jueves, 31 de mayo de 2018

¿SABÍAS QUE HUBO UNA CONSAGRACIÓN SECRETA DENTRO DE RUSIA AL CORAZÓN DE MARÍA?


MAYO 30, 2018
Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María el 25 de marzo de 1984. Y la Hermana Lucía de Fátima luego anunció que esa consagración fue la aceptada por el cielo. Esto es discutible para los “fatimistas”. Pero lo que no se conoce es que en el mismo momento, monseñor Pavel Hnilica viajó a Moscú por pedido de la Madre Teresa de Calcuta e hizo lo mismo. El 25 de marzo de 1984 hizo la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, recitando la oración que en ese momento estaba diciendo Juan Pablo II en Roma.
El 25 de marzo 1984, cuando el Papa Juan Pablo II llevaba a cabo la consagración del mundo al Corazón de María, a 3.000 kilómetros de Roma, en el mismo Kremlin, un obispo eslovaco, enviado por la Madre Teresa, celebraba Misa clandestinamente.
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Y realizaba la Consagración con una oración que llevaba escondida en las páginas del Pravda.
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Así fue consagrada Rusia al Corazón de María, desde el corazón del ateísmo.
La Madre Teresa le pidió una misión desconcertante: que fuera él personalmente a realizar la Consagración en el mismo Moscú y depositar una ‘Medalla Milagrosa’ en el Kremlin, en el preciso momento en el que el Santo Padre estaba Consagrando el Mundo al Inmaculado Corazón de María.
Durante aquellos días, la Madre Teresa, así como todas las Misioneras de la Caridad, rezaron por esta intención. Y la Madre Teresa acompañó personalmente a monseñor Hnilica al aeropuerto de Calcuta para abordar el vuelo a Moscú, entregándole su rosario y diciéndole que iban a seguir rezando mucho por él en aquellos días. Así, acompañado de su colaborador, el padre Leo Maasburg, aterrizó en Moscú el 24 de marzo de 1984, de incógnito, como dos turistas que iban a ver los principales museos de la ciudad. Esto lo narra el Padre Leo Maasburg en su libro “Madre teresa de Calcuta: un retrato personal”.

ALGO DESCONOCIDO EN LA VIDA DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA
Un aspecto desconocido de la vida de la Madre Teresa se refiere a su deseo de trabajar por la conversión de Rusia. Este aspecto lo reveló el obispo Pavel Hnilica, el obispo eslovaco que fue amigo de la Madre Teresa durante 33 años y colaboró con ella en muchas iniciativas en varias ocasiones.
Durante años, la Madre Teresa deseaba viajar a Rusia con sus monjas para ser testigos de la fe cristiana.
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Sin embargo, pudo cumplir su deseo al final en la década de 1980 con la ayuda de Raissa Gorbatschova, la esposa de Mijail Gorbachov, el presidente soviético de entonces.
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Pero antes había estado operando para la Conversión de Rusia.
El Obispo Hnilica viajó a menudo a visitar a la Madre Teresa y grabó entrevistas y conversaciones con ella durante sus viajes. La Madre Teresa nació en Skopje, en Kosovo, en 1910, y por lo que era de sangre eslava. Es por esto que ella se consideraba relacionada con la población rusa y sufrió mucho cuando oyó que el comunismo soviético perseguía sin piedad cualquier forma de religión.

Dice el Monseñor Hnilica:
A menudo hablamos de Rusia. Ella estaba muy familiarizada con lo que la Virgen había dicho durante las apariciones en Fátima, que surgiría una ideología atea que difundiría sus errores por el mundo, pero que al final Rusia se convertirá y Su Corazón Inmaculado triunfaría”. “Un día, al volver de Fátima, donde había conocido a la hermana Lucía, le conté a la Madre Teresa lo que esta famosa vidente me había dicho”
“Hice énfasis en un detalle que me había llamado la atención, que la Virgen de Fátima, en diversas apariciones, las oficiales en 1917 y las privadas de la hermana Lucía en los años que siguieron, había expresado su interés en Rusia.
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Y esta insistencia, dije a la Madre Teresa, es una prueba de la bondad extraordinaria por parte de la Virgen María para con la población rusa”.
La Madre Teresa también fue conmovida por esto y en su corazón creció el gran deseo de trabajar por la conversión de Rusia. A partir de entonces, se dedicó a este proyecto con todo su corazón.

