lunes, 25 de enero de 2010

DE FIEL SIJ A CURA: "NO COMPRENDÍA COMO LA GENTE PODÍA REZAR A UN DIOS QUE MUERE EN LA CRUZ"


JAIDEEP SING ERA SIJ Y AHORA SACERDOTE CATÓLICO

Jaideep Singh había sido formado en la espiritualidad sij por su madre, una mujer piadosa. Luego formó parte del coro del colegio católico en el que estudiaba. A los 13 años entró por primera vez en una iglesia. Los interrogantes sobre ese Dios humillado en la cruz surgieron a borbotones. Se convirtió a escondidas y se bautizó. Ahora es sacerdote y misionero.

El pasado año no ha sido fácil para la Iglesia en el subcontinente indio. En la India, país en el que menos de un 3% de la población se declara cristiana, se han producido frecuentes actos de intolerancia y persecución. El global Council of Indian Christian(GCIC) ha registrado centenares de casos a lo largo del año: en Karnataka, Andhra, Pradesh, Madhya Pradesh y Orissa. Sólo en este último Estado, 90 cristianos fueron asesinados y se calcula que unos 50.000 han sido evacuados a causa de la violencia fundamentalista hindú.

«Reconversiones» y congreso misionero.
En Thane, cerca de Mumbai, varias organizaciones fundamentalistas trabajan intensamente para lograr «reconversiones», presuntamente a la fuerza, entre personas dalia hindú, convertidas al cristianismo. La acusación se ha tornado frecuente y ha servido para justificar la violencia de los radicales, por más que hasta el momento no se haya presentado ante los jueces ningún caso concreto. EL GCIC ha protestado por la organización de ceremonias masivas de reconversión, concebidas como un espectáculo propagandístico y un sutil medio de presión. Mientras tanto, los cristianos son constreñidos por la Policía, a practicar sólo en sus casas, o se les impide distribuir literatura religiosa, a peras del derecho establecido en ese sentido por la constitución.

En este contexto, la Iglesia católica ha celebrado en Mumbai el I Congreso misionero de la India. Mil doscientos delegados de 160 diócesis se han reunido para estudiar la situación y también fortalecer los ánimos. En el documento final se reivindica la libertad de evangelizar, que está arraigada en el encargo de Cristo, pero también en el derecho natural y positivo: «No tendremos miedo de proclamar qué significa Jesús para nosotros. Ninguna oposición ni miedo a la persecución nos impedirá anunciar el Evangelio. Es un derecho radicado en la Constitución».

Testimonios.
En congresos parciales previos se ha mostrado a la sociedad la realidad de que son muchas las conversiones auténticas en el país. Destaca el carácter genuinamente religioso y libre de las decisiones de conversión y la normalidad de las personas conversas. En Calcuta, por ejemplo, se presentó Sujeta Mary Das, de 38 años y de familia brahmán, que refirió su encuentro con la fe, hace 9 años, al contemplar un cuadro del Crucificado, así como su maduración en un posterior contacto con las Misioneras de la Caridad. Impresionó a todos el testimonio de un joven enfermo, hijo de un hindú, atraído a la fe por las palabras de Jesús: «Yo he venido para que tengáis vida en abundancia».

Sacerdote de origen sij.
Del Estado del Punjab arranca la historia de Jaideep Singh, nacido en 1981 en una relevante familia sij. Hoy se llama fray Stephen James y es miembro del Maryknoll Missionary Institute. «Mi madre era una mujer muy piadosa», relata, «y me introdujo en las enseñanzas del Gurú Granth Sabih. Así que nos educamos en casa, y aprendimos a rezar y recitar los himnos de los sagrados textos», dice refiriéndose al sijismo. «Mi padre me acompañaba al Gurdwara” (un templo sij) y poco a poco crecí en la fe del Todopoderoso».

Jaideep se matriculó en un centro católico (como es frecuente en este país), el colegio de Saint Stephen, en Chandigarh, capital de Punjab. Harold Carver, decano y fundador del centro educativo, lo recuerda como un excelente deportista que también «cantaba en el coro».

Por su buena voz le invitaron a actuar en la Vigilia Pascual de una pequeña iglesia, la de san Sebastián. Tenía 13 años y era la primera vez que entraba en una iglesia católica. «Tengo vívidos recuerdos del crucifijo colgado en la pared y toda la gente de rodillas rezando. No comprendía cómo la gente podía rezar a un dios débil, que moría en una cruz. Para mí, de Dios tenía que emanar la fuerza y el poder». La liturgia le produjo un gran asombro, igual que la oración en común. Se abrió ante su mente «un camino totalmente nuevo para mí».

La conversión.
Fue un largo viaje interior. «Mi madre se dio cuenta pronto de que había algo nuevo en mí y percibió mi interés inicial en el cristianismo, pero no me dijo nada». Comenzó a charlar con el decano Carver, y cada vez se sentía más atraído por la fe. Inesperadamente, falleció su madre y entonces se volvió apremiante el anhelo de comprender el sentido de la vida y de la muerte. Ahora recuerda su oscuridad interior en aquél momento: «No entendía ni dónde estaba Dios en lo que me estaba pasando, ni qué significado tenía la vida». En aquellos días, el acompañamiento de Carver fue decisivo. «En un momento dado, empecé a comprender la conexión entre la vida y la muerte, empecé a entender que Jesús había muerto y resucitado por nosotros».

Habló con su padre que «se puso muy enojado y ofendido y llamó a mis hermanas, que vivían en Europa y Estados Unidos, para preguntarles más sobre el cristianismo». En el sufrimiento propio y de los suyos «empezó mi participación en la Pasión y Muerte de Jesús», recuerda. Pero decidió pedir el bautismo. «Me convertí en secreto. Durante tres o cuatro años lo oculté a mi familia. No quería hacerles sufrir más». Escogió los nombres de Stephen y James, en honor de los santos patrones del colegio donde había conocido la fe cristiana.

La vocación sacerdotal. Stephen se trasladó a Estados Unidos para comenzar sus estudios universitarios, a la vez que trabajaba en una gasolinera para pagarse los gastos. Por las mañanas asistía a Misa. Se apuntó de nuevo al coro y, un día, el director le presentó a los Maryknoll Missionaries. «Sentía en mí el deseo de comunicar con Dios, de dedicar mi vida entera a la contemplación», cuenta; «siendo indio, y habiendo recibido de mi madre una cultura y un sentido de la divinidad muy profundos, la vida mística me atraía mucho en aquellos días».

En 2001 hizo un curso de retiro durante la Pascua. Allí percibió su vocación y se matriculó en el seminario. De momento no dijo nada a su padre y a sus hermanas, Sufría mucho pensando en el dolor que podría ocasionarles. «Dios es fiel, pensaba, y estaba seguro de que les daría una recompensa más grande de lo que pudiera imaginar».

La ordenación.
Comenzó sus estudios en la Saint Xavier University de Chicago, primero, y después en el Maryknoll Language Institute, de Cochabamba, Bolivia. Durante dos años trabajó en una misión entre los aymara del Perú. El pasado mes de mayo, fue ordenado sacerdote. Sus tres hermanas asistieron a la ordenación. Su padre no obtuvo el visado de los Estados Unidos, pero le hizo saber que lo hubiera deseado y «mandaba su bendición con mis hermanas. Quería que supiera que estaba muy orgulloso de mí y que aceptaba mi vocación. Fue uno de los días más felices de mi vida. Mucha gente me escribe ahora, diciendo que rezan por mí durante este Año Sacerdotal. Siento la honra y el privilegio de ser un sacerdote bendecido por las oraciones de tanta gente por todo el mundo. Alienta en mí el deseo de ser un sacerdote santo y un misionero que sirva a Dios a través del servicio a su Pueblo».
Kevin de Souza/Palabra

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