domingo, 10 de marzo de 2019

(339) LAS TRES AMBICIONES DE LA FENOMENOLOGÍA, Y SU IMPACTO EN EL CATOLICISMO


1.- LAS TRES AMBICIONES DE LA FENOMENOLOGÍA.— Ni las cosas suceden en vano, ni una crisis sucede porque sí. Porque la Babel contemporánea no se construyó en un día.
Decía Don Eugenio D´Ors, en El secreto de la Filosofía, que «la ambición de Husserl era triple».
La sintetizo:
1ª, encontrar fenómenos puros de conciencia, a salvo de los malvados conceptos.
2ª, liberar esos fenómenos de conciencia de las interferencias del entendimiento, y experimentar su inobjetividad.
y 3ª, comprender esos fenómenos de conciencia a partir del encuentro, la liberación, la experimentación previamente realizada.
Para ello, en conclusión, era preciso poner entre paréntesis los saberes heredados, y situarse  ante el hecho de la conciencia sin conocimientos previos, esto es, sin tradición.

2.- ESTOS TRES ANHELOS FENOMENOLÓGICOS no cayeron en saco roto. La escuela personalista no dudó en satisfacerlos y expandirlos, sembrándolos en la tierra tradicional del catolicismo.
El choque de conceptos, al principio, no pasó desapercibido. Pero en poco tiempo embelesaron inteligencias y ganaron adeptos. La tradición, en general, la pequeña y la grande, fue puesta entre paréntesis, como demandaba el nuevo método (aunque no explícitamente negada, sino en suspensión teleológica, como diría Kierkegaard: fue puesta al servicio de la nueva praxis tripartita, y así nació la pastoral posmoderna).

3.- QUE TUVO, Y TIENE, TAMBIÉN SU TRÍPODE: de la ambición primera surgió la concepción fenomenológica de la fe, que ya no consiste en creer, sino en encontrar, experimentar, confiar, sentir, etc. El deseo de fenómenos puros de experiencias espirituales sin conceptos suscitó una insana atracción por las técnicas deconstructivas orientales, y el zen y el yoga se volvieron virales.
4.- LA AMBICIÓN SEGUNDA consistió en desprestigiar la escolástica, la síntesis aristotélico tomista y todo cuanto significara primacía del entendimiento. La fe católica se hundió en el misteriosismo, que  obnubilaba los dogmas e introducía disonancias entre la fe y la razón. Todo en el cristianismo pasaba a ser misterioso, incognoscible e incomunicable. Y el pensamiento clásico, la metafísica, Santo Tomás, el derecho natural y la doctrina de la transubstanciación, se volvieron un problema.

5.- LA TERCERA AMBICIÓN supuso la entrada del constructivismo en la pedagogía de la Iglesia, y sus nuevos conceptos.
Un nuevo concepto de tradición, que ya admitía cierta creatividad bajo apariencia de fidelidad.
Un nuevo concepto de escuela, ya no católica, sino vagamente inspirada en vagos valores de un vago humanismo vagamente cristiano.
Un nuevo concepto de obediencia, que ya aceptaba cambios doctrinales a golpe de inmanencia.
Un nuevo concepto de ley moral, que ya dejaba de ser participación de la ley eterna, para volverse una mera norma administrativa.
La autoridad dejó de vincularse a la entrega, a la traditio fiel, para configurarse a la ideación, al ensayismo, a la revolución, a la potencia absoluta, a la potestad personal del que manda.

EN CONSECUENCIA, de la triple ambición fenomenológica, que el personalismo introdujo en la pastoral de la Iglesia,  nos quedan tres frentes de crisis que confrontar: el subjetivismo experiencialista, que ha deformado el sentido de la fe; los prejuicios contra la doctrina, la razón práctica, la metafísica y el derecho; y una concepción nominalista de la autoridad, que entiende que es la potestad del que manda un poder omnipotente que está por encima de la verdad.
Nos queda mucho que hacer. Pero sabemos qué somos y cuál es nuestra tarea: Iluminar las tinieblas hodiernas con la luz de la doctrina católica tradicional.

David Glez. Alonso Gracián

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