jueves, 4 de octubre de 2007

TESTIMONIO DE PERDÓN


La tarde del 5 de julio de 1902 María Goretti, hoy santa, recibe 14 puñaladas ante la negativa a sucumbir a las propuestas sexuales de su joven vecino Alessandro Serenelli.

Las heridas provocadas por el punzón habían alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. No tenía posibilidad de sobrevivir.

- En el lecho de muerte, sin haber cumplido todavía los 12 años, el sacerdote se le acerca, antes de darle la comunión, y le pregunta:
-María, ¿perdonas de corazón a tu asesino?”.
María responderá:
-Sí, lo perdono por el amor de Jesús y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi ladoQue Dios lo perdone porque yo ya lo he perdonado”.

Uno de los rasgos esenciales y menos comprendidos en la Iglesia es el perdón. Y es que hay una diferencia enorme entre defender y perdonar.

Defender se puede interpretar como justificación de las malas acciones y eso no es lo que hace la Iglesia.

Perdonar es ofrecer la posibilidad de arrepentimiento y conversión; es ayudar a la recuperación del culpable, no dejarlo abandonado en el infierno, como declaró hace poco el cardenal Bertone, y eso sí es lo que busca la Iglesia.

El perdón es misión de la Iglesia, uno de los sacramentos dejado por Jesucristo. La Iglesia es dispensadora del perdón a aquellos que quieren y necesitan ser perdonados. Aun más: está llamada a convertir al pecador, a fomentar su conversión. Bien lo expresa la Sagrada Escritura: No quiero la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva”.