sábado, 3 de diciembre de 2016

POR QUÉ LAS RELIQUIAS DE MÁRTIRES Y SANTOS SON TAN IMPORTANTES EN EL CRISTIANISMO


El cristianismo tiene un alto concepto de la entrega de la vida por Cristo desde los primeros mártires.
Y sus reliquias han sido veneradas a través de los siglos, así como las de los santos no martirizados.
La práctica de la veneración de las reliquias ha sido reconocida por la liturgia católica y por la religiosidad popular.
.
Y hay una larga tradición de hechos milagrosos logrados mediante el contacto con las reliquias.
Lo que muchas veces dinamiza su exhibición itinerante por distintos países. 
Recomendamos leer también estos relatos sobrenaturales:
Recordemos primero a los primeros mártires para luego hablar de sus reliquias.
LOS PRIMEROS MÁRTIRES
El 30 de junio la Iglesia festeja la fiesta de los primeros mártires (formalmente, la “Protomártires”) que fueron los primeros testigos de Cristo, dando con valor sus vidas.
Los primeros martirios en Roma tuvieron lugar en el año 64 dC, durante la dura persecución del emperador Nerón.
Dentro de esta persecución cayeron los Santos Pedro y San Pablo quienes comparten su propio día de fiesta el 29 de junio, un día antes.
Estas persecuciones de Nerón comenzaron cuando se produjo un incendio en Roma en julio de 64, cuando Nerón culpó a los cristianos.
Los primeros mártires romanos fueron condenados – entre otras acusaciones – porque tenían “odio a la raza humana” (según Tácito).
.
Y porque se negaron a creer en o reconocer al emperador como una deidad, por no hablar de los falsos dioses de los romanos paganos.
Sabemos que los primeros mártires de Roma fueron asesinados en masa, pero no hay cifras precisas que indiquen cuantos cristianos perdieron sus vidas durante este período de persecución.
Estos cristianos estaban en Roma una década después del final del ministerio terrenal de Jesús, cuando Pablo visitó Roma y convirtió con éxito muchas almas a Cristo.
Los primeros mártires de Roma se enfrentaron muertes espeluznantes: comidos por animales salvajes, siendo crucificados o quemados vivos como antorchas humanas para iluminar el cielo nocturno.
La mayoría de estas ejecuciones se desarrollaron en público con el fin de tratar de disuadir a los romanos de seguir el cristianismo.
Los primeros mártires de Roma son considerados como “discípulos de los apóstoles” debido a la forma en que muchos de ellos llegaron a Jesús.
Sin embargo, hoy se considera que muchos más cristianos fueron martirizados por su fe en Cristo durante los siglos XX y XXI.
De estos y otros mártires la grey católica ha conservado sus reliquias.
QUE SON LAS RELIQUIAS CRISTIANAS
Las reliquias cristianas nos remiten a aquellos de quienes fueron o tuvieron contacto con ellas.
.
Y a través de ellos a Aquel a Quien siguieron, el Señor Jesús Resucitado.
O sea que las reliquias son frágiles signos que nos conectan con Dios, quien se nos hace presente, nos habla y actúa a través de la vida de los santos, testigos y seguidores suyos.
La Iglesia, desde sus inicios, supo brindar especial cuidado a la veneración de los santos y mártires, tanto que sus mismas tumbas se convirtieron rápidamente en lugar de peregrinación.
Sus cuerpos habían tenido una presencia y experiencia especial de Jesucristo como todo lo que entraba en contacto con ellos, principalmente sus vestimentas.
La veneración a los santos y a sus despojos nos acercan a Jesús, del cual ellos estaban repletos.
Las reliquias son solo signos pobres y frágiles de lo que fueron sus cuerpos y pertenencias, y a través de estos signos tenues y pequeños Dios quiere manifestar su Presencia, su Poder y su Gloria.
Como narran los Hechos de los Apóstoles de los pañuelos y vestidos “que habían tocado el cuerpo de Pablo” curaban a los enfermos (Hch. 19, 12).
Jesús ahora manifiesta su amor a través de los signos de quien los poseyera y llevara manifestándole amor a Él.
Esas reliquias manifiestan también nuestra fe en la Resurrección y signos sensibles de la futura transfiguración corporal.
