miércoles, 9 de mayo de 2018

REIVINDICACIÓN DE PONCIO PILATO



Les digo que casi que estoy por lanzar una recogida de firmas en change.org o similar, porque el pobre Poncio Pilato ha sido denostado, ridiculizado, puesto en un brete y de paso en solfa como ejemplo de falta de compromiso, relativismo, comodidad y ahí me las den todas. Pero hete aquí que al final vamos a tener que darle la razón.
Lo primero, en lo de la relatividad de la verdad relativa del relativismo actual. Su conocidísima frase “¿y qué es la verdad?”, antaño compendio de todas las maldades, los modernismos y la sinrazón relativista del relativismo relativo de hoy, hogaño ha devenido en ser la madre de todas las verdades, clave de principios de inmutabilidad mutable y guía y criterio de un modus vivendi consistente en que todo vale y por qué no.
Parece (ironía on) que eso de buscar la verdad, a ser posible con mayúscula, Verdad, tan agustiniano, tan cristiano, tanto que Cristo es la Verdad, en realidad no era más que ideología opresora, contraria a la libertad de pensamiento, represora de la personal conciencia e inducción al infantilismo espiritual (ironía off). Lo que hoy se lleva es que cada uno tiene su verdad, que nadie tiene por qué vivir al dictado de nada ni nadie, aunque el nadie sea el Alguien definitivo.
Todo depende. Por ejemplo, antes era de todos sabido que una de las condiciones para acercarse a recibir la comunión sacramental era estar en estado de gracia. Pero vete a saber qué es es gracia, qué es pecado, si existe el pecado mortal, si eso depende y que lo importante es querernos entendido por cada cual a su modo.
También era condición saber qué se recibe, y que el pan que uno comulga es el mismo Cristo. Pero era antes. Cardenales dicen que, aunque no se crea no pasa nada. Lo van a debatir y decidir los obispos alemanes. Uno se pregunta si en estas cosas no sería mejor una decisión de la Iglesia universal, pero por lo visto eso vuelve a ser encorsetar la vida de cada cual, aunque se acabe en taifas, que a lo mejor es lo que necesitamos.
O de todos era sabido y doctrina unánime de veinte siglos que la genitalidad solo era posible dentro del matrimonio católico y con sus limitaciones. Sabido, y requetesabido, por ejemplo, que vivir arrejuntados y no digamos en adulterio era pecado mortal, y que las relaciones físicas homosexuales suponían un desorden grave.
Pero era antes. De hecho, dos cardenales llevamos, nada menos que cardenales de la santa madre Iglesia, que no solo no están de acuerdo, sino que hasta proponen que se bendigan esas situaciones. Es decir, bendecir que dos señores o dos señoras hayan decidido hacer lo que antes era una barbaridad. Eso. Antes. Pues eso, que vaya usted a saber lo que es la verdad, porque depende de la geografía o de la particularísima visión de cada cual.
La eucaristía antes necesitaba de un ministro válidamente ordenado. Pero era antes. Leía el otro día que en un lugar de culto supuestamente católico de Madrid “La misa dominical, importante momento celebrativo y, sobre todo, de encuentro. Habitualmente presidida por alguno de los sacerdotes de la comunidad, pero también en ocasiones por otro miembro de la misma, religioso o seglar, mujer u hombre”.
Me queda comentar lo de lavarse las manos. Pero ya se pueden hacer idea. Si esto pasa, es por exceso de lavatorio en un condescendiente “cada cual sabrá”. La gente pregunta, y lo que no puede ser es que se encuentren con la respuesta de que “bueno, no todo es tan sencillo, hay que ver circunstancias, lo importante es la acogida pastoral”.
Yo, sintiéndolo mucho, sigo argumentando con el Catecismo de la Iglesia, lo cual es prueba evidente de colmillo retorcido, maldad intrínseca, deseo de jorobar al personal y pocas ganas de broma. El lavatorio, para la misa.
Jorge

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