RESULTA INCÓMODA
"Sacerdotes y laicos a menudo caemos en la
trampa de rodearnos de gente que cree lo mismo que nosotros y piensa como
nosotros. Eso nos
hace sentirnos seguros y cómodos. Pero el Evangelio muestra que aunque Jesús
tenía un buen círculo de amigos en los que se sentía a gusto, también buscaba
estar cómodo con los que estaban en los márgenes de la sociedad,
incluyendo los pecadores y cobradores de impuestos", recuerda el sacerdote.
"Amando al pecador, Jesús ablandaba el corazón del
pecador para la conversión, lo que lleva al gozo. Los sacerdotes
alegres nunca olvidan que Jesús les amó primero aún siendo pecadores, y
continúa haciéndolo. Y ellos harán los mismo con otros".
5. RESPETA LA DIGNIDAD DE TODOS, INCLUSO -Y
ESPECIALMENTE- LOS QUE TE FASTIDIAN
La mayor parte de la gente tiene en su vida personas que les agobian y
fastidian. "Está bien. Amar a los que no siempre
nos gustan es una forma de recordar que
todo el mundo cuenta, todos importan,
incluso aquellos a los que cuesta amar. El gozo que viene de amar a
la gente con la que no siempre te llevas bien es real y contagioso", asegura
Ference.
6. ¡ARRIÉSGATE!
Cuando Ference sacó su doctorado, pensó que se dedicaría simplemente a
enseñar en el seminario, pero el obispo le lanzó a la nueva evangelización como
responsable diocesano. "Dije sí,
pero no sabía a qué decía sí porque en realidad ese oficio no estaba descrito
en ningún sitio. El obispo me dijo que fuera
creativo e imaginativo", recuerda.
Ference rezó con el Via Crucis y las tres caídas de Cristo le hicieron
ver que todos sus seguidores caerán varias veces, como Él. "No todo
lo que intento como sacerdote funcionará, ni siquiera con la mejor planificación. Pero el
Señor recompensa a aquellos que se arriesgan por el Reino. La
recompensa es un corazón gozoso".
7. DEJA QUE SEA JESÚS EL QUE SE DEDIQUE A SALVAR
"Quizá la mayor amenaza al gozo de un
sacerdote es la tentación de verse uno mismo como el Salvador. El padrecito
debe arreglarlo todo, hacerlo todo mejor, vendar todas las heridas, curar a
todos los enfermos, arreglar el tejado y predicar buenas homilías. Los
sacerdotes gozosos tienen días de descanso, hacen sus vacaciones, hacen
su retiro anual y se toman tiempo para leer y para ejercicios. Al hacerlo así,
dan ejemplo a su gente, ponen la oración y el descanso en su lugar y luchan contra la tentación de ser
trabajadictos, que afecta a muchos. Un sacerdote alegre recuerda que Jesús es
el Señor y Salvador", concluye Damian Ference.
P.J.G.








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