Por las reliquias nos remontamos a aquel o aquella de quien fueron, y a través de él o ella a Aquel a Quien siguieron y amaron, o sea el Señor Jesús.
Es una de las maneras en que los santos y santas de Dios siguen evangelizando y estando sensiblemente entre nosotros.
LOS TIPOS DE RELIQUIAS QUE SE DISTINGUEN
Y al culto de las reliquias de los santos, como el de sus imágenes se le llama relativo porque no se venera materialmente la imagen, el trozo de hueso o la prenda, sino a aquél a quien pertenece.
Repasemos. Las reliquias pueden ser de tres categorías:
– reliquias de primer grado: tomadas del cuerpo del bienaventurado.
.
– reliquias de segundo grado: objetos relacionados con los instrumentos de su martirio o que pertenecieron y fueron usados por el bienaventurado en vida, y
.
– reliquias de tercer grado: cualquier objeto que haya tocado a una reliquia de primer grado o a la tumba del bienaventurado.
Las reliquias de primer grado, a su vez, se dividen en tres clases:
– reliquias insignes:
el cuerpo entero o una parte completa de él (el cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita María de Alacoque, etc.)
.
– reliquias notables:
partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc.), y
.
– reliquias mínimas:
huesecillos o astillas de hueso.
CÓMO SE TRATAN LAS RELIQUIAS
La Iglesia manda colocar las reliquias de primer grado, para su veneración, en tecas, que tienen la consideración de vasos sagrados y reciben el nombre de “relicarios”.
Pero el uso más importante de las reliquias, especialmente si son de mártires, es el de ser puestas en el ara o sepulchrum de los altares de las iglesias.
El obispo consagra separadamente el ara (un pequeño receptáculo de forma cuadrangular practicado en la losa del altar en la parte sobre la que se coloca la oblata durante la misa) para depositar en ella las reliquias de mártires.
Y que después se sella con una pequeña lápida, sobre la que se practican las unciones.
Los relicarios deben colocarse sobre el altar, entre los cirios, en las celebraciones solemnes y se los inciensa durante la misa.
Cuando es la festividad del santo cuyas reliquias se veneran en una determinada iglesia, se suele presentar el relicario a la veneración de los fieles para que éstos lo besen con reverencia.
EL CULTO DE LAS RELIQUIAS EN LAS IGLESIAS
Ya los primeros cristianos recogían solícitos los cuerpos de los mártires y celebraban sobre sus sepulcros los sagrados misterios, para indicar así que su sacrificio se mezclaba con el sacrificio de Cristo.
Más tarde se levantaron en su honor templos magníficos, a los cuales acudían las multitudes de peregrinos para implorar mercedes y pedir perdón de sus pecados.
Hoy mismo no se puede consagrar ningún altar sin que se deposite en el ara la reliquia de algún santo.
Tal es el espíritu del cual ha nacido la festividad de las Sagradas Reliquias.
El altar fijo, de piedra, está asociado a las reliquias de los mártires.
LA RELACIÓN ENTRE LAS RELIQUIAS Y AL ALTAR DE PIEDRA
Con la paz de Constantino, el altar entra en una nueva fase. Esta presenta tres características importantes:
– Abandona la madera y se construye preferentemente con materiales sólidos (piedra, mármol, metales preciosos).
.
– Se fija de manera estable en el suelo.
.
– Se asocia, por lo regular, a las reliquias de los mártires.
¿Cómo se llegó al altar fijo, de piedra, y a asociarlo a las reliquias de los mártires?
El problema no se ha resuelto todavía claramente. Podemos, sin embargo, señalar algunas inducciones:
– La movilidad primitiva del altar de madera se mantuvo como norma en los siglos de las persecuciones para evitar posibles profanaciones de una cosa tan santa como era la mesa del sacrificio.
.
Pero una vez que la Iglesia tuvo plena libertad de culto, era natural que cesara aquella cautela.
.
– En el desarrollo de la arquitectura basilical, que en esta época recibió en todas partes extraordinario impulso, el altar de piedra respondía mucho mejor a las nuevas exigencias constructivas y decorativas del templo.
.
