sábado, 27 de marzo de 2010

ESPECIAL DE SEMANA SANTA


SIGNIFICADO DEL DOMINGO DE RAMOS
El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.

En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria - anamnesis - de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.

Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético, que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías.

Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.

San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".

Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.

Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.

Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor. Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.

Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.

La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
Enrique Cases

EL LUNES SANTO
El lunes, al encaminarse de nuevo al Templo de Jerusalén, "sintió hambre".

La noche del domingo fue intensa para Jesús. Explica muchas cosas a los suyos, pero, sobre todo, reza. Su alma está en tensión. Ve, quiere, siente, habla con el Padre, es invadido por el Espíritu Santo que le empuja al sacrificio. Vive un amor intenso y dolorido. Ante sus ojos desfilan los sucesos de aquellos tres años, y la humanidad entera con sus miles de historias individuales se le hace presente. Es la oración del Mediador entre Dios y los hombres, y vive su función con intensidad.

También ayuna, su espíritu no se relaja. El lunes, al encaminarse de nuevo al Templo de Jerusalén, "sintió hambre". Pero en lugar de recurrir a los suyos pidiendo alimento, se dirige hacia un higuera buscándolo. Sabe que florecen hacia junio y raramente lo hacen en abril; pero le mueve un deseo intenso de que Israel dé buenos frutos, a pesar de todas las evidencias. Tiene hambre del amor de su pueblo y de todos los hombres. Pero aquel pueblo es como la higuera que tiene muchas hojas y ningún fruto. Y surge la ira profética como el relámpago en un cielo de tormentas, y clama hablando con el árbol, y más aún con su pueblo: "que nunca jamás coma nadie fruto de ti" (Mc). Los discípulos escuchaban sorprendidos.

Al día siguiente "Por la mañana, al pasar, vieron que la higuera se había secado de raíz". Los discípulos estaban acostumbrados a los milagros, pero esta vez se sorprenden, pues se dan cuenta que forma parte del mensaje de Jesús que les habla por medio de un símbolo. Un árbol frondoso y prometedor se ha secado casi de repente. "Y acordándose Pedro, le dijo: Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado". Era como decirle explícanos esta nueva parábola unida a un milagro tan extraño. Jesús abre su alma y les explica algo esencial: el valor de la fe y la importancia del perdón y les contestó: "Tened fe en Dios". La necesitarán pues dentro de poco van a ver la debilidad de Dios, o mejor, un manifestarse del amor divino que se abajará al máximo para ganar la buena voluntad de los hombres. Para personas acostumbradas a considerar a Dios lleno de poder y majestad, es un escándalo verle humilde para vivir el misterio del perdón.
Enrique Cases

MARTES SANTO
El día de las grandes controversias.

La noche del lunes fue como la del domingo: enseñanzas a los discípulos y mucha oración. Jesús está en máxima tensión. El ambiente de paz de Betania ayuda a relajar los espíritus, pero Jesús no cede en su lucha y necesita rezar.

El martes acude al Templo por el camino tantas veces recorrido. Los rostros de los que le acompañan están serios; ya no hay vítores de los acampados alrededor de Jerusalén, ni en la misma ciudad. Pero muchos quieren oír y ver al Maestro, al Hijo de David, al que resucitó a Lázaro, al que se ha proclamado Hijo del Padre eterno. Este día todos los grupos que se oponen a Jesús se van a unir y emplear sus armas dialécticas para destruirle. "Siguieron observando y le enviaron espías que simulaban ser justos para cogerle en alguna palabra y entregarlo al poder y jurisdicción del gobernador" (Lc). Muchas cosas van a quedar claras en este día y mucha va a ser la luz para los de mente y corazón abiertos.
Enrique Cases

EL MIÉRCOLES SANTO
El miércoles santo Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania en una vigilia de oración. Todo lo que había de decir, lo ha dicho.

La revelación de su identidad es clara. La denuncia del pecado también. Las posiciones de los importantes también están definidas.

