jueves, 9 de agosto de 2018

ORDEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, PARA LIBERACIÓN DE LOS CAUTIVOS, ESPAÑA (10 AGO)


El título mariano la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España. Pedro Nolasco impulsó la creación de la Celeste, Real y Militar Orden de la Mercè. Que fue fundada en la Catedral de Barcelona con el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el consejo de san Raimundo de Peñafort.
En esa época muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica.
San Pedro Nolasco, inspirado por la Ssma. Virgen, funda una orden dedicada a la merced (obras de misericordia).
.
Su misión particular era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes.
.
Muchos miembros de la orden canjearon sus vidas por la de presos y esclavos.
LA VIRGEN LLAMA A SAN PEDRO NOLASCO
El Padre Gaver, en el 1400, relata como La Virgen llama a S. Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación.
.
Nolasco pide a Dios ayuda y, como signo de la misericordia divina, le responde la Virgen María diciéndole que funde una orden liberadora.

La Virgen llama a San Pedro Nolasco:
Nolasco: ¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?
María: Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano.
Soy aquella a la que dijo Simeón. cuando ofrecí mi Hijo en el templo: “Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel.
Ha sido puesto como signo de contradicción: y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma”.

Nolasco: ¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?
María: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío.
Será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos.

San Pedro Nolasco y sus frailes eran muy devotos de la Virgen María, tomándola como patrona y guía. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús el liberador de la humanidad y en la Ssma. Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora.

LA HISTORIA POSTERIOR
En el capítulo general de 1272, tras la muerte del fundador, los frailes oficialmente toman el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, pero son más conocidos como mercedarios.
Esta comunidad religiosa se ha dedicado por siglos a ayudar a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los feroces sarracenos. El Papa Gregorio IX la aprobó el 17 de enero de 1235, dándoles la regla de San Agustín. Estaba compuesta por religiosos y caballeros (frailes legos o coadjutores) que recibieron la institución canónica del obispo de Barcelona y la investidura militar del rey Jaime I, “el conquistador”. Los primeros mercedarios tomaron parte en la conquista de las Baleares en 1229 y en la de Valencia en 1238, y también recibieron constantes beneficios del rey. A partir de 1317 se convirtió en una orden clerical asimilándose, canónicamente, a una orden mendicante (1690).
Los mercedarios pronunciaban cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia.
.
Y cuarto: “estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida, si fuese necesario, por el cautivo en peligro de perder su fe”.
Muchos eran, por entonces, los cristianos que eran capturados y vendidos como esclavos a los musulmanes de África, lo que ocurrió hasta que desapareció la piratería. Los mercedarios cumplieron fielmente al cuarto voto profesado, y en su historia constan, perfectamente documentadas, 344 redenciones y más de 80.000 redimidos, y más de 300 mártires. Se dedicaban a liberar cautivos cristianos de manos de los sarracenos, llegando incluso a dar la vida por ellos, ya que cuando faltaba el dinero para liberarlos, ellos mismos se quedaban como parte del pago corriendo el riesgo de ser torturados e incluso asesinados si no se llegaba con el dinero del rescate. Muchos corrieron esta suerte, entre ellos: San Serapio (prisionero, torturado y asesinado), San Pedro Armengol (prisionero y torturado, sobreviviente pero con graves secuelas físicas), San Ramón Nonato (prisionero y torturado, sobreviviente), etc. Tras la abolición de la esclavitud en 1812 la orden pasó a convertirse en una orden misionera y caritativa. Fue el padre chileno Fr. Pedro Armengol Valenzuela, quien instauró una completa reforma durante sus 30 años de gobierno como general, indicando los nuevos horizontes de redención, atendiendo a las nuevas cautividades, que acechan con mayor profundidad y mayor sagacidad al hombre. En 1960 la orden contaba con 780 religiosos y 149 conventos.
También hay que agregar que fue una de las tres Ordenes mendicantes que evangelizaron América, desde el Reyno de la Nueva España a La Patagonia y Chile, se le encomendaban los lugares más lejanos.
.
En esto es necesario destacar la participación del P. Antonio de Almansa como capellán en la expedición de Diego de Almagro, en el año 1535, cuando llegaron a Chile.
En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal.