LA INTERVENCIÓN DE LA MEDALLA MILAGROSA
El Obispo Hnilica explicó que la Madre Teresa rezaba mucho por la conversión de Rusia.
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Hizo a las monjas rezar, y enviaba rosarios, biblias y estampitas secretamente a Rusia.
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Y sobre todo, trató de difundir la devoción a la ‘Medalla Milagrosa’ en esta nación.
De hecho, monseñor Hnilica contó una historia particularmente increíble de esta ‘Medalla Milagrosa’ relacionada con la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Es una aventura del estilo 007, ideada y organizada por la Madre Teresa, para poner la ‘Medalla Milagrosa’ en el corazón del Kremlin en el momento en que Juan Pablo II Consagraba el Mundo al Inmaculado Corazón de María. Lo que demuestra que la fe de los santos es simple, pero también audaz y no se dejar intimidar por ningún obstáculo. En palabras del obispo Hnilica, ésta es la historia de la aventura en la que él fue el protagonista siguiendo la voluntad de la Madre Teresa. “La Madre Teresa estaba profundamente dedicada a la ‘Medalla Milagrosa”. “Se trata de una pequeña medalla de forma ovalada, que fue acuñada siguiendo las indicaciones exactas de la misma Virgen María. Ella apareció en París, en 1830 a una joven monja, Sor Catalina Labouré, que ahora es un santa”. Ver la historia aquí. “Nuestra Señora le dijo que quería que la medalla se hiciera. Es uno de los pocos casos que conocemos en la que la misma Virgen María dio instrucciones sobre la realización de una medalla en su nombre”. “Sor Catalina confió lo dicho a sus superiores, que descartaron la idea, ya que pensaban que era absurda. Sin embargo, como siempre con los eventos destinados desde arriba, el proyecto siguió adelante, la medalla fue acuñada, distribuida. Y unos años más tarde ya era tan popular, que fue llamada la “Medalla Milagrosa” porque había introducido gracias extraordinarias a quienes la llevaban y oraban por la intercesión y la ayuda de María”.
“La Madre Teresa era una de las mayores promotoras de esta medalla.
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Ella siempre tenía copias en ella, que repartía a quien pedía oraciones.
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Recomendaba que la llevaran alrededor del cuello o en un bolsillo como signo de protección.
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Como ya he dicho, hizo llegar muchas de estas medallas a Rusia.
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Ella me hizo comprar bolsas de de la Medalla, luego pedir que las bendijera Juan Pablo II, y las enviaba clandestinamente a países comunistas”.

LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA
Continúa el cuento del Obispo Hnilica:
“En 1984, la Madre Teresa tuvo una idea increíble.
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Ella me dijo que unas de estas ‘Medallas Milagrosas’ tenían que ser introducidas en el Kremlin para consagrar la capital del ateísmo a la Virgen María con este simple gesto.
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Ella me preguntó si me sentía para la realización de su proyecto”.
Para ser honesto, yo era la persona menos adecuada para hacer tal cosa, ya que en los países detrás de la Cortina de Hierro era considerado el enemigo número uno del comunismo, y en Checoslovaquia había sido condenado a muerte por causa de mi actividad anticomunista. Entrar en la Unión Soviética era imposible para mí, pero yo no podía decir que no a la Madre Teresa. Al estar con ella era fácil infectarse por su entusiasmo y coraje”. “Por lo tanto acepté tomar el riesgo y la madre Teresa organizó todo. Ella tenía algunos contactos dentro del consulado ruso en Calcuta. No sé lo que les dijo, pero ella me consiguió una visa”. “Decidimos que la misión debía llevarse a cabo en marzo de 1984. La Madre Teresa eligió esta fecha ya que sabía que el 25 de marzo (fiesta de la Anunciación) de ese mismo año, el Papa iba a consagrar el Mundo al Inmaculado Corazón de María. Ella quería que alguien estuviera dentro del Kremlin en el momento preciso en que el Papa recitara la oración de consagración en Roma, con el fin de sumarse espiritualmente al Papa y depositar una ‘Medalla Milagrosa’ allí”. “A Mediados de febrero de 1984, partí a Calcuta con el P. Leo Maasburg, mi fiel colaborador que pedí me acompañara en esta misión”.
“La Madre Teresa dijo que era necesario prepararse para este viaje a través de la oración.
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Durante todo un mes, oramos juntos para que nuestros planes funcionaran.
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La Madre Teresa también hizo a sus monjas rezaran por ‘una intención particular’ ya que, además de nosotros dos y P. Leo, nadie más sabía lo que estábamos a punto de hacer”.
“Como ya he dicho, la Madre Teresa había hecho visar mis boletos a través del consulado ruso. El P. Leo y yo íbamos a ser dos turistas que viajaban desde Calcuta a Roma vía Moscú, deteniéndonos en Moscú durante tres días para visitar los museos de la ciudad”.
“El 23 de marzo la Madre Teresa nos acompañó hasta el aeropuerto de Calcuta.
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Cuando me despedí, ella agarró mi mano y me dio su rosario personal”.

