jueves, 18 de febrero de 2010

MI MADRE ME HA OFRECIDO COMO SACRIFICIO A ALÁ ESTE AÑO


MI MADRE ME HA OFRECIDO COMO REGALO A ALÁ ESTE AÑO

La visión que tienen los islamistas de la divinidad es la de un dios sediento de sangre humana, y que se complace con la muerte de sus fieles y la de los infieles. A los primeros les otorga la entrada del Paraíso, en la que sus mártires disfrutarán copulando eternamente.

En un reciente programa infantil, presentado en el canal de televisión egipcio Al-Rahma TV, un niño predicador, Abd Al-Fattah Marwan, recita la leyenda de Abu Qudama, y el muchacho que murió como shahid-mártir en el campo de batalla en los primeros días del Islam.

En la leyenda, que glorifica el Yihad y el martirio, el niño Muhammad, se cuenta que le suplicó a Abu Qudama que le permitiera unirse al Yihad en contra de los infieles a pesar de su corta edad. Después de disparar tres flechas, que mataron a "tres soldados cristianos-bizantinos", murió como shahid-mártir y se fue al Paraíso. Allí conoció a la que sería su mujer, cuyo rostro irradiaba una luz cegadora y cuya belleza era enloquecedora.

En el programa el niño predicador islámico Abd Al-Fattah Marwan cuenta que el muchacho de la narración sonreía mientras soñaba que sería martirizado al día siguiente. "Mi padre fue martirizado el año pasado y mi hermano y su tío un año antes", dice. Este año, "mi madre me ha presentado como regalo a Alá". El Paraíso es descrito en términos cariñosos, como plenos de "un ramo de flores perfumadas de vírgenes de ojos negros" de una belleza indescriptible. La madre, al escuchar las noticias del martirio de su hijo y cuando su hija cae muerta de un shock, alaba a Alá, quien no envió a ningún descendiente suyo al Infierno.

-Anfitrión del programa: Comencemos con nuestro hijo, Abd Al-Fattah Marwan, quien nos hablará sobre el amor del martirio por la causa de Alá. ¿Puedes hacer esto, Abd Al-Fattah?
-Abd Al-Fattah Marwan: Alá que lega... Nos reunimos hoy para hablar sobre el amor al martirio por la causa de Alá. Sí, el amor al martirio por la causa de Alá...
Queridos hermanos, Alá dijo: Alá ha comprado de los creyentes sus vidas, sus bienes, porque ellos tendrán el Paraíso. Ellos combatirán por la causa de Alá, y matarán y serán muertos.

Queridos hermanos, una mujer vino a ver al comandante Abu Qudama Al-Shami sosteniendo dos trenzas de su cabello, y dijo: Abu Qudama, corté dos trenzas de mi cabello, para que pudieras hacer de ellas las riendas de tu caballo, por el bien de Alá. Abu Qudama tomó las trenzas de ella.

-Abu Qudama dice: Cuando quisimos prepararnos para el Yihad al día siguiente, un muchacho se me atravesó en mi camino, y dijo: Le imploro, en nombre de Alá, que me lleve con usted por el sendero del Yihad por la causa de Alá. Abu Qudama dijo: Eres sólo un niño, y no puedes portar un arma.
-El muchacho dijo: Le ruego, en nombre de Alá, Abu Qudama. Mi madre me ha dado como regalo a Alá. No devuelva el regalo.
-Abu Qudama dijo: Te llevaré con una condición.
-El muchacho dijo: ¿Qué condición?
-Abu Qudama dijo: Si Alá decreta que seas martirizado, debes responder por mí ante Alá.
-El muchacho dijo: Está bien. Voy a dar fe de ti ante Alá, si decreta que yo sea martirizado. ...-Abu Qudama dice: Un día, el muchacho fue a preparar comida. Llegó tarde regresando de vuelva, así que fui a ver si estaba a salvo. Descubrí que el muchacho había encendido el fuego, colocó la olla en este y se quedó dormido junto al fuego. Miré al niño, y vi que estaba sonriendo. Luego sonrió un poco más. Luego se echó a reír hasta que despertó.
-Abu Qudama dijo: ¿Qué fue eso, muchacho?
-El muchacho dijo: A Alá pertenecemos y a Él regresamos. Por Alá, Abu Qudama, mi madre me consideraba un mártir junto a Alá. Mi padre fue martirizado el año pasado, y mi hermano y su tío el año anterior. Mi madre me ha presentado como un regalo a Alá este año...
-El muchacho dijo: mientras yo dormía, soñé que la resurrección había ocurrido y que Alá me había ordenado entrar en el Paraíso. El muchacho continuó: Cuando entré en el Paraíso, vi un ramo de flores perfumadas de vírgenes de ojos negros, cuya belleza ni siquiera podía empezar a describir, Abu Qudama. Por Alá, yo ni siquiera podría comenzar a describir su belleza, Abu Qudama.

-Una de ellos me miró y dijo: Este es el marido de Al-Mardhiya.
-Le pregunté quien era Al-Mardhiya, y ella dijo: ¿No la conoces? Dije que no. Dijo: Ella dijo es tu esposa en el Paraíso. Le pregunté: ¿Dónde está Al-Mardhiya? Señaló uno de los palacios del Paraíso, y dijo: En ese palacio. Ve adentro, para que veas a Al-Mardhiya.
-El muchacho dijo: Toqué la puerta del palacio y entré. Vi a una virgen de ojos negros. Lo juro, Abu Qudama, si Alá no hubiese ordenado que no debiéramos estar ciegos en el Paraíso, me habría vuelto ciego por la luz que radiaba de su rostro. Si Alá no hubiese ordenado que no debiéramos estar ciegos en el Paraíso, me hubiera quedado ciego por la luz que radiaba de su rostro. Si Alá no hubiera ordenado que mantuviésemos la cordura, me hubiera vuelto loco por la intensidad de su belleza.
-Le pregunté: ¿Eres Al-Mardhiya? Ella dijo: Sí, mi amor. He sido criada para ti en los palacios del Paraíso durante los últimos 500 años. Cuando traté de tocarla con mi mano, ella dijo: No. Pueda Alá evitarte la vergüenza y la depravación. Tenemos una cita mañana, después de los rezos del mediodía, en el paraíso de Dios Todo Misericordioso. Queridos, Abu Qudama dijo: A la hora exacta fijada por la virgen de ojos negros, el muchacho me dijo: Por Alá, dame tres flechas. Yo dije: Las desperdiciaras. El muchacho dijo: Alá que lega, no las desperdiciare. El niño tomó las tres flechas y las puso en su aljaba.

-Durante el Yihad, dijo: Pueda Alá estar contigo, Abu Qudama, y disparó una de las flechas, matando a un soldado bizantino. Luego lo dijo una vez más, lanzó otra flecha y mató a otro soldado bizantino. Luego dijo una tercera vez, lanzó otra flecha y mató a un tercer soldado bizantino. Entonces, los bizantinos lo vieron y lo mataron.

El niño cayó de su caballo, y cuando Abu Qudama lo vio, manchado con la sangre del martirio, se apeó de su caballo detrás del niño y dijo: Muchacho, no te olvides de tu promesa. El muchacho dijo: No me olvidare. Voy a responder por ti ante Alá. El muchacho dijo: Por Alá Abu Qudama, te pedí que tomaras esta camisa, manchada con la sangre del martirio, y se la llevaras a mi madre.
-Abu Qudama dijo: ¿Quién es tu madre, muchacho?
-El muchacho dijo: Mi madre es la mujer que te dio las dos trenzas. Aláhhhhhhh. Mi madre es la mujer que te dio las dos trenzas. Sí, una generación tras otra, fue educada para obedecer a Alá, en la gloria, y en combatir por el bien de la religión de Alá.
-Abu Qudama dijo: Cuando el Yihad terminó, fui a la aldea de la madre del niño.
-La madre dijo: Dame la buena noticia.
-Abu Qudama dijo: Por Alá, murió combatiendo. Murió matando a tres soldados bizantinos. Los mató y fue muerto. ¡Pueda la misericordia de Alá estar con él!. Él le envió esta camisa manchada con la sangre del martirio, y dijo: Regocíjate, Oh madre. Tu regalo ha sido aceptado y Al-Mardhiya se ha casado conmigo en el Paraíso de Alá.

Cuando su hermana escuchó la noticia, cayó muerta.
-La madre miró a su hija y dijo: Bendito sea Alá, que no ha enviado a ningún descendiente mío al Infierno. ...

También se destaca una historia sobre el entierro del niño - en esta versión llamada Sa´id - contada por el clérigo egipcio Jeque Muhammad Nassar a un público en un estudio de televisión repleto de fascinados niños de primaria. El programa fue presentado en el canal de televisión egipcio Al-Nas TV el 15 de junio de 2006.

La tumba se estremecía y expulsaba el cadáver del muchacho (De los archivos de MEMRI TV - Al-Nas TV, 15 de junio de 2006):
Clérigo egipcio Jeque Muhammad Nassar contándole la historia a un grupo de niños en edad escolar: ... Cavaron una zanja en la tierra como una tumba, y pusieron a Sa´id en esta, y lo cubrieron con tierra. Luego comenzaron a alejarse. De repente, la tumba se estremeció, y estaban asustados. ¿Qué pasó? La tumba se estremeció y arrojó fuera a Sa´id.
-Ellos dijeron: “Alá sea alabado, qué está pasando?” El cadáver salió de la tumba por si mismo. Estaban asombrados, y dijeron: “Alá sea alabado”.
-Abu Qudama les dijo: “Esperen un momento. Intentémoslo de nuevo. ¿Cómo podemos dejar su cadáver así?"
Así que lo colocaron en el suelo una vez más, y lo cubrieron con tierra. Después de cubrirlo y comenzaron a alejarse, la tierra se estremeció, y arrojó al cadáver de nuevo. Todos estaban asustados, y comenzaron a temblar. Alá sea alabado. Alá Akbar. Luego, todos estaban de pie allí asombrados.
-Abu Qudama dijo: “No podemos dejarlo así. Este es mi querido Sa´id. Él me ordenó que lo enterrara cuando muera, y que me quede con él, y no decirle nada a su madre. Tengo que hacerlo. Debo enterrar a Sa´id. No puedo dejarlo. Entiérrenlo de nuevo”. Así que él mismo excavó la tumba, y dijo: Señor, revélanos esto a nosotros, mi Señor. Queremos enterrarlo, mi Señor.
Lo colocaron de nuevo en la tumba, y comenzaron a alejarse. Luego la tierra se estremeció una vez más, y el cadáver salió.
Entonces dijeron: Alá Akbar. Esto es un hecho de Alá.
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