domingo, 28 de junio de 2020

QUERIDO CATÓLICO EMPRENDEDOR, ESTE MENSAJE DE ALIENTO ES PARA TI


¡El católico emprendedor vale oro! De pronto una idea, tantos sueños, horas desvelados, trabajo arduo que parece no tener fin. Dificultades en el camino, desilusiones, tanta persistencia, la ayuda que llega y el ansiado resultado que se espera, ¡hay tanto en juego!
El video de hoy habla del proceso en el cual una idea se convierte en una obra de emprendimiento. Se mencionan distintas fases como el nacimiento de la idea, la confianza en la misma y el compromiso que implica ir desarrollándola.
Se título «Relago para emprendedores» y es producido por «By Hours», plataforma online que permite reservar la hora de entrada y salida de un hotel pagando solo por las horas en las que se va a utilizar el servicio (¡Una buena idea!).
Luego de que lo veas, recuerdes todo por lo que has pasado para llegar hasta donde estás hoy y se te dibuje una sonrisa en el rostro, te invito a reflexionar en algunos elementos apostólicos.
1. EL MUNDO DEL EMPRENDIMIENTO NUNCA HA SIDO ALGO AJENO PARA LOS CATÓLICOS
Todo lo contrario, es uno de los espacios que tenemos para expresar nuestra fe y desplegarnos en el apostolado. En la búsqueda por vivir plenamente la vida cristiana a la que hemos sido llamados por Dios.
Si Cristo mismo dio gloria a su Padre emprendiendo jornadas laborales en su taller de carpintería junto a san José, ¿por qué yo no debería hacer lo mismo con mi emprendimiento?
2. NO HABLAMOS DE EMPRESARIOS CATÓLICOS, SINO DE CATÓLICOS CUYO TRABAJO ES LA EMPRESA
Contamos con los mismos conocimientos, medios, sentimientos, oportunidades, dificultades y tentaciones que los no católicos. Si tenemos dilemas éticos o morales no es porque seamos católicos, sino porque somos personas, y está claro que las decisiones inmorales nos degradan sin importar religión, filosofía de vida, o credo personal.
Sin embargo, ser católicos sí puede ayudarnos a entender el sentido de los gozos y las fatigas del mundo empresarial. Sus dificultades y oportunidades, además de donarnos una vida espiritual y una visión cruciforme de la realidad que nos permite perseverar en el servicio y en el amor.
3. SER CATÓLICO EMPRENDEDOR VALE TODA LA PENA
El que es emprendedor, a pesar del miedo —que es una experiencia muy pero muy humana— no se amilana ni se detiene, persevera, eso sí, con prudencia. Esto no es otra cosa sino discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y elegir los medios adecuados para realizarlo.
Frecuentemente las personas prefieren no actuar, pues así evitan exponerse y sentirse incómodos o vulnerables. Esto los aleja de cumplir un papel importantísimo, el de ser agentes de cambio en la sociedad.
Quien no arriesga no solo no gana, si no que podría estar perdiendo mucho más de lo pensaba tener «asegurado» en un principio.
4. EL VALOR AÑADIDO DEL CATÓLICO QUE EMPRENDE
El valor radica en saber que este es más que mera rentabilidad y beneficios. Un católico emprendedor debe poseer  la conciencia de que la idea, el negocio y los frutos son del Señor.
Y que es Él quien bendice nuestra cooperación y nos permite, de alguna manera, participar en su obra redentora. Dios se alegra porque sabe que nuestro trabajo es un importante ámbito en nuestro camino de santidad.
Creo que esta es la verdadera razón por la que —como se dice en el video— ¡ser emprendedor mola mucho!
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
Estas son algunas preguntas que puedes usar en tu grupo de trabajo, con tu familia o amigos: ¿Dejas que tu emprendimiento sea guiado por Dios?, ¿consideras que tu vida cristiana y tu trabajo son incompatibles?, ¿por qué?
¿Te parece que en el mundo del trabajo y la empresa es difícil anunciar al Señor?, ¿crees que haces los esfuerzos necesarios para fomentar un diálogo sincero y abierto?, ¿cuáles son los medios concretos en tu vida laboral para que puedas ser un agente de cambio en la sociedad?
Escrito por Luis Delgado

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