"...José
se (ha) convirtió en el remedio universal del hambre que azotó a toda la
tierra. Y (es que) san José es el remedio de todos los males que acosan a la
Iglesia y a todos sus fieles. Pues bien, a San José el Padre del cielo le ha
hecho Custodio de su Hijo y de su Madre. Le ha dado poder para remediar todas
las necesidades de alma y de cuerpo. Le ha constituido Patrono y Custodio de
toda la Iglesia. José mandaba en todo Egipto, San José manda en toda la
Iglesia. “Delante del excelso Patriarca san José doblen todos los fieles la
rodilla, y sepan todos a que ha puesto el Omnipotente bajo su tutela y
patrocinio toda la Iglesia católica” (B Papa Pío IX)..."
El nombre
de José nos traslada mentalmente por instinto al José, hijo del Patriarca
Jacob, el de Egipto, el once de doce hermanos, cuya encantadora historia,
tierna y ejemplarizante, nos describe deliciosamente el autor del libro del
Génesis.
Loa autores, devotos de san José, afirman que el nombre le fue impuesto
por inspiración divina, como el de san Juan Bautista, Y, dada la misión sublime
y única a la que el Padre del cielo le predestinó, se ve como lo más normal.
Dios cambió el nombre de Abran por el de Abraham, cuando le hizo padre de
pueblos numerosos. Jesús cambió el nombre de Simón por el de Pedro, al apóstol
a quien constituyó piedra y fundamento de su Iglesia.
Es una constante entre los exegetas, autores y predicadores josefinos
ver en el José del antiguo Testamento un tipo o símbolo del José del nuevo. Hay
un tipismo o simbolismo querido y llevado a cabo por el Espíritu Santo. Así
Melquisedec es tipo de Cristo sacerdote para siempre (Heb 7,1-3). Hay otros
simbolismos o tipismos vistos en la Biblia por los estudiosos y lectores de la
misma, leída desde el Espíritu Santo. En una lectura sencilla y asidua de la
Palabra de Dios han descubierto las semejanzas entre hecho y personas del
antiguo y del nuevo Testamento, a veces llevando los simbolismos a
atrevimientos llamativos. San Juan de la Cruz ve un simbolismo del diablo, por
la estructura y armazón de sus escamas, en el Leviatán, animal que describe
magistralmente el libro de Job 41,6-7.
A este género de simbolismo pertenece el de José de Egipto como tipo de
san José, siempre al hilo de lo que dice el texto sagrado, según el cual hay
semejanzas claras y notables, intuidas ya por san Mateo.
Así vemos que José es tipo de San José en el aspecto onírico. Si al José
del Egipto se le manifiestan determinados aspectos de su vida en visiones
nocturnas, a san José se le revela el Señor en sueños.
Otra semejanza más clara es la de las bendiciones con que su padre Jacob
bendijo a su hijo José, la más larga de todas con las que bendice a sus hijos.
En el Dios de tu padre hallarás tu socorro. En EL-Sadai que te bendice:
bendiciones del cielo arriba, bendiciones del abismo abajo, bendiciones de
pechos y senos maternos, bendiciones de espigas y de flores, bendiciones de
montes divinos, delicias de los collados eternos. Que caigan sobre la cabeza de
José, sobre la frente del elegido entre sus hermanos (Gen 49,25-26; cfr Dt
33,13-17)
Estas bendiciones se pueden entender proféticamente de san José. ¿Quién
ha recibido más que él de lo mejor que jamás haya producido la tierra con el
favor y gracia de Dios y de lo mejor que ha descendido del cielo por obra del Señor?
Las bendiciones que ha recibido en su santísima esposa y en su divino Hijo que
sobrepasan infinitamente todo lo mejor del cielo y de la tierra, son realmente
inauditas y las recibió por ser constituido señor de su casa y príncipe de
todas su herencia (Sal 104,21), al hacerle el Padre Custodio de los dos mejores
tesoros que tiene, Jesús y María. El figurado, San José, excede inmensamente en
bendiciones a la Figura, el José d Egipto.
Otro aspecto en el que José es tipo y figura de San José es el del poder
que le otorgó el Faraón. “Tú estarás al frente de mi casa y de tu boca
dependerá todo mi pueblo. Tan solo el trono dejaré por encima de ti” Y en señal
de este poder, “se quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José, le
hizo vestir ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello” (Gen
41,39-40.42). Por encima de él solo estaba el Faraón. Y en los años de
abundancia llenó los graneros de trigo. Vinieron los años de las vacas flacas y
“toda la tierra de Egipto sintió también hambre y el pueblo clamó a Faraón
pidiendo pan. Y este, que había confiado todo su gobierno a la discreción de
José, a todos respondía: Id a José y haced lo que él os diga. (Gen
41,55). Y José, abriendo sus graneros repletos de trigo, a todos despedía
alegres y contentos. Esta es, in duda, una de las frases del relato del José
del A, Testamento más repetidamente aplicadas a san José por los autores
josefinos. José se convirtió en el remedio universal del hambre que azotó a
toda la tierra. Y san José es el remedio de todos los males que acosan a la
Iglesia y a todos sus fieles
Pues bien, a San José el Padre del cielo le ha hecho Custodio de su Hijo
y de su Madre. Le ha dado poder para remediar todas las necesidades de alma y
de cuerpo. Le ha constituido Patrono y Custodio de toda la Iglesia. José
mandaba en todo Egipto, San José manda en toda la Iglesia. “Delante del excelso
Patriarca san José doblen todos los fieles la rodilla, y sepan todos a que ha
puesto el Omnipotente bajo su tutela y patrocinio toda la Iglesia católica” (B
Papa Pío IX)
Jesús toma sus peticiones y
plegarias como mandatos de su padre y hace cuánto le pide. Si José dio el pan
guardado a los egipcios para saciar su hambre, San José nos ha conservado, con
su custodia y dedicación a Jesús y María, el Pan de vida que comunica la gracia
y da la salvación. Podemos imaginarnos a San José sentado en su trono de gloria
a la izquierda de Jesús y oír la voz del Padre del cielo que por boca de su
Vicario en la tierra nos dice. Id a José y haced lo que él os diga
Y lo que nos pide san José es que amemos a Jesús con todo el corazón y
con toda el alma, como él le amó, que rechacemos todo pecado y ofensa de Dios,
que vivamos las virtudes evangélicas y sencillas, pero fuertes, que él vivió,
que nos revistamos de Jesucristo, y, aunque pecadores, que acudamos a él con
toda confianza y amor, y entonces jamás nos despedirá con las manos vacías, nos
recibirá como cariñoso Padre, con el mismo amor con que cuidó de Jesús y María
y mirará por nuestro bien y provecho; nos ayudará en todos los momentos de la
vida, especialmente en los más difíciles y sobre en la hora de la muerte. Es
especial patrono para esa hora postrera. Id a José y haced lo que él os
diga.
P. Román Llamas, ocd
Publicado porUnción Católica y Profética








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