viernes, 23 de mayo de 2014

INVENCIÓN DEL CUERPO DE SANTA JUANA DE LESTONNAC


Invención procede del latín inventare que significa encontrar, descubrir, hallar. En unos casos (los cuerpos, las reliquias…) son descubiertos luego de haberse perdido por el paso de los siglos, y en otras, luego de persecuciones. Las festividades que se celebraban por tal motivo eran antiguamente de más relevancia. Algunas se celebraban en toda la Iglesia, otras con carácter particular, en diócesis, monasterios, iglesias u órdenes religiosas.

Una de las más conocidas es la fiesta de la “Invención de la Santa Cruz”, que se celebraba el 3 de mayo, y que recordaba el descubrimiento, según la tradición, de la verdadera cruz de Nuestro Señor por Santa Elena.

Pero no son pocos los santos, que por diversos avatares históricos, son recordados o celebrados litúrgicamente en sus órdenes por la invención de su cuerpo. Por ejemplo:


En el calendario propio de la Orden Franciscana el 23 de septiembre se celebra la memoria libre del Hallazgo del cuerpo de Santa Clara de Asís. El cuerpo de santa Clara, fallecida en el monasterio de san Damián, a las afueras de Asís, recibió sepultura primero en la iglesia de san Jorge, dentro de la ciudad. Construida la Basílica de la Santa en Asís, su cuerpo fue depositado, el 3 de octubre de 1260, en una tumba de piedra colocada profundamente debajo del altar mayor, donde permaneció inaccesible durante casi seis siglos. El hallazgo del cuerpo de san Francisco en 1818, despertó el deseo de sacar también a la luz el cuerpo de santa Clara. En 1850 Pío IX autorizó las pertinentes excavaciones, y el 23 de septiembre de aquel mismo año se abrió solemnemente el sepulcro que contenía los restos de la Santa, que, el 3 de octubre de 1872, fueron depositados en una urna de azófar en la nueva cripta construida para tal efecto. La ubicación actual de los restos de santa Clara es de 1987, después que las santas reliquias fueran sometidas a un tratamiento de conservación adecuado.

Así que INVENCIÓN quiere decir HALLAZGO. La liturgia católica siempre ha utilizado esta expresión. Se colige de la lectura del texto el significado de la palabra, pero han pedido una aclaración del término.

Días de tribulación y de grandes pruebas hubieron de pasar las religiosas fundadas por santa Juana de Lestonnac en este tiempo de la Revolución francesa en el periodo llamado del Terror, en que las Comunidades fueron dispersadas, y las monjas se vieron perseguidas de muerte.
Cuando pasadas las terribles tormentas de una Revolución tan desenfrenada, pudieron, en el año 1822, reunirse de nuevo en Comunidad, la M. Cathalot, Religiosa de la Casa de Burdeos, y la M. Teresa Duterrail, priora de la Casa de Tolosa, desearon vivamente volver a posesionarse de los restos de la santa Fundadora, aunque ignorando por completo el lugar a donde habían sido echados. La M. Duterrail practicó activas indagaciones, y desde que recogió los primeros indicios, solicitó y obtuvo licencia para hacer todas las diligencias precisas e indispensables, hasta descubrir el inestimable tesoro tan querido de su corazón.

En el mes de julio del mismo año escribía la M. Duterrail a la M. Bonneau, superiora de la Casa de Poitiers:

“-¡Cuán consolador sería para nosotras si pudiéramos hallar este precioso tesoro! No hay cosa mejor seguramente para reanimar en nosotras el espíritu de nuestra santa vocación. Ante el espectáculo de los restos de una persona tan venerable por tantos y tan justos títulos, se renovarían en nosotras sus avisos saludables, sus santos consejos; recordaríamos el menosprecio que tuvo de sí misma y de todas las cosas del mundo; su grande celo por la observancia de las Reglas, medio por el cual progresan santamente las Comunidades religiosas, y único para conservar el fervor primitivo; su amor a la obediencia, la que debe ser por excelencia nuestra virtud favorita; en fin, su recogimiento interior, que es el alma de la vida religiosa”.

Y como para el feliz resultado de esta empresa, que redundaba en tanto honor de la Orden, había procurado la M. Duterrail interesar el favor del cielo con oraciones, actos de virtud y de mortificación, añadía:

En cuanto a nosotras, hemos empezado un mes de ayunos y comuniones, y daremos limosna proporcionada a nuestros recursos”.

Unánimemente respondieron las demás Comunidades a la piadosa invitación de la M. Duterrail, y gran número de oraciones y obras de expiación subieron al cielo, pidiendo a Dios la gracia tan ardientemente deseada. A las primeras diligencias que se practicaron, con acuerdo de las religiosas y de las autoridades de Burdeos, fue cosa sorprendente ver el entusiasmo y devoción de las gentes.

Se lee en la relación auténtica de la invención del cuerpo de la santa Madre:

El pueblo se presentó en tropel para asistir a las pesquisas y averiguaciones que se hicieron; unos como testigos de vista, manifestando quién fue el que enterró el sagrado depósito, y que para tener una reliquia le había arrebatado el velo, única cosa que a la sazón le quedaba del vestuario religioso; otros publicaban a voces las virtudes y milagros de la sierva del Señor.

Edificante fue también la conducta de los militares, cada uno de los cuales se disputaba el honor de ser el primero en prestar sus servicios a las dos religiosas de Nuestra Señora, esto es, a la M. Duterrail y la M. de Bruncan; las asistieron en todas las diligencias e informaciones que se efectuaron por espacio ele diez días.

Por fin, las diligencias practicadas dieron el resultado apetecido: en el lugar señalado se encontró el caballo medio consumido, y a pocos pasos las miradas fijas de la devota comitiva descubrieron los venerables restos de la M. de Lestonnac. Al momento se dio aviso a las autoridades, que acudieron presurosas, asistiendo al mismo tiempo el comisario de policía, un médico y un cirujano. Separaron toda la tierra en que estaba envuelto el venerable cadáver, y con muchas precauciones intentaron levantarlo entero, pero á pesar del tiento y cuidado con que procedieron, no pudieron alcanzar su objeto, pudiendo difícilmente recoger enteros los huesos más principales del venerable cadáver. El cráneo estaba mutilado, pero se hallaron todos los pedazos.

Ante un espectáculo tan conmovedor, los asistentes permanecieron silenciosos y en profundo recogimiento, y las dos buenas religiosas, tiernamente conmovidas, prorrumpieron en abundantes lágrimas de amor, de gozo, de devoción y de gratitud….

Era el 28 de diciembre de 1822. Bajo estas líneas, capilla del Colegio de la ODN, en Burdeos, donde reposan los restos "martirizados" de Santa Juana de Lestonnac.

Del libro La Beata Madre Juana de Lestonnac. Fundadora de la Orden de religiosas Hijas de Nuestra Señora (Enseñanza). Biografía extractada de varios autores por una religiosa de la misma Orden del Convento de Barcelona (Barcelona 1900). Aquí puede leerse entero:


Jorge López Teulón

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