viernes, 24 de junio de 2016

MENSAJE DEL PAPA A LOS ARMENIOS EN LA TV DEL PAÍS: LES HABLA DEL DESEO DE UNIDAD TOTAL Y DE COMUNIÓN


El Papa Francisco se ha dirigido a los armenios en un videomensaje retransmitido por la televisión pública del país caucásico, que tiene 3 millones de habitantes, de los que sólo un 9% son católicos.

Francisco recorrerá el país desde el viernes hasta el domingo. Visitará la capital, Ereván, Etchmiadzin (conocido como «el vaticano» de la Iglesia Apostólica de Armenia), la ciudad de Gyumri (donde hay más población católica) y el monasterio de Khor Virap, para rezar por la paz en la frontera con Turquía, a la sombra del Monte Ararat, donde Noé detuvo el Arca del diluvio.

Armenia se suele enorgullecer de ser el primer país cristiano, pues su rey Tiridates se bautizó con todos sus súbditos el año 301, décadas antes de que Roma proclamase los edictos de libertad religiosa. Y el Papa Francisco lo ha reconocido en su mensaje televisado.

También ha hablado del sufrimiento del pueblo armenio (en alusión a las matanzas de los turcos contra los armenios y otros cristianos en el siglo XX) y de la capacidad de los armenios para sobreponerse y levantarse frente al mal.

En Armenia la inmensa mayoría de la población pertenece a la Iglesia Apostólica nacional, que mantiene buenas relaciones con la Iglesia católica. El Papa en el vídeo habla de su deseo de volver a encontrar a su "hermano" el Katolikós Karekin II y habla de "un renovado impulso a nuestro camino hacia la unidad total".

Lo cierto es que en los últimos años el diálogo doctrinal entre católicos y armenios ha logrado muchos avances y ha superado dificultades que se remontaban al Concilio de Calcedonia del siglo V y nacían de problemas de traducción y lingüísticos.

Hoy los católicos cuentan en el país con unas 20 parroquias, 280.000 fieles, un hospital, 20 ambulatorios y 5 hogares para ancianos o discapacitados.

Mensaje completo del Papa Francisco a los armenios.
»Queridos hermanos y hermanas, en pocos días tendré la alegría de estar entre ustedes, en Armenia. Desde ahora les invito a rezar por este viaje apostólico.

»Con la ayuda de Dios voy entre ustedes para cumplir, como dice el lema del viaje, una “visita al primer país cristiano”. Voy como peregrino, en este Año Jubilar, para tomar de la sabiduría antigua de su pueblo y abrevarme de las fuentes de su fe, rocosa como sus famosas cruces esculpidas en la piedra.

»Voy hacia las místicas alturas de Armenia como su hermano, animado por el deseo de ver sus rostros, de rezar junto a ustedes y de compartir el don de la amistad. Su historia y las vicisitudes de su amado pueblo suscitan en mí admiración y dolor: admiración, porque han encontrado en la cruz de Jesús y en su ingenio la fuerza de volverse a levantar siempre, también de sufrimientos que se encuentran entre los más terribles que recuerde la humanidad; dolor, por las tragedias que sus padres han vivido en su carne.

»No permitamos a los recuerdos dolorosos adueñarse de nuestro corazón; también frente a los repetidos asaltos del mal, no nos rindamos. Hagamos más bien como Noé, que después del diluvio no se cansó de mirar hacia el cielo y de soltar varias veces a la paloma, hasta que esta regresó, trayendo en su pico una rama verde de olivo (Gen 8,11): era la señal que la vida podía volver a comenzar y la esperanza debía resurgir.

»Como siervo del Evangelio y mensajero de paz deseo ir entre ustedes, para apoyar todo esfuerzo sobre el camino de la paz y compartir nuestros pasos sobre el sendero de la reconciliación, que genera la esperanza.

»Que los grandes santos de su pueblo, especialmente el Doctor de la Iglesia Gregorio de Narek, bendigan nuestros encuentros, que espero con vivo deseo. De forma particular, espero volver a abrazar a mi Hermano Karekin y, junto a él, dar un renovado impulso a nuestro camino hacia la unidad total.

»El año pasado han venido a Roma de diversos lugares, y hemos rezado todos juntos ante la tumba de San Pedro. Ahora voy a su tierra bendita para reforzar nuestra comunión, avanzar sobre el camino de la reconciliación y dejarnos animar por la esperanza. Gracias y ¡Tsdesutiun! ¡Hasta pronto!

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