Cristo les dice: "Sabéis que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado" (Mt). Hay presciencia en Jesús. Sabe lo que va suceder, sabe el día y la hora. No le será ahorrado el desconocimiento previo, o la esperanza de que el dolor va a ser menor. Lo sabe todo. Es consciente de que los clavos van a atravesar su carne, sabe que su cuerpo va ser flagelado, escupido, deshonrado y, por fin, llegará una muerte cruel. Lo sabe, y no huye, porque esa afrenta va a ser convertida en un sacrificio en el que Él va a ser sacerdote y víctima. Va a pedir al Padre el perdón para todos, pero lo va a pedir pagando el precio de justicia de todos los pecados. Va ser un verdadero sacrificio expiatorio, como lo simbolizaba el animal que soltaban los sacerdotes que llevaba sobre sí los pecados del pueblo. Pero ahora no va ser un símbolo, sino una realidad. El peso de todos nuestros pecados va a caer sobre Él. Jesús va a ser el inocente que paga por los pecados de aquellos a quienes ama. De esta manera se manifiesta una misericordia que tiene en cuenta la justicia.

Ya había sido profetizado mucho sobre el siervo de Yahvé que padecerá para librar al pueblo de sus pecados. Se cumplirá todo hasta el mínimo detalle. El amor no es sólo la satisfacción por el gozo con la persona amada. Es también querer tanto al otro -en este caso todos los hombres- que se busca librarlos de todo mal, se busca liberarlos de las garras del diablo, de las redes del pecado, de la muerte primera, y de la muerte segunda que es el infierno. Ese amor le lleva a no poder soportar que se pierda ninguno. Que todo el que quiera salvarse lo pueda hacer. Por eso no rechaza el sacrificio. Se puede decir que lo ama, aunque el corazón tiemble y la carne se resista. Pero la voluntad es firme. Y el miércoles santo es un día de oración intensa y sin descanso, rodeado del cariño de los suyos, aunque no todos, pues Judas le odia.
Enrique Cases

JUEVES SANTO
La preparación de la cena pascual.
El jueves por la tarde, Jesús volvió a subir a Jerusalén, pero no públicamente como los días anteriores, sino con precauciones para evitar problemas con los que le buscan para matarle.

Quiere calma y las condiciones materiales más adecuadas para un designio que cruzará los siglos. Judas espía dónde van a ir, pero no le es posible enterarse; Jesús da indicaciones muy cuidadosas a Juan y a Pedro. Hasta que llegan a una casa espaciosa y rica, en la zona más acomodada de aquella Jerusalén, en el monte Sión, no lejos de la casa de Caifás.

"Llegó el día de los Azimos, en el cual había que sacrificar la Pascua. Envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id y preparadnos la Pascua para comerla. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Y les respondió: Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre, y decid al dueño de la casa: el Maestro te dice: ¿dónde está la estancia en que he de comer la Pascua con mis discípulos? El os mostrará una habitación superior, grande, aderezada. Preparadla allí. Marcharon y encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua" (Lc).Juan y Pedro llegan a la ciudad antes que los demás. Entran por la puerta de Siloé. Allí les sale al encuentro un hombre con un cántaro de agua, acción que solían realizar las mujeres. Es alguien previamente avisado para prepararles el lugar. La cantidad de gente en Jerusalén hace casi imposible encontrar una casa adecuada para trece personas si no se ha previsto mucho antes. Aquel hombre sabía como solucionar el problema. La casa era grande, en la mejor zona de la ciudad, alfombrada, con todo lo necesario para la pascua: mesas, divanes, iluminación, alimentos. Todo esto requiere mucha preparación. No se improvisa. Jesús, con el dueño de la casa que desconocemos, lo ha preparado todo, de modo que los agentes del sanedrín no puedan detenerle en aquel momento tan solemne.

Llegan a la casa. Suben al piso superior. Se admiran de lo espléndido del lugar, cosa que contrasta con los lugares donde habitualmente se alojaban. Y comienzan los preparativos para la cena pascual. Algunas de las mujeres han acudido también, y viven la fiesta separadas de los varones, como era la costumbre. Probablemente cuidan de lo que necesitan para la pascua. La Virgen María está allí por especial designio divino. Jesús no quiere apartarla de los momentos más importantes de su vida, quiere que se asocie a su modo con lo que va a suceder.

La Pascua era la fiesta más grande para Israel. Recuerda la liberación de la esclavitud de los israelitas en Egipto. Dios quería salvar a su pueblo, pero el faraón se opone y es castigado con diez plagas hasta que doblega su terca voluntad. La décima plaga consistió en herir a los primogénitos de Egipto con el ángel exterminador. Los hebreos podían librarse de este castigo si marcaban el dintel de la puerta de su casa con sangre de un cordero. "Aquella noche comerían su carne, asada al fuego, con panes sin levadura y hierbas amargas. Cenarían, ceñidos los riñones, con los zapatos puestos, bastón en la mano y a toda prisa", como viajeros dispuestos a partir. Era el recuerdo del Paso del Señor, de su Pascua. Durante siete días debían abstenerse de pan fermentado y consagrar a Dios la semana entera.La tradiciones rabínicas precisaban más el modo de celebrar la fiesta. No se debía romper ni un hueso del cordero, que se cocería al fuego vivo, ensartado en una varilla de granado, se bendecían cuatro copas de vino rojo mezclado con agua. Se cantaban diversos himnos llamados los del hallel (115 al 119).