– El concepto primitivo de que Cristo es el altar místico de su sacrificio y, como él mismo dijera, la piedra angular sobre la cual debe edificarse el templo espiritual de los fieles, debió de influir en la preferencia por el altar de piedra para que éste se mostrase en realidad símbolo vivo de Cristo.
.
En lo que hace a la práctica de asociar el altar con la tumba del mártir, pudieron haber contribuido a ello factores históricos y, acaso más todavía, elementos simbólicos.
Citaremos algunos:
– El desarrollo creciente del culto litúrgico a los mártires, culto que en Roma comienza a afirmarse en la segunda mitad del siglo III.
.
Y se expresa concretamente en las primeras listas oficiales de la Iglesia, al comienzo del siglo siguiente (calendario filocaliano).
.
– La unión mística de los mártires con Cristo. Si el altar representa a Cristo, Cristo no puede estar completo sin sus miembros.
.
Los mártires son ciertamente miembros de El, miembros gloriosos del Cristo glorioso.
.
– La idea de asociar al sacrificio de Cristo el sacrificio de los mártires, que, en cierto modo, completa el valor de aquél, según las palabras de San Pablo:
.
“Me siento feliz de sufrir por vosotros y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo (místico), que es la Iglesia”
.
.
Precisamente los sufrimientos de los miembros de la Iglesia deben, en cierto sentido, completar el sacrificio de Cristo,
.
Por lo que las sepulturas gloriosas de sus mártires fueron consideradas como el complemento y el soporte más a propósito de la mesa sacrifical.
.
– El deseo, tan arraigado en el sentimiento religioso de aquella época, de permanecer en comunión con los difuntos mediante un banquete sagrado preparado sobre su misma tumba.
.
Por analogía, se quiso colocar la reliquia del mártir allí donde la comunidad celebrase el místico festín de la eucaristía.
.
De esta manera, a través del sacrificio y de la manducación del cuerpo de Cristo, renovaban perennemente los cristianos el vínculo de unión con el difunto.
En el siglo IV, el altar de piedra, asociado a las reliquias de los mártires, se presenta bajo tres formas principales:
– En el tipo tradicional de mesa, es decir, formado por una mesa de piedra casi cuadrada, ligeramente excavada y modelada en la superficie superior y sostenida por una columna central o por cuatro columnitas en los ángulos.
.
Las reliquias, si las había, se introducían en el espesor de la mesa o en los pies de la columna que la sostenían.
.
– En forma de cubo vacío, dentro del cual se colocan las reliquias.
.
En la parte anterior, una verja de hierro o una celosía de mármol (fenestella confessionis) permiten ver la urna, y a través de ella puede llegarse directamente hasta las reliquias para colocar sobre ellas pañuelitos (brandea) u otras cosas.
.
– En forma de cubo pero macizo, levantado sobre el sepulcro del mártir (confessio) cuando éste yace por debajo del nivel del suelo.
.
Para llegar a las reliquias se desciende por una rampa bajo el pavimento y por una puerta (ianua confessionis) se entra en la celda (cella) sepulcral del mártir.
.
Con frecuencia, pequeños orificios (cataractae) establecían comunicación directa entre el altar y la cella.
.
A este tipo pertenece el altar erigido sobre la tumba de San Pedro.
LOS MÁRTIRES FUERON ASOCIADOS AL ALTAR
La costumbre de asociar al altar la memoria de los mártires, que encontró unánime simpatía en el mundo cristiano, juntamente con la erección de múltiples iglesias, condujo a la búsqueda febril de reliquias para la dedicación de los nuevos altares.
Cuando, como sucedía más frecuentemente, la iglesia no se construía junto al sepulcro de un mártir.
A este respecto conviene observar que la disciplina de la Iglesia de Roma era distinta de la de Oriente.
Roma hasta el siglo VII, a pesar de las insistentes y autorizadas peticiones, no consintió jamás en trasladar los cuerpos de los mártires de sus sepulcros, ni tampoco en separar de ellos una parte; la tumba de los mártires era inviolable.
Sin embargo, en lugar de enviar verdaderas reliquias, lo que hacía era mandar como regalo reliquias equivalentes.
Esto es, pañuelitos (brandea, falliola) que habían tocado el sepulcro del mártir, o trocitos de tela empapados en su sangre, o lamparillas de aceite encendidas ante su tumba.
