miércoles, 14 de octubre de 2015

SOBRE EL INFIERNO



Cuando, a lo largo de los años, algunos de mis lectores se han sentido en contra de mi concepto de infierno, buscando un infierno brutal totalmente dejado de la Mano de Dios, yo siempre he pensado: no sabéis lo que pedís.

El que no deja espacio a una visión más misericordiosa incluso de la condenación, en el fondo está pidiendo venganza. En el fondo, está pidiendo ese tipo de infierno sin piedad. Hay que tener un determinado tipo de corazón (muy duro) para negar la posibilidad de un destierro más humano. La eternidad de la condenación (si interviene Dios) no implica la crueldad sin límites de ese estado.

Los hombres condenados al infierno no son meras bestias. Nosotros somos compasivos incluso con las bestias. Las almas condenadas se han bestializado, pero mantienen parte de su humanidad. Algunos, al describir el infierno, dan la sensación de querer echar más madera a ese horno para así defender mejor la santidad de Dios. En el fondo es como si echasen más leña con una recriminación pura (y fanática) que viene a decir: Os merecéis todo lo que os pase y no es asunto mío. Cuanto más sufráis, más brillará la Justicia Divina.

Ese pensamiento nace de una buena intención para con Dios, pero no tiene en cuenta que Dios es más bueno que la maldad de los que le odian. Dios no ha podido salvarlos, pero les ayudará todo lo posible en su eterno exilio.

P. FORTEA

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