
-“Es curioso - comentó el Anacoreta - Los intolerantes acusan a aquellos que respetan las ideas de los demás, sin abandonar las suyas, de relativistas. Y los relativistas acusan a los que respetando las ideas de los demás no abandonan las suyas, de intolerantes”.
Sonrió a su joven seguidor y dijo:
-“Tenemos la manía de bipolarizarlo todo. O negro o blanco... y olvidamos la riqueza de los matices”.
-“Sí - afirmó el joven seguidor - pero, si respetamos las ideas de los otros, pero nos reafirmamos en las nuestras, ¿no caemos en el inmovilismos? ¿No nos impide avanzar?”
-“Tenemos la manía de bipolarizarlo todo. O negro o blanco... y olvidamos la riqueza de los matices”.
-“Sí - afirmó el joven seguidor - pero, si respetamos las ideas de los otros, pero nos reafirmamos en las nuestras, ¿no caemos en el inmovilismos? ¿No nos impide avanzar?”
Miró el anciano al joven con simpatía y añadió:
-“Claro. Falta otro matiz. Conservar nuestras ideas, pero estando abiertos a la crítica y a las ideas de los demás, para enriquecernos y cambiar lo necesario. No hay verdades absolutas”.
-“Claro. Falta otro matiz. Conservar nuestras ideas, pero estando abiertos a la crítica y a las ideas de los demás, para enriquecernos y cambiar lo necesario. No hay verdades absolutas”.
Se detuvo riendo y concluyó:
-“Claro, que esta afirmación los intolerantes me la tacharán de relativista...La verdad es que no hay error más grave que hacer de una verdad parcial, una verdad absoluta...”
-“Claro, que esta afirmación los intolerantes me la tacharán de relativista...La verdad es que no hay error más grave que hacer de una verdad parcial, una verdad absoluta...”
Joan Josep Tamburin









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