lunes, 26 de marzo de 2012

«QUERIÉNDONOS COMO EL PRIMER DÍA»


Celebran sus «bodas de brillante» tras 75 años casados.

Miguel Martínez y María Mollà tienen 100 y 97 años respectivamente, se casaron en 1937
y han sido labradores, leñadores y vendimiadores.

Un matrimonio de la localidad valenciana de Bicorp, Miguel Martínez y María Mollà, de 100 y 97 años de edad, respectivamente, han celebrado sus “bodas de brillante”, al cumplir 75 años casados, con una ceremonia en la parroquia San Juan Evangelista de la misma población, de la que son naturales.

La pareja, que contrajo matrimonio en el año 1937, ha tenido cinco hijos, uno de los cuales falleció ahogado a los 11 años de edad, en la actualidad son abuelos de 8 nietos y 10 biznietos, y aseguran en el último número del semanario diocesano PARAULA, que “seguimos queriéndonos como el primer día”.

María y Miguel, que reconocen que nunca pensaron en “llegar a esta edad” , contrajeron matrimonio en plena Guerra Civil. A los pocos días, él fue movilizado y acabó la contienda preso en Bilbao, en un campo de trabajo en minas de carbón. “Entonces mi abuela se dejó a su primer hijo, de poco más de un año, con su familia, y se fue a buscarlo con avales - cartas de
recomendación - para ver si lo dejaban libre”, señala su nieta Cristina, que precisa que su abuela “tuvo que trabajar haciendo ojales en una camisería hasta que consiguió sacarlo; fue muy valiente”.

Los años siguientes fueron de “hambre y penalidades”, trabajaron como “labradores, segando trigo y arroz, pero también como carboneros, leñadores, y hasta en la vendimia en Francia durante siete años”. Precisamente con motivo de sus “bodas de diamante”, a las celebraciones en Bicorp acudieron familiares y amigos de Valencia, Barcelona y, también, de Francia.

El Ayuntamiento de Bicorp, el Hogar del Jubilado y la cooperativa local les han entregado placas conmemorativas y ramos de flores mientras que el coro de Bicorp y la Coral Bolbaitina, que dirige su nieta Cristina, cantaron para ellos.

A sus 97 años, María sigue ocupándose de las labores de casa, donde vive también un hijo del matrimonio, soltero, y Miguel, con 100 años recién cumplidos, aún va a jugar al dominó al Hogar del Jubilado y a los jardines a pasear. “Qué más podemos pedir si somos felices y tenemos una vida que aún vale la pena disfrutar”, exclama Miguel.

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