LA MISIÓN PELIGROSA DE CONSAGRAR A RUSIA DENTRO DEL KREMLIN
Sigue relatando Monseñor Hnilica:
“No hubo ningún problema durante todo el viaje y llegamos a Moscú sanos y salvos a las 4 de la mañana del 24 de marzo. Entonces, hubo un momento de pánico extremo para mí cuando presenté mi pasaporte a un soldado en el mostrador de la aduana. Me miró con desconfianza y luego comenzó a hacerme un montón de preguntas, pero yo no quería hacerle saber que yo entendía ruso, así que respondí en italiano porque mi pasaporte era italiano”. “El soldado no me entendía, pero tenía serias dudas acerca sobre mí. Él comenzó a hacer una serie de llamadas telefónicas desde la sala de guardia, pero eran las 5 de la mañana y nadie respondió. Tuve que esperar fuera de la aduana a -5°C. Estaba preocupado y por eso saqué el rosario de Madre Teresa de mi bolsillo y en secreto empecé a orar. Yo ya me veía deportado a Siberia. Pero también tenía mucha fe en las oraciones de la Madre Teresa. La monja había dicho que mi viaje estaría acompañado por sus constantes oraciones. Por tanto dije ‘¡Señor, que se haga tu voluntad! Pero recuerda que es la Madre Teresa que me ha enviado aquí’”. “Después de casi una hora el soldado me llamó y pude ver que estaba molesto porque no había sido capaz de ponerse en contacto con ninguno de sus superiores. Lo intentó una vez más preguntándome si mi pasaporte era mío y yo asentí. Al final, estampó mi pasaporte y me dejó ir”. “Me uní al P. Leo que había estado esperando en una esquina del aeropuerto y que también había estado muy preocupado. Fuimos al hotel y luego comenzamos a visitar la ciudad, pero muy discretamente y por separado. Encontramos la manera de entrar en el Kremlin, y por casualidad el Kremlin estaba abierto a los turistas durante estos pocos días”. “El Kremlin es una ciudadela rodeada por un muro dentro de la ciudad de Moscú. Es un tipo de fortaleza que se extiende sobre una superficie de 28 hectáreas. En la antigüedad era el centro civil y religioso de la ciudad. Había, de hecho, palacios reales y algunas de las iglesias más importantes de Moscú, entre las cuales la Catedral de los Patriarcas ortodoxos, llamada la Iglesia de la Dormición o Catedral de la Asunción. Después de la revolución bolchevique en 1918, estas iglesias fueron cerradas y se transformaron en museos”.
“De acuerdo con el proyecto acordado con la Madre Teresa: en la mañana del 25 de marzo, cuando el Papa comenzara la ceremonia de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, tenía que visitar el Kremlin, como turista, y hacer una pausa en la Catedral de la Asunción.
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Mientras pretendía estar interesado en las obras de arte valiosas contenidas en el mismo, iba a comenzar a orar y buscar un lugar oculto donde podría colocar la ‘Medalla Milagrosa’ que la  Madre Teresa me había dado”.
“Todo había ido bien del mismo modo que me fue sugerido hacer, incluso cuando estuve muy asustado. Afortunadamente había un montón de turistas en el Kremlin ese día, y en medio de un montón de gente me sentí más protegido”. “Visité varios edificios y me detuve en la Catedral del Arcángel, la segunda más grande en el Kremlin, y luego entré en la Catedral de la Asunción. Miré a mi alrededor con atención para encontrar un lugar en el que podía depositar la medalla”. “Se trata de una iglesia hermosa, llena de obras de arte que se han conservado durante mucho tiempo, aunque por desgracia ya no era una iglesia, sino un museo”. “Me di cuenta, leyendo mi guía, que estaban los tronos donde el zar, la zarina y el Patriarca de Moscú y de toda Rusia utilizaban para sentarse durante las ceremonias religiosas con el Patriarca sentado en el medio. Decidí que la ‘Medalla Milagrosa’ debía ser puesta bajo el trono del patriarca, mientras oraba para que el patriarca Alejo II pronto fuera capaz de volver a celebrar ritos religiosos en ese lugar”.
“En un momento dado, me encontré solo y empecé a concentrarse en la celebración de la misa en secreto.
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Llevé a cabo la Consagración de memoria utilizando un trozo de pan y un poco de vino que había traído conmigo”.
“Este fue un momento de intensa emoción y religiosidad.
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La misa no se había celebrado en este lugar durante 76 años.
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Luego, muy lentamente, me acerque al trono del Patriarca y me di cuenta de una pequeña grieta en el piso de madera, donde rápidamente puse la ‘Medalla Milagrosa’.
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Permanecí allí por un tiempo más largo orando y luego volví al hotel donde el P. Leo me estaba esperando.
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Volamos para Italia en la misma tarde”.
UN MISTERIOSO FINAL CON LA MADRE TERESA
¿El Obispo Hnilica contó esta historia a la Madre Teresa?.
“Unos meses más tarde la Madre Teresa llegó a Roma y le hice el cuento detallado” dijo el obispo eslovaco. “Ella estaba muy encantada y continuó en su trabajo misionero en nombre de Rusia”. “Un día, en 1988, recibí una llamada telefónica a las 6 en punto de la mañana de la Madre Teresa que me dijo: ‘Obispo (solía llamarme así) me voy a Moscú. Usted sabe lo importante que es para mí trabajar en Rusia, por lo que quería informarle de mi viaje. Me voy para el aeropuerto en este momento”.
La Madre Teresa había sido invitada a Moscú para una reunión internacional.
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En esa ocasión se encontró con Raissa Gorbachova, la esposa del Secretario General de la Unión Soviética y se hicieron amigas.
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Ella confió a la Sra. Gorbachov su deseo de abrir un par de conventos de monjas en Rusia y la señora Gorbachov prometió ayudarla.
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Un año más tarde, se abrió el primer convento.
MONSEÑOR HNILICA VISITA A JUAN PABLO II
Al salir de Moscú, Monseñor Hnilica fue donde su amigo Juan Pablo II.
“Cuando en 1984 visité al Papa en Castel Gandolfo y almorcé con él, le conté acerca de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María que había podido cumplir el 25 de marzo de aquel mismo año, de manera totalmente inesperada, en la Catedral de la Asunción en el Kremlin de Moscú, así como la Virgen lo había pedido en Fátima. Él quedó muy conmovido y dijo:
“La Virgen te ha guiado hacia allí con su mano” y yo respondí: “¡No, Santo Padre, me ha llevado en brazos!”.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN, DEL PAPA JUAN PABLO II, 25 DE MARZO DE 1984
¡Oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.
¡ Nos acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios”! ¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!
He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad”. Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.
El poder de esta consagración dura por siempre, abarca a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que, de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.
¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! En efecto, la obra redentora de Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.
Bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.
Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo.
Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual.
Al encomendarte, oh Madre, el mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.
¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!
¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!
Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el « pecado del mundo », el pecado en todas sus manifestaciones.
Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal. Que transforme las conciencias. Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza».
Papa Juan Pablo II, 25 de marzo de 1984

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