LOS MERCEDARIOS EN LA CONQUISTA Y EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA
El 3 de Agosto de 1492, mientras en Roma se celebraban las exequias del papa Inocencio III que acababa de morir, del puerto de Palos, partía Cristóbal Colón con tres carabelas, en busca de otro mundo desconocido.

El 12 de Octubre de 1492, Colón y sus compañeros llegaron a unas playas desconocidas, pero no sospecharon siquiera que habían descubierto para la civilización europea un nuevo continente, ni mucho menos tuvieron idea de que habían llegado al “continente de la esperanza” de la Iglesia. Colón llamó “El Salvador” a la primera isla donde llegó, y “La Concepción” a la segunda. Parece que en el primer viaje, venía un sacerdote como Capellán, el Padre Pedro de Arenas, quien habría celebrado la primera Eucaristía en el continente americano.
Vuelto Colón a España, los reyes Católicos, Fernando e Isabel, se apresuraron de dar cuenta del descubrimiento al nuevo papa Alejandro VI.
.
El papa celebró la noticia y contestó a los Reyes:
.
“Os mandamos, en virtud de santa obediencia que así como prometéis, y no dudamos cumpliréis, destinéis a las tierras e islas susodichas, varones probos y temerosos de Dios, doctos, instruidos y experimentados, para doctrinar a los dichos indígenas y moradores en la fe católica e imponerles en las buenas costumbres, poniendo toda la diligencia de vida en los que hayáis de enviar” (Bula Inter Caetera, 6 de Mayo de 1493).

LLEGAN LOS PRIMEROS MISIONEROS A LA ANTILLAS Y AMÉRICA CENTRAL
En consecuencia, cuatro meses después, el 26 de Setiembre de 1493, salía Colón de Cádiz, en su segundo viaje, entre los 1500 hombres que llevaba en catorce carabelas. Iban, como delegado de su Santidad, un fraile benedictino llamado Juan Boyl (que había sido designado por el papa Alejandro VI como Delegado Pontificio y Superior de la Misión en el Nuevo Mundo) y varios otros religiosos y clérigos seculares, reclutados en Sevilla. El primer obstáculo grande con que tropezaron europeos y americanos para entenderse fue la falta de una lengua común. Se calcula que en esa época existían en América 125 familias lingüísticas con 600 idiomas, muchas de ellas difíciles de aprender, por eso recurrieron a las lenguas generales, es decir, las que habían logrado mayor difusión. Desde un comienzo de la colonización se utilizó el método de las encomiendas. Descubierto y conquistado un territorio, se confeccionaban los planos y se fundaba un villorio con el nombre de ciudad. Las inmediaciones se repartían entre los conquistadores, siendo una de las principales obligaciones cuidar, defender y catequizar a los indios de su territorio.

Al dar posesión a un conquistador de un territorio, se decía al interesado: “A vos XX se os encomiendan tantos indios en tal cacique y enseñadles las cosas de nuestra santa fe católica”.

De ahí las palabras encomienda y encomendero. A su costa, tenía éste en su encomienda un encargado, sacerdote o seglar, que diariamente enseñaba la doctrina cristiana a los indios. De tiempo en tiempo, pasaba por ahí algún misionero, examinaba a los candidatos y bautizaba y administraba los demás sacramentos, a los que estaban suficientemente preparados.
En 1495, los reyes Católicos ordenaron que pasasen misioneros a las tierras descubiertas.
.
La isla Española fue el sitio donde franciscanos, dominicos y mercedarios, ensayaron el modo más apropiado para desempeñar debidamente su misión.
.
Comenzaron por catequizar a los niños, siguieron con los adultos.
.
En 1502 comenzaron a edificar iglesias en Santo Domingo, dando alas a su celo apostólico y, acompañados de algunos sacerdotes del clero secular, pasaron a las demás islas, y así se civilizó a los moradores de las Antillas.
En 1511 se crea la primera diócesis latinoamericana en Santo Domingo, a las que seguirán Puerto Rico (1511), Concepción de la Vega (1512) y la Abadía de Jamaica (1515).
En 1547, Santo Domingo sería elevada a Arquidiócesis, constituyéndose en cabecera de la Iglesia en el Caribe.
En 1513, Vasco Núñez de Balboa logra introducirse por el istmo de Panamá y descubre el Océano Pacífico, al que denominó Mar del Sur.