La fiesta se celebraba el día quince de Nisán, y la cena la vigilia. En nuestro calendario el jueves de aquel año era el seis de abril. Los judíos seguían el calendario lunar, por eso la Pascua era cambiante cada año, justo el día de la luna llena de primavera. La noche del jueves se consideraba ya como el día de viernes, por eso la cena pascual - celebrada la vigilia de aquel viernes - marcaba el comienzo de la Pascua.
Enrique Cases

VIERNES SANTO
Prendimiento de Jesús.

Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos, enviados por los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo.

El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es: prendedlo. Y al momento se acercó a Jesús y dijo: Salve, Rabí; y le besó. Pero Jesús le dijo: "Amigo ¡a lo que has venido!"

Un error lleva a otro error, una mala elección a otra, a un pecado sigue otro. Eso es lo que le sucedió a Judas. Quizá pensaba que bastaba con la delación para finalizar sus planes de entregar al Maestro; pero no era así. Cuando manifestó a los reunidos el lugar idóneo para prender a Jesús sin alboroto quedó prendido en una red, y, una vez atrapado, le será imposible la escapatoria. Primero le comprometerán para que conduzca a los soldados y criados que acudirán aquella noche a prender a Jesús y le ordenarán que les señale exactamente quién es, para que no pueda escaparse en el tumulto, y ¿qué mejor saludo que un beso para que el perseguido quede señalado? Los hijos de las tinieblas son astutos y despiertos para sus maldades, más que los hijos de la luz.

Mientras ocurrían estos hechos en el Sanedrín, Jesús concluía la Cena Pascual - la última Cena - donde se da plenamente, hasta que calla, y en silencio comienza la Pasión cruenta.

Judas también está activo, pero para acabar su obra perversa. Los que le pagan su sacrílega venta le exigen que acuda al huerto. Juntan los soldados, se une un grupo heterogéneo de soldados y gentes armadas con palos que descienden también por el torrente del Cedrón, por donde poco antes pasó el Señor; suben al huerto guiados por Judas que conoce bien el lugar. Ahora toca el turno de encararse con Jesús y los demás.

Judas dijo: "prendedlo con cuidado" (Mc), e iba "al frente de ellos" (Lc) de los soldados del Templo. de algunos soldados romanos y de algunos voluntarios que se arman de palos. No hay precipitación, sino actividad clarividente, aunque nerviosa, pues es inevitable pensar que en un momento dado Jesús pueda hacer un milagro poderoso y justo. Por otra parte es imposible acallar del todo la conciencia, aunque la actividad intensa lo facilite.

Entonces se produce la escena del beso de Judas. La iniciativa del encuentro partió de Jesús que se dirigió a él sin ocultarse. Jesús camina hacia el beso traidor con decisión, casi con prisa. El Jesús derrumbado de unos momentos antes en el sudor de sangre se rehace, retoma, de pronto, las riendas de su alma, se levanta y va hacia la muerte con una serenidad que ha sacado de su oración y de su entrega total. Parece que tiene prisa. Debía quedar claro que iba hacia la muerte cuando él quería. Libremente. Con plena conciencia. La hora tan esperada había sonado.
Judas se sorprende, pero trata de aparentar una cierta naturalidad y con un temor contenido, saluda: "Salve, Maestro". Es probable también que dijese el saludo tradicional y cotidiano Shalom, paz. "Y le besó". Parece que le prendieron enseguida (Mc), aunque antes se da la defensa violenta de los discípulos prontamente detenida por el Señor. También se produce un extraño diálogo en el que Jesús pregunta a quién buscan, y al responderles "Yo soy" - expresión que recuerda el Yo soydel nombre Yahvé Dios -, caen todos al suelo (Jn). Jesús tiene una respuesta ante Judas que estremece, y le dice: "Amigo, ¡a lo que has venido!... ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?"(Mt).

Todo es mentira en los labios de Judas. Miente cuando saluda deseando “paz” a Jesús y sólo le lleva guerra y muerte. Miente cuando le llama Maestro y no ha aprendido ninguna lección, y, menos aún, la del amor, predicada con mil acentos por el divino pedagogo. Miente cuando besa -más bien mancha- a Cristo con la señal para prender al que no quiere defenderse. Y el beso queda como una marca de fuego en la mejilla de Jesús. Realmente Judas es el hijo de la mentira.

Jesús sólo dice verdad en sus palabras llenas de mansedumbre. Le llama amigo, no sólo para que Judas pueda conservar esa palabra y vuelva cuando quiera si se arrepiente, sino porque realmente le quiere como ha querido y quiere a todos los pecadores que han sido y son. Le invita a la reflexión sobre el saludo y el motivo de la visita. Sólo un íntimo podía delatar la intimidad, y la traición del ser querido es más dura que la del extraño. Se queja del beso, pero lo acepta para que Judas nunca pueda pensar que ha sido rechazado y pueda acusar al Redentor de no haberlo sido para él. Pero de nada sirvió la mansedumbre del Señor, y, tras el prendimiento, Judas se quedó solo en el sentido más estricto. Solo frente a Dios. Lejos de los apóstoles a los que él ha abandonado, y solo - no podía ser de otro modo - por el desprecio de aquellos que le habían comprado con halagos y dinero.
Y lo que suele ser señal de amor, se convierte en signo de traición y de engaño. "Entonces, acercándose, echaron mano a Jesús y le prendieron" (Mt). "Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al criado del Sumo Sacerdote cortándole la oreja. Entonces le dijo Jesús: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que emplean espada a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?"(Mt). Con sorpresa de todos se dirige Jesús al herido que grita en su dolor, cogió la oreja y se la curó(Lc). Cura al indigno, y detiene al violento que pretende defenderse, pero Jesús renuncia hasta a la legítima defensa. Y, recordándoles el poder de Dios y sus ángeles, prefiere manifestarse en la debilidad que en la fuerza.

"En aquel momento dijo Jesús a las turbas: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis. Todo esto sucedió para que se cumplieran las escrituras de los Profetas"(Mt). Era de noche, muy entrada la madrugada. No quieren los conspiradores la luz del día, quieren la sorpresa, como si pudiesen sorprender a Jesús, que les espera consciente del peligro y entregándose a él.

"Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron" (Mt). De poco les han servido sus promesas de dar la vida. Eran capaces de morir matando, pero no de sufrir la injusticia con paciencia y humildad. Permanecía oculto a sus ojos que se trataba de un sacrificio, del sacrificio de la nueva Ley, esa que han aprendido en teoría y ahora están aprendiendo en la práctica. Es la lógica del amor sin límites, del amor puro, y ellos no la entienden. Jesús está solo. Judas huye.

Los apóstoles se dispersan cuando prenden a Jesús. La comitiva se aleja: el preso será llevado ante el Sanedrín - o al menos parte de él - durante la noche, y, por la mañana, temprano, lo llevarán ante el gobernador romano. Judas se queda solo en el lugar viendo alejarse a sus acompañantes, que golpean a Jesús y lo maltratan; también ve como huyen sus antiguos amigos y compañeros, casi hermanos en otros tiempos.

Judas Iscariote está solo. Providencia de Dios es que no se encuentre con sus antiguos amigos, los discípulos de Cristo, pues quizá no hubiesen podido contenerse, y entonces no es impensable que corriese su sangre. Pero un extraño miedo les ha dispersado a todos. No conocían las tinieblas y la fuerza de la tentación diabólica que ahora muestra todo su poder - limitado, pero terrible -. Sus nuevos amigos también le abandonan. Lo han usado, les ha servido, y le abandonan. Es lógico, pues ¿quién va a confiar en un traidor? Conocido es que quien traiciona una vez, ciento puede reincidir. Las alianzas de los perversos duran el tiempo que les atan sus intereses; después se desatan incluso con odios antes inexistentes. Y Judas está solo.

Solo, pero con la voz de la conciencia que parecía acallada por la intensa actividad de las últimas jornadas y las justificaciones que ha ido elaborando en los tiempos de su vocación malvivida. Ahora, en el silencio de la noche nada puede acallar el grito potente de la voz de Dios que grita desde lo hondo: “Has entregado al Inocente”. Con fuerza vendrían a su memoria las delicadezas de Jesús con él, el perdón repetido, los milagros, la sabiduría, su mirada fuerte y amorosa. Además... incluso al final le dijo "Amigo". ", es cierto, en toda su vida Jesús ha sido el único Amigo, el que más le ha querido de verdad"; "y, ¿con qué moneda le he pagado? con la traición". Y el horror de su acción se hace evidente a sus ojos.

En estas idas y venidas siente el dinero -las treinta monedas de plata- en su cinto. Y se desvela más aún su conciencia: "Has entregado y vendido al Inocente". Su culpa se le presenta ahora clara ante los ojos, pero unida a la desesperación.

"Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, arrepentido, devolvió a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos las treinta monedas de plata, diciendo: He pecado entregando sangre inocente"(Mt). La verdad está en las palabras de Judas. Y recuerda, que le engañaron diciéndole que juzgarían a Jesús con equidad y quizá se desvelaría si realmente era el Mesías o no. Se puede deducir esto ya que el precio de la traición es simbólico. Quizá Judas se engañaba a sí mismo diciéndose que estaba colaborando a aclarar de una vez por todas la mesianidad de Jesús. Pero al ver al Señor condenado la misma madrugada contra toda justicia en una parodia de juicio amañando, se le quita toda venda de los ojos.

Y se arrepintió... pero sin esperanza. La respuesta de los que debían ser los religiosos en Israel debió ser como un puñal en su alma: "¿Qué nos importa a nosotros? Tú veras". Y vio la mirada torva, sonriente, de engaño triunfante, y se sintió duramente humillado. Entonces "él arrojó las monedas al templo y se ahorcó" (Mt).

Duro es seguir a Judas hasta el campo situado fuera de la ciudad. Era aquel un lugar cercano al valle llamado Gehenna, valle de las basuras, lugar utilizado por Jesús para mostrar gráficamente lo que era el Infierno donde sufren los condenados: "el lugar de las basuras que se consumen con un fuego que no se acaba". Entonces: "Adquirió un campo con el precio de su pecado, cayó de cabeza, reventó por medio, y se desparramaron sus entrañas. Y el hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, de modo que aquel campo se llamó en su lengua Hacéldama, es decir, campo de sangre"(Act). Más tarde fue adquirido por los sanedritas con ese dinero ya que en su hipocresía se dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre (Act).

Al considerar estos hechos viene a la memoria lo dicho por Jesús sobre el traidor: "¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! más le valiera no haber nacido". No se puede deducir de estas palabras la declaración de la condenación eterna, pero desde luego sí la destrucción de una vida de un modo horrible, y quizá la pena eterna. Judas se convierte en el antimodelo de seguidor de Cristo.
Enrique Cases

EL SÁBADO SANTO
Al anochecer del viernes comienza el descanso sabático. Llegan al cenáculo los que han estado en la sepultura. María está allí. Están las mujeres que en su amor encendido quieren volver al sepulcro cuando acabe el sábado para embalsamar bien al difunto, con todo el amor y la piedad de que son capaces. Están allí los apóstoles que callan y no saben qué decir porque no supieron defender a Jesús, y, menos aún, acompañarle en su gran lucha. Están otros discípulos muy allegados. María se retira.

Es el día de la soledad de María. Para ella sigue la pasión en su alma. Sufre y no hay dolor como su dolor. Cada uno de los gestos de su Hijo se le hace presente, sus quejidos, sus palabras. El gran grito de triunfo y dolor le llena su interior. Sabe que ha triunfado. Pero ella está sola. Él no está con ella. Y piensa en sus palabras: "al tercer día resucitaré" Y se aferra a ellas. Es difícil creer. ha visto el cuerpo muerto, agujereado por los clavos, ha puesto su mano en el costado abierto llegando al mismo corazón. Hace falta mucha fe para creer que va a resucitar, y se hace la oscuridad en el alma de María.

Experimenta el abandono como lo experimentó Jesús en su cuarta palabra. El Padre calla y la Madre se convierte en la única creyente. Su fe es la de una nueva Eva que cree contra todas las evidencias de los sentidos y de la experiencia. Y las horas del sábado trascurren lentas con oración como la de Getsemaní. Pasa la noche del sábado minuto a minuto, y la oración no cesa en la que nunca cesó de creer.
Pbro. Dr. Enrique Cases

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Celebramos la Pascua Victoriosa de Cristo Resucitado. Es la gran noticia que la Iglesia sigue anunciando en el mundo Cristo, el Amado, vive, fue como un beso del Padre al cuerpo roto y ensangrentado de su Hijo y lo llenó de Espíritu de vida. Cristo vive y está siempre con nosotros.

La fuerza de la resurrección se me da para que también yo la comunique. Esto obliga a luchar contra las fuerzas que producen muerte, a situarnos junto a los crucificados, a resucitar lo que va muriendo, a alentar a lo que va naciendo.

¿Qué pasa en nuestro mundo?
A veces nos desanimamos pensando que ni la sociedad ni la Iglesia se renuevan positivamente, que la injusticia campea libremente, que los sistemas económicos y financieros son perversos, y en ellos vivimos tranquilamente instalados, que el mundo sigue roto y la Iglesia dividida, que la gente pasa de todo tipo de utopías, que el consumismo todo lo materializa, y sentimos la tentación de gritar ¿Hasta cuándo?

La respuesta de Dios es la resurrección de Cristo y un sí a la vida y a todas nuestras más profundas aspiraciones. Un sí a la creación sin límite. La resurrección es un sí de Dios a la vida humana. Es un no a la vida entendida como absurdo, como frustración y sin sentido. Mira a tu alrededor, busca señales de la resurrección de Cristo. Verdad que existen y son palpables.

¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
· Ver Hch. 10; 34a 37-42
En el país de los judíos, empezando en Galilea, en la época de Juan, apareció Jesús de Nazaret, ungido de Espíritu, por eso le llamamos "Cristo", que pasó entre nosotros chorreando gracia y libertad. Sin duda que era presencia, sacramento vivo de Dios. Fue Dios mismo el que pasó entre nosotros para salvamos.

· Ver Col. 3; 1-4
En la Pascua todo es nuevo: el fuego, la luz, el agua, la levadura, los vestidos. Todo con la marca de Jesucristo. Es obvio que han de cambiar nuestras actitudes, nuestros gustos, nuestros sentimientos, nuestros comportamientos, nuestras ideas.

· Ver Jn 20; 1-9
Se nos describe con todo detalle las experiencias de la resurrección de Jesús. Una mujer es la primera que se asoma al misterio. Cuando todo estaba oscuro, hay mujeres que tienen las lámparas encendidas.
Para la vida:
-¿Qué estilo de vida debe tener un cristiano que quiere vivir la resurrección de Jesús?
-¿Cómo es tu estilo de vida como cristiano?
-¿Qué debes cambiar para que sea transparencia de Cristo resucitado?
Un rato de oración:
· Queremos madrugar para encontrarte:... y vivir la vida contando con tu presencia.Terminaron contigo, pero Tú te quedaste entre nosotros.
· Tu presencia nos invade, tu fuerza nos envuelve, tu ejemplo nos entusiasma y tu luz nos ilumina.
· Queremos madrugar cada día para encontrarte, para no despistamos y vivir sin ti.
· Ellas, las más tempranas, descubrieron tu presencia entre nosotros.
· Otros nos adormilamos y comenzamos el día sin contar contigo, sin damos cuenta de que caminas la vida a nuestro lado.
· Queremos madrugar para salir al encuentro del hermano, para que las prisas no nos hagan correr indiferentes, sin importamos su vida, sin compartir los dificultades cotidianas, sin comunicarnos desde el hondón, haciéndonos buenos amigos y compañeros del camino de la vida.
· Queremos madrugar para disfrutar, para vivir resucitados, fortalecidos por tu impulso, entusiasmados por tu propuesta, comprometidos en tu tarea.
· Tu impulso, Señor, viene para despertar en nuestro interior la luz y el deseo de liberar y alegrar a los hermanos.
· Queremos madrugar porque nuestra alma estaba turbada, nuestro ego nos tenía distraídos y Tú, Señor, nos despiertas a la misericordia, al vivir para los demás, a ser solidarios y liberadores.
· Queremos madrugar porque, a pesar de las noches oscuras, Tú nos invitas a seguir tu proyecto, a la entrega total,
· Tú nos sacas de nuestras miserias y nos haces misericordia.
LA FE EN EL RESUCITADO
Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse "in albis", es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos bautizados durante toda la semana. Todos cristianos de ayer o desde hace mucho tiempo, somos de alguna manera "recién nacidos", tenemos la necesidad de comprender mejor "que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido", como reza la Oración colecta de la Misa.

El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: "Señor mío y Dios mío". Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar que con la resurrección el futuro se ha hecho presente.

Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter las manos para estar seguros de lo que creemos.
Andrés Pardo

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!
José Miguel Pajares Clausen
Marzo 2010

No hay comentarios: