lunes, 17 de marzo de 2014

NECESIDADES DEL...



La persona humana..., está formada por un parte material visible llamada cuerpo y una parte espiritual invisible llamada alma. El hecho de que el alma, como todo lo que pertenece al orden superior de lo espiritual sea invisible a los ojos de nuestra cara, pero no a los ojos de nuestra alma, determina que haya personas que nieguen la existencia del alma humana. Tanto cuerpo como alma, tienen ambas unas necesidades básicas de alimentarse, seguidas de otras necesidades de carácter más secundario. La alimentación fundamental de cuerpo es la comida, sin la cual el cuerpo no puede subsistir. La alimentación fundamental del alma, el pan del alma, es la oración y los sacramentos.

En la alimentación secundaria el hombre, una vez que este ha cubierto sus necesidades básicas, aparecen una serie de necesidades que el mismo se, ha creado en la medida que se ha ido desarrollando más su capacidad creadora. Hay aquí una serie de elementos que ayudan al desarrollo de la vida material humana y que son queridos por Dios, pero hay otros que se ha creado el hombre y que no son del agrada de Dios, por ser fruto de una desordenada conducta, como puede ser la vanidad de poseer unos bienes de lujo, mejores y más grande que los que tiene el vecino o conocido.

Acerca de las necesidades materiales del hombre, el Señor nos dejó dicho lo siguiente: "25 Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad como las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? 27 ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo? 28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, como crecen; no se fatigan ni hilan. 29 Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? 31 No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Que comeremos, que beberemos o que vestiremos? 32 Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad. 33 Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. 34 No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán”. (Mt 6, 25-34).

Es muy poca la atención que se le pone a este pasaje evangélico y son varias las razones. Desde luego que Dios no nos va a proporcionar, ni una segunda mejor casa de verano, ni un mejor coche, ni un yate, ni un crucero por el Caribe o las Seycheles, entre otras varias razones, porque solo el soñar con conseguir este tipo de bienes, es alejarse de Dios. Alguno pensará, pero si yo solo deseo, ¿es que acaso con el pensamiento se pecar?; pues sí se peca, porque la intencionalidad, es de por sí el primer paso y Dios ve el fondo de nuestros corazones, algo que nosotros no vemos.

En el párrafo evangélico visto, bien claro que se nos dice: “…; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.” El Señor se refiere lo que son auténticas necesidades, que son las propias de un alma que ama a Dios y que lo que pide a Él, no es ninguna gula.

            Existe una clara relación, entre la vida corporal material de una persona y la vida espiritual de ella. Es imposible darle cumplimiento total, a las peticiones de nuestro cuerpo y llevar una vida espiritual plena que aumente el desarrollo espiritual de nuestra alma, incrementando los sentidos espirituales de ella en especial los ojos del alma. A estos efectos el Señor nos dejó dicho: "24 Nadie puede servir a dos señores, pues o bien, aborreciendo al uno, amará al otro, o bien, adhiriéndose al uno, menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. (Mt 6,24).

La lógica nos dice que lo material se capta por medio de la materia y lo espiritual por medio del espíritu. Aunque pueda ser que a muchos no les interés el tema, la realidad es que para ver lo material tenemos los ojos de nuestra cara y la luz material que le da vida a esos ojos, porque la materia se capta por medio de la materia. Pero las existentes realidades espirituales, solo las pueden captar los ojos de nuestra alma, iluminadas por la Luz divina, si es que ellos se encuentran lo suficientemente desarrollados, ya que solo son ellos el medio de que disponemos para captar las realidades espirituales.

Se cuenta del Santo cura de Ars, que siempre tenía una gran fila de personas para confesarse y que más de una vez al ir al confesionario iba mirando a las personas que se iban a confesar con él. De pronto se quedaba parado delante de una persona desconocida para él y le decía: Vd. no espere, pase el primero que necesita confesarse con más urgencia que todos los demás. Sobre este tema además de lo ya dicho sobre el Santo cura de Ars, hay otros ejemplos y uno muy reciente, como es el del capuchino San Pio de Pieltrecina.

Si alcancemos o llegásemos a tener la facultad de ver las almas de los demás, quedaríamos fascinados de la belleza de un alma en gracia y sobrecogidos de repugnancia, según el alma de la persona que contemplásemos. Santa Catalina de Siena, escribe que una vez el Señor le manifestó: “Hija mía, si te mostrara la belleza de un alma en gracia, sería la última cosa que verías en este mundo, porque el resplandor de su hermosura te haría morir”.

Nos cuenta Santa Teresa, que en una visión sublime, le mostró nuestro Señor Jesucristo, nada más que una de sus manos glorificadas. Y decía que la luz del sol es fea y apagada comparada con el resplandor de la mano glorificada del Señor. Y añadía que ese resplandor con ser intensísimo, no molesta, no daña la vista, sino que, al contrario, la llena de gozo y de deleite.

Alcanzar, un nivel de vida espiritual, con un grado de desarrollo similar al que alcanzaron estos santos y santas, es difícil, pero no imposible. No se trata de privilegios que Dios dona a determinadas almas, sino que Dios está abierto a donárselo a toda alma que se le entregue en amor. En el punto 33 de párrafo evangélico arriba escrito, se nos dice: “33 Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Este es el camino que hemos de seguir y seguir con perseverancia en el amor, y sobre todo, porque el amor es la fuerza más potente de la disponemos, con ella todo lo podremos lograr. Y no olvidemos nunca el principio que nos dice que: Querer es poder, solo puede el que de verdad perseverantemente quiere.

            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

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