Por el contrario, en Oriente y en Italia septentrional, que seguía la disciplina oriental, el traslado de los cuerpos de los mártires y su fraccionamiento se hicieron pronto comunes.
Son conocidísimos los traslados hechos por San Ambrosio de los santos mártires Gervasio y Protasio a la basílica por él construida, de los Santos Vital y Agrícola desde Bolonia al altar de la basílica de Florencia, de los Santos Nazario y Celso a la basílica de los Apóstoles.
Originariamente, la lista de las reliquias, algunas veces numerosas, que se colocaban en el altar, venía escrita sobre el altar mismo.
.
Más tarde, esa misma lista, escrita en pergamino (pittacium), se encerró en la capsella que las contenía, como todavía es uso recomendado por el Pontifical.
Se conservan varias capsella metálicas antiquísimas, como la de San Nazario, plateada, en Milán, del 38.
Se colocaban en un hueco a propósito, hecho en la base del altar o bien excavado en el espesor de la mesa, según la costumbre generalizada después.
Las reliquias no eran solamente de mártires, sino también de confesores, de vírgenes o relacionadas con la Virgen o con Nuestro Señor.
Conviene, sin embargo, observar que, por más que la costumbre de colocar reliquias en los altares se extendiera muchísimo, no siempre podía llevarse a la práctica por falta de reliquias.
Por eso se buscaban substitutivos.
Véase por qué en el siglo IX surge una curiosa usanza, subrayada por vez primera en un canon del concilio de Celchyth (816), en Inglaterra, el cual sugiere colocar como reliquia sobreeminente la santísima eucaristía.
En esta época, sin embargo, vemos ya que la santísima eucaristía (tres hostias) se colocaba igualmente aun cuando no faltasen las reliquias.
Los tres granos de incienso que hoy se usan en el rito de la dedicación consta que estaban ya en uso en aquel tiempo y que guardaban relación con las tres hostias consagradas sepultadas en el altar.
LOS RELICARIOS
Nos referimos aquí a los vasos o receptáculos de diversos tipos en los que la Iglesia a través de los siglos ha guardado determinados objetos de culto.
Entre éstos figuran, en primer lugar, las reliquias de los mártires y de los santos.
La memoria de éstos no se limitaba únicamente a la lectura de sus gestas, ni sólo a la inscripción de sus nombres en los dípticos.
Sino que principalmente iba unida a la veneración de sus reliquias, ya estuviesen éstas encerradas dentro de una capsa, si se trataba del cuerpo entero.
O en una capsella o cofrecito, si era solamente una parte de los huesos o cenizas, ya fuesen, en fin, reliquias de mero contacto (brandea, palliola).
A partir del siglo IV son frecuentes las alusiones a cajas de metal, madera y marfil que conteniendo reliquias se colocan en los altares en el acto de su dedicación.
.
O se entierran junto a las sepulturas de los difuntos para su sufragio.
.
O bien se llevan al cuello (encolpia) o se tienen en casa como objeto de devoción.
El ejemplar más antiguo y precioso que ha llegado hasta nosotros es la Lipsanoteca, de Brescia (primera mitad del s.IV), el más bello de los marfiles cristianos.
En un principio tenía la forma de cofrecito; más tarde fue descompuesta, y cada una de las tapas puestas en comisa en forma de cruz su primitiva forma de cofrecito, no ha mucho que fue transformado en cuadro.
Algo posterior en el tiempo es la capsella argentea de la basílica de San Nazario, en Milán, donde en 382 San Ambrosio depuso algunas reliquias que consiguió en Roma.
Otras vetustas arquillas con representaciones o emblemas cristianos son la de Brivio, en Brianza (s.V); la de Rímini (s.V), la de Grado (s.V), que lleva grabados los nombres de los santos cuyas son las reliquias; la de Monza (s. VIII), de factura tosca, pero toda ella incrustada de piedras preciosas.
Son además interesantes, aunque de distinto carácter, las numerosas ampollas de plata (s.V-VI) que se conservan también en Monza.
Fueron llevadas de Roma para la reina Teodolinda con aceite de los santos mártires; provenían del Oriente y reproducen escenas de la pasión según el tipo de las medallas allí usadas.


Foros de la Virgen María

No hay comentarios: