martes, 24 de julio de 2012

EL INFIERNO




Una de las más terribles experiencias vividas en algunas NDE es la visión y vivencia del infierno. Según algunos investigadores, sólo se dan en el 0.3% de los casos. Otros como Gallup y Proctor en su libro Adventures in inmortality o Ken Ring en su libro Heading Toward Omega, dicen que son el 1%. Pero nunca se puede saber con exactitud ya que los que tienen este tipo de experiencias negativas no suelen publicarlas. De todos modos, los casos conocidos son suficientemente expresivos como para creer en la existencia de un mundo tenebroso e infernal en el que viven muchos seres humanos que han rechazado voluntariamente el amor y el perdón, que Dios les ofrecía en el momento de su muerte. Veamos algunos de estos casos significativos.

El doctor Melvin Morse, en su libro “Últimas visiones”, dice: Me entrevisté un día con un hombre que había sido un delincuente en su adolescencia y después era un hombre interesado sólo en su propio beneficio personal. Estuvo a punto de morir, al ser herido con una botella rota mientras trataba de robar en una tienda. En la ambulancia, cuando era conducido al hospital, se sintió arrastrado fuera de su cuerpo y envuelto en llamas. En vez de contemplar afectuosos ángeles de la guarda, dijo que se le aparecieron los rostros de sus amigos que habían muerto en la calle, lanzando interminables gritos de dolor. Como resultado de esta experiencia, abandonó su vida delictiva y acabó, ordenándose ministro .

El doctor Moody narra lo que le dijo uno de sus pacientes: Al salir de mi cuerpo estaba todo oscuro. Había gente que daba alaridos, había fuego y ellos querían un trago de agua… Entonces, se me acercó alguien y me empujó a un lado y me dijo: “Tú no tienes que venir aquí abajo. Tú tienes que volver arriba”… Estaba todo negro y vi un montón de gente chillando y aullando… Eran desgraciados y odiosos. Me pidieron agua, porque ellos no tenían agua… Había alguien observándolos. Era el mismísimo diablo .

La Fundación para las investigaciones de las experiencias cercanas a la muerte tiene muchas experiencias de toda clase en su página web. He aquí una de ellas.

Yo tenía 20 años y lo recuerdo como si fuera ayer. Entré en el coche con mi amigo Gareth. Él había estado bebiendo mucho aquella noche. No debía conducir el coche, pero yo necesitaba a alguien que me llevara a casa, porque era tarde. Habíamos estado discutiendo durante todo el viaje. En un momento de rabia, él golpeó el acelerador con fuerza e intentó dar una vuelta en U. Lo próximo que supe es que yo estaba rodando hacia dentro de un gran espacio en una soga. Comencé a flotar fuera de mi cuerpo y atravesé un extraño túnel de luz. Yo no sabía adónde iba, pero no podía controlar hacia donde era como chupada. Durante una fracción de segundo, pensé que me dirigía hacia el cielo, pero repentinamente algo sucedió. Me detuve en seco en ese túnel y, como un relámpago, empecé a caer más y más rápido.

Sentía que caía verticalmente en una especie de agujero negro. Era tan oscuro que, mientras caía, empecé a escuchar chillidos, gritos, horribles risas y el olor más putrefacto que pueda imaginarse. Entonces, la oscuridad se convirtió en fuego, y yo caía hacia un inmenso horno. El fuego comenzó a consumirme y empecé a chillar. Aterricé sobre mi espalda, choqué con lo que parecían rocas y sentí un dolor horrible por todas partes.

Cuando abrí mis ojos, me di cuenta de que no estaba sola, porque unas extrañas criaturas comenzaron a agarrarme y arrastrarme hacia lo que parecían unas puertas negras inmensas. Empecé a patear y a chillar, gritando a todo pulmón. Recuerdo que una criatura gigante empezó a rasgarme la piel de la espalda con lo que parecían sus afiladas uñas, otra empezó a tirarme del pelo fuertemente, otra me pateó, me tiró, riéndose y burlándose acerca de asuntos personales que parecía conocer de mí...

Recuerdo haber visto repentinamente a Gareth, colgado boca abajo con clavos atravesándole las manos y los pies. Aquellas criaturas empezaron a azotarlo. El fuego lo consumía y la carne de sus manos, pecho y cabeza ya había comenzado a fundirse y a pelarse. Lo miré a la cara. ¡Él estaba aterrorizado! Y empezó a llorar de forma incontrolable, suplicándoles que no lo hicieran. Repentinamente, yo grité: Dios mío, por favor, ayúdame... Y, de pronto, una gran succión me arrancó de sus garras y comenzó a llevarme de vuelta al túnel, despertándome ante la voz de una doctora. Ella me dijo que, después de dos horas, yo me había recuperado, pero Gareth no. Aparentemente, mientras ellos intentaban revivirlo, su corazón cedió. La hora de su muerte había sido confirmada media hora antes que la mía.

Hasta hoy juro que todavía puedo oler ese olor a podrido de carne quemada y pelo quemado. Antes, incluso, me solía dar fiebre cada vez que pensaba sobre lo ocurrido a Gareth y sobre dónde estará hoy día (www.nderf.org/spanish).

La famosa bailarina francesa Janine Charrat, mientras danzaba en un estudio de televisión, quedó envuelta en llamas el 18 de diciembre de 1961. Todo ocurrió muy rápido y recibió quemaduras de tercer grado, siendo llevada de urgencia a la clínica parisina más cercana. Durante algunos minutos tuvo parada cardíaca y tuvo una experiencia del más allá. Se encontró en un mundo horrible, todo rodeado de grandes llamas de fuego. Dice: Pensé que iba a perecer de miedo. Era realmente el infierno. Parecía que los diablos venían del interior de la tierra en una danza salvaje. En medio de una gran soledad y del creciente peligro de las llamas, tomé la decisión de salir. Como creyente, yo siempre había rezado en los momentos de peligro y eso es lo que hice. Después de rezar y pedir ayuda, levanté la cabeza y me di cuenta de que las llamas no eran tan terribles y se hacían cada vez más pequeñas y transparentes. Ya no tenía miedo y me sentí aliviada.

En ese momento, me di cuenta que había una mujer con vestido de seda y el pelo blanco, que me dijo: “¿No te acuerdas de mí, Janine? ¿Me has olvidado?”. Reconocí a mi abuela difunta y me sentí llena de alegría. Ella me tomó tiernamente del brazo y me guió a otro lugar. Yo la seguí. Llegamos a un gran jardín con árboles desconocidos. Era un lugar de mucha armonía y paz. El agua del estanque era clara y limpia. El estanque parecía un espejo lleno de luz. De pronto, todo desapareció y abrí los ojos, estando en la cama de hospital. Esta experiencia me dio la fortaleza para superar con paciencia el proceso de mi recuperación que tomó un año entero .

Otro paciente, después del túnel, llegó a un inmenso lago de fuego, donde muchas sombras de personas estaban moviéndose como animales enjaulados en un zoo. Dice: Yo vi a un amigo que había muerto. Lo último que recuerdo es que él había estado metido en el vicio del juego. Yo le grité: ¡Eh, Jim! Él me miró, pero no me sonrió. Otros lo estaban llevando a un rincón, donde él comenzó a gritar. Yo corrí, pero no había salida. Entonces, empecé a decir: Jesús es Dios. Lo dije muchas veces. De alguna manera, yo salí. Sólo Dios pudo hacerme salir de un lugar como aquel. Nunca lo olvidaré .

Jay tenía 36 años. Trabajaba en Las Vegas en un periódico y le gustaba la vida divertida. Dice: Un día estaba en una fiesta. Tomé droga que alguien me regaló y no sé lo que pasó. Sentí mi cuerpo fuera de mí en una terrible oscuridad. Era la eternidad. Era el vacío increíblemente doloroso, y sentía que era para siempre. Ahora sé lo que significa infierno, porque era el infierno. Era la ausencia de todo, la ausencia de amor y de emociones, un absoluto vacío. Nunca olvidaré el dolor que sentía. Era un dolor, no físico sino emocional, sicológico y espiritual. Yo estaba convencido de que nunca saldría de allí y reviví la historia de mi vida brevemente. Lo vi como un aviso, como un juicio. Yo grité a Dios y fue el poder de Dios y su misericordia, quien me permitió regresar.

Ahora sé que Dios tiene control de todo lo que sucede y eso fue un aviso de Dios. Lo que me sucedió fue una bendición de Dios. Por eso, ahora ya no tomo drogas y rezo. Ahora temo la muerte. La vida en la tierra es muy breve, pero la eternidad es para siempre. A mí se me ha dado una nueva oportunidad. La muerte no es el final .

Yolanda nos dice: Primero, yo estuve en un lugar oscuro y frío. Yo sentía seres a mi alrededor, pero no los podía ver... Parecía que estaba en las puertas del infierno con millones de ojos de demonios mirándome. Fue algo muy terrible y estremecedor. Yo sabía que era el infierno y no quería ir. De alguna manera, fui hacia atrás y llegué a un lugar vacío, como si no existiera absolutamente nada. Estaba flotando, pero sin ningún control de mí misma. Entonces, grité desde lo profundo de mi alma: Señor, Señor... En ese momento, vi toda mi vida clarísimamente. Vi cada cosa que había hecho y me di cuenta de que había sido una vida sin sentido, me sentí muy débil y sin esperanza. Pero, cuando grité al Señor, una pequeña luz brilló. La luz era conocimiento, hermosura y amor. Y me dijo: “Yo te amo totalmente e incondicionalmente”. Era una voz que venía de Dios y que me decía: “En la tierra lo único que importa es aprender a amar y a recibir amor”... Ahora veo que algunos son como ciegos que no quieren aprender .

El doctor Rawlings Maurice, en su libro To hell and back, narra el impresionante caso de Charlie McKaig, un hombre de 48 años de La Fayette, USA. Estando en su mismo consultorio del hospital, quedó como muerto de un infarto. Rawlings le dio masajes al corazón. Dice: Al recobrar los latidos, me miraba desesperadamente y me decía: “No se detenga, no se detenga, estoy en el infierno, estoy en el infierno”.

Yo pensé que eran alucinaciones. Después de unos momentos, volvió a quedar sin latidos y, al regresar, repetía desesperado: “Por favor, no se detenga. ¿No comprende? Cada vez que usted se detiene, voy al infierno”. Cuando él me pidió que rezara, yo me sentí como insultado y le hice callar. Yo era un doctor no un ministro cristiano. Pero las enfermeras me miraron conmovidas. Entonces, al regresar de nuevo, le hice repetir palabra por palabra, una oración espontánea, algo así como: Jesucristo, hijo de Dios, sálvame del infierno. Entonces, una extraña conversión religiosa se produjo. Yo nunca había sido testigo anteriormente de algo así. El paciente se calmó y se sintió relajado. Yo estaba conmovido, no sólo porque aquella oración espontánea había salvado a Charlie, sino porque yo me sentía tocado en mis creencias. A Charlie, desde entonces, se le han colocado tres bypasses, pero todavía me es difícil creer que una pobre oración, hecha por mí, le abriera a Charlie el camino de la salvación. La conclusión es que nunca debemos hacer oraciones fingidas, pues ellas no son efectivas. Esto me estimuló en mi vida profesional para buscar nuevos casos e investigarlos… La experiencia del infierno de Charlie me hizo desempolvar mi Biblia aquella misma noche y leer otros libros sobre la fe .

Podríamos seguir escribiendo más casos de experiencias negativas, pero creo que es suficiente. Si alguien quiere profundizar más en estos casos, puede leer el libro de Bárbara Rommer, Blessing in disguise, o el de Maurice Rawlings, To hell and back. Pero lo que sí es interesante anotar es que en los casos en que ellos clamaron a Dios, inmediatamente fueron escuchados y salieron del infierno. Y es que el infierno, como tal, no existe en ninguna parte. Dios no ha creado un infierno en un lugar concreto del universo. El infierno lo lleva cada uno consigo mismo y, por eso, hay tantos infiernos, cuantas personas distintas están en él. Lo importante es saber que cada uno decide a dónde ir, pues Dios les da a todos la oportunidad, en el último momento, de decidirse por Él o contra Él, de amarlo o rechazarlo.

Dice el Catecismo de la Iglesia católica que el infierno es un estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados (Cat 1033). Quizás podríamos decir que también es, en cierto modo, un lugar en cuanto que los condenados se juntan, porque no pueden vivir solos, y viven en unión con los demonios, haciendo así un mundo tenebroso y horrible, en algún lugar concreto, donde todo es blasfemias contra Dios, odio, violencia, lujuria y maldad. Un lugar donde todo está vacío y sin amor. Veamos lo que dice el doctor George Ritchie de lo que vio en su experiencia personal: Yo vi algo que me horrorizó más de lo que hubiera visto en toda mi vida. Aquellos seres estaban llenos de odio, mentira, soberbia y lujuria hasta el punto de querer llevar a cabo toda clase de actos abominables unos contra otros. Esto rompía el Corazón del Hijo de Dios que estaba junto a mí... No había fuego, pero había algo miles de veces peor, desde mi punto de vista. Era un lugar totalmente vacío de amor. Era el infierno .

P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.