domingo, 22 de junio de 2014

ALIMENTO DE VIDA Y UNIDAD


"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo.

Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:

– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?

Jesús les dijo:

– Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre."

Cuando los judíos oyeron estas palabras, nos dice el evangelio, que muchos empezaron a abandonarle. No entendieron lo que Jesús quería decirles. A nosotros no nos escandalizan estas palabras, porque llevamos muchos años escuchándolas. Desde que nos preparamos a la Primera Comunión. Pero seguimos sin entenderlas, o, por lo menos, no nos dicen nada.
Comer algo, es tomar sus sustancia y hacerla parte de nosotros. Eso es lo que nos está diciendo Jesús, cuando se nos ofrece como comida. Nos está diciendo, que si queremos tener Vida, debemos hacernos uno con Jesús. La Eucaristía hace que Jesús sea sustancia nuestra y nos une a todos con Él y en Él.
Nuestras misas, desgraciadamente, se han transformado en ritos sin vida que no nos transforman. Tras ellas seguimos sin cambiar, sin ser conscientes de que hemos "comulgado" a alguien que vivió y murió por los demás, y que nosotros debemos ser sus seguidores en este mundo. Alimentarse de Jesús, es hacer nuestra su vida, intentar vivir como Él. Sólo así viviremos para siempre.

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