jueves, 22 de enero de 2009

LOS DONES DE LA VIDA


Fábula de Ghana (África occidental)

Un día la Vida tomó la figura de un joven apuesto y se puso a caminar por el mundo. A la orilla de un bosque vio una cabaña, entró y encontró allí a un hombre pobre enfermo de elefantiasis: todos sus miembros estaban hinchados y tan deformes que se movía con mucha dificultad.
§ “¡Oh! ¿Qué venturosos vientos te trajeron a mí? ¿Quién eres tú?” - dijo el enfermo.
§ Soy la Vida - respondió el caminante - algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo. Yo voy y vengo; volveré por estos lugares dentro de siete años. ¿Pero, por qué gimes tanto?”
§ Tengo una enfermedad horrible; ha destruido mi aspecto humano y me ha quitado la alegría de vivir. Ya no puedo más
§ “Si quieres - dijo la Vida - te curo. Pero tú me olvidarás
§ “¡No! - le aseguró el enfermo - guardaré eternamente en mi memoria a quien me cure y le estaré agradecido para siempre
La Vida esparció un polvo misterioso sobre el enfermo, y éste quedó curado como por encanto. La Vida siguió su camino y enseguida llegó a la cabaña de un leproso.
§ “¡Oh! ¡Bendito tú que vienes a mí! - exclamó el leproso al ver al hermoso joven - ¿Puedo saber tu nombre?”
§ Yo soy la Vida - dijo el recién llegado - algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando regreso. Voy y vengo. Volveré por estos rumbos dentro de siete años. Puedo curarte, ¿pero te acordarás de mí?”
§ No te olvidaré mientras viva - dijo el leproso.

La Vida lo curó y siguió su camino. Al llegar a una aldea, se encontró con un ciego que buscaba el camino con un bastón. Cuando oyó pasos, se detuvo y preguntó.
§ “¿Quién va? ¡Cuidado con este pobre ciego!”
§ Yo soy la Vida. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo

Curó también al ciego y desapareció. Pasaron los años, y a su tiempo, como lo había prometido, volvió, pero esta vez oculto bajo la figura de un ciego. Era ya tarde cuando llegó a la cabaña del ciego que había curado. Tocó a la puerta. No estaba, pero le abrió su esposa.
§ Tenga piedad de este pobre ciego - dijo la Vida - conozco a su esposo; ¿me puede dar un refresco mientras lo espero? Me basta con un poco de agua
§ Mi esposo es un verdadero tonto - refunfuñó la mujer - trae a casa a cuanto pobre se encuentra
Puso un poco de agua sucia en una vieja jícara y se la ofreció de mal modo al falso ciego.

Por fin llegó el Señor de la casa, y la Vida se dirigió a él.
§ Estoy de paso – dijo - ¿Puedes darme alojamiento hasta mañana?”
El hombre murmuró algo, después extendió una estera en una esquina de la cabaña y dio al ciego un puñado de cacahuates. Cuando despuntó el alba, la Vida llamó a su anfitrión y le dijo:
§ “¿No te dije que algunos conocen a la Vida cuando viene pero no cuando regresa? Tú no me has reconocido, porque la ceguera se ha quedado en tu corazón, y volverá también a tus ojos
Dijo esto y salió dejando tras de sí una polvareda. El hombre volvió a ser ciego, como siete años antes.

Cuando la Vida llegó a la cabaña del antiguo leproso, se cubrió de una lepra tan horrible que la seguían enjambres de moscas. Tocó a la puerta, pero aquel hombre, viendo al leproso, no lo dejó entrar y rehusó darle de comer porque estaba demasiado sucio.
§ Te lo había dicho - le recordó el caminante - algunos conocen a la Vida cuando viene, pero no cuando regresa
Dijo y se marchó dejando tras de sí un reguero del misterioso polvo. El hombre ingrato se cubrió de nuevo de tanta lepra que la carne se le caía a pedazos.

Cuando llegó a la cabaña del antiguo enfermo de elefantiasis, la Vida se hinchó los miembros de tal modo que a duras penas podía caminar. Se asomó a la puerta y dijo:
§ “¡Buen hombre, un poco de refresco por caridad!”
§ “¡Adelante! ¡Adelante! ¡Entra! - dijo el hombre, apresurándose a ayudar al fingido enfermo - ¡Oh! ¡Que desgracia! ¡Tan joven y tan enfermo! Yo también, hace tiempo, tuve esa fea enfermedad, pero pasó por aquí un buen hombre y me curó. Quizá...”
Y mientras hablaba puso a cocer un plato de arroz, dio al enfermo nueces y una jícara llena de leche fresca, después preparó un asado de carnero y se ocupó de cuidar al enfermo.

En la mañana, la Vida se presentó como el joven hermoso que era y dijo:
§ Tú has reconocido a la vida también a su regreso. No olvidas los beneficios recibidos y sabes socorrer a quien sufre lo mismo que tú has sufrido. Por eso permanecerás sano y gozarás de prosperidad
El hombre quiso hacer un regalo a la Vida, unas vacas. Pero el joven se lo agradeció diciendo:
§ No tengo necesidad de riquezas. Quiero que recuerdes una cosa importante: La Vida puede cambiar y traer hoy bienes y mañana males, pero con frecuencia depende de ustedes hacerla mejor o peor

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bella historia