miércoles, 28 de diciembre de 2022

UN SER CON LA CARA QUEMADA SE TUMBÓ SOBRE ELLA: «ME QUEDÉ MUDA... PERO PENSÉ EN DIOS Y DESAPARECIÓ»

 ESTRELLA: «DESCUBRÍ QUE JESÚS EN LA CRUZ ESTABA VIVO, QUE YO PODÍA VIVIR EN EL SUFRIMIENTO»

Estrella es chilena y tiene una gran historia de superación. En su adolescencia sufrió un episodio de violencia que marcó por completo su vida: "Aquel retiro me cambió. Mi corazón estaba renovado, era otra persona. No era la misma que se había acostado el día anterior".

Estrella es chilena y tiene un testimonio bastante impactante. A pesar del sufrimiento que ha tenido que padecer durante varios años, asegura que el "bien siempre vence" y por eso no pierde la oportunidad de compartirlo con los demás. Hace unos días conversó con el Rosario de las 11 pm donde habló de cómo Dios le ayudó en todo, incluso, a seguir viviendo. 

Cuando Estrella era una niña, acudía mucho a la iglesia, su madre siempre la llevaba a misa: "Fui muchos años lectora, subía a leer la Palabra", recuerda. Sin embargo, su relación con la fe era muy distante. "No iba porque conociera a Dios, tenía la sensación de que era algo muy lejano, no tenía una fe grande, no sabía las cosas que Dios podía hacer en la vida", explica.

UNA PRESENCIA EXTRAÑA

Llegada a la adolescencia, Estrella seguía participando de las actividades de la Iglesia, pero era más por hacer amistades. Y ese fue el momento preciso en el que su vida cambió. A los 11 años comenzó a seguir un camino peligroso. "Empecé a juntarme con gente mayor que yo y con amistades que no me convenían. Llevaba una vida de excesos", recuerda. Los padres de Estrella la habían dejado por imposible.

A los 17 años vivió un episodio aterrador, que le iba a marcar mucho. "Recuerdo un día que me desperté con algo encima mío, no supe qué era, me asusté mucho. Tenía aspecto de hombre, pero no era un hombre. En ese tiempo no había YouTube para saberlo. Hoy puedo decir que eso que me molestó era un demonio. Estaba encima mía, allí, apoyado en mi pecho, durante varios minutos", explica.

"Era como un hombre con la cara quemada. Yo tenía un miedo horrible, no podía hablar, estaba muda. Cuando ese ser permanecía sobre mí, me miraba todo el tiempo", recuerda. 

Sin embargo, aquella presencia extraña desapareció rápidamente. "Cuando puse mi pensamiento en Dios, desapareció", asegura Estrella. La joven gritó y despertó a sus padres. Su padre no la creyó, pero su madre la llevó a donde un sacerdote, para que este le diera agua bendita. Había sufrido una experiencia terrible y su vida se encaminaba hacia el abismo.

LO PEOR QUE PUDO PASAR

Cuando tenía 25 años, Estrella estudiaba una carrera, pero no le llenaba nada. "No me gustaba la familia, me cuestionaba todo el tiempo, el tener hijos y casarme. Me llevaba mal con mi familia", comenta. Hubo un día, como tantos otros, que tras una discusión con su madre se fue de casa. "Me fui como siempre, sin ningún tipo de remordimiento", relata.

"En la adolescencia empecé a juntarme con gente mayor que yo y con amistades que no me convenían. Llevaba una vida de excesos".

Estrella reconoce que le faltaba el respeto muy a menudo. Pero, su madre, aquel día, le avisó de que no saliera, que lo que tuviera que hacer lo hiciera otro día. "Salí de casa, caminé y me encontré con mi peor pesadilla, lo peor que podía pasarme. Me encontré con un drogadicto, esta persona me asaltó y yo le entregué todo. Pero él quería algo más", explica.

Esta persona abusó de Estrella, fue un momento muy traumático. "Mientras pasaba todo... eran minutos pero, para mí, eran como horas. En mi mente estaba arrepentida de haberle dicho todas esas palabras a mi madre", comenta. Pero, en ese momento terrible, ella le pidió al Señor que si la salvaba estaría siempre a su lado. Al poco tiempo, llegaron varios coches de Policía. Ella no se explica cómo lo hicieron, estaba en un lugar abandonado y solitario.

La llevaron al hospital y allí empezó el verdadero calvario para Estrella. "Pensaba que había pasado lo malo, pero estaba empezando todo. Al salir del hospital vi en las noticias la cara de aquella persona. La gente más cercana sabía que era mi caso y yo tenía una profunda vergüenza. No entendía por qué, si yo no hice nada malo. Yo era una persona súper alegre y ya no volví a ser la misma, entré en una profunda depresión", explica.

UNA NUEVA OPORTUNIDAD

"Tenía muchas pesadillas, llegué a perder el sentido de la realidad. Cuando habían pasado unos meses, me dije que no podía vivir así. A mí no me dejaban nunca sola, por todo lo que estaba viviendo, pero un día lo hicieron. Decidí quitarme la vida. No podía vivir con esos recuerdos. Había una cuerda y me preparé. Pero algo me dijo que no podía hacerle eso a mi madre. Ya había sufrido mucho con mi situación, como para perderme. Yo nunca había pensado en mi familia", afirma. 

Y, en ese momento, Estrella se arrodilló y le pidió a Dios que le ayudara. "Fue un hermoso descanso. No había sentido nunca tanta paz. Era una paz que no era de este mundo", comenta. Pasó un tiempo y volvió a sentir aquella angustia. Siguió su vida de depresión, no podía hacer nada, no podía trabajar, tenía un miedo terrible a salir a la calle. Hasta que un día le invitaron a la Iglesia, a un retiro de sanación.

"Obviamente todos sabían por lo que yo estaba pasando, y dije que sí, que iba a ir. Le iba a dar una oportunidad y fue un retiro maravilloso. El primer día le entregué al Señor todo mi dolor y, el segundo día, desperté, y ya no era la misma. Sentí que se me caía una venda de los ojos. Vi un crucifijo y entendí que Cristo estaba vivo y que estaba a mi lado, siempre había pensado que Cristo estaba muerto en la cruz", comenta.

Su vida se estaba dando la vuelta como un calcetín. "Mi corazón estaba renovado, era otra persona. No era la misma Estrella que se acostó el día anterior. En ese entonces tomaba muchas pastillas y, después de aquel retiro, las dejé todas. Fui a mi psicólogo, le conté lo que había pasado, y me dijo que mi Dios me había salvado, porque mi caso no tenía un buen pronóstico", afirma. 

"¿Cómo agradecerle al Señor? Yo antes lo veía como algo tan lejano, algo muerto y desde ahí para adelante yo sé que Dios es un Dios vivo. Agradezco todos los días cuando me levanto. El Señor ha sido muy bueno conmigo, no solo me salvó, me restauró, me entregó una familia... tengo una hija de 7 años, un esposo que es maravilloso... ¿qué más puedo pedir?", concluye. 

ReL

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