Comienza
la Cuaresma, cuarenta días de preparación para la Pascua, que este año
celebramos el 21 de abril, cuarenta días para la solemne celebración de la
muerte y resurrección de Jesucristo, cuarenta días de camino catecumenal para
renovar nuestras promesas de bautismo en la Vigilia pascual. Luego vendrán cincuenta
días de celebración de la nueva vida del Resucitado, de la nueva vida del
Bautismo. Vivamos la Cuaresma con intensidad, y así disfrutaremos de la Pascua
con intensidad proporcionada.
Y el
primer domingo entramos con Jesús en el desierto para vencer al Maligno, a
Satanás, que continuamente nos tienta para alejarnos de Dios. Cuando el diablo
fue vencido por el príncipe de los ángeles, Miguel, “se
fue a hacer la guerra al resto de sus hijos (de la Mujer), los que mantienen el
testimonio de Jesús” (Ap 12,17). Es decir, desde que fue derrotado por
Jesús, el diablo no tiene otra tarea que la de apartarnos de
Jesús, ofreciéndonos con sus mentiras un mundo feliz y engañoso.
Jesús
aparece en este primer domingo de Cuaresma luchando cuerpo a cuerpo contra
Satanás y lo derrota apoyado en la Palabra de Dios. Con esta enseñanza, la
Iglesia nos invita a luchar contra Satanás ayudados por Jesús e inspirados por
su ejemplo.
“No sólo de pan vive el hombre” (Lc 4,4).
Es la tentación del materialismo. Como si solo
existiera lo que vemos y tocamos. Ciertamente, tenemos necesidades materiales,
pero la persona humana es mucho más que sólo materia. Es también espíritu, y ha
de atender esas necesidades del espíritu de manera prioritaria. Cuando el
hombre sólo atiende sus necesidades materiales, se embrutece. La Cuaresma nos
invita a cuidar el espíritu, a alimentarlo con la Palabra de Dios, con los
sacramentos y con las buenas obras.
“Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto”. Es la tentación de la soberbia y la
autosuficiencia. El demonio nos
hace ver que él nos lo va a dar a todo, si hacemos caso a sus mandatos. Y a
veces lo consigue, tontos de nosotros. Porque es mentira lo que ofrece y porque
no puede darnos lo que ofrece. El corazón humano está hecho para Dios y solo Dios
puede llenarlo. El demonio se pone a ocupar el lugar de Dios y nos engaña. El
demonio se disfraza de muchas maneras, se disfraza de poder, de placer, de
tener. Se disfraza de poderío y de dominio. Y llega a seducirnos. Si uno no
adora a Dios, adorará a Satanás de una manera u otra. El tiempo de Cuaresma es
una invitación constante a abandonar los ídolos y volvernos a Dios, el único
que puede salvarnos.
“No tentarás al Señor tu Dios”. Es la tentación de hacernos un Dios de bolsillo, a nuestra medida, a nuestro
antojo. Es querer que Dios esté a nuestro servicio, que Dios se
ajuste a nosotros, en vez de ajustarnos nosotros a él. Es una tentación muy
sutil del demonio, que se nos cuela en el corazón. Hacemos nuestros planes,
buenos o no tan buenos, y queremos que Dios se ponga a nuestro servicio. La
vida cristiana consiste en ponernos bajo la voluntad de Dios, no al contrario.
Cuando llega la contrariedad hemos de buscar la voluntad de Dios ahí. No se
haga mi voluntad, sino la tuya.
Otros
muchos campos están sometidos a la tentación del demonio. Si Dios permite la
tentación, es porque quiere darnos la victoria. San Agustín nos recuerda: no hay victoria sin combate y no hay combate sin
tentación. Por tanto, la tentación está orientada a la victoria sobre el
demonio, que puede ser vencido si nos apoyamos en Jesucristo.
Comenzamos
la Cuaresma con buen ánimo, dispuestos a la lucha diaria para vencer al
Maligno. Jesús va por delante, María santísima ha pisado la cabeza de la
serpiente (Satanás), los santos han vencido en este combate. Saldremos reforzados de esta Cuaresma, si desde el principio nos tomamos
en serio la lucha contra Satanás.
Publicado en el portal de la diócesis de Córdoba
(España).








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