viernes, 19 de abril de 2013

EL ANACORETA Y LAS ARRUGAS


El Anacoreta, como todos los ancianos, tenía cada día más arrugas. Riendo le dijo a su joven seguidor:

- Las arrugas del cuerpo son fruto de la vida. En realidad son como condecoraciones por lo que hemos luchado y sufrido.

Luego, poniéndose serio, concluyó:

- Pero las arrugas del alma las fabricamos cada vez que renunciamos a nuestros ideales y que dejamos de luchar por ser nosotros mimos y por los demás. Esas son las verdaderas arrugas...

Joan Josep Tamburini

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