En el mismo año, se constituye en diócesis Panamá, que sería la primera diócesis erigida en el continente. Desde ese momento se convierte esa región algo así como en un centro de operaciones. De Castilla de Oro salen expediciones civilizadoras hacia la América Central y por el istmo de Panamá pasa la corriente cristiana hacia la América del Sur. Los mercedarios fueron los capellanes de muchas de estas arriesgadas expediciones y los primeros en construir conventos en Guatemala y otros puntos de América Central. En aquellos lugares donde, por lo malsano del clima, por la aspereza del terreno, por estar lejos del poblado o por otra razón cualquiera, no se repartían encomiendas, y esto ocurría en la mayor parte del continente, fueron los heroicos misioneros de las Órdenes religiosas los protagonistas de la evangelización. Aquellos primeros misioneros se internaban en los bosques o en los desiertos y serranías donde los indios vivían dispersos y, exponiendo su vida, los reunían en un sitio determinado. Ayudados por ellos, construían un rancho-capilla donde enseñaban la doctrina y decían misa. En su contorno levantaban los indios sus viviendas y a eso se llamaba las doctrinas, que fueron el origen de muchas parroquias, obispados, pueblos y ciudades de América. Años y años pasaba ahí un religioso hasta que, crecida la doctrina y ya con el nombre de parroquia formada, pasaban a otras manos y los misioneros, dando un último adiós a sus fieles convertidos, pasaban a otra región en busca de lugares desconocidos a aprender otras lenguas, entenderse con otros indios y formar nuevas doctrinas para repetir la historia. Así, en el siglo XVI, los misioneros de las Ordenes de San Francisco, Santo Domingo y la Merced, evangelizaron los territorios de las actuales Guatemala, Nicaragua, Honduras y el Salvador.

LA EVANGELIZACIÓN DE MÉJICO Y PERÚ Y LLEGADA A AMÉRICA DEL SUR
El mundo religioso americano en 1492. Imperaban las religiones indígenas en forma primitiva en la mayor parte del continente, y en forma más evolucionada en México y Perú. Sin embargo, los sacrificios humanos y otros ritos de esta índole degradaban la religión en algunas partes de esos mismos países evolucionados. La enorme variedad lingüística iba a agigantar las dificultades de los misioneros que se vieron obligados a redactar los primeros diccionarios y gramáticas de casi todas esas lenguas. Los Imperios de México y Perú estaban demostrando al llegar los europeos la posibilidad de formar entidades políticas, culturales y religiosas de cierta consistencia y extensión territorial, a pesar de la falta de algunos elementos técnicos indispensables.

En 1516, Hernán Cortés llevó en su expedición al territorio Mejicano al P. Mercedario Bartolomé Olmedo, quien con todo esmero catequizó a los naturales de la región.
En 1524 moría el primer evangelizador de Méjico, fecha en que llegaron del viejo continente doce religiosos franciscanos (los “doce apóstoles franciscanos”) que continuaron la labor misionera.

La primera diócesis en territorio mejicano fue Tlaxcala, creada en 1519, seguida de la de Méjico (1530) que luego sería elevada a arquidiócesis en 1547 y constituida en cabecera del territorio centroamericano y norte del sudamericano. En noviembre de 1533, llega Francisco Pizarro (proveniente de América Central) al territorio del Perú, fundando en Marzo de 1534 la ciudad de Cuzco. Con Pizarro, llegaron al Cuzco dos sacerdotes: el P. Vicente Valverde, dominicano y el sacerdote seglar Juan de Sosa. Pocos meses después llegan los Mercedarios y se instalan en la ciudad, construyendo el primer convento fundado en el Perú.

En 1535, el P. Valverde, que había vuelto a España, se entera de su nombramiento como primer obispo del Cuzco, la primera diócesis de América del Sur, volviendo a tomar posesión de ella en 1537, acompañado de veinte religiosos de su Orden.
En 1541 se crea la diócesis de Lima, que en 1547 será elevada a arquidiócesis, constituyéndose en cabecera de la Iglesia en la América del Sur.

Gracias al espíritu organizador de Pizarro y a la riqueza de la tierra, fue el Perú, la región más importante de América. Ahí establecieron sus conventos las Órdenes religiosas y tuvieron por todas partes misiones y doctrinas. También salieron de ahí expediciones militares y evangélicas hacia las demás regiones de la América española. De ahí salió el capitán Sebastián de Belalcazar en 1533 hasta llegar al Ecuador, donde funda en Diciembre de 1534 la ciudad de San Francisco de Quito. Con él, fue el sacerdote mercedario Fray Hernando de Granada quien tuvo a su cargo la evangelización de Ecuador y Colombia. En el Ecuador tuvo más auge la acción evangélica de los religiosos, que en otras partes de América.

En 1546 se crean las diócesis de Quito (Ecuador), y de Popayán (Colombia).
En 1535, Diego de Almagro parte con su expedición hacia el sur, atravesando los actuales territorios de Bolivia y norte de Argentina para luego atravesar los Andes y llegar a Chile a fines de 1535.

Acompañaban esta expedición dos sacerdotes mercedarios, el P. Antonio Solís y Antonio de Almansa y el clérigo Cristóbal Molina. De su paso por el territorio Boliviano, surgen las comunidades que darán origen a la diócesis de Charcas o la Plata en 1552, que luego será elevada a arquidiócesis en 1609. En 1553 llegaron a Chile los padres franciscanos, en 1557 los dominicos y algunos años después los agustinos y jesuitas. En Chile, apenas si tuvieron doctrinas los misioneros fuera de las poblaciones y ciudades, puesto que fundadas las ciudades, a ellas se fueron recogiendo los naturales, ahí recibieron instrucción religiosa. En 1561 se crea la diócesis de Santiago de Chile y en 1567 la de Concepción (Chile). Por su parte, el Patronato regio de Portugal tuvo a su cargo la evangelización del territorio brasileño. Brasil había sido descubierto en 1500 por el marino portugués Pedro Alvarez Cabral, aunque se cree que ya e 1499 Vicente Yañez Pinzón había llegado a sus costas. Parece que ya desde 1532, funcionaban algunas capitanías de los colonos portugueses con un servicio religioso que dependía del Obispado de Funchal, en las islas Azores (Portugal).

En 1551, el papa Julio III erigió la Diócesis de San Salvador de Bahía la más antigua en territorio brasileño, sufragánea de Lisboa (Portugal).
Desde 1551 hasta 1676 no hubo más que un solo obispo para todo el Brasil.
En 1676, esta sede fue elevada a Arquidiócesis y se crearon las diócesis sufragáneas de Pernambuco, Río de Janeiro, Mariana y Sao Paolo.

Hay que tener en cuenta que, mientras para la corona de España sus colonias americanas eran de primer orden, para la corona Portuguesa, el Brasil pasaba a ser una colonia secundaria luego de las de África y Asia. La cosecha misionera en Brasil, sin embargo, ha sido muy fecunda, porque en 1503 llegaron los Padres Franciscanos a Porto Seguro, Bahía y Río.

En 1549 arribaron también los Carmelitas Calzados, los Capuchinos y los Jesuitas.

De los padres Jesuitas es muy recordado el Padre José de Anchieta, que llegó a Brasil en 1553 y pronto se hizo famoso por su santidad, sus milagros, sus catecismos, himnos, diccionarios y gramáticas. En 1619, salió del Perú el P. Fray Francisco Ponce de León con cincuenta soldados y algunos indios, a descubrir y poblar las regiones del occidente de Brasil. En 1637 el capitán Pedro Teixeira marchó hacia Quito en busca de misioneros, retornando con cuatro mercedarios: los padres Alonso de Armijo, Juan de la Concepción, Juan de las Mercedes y Pedro Rua Cirne, a quienes se le unieron los jesuitas Acuña y Artieda y un sacerdote y un hermano franciscanos. En el camino murieron el padre franciscano y los mercedarios Armijo y Juan de la Concepción. Los demás, llegaron a Belén en diciembre de 1639. Allí se establecieron y desarrollaron su labor evangelizadora. Durante los siglos XVII y XVIII los religiosos evangelizaron el vasto territorio de Brasil.

No hay comentarios: