jueves, 19 de septiembre de 2019

APOSTOLADO… ¿YO?


Por: Sofia Aguilar | Fuente: Catholic.net

Resulta más sencillo comenzar a hablar de apostolado desde un punto de vista catequético, mencionar que el origen griego de la palabra apostolado, apostoloi, significa enviado. Es importante entender el origen epistemológico de las palabras para poder profundizar ciertos conceptos. Lo más relevante es remitirnos a la palabra, "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Juan 20, 21).

En ocasiones damos por hecho el uso de ciertas palabras en el argot cristiano, pero no siempre estas palabras resultan conocidas o entendidas por todos. Evidentemente, apostolado viene de la palabra apóstol, y todos sabemos de los primeros doce apóstoles, aquellos que se convirtieron en pescadores de hombres, que decidieron tomar su cruz y seguir a Cristo, quienes dejaron todo atrás para caminar junto a un hombre que no entendían, pero confiaban en sus enseñanzas y preceptos, aunque no siempre ¿no?

Precisamente de eso se trata cuando hablamos de hacer apostolado, significa dejar todo por Cristo, significa ir a pescar hombres, a ser misioneros, a evangelizar a extender a el reino de Dios por todos los rincones del mundo.

Sería imposible que todos los católicos tuviéramos que ir por todo el mundo compartiendo la palabra de Dios, es por ello, que tanto los religiosos como laicos tienen misiones distintas. Estas misiones dependen de los dones que han recibido por parte de Dios, algunos pueden tener el don de ciencia más desarrollados que otros, o el de sabiduría y, por lo tanto, el apostolado será distinto y peculiar para cada uno. Lo que todos compartimos es la “propagación del reino de Cristo por toda la tierra” (CIC, 863). Eso es lo que nos une como iglesia, como miembros del cuerpo místico, que es Dios.

Existen distintos tipos de apostolado, diversos como los carismas y órdenes en la iglesia, compuestos por laicos y dirigidos por sacerdotes, pero la particularidad es que se fundan con un propósito en particular, derivado de una necesidad de la comunidad.

En mi caso, me gustaría compartirles un poco sobre mi experiencia en un apostolado juvenil, el cual se encarga de organizar retiros para jóvenes que ya han tenido un primer encuentro con Dios, con el propósito de profundizar en su fe y formarse para poder tener una relación íntima y consiente con el Señor. Llevo apenas un año en este apostolado, pero es impresionante ver la manera en que Dios se hace presente y toca la vida de todos nosotros, es decir, es obvio que en cada retiro Dios se manifiesta intensamente en cada participante, pero también en ocasiones se nos olvida a los organizadores que Dios también toca nuestros corazones de una manera profunda.
Es fundamental para cualquier tipo de apostolado que sus miembros anhelen profundizar en su relación con Dios a través de la doctrina y la oración. ¿Cómo podemos a través de nuestros testimonios de vida tocar el corazón de otros jóvenes, si nosotros mismos no procuramos estar cerca de nuestro Señor?

La vida de un apóstol no se mide en ese fin de semana que se da el retiro, o en las reuniones de trabajo, o en los domingos en misa.

El apóstol se reconoce por los frutos de su actuar, de esfuerzo diario por ser congruente, de llevar la palabra de Dios a un amigo necesitado, de brindar una mano al necesitado, de obedecer a tus padres, de marcar la diferencia en tu lugar de trabajo, en buscar primero servir que ser servido.

El apóstol, debe convertirse en un ser espiritual capaz de dejar que Dios transforme su vida y con ello, lograr impactar a los demás, para que decidan seguir a Cristo y así poco a poco, ir propagando el reino de Dios. Eso es lo más valioso que he aprendido estando en un apostolado, estar consciente de la gran responsabilidad que tenemos, de ser representantes de Cristo, sus apóstoles, sus soldados, sus manos aquí en la tierra capaces de cumplir con su voluntad. Pero ¿cómo saber si estamos cumpliendo su voluntad y no la nuestra? A través de sus enseñanzas, de su palabra, de la doctrina, del catecismo, acompañado de mucha oración.

Esas son tus funciones como apóstol, por lo tanto, hoy los invito hacer apóstoles, a convertirse en verdaderos pescadores de hombres en todos los lugares a los que vayan.

Si pueden investigar en su parroquia si existen apostolados, no lo duden, acérquense y sumen esfuerzos para seguir construyendo como una sola iglesia el reino de Dios en la Tierra.  
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Iglesia Católica. (2012). El apostolado. En 2ª ed., Catecismo de la Iglesia Católica (1262). Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

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