martes, 14 de agosto de 2018

EL OBISPO COMO LITURGO DE SU DIÓCESIS


Dije ayer que iba a decir alguna cosa sobre la palabra “liturgo”, porque me parece que no pocos la usan sin saber lo que significa.

“Liturgo” (en griego leitourgos) significa “ministro público, funcionario del Estado” en sentido general. En su sentido más original, significaba el funcionario que pagaba a sus expensas el ejercicio de su magistratura.

En la Carta a los Hebreos se usa esta palabra respecto a Cristo, diciendo de Él que es ministro (o servidor público) del tabernáculo que está en los cielos. Usamos estas dos palabras “ministro” y “servidor” porque es lo que está en la raíz de la palabra (laos + ergon) y porque en ese sentido se usa en una epístola de san Pablo y en la de los Hebreos; que yo pienso que también es de san Pablo.

Nadie duda que el obispo es el sumo sacerdote de su diócesis. Nadie duda de que él es el encargado de cuidar y preservar la nitidez de la liturgia. No pongo en duda de que el obispo manda. Pero es el uso de la palabra griega el que me genera ciertas dudas al ver cómo se usa.

Pues, dado que liturgo significa eso, todo sacerdote y todo diácono es un liturgo, es decir, un ministro encargado de la liturgia. El presbítero es liturgo en su comunidad.

Cuando se dice que el obispo es liturgo por excelencia de su diócesis, lo que se está diciendo es que es servidor eminente de la liturgia en su comunidad.

Si un obispo lo que quiere expresar es que él determina qué es lícito y qué no, en cuanto a la liturgia, en su rebaño, sería más adecuado usar términos que indiquen jurisdicción o autoridad: obispo (supervisor) o decir que es “sumo sacerdote” o pontífice u otros términos. Pero el concepto de liturgo justamente es el único término (tanto etimológicamente, como en su sentido más propio, como en el sentido en el que aparece en las cartas del Nuevo Testamento) le iguala al resto del clero, pues todos son servidores.

¿Sería correcto decir que el obispo es el diácono por excelencia en su diócesis? Pienso que no. Pues el concepto de “servir” se compadece mal con el concepto de “excelencia”. ¿Es más servidor el obispo que el presbítero? No. Todos deben servir. Cada uno en su función.

Por eso, escuchar, como he escuchado, que el obispo es el liturgo de la diócesis y que por eso hay que obedecerle, pienso que supone un uso inadecuado de la palabra.

Una concelebración es una reunión de liturgos para adorar a Dios. Uno de ellos puede mandar sobre los otros liturgos, porque es el obispo. Una concelebración es una reunión de sacerdotes, y entre ellos hay uno que es el sumo sacerdote. Pero afirmar que uno de ellos puede disponer y ordenar cosas porque es el liturgo supone olvidar que ese término es uno de los pocos conceptos que le igualan al resto del clero.

Cuando se dice que es el liturgo por excelencia, debo remitirme al post que ya escribí acerca de cómo entender que el obispo es el pastor por excelencia de su diócesis. Artículo que puede encontrarse en mi libro Ex Scriptorio. Lo que vale para lo uno, vale para lo otro.

P. FORTEA

No hay comentarios: