jueves, 31 de marzo de 2016

LAS MARAVILLAS DEL SANTO SUDARIO DE OVIEDO


En la Catedral de Oviedo (capital del Principado de Asturias. España) se venera, desde la época medieval un lienzo de lino que, según la tradición, fue colocado sobre el rostro de Jesucristo en el descendimiento de la cruz y hasta su definitivo entierro.

El Santo Sudario de Oviedo es una tela blanca en origen, de lino, con textura tafetán, manchada, sucia y arrugada. Tiene forma rectangular, aunque con alguna irregularidad, y mide 83 por 53 cms. aproximadamente.

Presenta numerosísimas manchas de diversos tonos, de color fundamentalmente marrón claro. Se le denomina tradicionalmente “Santo Sudario” o “Santo Rostro” a pesar de que en él no se puede apreciar rostro alguno.

¿QUÉ AFIRMA LA TRADICIÓN SOBRE EL SUDARIO?

En los primeros años del cristianismo, se veneraron en Jerusalén una serie de reliquias de Jesús y de Sta. María, que los apóstoles habrían guardado en un arca de cedro.

Ante la invasión de los Persas, mandados por Cosroes II, en el 614, se hizo necesario ponerlas a salvo. El presbítero Filipo fue el encargado de llevar hasta Alejandría el arca con las reliquias.

El empuje de los persas en África dio lugar a nuevos traslados, y, a través de ellos, terminó llegando a España. El obispo de Ecija, S. Fulgencio, acogió a los huidos, que llegaron a la península por Cartagena, y puso en manos de S. Leandro, obispo de Sevilla -su superior y hermano- el “Arca Santa”. Es bien conocido que S. Isidoro sucedió en la sede hispalense a Leandro y fue maestro de S. Ildefonso. Cuando este último fue nombrado obispo de Toledo llevó consigo a la capital del reino Hispano-Visigodo el arca de las reliquias.

El Diccionario Eclesiástico de España señala la presencia de la misma en los primeros años del S. VII.

En la primera mitad del S. VIII, una nueva arca -de roble- sale de Toledo en dirección al norte, esta vez coincidiendo prácticamente su traslado con la invasión musulmana y llegando a Asturias -según diversos autores- entre el 812 y el 842.

Para albergar tal tesoro, Alfonso II el Casto mandó construir la llamada “Cámara Santa”, que inicialmente sería la capilla de su palacio, y que hoy se halla incorporada a la Catedral gótica que se edificó posteriormente.

Desde ese momento la denominada “Arca Santa” y su contenido han recibido la veneración constante de los asturianos, a pesar de las diversas vicisitudes históricas.

SU PRESENCIA EN OVIEDO

Que el Sudario está en Oviedo desde muy antiguo es algo indiscutible. En 1075, con ocasión de la visita del Rey Alfonso VI se procedió a la apertura del Arca y la realización de un inventario de los distintos objetos guardados en ella.

El monarca ordenó que se la recubriera de plata como homenaje a su precioso contenido. En el recubrimiento del Arca Santa podemos leer la fecha de su realización (el año 1113) y la relación del contenido que atesoraba. Se menciona expresamente “el Santo Sudario de N. S. J. C.”. Desde ese momento son constantes las referencias documentales al Sudario, puesto que se hicieron diversos inventarios.

No hay circunstancia alguna que permita dudar de la permanencia ininterrumpida de la reliquia en Asturias.

Aunque en la actualidad no es excesivo el conocimiento que se tiene de ella entre la población española, esta situación es radicalmente distinta a la de tiempos pasados.

Su fama llegó a ser tal durante la Edad Media que, a pesar de la dificultad que suponía atravesar el macizo montañoso que separa Asturias de Castilla, muchos peregrinos se desviaban del Camino francés a Compostela para acercarse a San Salvador de Oviedo (la Catedral) y venerar el “Arca Santa” de las reliquias.

La veneración al Sudario, ha sido continua; basta recordar cómo ha llegado hasta nuestros días el insólito privilegio de dar la Bendición con el “Santo Sudario” a los fieles que llenan la Catedral en días señalados: el Viernes Santo, y en la octava del jubileo de la Santa Cruz. Sólo en estas ocasiones se puede ver el Lienzo.

¿SE USÓ UN SUDARIO EN EL ENTIERRO DE CRISTO?

En la época de Jesús un sudario era un pañolón (equivalente, aunque algo mayor a uno de nuestros pañuelos actuales) que usado como una pequeña toalla, servía para quitarse el sudor de la cabeza o limpiarse la cara en caso de necesidad.

La Enciclopedia Universal Judía recoge la prescripción según la cual cuando un cadáver tenía desfigurado o mutilado el rostro era imprescindible que este fuera cubierto con un velo para ocultarlo a los ojos de la gente. No es extraño que se empleara para este menester el pañolón -sudario- que se tenía a mano (en ocasiones enrollado en la muñeca) y que se colocara sobre el difunto aun antes del entierro.

Por otra parte sabemos que uno de los “lienzos funerarios” empleados en enterramientos judíos es el sudario, y que cubre exclusivamente el rostro.

San Juan en su evangelio menciona en dos ocasiones un sudario sobre la cabeza de un cadáver. En el relato de la resurrección de Lázaro (Jn 11,44) dice que salió el muerto “atado de pies y manos y envuelta la cabeza en un sudario” pero el texto evangélico más importante del Apóstol en este punto es el Cap. XX. En sus versículos 6 y 7 distingue claramente entre los lienzos en los que fue envuelto el cadáver (entre ellos, lógicamente, la Sábana que mencionan los evangelios sinópticos) y “el sudario que había estado sobre su cabeza”.

A pesar de que en francés y en español se denomina -a veces- Santo Sudario a la Síndone, sólo impropiamente se puede llamar sudario a la sábana utilizada para envolver el cuerpo entero en un enterramiento hebreo.

ESTUDIOS CIENTÍFICOS

El iniciador de los estudios científicos sobre el sudario fue Mons. Giulio Ricci (miembro de la curia vaticana y Presidente del “Centro Romano di Sindonología”) quien ya lo menciona en la 2ª edición de su libro “L’Uomo de la Síndone e Gesú” (1969). La quinta edición de este libro amplía considerablemente su estudio.

Sus aportaciones se pueden resumir en las siguientes notas:

– Compatibilidad evangélica entre la Síndone y el Santo Sudario. S. Juan habla, en el Cap. 20 de su Evangelio, de “lienzos” por una parte y de “sudario” por otra. Plantea una posibilidad nueva: que tal lienzo se hubiera usado para cubrir el rostro de Jesús desde el Gólgota al sepulcro y, una vez allí fuera colocado en un lugar.
– Estudio geométrico de las manchas que aparecen en el Santo Sudario: Descubre que existen en ambas caras del lienzo (por haberse filtrado) dos de tamaño grande, prácticamente simétricas, y aparentemente producidas al aplicar el lienzo sobre un rostro ensangrentado.
– Compatibilidad entre las manchas del Sudario y el Rostro impreso en la Síndone: Comprueba que se produce una compatibilidad muy buena y numerosos detalles coinciden.

Por su parte -y a instancia de Ricci- el eminente palinólogo suizo Prof. Max Frei realizará un informe pericial tras su visita a Oviedo en 1979. Frei encontró polen de seis especies de plantas coincidentes con las halladas sobre la Síndone -dos de ellas características de Palestina-. Otros restos palinológicos se identificaron como procedentes de plantas del norte de África (que no existen en la Síndone) y observó la ausencia de especies de la zona de Turquía y resto de Europa (muy abundantes en el lienzo de Turín).

En 1985, el Dr. Baima Bollone. Realizó un estudio fotográfico (180 fotografías con luz normal y 144 con película infrarroja), se tomaron nuevas muestras con cintas adhesivas -especialmente de zonas manchadas- y se sacaron 7 cabos de hilo pequeños del interior de las manchas y 12 de los salientes de la tela para realizar un análisis hematológico. Determinó que el grupo sanguíneo era el AB.

Igualmente en el Congreso de Siracusa se dio a conocer el estudio de Franca Pastore Trosello que comparaba la estructura textil de Síndone y Sudario. Afirma que los hilos de ambas reliquias tienen igual composición (idéntico grosor de fibras, hilado a mano y torcedura en “Z”), pero han sido tejidos de diferente manera: sarga en espiga para la Síndone y trama ortogonal (tafetán) para el Sudario.

CONCLUSIONES DEL ESTUDIO HEMATOLÓGICO FORENSE REALIZADO POR EL E.D.I.C.E.S

Estando las cosas en este punto se constituye en Valencia el Centro Español de Sindonología (C.E.S.) en 1987.

La idea concreta de la realización de un estudio interdisciplinar sobre la reliquia asturiana partió del Ingeniero D. Guillermo Heras, quien, poco tiempo después fue nombrado Jefe de la sección de investigación científica del Centro Español de Sindonología, con lo que este Centro asumía plenamente el proyecto. Comienza entonces a materializarse la idea de constituir el EDICES (Equipo de Investigación del C. E. S.).

Las conclusiones son:

1.- El Sudario de Oviedo es una reliquia que se venera en la Catedral de Oviedo desde muy antiguo que muestra una serie de manchas originadas por sangre humana, del grupo AB.
2.- Este lienzo está sucio, arrugado, parcialmente roto y quemado, está manchado y tiene un elevado nivel de contaminación pero no muestra signos de manipulación fraudulenta.
3.- Parece ser un lienzo mortuorio que, con toda probabilidad, estuvo colocado sobre la cabeza del cadáver de un hombre adulto, normalmente constituido.
4.- El Hombre del Sudario tenía barba, bigote y pelo largo, recogido en la nuca en coleta.
5.- En la zona suboccipital, presentaba una serie de heridas punzantes, producidas en vida, que habían sangrado alrededor de una hora antes de colocar el lienzo mortuorio sobre ellas.
6.- Su boca estaba cerrada y la nariz aplastada y desviada hacia la derecha por la presión de lienzo mortuorio.
7.- Dicho sujeto era cadáver. El mecanismo de formación de las manchas es incompatible con cualquier posible movimiento respiratorio.
8.- El Hombre del Sudario padeció un gran edema o encharcamiento pulmonar como consecuencia del proceso terminal. Sobre el lienzo que estuvo en contacto con la cara del cadáver, aparecen numerosas manchas originadas por líquido de edema pulmonar y sangre en la proporción 6:1 producidas en momentos distintos y consecutivos.
9.- Ocurrida la muerte, el cadáver estuvo en posición vertical, en torno a una hora, y tenía, al menos, el brazo derecho levantado y la cabeza flexionada 70 grados hacia adelante y 20 grados a la derecha en relación a la vertical.
10.- Posteriormente, sin alterar la posición de los brazos fue colocado en decúbito prono lateral derecho, manteniendo el giro de la cabeza 20 grados a la derecha y colocando ésta a 115 grados respecto a la vertical, con la frente apoyada sobre una superficie dura, posición en la que se le mantuvo alrededor de 45 minutos.
11.- Posteriormente el cadáver fue movilizado al tiempo que una mano ajena, en diversas posiciones trataba de contener la salida de líquido serohemático por la nariz.
12.- Por último fue colocado en decúbito supino.

HIPÓTESIS SOBRE LA COLOCACIÓN DEL SUDARIO

Teniendo en cuenta todo lo anterior y de acuerdo con los experimentos hechos en la Facultad de Medicina de Madrid, se puede establecer la siguiente hipótesis contrastada:

El Hombre del Sudario de Oviedo murió torturado, tras desarrollar un importante edema de pulmón agudo, como consecuencia de estar colgado (en posición vertical, cabeza inclinada hacia delante), sujeto por los brazos de tal manera que la sujeción permitía el juego de la articulación del codo, y los pies colocados de forma que le resultaba muy difícil apoyarse en ellos para respirar, pero sin embargo podía hacerlo.

Es decir, no tenía los pies colgando, (hubiera muerto rápidamente y no le hubiera dado tiempo a generar tanto líquido como consecuencia de los esfuerzos para respirar) pero tampoco podía apoyarse en ellos cómodamente porque entonces no le hubiera costado tanto esfuerzo respirar.

El cuerpo pudo quedar colgando de los brazos, con la cabeza inclinada hacia el pecho y hacia la derecha, de manera que el mentón lo toca y la cabeza con su plano medio, paralelo al pecho y espalda, casi horizontal. En esta postura la mejilla derecha queda casi tangente al hombro derecho.

Muy poco tiempo después de morir se le colocó el Lienzo de Oviedo rodeando la cabeza de la siguiente manera:

Se comenzó a colocar por la parte posterior de la cabeza, donde se observan unas heridas puntiformes con sangre que debió manar, aproximadamente, una hora antes (cuando todavía estaba vivo el Hombre del Sudario) enjugando la sangre existente. Se sujetó al pelo largo -siguiendo una especie de coleta- con unos elementos punzantes parecidos a los actuales alfileres, pero de mayor diámetro.

A continuación, el Lienzo envolvió todo el lado izquierdo del Rostro, la barba y llegó hasta el lado derecho. Dada la posición de las manchas que define la posición de la cabeza, al llegar a entroncar con la mejilla derecha se dobló el Lienzo sobre sí mismo y se unió, con los elementos punzantes antes mencionados, a la barba.

El lienzo así vuelto pasa doble por delante de la cara; la parte que sobra se recoge, doblado en tres, sobre la parte izquierda de la cara, completándose la operación con los alfileres o similares cerrándose finalmente sobre la cabeza hacia detrás. Esta postura necesita para ser estable que el brazo derecho esté elevado de manera que casi se pueda apoyar la mejilla derecha en la cara anterior del hombro, ya que si no es así quedaría el Lienzo en una posición inestable y absurda, dado que si no hay brazo que lo impida, la propia postura demanda que el Lienzo hubiera rodeado la cabeza completamente y no sólo la parte izquierda.

A continuación, el cadáver fue colocado en decúbito prono lateral derecho durante unos cuarenta y cinco minutos, y posteriormente levantado boca arriba. Al moverlo y elevar los pies por encima del plano de la nariz y boca, se produjo una efusión de sangre que se intentó detener por alguna persona presente, presionando con fuerza ambos orificios con su mano izquierda por encima del Lienzo. El cadáver fue transportado a algún lugar cercano, (el trayecto duró minutos), y allí el Lienzo permaneció rodeando la cabeza del cadáver.

Por último, éste fue vuelto a mover una vez más y cuando finalizó ésta última operación, el que llamamos “Sudario de Oviedo” le fue retirado del Rostro. Después -muy posiblemente- volvería a ser depositado sobre la cabeza ya amortajada.

Fuentes:


Foros de la Virgen Maria

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